La alarma del brazalete retumbó en la cabeza de Ryku el cual no había dormido muy bien. La culpa era de sus pensamientos que no cesaban de recordarle el día en el que estaba. Si todo iba bien, se enfrentaría a Brock, su primer líder de Gimnasio. Ryku estaba emocionado y a la vez un tanto malhumorado por no haber descansado debidamente con algo tan importante, lo que le conducía a creer que no daría el máximo de sí mismo en el futuro combate. No obstante, no dejó que aquello le desanimara y procuró que el mal reposo fuera imperceptible. Se levantó, se refrescó la cara, se vistió y preparó su brazalete. Acto seguido bajó y desayunó en el comedor del albergue. Comió tranquilamente y sin prisa; Brock no iba a irse a ninguna parte ni él iba a abandonar la ciudad hasta obtener su medalla. Dylan entró en el comedor poco después, se sirvió su desayuno y se sentó en la misma mesa que Ryku.
—Buenos días. ¿Listo para el combate? —le preguntó Dylan.
Ryku tragó el trozo de tostada que estaba masticando.
—Debería, pero no he dormido precisamente bien y puede que afecte en el combate y no lo dé todo.
—¿Es una especie de maldición para los que quieren la medalla de Brock? —Ryku no entendió la extraña cuestión que había soltado su amigo y arqueó una ceja con tal de indicárselo—. Yo también sufrí lo mismo el día que desafié a Brock por primera vez. Luego de él ya fui más relajadamente a por el resto de líderes, pero Brock me puso de los nervios antes de siquiera presentarme a las puertas del Gimnasio.
—Con el tipo de Enlace que tienes, y con lo que extremadamente fácil que es deducir el de Brock, ¿de verdad estabas nervioso?
—Y tanto. Que tuviera ventaja de tipo contra él no significaba que le pudiera vencer de un golpe. Es un líder de Gimnasio, el supuestamente más fácil de derrotar de los ocho, pero el combate contra él ya me decía la dificultad a la que me enfrentaba cuando me tocara luchar contra el resto y el enorme nivel que posee el Alto Mando cuando debes vencer a los líderes antes.
—Eso no me anima demasiado, ¿sabes? —replicó Ryku—. Si a tu Blastoise le costó vencer el Enlace de Brock teniendo ventaja, imagina lo que significa eso para un Charizard. Confío en que esté equivocado y Brock no use un Enlace de tipo Roca.
—Lo usa —dijo Dylan.
Ryku le miró con ojos fulminantes.
—A ti lo de animar se te da mal, ¿no? —Dylan se llevó la mano a la nuca, admitiendo sus palabras. Ryku bajó la cabeza, abatido por ese hecho—. Voy a perder, lo veo.
—¿Ya vas a abandonar antes de haberlo intentado? —preguntó seriamente Dylan.
—Jamás. No pienso irme de esta ciudad sin la medalla del Gimnasio —respondió Ryku decidido. Pero su determinación se vio rápidamente eliminada—. Lo que temo es que vaya a quedarme aquí mucho tiempo y pelee muchas veces contra Brock.
—Simplemente, no pienses en eso y céntrate en ganar. Si solo visualizas la victoria, la derrota solo llega cuando lo hayas dado todo, estés o no en plena forma.
—Buen consejo. Retiro lo que te dije antes sobre animar a alguien. Se te da bien, aunque sea a veces.
Ryku terminó de desayunar y se dispuso a dirigirse al Gimnasio. Por el camino, Dylan le fue dando algunas recomendaciones a tomar en la pelea contra Brock, como usar el entorno en su contra ya que empleaba un campo de batalla rocoso, vigilar con algunos movimientos que no eran súper efectivos contra él porque podían igualmente ser letales y darle algunas acciones previas que hacía Brock antes de atacar con tal de saber anticipadamente el movimiento que emplearía y esquivarlo con tiempo. Le advirtió que volar le iba a servir de más bien poco, pues el Enlace de tipo Roca que tenía Brock era el de un Onix, una serpiente -o lombriz- de rocas que llegaba a medir casi nueve metros de altura, y el Gimnasio era largo, pero no alto. Ryku memorizaba esas ayudas como un tesoro y ya ideaba una estrategia para aprovechar las flaquezas de Brock y fortalecer las suyas.
Llegaron al Gimnasio y lo primero que vieron fue a un adulto esperando en la puerta. No había un brazalete en uno de sus brazos, de modo que Ryku y Dylan dedujeron que no se trataba de un entrenador, y eso les llamaba la atención. Se acercaron a la puerta dispuestos a abrirla, pero el adulto se interpuso en su camino.
—Esperad ahí un momento —les dijo—. Veo que los dos sois entrenadores, pero los combates son individuales y ahora mismo Brock está ocupado.
—Yo no vengo a retar a Brock. Ya conseguí la medalla hace tiempo —repuso Dylan—. Solo acompaño a mi amigo.
—Igualmente, no podéis pasar ahora.
—Ayer leímos la nota que había en la puerta y se supone que Brock debería tener el Gimnasio abierto, ¿acaso estás aquí para avisar a los nuevos adversarios de que no van a poder desafiar a Brock?
—No. Me aseguro de que los entrenadores hagan cola para enfrentarse a él, cosa que estoy haciendo ahora mismo.
—Entonces, ¿el Gimnasio está abierto? —preguntó Ryku.
—Desde luego. El problema es que en estos momentos Brock está luchando contra un entrenador. Os tocará esperar vuestro turno.
—¿Cuánto hay que esperar?
—Depende del entrenador. A veces solo son unos minutos y otras alcanzan hasta la hora.
—¿Importa si hacemos tiempo aquí?
—Lo que queráis mientras no intervengáis en los combates de los demás entrenadores.
Ryku y Dylan se apartaron y se apoyaron en uno de los extremos de la entrada a esperar. Ryku fructificó el tiempo y le pidió a Dylan algunos consejos más. Dylan pensó en algo más que le fuera a ayudar en la pelea, pero su combate no le proporcionó mucha más información y solo le habló de unos aspersores antincendios en el techo del Gimnasio que podrían serle de utilidad. Ryku dudó si sacar ventaja de la instalación del Gimnasio era válido en el combate y prefirió dejarlo como último recurso. Además, los aspersores también podían afectarle a él con su Enlace de fuego y había más posibilidades entonces de perder que de ganar con ellos.
Diez minutos más tarde la puerta del Gimnasio se movió y de ella salió un entrenador joven que vestía un uniforme de color verde y una gorra del mismo color con un dibujo formado por un círculo de color rojo. El joven estaba serio, casi enfadado. Miró una última vez a la puerta del Gimnasio, murmuró algo que Ryku y Dylan no escucharon por la distancia y se marchó calle abajo.
—Un momento —advirtió el adulto a Ryku y Dylan—. Voy a comprobar si Brock acepta a un nuevo retador o descansará un poco antes.
Los chicos no se molestaron en levantarse tras oír las palabras del adulto y volvieron a hacer tiempo hasta que se asomara por la puerta. Ryku usó ese tiempo, que debía ser poco, en leer la ficha de los Onix en la Pokédex que le sirviera para debilitar a Brock por otros medios y sentenciarlo con sus movimientos. Cuando el adulto salió del Gimnasio, les hizo un gesto negativo a Ryku y Dylan.
—Me temo que tendréis que esperar más. La pelea con el último entrenador ha sido bastante intensa y el campo ha quedado más que destrozado. Le llevará como media hora repararlo.
Por un instante Ryku maldijo haberse levantado tan temprano. Si hubiera sabido que pasaría algo así, a estas horas sería cuando se hubiera levantado. Tal vez así hubiera compensado la mala noche del día anterior. Y esta vez el tiempo no había manera con la que ocuparla, con la que mantenerse distraído hasta que llegara el combate porque Ryku ya estaba enfocado en el combate y en la estrategia que había planeado. Incluso olvidó el supuesto mal estado en el que se encontraba y deseaba enfrentarse a Brock cuanto antes.
La media hora fue eterna sin nada con lo que entretenerse y a Ryku le apreció una bendición cuando el adulto volvió a dirigirse a ellos y, esta vez, les dijo que ya podían entrar en el Gimnasio. Ryku no se lo pensó dos veces, empujó la puerta y cruzó el umbral hasta una pequeña habitación con otra puerta. Justo al acceder en el Gimnasio le esperaba, con una postura firme, el líder.
Ryku obtuvo sus primeras impresiones de Brock, un hombre de pelo oscuro y en punta, piel morena, y unos curiosos ojos permanentemente cerrados que a Ryku le hacía pensar si cuando no combatía era ciego o es que simplemente le gustaba tenerlos así. Igualmente, ignoró ese dato y se fijó en la vestimenta formada por una camisa de color naranja con un borde negro en la parte del cuello, unos pantalones de montaña de color verde y unas botas de color marrón claro. Ryku y él compartieron una mirada, o eso quería imaginar Ryku, antes de entablar una conversación.
—Así que tú eres el nuevo contendiente. Te pido perdón si te he hecho esperar más de lo necesario. Soy Brock, líder del Gimnasio de ciudad Plateada.
—Encantado. Yo soy Ryku, de pueblo Paleta.
Dylan irrumpió en la sala y entorpeció el fluir de la charla.
—La próxima vez, Ryku, notifícame que te vas a poner a correr como un loco.
—Perdona, Dylan. Ya sabes que estaba harto de esperar.
—Yo también, pero no por eso hay que ir con tantas prisas, que el Gimnasio no se va a ir a ninguna parte y Brock tampoco. No tan seguido, al menos.
—Dylan —Brock mencionó el nombre como si ya supiera quién estaba detrás de este—, ¿Por qué has vuelto? ¿Acaso has perdido la medalla que te entregué en su día y tienes que retarme de nuevo para obtener otra?
—¿Con lo que me costó conseguirla? En la vida pienso separarme de ella. Ni la de los otros líderes, ya puestos.
Brock sonrió.
—Igualmente, no has respondido por qué estás aquí.
—Acompaño a Ryku para ver como lucha contra ti.
—Ya veo. En ese caso te tengo malas noticias: mi Gimnasio no admite espectadores. Por medidas de seguridad no hay gradas desde las que observar el combate y, antes de que digas algo más, no pienso dejarte estar en los alrededores del campo de batalla pues también lo son, aunque no se incluyan en las delimitaciones de este.
—Maldición —se quejó Dylan—. ¿Seguro que no hay alguna forma de…?
—Hay una en la que se emplean unas cámaras y una televisión para que los amigos de los retadores puedan ver el combate desde fuera del campo —los ojos de Dylan se iluminaron—, pero, como verás, todavía no están instaladas. Lo siento.
—Agh… En fin, al menos puedo quedarme en esta habitación, ¿no? —Brock afirmó con la cabeza—. Pues nada. Buena suerte, Ryku.
Ryku agradeció las palabras de Dylan.
—¿Estás listo? —preguntó Brock a Ryku. El joven le respondió con un movimiento de cabeza—. De acuerdo, pasa.
Brock tomó la delantera y le abrió la puerta a Ryku. Justo enfrente estaba el campo de batalla. Cuando Dylan le comentó que Brock usaba un campo rocoso se imaginaba la típica zona de arena con alguna que otra roca de diferente tamaño, pero ante sus ojos se imponían pequeñas montañas de dos o tres metros con pocas rocas desperdigadas por ahí. Por suerte, las montañas no cubrían todo el campo y solo ocupaban los laterales de este dejando un vasto terreno de arena y pequeñas piedras en el centro. Ryku tragó saliva. Mi tipo némesis. Esto ya es un reto más grande que la pelea que tuve contra Kendo, aquí la suerte tendrá un papel crucial, rezo por tener algo de ella en este combate.
—Antes de nada, dime, ¿es la primera vez que desafías a un líder de Gimnasio?
Ryku estaba sumiso en sus pensamientos y no contestó al momento.
—¿Eh? Ah, sí.
—Entonces no conoces las reglas de los combates de Gimnasio —Ryku corroboró la suposición de Brock con un movimiento de cabeza—. Debes saber que los combates de Gimnasio difieren un poco de los que se celebran fuera de aquí. Empecemos por lo sencillo.
Brock se fue a la pared lateral del Gimnasio y en cuanto se acercó lo suficiente, apareció un hueco oculto en esta y asomó un cajón. Brock cogió lo que había dentro y regresó con Ryku y le extendió un objeto. Era un brazalete como el que usaba él, pero su color amarillo decía que era diferente.
—La primera regla es que se usan brazaletes personalizados para estos combates. Cada uno de nosotros ha de transferir el Enlace del brazalete estándar al especial. Basta con que lo enciendas y pongas sobre su pantalla la base de tu brazalete y el otro se encargará del resto.
Ryku se desabrochó su brazalete y lo colocó como Brock le había dicho sobre el amarillo. El simple contacto de ambos provocó una reacción que Ryku sintió como si algo le estuviera succionando su brazalete entero. Unos segundos más tarde el brazalete amarillo soltó un pitido y Ryku los separó. La pantalla del brazalete amarillo mostraba su Enlace de tipo fuego y toda la información de su módulo Enlace.
—Increíble —dijo Ryku asombrado.
—El brazalete especial copia todos los movimientos que tengas registrados y tu Enlace —explicó Brock—. Es lo único que hace, así que no te preocupes porque no ha copiado ningún dato personal, ni siquiera tu identificación como entrenador.
—¿Dónde dejo el normal? —preguntó Ryku.
—En el hueco de los especiales. Dámelo.
Ryku entregó su brazalete y Brock lo dejó en el cajón. Permaneció unos instantes en los que transfirió los datos de su Enlace al brazalete especial, guardó el normal junto al de Ryku y regresó con el joven.
—La segunda regla es que nada es inmune a nada —continuó Brock—, Por ejemplo, mi Enlace es de tipo Roca con un secundario de tipo Tierra, lo que por naturaleza es inmune a ataques de tipo eléctrico. Pero esta regla permite que me afecten ataques eléctricos como Impactrueno o Rayo. No obstante, dichos movimientos no alcanzan el nivel de poco efectivo y, simplemente, quitan algo de vida. Muy poca. Esto provoca que algunos combates puedan extenderse mucho si el entrenador solo conoce esa clase de movimientos y sabe esquivar bien los efectivos contra él.
—Lo dices como si ya te hubieras enfrentado a alguien así —comentó Ryku.
—He peleado contra muchos Enlaces, está claro que me ha tocado disputar duelos de ese estilo. Confío en que el tuyo no sea así, son los más exhaustivos.
—Tranquilo, no lo es. —Brock se sintió aliviado.
—La tercera regla es una estándar: Las debilidades naturales de un Pokémon no tienen efecto alguno en el combate y le permite pelear en terrenos adversos.
—Entendido.
—Cuarta regla: la vida de cada Enlace se mostrará en una pantalla a un lado del campo y el combate finalizará cuando una de las barras llegue a cero. Se pasan por alto que todavía uno pueda pelear; si tu barra de vida se vacía, has perdido.
Aquella regla fue la que más llamó la atención de Ryku y la que más dudas le generaba.
—¿La vida de ambos es igual o depende del Enlace?
—Igual. Lo que hace que nuestra vida baje más o menos rápido son las debilidades de tipo y cuánto podemos soportar los golpes.
—De acuerdo. ¿Hay alguna regla más?
—Una más. Cada entrenador puede desafiarme un número limitado de veces. Yo no permito que el mismo entrenador me rete más de cinco ocasiones por día con pausas de diez minutos entre los intentos.
—O sea, si pierdo puedo repetir el combate al cabo de diez minutos y así hasta que consuma mis oportunidades. Luego tengo que esperar a mañana para volver a luchar contra ti —resumió Ryku para entender la regla.
—Exactamente. Bueno, ya estás al tanto de las reglas. ¿Listo para el combate?
Ryku se ató al brazo el brazalete amarillo.
—Listo.
Brock y Ryku tomaron sus posiciones a ambos extremos del campo de batalla. Cuando los ojos de ambos entrenadores se cruzaron, una pantalla asomó por la pared a la derecha de Ryku de igual forma que apareció el cajón de los brazaletes especiales. La televisión se encendió y enseñó una imagen que decía Esperando entrenadores con Enlace activo. Brock alzó un brazo y Ryku vio que su mano tenía tres dedos levantados como indicio de una cuenta regresiva. Brock fue bajando los dedos poco a poco y, al tener solo un puño erguido, tanto Ryku como él activaron sus Enlaces.
La transformación de Ryku fue rápida en comparación a la de Brock. Ryku observaba impasible como con cada segundo, la silueta de Brock se iba haciendo más y más grande y ocupando más y más terreno. Finalmente, su cuerpo dejó de brillar y surgió el gigantesco cuerpo rocoso del Onix. Casi nueve metros de longitud del cual solo su cabeza ya parecía ser tan grande como el cuerpo entero del Charizard de Ryku. La televisión emitió un sonido que atrajo a Ryku y la imagen que había esta vez era la de dos barras de vida y un círculo en un extremo con un dibujo de los Pokémon en los que se habían convertido.
—Un Charizard, ¿eh? —la voz de Brock como Onix sonaba impresionantemente grave y tronaba en el interior de la sala—. Esto va a ser un desafío para ti, chico.
—No hace falta que me lo recuerdes —murmuró Ryku.
La televisión volvió a soltar unos pitidos cortos y acabó con uno largo y agudo que dio comienzo al combate.
La primera acción de Ryku fue separar los pies del suelo. Siguió los consejos de Dylan y no voló muy alto para así no cansar las alas pronto. Pensó en una manera de atacar a Brock sin que él tuviera una posibilidad de contraatacarle, pero la mayoría de movimientos que conocía le obligaban a acercarse a él y solo su fiel lanzallamas cumplía los requisitos de daño y distancia. También podría usar su movimiento Ascuas, pero ese movimiento ya estaba obsoleto en cuanto dominó el lanzallamas. Sin embargo, estaba ahí por si se podía sacarle partido de algún modo.
Al final, las vacilaciones de Ryku sobre cómo atacar terminaron pasándole factura y Brock fue quien inició realmente el combate clavando la parte final de su cuerpo en el suelo y, sin esfuerzo y una potencia abrumadora, tiró un puñado de rocas hacia Ryku. El joven lo vio venir y logró zafarse del ataque más peligroso en su opinión con un buen margen de diferencia. ¿Ya ha empezado con el lanzarrocas? ¿Acaso Brock quiere sentenciar el combate con un solo movimiento?. Las rocas lanzadas por Brock impactaron contra la pared, la cual no mostró el menor daño y Ryku las esquivó tomando tierra y agachándose un poco.
Fue una mala respuesta.
Brock aprovechó el momento en el que el Charizard se centraba en evadir las rocas para acercarse a él y asestarle un golpe con la cabeza que mandó a Ryku por los aires y lo estrelló contra la pared. Ryku tuvo mucha suerte de protegerse justo en el momento en el que recibió el golpe y minimizó los daños. Sin embargo, la televisión bajó su vida bastante con un poco más de una cuarta parte del total perdida. Tengo que atacar cuanto antes o Brock me derrotará con sus movimientos.
Ryku regresó al campo de batalla y con la auto orden impuesta de pegar a Brock, cargó en su boca las llamas y las escupió directamente hacia el Onix. Brock, al ser un objetivo de casi nueve metros de longitud, le resultó imposible no recibir el impacto, pero al menos las llamas no envolvieron todo su cuerpo y, en especial, no atraparon su cabeza. Indistintamente, el lanzallamas de Ryku era poderoso y causó más daño de lo que Brock imaginaba. No igualó el impacto de su golpe cabeza, pero tampoco se alejó porque había perdido una cuarta parte exacta de su vida.
—Tus llamas queman bien —halagó Brock—. Puedo notar como, aunque no hayas combatido nunca contra un líder, has entrenado muy duro para poder desafiar tanto a mí como al resto de líderes.
—Mi meta es conseguir el título de Campeón de la Liga Pokémon. Y pienso alcanzarla.
—He escuchado las mismas palabras de otros entrenadores, incluido nuestro amigo Dylan. Y te responderé igual que a ellos: me consideran la base de los líderes Gimnasios, aquel con el que cualquier entrenador debería empezar a escalar la montaña en cuya cima se halla el Alto Mando. Si no me vences, olvídate de intentar obtener el resto de medallas.
Ryku no replicó las palabras de Brock, aunque sí lo pensó y simuló que podía transmitirle el mensaje mediante telepatía. No me olvidaré de las otras medallas; me haré con ellas cueste lo que me cueste.
Brock finalizó la corta conversación y reanudó sus ataques con otro lanzarrocas que Ryku esquivó si muchas dificultades. Algunas de las rocas se dispersaron más de lo que esperaba y volaban en la precisa dirección en la que se movía. Ryku se salvó escondiéndose detrás de una de las pequeñas montañas y esperando a que dejaran de caerle piedras por todos lados. Cuando terminó, alzó el vuelo y se topó de nuevo con el cuerpo de Brock a punto de asestarle un cabezazo. La misma técnica no funcionaría dos veces y Ryku voló más alto de lo que Brock podía recalcular su movimiento. No obstante, la sorpresa invadió a Ryku cuando Brock, en vez de redirigir sus ataques, perforó la montaña en la que se había protegido de su lanzarrocas e introdujo los nueve metros de rocas de su cuerpo bajo tierra.
Los ataques de tipo Tierra no me afectan en lo más mínimo. Aunque la regla de nada de inmunidades… ¿Qué es lo que tiene planeado?, pensó Ryku. Por seguridad, se alejó del agujero de casi dos metros de diámetro que había dejado Brock en el suelo y se elevó más, casi pudiendo tocar el techo con los cuernos.
Por un rato, el combate estuvo calmado; ninguno de los entrenadores realizó un ataque. Ryku continuaba en el aire, buscando algún movimiento sospechoso que delatara la posición de Brock. Con Excavar, Brock podría estar en cualquier parte, incluso fuera del Gimnasio si estaba permitido. Tanto silencio incomodaba a Ryku y poco a poco le ponía más nervioso. Ryku procuraba no dejarse llevar por la paranoia y estar siempre pendiente del campo de batalla. Brock saldría de la tierra tarde o temprano. Debía hacerlo si no quería que la pelea se explayara innecesariamente. Casi cinco minutos estuvo el combate en silencio y Ryku pasó de la paranoia a la irritación. Debe saber que no me alcanzará mientras permanezca tan arriba. Tendré que bajar un poco, pero no pienso darle la oportunidad de darme.
Ryku descendió y aterrizó en una de las montañas más altas del campo de batalla. Desde ahí, dejó de centrar sus sentidos en detectar movimiento a sentirlo. Confiaba en que la montaña no fuera un decorado extra del campo de batalla y fuera realmente una elevación natural de este, al menos desde el punto de partida lo parecía. Finalmente, Ryku notó un temblor bajo sus pies e instintivamente se alejó al otro montón de montañas a medida que iba ganando más altitud. Por el camino escuchó el crujir de las rocas.
Brock surgió del suelo con una violencia propia de un volcán. Se elevaba a tanta velocidad que uno podía imaginárselo destrozando el techo del Gimnasio. Ryku vio el inminente peligro e hizo bien en volar en diagonal y no en horizontal; tuvo tiempo de realizar una pirueta que lo alejó de la trayectoria de Brock y, en cuanto vio la cabeza del Onix cerca de él, decidió atacarle.
Delante tenía su mejor oportunidad de golpearle de cerca sin que Brock le contraatacara. En el aire, Brock estaba inmovilizado, incapaz de hacer otra cosa que esperar a que casi todo su cuerpo saliera del suelo y pudiera declinarse en una dirección para aterrizar. Ryku le obligaría a tomar una dirección que él eligiese. Cerró sus tres garras, formó un puño y cargó fuerza en él hasta que toda la mano brillase y demostrara uno de sus movimientos. Cuando creyó tenerlo listo para asestarle el puñetazo, voló más alto con la finalidad de ayudarse de la gravedad y aumentar el daño del impacto y, acto seguido, esperó al momento oportuno y golpeó con todas sus fuerzas.
El Megapuño visualmente hizo un daño devastador en Brock. Ryku le había golpeado justo en el mentón, lo que causó que el Onix se inclinara hacia el lado opuesto del Charizard y cayera de forma violenta contra el campo de batalla. Durante unos segundos, Brock no se movió y Ryku aprovechó para ver cuanta vida le había quitado con ese golpe. Se alegró de que su barra ahora fuese inferior a la suya y le quedara una tercera parte del total. Estaba cerca de conseguir la victoria, pero no celebraría nada hasta que Brock regresase a su forma humana.
Brock se recompuso y se levantó lentamente. Ryku percibió que algo no iba bien. De repente, el cuerpo del Onix empezó a brillar, no como cuando cargó la fuerza en su puño para usar un movimiento, sino que desde la cabeza hasta la roca más pequeña que formaba su entidad Pokémon expulsaba un aura blanca que se desvanecía a pocos centímetros del origen, pero que no paraba de salir más y más. Brock miró a Ryku con unos ojos que, de solo tener contacto, el joven supo que algo malo le estaba a punto de ocurrir.
—Cometiste un terrible error al golpearme mientras estaba indefenso —le informó Brock—. Ahora, es mi turno de devolverte el daño que me has causado… ¡Y de vengarme!
Las tres últimas palabras activaron el instinto de huir en Ryku. Sabía que el golpe que le diera Brock le quitaría toda la vida que tenía y finalizaría el combate. Debía esquivarlo como fuera. No dispuso de mucho tiempo para pensar en una manera de evitar el impacto o protegerse en alguna parte del Gimnasio, de modo que se dirigió al único sitio donde tendría una mínima oportunidad de que el ataque del Brock no le diera o, como mucho, le permitiera aguantarlo. Voló hasta colocarse detrás de la montaña del campo de batalla más alto y se mantuvo distante por si acaso. Es el único espacio más seguro ahora mismo. Confío en que la montaña merme la fuerza del golpe.
No fue así.
Brock no se molestó en rodear la montaña por un lado y atacar a Ryku sin un obstáculo de por medio; el poder de su ataque no cedió ante la estructura de la montaña. Brock clavó la cola como quien parte la madera en dos con un hacha y Ryku, aterrado, intentó zafarse del coletazo que estaba a punto de caerle encima. Tuvo un milagro en el que logró evadir a escasos centímetros el golpe de Brock, pero no le sirvió de mucho. A pesar de esquivar un ataque, Brock había destruido literalmente la montaña y durante su ataque se le unió un lanzarrocas improvisado que viajó en todas direcciones. Ryku no pudo sortear las rocas y recibió un golpe que lo mandó al camino llano como si su intención de cubrirse no le hubiera servido de nada. Cayó sobre sus alas, lo que le dejó unos instantes dolorido e incapaz de moverse.
Ryku echó un rápido vistazo a la televisión. Su barra de vida estaba muy mal: le quedaba un diez por ciento de vida exactamente. Ryku se sorprendió de haber soportado el lanzarrocas de Brock, pero dedujo que el daño venía de un movimiento improvisado y no de uno como tal. Si hubiese sido un lanzarrocas natural, ya habría regresado a su forma humana.
El aura que envolvía a Brock desapareció por completo. Había ejecutado su venganza, a pesar de no haber dado directamente a quien quería vengarse. Aún furioso, pero con su poder disminuido, contempló el estado de su rival y luego a él. Tenía todas las posibilidades de ganar el combate. Ryku estaba tirado en el suelo, todavía sin poder recuperarse del anterior ataque. A Brock le agradó la situación la cual era la misma que la reciente en la que él estuvo indefenso ante el ataque de Ryku, solo que ahora era el joven el que no le podría contraatacar. Un cabezazo daría el combate por finalizado.
Ryku escuchó un estruendoso rugido de algo que se acercaba. Se recuperó un poco como para poder ver al Onix aproximársele y elevar la cabeza sobre él. Ya veía lo que iba a suceder y, aunque pretendiese moverse a un lado, el cuerpo del Charizard seguía sin responderle debidamente. Brock bajó la cabeza con gran rapidez y rugió a medida que se avecinaba el impacto para que Ryku no pudiese reaccionar a tiempo, pero él no sabía que Ryku estaba intentando desde que se puso enfrente moverse, e incluso distraerlo con alguno de sus ataques. En un último esfuerzo, Ryku probó de soltar un lanzallamas en la cara del Onix. El dolor temporal le impidió disparar el torrente de llamas al que estaba acostumbrado lanzar, sin embargo, el miedo le llevó a atacar de la manera más simple posible y, en vez de un montón de fuego saliendo de su boca, escupió una bola de fuego, una ascua, directa a Brock.
La bola de fuego impactó en el lugar más inesperado e inimaginable. Brock estuvo la mayor parte del ataque rugiéndole y tenía la boca muy abierta, tanto que Ryku solo veía un agujero negro con un borde gris. La ascua entró de lleno en la boca de Brock, el cual la cerró, detuvo su ataque y alejó la cabeza. Justo entonces se escuchó una pequeña explosión como un pequeño petardo inofensivo. En el caso del Onix, no fue así. De la boca del Onix salía unos pequeños hilillos de humo negro y Brock se quejaba, no de dolor, sino de la molestia y el ardor que sentía en la boca. Era un desagrado tan grande que Brock se zarandeaba de un lado a otro solo por sacar todo el humo de su cuerpo y refrescarse la boca con aire.
Ryku contempló la escena, atónito de lo que acababa de ocurrir. Miró la televisión por si el daño de su ataque Ascuas había sido mayor del imaginable. La barra de vida de Brock había disminuido, pero solo un pequeño porcentaje, lo que le dejaba con una cuarta parte de la vida todavía. Sin embargo, Ryku se asombró al ver bajo la imagen de Onix un rectángulo rojo con unas letras blancas que decían quemado. Su ataque de fuego había quemado a Brock. La quemadura descendió un porcentaje extra la vida de Brock, aunque fue muy poco. Sin embargo, Ryku estaba más que feliz con el resultado: una quemadura le daba la vuelta al combate ya que reducía el daño de los ataques del rival, pero en el estado en el que se encontraba no lo ayudaba en absoluto. Sí que le servía el daño ocasional que le causaba, pues solo tendría que evitar un golpe más y dejar que la quemadura hiciera el resto del trabajo. Ryku lo vio como una gran estrategia, pero lo dejó como alternativa. No soy como aquel tal Zoloth con su veneno. Si quiero ganar, será por un combate digno.
Ryku siguió su sentido de la honradez y voló hacia Brock que ya se zarandeaba menos, pero continuaba distraído por la quemadura. Ryku aprovechó el momento, iluminó sus garras y le asestó una cuchillada en la roca del cuerpo de Brock, que notó el dolor. El Onix tuvo un instante de lucidez y podía contraatacar, pero Ryku se adelantó y le dio otra cuchillada de vuelta antes de retroceder. Los dos ataques continuos fueron suficientes para llevar la vida de Brock a cero y mostrar una barra negra mientras que Ryku todavía gozaba de una débil raya roja representando la suya. La televisión soltó una alarma y puso la imagen del Charizard de Ryku en mitad de la pantalla y, justo debajo, la palabra ganador. La alarma fue como una señal dirigida a los brazaletes especiales que devolvió a Brock y a Ryku a sus formas humanas sin haber tenido que interactuar.
—Lo he… conseguido —dijo Ryku casi sin creer su victoria—. He derrotado a mi primer líder de Gimnasio. He vencido al tipo de Enlace que más fácilmente me puede ganar.
Brock, que permanecía arrodillado al otro lado del campo de batalla, se acariciaba la barbilla ahora que la molesta quemadura se había ido. Se le dibujó una sonrisa en el rostro. El combate contra Ryku había sido uno de los más intensos que había vivido en su carrera como líder. Había entrenadores que superaban en emoción este combate, pero hacía tiempo que Brock no experimentaba esta sensación de nuevo. Contento por el resultado, se reunió con Ryku y le felicitó.
—Has luchado muy bien, Ryku. Echaba de menos esta clase de combates en las que mi rival, a pesar de tener un Enlace débil al mío, logró vencerme dando lo máximo de sí mismo.
—He de admitir que tuve un poco de suerte con la quemadura que te produje. Sé que mis ataques de fuego tienen una probabilidad de causarla, pero imaginaba que sería con un lanzallamas, no con una ascua.
—Sí. La quemadura no me dolía, pero era como si me hubiera comido lo más picante del mundo y hubiera repetido. Ha sido clave en tu victoria, pero el puñetazo y el lanzallamas que me asestaste hicieron casi todo el trabajo y la quemadura nada más que un plus. Pero dejemos esto a un lado y vayamos a lo que importa. Acompáñame.
Brock y Ryku caminaron hacia la televisión. Lo hicieron como pudieron, pues los destrozos del campo de batalla causados por el combate fueron más que notorios. Tuvieron que sortear una de las rocas grandes de la montaña antes de llegar a su destino. Una vez allí, Brock pulsó el botón de encendido del brazalete especial unos segundos hasta escuchar un corto pitido. Luego apuntó a la pared bajo el televisor y se abrió un diminuto compartimento que sacó un pequeño cajón con una chapa plateada con forma de octógono. Brock la cogió y se la dio a Ryku.
—Esta es mi medalla: la medalla Roca. Es la prueba de que has ganado a uno de los ocho líderes de Gimnasio. Enhorabuena.
Ryku recogió la medalla y la observó. Estaba muy contento.
—Gracias.
—Guárdala bien. Si lo que me constaste acerca de querer derrotar al Alto Mando para conseguir el título de Campeón de la Liga, tendrás que presentar las ocho medallas. Si pierdes una, te verás obligado a retar de nuevo al líder.
—No pienso desprenderme de ella. Lo prometo.
—Te recomiendo ir a la tienda de accesorios para entrenadores. Allí suelen vender estuches pensados para llevar las medallas.
—Gracias por el consejo.
Brock y Ryku regresaron a la puerta de salida, no sin antes intercambiar los brazaletes especiales por los normales. Antes de irse, Brock le dio una recompensa extra a Ryku de mil quinientas Monedas de Combate. Según Brock, aunque los combates de Gimnasio fueran distintos de los que se realizaban fuera, seguían siendo combates, por lo que el ganar o perder Monedas de Combate seguía vigente. Ryku agradeció el dinero y se despidió de Brock, el cual se quedó en el campo de batalla para devolverse su estado habitual para el próximo duelo que disputara.
Dylan esperaba a Ryku sentado en una silla pegada a la pared que daba al campo. Al ver a Ryku salir, le preguntó qué tal le había ido.
—¿No has escuchado nada del combate? Ha sido muy ruidoso para no haberse dado cuenta —preguntó Ryku sorprendido.
—Vete a saber de qué están hechas estas paredes y del material que emplearon con tal de insonorizar el entorno. Solo llegué a sentir algún que otro temblor, pero nada más lejos.
—Pues con esto te respondo la pregunta. —Ryku enseñó a Dylan la medalla Roca.
—Toma ya. Un líder de Gimnasio menos, quedan siete. ¿Tuviste muchos problemas en derrotar a Brock? Quiero que me cuentes en detalle el combate.
—Después. Ahora quiero comprar un estuche donde guardar la medalla. Brock me ha dicho un lugar en que poder comprarlo.
—De acuerdo. Pero prométeme que me contarás tu combate. Me pica la curiosidad por saber a qué vinieron esos temblores que sentí.
—Tienes mi palabra.
Satisfecho, Dylan no incordió más a Ryku y los dos se fueron a la tienda de accesorios que le aconsejó Brock. La tienda estaba lejos del Gimnasio, casi al otro extremo de la ciudad en el este. Al menos, el viaje no tendría que repetirlo porque la tienda de hallaba calle abajo desde el albergue. Dentro de la tienda, Ryku buscó los estuches y escogió uno del color del rubí y antes de ir a caja, se quedó mirando los sacos de dormir.
—Dylan —llamó a su amigo— ¿Cómo es el camino de aquí a la siguiente ciudad?
—¿Ciudad Celeste, dices? Pues diría que más largo que el viaje que tomamos desde ciudad Verde hasta aquí. Tendremos que pasar por las rutas 3 y 4, y entre medias está el monte Moon que posee una serie de túneles bastante largos. Las rutas de por sí ya son extensas y no descarto en la ruta 3 haya entrenadores deseosos de desafiarnos.
—¿Hay algún albergue por el camino?
—Uno, si mal no recuerdo. Está en la ruta 4. ¿Por qué lo preguntas?
Ryku cogió además de estuche uno de los sacos de dormir compactos que cabría en su mochila sin problemas.
—Es probable que pasemos la noche fuera. ¿Necesitas uno?
—Tengo uno. ¿Estás pensando en irte de la ciudad ya? ¿No deberías descansar un poco por seguridad?
—Me encuentro perfectamente, Dylan. Quiero aprovechar el día, que aún ni es mediodía. Y ya hemos hecho todo lo que nos ofrecía ciudad Plateada.
—Vale, vale. Entonces tendremos que pertrecharnos bien, pues nos espera un viaje largo. Puede que estemos un par de días sin llegar a un albergue.
—Entendido. Compro el estuche y el saco y nos vamos a conseguir comida y bebidas.
Ryku entregó el estuche y el saco al cajero que le dio un precio por ambos productos. Ryku pagó con la Moneda de combate y en cuanto el estuche pasó a ser suyo, guardó la medalla Roca en él. Luego Dylan y Ryku compraron víveres para aguantar varios días sin tener que volver a una tienda y Dylan se separó de Ryku un tiempo en el que le explicó Ryku que iba a comprar algo para el brazalete que les vendría muy bien en el camino y quedaron en reunirse en la recepción del albergue en cuanto terminara las compras.
Ryku no tenía más que hacer, de modo que regresó al albergue, subió a su habitación y guardó todo lo adquirido en la mochila que acabó formando un bulto considerable. Puede que tenga que comprar una mochila más grande, pensó. Acto seguido encendió su brazalete y grabó un vídeo con el módulo Holomisor en el que contó su travesía por la ruta 2, el bosque Verde y lo vivido tanto en ciudad Verde como en ciudad Plateada. También habló de Dylan y de cómo se hicieron amigos rápidamente. Finalizó la grabación y envió el vídeo al Holomisor de casa de sus padres.
Al terminar, Ryku esperó a Dylan en recepción. Su amigo tardó quince minutos en aparecer y otros cinco más en recoger sus cosas en la habitación y bajar. Una vez se aseguraron de que estaban bien pertrechados y listos para continuar el viaje, abandonaron el albergue y partieron a la ruta 3.
