Ryku despertó en su habitación del albergue acompañado de un tedioso dolor de pies que no le sacaron de la cama al momento, sino que tardó casi diez minutos en lograr que sus piernas le respondieran debidamente y el caminar no resultara tan molesto. Se lavó y vistió y, antes de bajar, reprodujo el vídeo de sus padres que ayer le mandaron, pero no tuvo ganas de verlo de lo cansado que se encontraba.
Tanto su madre como su padre se alegraron muchísimo de que su hijo hubiera obtenido su primera medalla de Gimnasio y le animaron enormemente asegurando que conseguiría las que le faltaban. Hablaron sobre Dylan, aunque con solo las descripciones que les dio Ryku en su vídeo, no pudieron opinar mucho sobre él, solo que debía ser un joven simpático que le ayudaba en su aventura y que les caía bien solo por eso. Como el mensaje fue enviado antes de partir hacia cuidad Celeste, los padres de Ryku todavía pensaban que estaba en ciudad Plateada y le recomendaron hacer turismo por todas las ciudades de Kanto ya que iba a estar en todas ellas, así después les podría contar más cosas aparte de los combates que tendría para conseguir las medallas. Cerró el vídeo y salió de la habitación en dirección al comedor.
En esta ocasión, Dylan era quien le esperaba allí y ya se había puesto a desayunar. Ryku cogió una bandeja y escogió un zumo acompañado de tostadas y algunos potes de mermelada de diferentes sabores. Luego se sentó en la mesa con Dylan.
—¿Te ha costado despegarte de la cama? —dijo Dylan con un tono burlón.
—Podría llamarse así —siguió la burla Ryku—. Me desperté con un dolor de pies bastante irritante y esperé a acostumbrarme a este.
—¿No te has recuperado?
Ryku negó con la cabeza.
—No he hecho paseos tan largos, y menos cuando la mayor parte del tiempo es dentro de una montaña.
—Se entiende. A mí me pasaba igual cuando inicié mi viaje. Llegará un momento en el que ya ni te importe, ya verás.
—Espero que ese momento venga pronto. —Ryku cogió una tostada y la untó con un pote de mermelada—. ¿Cuánto nos queda hasta ciudad Celeste?
—Todavía un par de horas de camino como mínimo. Llegaremos aproximadamente a mediodía si no ocurre nada en la ruta, cosa que no debería ya que es una ruta tranquila.
Ryku y Dylan terminaron de desayunar, recogieron sus pertenencias en sus respectivas habitaciones y regresaron al camino de la ruta 4.
Como Dylan había predicho, la ruta 4 tenía pocos espacios de hierba alta donde los Pokémon salvajes pudieran atacarles por sorpresa y en sí misma la ruta se veía delimitada por pendientes a su alrededor provenientes de la montaña, la cual aún imponía su tamaño si se miraba hacia ella. Curiosamente, esta zona del monte Moon no tenía socavones causados por meteoritos como los había en la ruta 3, de lo que se deducía que solo la parte oeste de la montaña era la afectada por las piedras del espacio.
Para que no estuvieran todo el trayecto en silencio, Ryku le explicó a Dylan sobre él a sus padres. Le dijo lo que pensaban de él y Dylan se sonrojó ligeramente por las opiniones de sus padres. Dejó caer la opción de visitar su pueblo cuando hubiera transcurrido el evento de la Liga Pokémon como una visita amistosa. Ryku lo consideró una buena idea, pero confiaba en que no se olvidaran de ello hasta entonces.
Otro tema de los que hablaron fue de Misty, la líder del Gimnasio de ciudad Celeste a la que debería vencer con la finalidad de obtener su siguiente medalla. Le adelantó que Misty usaba un Enlace de tipo Agua, por lo que podría tratarse de un combate de Gimnasio tan difícil como el de Brock por el asunto de la debilidad del suyo. Ryku se molestó por no tener un combate de Gimnasio en el que la ventaja o la tuviera él o, sencillamente, ninguno de los dos. Al menos contaba en que el daño no sería tan efectivo como los ataques de tipo Roca, pero todavía seguía haciendo bastante daño. El Pokémon que empleaba Misty era el de un Starmie, lo que, a simple vista, equilibraría el combate y solamente la debilidad del fuego al agua era la que inclinaba la balanza a favor de la líder de Gimnasio.
Por el camino se encontraron con dos karatekas que entrenaban las artes marciales en un diminuto espacio entre el camino de la ruta y una ladera del monte Moon. Ryku y Dylan presenciaron desde la distancia las técnicas de combate que usaban para derrotar al otro y vieron que compartían consejos, o eso pensaban, tras cada pelea. Los dos jóvenes se percataron de que ningún karateka tenía un brazalete en uno de sus brazos, lo que significaba que no eran entrenadores. Ryku creía que aquellos hombres podrían conocer a Kendo, pero si no poseían un brazalete, existían pocas posibilidades de que vinieran del Dojo Karate. Les dejaron con sus prácticas y continuaron su marcha.
Por fin, tras un largo recorrido, ciudad Celeste se divisaba a lo lejos y, detrás de esta, el vasto mar. El monte Moon terminó con sus visibles elevaciones en el terreno para dejar paso a un río que se ensanchaba a medida que se dirigían a la ciudad. Ryku estaba emocionado; pronto disputaría su segundo combate de Gimnasio. Y Dylan deseaba poder, esta vez, ver en directo el combate y no que se lo contaran.
Nada más entrar en ciudad Celeste, Ryku vio las grandes diferencias que había entre las ciudades de interior de las costeras. Ciudad Celeste era más pequeña que las otras ciudades que había visitado, pero aún superaba por bastante a su pueblo. Tenía más zonas verdes que ciudad Verde y ciudad Plateada juntas, con más parques y menos edificios altos a excepción de algunos como el centro Técnico o el centro Pokémon. Al norte pasaba el río que habían visto en el recorrido final de la ruta 4, que se indicaba su parte más ancha en la ciudad y se encogía cuando se alejaba más al norte donde desembocaba en el mar.
Ryku buscó un mapa de la ciudad y en él localizó el Gimnasio en el centro de esta. De paso miró si había algo interesante con el que hacer turismo y pasar el resto del día antes de seguir viajando. No vio nada de interés más que un punto al noroeste de la ciudad que en la leyenda del mapa decía que se hallaba la cueva Celeste.
—¿Por qué tiene tanto interés una cueva? —inquirió Ryku.
—¿No lo sabes? —dijo Dylan como si le hubiera sorprendido la ignorancia de su amigo. Ryku negó con la cabeza—. La cueva Celeste es una de las zonas de todo Kanto donde los Pokémon salvajes son todo un reto para los entrenadores. Es tan peligroso entrar ahí que tienen el acceso prohibido a todo el mundo salvo al Alto Mando y a aquellos entrenadores que hayan conseguido el título de Campeón. Se rumorea incluso que es allí donde algunas veces entrena el Alto Mando.
—Guau. Ahora tengo curiosidad por conocer los Pokémon que habitan esa cueva.
—Pues vete quitando esa curiosidad, Ryku. No estaremos a la altura hasta que nos hagamos con el título de Campeón. Yo en lo personal no entraría de ninguna de las maneras.
—¿Por qué?
—Porque los Pokémon salvajes no son legales y podrían atacar varios a la vez con ese poder que dicen que tienen y meterían mi Enlace en modo reinicio antes de que pisara el interior de la cueva. Y con repelentes no vale la pena entrar ahí. No hay forma de sacarle alguna ventaja.
—Ya veo. Bueno, vayamos al Gimnasio. Quiero desafiar cuanto antes a Misty.
El Gimnasio de ciudad Celeste no fue nada complicado de encontrar. Incluso si no hubieran mirado el mapa, habrían dado con él fácilmente. Ryku sospechaba si todos los Gimnasios de Kanto debían ser llamativos de algún modo porque el que se presentaba frente a él destacaba el enorme Dewgong sobre la entrada al Gimnasio. El edificio era circular en toda su estructura, un domo. La cúpula estaba decorada, además de con el Dewgong, unas olas que la rodeaban por completo y el resto con una alternancia de colores rosa y amarillo que Ryku no pudo evitar compararlo con las carpas de los circos. Al acercarse, vieron a una mujer de cabello rubio y largo y ojos marrones que vestía una especie de bañador rojo y una toalla azul claro.
—Oh, oh —dijo Dylan al ver a la mujer—. Esto no me gusta.
—¿Por qué? —preguntó Ryku.
—Ahora lo entenderás.
Cuando Ryku y Dylan se acercaron lo suficiente al domo, la mujer del bañador rojo les hizo un gesto de detenerse.
—Quietos ahí, entrenadores —les ordenó. Los dos jóvenes obedecieron.
—¿Qué ocurre, Daisy? ¿Algún problema en el Gimnasio? —cuestionó Dylan.
Ryku y la mujer se sorprendieron ante las palabras de Dylan. Ambos por la misma razón.
—¿Cómo sabes mi nombre? —inquirió Daisy—. Espera, no me lo digas. Ya me acuerdo de ti. Eres… Dylan, ¿no? El entrenador del Enlace del Blastoise.
—El mismo.
—Ya ha pasado un buen tiempo desde la vez que luchaste en este Gimnasio. Dime, ¿Qué te trae aquí?
—Acompaño a mi amigo Ryku, aquí presente. —Ryku saludó a Daisy con la mano—. Quiere desafiar a Misty y hacerse con la medalla del Gimnasio.
—Entiendo. Pues me temo que tengo malas noticias para ti, Ryku. En estos precisos instantes el Gimnasio entero no está disponible.
—Sospechaba de ello al verte frente a la puerta, Daisy —dijo Dylan—. ¿Qué ha pasado?
—Nada fuera de lo común. Un combate que se ha ido de las manos y ha dejado el campo de batalla prácticamente seco.
Dylan abrió los ojos, impactado.
—¿Seco? ¿En serio es eso posible? —Ryku no se sorprendió porque no sabía exactamente de lo que hablaban, Dylan lo introdujo en la conversación—. El campo de batalla de este Gimnasio es una piscina. Una muy grande en la que se necesitan cientos de litros de agua para llenarla. Por eso impresiona que se haya secado casi en su totalidad.
—Estamos rellenando la piscina ahora mismo. Misty y las demás están en ello mientras yo aviso a los entrenadores que busquen pelear contra Misty de que no pueden combatir ahora mismo.
—¿Significa eso que hasta mañana Ryku no podrá combatir?
—No tardamos tanto en rellenar una piscina —replicó Daisy—, aunque lamentablemente hasta la tarde como mínimo no volveremos a abrir el Gimnasio a los entrenadores. Lo siento.
—Bueno, pues nos toca esperar. Volveremos más tarde. Adiós, Daisy.
—Hasta luego Dylan. —Ryku y Dylan se dispusieron a marcharse, pero repentinamente Daisy los detuvo—. Un momento, ¿Me podéis decir qué hora es?
Ryku miró el reloj de su brazalete.
—Son las once y cuarto.
—Gracias. Recordaré esa hora para reservaros un lugar cuando el Gimnasio vuelva a estar operativo y así otros entrenadores no os quiten el puesto. Pero solo dispondréis de un día entero de reserva, luego ya no la tendréis, ¿entendido?
—Perfectamente. Gracias, Daisy.
Esta vez la despedida fue completa y Ryku y Dylan volvieron a pasear por las calles de la ciudad. Se dirigieron al albergue con tal de alquilar sus habitaciones y después pensaron en lo que harían hasta que el Gimnasio volviera a funcionar.
—Ciudad Celeste no es precisamente una de las ciudades en la que se pueda hacer mucho turismo —reveló Dylan—. Lo más relevante que tiene es la tienda de bicis y su carísima bicicleta valorada en un millón de pokécuartos.
—¿Un millón? —repitió Ryku con la boca abierta—. ¿Pero de qué está hecha esa bicicleta? ¿De oro y diamantes?
—Ni siquiera eso. Es una bicicleta normal y corriente. No tiene nada que le justifique ese precio.
—Pues el vendedor debe haberse arruinado hace mucho, ¿no?
—Eso es lo más increíble de todo, que su tienda siga en pie. Intento no pensar mucho en ello o me estalla la cabeza de lo ilógico que resulta.
—En fin, ¿hay algo o algún lugar con lo que pasar el rato? No vamos a estar horas sin hacer nada.
Dylan pensó unos momentos.
—Ya sé —dijo varios minutos después—. ¿Y si vamos a la playa? Las rutas 24 y 25 llevan a las costas y no nos aleja mucho de la ciudad. Es lo mejor que se me ocurre.
—Suena mejor que nada.
Decidido el destino donde matar el tiempo hasta saber de las reparaciones del Gimnasio, Ryku y Dylan se pusieron en marcha. Para ello debían dirigirse al norte de la ciudad, salir a campo abierto y cruzar el ancho río. Dylan recordaba que había un puente cerca que los llevaría la otra orilla y no les fue difícil dar con aquella construcción hecha de madera clara. Pasaron al otro lado y, nada más dar unos pasos, fueron llamados por un desconocido.
—¡Alto ahí! —ordenó con un vozarrón. Ryku y Dylan se detuvieron, más por ver quién les mandaba que por obedecerle. La sorpresa que se llevaron no fue pequeña.
El que les gritó iba acompañado por otros cinco personajes: dos chicas, un joven, un cazador de bichos y un colegial. El de la voz vestía el mismo uniforme verde que aquel chico que salió malhumorado del Gimnasio de ciudad Plateada. Dylan miró curioso a todo el grupo y se le escapó una corta risotada.
—¿Seis entrenadores contra dos? ¿No es un poco injusto?
—Así que ya sabíais que os queríamos desafiar, ¿eh? —dijo el chico del traje verde—. Pero te equivocas en que atacaremos los seis a la vez. No actuamos como los Pokémon salvajes.
—No alcanzo a entender por qué los seis deseáis combatir contra nosotros —dijo Ryku.
Los entrenadores intercambiaron unas miradas de extrañeza.
—¿No habéis oído hablar nunca de los Seis del Puente Pepita? —preguntó una de las chicas.
Ryku negó con la cabeza y Dylan añadió que jamás había pasado por esta ruta para saberlo.
—Es raro que no hayáis oído hablar de los Seis. Los entrenadores cambiamos cada cierto tiempo, pero la historia existe desde hace muchos años ya —comentó el colegial.
—¿Os importaría explicárnosla? No tenemos ni la más mínima idea de lo importante que es.
El chico del uniforme verde relató:
—Desde hace bastante tiempo, este puente ha sido un lugar donde los entrenadores han peleado contra los Seis con tal de recibir una recompensa que solo se entregaba si eran derrotados: una pepita de oro. Antaño las pepitas servían para que los entrenadores que habían empezado su viaje ganaran un buen dinero y no se quedaran sin nada a los pocos días de empezar. Y siempre que un entrenador pasaba cerca, le ofrecíamos el desafío.
—Incluso se llegó a popularizar tanto el desafío de los Seis entre los entrenadores novatos que hasta el puente se nombró Puente Pepita en su honor —añadió el colegial.
—Espera un segundo —intervino Dylan—, las pepitas solo se pueden vender por dinero real y eso entraría en la ilegalidad con la ley de las Monedas de Combate porque está prohibido que un entrenador entregue dinero real a otro por ganar un combate.
—Por eso nos adaptamos a los nuevos modelos de combate para continuar la leyenda de los Seis —agregó velozmente el joven.
—¿Y qué recompensa dais por derrotaros? —pregunto con curiosidad Ryku.
—Monedas de Combate es lo único que está permitido dar a otros entrenadores. Pero para que fuera una recompensa digna de aceptar el reto dábamos el doble de Monedas de Combate de las obtenidas por vencernos. Generalmente, hablamos de una cantidad de cuatro mil Monedas de Combate por ganar a los Seis.
—Eso son muchas monedas —comentó Dylan—. ¿Os podéis permitir perder esa cantidad si os derrotan?
—Intentamos mantener la situación equilibrada. Antes el entrenador podía ir al centro Pokémon, curar a su equipo y volver a pelear. Ahora, la condición es que los combates han de ser seguidos. Es algo justo ya que, a menos que estén afectado por algún estado, los Enlaces se curan con el tiempo si no entran en el reinicio de una hora.
—Tiene sentido —corroboró Dylan—. Entonces, si aceptamos el desafío, iremos peleando contra cada uno de vosotros y al ganaros nos llevamos la recompensa de cuatro mil Monedas de Combate.
—Me temo que hay una condición extra en vuestro caso —repuso el chico del uniforme—. Tenéis dos opciones: que uno combata contra los Seis y el otro espere su turno o pelear a la vez contra todos, lo que os dará tres combates a cada uno. Con la primera opción, la recompensa es íntegra para cada uno, pero si escogéis la segunda opción, entonces la recompensa se divide entre los dos. Vuestra es la decisión final. Esperaremos la respuesta.
Ryku y Dylan discutieron en voz baja sobre la opción más óptima. Ryku deseaba el dinero con tal de seguir aumentando su economía de entrenador hasta el punto en el que no necesitara ganar más en poco tiempo. Dylan, como ya había alcanzado ese punto, solo le interesaba un buen combate con el que entretenerse y practicar su estilo de lucha. Los Seis les aclararon que la victoria se obtenía activando la Prioridad humana y metiendo el Enlace en el modo reinicio. Esperar una hora no era agradable, y en eso sí estaban de acuerdo Ryku y Dylan. Al final decidieron la segunda opción. Dos mil Monedas de Combate seguían siendo bastante dinero y era un poco más de lo que obtuvo al vencer a Brock.
Los Seis aceptaron la decisión de los dos jóvenes y les ofrecieron la oportunidad de elegir a sus tres rivales. Ryku y Dylan se jugaron a piedra, papel y tijeras quién escogería primero que acabó con la victoria de Ryku sobre Dylan. Ryku se lo pensó detenidamente antes de elegir por elegir y se decantó por el cazador de bichos, una de las chicas y el chico del uniforme verde. Dylan se quedó con el colegial, la otra chica, y el joven.
—Recordad las reglas: un combate a la vez con un descanso opcional de cinco minutos con el siguiente y se declara al ganador cuando uno de los dos entrenadores tiene su Enlace en modo reinicio. No cuentan rendiciones por parte de los Seis —expuso el chico del uniforme—. Nos mantendremos alejados unos de otros con tal de no interferir en los combates, ¿entendido?
Todos asintieron y se separaron en grupos de cuatro. Cada grupo se apartó del otro una distancia lo bastante grande como para ser incapaces de escuchar debidamente lo que dijeran los miembros del otro grupo. El chico del uniforme verde vio adecuado el lugar en el que se hallaban y mencionó que sería aquí donde se librarían los combates. Ryku debía seleccionar ahora el orden de los enfrentamientos. Ahí Ryku no se lo pensó mucho y escogió al cazador de bichos como primer contrincante, la chica como segundo y el del uniforme verde como último rival. Los tres rivales asintieron y la chica y el del uniforme verde se apartaron del combate que estaba a punto de iniciarse.
—¿Preparados? —anunció el chico del uniforme. Los entrenadores asintieron—. El combate comienza… ¡Ya!
Ryku y el caza—bichos activaron sus Enlaces casi a la vez y mostraron los Pokémon con los que lo habían realizado. Ryku enseñó sus alas y su cola con la punta en llamas de su Charizard mientras que el cazador de bichos encogió un poco su tamaño y sacó las alas blancas y negras de un Butterfree. Ryku se alegró de haber elegido bien. En este combate poseía ventaja de tipo, pero no confiaba en obtener una rápida victoria, pues cualquier entrenador puede sorprender al otro hasta con el Enlace más simple.
La pelea se transportó al cielo como si estuvieran obligados a volar por alguna regla entre entrenadores con Enlaces de Pokémon que poseyeran esa habilidad. Cuando alcanzaron una altura aceptable, tanto Ryku como el caza—bichos atacaron al unísono. Ryku lanzó su potente lanzallamas y el caza—bichos lo esquivó con el uso de uno de sus movimientos y no apartándose de las llamas. Ryku vio cómo su torrente de fuego adoptaba formas imposibles y continuaba su trayectoria en el cielo, donde las llamas se apagaron. No se impresionó en absoluto de aquel comportamiento porque ya sabía que los Butterfree tenían la capacidad de usar ataques psíquicos. Eso convertía a un simple Pokémon mariposa en un rival peligroso.
El cazador de bichos no tardó en realizar su siguiente movimiento y desapareció de la vista de Ryku. El Charizard abrió los ojos y miró a su alrededor ante la inesperada pérdida de vista de su enemigo. No reconoció al momento el movimiento que había empleado, pero no le dio importancia cuando en el preciso momento en el que se volteó, recibió un impacto directo de un rayo psíquico. Ryku retrocedió, pero se mantuvo en el aire sin mayores problemas que un dolor agudo en la espalda. Sabía que sería un reto si es un bicho con ataques psíquicos. A la mínima que tenga oportunidad, acabaré con él.
El Butterfree disparó otro rayo psíquico a Ryku que él evadió fácilmente. Sin embargo, el cazador de bichos redirigió el rayo con el mismo movimiento que desvió el lanzallamas de Ryku y volvió a impactar en el Charizard. Esta vez, Ryku soltó un corto alarido y descendió unos cuantos metros. Se recuperó como pudo y ganó altura hasta estar en la de antes. Ryku miró al Butterfree con ojos asesinos. Veía injusto que, por mucho que se moviera en el aire, los movimientos de la mariposa harían que sus ataques siempre le dieran. Con solo haber recibido dos rayos psíquicos, ya estaba harto de él. Al final Ryku tomó una decisión: si sus ataques a distancia acababan dispersos por el espacio, los ataques cuerpo a cuerpo no los esquivaría tan fácilmente. Sin embargo, debía asegurarse de que le daría porque si reaccionaba a tiempo y desaparecía con aquel movimiento que lo perdía en su campo de visión, sería incapaz de atinar un golpe.
El caza—bichos se dispuso a repetir la misma táctica de controlar su rayo psíquico y lo disparó a gran velocidad hacia Ryku. El Charizard ya sabía que esquivarlo sería inútil, así que hizo lo que mejor se le daba en casos de desventaja: todo o nada. Cargó en su boca una enorme cantidad de fuego que provocó que le saliera humo de la boca e, incluso, de los orificios nasales y proyectó un lanzallamas mucho más potente que el primero que lanzó en el combate. Este lanzallamas engulló el Psicorrayo de Butterfree y el rayo provocó que las llamas cubrieran más terreno y obligaran al caza—bichos a olvidarse de desviar el ataque y se transportó a un lugar seguro.
Al desvanecerse las llamas, el caza—bichos suspiró aliviado. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que el Charizard había desaparecido. El caza—bichos no entendió lo que estaba ocurriendo; los Charizard no pueden usar el movimiento Teletransporte. Entonces, ¿dónde estaba? Su respuesta llegó inesperadamente cuando fue agarrado por una de sus patas y golpeado violentamente con un puño brillante en el cuerpo. El caza—bichos salió volando por los aires tan afectado por el puñetazo que no reaccionó a la hora de impedir estamparse contra el suelo. Antes de que empezara a descender, Ryku se aseguró la victoria envolviendo al Butterfree en llamas. Al ver el cuerpo debilitado del caza—bichos, se mantuvo cerca por si el Enlace entraba en modo reinicio antes de lo debido y proyectase el cuerpo humano del caza—bichos contra el suelo. El Butterfree cayó y a pocos metros del suelo el caza—bichos regresó a su forma humana.
—Gana el Charizard —sentenció el chico del uniforme verde.
Ryku volvió a su verdadera forma y socorrió al caza—bichos. Este hizo gestos de que estaba bien, pero Ryku insistió en ayudarle. El cazador agradeció la asistencia y se reunieron con los otros dos. Desde ahí la chica se encargó del caza—bichos.
—¿Quieres un descanso o crees que puedes continuar sin él? —preguntó el chico del uniforme a Ryku.
—Descanso, por favor.
Como se había especificado en la norma, Ryku reposó cinco minutos que se alargaron un par más por no haber mirado el reloj. Ahora era el turno de la chica. Ryku y ella se fueron a sus posiciones y esperaron a la señal del chico del uniforme para empezar el combate. Un grito tras una cuenta regresiva fue la señal del inicio de la pelea.
Ryku ya no impresionaba con su Enlace de fuego y solo importaba el Enlace con el que se enfrentaría ahora. La chica también encogió su cuerpo y Ryku reconoció la forma que adoptaba antes de que el brillo desapareciera. Un Pidgeot era el Pokémon del Enlace de la chica. Otro combate aéreo, espero que el último no sea igual, pensó Ryku. La chica y él alzaron el vuelo y se quedaron a una altura similar a la batalla del cazador de bichos.
Ryku pensó en el set de movimientos que tenía la chica. Gracias a su amigo Horti, que poseía el mismo tipo de Enlace, sabía que los Pidgeot eran rápidos y muy fuertes con ciertos movimientos especiales, sin embargo, la mayoría de ellos requerían de contacto físico, zona donde Ryku ganaba terreno sobre él. Si la chica necesitaba aproximarse a él para hacer daño, sería un combate equilibrado.
La chica fue la primera en atacar batiendo sus alas con mucha fuerza y velocidad, lo que empezó a agitar mucho el aire hasta convertirlo en intensas ráfagas de viento. Ryku recibió el viento como si de una tormenta de tratase y le exigía centrarse en mantenerse en el sitio. Aquello produjo que fuera incapaz de atacar y la chica aprovechara la ocasión para causarle un ataque rápido mezclado con la potencia del viento. Ryku se desestabilizó al momento y eso conllevó a un buen resultado, pues se había apartado del viento donde no le llegaba y uno malo por el golpe recibido. Se llevó una mano al costado con tal de mitigar el daño.
Ryku comprendió el estilo de combate de la chica. La velocidad era una de las mejores características de un Pidgeot y al combinarla con ataques veloces que, aunque fueran flojos, provocaban un daño duplicado. La chica se beneficiaría de esas dos ventajas para ganar y Ryku solo podía tener buenos reflejos con la finalidad de esquivar los ataques de la chica o igualarla con las mismas técnicas.
Eligió la segunda opción.
Ryku voló hacia la chica, la cual optó por escaparse y cuidar las distancias con el Charizard hasta que estuviera más débil. La chica se impresionó al comprobar la velocidad de Ryku, casi igualando a la suya, y ni siquiera las piruetas que realizaba para perderle lograban que Ryku continuara pisándole la cola. Al final la chica se rindió y sin previo aviso hizo brillar sus alas y le asestó un aletazo a Ryku que no se lo esperó y lo recibió como si le hubieran dado un guantazo. La chica repitió el mismo movimiento, pero entonces Ryku ya se había preparado y contraatacó con el mismo movimiento. El chocar de las alas produjo una onda que los entrenadores de abajo sintieron como una débil brisa. La chica salió muy mal parada con esa colisión pues Ryku había atacado con más potencia que ella y le dejó el ala muy mal parada. Podía seguir volando y usando las alas para otros ataques que las demandasen, pero debía olvidarse de emplearlas para otro ataque de ese estilo.
Ryku y la chica se separaron tras el impacto de las alas y se miraron mientras pensaban en su próximo movimiento. Ryku buscaba mentalmente la manera de acercarse a ella y asestarle su movimiento Cuchillada o dispararle su lanzallamas a una distancia a la que no le diera tiempo a evadirse del daño. El impacto de los dos ataques ala había afectado a ambos por igual, aunque Ryku no sabía el dolor que sufría la chica en esos momentos, y en todo el rato que llevaban peleando, ninguno de los dos se había quitado mucha vida.
La chica deseaba terminar el combate, ya fuera con una victoria o una derrota. No le importaba. El malestar del ala era constante y, a pesar de que a los ojos de otro no se notara, ella sentía el dolor como un zumbido molesto a pocos centímetros de la ojera y que no podía callar. Se cansó de esperar que Ryku la atacara y fue ella quien tomó la iniciativa con el primer golpe que logró acertar.
La chica dirigió el viento hacia Ryku e hizo que abarcara más terreno para que fuera capaz de dar más de dos golpes sin que el Charizard se separara de las ráfagas. Justo antes de ser arremetido por el viento, Ryku se acercó a una distancia que creyó adecuada y soltó su lanzallamas directamente a la chica. Viento y fuego chocaron y, al principio, el viento ganaba a las llamas dispersándolas y extinguiéndolas al cabo de unos segundos, pero, a medida que transcurría el tiempo, la balanza se equilibró. El viento se calentó por las llamas y estas se redirigían por aire caliente hacia arriba. Primero poco a poco, y luego brotó como una erupción volcánica. Ryku dejó de emitir fuego y la chica de provocar corrientes de aire, pero ya era demasiado tarde; ambos habían creado una fuente de fuego. Esta fuente fue atraída por la fuerza de la gravedad y llovieron pequeñas bolas de fuego que impactaron tanto en el Pidgeot como en el Charizard. Ryku soportó mejor la lluvia de fuego gracias a ser del mismo tipo que el ataque y la chica cayó tras haber recibido varios golpes de mal aspecto en su cuerpo. Poco después la fuente se desvaneció. Ryku aterrizó y comprobó que la chica había vuelto a su forma humana. Ella seguía siendo un Pidgeot. Ryku se sorprendió de que hubiera sobrevivido un ataque combinado que hasta había dañado decentemente a él siendo de tipo Fuego. A pesar de ello, la chica mostraba claros indicios de no poder combatir más: tenía el plumaje quemado, pero no con el efecto activo, y una de sus alas estaba más caída que la otra.
—Deberías rendirte. No puedes combatir más —le recomendó Ryku.
—¿Olvidas las reglas? Si no me derrotas por completo, no recibirás la recompensa —le recordó la chica—. Vamos, lo tienes fácil. Estoy a un golpe de regresar a mi forma humana. Me harás un favor y todo.
A Ryku no le gustaba vencer de esa manera, pero no había otra opción. Sus garras brillaron y dio una Cuchillada a la chica que terminó rodeada por la luz de la Prioridad Humana y retornó a su aspecto original. La chica dejó de comportarse como si sufriera justo después, solamente estiró un poco las extremidades y estaba como nueva.
—Gracias —dijo con una sonrisa.
Ryku regresó a su forma humana.
—Me has hecho sentir fatal en mi último ataque —confesó.
—¿En serio? Perdona, no era mi intención. Llevaba un rato molesta por el dolor del ala y encima se incluyó una lluvia de fuego. Aunque lo hubiera intentado, no hubiera podido atacar ya que dependo mucho de ambas alas.
—Este ha sido el combate más amargo que he tenido.
—Siempre hay una primera vez para todo. —La chica irradiaba felicidad y procuraba que Ryku siguiera los combates con normalidad—. Vamos, un combate más y habrás ganado. No pienses más en este, céntrate en el siguiente.
Ryku asintió, imbuido por los ánimos de la chica. Se reunieron con el caza—bichos y el del uniforme verde declaró vencedor a Ryku y le volvió a preguntar sobre el descanso. Ryku aceptó los cinco minutos ya que, aunque no estuviera cansado físicamente, emocionalmente hablando los necesitaba. Pasado ese tiempo, el chico del uniforme llamó a Ryku y le dijo que su combate estaba a punto de comenzar. Ryku se levantó y siguió al chico al campo de batalla. Cuando se colocaron cara a cara, el chico comentó:
—Este es el último combate por tu parte. Si me ganas, estarás un paso más cerca de la recompensa. ¿Estás listo? El combate empieza… ¡Ahora!
Ryku y el chico activaron sus Enlaces. Ryku asimiló su forma de Charizard y esperó a ver en qué Pokémon se convertiría el chico. Una vez más, el Pokémon enemigo era más pequeño en comparación con la altura del Charizard, incluso un poco más que el Butterfree del cazador de bichos. Al final la silueta del chico dejó de brillar y enseñó la forma de un Primeape con sus destacables grilletes negros y el morro de cerdo. Ryku confiaba en que no fuera tan agresivo como los salvajes.
El Primeape realizó el primero movimiento y corrió hacia Ryku, saltó a mitad de camino y cayó con uno de sus pies brillando por el ataque. Ryku esquivó el ataque alzando el vuelo un par de metros y observó el destrozo que provocó la patada del chico. La tierra se había quebrado y levantado una buena cantidad de polvo. El polvo fue un buen escondite para el Primeape el cual no había terminado su asalto con el pisotón y saltó de nuevo y alcanzó a Ryku al que agarró y lanzó contra la tierra con una fuerza muy superior a la que uno se imaginaba. Ryku se estampó y rompió suelo y levantó polvo. Se recuperó del golpe rápidamente y reaccionó a un nuevo ataque del chico.
A Ryku le invadió la ira tras haber recibido dos ataques seguidos sin posibilidad de contraatacar en ningún momento y en cuanto el Primeape se le acercó, usó su ataque ala para clavarle una de sus alas brillantes en el morro del Primeape y alejarlo de él con un impulso que lo mandó por los aires varios metros de distancia.
Incluso con ese movimiento tan efectivo contra su tipo, el Primeape ignoró el dolor y retomó su ofensiva sin mayores repercusiones y comenzó a golpear varias veces al Charizard. Ryku se protegió de los puñetazos con sus brazos y consiguió que mitigar el daño al mínimo. Cuando el Primeape terminó su ofensiva, llegó el turno de Ryku que evitó que el chico se alejara de él y enganchó su pata derecha con uno de sus brazos, lo acercó a él y le metió su movimiento Megapuño en la cara que repitió el lanzamiento de varios metros de distancia. No obstante, Ryku no quiso terminar ahí su ofensiva y voló en la misma dirección a la que iba el Primeape y aceleró con tal de adelantarse. Lo logró con un pequeño margen de diferencia que usó para golpearle de nuevo con una de sus alas brillando y sentenciar el combate con su lanzallamas. El combo de tres ataques fue suficiente para activar la Prioridad Humana del brazalete del chico y devolverlo a su estado original. El chico se quedó unos instantes tirado en el suelo y luego se levantó y dijo:
—Gana el Charizard. Enhorabuena, has vencido a tus tres rivales. Tu parte del premio está asegurada.
Ryku desactivó su Enlace y volvió a su forma original.
—Gracias.
Los compañeros del chico se reunieron con ellos.
—Vamos a ver cómo van los combates de tu amigo si no han terminado ya.
Los cuatro fueron junto al grupo de Dylan y por el camino vieron como un torrente de agua mandaba por los aires un Sandslash y dejaba que la gravedad causara el daño adicional. Cuando se unieron a los dos miembros que o bien esperaban o ya habían sido derrotados, uno de ellos comentó:
—Qué suerte ha tenido. En la mayoría de combates poseía la ventaja de tipo.
—Me atrevería a decir que ganaría, aunque tuviera desventaja de tipo. Ese entrenador no es un novato, se nota que ya ha combatido muchas veces.
—Ruth, Gorka, ¿cómo han ido vuestros combates? —preguntó el chico del traje. Ruth y Gorka no sabían que el grupo de Ryku estaba detrás de ellos y se sobresaltaron.
—¡Qué susto, Eze! Ni se te ocurra repetirlo —se quejó Ruth.
—Perdona, pero en cuanto a mi pregunta…
—Hemos perdido —respondió Gorka—. Ese entrenador es demasiado fuerte para nosotros. Y creo que Tino está a punto de perder también. ¿Qué tal han ido vuestros combates?
—Los tres hemos perdido nuestros combates. El amigo de vuestro rival ya tiene asegurada su recompensa.
Un ruido de algo impactando contra el suelo llamó la atención de todos. Tino, en su forma de Sandslash, brilló por completo y después volvió a ser el joven de siempre.
—Sí, tres a cero. Gana nuestro rival —decretó Ruth.
Dylan ayudó a Tino a levantarse del suelo y ambos fueron con los demás.
—¿Qué, Ryku? ¿Ganaste a tus contrincantes? —inquirió Dylan. Ryku le hizo un gesto con el pulgar hacia arriba que le sirvió como respuesta—. Sabía que tú también lo conseguirías. Nos hemos ganado esa recompensa.
—Dadnos un momento, por favor —pidió el chico del uniforme.
Los Seis se reunieron y formaron un círculo entre ellos. Ryku y Dylan se mantuvieron al margen de lo que estaban haciendo. Un minuto después el chico les dio dos discos, uno para cada uno, iguales a las Máquinas Técnicas.
—Insertad los discos en vuestro lector de MT y aceptad —pautó el chico del uniforme.
Ryku obedeció y nada más introducir el disco en su brazalete, le emergió una ventana en la que se leía que el disco intentaba realizar una acción con la cartera de entrenador y si daba permiso de que continuara con dicha acción. Ryku aceptó y en la ventana apareció una barra que se completó en escasos segundos y debajo de la barra salió una frase que decía que había recibido dos mil Monedas de Combate acumuladas entre tres entrenadores y le felicitaba por una victoria. Al cerrar la ventana, automáticamente el lector expulsó el disco y Ryku terminó de extraerlo.
—Curiosa forma de entregar el premio —comentó Ryku.
—Es un método sencillo y muy eficaz —respondió el chico—. Normalmente solo usamos un disco que vamos pasando entre los miembros de los Seis para traspasar el dinero de la derrota al disco y acumularla con los demás. Este disco nos da la oportunidad de pasar las monedas como si nos hubieran derrotado dos veces seguidas, lo que al acabar de recolectar las Monedas de Combate obtenemos el doble de la acumulación estándar.
—¿Esos discos son legales?
—Solo para los que son miembros de los Seis del Puente Pepita. El disco nos lo diseñaron especialmente para ello y se aseguraron de que solo funcionase con las identificaciones de las actuales partes de los Seis. Si no formas parte del grupo, este disco es más bien basura.
—Interesante cuanto menos.
—Bien, ya hemos terminado con vosotros. Si algún día queréis repetir el desafió de manera individual, ya sabéis dónde encontrarnos.
—Lo tendremos en cuenta. Gracias por todo.
Ryku y Dylan se despidieron de los Seis los cuales regresaron al Puente Pepita y algunos de ellos se dirigían a ciudad Celeste a reiniciar sus Enlaces en el centro Técnico. Con caminar un poco más Dylan anunció que habían dejado atrás la ruta 24 y solo les quedaba la 25 antes de dar con la playa.
