Se había detenido delante de un escaparate, observando lo que había al otro lado. Los ojos de Sora se habían fijado en unas cajas de galletas que venían decoradas. Sin duda algo de ese estilo les iba a venir bien cuando volvieran y los Digimon buscaran algún tipo de regalo. Sonrió antes de buscar a Yamato con la mirada, quien se había quedado algo más atrás para hacerle un gesto y que se acercase a ella.

- ¿Has visto algo? – le dijo colocándose a su lado.

- Para que estos dos no protesten mucho… - alargó la mano, enseñándole las cajas-. ¿Qué te parece?

- Pues que si se han quedado con tu madre dudo que tenga hambre porque habrán estado aprovechando para que les dé de comer más de la cuenta, pero… Sí, suena bien – divertido al saber que sus palabras eran totalmente ciertas echó a andar con ella hacia el interior de la tienda-. Mira a ver si hay algo que te apetezca a ti, que nos conocemos ya – le murmuró por lo bajo antes de alejarse algo de ella.

Aquella ciudad era algo más tradicional y prefería guardas las costumbres más tradicionales. El desayuno aquella mañana había acabado siendo más tarde de lo que cualquiera hubiera esperando. Quizás porque se habían entretenido más de la cuenta en la piscina de lo que cabría pensar o quizás porque Sora había tardado más de la cuenta en decidir qué era lo que le apetecía. Se había estado riendo a costa de su indecisión. Le gustaba verla rondar la comida de esa forma. Sabía que tenía buen apetito, pero que también era lo primero que se le olvidaba cuando estaba estresada, mal o ocupada… De manera que verla dedicarle tanto tiempo a simplemente elegir qué le apetecía más era una clara señal de que estaba con un humor excelente y relajada aquel día. Y eso era lo que le gustaba.

Se distrajo unos segundos, mirando hacia su alrededor, acabando por volver a buscarla con la mirada, encontrándosela, tal y como le había dicho, revisando bien las estanterías en busca de algo que pudiera apetecerle a ella también. Al menos el tema de tener que pedir perdón por haber liado algo leve o hacerle la pelota un rato, lo tenía cubierto. A falta de flores sabía muy bien con qué conseguirlo. Sonrió, caminando hasta ella.

- Mira, ahí tienes los barquillos esos rellenos que te gustan… ¿cómo se llaman?

- ¿Monaka? ¿Dónde? – giró la cabeza en la dirección que él le señalaba-. Oh… Ahora vengo…

Empezó a reírse automáticamente, dejándola a su aire, decidiendo que podía aprovechar él también para coger algún detalle a los suyos. Cuando por fin volvió a su lado, se quedó mirando hacia lo que llevaba con ella, habiendo tenido que coger una bolsa. Sonrió automáticamente antes de dejar él también las cosas junto a las de ella.

- A este paso vamos a tener que volver al hotel a dejar todo esto… - divertido, alargó la mano para cogerla de entre las de ella e ir hacia la caja.

- No, no todo… Los monaka son para ahora… - con la mejor de sus caras de inocencia, caminó a su lado hacia la caja para ir a pagar.

Cuando salieron de la tienda, se entretuvo unos segundos más observándola, viendo como revolvía entre los paquetes sacando el suyo, totalmente concentrada en ello antes de conseguir sacar una de las galletas.

- ¿Qué? – le dijo cuando por fin levantó la vista hacia él para ofrecerle una dándose cuenta en que la estaba observando.

- Nada – sonrió, ligeramente-. ¿No me vas a dar uno?

- No lo sé, tendré que pensármelo… - usando el que tenía en la mano dio un par de pasos hacia él para acercárselo. En vez de dejárselo coger, levantó el brazo para acercárselo ella directamente a la boca-. ¿Dónde vamos?

Tardó unos segundos en responder, tendiéndole su teléfono mientras que tenía la boca llena. En la pantalla había abierto el mapa de la ciudad y tenía marcados los lugares a los que habían dicho que querían ir antes.

- Para no ser una ciudad enorme hay un montón de tiendas – comentó distraída-. Podemos ir primero al centro comercial que hay en el centro. ¿Qué te parece? – se quedó mirando para él, viendo cómo le asentía-. Tenemos que buscarle cosas para Aiko y… además, quiero buscar algo para mis padres.

- Por mí bien – contestó finalmente habiendo tragado-. A los terremotos les he cogido algo también en la tienda…

- ¿Los terremotos? – se echó a reír, divertida-. Pobrecitos, no los llames así…

- Esos tres niños del mal cuando se juntan son unos terremotos, no tengo nada más que decir al respecto… Tengo que comprarlos de alguna forma.

- ¿Tres? – se quedó mirando hacia él, confusa. Había dado por supuesto que se refería a sus sobrinos pero le faltaba uno. Acabó por arquear las cejas y dibujar una sonrisa en su cara-. ¿Le has comprado dulces a MiniTaichi?

- Diré que has sido tú…


Sora se había quedado en la zona de kimonos y complementos más tradicionales buscando algo para su madre. Mientras tanto, Yamato se había ido alejando de ella, poco a poco hasta que había llegado a la zona de niños. Al igual que había pasado cuando habían estado en París y como cada vez que iba a tiendas de ese tipo, se le iban los ojos detrás de todo.

Había tenido sus pasos en una estantería llena de peluches. La niña era todavía demasiado pequeña para empezar a jugar con ellos de forma consciente, pero sí que le gustaba quedarse echada en el cuna con algunos a su alrededor. Quizás era la sensación de estar rodeada o bien el usarlos a modo de apoyo al cambiar de postura, pero siempre tenía algunos en la cuna. Alargó la mano hacia uno que llamó especialmente su atención. Era un husky con unas ligeras marcas azuladas más o menos del tamaño que tendría un cachorro de verdad.

Un día Sora iba a echarlo de casa porque tendría que hacer la elección entre sitio para las cosas que le compraba a la pequeña o él, pero por el momento iba a aprovechar todo lo que pudiera. Cogió el juguete con él, yendo directo hacia la caja antes de que pudiera darle una colleja deteniéndose a mitad de camino al ver el stand de los calcetines de bebé.

Debía de admitir que era una prenda de ropa que le llamaba demasiado la atención, posiblemente por sus dimensiones. Toda la ropa de bebé le parecía muy pequeña, pero cuando le tocaba cambiar a la niña aquello era con lo que más se entretenía. Tampoco es que hubiera otra opción dado que el tamaño de los pies de ella era muy pequeño, sobre todo si los comparaba con sus manos que era con lo más estaba acostumbrado a hacerlo. Y no era ningún secreto para Sora… No era la primera, ni la segunda vez, que llegaba con calcetines para ella.

Sora se había detenido delante de un mostrador con peinetas al llamar una de ellas su atención. Tenía ya el regalo de Navidad para su madre, sin embargo, aquel objeto conjuntaba perfectamente con el kimono le había regalado y que había lucido en la boda de Haru.

- Disculpe – le dijo al dependiente-. ¿Podría mostrarme esta peineta, por favor?

- Por supuesto – asintiendo con la cabeza, no tardó en abrir el cristal para poder acercarle la pieza.

- Muchas gracias – cogiéndola, se detuvo a comprobar que no la había engañado la luz, que realmente encajaba a la perfección con lo que ella tenía en mente. Sonrió antes de devolvérsela a él-. Me la llevo, ¿podría ser para regalo?

- Claro, ahora mismo.

Cuando volvía a perderse entre los pasillos en busca de su marido, no tardó demasiado en dar con él siguiendo los carteles hacía la sección de bebés. Sonrió automáticamente al verlo de lejos con un peluche entre los brazos y mirando con gesto serio e indeciso hacia un montón de calcetines de dibujos y colores diferentes.

- ¿Sabes que como se los lleves todos no le va a cerrar el cajón, no? Entre tu hermano con los gorritos y tú con los calcetines no va a coger frío nunca – le dijo poniéndose a su lado.

- Podemos mirarle también una bufanda y unas manoplas que dicen que este enero va a venir muy frío y no quiero que se nos enferme… - giró la cabeza hacia Sora, viendo como estaba sonriendo mirando hacia él-. ¿Qué pasa?

- Nada… No pasa nada – se acercó a él para darle un beso en la mejilla-. Le he comprado a mi madre una peineta para el kimono que le hice. Había una bonita también que me ha gustado para la tuya pero… ¿ella no usa de esas cosas, verdad?

Se quedó pensativo, sin saber muy bien qué contestarle. No tenía constancia de ello, ya que nunca la había visto con nada del estilo más tradicional del país, por lo que las palabras de Sora debían de estar en lo cierto. Acabó por encogerse de hombros.

- ¿Quieres que llame a mi padre y le pregunte? – fue la mejor salida que se le ocurrió.

- No, da igual – negó con la cabeza-. Vamos a mirarle más calcetines a la chiquitina y así te entretienes una tarde entera probándoselos todos. Oye… ¿y ese peluche? ¿Que es para mí?

- No, tú si quieres dormir abrazada a algo te abrazas a mí, que soy mucho más achuchable – intentó hacerse el serio, sin conseguirlo demasiado.

- Muy bonito… Pues ya puedes ir buscando tú quién te use de peluche por la noche, avisado estás…


Cuando llegaron a la habitación cargados con bolsas, fueron dejándolo todo encima de la cama. Habían conseguido encontrar casi todo lo que había estado buscando, sacando los paquetes envueltos para poder empezar a colocarlos en función de para quién fueran. Sora observó a Yamato colocar con sumo cuidado las cosas de la niña, como si fueran a romperse. Quién le iba a decir que todo lo relacionado con los bebés fuera a llamarle tanto la atención. O quizás no fuera lo relacionado con ellos, sino con una en concreto. Aunque con sus sobrinos también se le caía demasiado la baba como para pensar que fuera el caso aislado de Aiko.

- ¿Quieres que reserve mesa en el restaurante del hotel? – la sacó de su ensimismamiento con la pregunta.

- ¿Te apetece?

- Claro, tenía buena pinta y estamos los dos cansados de estar dando vueltas todo el día, no creo que haya falta que vayamos muy lejos.

- Pues… ¿Me doy una ducha y vamos?

Habían comido en la ciudad y pasado el resto del día entre compras y haciendo turismo, sin duda les iba a venir bien un rato de tranquilidad. Sora se acercó hasta el armario donde había dejado su ropa, estudiándola indecisa sin saber qué ponerse, acabando por darse por vencida y coger únicamente su neceser de baño.

- Salgo en nada, ¿vale? ¿Quieres ducharte tú luego?

- No, tranquila, ya me remojé bien por la mañana.

- Más que bien diría yo… - riéndose ligeramente, se acercó hacia el baño-. Vengo ahora mismo.

Yamato se quedó solo, sin haberla seguido con la mirada, todavía entretenido sacando las cosas de las bolsas, dejando las galletas que ella se había comprado encima de la mesita de noche. Aprovechó también para dejar fuera de su vista otro paquete que había conseguido esconder, buscando un bolígrafo con el que ponerle una marca para saber diferenciarlo.

- Sora – se asomó al baño, esperando a que diera señales de estar escuchándolo-. Voy a bajar las compras al coche, ¿vale? Subo ahora.

- Vale, abrígate que fuera debe de estar muy frío…

- Sí, señora – riéndose por lo bajo, sin poder llegar a verla bien a causa del vaho del agua caliente, cerró la puerta tras él.


AnnaBolena04: es que el pobre es muy asustadizo, cuando en realidad debería de olerse que algo pasa, porque, evidentemente, está con una de las personas con más neuronas que conoce, pues no. Él se asusta porque cuando se trata de ella todo su cerebro se apaga y más cuando el tema está relacionado con su otro cerebro. Que de verdad que tan listo para unas cosas y tan poco espabilado para todo lo que tenga que ver con su esposa.

Pero bueno, vamos a dejarlo fangirleando comprando cosas para sus sobrinos y para Daigo, que no se diga en el fondo a sus queridos "niños del mal" no les tiene aprecio, que bien que se ha acordado de ellos mientras que estaban de compras él solito sin que Sora le dijera nada. Si es que en el fondo al pobre se le cae la baba con todos los nenes. Hay que quererlo como viene...

Parece que el tema de los regalos navideños ha quedado solventado en parte, nenes y digimon incluídos. ¡Besitos de tortuguita!

Guest Vecina: suena a un maravilloso entretenimiento, sí jajaja Yo la verdad es que llevo toda la tarde en casa mirando mal por la ventana. Ayer preparando las cosas de baño y hoy lloviendo toda la tarde sin parar... Lo peor es que tengo que sacar ahora al perro y verás tú, voy a llegar pasada por agua. Pero bueno, es este clima tan maravilloso que tenemos en el norte. Sí, ayer me dio tiempo a hacer recaditos. Si lo peor es que como estoy acostumbrada a no parar, el día que paro, me aburro como una mona... Estoy pensando hasta en apuntarme a algún curso de lo que sea cuando termine con el coche... No te digo más jajaja

Sora quería darle una buena sorpresa al rubio, claro que sí. Y si además puede reírse de él por lo tonto que se vuelve cuando ella se le acerca mínimamente, pues mejor que mejor. Al pobre no le da para tenerla tan cerca,rondándolo y pensar a la vez. No, no está preparado. A él que le pongan delante algo de la JAXA que igual le va mejor que con ella cerca y con dudosas intenciones.

Jajajajajajaja puedes imaginarte a un par de pescadores Griegos como los de Piratas del Caribe con la paranoia que se montaron con el vestido de novia de Elisabeth jajajaja Igual dentro de unos años hay un par de leyendas por ahí sobre un vestido verde que nadie sabe de dónde apareció.

Ánimo con los cubos lo que te queda de domingo, vecina. Yo voy a remojarme bien, que ya va siendo hora de sacar al bicho este. ¡Un bico grande, grande!