La ruta 3 era un camino de tierra como la ruta 2 con una vasta planicie alrededor en la que había pocas zonas donde los Pokémon salvajes se pudieran esconder. La planicie no comprendía todos los alrededores del sendero, pero si en una gran parte, la otra la formaban socavones en la tierra producto de caídas de piedras que se precipitaron desde el cielo, lo que provocaba algunos bruscos desniveles en el terreno.

Dylan tenía razón acerca de la probabilidad de encontrarse con muchos entrenadores en la ruta, tan solo hubieron de avanzar unos escasos metros para ver varios combates Pokémon efectuándose en los socavones o en los campos de hierba. Ryku y Dylan conversaron con un par de ellos de los cuales obtuvieron interesante información: los combates no se realizaban como desafíos entre entrenadores, sino que eran prácticas para fortalecerse y poder retar a los líderes de Gimnasio, siendo Brock el más mencionado teniendo la ciudad tan cerca. Esos entrenadores les preguntaron si ya habían probado suerte con Brock, a lo que Ryku y Dylan les respondieron enseñando la medalla Roca de sus estuches. En ese preciso instante los entrenadores desearon combatir contra ellos con tal de entrenar con aquellos que ya habían vencido al líder que ansiaban derrotar. Ryku y Dylan compartieron una mirada y aceptaron el duelo.

—Pero con una condición —saltó uno de los entrenadores—. Estamos intentando mantener nuestros Enlaces activos el mayor tiempo posible. No queremos tener que esperar una hora para volver a luchar y tampoco nos apetece hacer viajes constantes al centro Técnico.

—Eso significa que tampoco habrá intercambio de Monedas de Combate, ya que la victoria no será total —añadió el otro.

Dylan miró a su amigo.

—¿Ryku? De los dos eres quien necesita más dinero para estabilizar tu economía de entrenador.

—Tengo suficiente, por ahora. Puedo permitirme combates sin Monedas de Combate de por medio.

Dicho esto, los entrenadores se jugaron a suertes quién pelearía contra quién. A Ryku le tocó con el entrenador que se presentó bajo el nombre de Calixto y Dylan con uno que se llamaba Ben. Con los rivales escogidos, cada pareja se apartó de la otra para no interponerse en el transcurso de su combate.

Ryku y Calixto activaron sus Enlaces y mostraron los Pokémon en los que se habían convertido. Calixto enseñó los característicos cuello y pico de un Fearow y Ryku las alas y cuernos de un Charizard. Calixto se sorprendió al ver el Enlace de Ryku.

—¿De verdad venciste a Brock con un Charizard?

—No fue nada fácil, pero sí.

—Mola. Empecemos.

El combate no duró demasiado. Ryku y Calixto pelearon en el aire donde ninguno tenía una ventaja de terreno sobre el otro. Calixto era ágil y sus movimientos se alternaban entre precisos y erráticos. Los precisos alcanzaban a Ryku y le asestaba un buen picotazo en la barriga, mientras que los erráticos Ryku impedía que se le acercara con su lanzallamas. Al final, Calixto no pudo hacer mucho contra Ryku porque todos sus movimientos requerían de una aproximación acompañado de un golpe físico, movimientos que Ryku respondía a la distancia con sus llamas. Calixto se rindió cuando recibió un golpe directo de las cuchilladas de Ryku y dejó su Enlace al borde de activar la Prioridad Humana. Ambos entrenadores descendieron y desactivaron sus Enlaces.

—Eres muy fuerte —dijo Calixto—. Mucho más que yo. Me has demostrado que me queda un largo camino de duro entrenamiento antes desafiar a Brock. ¿Puedo saber cuánto tiempo tardaste en adquirir tal fuerza?

—No sabría especificar. Tal vez no cuenten los años que entrené con el Pokémon del cual heredé el Enlace, pero, como mínimo, cuenta con un par de años. Igualmente, no soy poderoso. Brock pone el listón del reto de las medallas de Gimnasio muy alto. Sufrí de lo lindo para conseguir la suya.

—Ya veo. Aun así, seguiré entrenando. Mi Enlace es poco efectivo contra el de Brock y me exigirá dar más de lo que soy capaz.

—¿Quieres un consejo? Atácale por detrás. Brock no suele proteger su retaguardia y, si reacciona, le costará darte siendo un Pokémon que vuela.

—Gracias, lo tendré en cuenta. —Hizo una pausa—. ¿Cómo va el combate de Dylan y Ben?

Como si sus nombres los hubieran convocado, Ryku y Calixto vieron como un potente chorro de agua mandaba por los aires una serpiente violeta. Así que el Enlace de Ben es un Arbok, observó Ryku. Ben cayó de cara contra el suelo y agitó el final de su cuerpo en señal de rendición.

—Puede que me haya pasado un poco —dijo Dylan tras volver a su forma humana—. ¿Estás bien?

—Cuánto… agua… —jadeó Ben. Había desactivado su Enlace y se quedó en la última postura que tenía como Pokémon—. Mucha… potencia.

—Sí, creo que me he pasado. Se supone que mis ataques de agua no aplican el estado de confusión.

—Tu amigo también es fuerte —comentó en voz baja Calixto.

—Es poseedor de siete de las ocho medallas de Kanto —respondió Ryku en el mismo tono—. Si el Gimnasio de ciudad Verde no estuviera cerrado temporalmente, hoy día ya las tendría todas.

Dylan ayudó a Ben a levantarse y mantenerse en pie sin ayuda. Ben se sacudió la cabeza para despejarse y alzó su pulgar en señal positiva. Luego se reunieron con Ryku y Calixto y tomaron un descanso en el que Dylan y Ryku fueron dando consejos sobre las debilidades de Brock ajenas a su Enlace y discutieron acerca de buenas combinaciones de ataques que le hicieran bastante daño y ellos salieran mayormente ilesos. Una vez finalizada la conversación, Ryku y Dylan se levantaron y reemprendieron el camino por la ruta 3. Calixto y Ben les dieron las gracias por las lecciones, se despidieron de ellos y regresaron a sus entrenamientos.

Dylan vio oportuno que Ryku cumpliera su promesa de contarle su combate contra Brock, así harían algo más que caminar en silencio sin que nada les pudiera molestar. los Pokémon salvajes no aparecían si había tantos entrenadores en la zona, y si tampoco había hierba alta, mayores motivos tenían para no salir de sus escondites. Ryku estuvo de acuerdo con ello y empezó a narrar la pelea. Dylan exigía detalles, por lo que la historia iba a ser larga. Cuando Ryku estaba describiendo el momento silencioso que hubo cuando Brock se fue bajo tierra, detuvo en seco el relato al escuchar algo fuera de lo común.

—¿Oyes eso? —preguntó a Dylan.

Su amigo había dejado de estar pendiente de las palabras de Ryku antes de que le preguntara.

—Suena como… ¿Una canción?

Segundos más tarde Ryku y Dylan comenzaron a sentirse cansados y somnolientos. Antes de que cayeran en mitad del camino dormidos se taparon los oídos y neutralizaron el efecto de la canción.

—Debe haber un Jigglypuff cerca. —gritó Dylan—. Son los únicos Pokémon con esa habilidad que hay en la ruta.

—Avancemos rápido hasta que no escuchemos su melodía —recomendó Ryku.

Dylan estuvo de acuerdo y aceleraron el paso. La canción se hizo más fuerte a medida que avanzaban y, de repente, se calló. Ryku y Dylan se quedaron unos segundos escuchando su entorno por si sus oídos les estaban engañando y, cuando vieron que el peligro había desaparecido, se destaparon las orejas. Dylan tocó el hombro de Ryku y le indicó mirar en una dirección concreta.

No muy lejos de ellos había una pareja compuesta por un chico y una chica. El chico parecía enfadado con la chica y se quejaba de algo. La chica, con una mano en la cabeza, pedía disculpas. El chico acabó dándose cuenta de Ryku y Dylan y riñó más a la chica. Ella se dio la vuelta para ver a los jóvenes y gritó:

—¡Lo siento! No quería que mi canto afectara a los que pasaban cerca.

—No pasa nada —respondió Ryku.

—Nos iremos más lejos, donde no se pueda escuchar el canto. Perdonad las molestias —se excusó el chico.

Las parejas intercambiaron unos gestos de disculpas, aceptación y despedida y se alejaron los unos de los otros.

—No era un Jigglypuff, sino una chica con un Enlace cuyo Pokémon puede aprender ese movimiento —comentó Dylan.

—Bien podría ser un Wigglytuff ese Pokémon del Enlace —añadió Ryku.

—Cierto, aunque tampoco es que existan muchos Pokémon que sean capaces de producir un canto que cause sueño. Salvajes diría que solo existen unos cinco o seis, de los cuales la mitad se verían en Enlace. Pero olvidemos esto y sigue hablando del combate contra Brock, que esta intervención no ha venido en un buen momento.

Ryku continuó con su historia desde el punto en el que lo dejó. Dylan se emocionó con los golpes que hubieron después de que Brock saliera de bajo tierra con el movimiento Excavar, sobre todo por el poderoso impacto de la venganza de Brock que destruyó una montaña entera. También le entró risa cuando se quemó por una simple ascua que fue decisiva en el combate.

—Tenía que haber visto su reacción. Una serpiente de rocas sufriendo quemaduras es como ver a un Pokémon de agua incapaz de mitigarlas.

—¿Llegaste a sufrir quemaduras? —preguntó Ryku.

—Y tanto. Y es muy molesto tener la herramienta para apagar el fuego y no poder hacerlo. Es irreal. Pero supongo que los combates han de ser equilibrados.

Los jóvenes hicieron un alto en el camino para comer. No quedaba mucho trayecto hasta la entrada al monte Moon y la propia montaña ya se veía muy grande desde donde estaban.

—Oye, Dylan, ¿Qué es lo que nos esperará dentro de la montaña? —inquirió Ryku.

Dylan terminó de beber antes de contestar.

—Una serie de túneles de diferentes amplitudes que no tienen una señalización como tal para recorrerlos velozmente. Y, por desgracia, la orientación ahí es ínfima, por lo que prepárate para estar rodeados de paredes de piedra durante horas.

—¿Y de Pokémon salvaje?

—Pues hay Geodude, Paras, Clefairy, algún que otro Sandshrew y una infinidad de Zubat. —Dylan adoptó un rostro de enfado al mencionar el último Pokémon.

—¿No te gustan los Zubat?

—No es que no me gusten, es que son tremendamente pesados —corrigió Dylan—. No podía dar dos pasos sin que unos cuantos decidieran atacarme y, para empeorar la situación, el tiempo que te quedas atrapado en el monte es horrendo. Por eso fui al centro Técnico y compré cartuchos para el módulo Repelente. No quiero saber nada de los Zubat, y de paso nos libramos de los demás Pokémon salvajes.

—No sabía que tenías ese módulo.

—Tengo los mismos que tú, solo cambia tu módulo Pokédex por mi módulo Repelente.

Ryku realizó un inciso en el que le echó un vistazo a los Pokémon mencionados por Dylan. Geodude y Sandshrew eran el mayor problema para él dada la ventaja de tipo, pero si estaban en la evolución más básica, no habría nada que temer, a menos que aparecieran Graveler y Sandslash, entonces sí que habría peligro. En cuanto a Paras y Zubat, ninguno de los dos sería capaz de resistir su lanzallamas, ni siquiera sus evoluciones.

—El monte no es una zona agradable para mi Enlace. Hay Pokémon con los que sí puedo lidiar, pero otros activarían el estado de reinicio.

—No pienses en ello —le dijo Dylan—. Con los cartuchos Repelente no veremos Pokémon en el monte y podremos centrarnos en orientarnos por los túneles.

Ryku asintió y ambos terminaron de comer. Acto seguido recogieron la basura generada y reanudaron el viaje.

El monte Moon era mucho más grande de lo que Ryku imaginaba y el tiempo que tardaron en visitar el pie fue superior al esperado. Ryku le preguntó a Dylan si había un albergue cerca, a lo que su amigo le recordó que existía uno al llegar a la salida del monte Moon al otro lado de este. Fue buena idea comprar el saco de dormir, pensó Ryku. Creía que, al cruzar la montaña, estarían en la ruta 4 en plena noche e incluso, que les tocaría pasar la noche en mitad de los túneles.

Finalmente divisaron la entrada a los túneles del monte Moon. Cerca de ahí había una parada donde algunos montañeros descansaban y examinaban rocas en una mesa. Ryku no prestó mucha atención en ellos y esperó a que su amigo lo tuviera todo listo para entrar. Dylan introdujo un cartucho en el módulo Repelente que abrió un pequeño orificio en este. En su pantalla emergió una ventana que le preguntaba si quería activar el repelente. Dylan, satisfecho, le lanzó un gesto a su amigo y ambos entraron en los túneles del monte Moon.

Ryku pensaba que en los túneles habría una iluminación mínima producida por un cableado con bombillas que alumbraban el camino. El cableado se turnaba con algunos agujeros desde los cuales lograba entrar la luz del sol y proporcionar luz natural. Ryku estaba al corriente de que el monte y sus alrededores era una zona muy propensa a recibir las caídas de meteoritos, pero no imaginaba que en cortas distancias hallasen pequeños socavones de poca profundidad. Este monte parece un escudo contra los objetos del espacio.

Ryku y Dylan se apoyaron en una parte de la pared que sobresalía y era ideal para sentarse y descansar. Había transcurrido más de una hora desde que los dos entraron en el monte Moon y no habían visto nada parecido a una salida. Los agujeros en el techo desde los cuales la luz del sol conseguía penetrar en la roca de la montaña actuaban, en ocasiones, de trampantojos simulando una salida que acababa en una parte amplia del túnel plenamente iluminada por el sol.

—¿Ves lo que te dije? —le recordó Dylan—. Los túneles del monte Moon son peores que los caminos de árboles del bosque Verde.

—¿Cuánta distancia real hemos recorrido?

—¿Real? No sabría especificar. Avanzar hemos avanzado, de eso estoy seguro, y no hemos dado marcha atrás en ningún momento. Pero hemos subido y bajado tantas veces que me cuesta calcular si nos hemos movido más en horizontal o en vertical.

—Espero que compraras suficientes cartuchos por si nos estamos aquí más rato.

—Tranquilo, incluso si la noche se cierne sobre nosotros y todavía estamos lejos del albergue, tengo unos cartuchos del repelente más eficiente posible. Podremos pasar las noches sin miedo a ser atacados por ningún Pokémon salvaje.

Ryku se sintió aliviado de escuchar eso. Dylan y él descansaron un poco más antes de reanudar su paseo por los laberínticos túneles del monte Moon.

Finalmente, tras una exhaustiva marcha por los túneles, Ryku y Dylan alcanzaron la primera gran zona abierta en la que el techo estaba a muchos metros de altura y formaba una cúpula por encima de sus cabezas. Dylan fue quien más se alegró de estar en tan amplia área y lo demostró con un largo suspiro de alivio.

—Al fin, una zona que recuerdo —dijo—. La salida está ya muy cerca y llegaremos a la ruta 4. Menos mal, ya me estaba cansando moverme por paredes, seguir cableados y odiar las claraboyas naturales de la montaña.

Ryku seleccionó en la pantalla de su brazalete el reloj y miró la hora que era.

—Hemos estado rondado por los túneles… demasiadas horas. Calculo que por lo menos unas cuatro o cinco.

—¿Cuatro o cinco? Entonces es un tiempo récord —sonrió Dylan—. Cuando pasé por aquí por primera vez perdí la noción del tiempo. Literalmente, al entrar el sol todavía estaba alzándose y al salir, ya era casi de noche. Me atrevería a decir que tardé el doble del número que has mencionado y no estaría exagerando.

—Bueno, aún no hemos salido del monte. Puede que para entonces sea de noche también.

—Es una posibilidad. —Dylan observó los montículos que había por el camino—. Rodeamos estas elevaciones y deberíamos dar con un túnel que sube y nos deja directamente fuera del monte.

—Genial. No nos detengamos y abandonemos este lugar.

Ryku y Dylan dieron unos pasos más y escucharon un grito de auxilio. Provenía de más allá del montículo, muy cerca de su posición. Ryku y Dylan intercambiaron una mirada para asegurase de que los dos habían oído lo mismo. Un nuevo grito de socorro acabó por alertarles del todo y corrieron hacia el que chillaba de aquella forma. Al girar el montículo y subir una rampa se toparon con una escena inesperada.

Había tres hombres de los cuales dos vestían un extraño uniforme de color azul oscuro y violeta y atizaban a un tercero que estaba tirado en el suelo echo una bola protegiéndose de las patadas que le estaban dando.

—Danos los fósiles —ordenó uno de ellos—. ¿Acaso quieres que te peguemos más? No pararemos hasta que nos los entregues.

—Ja… Jamás… Estos fósiles los encontré yo… Son míos…

—No lo son.

Y la víctima recibió una nueva patada en el abdomen.

—¿Vas a dar tu vida por esas dos piedras? Qué necio eres. —Se dirigió a su compañero—. Esto ya cansa. Si no lo suelta, ya sabes qué hacer.

—Será un placer.

—¡Eh, vosotros! —bramó Ryku en la distancia—. ¡Dejad a ese hombre en paz!

Ryku y Dylan se acercaron a la escena del robo y vieron con más detenimiento a los agresores. Uno de ellos tenía el pelo corto y castaño y unos ojos color miel. El otro tenía el pelo largo y negro y unos ojos verdes. Ryku observó en los uniformes un emblema compuesto por una L amarilla de curioso aspecto con un borde plateado. No reconoció el símbolo, pero tampoco importaba. Fuera quienes fueran esos dos, estaba claro que eran criminales.

—A… Ayuda —logró vocalizar el hombre tirado en el suelo.

—¡Cállate! —le ordenó el del pelo largo y le dio otra patada para certificar de que lo cumplía.

—¿Qué os ha hecho esa persona? ¿Por qué le pegáis? —inquirió Dylan.

—No es de vuestra incumbencia, niñatos. —respondió el del pelo corto—. Largaos si no queréis acabar como él o peor.

—Se ve que no queréis resolver esto de manera civilizada. ¿Ryku, tú que opinas?

—No voy a dejar que peguéis más a ese hombre.

—¿Quiénes os creéis que sois, niñatos? —gritó enfadado el hombre de pelo corto. Dio un golpe a su compañero con tal de que abandonara al hombre tirado y se centrara en Ryku y Dylan—. Os vamos a dar una lección sobre no entrometeros en asuntos de mayores.

Ryku no se percató de que los criminales tenían brazaletes y ambos activaron su Enlaces envolviéndose en la luz brillante de la transformación. Ryku y Dylan no tardaron ni un segundo en reaccionar y activar también los suyos. Después de los destellos, los criminales habían adoptado las formas de un Parasect y un Golbat. Los jóvenes no tuvieron oportunidad de elegir su rival cuando el Golbat se abalanzó sobre Ryku y el Parasect esparció esporas sobre Dylan, separando los combates en el aire y en tierra.

—Vas a lamentar haberte entrometido —le amenazó el Golbat.

Ryku no replicó a la intimidación y se concentró en el combate. Golbat era un Pokémon de tipo Veneno y Volador, lo que ninguno tenía ventajas de tipo sobre el otro. Sin embargo, el Golbat seguía siendo peligroso ya que era capaz de drenar la vida de su rival y confundirlo de muchas maneras. Debía ir con cuidado.

Golbat no tardó en actuar como el Pokémon que era y de su gran boca soltó unas visibles ondas que se dirigieron a Ryku. El Charizard se protegió del ataque, pero fue inútil y el supersónico causó que se mareara y empezara a ver todo su entorno por duplicado. Ryku intentó recobrarse, pero era inútil. El Golbat aprovechó la situación y le golpeó con fuerza con su cuerpo. Ryku retrocedió por el impacto, pero consiguió mantenerse en el aire y, gracias al golpe cuerpo del Golbat, había recobrado el sentido.

Ryku estaba preparado para lanzar su lanzallamas, sin embargo, el Golbat ya había realizado su siguiente movimiento y frente a él volaban casi una decena de Golbat. Solo uno es real, Ryku, está usando el movimiento Doble Equipo. Desgraciadamente, no existía ninguna diferencia que destacara al Golbat original de las copias y no podía enfocarse en todos lo que causaba que fuera atacado sin posibilidad de defenderse debidamente. Recibió varios golpes desde diferentes direcciones que siempre iban intencionadamente a tirarle al suelo. Ryku buscaba la manera de dar con el original y comenzó a tirar pequeñas bolas de fuego a todo Golbat que veía. Muchos de ellos se desvanecían cuando eran atravesados por las bolas, pero le entraba una gran satisfacción con cada uno de ellos que desaparecía; pronto el original no podría esconderse más.

Ryku estaba cansado. Aunque ahora solo quedaran dos Golbat activos, lo que había durado el efecto del doble equipo lo había magullado bastante. Todavía era capaz de mantenerse en el aire sin dificultades, pero el resto de su cuerpo se encontraba en peores condiciones que las alas.

El Golbat se rio de la desdicha de Ryku y preparó una nueva acometida. Pero no se dio cuenta de que su rival también había cargado un ataque y estuvo listo mucho antes que él. Ryku uso su movimiento Cuchillada que, utilizada en un arco de ciento ochenta grados, eliminó la copia restante y agarró con fuerza el cuerpo del Golbat sin ningún propósito de soltarle. El Golbat le atacó usando su chupavidas, pero Ryku ni se inmutó de que se le había drenado vida. Simplemente, el Charizard atrajo el cuerpo del Golbat hacia él, dejándolos cara a cara. Acto seguido cargó su boca de humo y llamas y escupió un potente lanzallamas que dio de lleno en toda la cara del Golbat, el cual emitió un alarido al verse cubierto de llamas. Ryku no terminó su ataque ahí y, todavía agarrado, cayó hacia el suelo a una velocidad vertiginosa. Durante la caída, hizo brillar su puño y empleó el movimiento Megapuño cuando ya estaba a escasos centímetros del suelo. El impacto contra la roca fue tan bruto que incluso se formaron grietas y voló alguna que otra roca de diminuto tamaño. Ryku no había separado todavía sus garras del Golbat, pero cuando empezó a brillar se alejó de él, pues ese brillo actuaba como explosión producto de la Prioridad Humana para mantener a salvo al entrenador.

Por su parte, Dylan había tenido un combate menos emocionante. El Parasect había pasado gran parte del combate expulsando esporas y otros tipos de polvo con tal de producir algún efecto sobre el Blastoise. Dylan se protegió de todos esos polvos escondiéndose en su caparazón o dispersando agua de sus cañones para inutilizar los ataques. Al final, el Parasect resulto ser un Pokémon extremadamente débil en cuanto a defensas, pues le bastó con un preciso disparo de sus cañones de agua que elevó al Parasect un par de metros y culminó su ataque aplastándolo contra el suelo con todo su cuerpo. Se reunió con su compañero cuando su cuerpo también empezó a brillar.

—Estúpidos niñatos —dijo el criminal de pelo corto—. No tenéis ni idea de dónde os habéis metido. Esto no quedará así. A partir de ahora, sois enemigos del Equipo Leyenda.

Ryku y Dylan se dispusieron a detener a los criminales para posteriormente entregarlos a la policía, pero estos lanzaron algo que se puso a soltar grandes cantidades de humo que nublaron su visión y no pudieron atraparlos. El humo tardó varios minutos en disiparse por completo y, cuando ya volvieron a ver, los criminales habían desaparecido.

—Ay… —El hombre que había sido atacado se recostó sobre una roca con los brazos pegados a su barriga donde protegía una piedra.

Ryku y Dylan desactivaron sus Enlaces y socorrieron al hombre. Ahora que el peligro se había ido, pudieron ver mejor a quien acababan de salvar. Se trataba de un hombre con gafas a través de las cuales no se le podían ver los ojos y pelo largo, enmarañado y negro y vestía camisa blanca, ahora manchada de tierra, y pantalones y botas negras.

—¿Se encuentra bien? —preguntó Dylan.

—Mis fósiles…

—Relájese. No vamos a quitarle sus fósiles.

—Solo lleva uno —observó Ryku.

—¿Uno? Oh, no… No, no, no… Esos ladrones… al final me robaron uno.

—¿Por qué tenían tanto interés esos dos hombres de uniforme raro en los fósiles? —inquirió Dylan.

—No lo sé. Solo decían cosas extrañas como que les beneficiaría más a ellos que a mí y que realmente les pertenecía a ellos —El hombre de las gafas tosió—. Tonterías, llevaba semanas cavando en el monte antes de dar con los fósiles. No les pertenecían a ellos. Eran míos. Yo los encontré.

—¿En qué beneficia exactamente un fósil a dos criminales? —preguntó Dylan confundido.

—Ni idea.

—Puede que sea porque los fósiles contienen el ADN de Pokémon antiguos que vivían en la tierra de hace cientos de años, puede que miles e, incluso, no exageraría si hablamos de millones de años —respondió el hombre de las gafas—. Iba a llevarlos a isla Canela, donde existen rumores que en el laboratorio de allí se está desarrollando una máquina capaz de traer a la vida a esos Pokémon a partir de fósiles como este.

—Es lo más probable. Querrán revivir el fósil robado y aprovecharse de alguna forma al tener un Pokémon que no está registrado en la Pokédex —supuso Ryku.

—Te equivocas —repuso el científico—. Al menos, el fósil que se ha robado pertenece a un Pokémon del que sí existe información. Este que tengo es el nuevo y no se conoce nada al respecto.

—Pues vaya estupidez —comentó Dylan—. Quedarse con el fósil de un Pokémon pensando que podrán sacarle partido cuando la realidad es distinta.

—Estupideces es lo que soltaban —agregó el científico—. Aparte de lo del beneficio para ellos, alegaban que el ADN de los fósiles correspondía a Pokémon legendarios y que solo ellos debían tenerlos, de ahí que insistieran en que eran de su propiedad.

—Qué criminales más raros. Vestían uniformes curiosos y parece que les interesan los Pokémon legendarios.

—Dijeron algo de la banda a la que pertenecían… llamaron a su grupo el Equipo Leyenda. ¿Os suena de algo?

Dylan y el científico negaron con la cabeza.

—Jamás he escuchado ese nombre. Para mí que son solo un pequeño grupo de delincuentes que acabarán en la cárcel muy pronto —opinó Dylan.

—Sí, y tampoco cumplen sus objetivos porque ningún Pokémon que provenga de un fósil es un legendario —añadió el científico—. No son Pokémon extremadamente poderosos como cuentan las historias y mucho menos son tan fáciles de encontrar.

—Igualmente, deberíamos reportar esto a la policía —aconsejó Ryku.

—Tienes razón. La policía detendrá a esos malhechores —corroboró Dylan.

—Ignoradlo, chicos —replicó el científico. Ryku y Dylan protestaron, pero el hombre no les dejó hablar—. Ya habéis hecho bastante. Me encargaré personalmente de notificar esto a las autoridades. Vosotros continuad vuestro viaje, que seguro que tenéis uno.

—¿Puedes caminar? Esos dos te pegaron de lo lindo.

—Sí, solo me quedarán moratones de la paliza. Por suerte vuestra intervención evitó que los criminales llegaran a partirme algún hueso… o algo peor. Descansaré un poco y luego me dirigiré a la comisaría más cercana.

—Deberíamos permanecer contigo hasta entonces, no vaya a ser que esos dos regresen a quitarte el fósil que queda.

—Ya habéis hecho suficiente por mí. Sois mis salvadores y os estoy muy agradecido por ello. —El científico buscó en su bolsillo y sacó una variante del módulo Holomisor más enfocada al público que no poseía un brazalete. Pulsó un botón y confió en que el aparato se encendiera y lo hizo a pesar de tener una parte de la pantalla rota—. Llamaré a un amigo para que venga a por mí.

—Veo que ya están todos los cabos atados —dijo Dylan.

—Antes de marcharos, en ningún momento nos hemos presentado —señaló el científico—. ¿Cómo se llaman mis rescatadores?

—Yo soy Dylan y él es Ryku.

Ryku hizo una ligera reverencia como saludo.

—Dylan y Ryku, gracias por todo. Habéis aportado vuestro grano de arena en el descubrimiento de un nuevo Pokémon prehistórico. Me aseguraré de que vuestros nombres tengan importancia en este hallazgo.

—No es necesario, la verdad —repuso Ryku. Se había sonrojado con aquella declaración—. Solo hicimos lo que cualquier entrenador hubiera hecho.

—Es posible, aun así, desearía recompensaros de alguna forma, por diminuta que sea.

—No tenemos más remedio, Ryku. Dejemos que el científico hable de nosotros en esto. Por cierto, hemos dado nuestros nombres, pero desconocemos el tuyo.

—Oh, es verdad, perdonadme. Me llamo Gustavo.

Ryku y Dylan intercambiaron unas palabras más sin importancia y se despidieron de Gustavo. La salida del monte Moon estaba a tan solo una rampa y un pasillo de distancia. Cuando salieron, Ryku esperaba ser bañado por la poca luz del sol que quedaba, sin embargo, lo que recibió fue la oscuridad de la noche.

—Igual que la primera vez, solo que esta vez el sol ya estaba descendiendo cuando entramos —dijo Dylan.

Ryku miró la hora en su reloj y se llevó la sorpresa de recibir en el mismo momento un mensaje de vídeo de sus padres. La repentina llegada del vídeo asustó tanto a Dylan como a Ryku. Ryku se percató que el mensaje había sido mandado hace horas, con muy pocas de diferencia entre el mensaje que les envió él al recibido.

—Ha debido llegar justo cuando el brazalete ha recuperado la cobertura —explicó Ryku. Guardó el mensaje de manera que se acordara de verlo más tarde y miró el reloj—. ¿El albergue está cerca?

—Sí, aunque tendremos que caminar una media hora más.

—Pues movámonos cuanto antes. Las piernas ya me empiezan a doler y si me detengo una vez más, no me moveré del sitio.

Ryku y Dylan caminaron por la ruta 4 al amparo de la luz de la luna hasta dar con el albergue donde tomaron su más que merecido descanso.