Lo primero con lo que Ryku se topó fue con lo concurrida que era la ciudad. Gente paseando por las calles con la familia, pareja o su Pokémon, entrando y saliendo de tiendas o descansando en los bancos de las calles. Ryku paseó por las calles mientras contemplaba todos los rincones de la ciudad. Usó el mapa por si le indicaba el camino hacia el Gimnasio Pokémon, pero este solo se encargaba de señalar rutas y ciudades. Ryku tenía que buscar un mapa de la ciudad si no quería perderse en ella.
Deambulando acabó en una de las plazas donde más gente pasaba el día en las mesas de fuera de los bares y restaurantes, dando de comer a Pidgey cerca de una fuente cuya agua salía de los tentáculos de la estatua de un Tentacool. Aprovechó el borde de la fuente para sentarse y descansar un poco.
Mientras tanto, empleó el Holomisor y grabó un mensaje de vídeo. Luego buscó el número de su madre o padre y se lo mandó. Ryku pensó en llamarlos en persona, pero había mucho ruido en la plaza y sus padres a duras penas conseguirían escucharle. Con el vídeo les avisaría de que había llegado a ciudad Verde sano y salvo.
Ryku vislumbró en una de las salidas de la plaza un cartel con un mapa. Tenía pinta de pertenecer al de la ciudad, de modo que retomó la marcha y fue a examinarlo. No erró y comprobó la ruta más corta que debía tomar hacia el Gimnasio. De paso memorizó los lugares de interés como el centro Técnico y el albergue de la ciudad. Solo había uno de cada, pero ambos mostraban ser grandes y fácilmente detectables. Ryku se decepcionó de que no se diseñara un módulo para hacer fotografías y se lamentó de no haber añadido una cámara a la mochila. Una fotografía al mapa de la ciudad le hubiera venido muy bien. Tendría que confiar en su memoria y en hallar más carteles como este en el resto de la ciudad. Tomó la salida adecuada y se dirigió hacia el Gimnasio.
El recorrido que debía realizar era extenso, pues el Gimnasio estaba en el extremo noreste de la ciudad y Ryku había accedido a esta desde el sur. Por el camino recibió una respuesta de sus padres quienes, al igual que él, le mandaron un mensaje de vídeo. En este se escuchaba su alivio de llegar a la ciudad sin muchos percances. Sobre todo, por el ataque de la horda de Rattata y Raticate. También le desearon suerte en su primer combate contra un Líder de Gimnasio, lo que Ryku agradeció a pesar de que no le oyesen.
Ante Ryku se presentó la increíble estructura del Gimnasio Pokémon de ciudad Verde. Ese tejado semicircular y cortado a la posición de las puertas de madera, dando como resultado dos arcos a distintos niveles. En frente de la puerta se alzaban seis columnas -tres a cada lado- que formaban una especie de camino hacia esta. Más adelante había dos escaleras para llegar al Gimnasio y, en el espacio entre estas, había una fuente con un relieve de siluetas las cuales la central escupía el agua de su boca. Ryku alzó la vista. Estaba a escasos metros de realizar su primer paso hacia la Liga Pokémon. Inspiró y Expiró. Estaba listo para afrontar el desafío.
Ryku subió las escaleras y caminó hacia la puerta. Iba decidido a abrirlas, pero en cuanto las tocó vio un cartel al lado con aspecto importante. Se acercó y lo leyó detenidamente.
—Información para los retadores. Actualmente el Gimnasio de ciudad Verde queda indispuesto por falta de un Líder que lo controle. Mientras el Consejo de la Liga Pokémon busca a la persona adecuada, este Gimnasio quedará cerrado y seleccionado como el último a hacer de los ocho repartidos por Kanto. Lamentamos las molestias y prometemos que volverá a funcionar antes del comienzo de las preliminares de la Liga Pokémon.
Ryku se quedó perplejo. ¿No había líder de Gimnasio? ¿Cuándo sucedió esto? Tuvo que ser recientemente si no se había informado al respecto. De todas formas, y según decía el cartel, la medalla de este Gimnasio sería la última que obtendría. No le quedaba más remedio que continuar hacia su próximo destino que, según el mapa, sería ciudad Plateada.
— ¿Tú también te has decepcionado al ver el Gimnasio cerrado?
Ryku dirigió la vista al desconocido que le acababa de hablar. Se trataba de un joven como él, aunque ligeramente más alto. Tenía un cabello corto y de color azul muy oscuro, casi confundible con el negro. Sus ojos eran oscuros, por la distancia era complicado averiguar el color exacto, pero se notaba que no tenían un tono destacable. Vestía ropa ligera pensada para los largos viajes. Ryku se fijó en su brazo izquierdo: llevaba un brazalete Enlace. Ese joven era un entrenador como él.
—¿Sabes cuánto tiempo lleva cerrado? Me acabo de enterar de esto— preguntó Ryku.
—Ni idea. Solo llevo unos días aquí y en mi primer día ya me lo encontré cerrado. Es un fastidio estar tan cerca y a la vez tan lejos de completar la obtención de las ocho medallas.
Ryku se sorprendió ante la última frase sacada por el joven.
—¿Estás tras las medallas de Kanto?
—Desde luego. Mira.
El joven sacó del bolsillo interior de su chaqueta una caja metálica roja y la abrió. Ryku se quedó perplejo al ver siete de las ocho medallas de los Gimnasios. El joven solo necesitaba la de este Gimnasio para completar la colección.
—Caray, ya tienes casi todas. Increíble. Te habrá costado conseguirlas, supongo.
—Algunos líderes fueron un verdadero reto debido a mi Enlace; otros, tenía ventaja sobre ellos; el resto dio un combate inolvidable. Confío en que el próximo líder de este Gimnasio esté a la altura.
—¿Puedo saber qué tipo de Enlace tienes? —preguntó Ryku curioso.
—Cómo no. Mi Enlace es de tipo agua, realizado con un Blastoise. ¿Y el tuyo?
—De tipo fuego, realizado con un Charizard.
—Interesante. Si querías ir a por la medalla de este Gimnasio, deduzco que también perseguirás las demás. —Ryku asintió y corroboró su suposición—. Vas a tenerlo más complicado que yo.
—Es posible. Pero no me pienso rendir hasta lograrlo —anunció Ryku muy convincente.
El joven rio.
—Esas palabras son las mismas que solté cuando inicié mi aventura hace muchos meses ya. —Hizo una pausa—. Dime, ¿vas a partir hacia el siguiente Gimnasio y desafiar a su líder?
—Hoy no. Prefiero pasar la noche aquí y salir por la mañana.
—Entonces irás al albergue de la ciudad. Si no sabes dónde está te puedo guiar ya que estoy alojado allí.
—Sí sé dónde está —repuso Ryku—, pero no me importa que me acompañes si quieres.
—Muy bien. Vamos, entonces. Por cierto, no me he presentado en toda la conversación. Me llamo Dylan.
—Yo soy Ryku.
-0-
El albergue era más grande de lo que Ryku pensaba. Él se imaginaba un edificio pequeño pero lo bastante espacioso para acoger a varias decenas de entrenadores a la vez. Pero Dylan le había contado cómo era y, hasta que no lo vio en persona, Ryku no se lo creía.
Solo la recepción ya mostraba tener la calidad de un hotel con la diferencia de estar enfocado exclusivamente a entrenadores los cuales se veían ir y venir por todas las puertas del recinto y subir y bajar las escaleras que llevaban al piso superior. Había más entrenadores de lo que se imaginaba.
—¿Me crees ahora? —Dylan le había hablado sobre el albergue mientras se dirigían a este. Ryku no creía todo lo que le comentaba.
—Voy a tener que hacerlo, sí —dijo Ryku abatido por la realidad.
—En cuanto cojas la habitación te enseño los campos para duelos entre entrenadores, que parece que aún dudas.
—No, no. Te creo —repuso velozmente Ryku—. Con esta recepción ya es suficiente.
Dylan lo miró, todavía dubitativo. Lo dejó estar y fueron a la recepción.
—Buenas tardes y bienvenido al albergue de ciudad Verde. ¿En qué puedo serviros? —saludó el recepcionista. Era un hombre alto, vestido con el uniforme del albergue: traje negro con pajarita roja. Tenía el pelo corto y moreno y unos ojos color miel. No dejaba de sonreír.
—Buenas tardes. Quisiera una habitación —pidió Ryku.
—Muy bien. Me enseña su identidad de entrenador, ¿por favor? —Ryku seleccionó en la pantalla de su brazalete su tarjeta electrónica que demostraba su cualidad como entrenador—. Gracias. ¿Cuánto tiempo va a estar?
—Solo un día.
—De acuerdo. Serán cien monedas de combate.
Ryku activó el módulo de las monedas y dejó que el recepcionista pasara un aparato por encima de la pantalla que leyó el número de su cuenta de entrenador. La pantalla del ordenador del recepcionista emitió un pitido con el que fue verificado el pago.
—Aquí tienes. Tu habitación está en la primera planta. Número cuarenta y seis.
—Gracias.
Ryku recogió la llave.
—Perdona, ¿te interesaría participar en un torneo que estamos organizando en el albergue? —preguntó el recepcionista antes de que Ryku y Dylan se marcharan.
—Oh, es verdad. ¿Cómo va el reclutamiento de participantes? —cuestionó Dylan—. Oí que aún no se tienen los necesarios.
—Casi estamos listos. Unos entrenadores se inscribieron esta mañana y eso nos dio un buen empujón. Por desgracia del destino, los nuevos participantes no rellenaron todo el tablón y nos queda solamente uno más. Una pena, si al acabar el día no se inscribe nadie más, tendremos que aplazar el torneo unas semanas. Y eso sería bastante malo.
—Pues sí que es mala suerte, sí.
—¿En qué consiste el torneo? —inquirió Ryku.
—Es sencillo. Se realizarán combates Pokémon para avanzar en el tablón hasta llegar a la final y el ganador del torneo se llevará un premio de veinticinco mil Monedas de Combate.
Ryku se quedó con la boca abierta, anonadado. Veinticinco mil Monedas de Combate eran una cantidad considerable. Con ese dinero no se tendría que preocupar más por pasar noches en los albergues.
—Participaré.
—Genial. Te inscribiré con los datos que me diste a la hora de pedir habitación.
—¿Cuándo se hará el torneo?
—Mañana por la tarde. Hoy era el último día para las inscripciones. El resto ya está listo.
Ryku asintió. Segundos después se percató de algo: si el torneo iba a ser al día siguiente en horario vespertino, eso significaba que tendría que pasar una noche más por lo menos. Con lo cansado que acabaría tras el final del torneo como acabase no podía continuar su camino sin un buen descanso.
—¿Ocurre algo? —Dylan notó la preocupación de Ryku.
—Solo he pagado por una noche en el albergue y con el torneo dudo que tenga ganas de continuar sin reposar antes. No tengo dinero para una segunda.
—¿Solo eso? —Dylan habló como si se tratara de algo mundano—. Recepcionista, las noches extra que se quede él, ponlos a mi cuenta.
—Muy bien.
—Espera, espera, espera —saltó Ryku—. Dylan, ¿Estás seguro de lo que dices y haces?
—Sin duda.
—¿De verdad?
—Te lo repetiré: sin duda. Apúntale una noche más a mi cuenta.
El recepcionista obedeció y en cuestión de segundos el recepcionista ya había cobrado el dinero de la noche extra que pasaría Ryku. Dylan hizo una seña a Ryku de apartarse para que otro entrenador pudiera alquilar su habitación. Alejados de la recepción, Ryku retomó las preguntas.
—¿Por qué lo has hecho? —preguntó—. ¿Acaso das noches gratis a otros entrenadores para que estén en deuda contigo?
—Qué locuras sueltas —replicó Dylan—. No lo hago para que alguien esté en deuda conmigo. Solo lo hago para ayudar.
—Es que todavía no comprendo…
—Mira, he visto tu reacción al saber del torneo. Decir que estabas interesado y deseabas participar es, quizá, quedarse corto. Y si ganas podrás alojarte en cualquier albergue, ya sea de ruta o de ciudad, sin preocuparte de quedarte corto de dinero. Y ese es un buen incentivo en tu tarea de recolectar las ocho medallas. Te lo dice alguien que ya ha pasado por eso.
—En ese caso, solo puedo decir gracias. Pero sigo pensando en querer devolverte la noche que me has pagado.
—De nada. Pero olvida que te he pagado una noche más hasta que termine el torneo, al menos. No quiero verte sin combatir a pleno rendimiento.
—Hecho. Solo una pregunta más: ¿Por qué no te apuntaste en el torneo?
—Porque solo vine a la ciudad por la medalla. Nunca estuve interesado en este torneo.
—Vaya. Me hubiera gustado combatir contra ti en el torneo.
—Puede que tengas esa oportunidad. A fin de cuentas, si vas por las ocho medallas será para participar en la Liga Pokémon, ¿no? Tal vez nos encontremos en las preliminares.
—Cierto.
Dylan echó un vistazo a la pantalla de su brazalete.
—Aún no es hora de que abran el comedor. ¿Quieres ver el estadio mientras esperamos?
—No es mala idea. Te sigo.
Dylan guio a Ryku por el albergue hasta salir afuera por la parte de atrás del edificio. Nada más salir, Dylan señaló un recinto donde se encontraba el estadio. Ryku se asombró al ver la construcción. Pensaba que el estadio sería, simplemente, un campo abierto con una delimitación para el área de combate. Sin embargo, el edificio que tenía delante podía pasar fácilmente por un Gimnasio Pokémon.
El interior del recinto era como Ryku se había imaginado. No había mucho que destacar más que el campo de batalla, unas gradas a un lado en el que fácilmente podrían estar como cien personas o más y unos focos arriba que apuntaban al campo.
—Honestamente, no me imaginaba que el albergue contase con un campo de batalla parecido al de un Gimnasio Pokémon —comentó Ryku mientras observaba el entorno.
Ryku se paró un momento a examinar en detalle el campo de batalla. Ahí iba a pelear contra otros entrenadores y comprobó si el terreno beneficiaba a algún tipo. El campo era de tierra fina, por lo que los entrenadores con un Enlace de Tierra tendrían una ligera ventaja sobre él, aunque ínfima gracias a su tipo secundario. Al menos se alegró de que no fuera de piedra; eso le hubiera causado mucho daño si había entrenadores con Enlace de tipo Roca, su tipo némesis.
—Lo mismo dije yo cuando lo vi por primera vez —agregó Dylan—. He oído que tiene todo lo básico para ser un Gimnasio oficial, aunque el más relevante de la ciudad sigue teniendo un aspecto superior.
—No llegaste a entrar en su interior —repuso Ryku—. Tal vez el campo sea igual y solo sea pura belleza por fuera y austero por dentro.
—También es verdad.
Ryku siguió reconociendo el terreno y preparándose para el momento del torneo. Normalmente, Ryku solía improvisar en los combates Pokémon porque siempre desconocía contra quién iba a luchar. Pero el terreno siempre lo investigaba; intentaba encontrar cosas en el ambiente que poder usar en las peleas en su beneficio tanto ofensiva como defensivamente. Lamentablemente, nunca había peleado contra otro entrenador, de modo que esa costumbre la empleaba más para ayudar a Antorcha mientras este combatía. Ahora era su turno de encontrar esos beneficios del entorno a la vez que luchaba contra alguien cuyo Enlace sería desconocido. Tenía que anticiparse, hacer los deberes y ahorrar tiempo antes de un combate.
—El campo es lo bastante amplio como para que mis ataques no se vean mermados. Aunque, por ser un recinto cubierto, tendré que vigilar no elevarme demasiado o me golpearé en la cabeza y eso podría hacerme perder el combate —murmuró Ryku a sí mismo.
Dylan, por otro lado, dejó a Ryku con sus estudios y se fue a las gradas. Se dedicó a buscar el sitio adecuado con la finalidad de disfrutar del torneo en su plenitud. Cuando lo halló, dejó una marca con un poco de arena que había cogido del campo. Terminado el trabajo, regresó al campo de batalla.
—¿Has acabado con la exploración del terreno? —preguntó Dylan.
—Sí. Ya le he echado un buen vistazo. Podemos irnos.
Como todavía faltaba una hora para que abriera el comedor, Ryku y Dylan buscaron alguna forma de matar el tiempo. Se dieron los números de Holomisor para que Dylan avisara a Ryku del momento en el que abrieran el comedor. Ryku se despidió rápidamente y se dirigió hacia su habitación en la primera planta.
No había mucho que ver en la habitación: una cama, un lavabo, una mesa y un mueble con un televisor. Su ventana daba al interior del recinto del albergue, por el cual se veía el edificio donde estaba el campo de batalla. Dejó la mochila sobre la mesa y abandonó la habitación.
Ryku recibió un mensaje de texto de Dylan en cuanto llegó al recibidor. Estoy en el bar jugando al pinball y tomando un refresco por si te quieres pasar, decía el mensaje. Ryku no tenía nada que hacer, de manera que aceptó la idea de ir al bar.
Allí se topó con un ambiente bastante cargado. Había bastantes entrenadores que compartían espacio entre la barra, las mesas y las tres máquinas de pinball que había. Ryku buscó a Dylan, pero no lo detectó con la mirada. Paseó por la barra y las mesas con la esperanza de que fuera Dylan quien le viera antes. Segundos después, entre tanto ruido que se escuchaba en el bar, percibió la llamada de alguien. Dylan agitaba su brazo con tal de captar su atención. Ryku se acercó a la mesa y se dio cuenta de que Dylan no estaba solo. Lo acompañaba otro hombre.
Por el aspecto Ryku podía echarle fácilmente los treinta años. Tenía el pelo corto y negro y una cinta roja que le cubría la frente. Su cara imponía mucho, al igual que su cuerpo perfectamente entrenado para combates físicos. Por las pintas debía pertenecer al Dojo Karate de ciudad Azafrán.
—Ryku, te presento a Kendo —enseñó Dylan—. Es miembro del Dojo Karate, como ya bien habrás imaginado por su indumentaria.
—Sí, una ligera suposición ya me hice. Encantado. Mi nombre es Ryku.
—Un placer conocerte.
Ryku tomó asiento.
—Kendo es uno de los participantes del torneo del albergue, ¿sabes? Un posible rival.
Ryku y Kendo intercambiaron una mirada.
—Así que tú también participas en el torneo, ¿eh? —dijo Kendo.
—Sí.
Kendo examinó de arriba abajo a Ryku, como si con solo mirarlo ya pudiera saber algo de él.
—Va a ser un torneo de los más interesantes en los que he estado, ya lo creo —sentenció.
—¿Qué quieres decir con interesante? —preguntó Dylan, curioso.
—Oh, ya lo veremos cuando empiece, ¿no? —Dio un último sorbo a su bebida y se levantó—. He de irme. Siempre me apetece entrenar un poco antes de comer, así entra mejor. Adiós.
Y Kendo desapareció entre la multitud.
—¿Conoces de algo en particular a ese karateka?
—No. Solo me dejó sentarme en su mesa ya que el resto están ocupados. No conversamos mucho antes de que llegaras. —Hubo una pausa—. ¿Crees que te enfrentarás a él en alguna fase del torneo?
—A saber. Mañana puede ocurrir de todo.
—Ni que lo jures. Qué ganas de presenciar el torneo. Tiene una pinta que ni la de la Liga Pokémon.
—¿Has llegado a conocer a más entrenadores que participen en el torneo?
—No, solo a Kendo. —Ryku se decepcionó. Pensó que podría sacar algo sabiendo de los demás participantes—. Pero tampoco quiero perder las sorpresas. Hay que estar emocionado hasta el final.
Ryku y Dylan pasaron todo el tiempo jugando al pinball hasta que el bar comenzó a vaciarse. Aquello era un indicio de que el comedor ya había abierto y la cena estaba servida.
Ryku engulló su comida vorazmente. En todo el día solo había desayunado y almorzado. Con todo lo que había experimentado en un solo día se olvidó de comer y ahora la cena era algo más que comer ligero. Dylan se limitó a comer un simple plato y una combinación de bayas.
Durante la cena un empleado del albergue hizo un llamamiento a todos los entrenadores del comedor. Cuando hubo silencio informó a los entrenadores de la hora exacta a la que empezaría el torneo y algunas reglas solo aplicables antes del torneo como no presentarse antes de que dé inicio el torneo se consideraba abandono y victoria para el contrincante. La hora del torneo se situaba a las cuatro de la tarde y duraría hasta la noche, pues el torneo se celebraba de principio a fin y después habría una fiesta. Finalizó con la mención de otra serie de reglas que se comunicarían antes de comenzar el primer duelo.
Tras la cena, Ryku ya no se sentía con fuerzas de hacer nada. Se despidió de Dylan y se fue directamente a su habitación. Se cambió la ropa por el pijama y se dejó caer en la cama. Mañana prometía ser un día intenso.
