Sora se quedó sentada en el sofá, con una caja en las rodillas mientras que revolvía. Había dejado a la niña a su lado, apoyada en los cojines mientras que buscaba los adornos navideños. EL año anterior no habían puesto demasiados, no habían tenido tiempo. Habían pasado más tiempo en París que en la ciudad por lo que no se habían molestado, sin embargo, aquel año con la pequeña le hacía especial ilusión poder ponerlos.
- Mira Aiko, mira que bonito… - le dijo mientras que acercaba hacia ella una bola de colores.
Sonrió al ver como la pequeña alargaba las manos hacia el objeto, claramente sorprendida por la forma en la que reflejaba la luz. Dejo que cogiera la bola, entretenida, dándole vueltas en sus manitas viendo como iban cambiando los colores a medida que la luz iba cambiando de ángulo.
- Ya verás qué bonito va a quedar el árbol… Y tenemos que llevarte a que veas las luces. Sí, las luces – amplió más su sonrisa cuando la pequeña empezó a agitar la bola en su mano, señalando hacia donde estaban las demás-. Ahora solo falta que tu padre sea capaz de traer del trastero lo que le pedí…
Entretenida con las caras de la niña, buscó otro de los adornos, acercándoselo para que pudiera cogerlo también. Estaba completamente segura que ese año iba a ser el que más le iba a gustar poner la decoración en la casa.
- Ten cuidado no se te caigan ¿eh? – le dijo a la niña cuando escuchó el ruido por el pasillo y las voces de los digimon que se habían ido detrás de Yamato.
Aceleró los pasos para ir a abrirles la puerta, apartándose para que pudieran pasar con el árbol que habían ido a buscar. Hacía tiempo que lo tenía con ella pero, para que no ocupara en casa, lo había dejado en el trastero.
- ¿Dónde lo dejamos? – preguntó el rubio quedándose quieto, esperando a que ella dijera algo.
- Pues… ¿qué te parece en la esquina de allí? – le señaló en la dirección donde lo quería, viendo como asentía antes de hacerles n gesto a los digimon también para que volvieran a ayudarlo.
- A ver si somos capaces de colocarlo sin liar alguna… - comentó por lo bajo.
El árbol no era demasiado grande, tampoco había espacio para nada más, de manera que el mayor de los problemas estaría relacionado con no tirar nada a su paso. Cuando por fin consiguieron dejarlo, el rubio se giró, encontrándose con Aiko gateando hacia la caja donde estaban el resto de adornos para poder seguir jugando con ellos.
- Bueno, seguro que así no echas de menos a Haru para colocarlo bien todo – comentó, riéndose por lo bajo mientras que se acercaba a la niña.
- Ya, ¿eh? La cosa queda en bebés… - Sora entendió perfectamente el comentario antes de caminar hacia el árbol.
- Quería comprobar que todo estuviera perfectamente, llevaba demasiado tiempo sin sacarlo.
- Déjame adivinar, Gabumon – le dijo al digimon, bajando la vista hacia él -. Cuando estabais el aburrido de Yamato y tú solos en el Sur ni siquiera teníais uno de estos…
- Si ni siquiera quería ir a cenar a casa de Mai las veces que lo habían invitado ella y Arata… Pero es que se ponía demasiado insoportable el 24 de Diciembre…
Desde el otro extremo del salón, una pequeña bolita de las que usarían más tarde para decorar el árbol acabó aterrizando encima de Gabumon, proviniendo del rubio. Ese gesto hizo que Sora empezara a reírse, volviendo a caminar hacia él.
- ¿Qué te pasaba con esa fecha?
- Nada que te importe… - alzó la cabeza, fingiendo haberse ofendido-. Y aquel bocazas es que no me puede tener más vendido ya, debería de darle vergüenza.
- Te tiene más que vendido por la niña. Eso ya no tiene remedio y a mí… Ya sabes que me quiere por la comida y por lo mismos – poniéndose de puntillas para poder alcanzar le dio un beso en la mejilla.
Inclinó la cabeza haca el lado por el que ella se alcanzaba al adivinarle las intenciones y luego, mantuvo la fachada de ofendido, resoplando de forma totalmente intencionada para que la niña pudiera ver cómo se le revolvía el flequillo por el gesto y se echara a reír.
- ¿Vas a ayudarnos tú a colocar las cosas? – le dijo a Aiko acercándose hacia ella y cogiéndola en cuello.
- Claro, ella va a ayudarnos a escoger las más bonitas – se giró hacia ellos, viendo como la pequeña todavía no había soltado la primera bola que le había dado-. Aunque creo que ya sé cuál es su favorita. Esa vamos a tener que ponerla donde se vea bien…
Yamato sonrió, quedándose a la espera de que Sora se acercara para poder dejar la caja con las cosas cerca el árbol. La niña se había quedado en sus brazos y, al contrario de lo que solía ser más normal, se dedicaba a tener su atención fija en los colores que reflejaba la bola.
- Confiesa – le dijo la pelirroja a Yamato cuando por fin se acercó con las cosas-. ¿Hace cuanto tiempo que no haces esto?
- ¿El qué? ¿Poner el árbol? – bajó la vista hacia ella-. ¿Con mi padre? Te dejo echarle imaginación…
- Si es que tal para cual… - puso los ojos en blanco, inclinándose hacia la pequeña-. Menos mal que yo le hago de buena influencia a este aburrido, cielo, porque sino me parece a mí que como no le pongas las bolas a él en la cabeza no ibas a tener decoración navideña.
- Bah… No le hagas caso – negó con la cabeza-. Que el que se llevó a alguien de vacaciones sorpresa el año pasado y a quién le han copiado la idea este es a mí.
- Sí, y las dos veces nos habéis dejado en casa – pasó revoloteando Biyomon por el lado de ellos.
La pelirroja acabó por echarse a reír, haciéndole Yamato un gesto con la cabeza para que dejara a la niña en la alfombra para que la vigilaran los digimon mientras que terminaban de colocar ellos el árbol no se hiciera daño la niña.
- Venga, coge tú por un lado y yo por el otro.
- ¿Por qué? ¿No te fías de mí? – murmuró divertido, asintiendo a lo que le decía-. ¿Dónde lo quieres exactamente?
- Pues… que se vea, pero que no estorbe mucho, ¿no?
- Pues… Eso segundo va a ser complicado – murmuró antes de quedarse pensativo-. El año que viene, espero que estemos poniéndolo en otra parte.
- Mira, si es que cuando tengo que darte la razón, tengo que dártela… - entretenida, señaló finalmente hacia dónde solía colocarlo otros años cuando era Haru la que vivía con ella-. Aquí no suele estorbar demasiado.
- Pues aquí mismo será…
Haciéndole un gesto a Sora para que se apartara, empezó a colocarlo bien, notando que cuando pudo volvía a ayudarlo para que quedara perfectamente en su sitio. Se alejó unos pasos de nuevo, observándolo y asintiendo. Sin duda le gustaba en dónde había quedado el árbol finalmente.
- Listo. De ahí no se mueve. ¿Qué os parece a vosotros dos? – le preguntó a los digimon.
- ¿No se podrá hacer daño Aiko? – Biyomon se posó al otro lado de la pelirroja.
- No, no lo creo. No llega… Y, además, ya os tiene a vosotros de vigilancia continua todo el día.
Yamato terminó de colocarlo bien en su sitio, alejándose lo justo para ver cómo la niña había decidido centrar sus atenciones en Gabumon, tratando de gatear hasta él para poder trepar y quedarse echada sobre el digimon, quien estaba sentado en el suelo. Aún no había soltado la bola y eso era lo que estaba haciendo que le fuera más complicado.
Sonrió automáticamente antes de bajar la vista hacia la caja con todo lo demás.
- Yo creo que podemos empezar a decorar. Lo que no tengo yo muy claro es cómo nos las vamos a arreglar para recuperar una bola en concreto…
- Esa podemos darla por perdida – amplió más su sonrisa, dándose cuenta de lo que estaba haciendo la pequeña y se acercó para empezar a colocar las cosas.
Yamato había cogido a Aiko en brazos y estaba enseñándole todo lo que habían ido poniendo ya en el árbol. Todo llamaba la atención de la niña, especialmente aquellas piezas que brillaban más o que tenía luz incluso.
- Oye, es el primer árbol que montamos – le dijo Sora, asomándose desde detrás para rodearlo con los brazos y poder observarlo desde el lateral-. Yo creo que se nos ha dado bastante bien.
- Cierto, es el primero – bajó la vista hacia ella, entretenido-. Yo creo que lo mejor es la ayuda que hemos tenido.
- Esa sobre todo – asintió-. ¿Qué hora es?
- Pues es temprano ¿por qué?
- Porque hoy es cuando encienden las luces y creo que a la niña le gustaría verlo, ¿qué te parece? ¿Hará mucho frío para Aiko?
Giró del todo la cabeza para mirar hacia Sora, dándose cuenta de la expresión en su cara. Sin duda parecía que esa idea le hacía especial ilusión aunque él ni siquiera se hubiera parado a pensar en ello. Ciertamente, se había olvidado de que Tokio tenía una decoración muy llamativa en aquella época del año.
- Yo creo que mi hermano ya se ha encargado de surtirnos de gorritos como para que esta señorita pueda coger frío – levantó algo más a Aiko para poder darle un beso en la cabecita-. ¿Quieres ir a ver las luces? Si tu madre se porta bien podemos llevarla luego a por chocolate caliente…
- ¿Cómo que si me porto bien? Perdona, pero yo siempre me porto de maravilla.
- Ya, ya… porque te he chantajeado con lo del chocolate – sonrió antes de ponerse algo más serio-. Venga, vamos a vestir a Aiko… ¿No le había comprado mi madre un abrigo más gordo?
- Sí, es verdad – asintió-. Pues… - miró hacia él-. ¿La visto yo mientras que te preparas tú?
- ¿Y tú?
- Cuando tú termines me cambio yo, ¿te parece bien?
- Me parece perfecto – asintió, dejando la niña en los brazos de su esposa para que pudiera salir con ella a la habitación.
Se quedó observando como se iba con la pequeña, entretenido. El año pasado había sido la primera Navidad que se las habían arreglado, tras mucho tiempo, para poder estar los dos en el mismo lugar, de manera que aquella no debería de ser muy diferente. Sin embargo, entendía por qué Sora se lo tomaba con tanta emoción. No tenía que ver con ella, sino con Aiko. Era la primera Navidad que iban a pasar realmente en familia.
En familia.
Sonrió sin poder evitarlo, tardando todavía unos segundos más en reaccionar y acabando por salir con paso rápido hacia la habitación para poder cambiarse de ropa, cogiendo un jersey más gordo que ponerse por encima de la camiseta y no tardando demasiado en volver a bajar.
Se quedó apoyado en la puerta de la habitación de la niña, observando como Sora estaba cambiándola, colocándole toda la ropa de abrigo.
- Ya verás qué bonito es todo, pequeñina – le estaba diciendo-. Aunque vamos a tener que abrigarte muy bien porque no puedes cogernos frío. Sí, frío – se rio, acercándose hasta ella para poder darle un beso sonoro en su barriga, provocando que ella se riera.
- ¿Para esto querías echarme? – reclamó así la atención de ambas.
- ¿Ya te has vestido? ¿Tú? ¿No te has tirado media hora mirándote al espejo?
- Qué graciosa… - le murmuró, llegando hasta ella para pincharla con los dedos entre las costillas-. Venga, ya termino yo.
- Tú te has cambiado a las carreras para poder venir a vestir a Aiko, que no me la das – le dijo girándose y quedando así entre el cambiador y él.
- No tienes pruebas – sonrió de medio lado.
- No las necesitó – imitó su sonrisa antes de ponerse de puntillas y darle un tirón de la bufanda que ya se había colocado para que se inclinase y así darle un beso en los labios-. Voy a vestirme… Y lo del chocolate sigue totalmente en pie, Ishida… - le murmuró antes de separarse del todo-. Te he dejado los calcetines para ti, no te tires media hora muriéndote tú solo a ser posible.
NA: a ver... Aprovecho y os comento. Resulta que, como ya sabéis, escribo varias líneas temporales al mismo tiempo según esté yo para avanzar en una o en otra. La cosa es que ahora mismo solo tengo una, porque he ido hilado poco a poco los detalles para llegar a ella. Lo que pasa es que entre medias se me ha quedado por el medio escribir realmente el día de Navidad con los correspondientes intercambios de regales, los padres babándose con Aiko y todas esas cosas... No se me ha olvidado, lo que pasa es que mis niveles de estrés/malas pulgas llevan una temporada tan altos y claro, eso afecta a los niveles de azúcar necesarios para esas cosas. La pregunta es, teniendo en cuenta que la cena famosa de la que llevan varios capis hablando - tranquila vecina - está más que escrita, ¿nadie se me muere si no dedico tiempo a pensar cómo salvar ese paso, verdad?
Ya sé que soy yo la que escribe y que por lo tanto puedo hacer lo que me salga del digihuevo, pero también sabéis que me interesa vuestra opinión y que la tengo muy en cuenta. Así que agradecería mucho que me lo comentaseis por aquí y esas cositas.
AnnaBolena04: el pobre Yamato, que no quería molestar y claro, no contaba con que en el fondo su pelirroja es un poco más malvada de lo que aparenta y que tiene por afición reírse de él. Y como bien dice él, sabiendo que tiende a ponerse más mimosa/pegajosa de la cuenta cuando le viene el frío pues el pobre hombre se pensaba que le había visto cara de peluche y que no lo pensaba soltar.
Por favor, mucho cuidado con los subidones de azúcar ahora que estos dos vienen pisando fuerte. Tienen una nenita adorable en su primera Navidad, viendo por primera vez las luces de una ciudad como Tokio. Yo ya voy avisando que la competencia sobre quién se baba más con ella está alta. Pero, aquí ya se puede ver al ilusión que le hace a Sora, que poco más y se dedica a ir pegando saltitos de un lado para otro porque... es su primera Navidad como familia los tres.
¡Un besito de tortuguita! Y cuidado con los niveles de azúcar que estamos a viernes y aunque sigo un poquito, muy, agobiada, al menos es viernes...
Guest Vecina: mira, la que va a tener que irse a un balneario voy a ser yo. Ayer me pasé por casa media hora, lo justo para comer y luego cuando llegué solo tuve tiempo de meterme en la cama para levantarme hoy a las carreras otra vez. Yo tengo las vacaciones ahí y a la vez es que no las veo. Hoy estoy de especial mal humor porque hace un día de playa superbonito, de los poquitos que tenemos por aquí, y nada, me quedaré con las ganas ¬¬ Lo peor es que cuando de verdad me quede sin nada qué hacer me aburriré y me tendréis montando la pataleta, porque me conozco demasiado ya.
Jajaja el pijama de Sora está sacado de la sección más atrevida de Victoria Secret, está claro jajajaja Y no descarto la opción de los calcetines. Y posiblemente no haya tardado demasiado en dejarse cazar de esa guisa por Yamato, incluso cuando estaban empezando. Dado que Yamato iba y venía de Tanegashima cuando podía, seguro que le apareció más de una vez sin que ella contara con él y claro, pijama sexy sexy jajaajaj Aunque tampoco la veo siendo la típica que se fuera a preocupar por esos temas, al menos no con él. Cuando le da por preocuparse, sin duda, no es con intenciones de evitar el frío ni de dormir calentita jajaja
A los suegros en el fondo se les cae la baba también con el yerno. A ver de dónde se iban a sacar uno así. Que sí, que el pobrecito tiene sus cosas, pero con respecto a su hija y nieta no creo que sean capaces de inventarse ni media excusa. Así que ahora solo falta que se le pase a él la paranoia y todos contentos jajaja Aunque cuando se le olvida la edad que tiene y le entran paranoias de las raritas a costa de ellos Yamato se pone muy creativo.
¿Qué? ¿Estás ya enterraba bajo un montón azúcar? Estos dos cuando se ponen en este plan son muy peligrosos. Que tienen una nenita y la ciudad luces de colores y van a ver a quién matan de la adorabilidad. Yo ya te digo que hay una víctima con quien se van a encontrar, y seguro que tiene para fangirlear un buen rato.
Un bico grande vecina, y disfruta del fin de semana. A ser posible sin cubos, por favor jajaja
