Finalizado el trayecto por la ruta 2, Ryku y Dylan entraron en ciudad Plateada. Lo primero que vieron, además de los edificios de la ciudad, fue un camión de bomberos en dirección al bosque Verde. Ryku se sintió culpable de ello porque seguramente iban allí por culpa del humo causado por sus llamas. Él era el culpable de aquella movilización. Dylan lo calmó asegurándole que el fuego había sido apagado por sus cañones de agua y que no había forma que revivieran. Eso ayudó a Ryku a quitarse algo de peso de encima, pero sentía que debía informar a las autoridades, al menos, para que no buscaran sin sentido al pirómano. Dylan entendió la visión de su amigo y accedió a que su primera parada en la ciudad fuera la comisaría.
La comisaría era un recinto pequeño en el que solo había unas sillas con las que esperar su turno y una recepción con agente atendiendo a un ciudadano. Ryku y Dylan se sentaron en las sillas y esperaron a que pudieran hablar con el policía. De mientras, vieron pasar a una patrulla liderada por una mujer de cabello azul verdoso que llamó a un grupo de tres policías más a los otros dos que ya la seguían y abandonaron el local. Ryku dudó si aquella patrulla iba a vigilar las calles de la ciudad o partirían al bosque Verde con los bomberos.
—Relájate, Ryku —lo tranquilizó Dylan—. No hay nada de qué preocuparse.
—Es la primera vez que estoy en una comisaría y no puedo evitar estar nervioso.
—Ya veo.
El último ciudadano de la cola terminó de hablar con el agente de la recepción y salió del local. Dylan y Ryku se levantaron de las sillas y fueron a ventanilla.
—Un momento, por favor —pidió el agente. Concluyó un informe que estaba rellenando en el ordenador y luego atendió a los chicos—. ¿En qué os puedo servir?
—Venimos a informar algo sobre un accidente ocurrido en el bosque Verde —explicó Dylan. Ryku se había quedado mudo de lo nervioso que se había puesto.
—¿De qué clase de accidente estamos hablando? —preguntó el agente.
—Un incendio.
De repente el agente se quedó mirándolos fijamente y sin decir nada durante varios segundos. Ryku casi no podía aguantar de lo alterado que se encontraba y ese comportamiento del agente solo empeoró su situación.
—Por casualidad ese incendio no se habrá producido en el claro central del bosque Verde, ¿verdad? —habló por fin el agente.
—Así es.
—¿Y cuál es la información que vais a entregar?
—Confesamos que mi amigo y yo hemos sido los causantes de tal incendio.
Ryku se sorprendió de lo tranquilamente que había soltado la confesión Dylan. Aquello produjo un efecto contrario y eliminó una parte de los nervios, aunque lo cambió por un poco de furia por no ver las consecuencias que acarrearían tal revelación.
—Es muy valiente de vuestra parte que os hayáis entregado a comisaría por cometer un delito, jóvenes. Deduzco por vuestra tranquilidad, al menos de uno de vosotros, que tenéis una buena historia que contar.
—Bueno, podemos demostrar que somos inocentes y no causamos el fuego intencionadamente —prometió Dylan.
—Ajá, interesante. En cualquier caso, no tengo tiempo para escuchar vuestro testimonio y hasta nuevo aviso permaneceréis detenidos.
La última palabra del agente derribó por completo a Ryku. Dylan asintió y fue llevado con un policía al que había llamado el agente de recepción al piso de abajo mientras Ryku necesitó un momento antes de ponerse a caminar. En el piso de abajo, los policías los sentaron en unas sillas desde las que serían vigilados.
—He cometido un error —dijo Ryku en voz baja—. Por querer ayudar a los policías ahora no podré seguir mi viaje como entrenador.
—Qué dramático eres, Ryku —opinó Dylan—. Esto no nos va a afectar en nada, ya lo verás.
—¿Cómo estás tan seguro? ¿Acaso has pasado por esta situación?
—Si te soy sincero, sí.
Ryku se quedó sin palabras ante la revelación de su amigo.
—¿En serio? ¿No estarás intentando animarme?
—No, es la verdad. Acabé en una comisaría cuando aprendía a manejar los cañones del Blastoise porque dejé en mal estado un coche patrulla. Uno no conoce el poder que tiene hasta que lo prueba.
—¿Cómo pudiste dañar un coche patrulla mientras buscabas el control de los cañones? Y lo que más me interesa, ¿qué pasó después?
—Entrenaba en la ruta 8 y en uno de mis disparos de agua este voló con fuerza a lo largo de decenas de metros y finalizó en el coche patrulla que por casualidad hacía su ronda por allí. Lógicamente fue sin querer y, aunque los policías me detuvieron y estuve un par de horas como nos encontramos en estos momentos, me soltaron después de analizar los daños que causé, que fueron mínimos y nada caros de reparar. Y, a pesar de todo, aquí estoy, con siete de las ocho medallas de Kanto conmigo y un montón de combates realizados. Por eso te digo que no hay por qué preocuparse.
—Pero lo tuyo fue con un coche, lo mío es un incendio —protestó Ryku—. Son dos cosas muy diferentes.
—Confía en mí. Solo cuenta la verdad y todo irá bien.
Ryku suspiró. Igualmente, no podía hacer nada más que contar la verdad. Él mismo se había metido en este problema y quería confesar a los policías con tal de ayudarles. Terminó por admitir y confiar en las palabras de Dylan de salir airoso de la comisaría.
Casi una hora después bajó por las escaleras la mujer de cabello azul verdoso y se plantó ante ambos.
—Me han dicho que tenéis relación con el caso del incendio del bosque Verde —dijo. Ryku y Dylan asintieron—. Muy bien, vamos a escuchar lo que tenéis que decirme, ¿de acuerdo? Acompañadme.
La agente guio a los chicos a una habitación asilada donde solo había una mesa y algunas sillas. Ryku lo vio claro: era una sala de interrogación. Los tres personajes se sentaron en sus sillas y entonces comenzó el interrogatorio.
Antes de que Ryku y Dylan contaran su historia, la agente se disculpó por no presentarse y les dijo su nombre: Junsar. Ryku y Dylan también dijeron sus nombres y poco después iniciaron su historia.
Ryku fue de lo más detallista, mientras que Dylan solo llenaba aquellos huecos en los que ocurrió algo clave, pero Ryku no le prestó atención porque no podía o porque no se había dado cuenta. Ambos hicieron especial énfasis en la pelea contra los Beedrill y el momento en el que Ryku fue envenenado por uno de ellos y provocó que su lanzallamas fuera al árbol. La agente Junsar pidió que le mostraran una prueba del envenenamiento, a lo que Ryku le enseñó con su brazalete el Enlace afectado por el veneno. Con ese detalle, Junsar encajó todas las piezas del puzle entre la información recolectada en la escena del accidente y la historia de Ryku y Dylan y lo sintetizó.
—En resumen, los dos fuisteis atacados por los Beedrill y os defendisteis activando vuestros Enlaces. Durante el combate, Ryku fue herido por uno de ellos y terminó envenenado, lo cual causó que enloqueciera por un instante y escupiera llamas directamente contra la copa del árbol donde se ubicaba el nido de los Beedrill. Y antes de continuar vuestro camino, Dylan usó su Enlace de agua para apagar todas las llamas que provocó Ryku.
—Así es, agente.
Junsar realizó unos últimos apuntes en una libreta que había sacado mientras oía la explicación de los jóvenes y, con un último repaso, cerró la liberta y guardó el bolígrafo entre sus anillas.
—Bien, ya he escuchado suficiente…
—¿Qué nos va a pasar ahora? —saltó repentinamente Ryku. Fue tan imprevisible que sobresaltó tanto a Junsar como a Dylan.
—Pues estáis de suerte, porque la respuesta es nada —respondió Junsar—. Vuestro relato se ajusta perfectamente a las sospechas a las que habíamos llegado y no existe ningún motivo por el que deba tomar represalias con vosotros porque actuasteis en defensa propia y los daños que causasteis no han afectado gravemente al bosque: las llamas de tu Enlace solo quemaron hojas y no impedirá que el árbol las regenere con el tiempo. —Se dirigió a Dylan—. Y tú hiciste un muy buen trabajo apagando el fuego y asegurar que no volviera a encenderse y propagarse. Los bomberos no tuvieron oportunidad de actuar.
—Gracias —dijo Dylan un tanto sonrojado.
—Entonces, ¿podemos irnos? —Ryku estaba ansioso por abandonar la comisaría.
—Primero necesitaré vuestros datos para rellenar el informe de este accidente y acto seguido podréis marcharos.
Ryku y Dylan mostraron en sus brazaletes sus identificaciones de entrenador que fueron todos los datos que Junsar necesitaba.
—Antes de acabar, os recomiendo no volver a pasar por el bosque Verde en una buena temporada y uséis el STA si tenéis que volver a ciudad Verde. Últimamente los Beedrill han estado muy agitados y no contábamos con que podría suceder algo de estas dimensiones lo que nos llevará a tomar medidas más serias contra esos Pokémon.
—Entendido.
Dicho esto, Junsar acompañó a Ryku y Dylan hasta la recepción de comisaría y se volvió a sus asuntos. Los jóvenes salieron de la comisaría y fueron a una pequeña plaza donde comer y pensar en lo siguiente que harían.
—Menuda manera de entrar en la ciudad has escogido, ¿eh, Ryku? —comentó Dylan. Ryku no contestó porque tenía la boca llena—. ¿Ves como no había nada de lo que preocuparse? Estas cosas suceden a menudo entre los entrenadores. A veces, los combates se van de intensos y suele ocurrir algún accidente sin importancia.
Ryku tragó la comida.
—¿La mala puntería siendo un Blastoise no fue la única vez que terminaste en una comisaría?
—Te repito que todavía no sabía dominar el cuerpo de un Blastoise —protestó Dylan—. Y no, no ha sido la única. De hecho, la otra vez que estuve en una comisaría ha ocurrido hace escasos minutos.
Ryku no se molestó es responder a eso. Dylan le había aclarado que solo había ido a una comisaría una vez, dos con la de ahora. Sin embargo, Dylan contó otras veces en las que vio combates que acabaron con la intervención de la policía, pero todas ellas fueron de daños menores. Al parecer ya estaban muy controlados los combates entre entrenadores y los accidentes tenían poca importancia.
—Bueno, después de que ganes la medalla, ¿Querrás visitar la ciudad o preferirás partir de inmediato a la siguiente? —inquirió Dylan.
—Primero tengo que ir a un centro Técnico a que me reinicien el Enlace y eliminen el veneno de la forma Pokémon antes de ir al Gimnasio —contestó Ryku—. Luego tenía pensado pasar la noche en el albergue de la ciudad y salir por la mañana. ¿Hay sitios que valgan la pena visitar antes de irnos?
Dylan se lo pensó un poco.
—Bueno, además del Gimnasio, está el parque floral al sureste de la ciudad, aunque si no eres un amante de las plantas no creo que te interese. También está el Museo de la Ciencia que es en mi opinión, lo segundo más interesante porque allí se cuenta como se desarrolló la tecnología Enlace.
—Suena atrayente lo del museo. Tengo curiosidad por cómo se llegó a cambiar radicalmente los combates Pokémon gracias a esa tecnología.
—Entonces decidido. Primero al centro Técnico, luego al Gimnasio, seguimos con el museo y finalizamos el día con el albergue.
A Ryku le gustó el plan y se pusieron a ello en cuanto terminara con la comida. Al principio, Ryku y Dylan buscaron un mapa de la ciudad con la que guiarse por sus calles ya que era bastante grande y Dylan no recordaba todos los rincones de esta. Afortunadamente, había uno en la plaza donde estaban y se memorizaron los lugares de interés.
El centro Técnico estaba al noroeste de su posición y, un poco más al norte se encontraba el Gimnasio. Ryku se alegró de que el centro Técnico y el Gimnasio se ubicaran tan cerca el uno del otro, pues eso significaba que no tendría que moverse mucho en caso de ser vencido por el líder. El museo estaba en la zona más al norte de la ciudad y el albergue, al este en el camino que llevaba a la ruta 3.
Llegar al centro Técnico les llevó poco tiempo, alrededor de unos veinte minutos. El local llamaba la atención muy por encima de los demás edificios que lo rodeaban con un tejado de color azul eléctrico y un letrero luminoso, que actualmente estaba apagado, con forma de un brazalete Enlace sobre un fondo de un rayo. Claramente era difícil no saber qué función tenía. Ryku y Dylan atravesaron una puerta automática y se toparon con una cola de gente en su interior.
—Cuántos entrenadores requieren reiniciar sus brazaletes —dijo Dylan—. Me pregunto si será por la ruta 3 o porque han desafiado al líder de Gimnasio.
—Quién sabe. Pongámonos en la cola antes de que venga otro entrenador a ocupar el puesto.
La espera fue corta porque la mayoría de los entrenadores solo necesitaron reiniciar su Enlaces, una tarea que, como máximo, duraba poco más de un minuto. El último de los entrenadores que faltaba tuvo una tarea mayor pues había venido a que le repararan el brazalete. El técnico se lo llevó a la parte de atrás de la tienda y se estuvo allí alrededor de diez minutos. Al regresar el brazalete parecía nuevo.
—Puedes probar si todo está correcto en el piso de arriba —le dijo el técnico al entrenador—. Si todavía falla algo, comunícamelo y le aplicaré otras reparaciones.
El entrenador cogió su brazalete y subió las escaleras.
Ryku y Dylan se pararon en recepción y tuvieron un primer contacto visual con el técnico. Tenía el pelo negro, corto y algo enmarañado. Los ojos eran verdes y en la frente descansaban unas gafas de soldar que empleaba para sus tareas. Vestía el uniforme de su trabajo con una camisa azul oscuro con la parte del pecho y los hombros de color amarillo anaranjado y unos pantalones negros.
—¡Hola! —saludó el técnico con energía—. Soy Mark, ¿en qué puedo ayudaros?
—Me gustaría reiniciar mi Enlace, por favor —dijo Ryku.
—Muy bien. ¿Y tú?
—Yo estoy bien, gracias —respondió Dylan.
—De acuerdo. Dame tu brazalete y en un momento lo tendré listo.
Ryku se desató el brazalete y se lo entregó a Mark, quien volvió a la parte de atrás del local. Ryku aprovechó el tiempo que tenía su antebrazo libre para recuperar la sensibilidad de este. En menos de un minuto, Mark regresó con el brazalete y se lo devolvió a Ryku.
—Ya está. Como nuevo. ¡Vuelve cuando quieras!
Ryku se recolocó el brazalete, comprobó el estado de su Enlace, se despidió de Mark y salió del local.
—Ya estoy listo para pelear contra el líder de Gimnasio. Vamos.
El Gimnasio de ciudad Plateada no se quedaba atrás en cuanto a ser atrayente por fuera se trataba con una entrada hecha puramente de rocas de diferentes tamaños y una estructura de hierro que las mantenía en su sitio. Sin embargo, tras todas esas rocas se ocultaba un edificio normal y corriente, como si fuera un almacén. A Ryku le recordó al estadio del albergue de ciudad Verde, salvo que el techo de este era de color púrpura y su forma, cóncava. Ryku y Dylan se acercaron a la puerta y hallaron una nota pegada en ella. Ryku se decepcionó al venirle a la cabeza la misma situación que el Gimnasio de ciudad Verde.
—Por favor, no me digas que este tampoco está disponible —rezó Ryku.
—A ver… —Dylan se arrimó a la nota— A todo entrenador que quiera desafiarme, me temo que hoy no tendrá la oportunidad. He salido a resolver unos asuntos personales y no regresaré hasta mañana. Perdonad las molestias, Brock. —leyó—. Pues no, el Gimnasio sigue activo, solo que su líder ha salido a atender algunos temas personales. Ya me resultaba raro que estuviera cerrado cuando pasé por aquí hace poco y el Gimnasio estaba abierto.
—Menos mal. Pero igualmente hoy no podré pelear contra él. La nota deja claro que hasta mañana, nada.
—Entonces, ¿Vamos al museo?
—No es que haya otra cosa que hacer.
Dicho esto, Ryku y Dylan se dirigieron al museo en la parte más al norte de la ciudad. Ambos confiaban en que el museo no fuera muy complicado de divisar porque actualmente ya no recordaban con exactitud la ubicación de este más que la zona donde se hallaba. Por suerte, había señales que los condujeron fácilmente hasta allí y no resultó difícil detectar el edificio. El museo poseía unas dimensiones considerables y estaba rodeado de una vasta zona verde llena de setos y árboles. A Ryku le llamó la atención el tejado rojizo y, sobre todo, el porche de cuatro columnas con un emblema en el centro. Intentó ver a través de las altas ventanas que había en la parte frontal del edificio, pero a duras penas lograba distinguir algo. Abandonó la observación y entraron en el museo.
Nada más dar unos pasos por la amplia sala les habló una mujer de cabello castaño y vestida con un uniforme de color rojo terracota. Les informó acerca del precio que debían pagar para pasear por el museo y Ryku y Dylan pagaron con un ligero contratiempo en el que la máquina le costó convertir las Monedas de Combate en dinero normal. Una vez aceptado el dinero, la mujer les dio vía libre para visitar el museo.
Ryku y Dylan dudaron por dónde empezar a mirar y se decantaron por ir a la izquierda del todo y recorrer el museo hacia la derecha y así no tener que dar mucho rodeo para subir las escaleras que llevaban a la primera planta.
Lo que encontraron en el extremo izquierdo fueron dos esqueletos de antiguos Pokémon que nunca habían visto. Ryku comprobó la Pokédex por si existía algún dato sobre estos, pero ninguno formaba parte de la lista. Al no saber nada sobre aquellos Pokémon, leyó la información que existía acerca de esas criaturas. Empezó por el del Pokémon de nombre Kabutops que tenía dos afiladas navajas por brazos que le recordaba a las de un Scyther. No era un Pokémon precisamente alto con el metro treinta que decía la información, pero gracias a su pequeño tamaño le otorgaba una agilidad física asombrosa. Le sorprendió leer que el Kabutops usaba las cuchillas como succionadoras con las que se alimentaba de sus presas. Aunque no lo confirmaban, ese aspecto le otorgaba unos puntos como una criatura temible. La información terminaba contando que un Kabutops entraba en las categorías de los Pokémon de tipo Agua y los de tipo Roca.
El otro Pokémon, al cual llamaban Aerodactyl, poseía un cuerpo más grande que el del Kabutops y lo que destacaba de ese Pokémon eran sus mandíbulas y colmillos, los cuales indicaban sin tener que leer la información que era carnívoro. Algunas partes de su cuerpo se asemejaban a los de un dragón, pero las categorías en los que se le introducía era en los tipos Roca y Volador. Aquello trajo recuerdos a Ryku de cuando vio por primera vez el cuerpo de un Charizard y creyó que sería de tipo dragón, pero la realidad era totalmente diferente.
Acabó de informarse y se fue a otras vitrinas. A su gusto no había nada más que le interesase en la planta baja del museo: solo había un par de fósiles de otros Pokémon antiguos y varios expositores en los que solo se mostraban rocas, algunas coloridas y brillantes, pero lejos de la importancia de Ryku. Dylan compartía la misma atracción por las piedras que Ryku y en poco tiempo, aunque superficialmente, se vieron todo lo que había en la planta baja.
—La historia de los brazaletes debe estar en el piso de arriba —dedujo Dylan.
Subieron las escaleras y el panorama cambió. La planta de arriba se enfocaba más en la tecnología y la evolución de esta con el paso del tiempo. Sobresalía una recreación de una nave espacial que en panel de información lo presentaba como el transbordador espacial Columbia. Ryku y Dylan discutieron sobre si podrían existir Pokémon fuera del planeta o que, en otro sentido, algunos de los Pokémon que se conocen vinieran del espacio exterior. Dejaron la pregunta al aire al no saber si cualquiera de las dos opciones podría ser cierta.
Aparte de la nave, había dos expositores más en los que se mostraban más rocas caídas del espacio y uno bastante más largo que ellos hablando del origen de la tecnología Enlace, justo lo que habían venido buscando.
La historia empezaba con una Pokéball de color rojo y blanco que se seguía utilizando en la actualidad, seguida de otros modelos de Pokéball de otros colores como una azul con dos rayas rojas haciendo un pequeño relieve en su superficie que se llamaba Superball, otra negra con un patrón de color amarillo denominada Ultraball, una con unos colores de camuflaje de nombre Safari Ball y terminaba con la última de la vitrina, una de color morado con dos bultos rosados y una M dibujada entre ellas bautizada con el nombre de Masterball. Ryku y Dylan fueron atraídos por esta Pokéball que, a medida que leían su información, les sorprendía más y más.
—Una Pokéball capaz de capturar a cualquier Pokémon sin que pueda escaparse —dijo Dylan—. ¿Crees que eso es posible?
—Bueno, lo tenemos ante nuestros ojos, ¿no? —replicó Ryku—. Pero según dice el panel, solo se fabricó una y nunca fue comerciada. Y esta no es más que una copia de la original.
—Caray, sí que funcionaban diferente las cosas antaño. Varios tipos de Pokéball diseñadas todas con la misma finalidad, solo que aumentaba su eficacia a la hora de capturar Pokémon.
—Debía ser algo normal por aquella época —supuso Ryku.
—Sí, leí en un libro que la captura de Pokémon se hacía, al contrario de hoy día, sin límite alguno. Me hacía pensar en que todos los miembros de una especie de Pokémon podían acabar encerrados en Pokéball. Tal vez exagere, pero suena como una acción bárbara.
—¿Podría ser esta la Pokéball que conllevó la creación de los brazaletes? —preguntó Ryku.
—La respuesta la tenemos justo aquí.
Al lado de la Masterball se presentaba el primer modelo de brazalete con la tecnología Enlace. Ryku comparó su brazalete con el de la vitrina y observó que el antiguo podía llegar a ocupar todo el antebrazo de una persona y sobresalía unos cinco centímetros por encima del brazo. Ryku sintió como si ese brazalete estuviera diseñado para llevarlo ocasionalmente y solo cuando se quisiera usar, no como el actual modelo que era mucho más delgado y pequeño -con un tamaño reducido a un poco menos de la mitad del antebrazo- que permitía llevarlo siempre encima como un reloj y pasaba desapercibido. Aquel ni siquiera parecía tener una pantalla táctil y basaba su navegación a través de botones y flechas. Los siguientes modelos expuestos demostraban el increíble cambio que sufrió el brazalete hasta alcanzar el último modelo y sorprendía como se podía hacer más pequeño e, incluso, ser más eficiente que el original. El resto de muestras en la vitrina se basaba en los módulos y sus respectivos avances. Incluso las Máquinas Técnicas tuvieron un hueco en el enseñaron la forma original y la que existía en la actualidad, siempre reduciendo su tamaño a la par que el brazalete.
—Impacta la evolución que ha llevado el brazalete desde que se inventó hasta la actualidad —comentó Ryku—. ¿Qué dice ese panel?
El primer brazalete tenía dos paneles, a diferencia del resto que solo contaban con uno. Aquel panel hablaba acerca de la Transición por los Derechos de los Pokémon y como aquella ley condujo al origen de la tecnología Enlace y del brazalete.
—¿Transición por los Derechos de los Pokémon? ¿Qué es eso exactamente? —inquirió Ryku.
—La Transición ocurrió cuando un grupo de personas comenzó a manifestarse en contra de los combates Pokémon. Al principio no eran de gran importancia, pero en muy poco tiempo ganaron tanta popularidad que se hicieron llamar la Asociación Protectora de los Pokémon, o AP como acabaron llamándolos los demás, y llegaron a obligar al gobierno a cambiar las leyes de los entrenadores Pokémon. La Asociación estaba rotundamente en contra de los combates Pokémon, los cuales, a través de su visión, los definía como salvajes, brutales y capaces de llevar a la muerte a los Pokémon a manos de los entrenadores. Y ellos no se salvaban de ser insultados y criticados ya que los llamaban esclavistas por privar de la libertad a Pokémon salvajes y ladrones por ganar dinero de otros en combates Pokémon. Casi estuvieron a punto de decir que eran actos ilegales que cualquiera podía realizar a partir de los diez años.
—¿Qué sucedió exactamente para que el gobierno cambiara las leyes?
—Boicotear todo lo relacionado con los combates Pokémon: los duelos contra los líderes de Gimnasio, los que hacían los entrenadores entre ellos e, incluso, impidieron que se celebrara la Liga Pokémon en dos ocasiones porque se las apañaban para impedir que el Alto Mando peleara. En otras palabras, se organizaron para que absolutamente nadie luchara con Pokémon. Esos acontecimientos provocaron graves daños a tiendas, centros Pokémon y, básicamente, aquello que mantenía los combates Pokémon en marcha. Y como los combates Pokémon como espectáculo, en especial en la Liga Pokémon, eran una enorme fuente de ingresos en la región, el gobierno no tuvo más remedio que modificar las leyes para que la Asociación lo viera correcto, dejaran de actuar al borde de la legalidad y, aun así, no cambiara prácticamente nada.
—Y así se crearon los combates entre entrenadores transformados en Pokémon y lo que se usaba para los Pokémon, se adaptó para los entrenadores —concluyó Ryku.
—Y la Moneda de Combate. —añadió Dylan—. No olvides que mencioné que la Asociación llamaba a los entrenadores ladrones por robarse dinero entre ellos con las victorias que conseguían. Con esa moneda minimizaban el supuesto robo que se creía que había y la equilibraron para que no sustituyera a la moneda normal.
—Guau. Qué interesante lección de historia. Pero, Dylan, ¿cómo sabías tanto del tema?
—Leí libros al respecto antes de meterme en el mundo de los entrenadores Pokémon. Así conocía de antemano dónde me adentraba.
—¿No es más de lo que realmente necesitabas saber?
—Nunca viene de menos aprender un poco más, ¿no crees?
—No te lo voy a discutir. Marchémonos ya, no hay nada más que ver en el museo.
Ryku y Dylan abandonaron el museo y se plantaron en la calle. Ahora sí que no tenían ningún lugar de interés que visitar más que el parque floral, al que ninguno de los dos le atraía la idea, y decidieron terminar el día reservando sus habitaciones en el albergue y esperar a que se hiciera de noche para irse a dormir.
