La alarma sonó con fuerza y Ryku se desorientó con el sonido. Era la primera vez que usaba la alarma del reloj del brazalete y desconocía cómo se escuchaba, por lo que le pilló por sorpresa a pesar de recordar que la había puesto. Necesitó de varios intentos para que el sonido cediera. Después estiró los brazos y se levantó de la cama donde terminó de estirar el resto del cuerpo. Se vistió, se lavó la cara y preparó la mochila. Se aseguró de que no se dejaba nada en la habitación y salió de la habitación.

Ryku comprobó si Dylan estaba por recepción, pero no le vio en ninguna parte. Como todavía no iba a irse de la ciudad, decidió llamarle más tarde y se dirigió al comedor a desayunar. Allí se aseguró de alimentarse lo suficiente como para no tener que volver a comer en muchas horas. Mientras tanto, Dylan entró en el comedor cuando Ryku ya casi había terminado de desayunar. Ryku optó por esperarle y, de paso, preguntarle cosas sobre el bosque.

—Es un laberinto en el que apenas entra la luz del sol por culpa de los gruesos árboles que lo componen —respondió rápidamente Dylan—. Hay señales repartidas por el bosque, pero están en tan mal estado que no vale la pena seguirlas.

—¿Y tú sabes cómo ir desde este lado del bosque hasta el de ciudad Plateada?

—Ya te dije que sería tu guía, ¿no? —Ryku asintió—. El bosque Verde fue la última zona que visité antes de llegar aquí. Tengo fresco el recorrido que tomé, no habrá problemas.

Dylan acabó de desayunar y ambos se colocaron las mochilas y abandonaron el comedor. En recepción entregaron las llaves de sus habitaciones y Ryku pidió que le canjearan el premio del torneo. El recepcionista cogió el código del monedero virtual de Ryku, le ingresó las monedas con un pase de la tarjeta por el ordenador y le dijo que se quedaría la tarjeta pues ya no tenía valor alguno y podía reutilizarse para otros torneos. Ryku lo vio bien y tanto él como Dylan se despidieron del comentarista y salieron del albergue.

Dylan recomendó comprar algo de comida ligera por si acaso y que pudiera aguantar todo el día sin pudrirse y algo de beber, sobre todo. Repostaron en una tienda especializada tanto para gente de a pie como entrenadores y, una vez listos, partieron hacia el norte donde comenzaba la ruta 2.

La mayor parte de la ruta 2 la componía el bosque, por lo que convertía la ruta en una bastante corta. Al paso que iban, Ryku dedujo que en menos de una hora ya entrarían en los árboles del bosque. Dylan y Ryku tuvieron que pasar por el ataque de alguna bandada de Pidgey hostil y otra horda de Rattata. De ambas agresiones Ryku ya estaba acostumbrado: los Pidgey eran su rival mientras aprendía a manejarse en el cuerpo de un Charizard y los Rattata ya habían demostrado ser unos rivales tremendamente débiles a su lanzallamas. Tan insignificantes resultaron los asaltos de los Pokémon salvajes que Ryku fue el único que activó su Enlace hasta ahora.

—Algún día tendré que verte en acción como un Blastoise, ¿no crees? —dijo Ryku a Dylan como un mensaje sutil. Acababa de regresar a su forma humana tras despachar a los últimos Rattata.

—Estoy seguro de que me verás. Solo que sería ideal un combate en el que solo uno de nosotros no sea suficiente para ganar.

Como tenía previsto, Ryku y Dylan entraron en el bosque Verde tras caminar durante unos cincuenta minutos por la ruta 2. A partir de ahí Dylan tomó la delantera y Ryku le siguió procurando no perderle de vista. Dylan dijo que en este bosque predominaban los Pokémon de tipo bicho, como Caterpie o Weedle, sobre todo del segundo. También mencionó de la existencia de los Pidgey y algún que otro Pidgeotto que buscaban alimento en el bosque y, en casos tremendamente extraños, algún Pikachu perdido entre los árboles. La presencia de Pokémon de tipo eléctrico en el bosque le sorprendió a Ryku.

—¿No se supone que el hogar de los Pikachu suele ser la central eléctrica y los alrededores?

—No soy experto en el tema, Ryku. Tendrías que preguntarle a algún Profesor Pokémon de ello.

Ryku tuvo un momento en el que le apeteció detenerse unos minutos y llamar a Dalia para resolver sus dudas. Suerte que se lo pensó detenidamente y no lo hizo, no iba a molestar a la profesora con una nimiedad. Sin embargo, como alternativa buscó información al respecto en el módulo Pokédex que le regaló. Aquello le ayudaba a entender teóricamente la fauna de las zonas que visitaba, aunque no olvidaba de mantener la vista en Dylan.

Después de un buen rato de moverse entre los árboles, Dylan se detuvo en seco. Ryku en ese momento estaba leyendo la información de la evolución de los Caterpie, los Metapod, y chocó con su amigo.

—¿Qué pasa, Dylan? ¿Por qué te has parado?

Dylan no tuvo que responderle pues Ryku contempló con sus propios ojos la causa de la detención de su amigo. Delante de ellos se imponía el enrome tronco de uno de los árboles del bosque. Dicho tronco debía tener unos tres metros de grosor y estaba tirado en medio del camino marcado por el que la gente debía moverse.

—Esto no estaba así antes, ¿verdad? —preguntó Ryku.

Dylan negó con la cabeza.

—Ha tenido que pasar en los últimos días desde que me alojé en el albergue de ciudad Verde.

Dylan caminó donde el árbol se alzaba y tenía sus raíces. Intentó averiguar qué le ocurrió para que acabara derrumbándose sobre el camino. Le llamó la atención la manera en la que lo cortaron.

—Eh, Ryku, mira esto.

Ryku se reunió con su amigo y miró aquello a lo que señalaba con su dedo. Ryku, a diferencia de Dylan, no vio nada que le extrañara más allá de estar frente al corte que tiró el árbol. Dylan suspiró, ahorraría tiempo explicándoselo sin más.

—Este árbol no ha sido cortado como nosotros conocemos, más bien parece que lo han… picado.

—¿Picado? ¿Eso no es más de minas? Los árboles se talan.

—Lo sé, pero fíjate bien. Los bordes del tronco tienen una forma circular, como si en vez de usar hachas o sierras se hubieran utilizado taladradoras.

—Es extraño, ¿Quién podría hacer algo así y por qué?

—Ni idea, pero no podemos continuar por el camino. Habrá que rodear el tronco adentrándonos en el bosque. Qué mala suerte que justo por aquí más frondosidad haya. Movámonos con cuidado.

Ryku asintió y ambos se introdujeron en el bosque. Los árboles no les daban tregua y les dificultaba caminar por la zona sin tropezar con alguna raíz sobresalida o con algún otro árbol afectado por el que se había derrumbado. Varios minutos después se toparon con el primer claro del bosque en el que Ryku y Dylan agradecieron de tener una muy buena luz. Decidieron descansar un rato antes de reanudar el camino y saciar su sed.

—Esto es zona desconocida para mí —comentó Dylan—. Lo que sé del bosque se basa en los caminos de tierra, que ya de por sí son algo laberínticos y en algunas pequeñas áreas abiertas. Nunca me he separado tanto de los caminos.

—Está bien. Solo tenemos que dirigirnos al norte unos metros y luego tomar la dirección opuesta a la que nos ha alejado y habremos rodeado el árbol derribado. Será fácil.

—Eso espero. —Ryku no entendía el pesimismo de su amigo—. Cuando iba a ciudad Verde por el camino normal, fui atacado por Weedle. Varias veces y todas con ese pincho que tienen en la cabeza.

—En la Pokédex no existe ningún detalle que diga que los Weedle son hostiles. Los Beedrill sí, pero no los Weedle.

—Da igual. No tengo ganas de ver a esos gusanos con aguijón en la cabeza. El tramo final del bosque lo pasé corriendo por miedo a que me atacaran más Pokémon de tipo Bicho.

—¿Te dan miedo los bichos? —preguntó Ryku escondiendo una risilla.

—Para nada. Pero son lo suficiente molestos como para obligarme a activar mi Enlace solo con la intención de enseñarles a dejarme en paz a base de chorros de agua. Bueno, dejemos de hablar de esto y sigamos el camino.

Ryku estuvo de acuerdo, dio un último sorbo a la botella, la guardó en la mochila y se levantó. Dylan y él volvieron a entrar en los árboles y avanzaron unos cuantos metros hasta que creyeron que ya habían rodeado el árbol caído y podían regresar al camino yendo hacia el oeste. Por el camino se toparon con un árbol que estaba siendo utilizado como nido para Metapod y Caterpie. Estos Pokémon se percataron de las presencias de los entrenadores, pero ninguno de ellos les atacó, sino que se mantuvieron vigilantes en caso de que actuaran de manera hostil. Al haberse alejado del nido, los bichos retomaron sus tareas, fueras cuales fueran.

—Si se comportan así no tengo nada en contra de ellos —dijo Dylan ante la pregunta que estaba a punto de formular Ryku.

Poco después vieron de nuevo el camino y, a sus espaldas, el árbol derribado. Ryku se alegró de haber acertado en sus cálculos de rodeo del árbol y Dylan de volver a pisar la tierra marcada. Dylan reanudó su liderazgo como guía y Ryku lo siguió.

Llegaron a un nuevo punto en el que tuvieron que detenerse. Ante ellos se presentaba una bifurcación del camino en el que Dylan pensó detenidamente el camino a tomar. Se orientó colocándose de espaldas a la señal que había cuyas direcciones estaban borradas por el desgaste y acabó indicando el camino de la izquierda como el correcto. El otro camino, según lo que le comentaron, llevaba a un área donde los caza-bichos entrenaban y capturaban Pokémon con sus redes.

Siguieron el camino un rato más hasta que Dylan empezó a moverse más lentamente, más cuidadosamente. Ryku quiso saber de ese repentino comportamiento y Dylan le respondió que esta parte del camino era donde fue más atacado por los Weedle y no le apetecía pasar por lo mismo otra vez. Ryku se encogió de hombros porque no le importaban los bichos básicamente por su tremenda ventaja de su Enlace de fuego. Dylan replicó que el suyo también era tan potente como para tener la misma superioridad contra los bichos, pero prefería ahorrar tener que activar su Enlace.

Dylan y Ryku entraron en otro claro que tenía varias vías por las que continuar. En el medio del claro descansaba un enorme árbol cuya copa cubría con hojas su ancho tronco. Dylan reconoció el árbol y dijo que estaban en el centro del bosque y que ya habían recorrido la mitad de este. Pronto saldrían de los árboles y llegarían a ciudad Plateada. Volvió a orientarse con tal de recordar el camino por el que vino según la posición con la que vio el árbol por primera vez. Mientras, Ryku examinaba la Pokédex y continuaba con su investigación de la fauna local, en especial de los Pikachu que podían rondar estos árboles. Tenía mucha curiosidad por saber los posibles motivos por el que un Pokémon eléctrico decidía vivir en una zona donde reinaban los bichos.

Dylan estuvo un largo rato intentando recordar el paisaje que se topó cuando pasó por ahí la primera vez. Se maldecía a sí mismo de no ser capaz con el poco tiempo que había transcurrido desde que cruzó el bosque entero. Entre sus insultos, Dylan percibió un sonido que, al principio, no reconoció y creyó que su brazalete había sido el causante, pero el aparato estaba perfectamente y no mostraba ningún problema. Escuchó una segunda vez el sonido y, en esta ocasión, reparó en él. Sonaba como un zumbido, uno que se iba haciendo más intenso poco a poco. Dylan permaneció confuso unos segundos hasta que asoció al propietario del ruido. Corrió hacia Ryku y le advirtió del peligro.

—Tenemos que salir de aquí cuanto antes —le dijo a toda prisa—. ¡Vamos!

Ryku estaba tan sumiso en su investigación que no había oído los zumbidos hasta que Dylan lo sacó de su concentración. Instintivamente buscó el origen, pero Dylan se lo impidió y no dejó de gritarle que le siguiera. Corrieron en la dirección que Dylan había elegido y, en un momento, Ryku miró a su espalda y se encontró con lo que Dylan y él estaban huyendo. Les perseguía un enjambre de Beedrill.

Dylan sabía que a la velocidad a la que corrían sería inútil y los Beedrill les alcanzaría rápidamente. De modo que la alternativa que usó fue meterse en los árboles y esconderse tras uno de los troncos y confiar en que los Pokémon desistieran en su persecución y los dejaran en paz. Hallaron un tronco cuyas raícen estaban muy sobresalidas y formaban una especie de jaula en la cual poder ocultarse. Dylan y Ryku se enterraron en lo más profundo de la jaula para mayor seguridad. Los zumbidos no habían cedido ni un instante.

—Maldita sea, son persistentes —decía Dylan en voz baja—. ¿Tan hostiles son los Beedrill?

—Déjame mirarlo. —Ryku buscó en la Pokédex al Beedrill y leyó por encima la información que proporcionaba sobre ellos—. Aquí dice que son hostiles cuando alguien molesta su nido y no se cansarán hasta derrotar la amenaza.

—¿Nido? Yo no he visto ningún nido de Beedrill.

—Lo habremos pasado sin darnos cuenta, como aquel de Metapod y Caterpie.

Entonces a Dylan se le despejaron todas las dudas de golpe.

—Ahora lo pillo. El árbol del claro es su nido. Los Kakuna deben colgar de sus ramas, pero hay tantas hojas que la copa, de lo frondosa que es, los esconde a la vista de todos. Por eso también hay una buena concentración de Weedle en el camino de abajo y estos atacan a los despistados para proteger su nido. Incluso me atrevo a decir que los Beedrill son los culpables de aquel árbol caído en mitad del camino con tal de impedir que más humanos se acerquen a la colonia.

—¿Estás seguro de lo del árbol? Suena como un comportamiento extraño por su parte.

—Lo sé, pero son los únicos Pokémon que han podido hacerlo. El tronco fue picado con una especie de taladro y los Beedrill tienen unos aguijones enormes por brazos. Además, los demás bichos no tenían motivos por talar un árbol mientras que los Beedrill sí.

Dylan no había terminado de hablar, pero un fuerte zumbido cerca de su posición le alertó de permanecer callado. Los Beedrill los buscaban sin cesar. Cuando el zumbido se escuchaba a lo lejos, Dylan y Ryku respiraban aliviados.

—¿Cuántos Beedrill no están persiguiendo? —preguntó Dylan a Ryku—. ¿Llegaste a verlos?

—De reojo. De una manera imprecisa, diría que al menos media docena, pero seguramente sean más.

—Pues lo tenemos complicado. Muy complicado. Este camino que hemos tomado es el incorrecto. El correcto estaba en el otro sentido.

—¿Eso significa…?

—Que tenemos que pasar por el nido. No hay otra alternativa.

—Entonces mejor que nos movamos con los Enlaces activados y atacar a los Beedrill cuando ellos carguen contra nosotros.

—Lo veo bien. Pero es más recomendable transformarnos fuera de estas raíces. Aunque nuestras formas Pokémon no sean precisamente grandes, activar a la vez los Enlaces en un recinto tan pequeño puede ser contraproducente.

Ryku estuvo de acuerdo con ello y esperó a que no se escucharan muchos zumbidos antes de salir. Hubo una oportunidad en la que los Beedrill se habían puesto a buscar lejos de su posición y la aprovechó. Nada más salir de la jaula de raíces activó su Enlace y se convirtió en un Charizard. Calculó mal y sus alas se dieron de lleno contra el tronco de otro árbol el cual casi le daña las alas más de lo debido. No puedo volar aquí. Tengo que intentar no extender las alas.

Dylan fue el siguiente en salir, pero no le dio tiempo a transformarse porque los zumbidos de los Beedrill volvían a escucharse fuerte y cerca. La transformación de Ryku había producido alguna señal que los alertó y ahora el enjambre se dirigía a ellos.

—¡Activa tu Enlace ya! —le gritó Ryku a Dylan. Pero olvidaba que mientras él fuera un Pokémon y su amigo un humano no se entenderían. Sin embargo, la situación se explicaba por sí misma.

Dylan encendió su Enlace y su cuerpo empezó a brillar y moldearse. Justo en ese momento un Beedrill apareció de entre los árboles con ambos aguijones listos para clavarlos en Ryku o Dylan. Ryku protegió a su amigo bloqueando los aguijones con su ataque cuchillada y usó el mismo movimiento para asestarle hasta cuatro cortes seguidos que acabaron con el Beedrill y lo dejaron inconsciente y apoyado en un árbol. Poco después Dylan ya había terminado su Enlace y Ryku vio el cuerpo azul del Pokémon tortuga y sus llamativos cañones asomando del duro caparazón.

—Parece que ese día en el que me verías transformado llegó antes de lo que pensábamos, ¿eh? —comentó Dylan con una ligera sonrisa.

—Cierto. Pero dejemos eso de lado y centrémonos en alejarnos del nido por el camino correcto. El resto de Beedrill están a punto de llegar.

Regresar al claro vino con un problema de más: Dylan no podía moverse con soltura por los árboles. Estos estaban tan pegados los unos con los otros que el caparazón no hacía más que chocar contra los troncos y tambalearse a menudo. Por su parte, Ryku podía caminar sin muchas dificultades, aunque su cola también no hacía más que dar a los troncos y eso causaba que Ryku avanzara lentamente y con miedo de no provocar un incendio con la llama de la cola. Cuando lograron volver al camino, unos cuantos Beedrill ya los esperaban.

Ryku miró a lo enemigos y contó que había unos seis Beedrill ahí. Por un instante ninguno de los Pokémon le atacó, pues se quedaron confusos al ver a Ryku y Dylan transformados en Pokémon cuando ellos perseguían a unos humanos. No obstante, no le dieron importancia porque igualmente eran una amenaza para su nido y cargaron contra los jóvenes. Debían proteger el nido a toda costa.

—Yo me encargo de estos —dijo Ryku.

Dylan sabía que su amigo iba a disparar un torrente de llamas y preparó sus cañones con tal de evitar que el fuego se extendiera a áreas no deseadas. El lanzallamas de Ryku dio de lleno a tres de los seis Beedrill que se habían abalanzado contra él y cayeron al suelo debilitados y echando humo de sus cuerpos. Los otros tres, al ver la fuerza de su enemigo, se retiraron.

—Seguramente vayan a buscar refuerzos —comentó Dylan—. Salgamos de aquí antes de que eso ocurra.

Ryku asintió y extendió las alas ahora que no había árboles que limitaran tanto su vuelo, pero no podía alzarse muchos metros del suelo pues encima de ellos estaban las ramas de los árboles de los laterales del camino. Aun así, voló en dirección al claro sin importarle si Dylan le seguía el ritmo. Para su sorpresa, Dylan había llegado al claro un par de segundo antes que él.

—Este caparazón no sirve solo como protección —le dijo a Ryku.

Sin ningún comentario de respuesta, Ryku y Dylan vieron el epicentro de todo. El nido seguía escondido, como si no existiera, pero el enjambre de Beedrill indicaba que sí estaba, imposible de pensar lo contrario. De un vistazo, Ryku no pudo obtener un número aproximado de los Pokémon bicho, había demasiados de ellos y se movían rápidamente por el cielo. Nunca había visto tanto Beedrill juntos. Apostaría que mínimo debe haber una veintena de ellos.

Los Beedrill detuvieron su vuelo sin destino y se centraron en Ryku y Dylan. No dudaron ni un segundo en arremeter contra ellos y alejarlos del nido, incluso de debilitarlos a ser posible. Ryku ya previó aquella acción y se marchó volando logrando de ese modo atraer a unos cuantos Beedrill. Dylan, desde tierra, preparó sus cañones listos para disparar sus torrentes de agua contra cualquier bicho que se le acercara.

En el aire, Ryku realizaba maniobras evasivas con la finalidad de que los aguijones de sus perseguidores no se le clavaran en la piel. Los Beedrill no cedían ni un centímetro su ataque y en todo momento intentaban pinchar a su enemigo con sus púas envenenadas. Ryku no podía usar su lanzallamas a pesar de tener vía libre de echar fuego a toda potencia porque sus seguidores no dejaban de atacarle. Al final, cansado de tanto esquivarlos, hizo brillar sus garras y le dio un golpe directo a un Beedrill que estaba a punto de clavarle su aguijón. El daño de la cuchillada fue brutal y mandó a la abeja al claro en una caída en picado. Con un objetivo menos, sus compañeros se ubicaban a la distancia perfecta de recibir un lanzallamas totalmente cargado y Ryku no tardó ni un segundo en sacar partido de esa oportunidad. Los Beedrill no tuvieron tiempo suficiente de reacción y terminaron envueltos en llamas y convirtiéndose en cuerpos oscurecidos cayendo al suelo, debilitados. Ryku se alegró de eliminar a sus rivales, pero no se dio cuenta de que todavía quedaba uno desperdigado, seguramente de los que combatían contra Dylan, que consiguió clavarse su agujón por la espalda. Ryku gritó por el pinchazo y con una cuchillada envió a su atacante al suelo con los demás Pokémon debilitados. La picadura no parecía haberle causado mucho daño, pero optó por descender por seguridad.

En tierra el paisaje era totalmente diferente. Había Beedrill mareados y mojados por todas partes, todos ellos incapaces de atacar ni moverse. Dylan estaba luchando increíblemente pues solo él había logrado deshacerse de casi la mitad de ellos. Ryku buscó a su amigo y se topó con algo que no le gustó: Dylan estaba en peligro. Su amigo se había escondido en su caparazón mientras cuatro Beedrill se dedicaban únicamente a pretender rompérselo y dañar la piel débil de Dylan. Ryku desconocía el tiempo que tardarían en agrietarlo, si realmente llegarían a tal punto, pero no iba a permitir que siguieran atacando a su amigo con ese frenesí. Sin embargo, al dar un paso para acercarse y soltar un lanzallamas que alejara a los Beedrill, Ryku se mareó y el mundo empezó a darle vueltas.

Lo habían envenenado.

¿En serio? ¿Un solo picotazo venenoso que me dan y ya estoy envenenado?. Ryku no se lo creía. Su vida como Charizard estaba disminuyendo y no sabía si aguantaría mucho antes de que la Prioridad Humana activara el modo reinicio del Enlace. Tampoco le dio importancia y continuó con su misión principal de liberar a Dylan de aquellos Beedrill. Al estar lo suficientemente cerca, Ryku cargó su lanzallamas y lo disparó contra los enemigos. Fue un ataque impreciso, pero valió para cumplir su función.

Justo en el momento en el Ryku acabó de lanzar fuego, el veneno actuó con más fuerza. Tanta, que por un instante Ryku se perdió y se dejó llevar por la ira de un Charizard que concluyó en otro lanzallamas a la mayor potencia que le permitía el veneno en dirección al árbol, al nido de los Beedrill. Por suerte, las hojas estaban muy comprimidas entre ellas y las ramas eran muy gruesas, por lo que el lanzallamas causó daños superficiales, aunque no evitó que el fuego se colara por los recónditos de las hojas, alcanzaran el tronco y sentenciara a algunos Kakuna que se ocultaban tras aquella barrera de hojas.

A ojos de un Beedrill todo se había vuelto un caos. Los agresores de su nido eran muy poderosos y no se veían capacitados de derrotarlos sin ayuda de otras colonias. En especial, crearon una visión terrorífica de Ryku, el creador del que la copa del árbol de su nido estuviera en llamas y lo representaron como una bestia envuelta en fuego e inmune a este. Una bestia que disfrutaba dañar a su especie y sonreía al contemplar a sus víctimas. Ese Beedrill, que se lo había imaginado todo, lanzó su posible último aliento contra el monstruo de fuego y alas con la finalidad no de derrotarlo, sino de matarlo. Lamentablemente su ataque fue en vano, pues ni siquiera tuvo la ocasión de acercarse a Ryku antes de ser alcanzado por un torrente de agua que lo dejó atontado como sus demás compañeros.

Dylan, que ya se había recuperado de los constantes pinchazos de sus agresores y derrotado a los pocos Beedrill que todavía querían vencerle, atendió a Ryku. El joven había vuelto en sí tras un lapsus en el que no recordaba lo que había hecho hasta que vio la copa del árbol en llamas. Ryku le dijo a Dylan que se encargara de apagar el fuego que había causado antes de socorrerle y su amigo obedeció. Dylan usó sus cañones y soltó una gran cantidad de agua que llovió sobre el fuego y lo apagó, dejando tras de sí una buena columna de humo que se alzaba por encima de todos los árboles. Cuando se aseguró de que no iba a prender de nuevo, regresó con Ryku.

Ryku no soportó el veneno que le molestaba constantemente y le iba quitando vida lentamente y desactivó su Enlace. En su forma humana tuvo un respiro, pues el veneno solo afectaba a su forma Pokémon. Eso significaba que, si volvía a activar su Enlace, el veneno regresaría. Aunque todavía no había entrado en el modo reinicio, Ryku ya no podía usar su Enlace.

—Veneno y Charizard. Menuda combinación más peligrosa —comentó Dylan tras adoptar su forma humana—. ¿Estás bien?

—Ahora que el veneno no me afecta, sí —respondió Ryku—. ¿Todo esto lo he causado yo?

—Lo de la copa del árbol dudo mucho que fueras tú. Escupiste llamas porque sí, no porque lo hubieras planeado. A menos que sí lo hubieras planeado… —Ryku negó con la cabeza—. Entonces ha debido ser un delirio producido por el veneno lo que te ha conducido a hacer eso. Recuérdame que no me acerque cuando estés enfadado, ya sea por culpa del veneno o porque tú mismo lo estés. Cualquier Pokémon enfurecido es peligroso, pero veo que un Charizard lo es más que cualquiera que haya visto en mi viaje.

—Lo tendré en cuenta. Larguémonos de aquí. No quiero permanecer en este bosque ni un minuto más.

Dylan asintió y ayudó a su amigo a levantarse. Ryku se tambaleó un poco, pero recuperó el equilibrio y se mostró como si nada hubiera ocurrido. Tomaron el camino correcto y, en esta ocasión, solo existía una bifurcación que Dylan conocía sin problemas. Deambularon por el bosque Verde durante al menos media hora más hasta que divisaron la salida. Ryku no se había alegrado tanto de volver a recibir el impacto completo de la luz del sol.

Tomaron un merecido descanso en una roca que había cerca. Bebieron lo que les quedaba de sus botellas y algo de la comida que compraron. Luego de recuperar las fuerzas retomaron el camino. El resto de la ruta 2 no era muy larga en comparación a la parte de la ciudad Verde y, como mucho, Ryku creyó que tardarían lo mismo que la otra parte de la ruta o menos. Divisaron un albergue no muy lejos del bosque Verde, pero pasaron de largo ya que se habían recuperado con anterioridad y no había peligro de ataques sorpresa de Pokémon salvaje porque aquella zona de la ruta tenía menos hierba por la cual pudieran asomarse. Pronto vislumbraron en la distancia los edificios de ciudad Plateada, su próximo destino. Ryku veía la ciudad casi igual que ciudad Verde: el lugar donde obtendría su primera medalla de Gimnasio. Solo confiaba en que aquel Gimnasio sí hubiera un líder.