Sora abrió los ojos al sentir algo de movimiento a su lado. Estaba todavía demasiado dormida, pero fue capaz de darse cuenta de que Yamato se había despertado y que estaba intentando salir de la cama. La habitación seguía a oscuras, por lo que debía de ser demasiado temprano aún. Sonrió muy levemente, divertida, al cerrar algo más su abrazo en torno a él, sin dejarlo moverse con facilidad.
Sin darse cuenta de que ella estaba despierta y que lo estaba haciendo por reírse de él, Yamato se quedó quieto al notar los brazos de Sora cerrarse más fuertemente en torno a él. Se había despertado hacía rato y había notado que tenía ganas de ir al baño, intentando salir de la cama sin despertarla o molestarla. Con lo que no contaba era con que ella decidiera pegarse del todo, como si hubiera notado frío y buscara algo de abrigo en su cercanía.
Frunció el ceño, esperando unos segundos antes de volver a intentarlo, sin conseguirlo. Bajó la cabeza hacia ella, y fue entonces cuando se encontró una ligera franja canela que lo estaba observando. Puso cara de sorpresa automáticamente, entendiendo que lo que había estado pasando era que se había estado riendo de él, como pudo comprobar segundos más tarde al escuchar su risa.
- Traidora… - le murmuró por lo bajo riéndose él también, girándose lo justo para pincharla en las costillas y así conseguir que se tuviera que revolver y soltarlo-. Anda, déjame levantarme que tengo que ir al baño…
Escuchándola todavía reírse, notó como aflojaba el agarre y lo dejaba levantarse. Salió rápidamente de la cama, notando el frío y acelerando el paso hasta llegar al baño. Por suerte, aunque no habían llegado a salir, se había puesto el pijama para poder cenar tranquilamente, por pereza que le diera después de su entretenimiento de aquella tarde.
Sora aprovechó para arrastrarse entre las sábanas, colocándose un poco más donde había estado él, acomodándose en la zona más caliente. La habitación se había quedado fría y, sin duda, podía notarlo a esa hora. No fue consciente de que se había adormilado de nuevo hasta que sintió movimiento a su lado.
- ¿No me vas a dejar meterme en la cama? – murmuró la voz de Yamato cerca de ella, haciendo que abriera los ojos-. Sora… Que me muero de frío.
Respondiéndole con un ligero ruidito, se movió de nuevo, dejándolo colarse entre las sábanas, casi sin darle tiempo a acomodarse para buscar abrazarse a él ni siquiera usando la almohada, sino que posando su cabeza sobre su pecho. Yamato sonrió, intentando coger buena postura, dejando su brazo por debajo de ella como pudo.
- ¿Tienes frío? ¿Quieres que coja otra de las mandas del armario?
No obtuvo respuesta. Bajó la cabeza hacia ella para comprobar que se le había vuelto a quedar dormida. Entretenido, cerró los ojos, intentando volver a conciliar el sueño. Sin duda, estaba acostumbrado a ese tipo de comportamientos de ella cuando tenía frío. No era nada nuevo, y él no tenía problema alguno con ello.
- ¿Qué te pasa?
Sora se había levantado a abrir al servicio de habitaciones que llegaba con el desayuno que habían pedido. Se había puesto la bata por encima de su pijama de peluche para aparentar un poco de seriedad y había cogido ella la bandeja volviendo con ella a la cama.
En el trayecto pudo fijarse en como Yamato estaba estirándose todavía, poniendo algo de mala cara al hacerlo. Se quedó mirando hacia ella unos segundos, dejándola posar el desayuno.
- No lo sé, a lo mejor alguien no me dejó moverme demasiado por la noche en la cama porque tenía frío… - sonrió a pesar de sus palabras porque no se podía decir que no hubiera dormido a gusto y tranquilo. El problema había venido cuando se había querido mover-. Vas a tener que darme un masaje luego para compensar.
- ¿Yo? ¿De verdad? ¿Te traigo a un spa el fin de semana y quieres que te lo dé yo?
- Sí – sonrió exageradamente-. Eso y desayunar de una vez, que me muero de hambre…
Sora negó con la cabeza entre risas sentándose ella también en la cama para empezar a desayunar. Le había costado decidirse aquella mañana, optando al final por pedir un poco de todo para poder comer lo que le apeteciera. Parecía habérselo pegado a Yamato, pero cuando estaba de buen humor, no era un secreto para nadie, tenía hambre y le apetecían más cosas.
- ¿Se puede saber qué te has pedido para desayunar? – le preguntó confuso mirando hacia la bandeja.
- Un poco de poco… Si te portas bien te dejo coger – sonrió alargando la mano hacia la taza humeante de té con la que poder entra en calor.
- ¿Si me porto bien? Dijo la que anoche no me dejaba ir al baño – dijo mientras que cogía una tostada, observándola.
- No sé de lo que me estás hablando… - sopló el té, dedicándole la mejor de sus miradas inocentes.
Poniéndose a desayunar finalmente, no tardaron demasiado en terminarlo. Aquel día tenían que volver a Tokio y ninguno de los dos quería que les pillara la noche en carretera, de manera que no se irían demasiado lejos. Por suerte, no estaban demasiado lejos de la ciudad, y podían aprovechar algo más el día.
- ¿Has guardado ya todos los regalos? – le preguntó Sora, todavía acomodándose entre las almohadas con su comida.
- Sí, los bajé anoche mientras que te duchabas.
- ¿Entraban? Porque no sé dónde vamos a meter los calcetines de Aiko a este paso. La pobrecita tiene un problema de espacio en el armario ya…
- No tengo ni la más remota idea de lo que me estás hablando… Además, tú le has comprado pijamas…
- Sí, claro, para tener algo que meter entre los peluches y demás… - se empezó a reír, haciendo una pausa para comerse un trozo de fruta-. No nos olvidamos de nadie, ¿no?
- No, yo creo que no. Y sino podemos aprovechar el día de hoy para…
- Para nada – negó con la cabeza. Tú estás secuestrado, y hoy tenemos que aprovechar para ver lo que nos queda del spa. Así que si al final te has arrepentido de no comprarle algo comestible a Yagami adulto, puedes echarme la culpa a mí.
Divertido por las palabras de ella, asintió con la cabeza. Le parecía un buen plan, sin duda les iba a venir bien aprovechar aquel último día para relajarse de verdad, que todos los intentos que habían tenido hasta el momento habían acabado de la misma forma. No tenía queja tampoco de aquello, evidentemente. Sonrió ante sus propios pensamientos antes de alargar la mano y coger algo del plato de la pelirroja.
- Ya me lo reclamarás luego…
Los ojos de Toshiko se posaron en el interior de la caja que acababa de desenvolver. Hacía ya un rato que su hija y su yerno habían vuelto a buscar a Aiko y ahora les habían dado los recuerdos que les había comprado. Sacó la peineta con sumo cuidado, observándola con detalle.
- Es preciosa hija.
- ¿Te gusta? Me dijeron que era de las artesanales… Y por el trazo de los dibujos yo creo que lo es. Me pareció que te conjuntaba con el kimono que te regalé.
- Sí, creo que sí. Pero no tendrías que haberte gastado tanto – se acercó hasta ella para darle un beso en la mejilla a modo de agradecimiento.
- Claro que sí, mamá…
Haruhiko se acercó a su esposa para poder ver la pieza, cogiéndola con cuidado y sonriendo.
- Podéis iros de escapada de fin de semana todas las veces que queráis, ¿eh? Entre que nos dejáis a Aiko y que para encima nos traéis regalos… Ahora solo falta que tu madre me deje comerme lo que me habéis traído – habló con resignación.
- Si es que tienes que cuidarte papá, ya lo sabes – divertida, se acercó hasta Yamato, quien había cogido a Aiko en brazos y jugaba con ella de fondo.
- No le hagas caso – le dijo el rubio a su suegro- que me sé de cierta señorita que se compró también galletas para ella y esas ni siquiera han llegado a ver Tokio…
- Oye, ¿te vas a poner ahora de parte de mi padre? – le dijo una vez a su lado-. Y, además, ni que tú no me hubieras ayudado…
Yamato no pudo más que echarse a reír por el tono de voz que se le escapó a Sora, olvidándose de que estaban sus suegros delante e inclinándose hacia ella para darle un beso a la frente antes de dejarla coger a Aiko.
- ¿Queréis quedaros a cenar? – preguntó Toshiko.
- Pues… ¿Mañana tienes que madrugar? – preguntó girándose hacia el rubio.
- Sí, pero tranquila, que podemos quedarnos si te apetece.
Sora sonrió a modo de respuesta, mirando hacia su madre. Había vuelto de especial buen humor, sin duda aquel viaje había sido la mejor idea que habia tenido en mucho tiempo. Realmente lo necesitaban. Nadie sabía lo mucho que lo habían necesitado, ni siquiera ellos dos.
- Voy a darle a Aiko su cena.
- Queda todavía comida de la que me preparaste, cariño – le dijo Toshiko a su hija mientras que la veía caminar.
- Ya, pero me sé de una rubiecita que sabe ponerse muy exquisita cuando está su madre cerca – bajó la vista hacia Aiko-. ¿A que sí, pequeñina? ¿Vamos a mi habitación y así cenas tranquilamente? Ya verás, que luego te enseño mis antiguos muñecos…
Hablando con la pequeña, no tardó en perderse por el pasillo ante la atenta mirada de los otros tres, especialmente la de Yamato, quien sonrió ampliamente.
- ¿Te apetece algo para cenar? – Toshiko reclamó su atención.
- Oh, no… Haz lo que quieras. Es más, mientras que Sora le da de comer a la niña te ayudo yo.
- No, no… Si os he invitado a cenar no es para que…
- Insisto, no es ninguna molesta, si ya sabes que me gusta cocinar – le hizo un gesto para poder acompañarla.
- Eso, tú sigue dejándome mal. Si al final voy a acabar cogiéndote manía… - murmuró el profesor caminando tras ellos cuando se fueron a la cocina, viendo como los digimon se quedaban en el salón con los regalos que les habían traído a ellos.
Yamato siguió los pasos de su suegra, esperando poder hacer algo. No sabía dónde estaban las cosas en la casa, pero a medida que ella iba sacando fue ayudándola en todo lo que pudo.
- ¿Habéis podido acercaros al Monte Fuji? – le preguntó Toshiko.
- No, la nevada era demasiado densa como para poder hacer ninguna ruta. Lo hemos visto desde el otro lado del lago. Lo más allá que hemos ido ha sido la ciudad. Hacía mucho frío.
- Pues debe de haberte dado la lata bastante Sora, con lo friolera que es, se habrá pasado el día debajo de las mantas – quedándose apoyado en uno de los armarios, Haruhiko no tardó en tener que apartarse ya que estorbaba a su esposa.
- Algo parecido, sí… - comentó empezando por fin a poder hacer ayudar a su suegra con la cocina.
- Vete con los digimon, ¿quieres? – le dijo Toshiko a su marido cuando vio que estaba de nuevo en donde no debía-. Venga, corre. Vete con ellos o con Sora y Aiko, pero aquí me estorbas en todas partes…
El profesor no pudo más que obedecer con resignación, apartándose y caminando hacia la puerta, echando un último vistazo desde allí a su yerno, pensándole el hacerle un comentario sobre que ya le tocaría estorbar como a él. Optó por dejarlo tranquilo e irse al salón, dándole así algo más de tiempo a Sora para que pudiera darle la cena tranquila a su nieta.
- A ver, vosotros dos, no os pongáis ahora hasta arriba de dulces que luego no vais a tener sitio para la cena – pudieron escuchando decir por el pasillo mientras que se alejaba.
AnnaBolena04: ya les tocaba un poquito de tortugueo. Realmente es lo de siempre, depende del tiempo/modo en el que esté yo para escribir. Y no creo que sea un secreto que he estado un poquito estresada en esta última temporada del curso. Pero oye, este debió de ser el momento en el que me hizo click la cabecita y aproveché el momento para dejarlo escrito.
Ahora ya han vuelto al modo cuqui, que también se les da bastante bien. Incluso con la pelirroja en modo simpático riéndose de Yamato más dormida que despierta sin dejar al pobrecito levantarse. Al cual, evidentemente, podemos imaginarnos casi que en modo ninja intentando salir de la cama sin molestar porque "pobrecita, no quiero despertarla". A saber cuánto tiempo llevaba intentándolo jajajaja
¡Un besito de tortuguita!
Guest Vecina: ... Vecina... Eso suena a que te han mirado, muchos, pero que muchos tuertos. Menudo show que tienes que tener... Nosotros tenemos uno parecido en el trabajo, solo que es en el aula de mi compañera y ella hace dos semanas que no viene porque acabó. Con la obra de uno de los pisos de arriba se debieron de cargar algo y tenemos toda una pared con una humedad que poco más y nos come. Para encima ha sido en el aula que no tiene ventana y... Ya sabes el clima maravilloso que gastamos, ¿no? Estamos esperando a ver si el seguro nos hace caso o qué...
Jajajaja había que colaborar con la ola de calor de alguna forma jajaja Que ya que nos estamos librando pues que nos suban las temperaturas de otra forma - no gracias jajaja que ayer estaba hablando con una amiga de Madrid y la pobre estaba muriendo - y estos dos siempre están muy a favor de ayudar con esos temas. Sí, es justa y exactamente lo que dices tú. Cuando me puse a escribir este capítulo lo hice teniendo en mente que necesitaba ese punto de cambio, especialmente en la mentalidad de ella. Tengo más capítulos escritos de este tipo de estos dos, pero no son tan llamativos, en este necesitaba que se reflejase que a ella ya se le había pasado del todo lo que fuera que le había dado en la cabeza. Creo que ha quedado bien reflejado jajaja Podemos preguntarle a Yamato.
El musical es aún más cenutrio que la película, así que soy muy, pero que muy fan de él... Ahora me acordaré de ti, verás que bien jajajaja Y sí, ese "perro" suyo tampoco es de los míos, pero oye, ellos dos conjuntan de maravilla. En fin, vecina, te dejo que quiero ver si termino un capitulillo que tengo a medias antes de irme a dar una clase y luego a ver si me da un poco el sol antes de que caiga el diluvio universal otra vez... ¡Bicos grandes!
Pd: suerte con la cocina jajaja
