Taichi lleva un rato con la vista fija en Sora, siguiendo sus movimientos hasta que finalmente pasó cerca de él, alargando la mano para posarla en su brazo y reclamar así su atención.

- ¿Qué? – le preguntó confusa, girándose hacia él.

- Eso digo yo… ¿qué?

Frunció el ceño, quedándose pensativa. Hacía ya un rato que Yamato se había ido a la habitación con la pequeña, habiéndole entrado el sueño a la niña. Mientras tanto, ellos dos se habían quedado en el salón tranquilamente, ya que los digimon habían ido tras el rubio. Sora lo observó unos segundos, hasta que terminó por atar cabos de lo que pasaba por la cabeza de su amigo.

- Estoy bien – respondió sin necesidad de que preguntase nada más.

- ¿Me lo tengo que creer?

- Pues no vendría mal. Te estoy diciendo la verdad – cruzó los brazos, observándolo-. Te lo digo en serio.

- Sora…

- No, déjate de Sora. No te miento. Cuando me lo soltó sí que me tomé mal y me llevé un buen disgusto. Pero mira, la cosa no ha sido para tanto y solo van a ser unas semanas y ya está.

- Te creo una adulta lo bastante funcional, incluso ahora con un bebé, como para sobrevivir un par de semanas tú sola. Sabes perfectamente que no lo pregunto por eso… - le lanzó una mirada significativa.

Guardó silencio, estudiando así la expresión de él. Sabía perfectamente a lo que se refería, pero tampoco quería pensar en ello. En el momento en el que había recibido la noticia había sido inevitable, pero sabía esconder muy bien que le daba miedo que cualquier cosa pudiera pasar. Ya no estaba relacionado únicamente con el accidente de años atrás, sino porque, evidentemente, el trabajo de Yamato, en situaciones como aquella, era más que un motivo para estar nerviosa por ello.

- El día que de verdad se tenga que ir hablamos, ¿vale? No es lo mismo. Esto es totalmente rutinario, cada detalle se conoce a la perfección… No es lo mismo.

- Como si me hablas en otro idioma. Ahora mismo, me preocupa más bien tener que volverte con semejante ataque de nervios encima como la última vez.

- Eso fue culpa tuya por no estar dónde tenías que estar en su momento… - intentó bromear, notando que no le seguía el juego, encogiéndose de hombros-. Estoy bien, te lo prometo, ¿vale?

Sonrió, esperando que él relajase el gesto, consiguiéndolo unos segundos más tarde y aprovechando ese momento para acercarse y posar una de sus manos sobre las de él.

- Gracias.

- ¿Por qué? – arqueó una ceja, confuso.

- Ya sabes por qué – amplió su sonrisa-. Además, míralo por el lado bueno, puedes aprovechar para chantajear a Dai un poquito y que se ponga de tu parte.

Se dio cuenta perfectamente del cambio de tema que le acababa de hacer ella, dejándolo correr y prefiriendo no volver al tema más serio. Podía creerse que ella pensara que estaba bien. Sin duda unas semanas no era nada comparado con los meses que él se había ido la anterior vez, pero sabía qué era lo que realmente podía preocupar a su amiga, y que, dijera lo que dijera, eso iba a estar presente. Sin embargo, no iba a ser él quien ayudara a que pudiera ponerse más paranoico.

- Con ese crío y Yamato llevo las de perder – se encogió de hombros-. Tu siempre encantador marido sabe cocinar y creo que con eso se puede comprar únicamente a ese niño…

- Bueno… No te diría yo que no. Pero le siguen gustando más mis galletas – sonrió, agradeciendo el cambio de tema y que hubiera cedido tan rápido con él-. Aunque eso seguro que tiene que ver con que lo dejo hacerlas conmigo y enredar hasta que acaba rebozado de harina él también.

- ¿Ves? A mí también puedes dejarme hacer galletas contigo y me tendrías ganado…

- Taichi… Me quemarías la casa…

Abrió la boca lentamente, fingiendo ofensa y sorpresa ante las palabras de ella. No tardó en entrecerrar los ojos para lanzarle una mala mirada y alejarse, rompiendo el contacto que habían tenido hasta entonces.

- Ya vendrás, ya… Ya vendrás.

- Anda… no te me enfades – riéndose, fue directa a su amigo, aprovechando el momento más relajado entre ambos para quedarse abrazada a él-. Gracias por preocuparte tanto por mí – le murmuró por lo bajo.

No dijo más, esperando unos segundos antes de devolverle el abrazo, apretándola con fuerza.

Yamato acostó a Aiko, habiendo esperado a que se quedara dormida en sus brazos como siempre. Sin duda era algo que iba a echar muchísimo de menos cuando se tuviera que ir, pero, a la vista del trabajo que tenía, había tenido suerte. No se iba a perder el primer cumpleaños de su pequeña y eso, sin duda alguna, lo tranquilizaba. Tampoco se iba a perder el segundo aniversario… El segundo ya. Sonrió automáticamente ante ese pensamiento.

Era curioso lo rápido que pasaba el tiempo. Tanto que no había sido capaz de darse cuenta tan siquiera de que el viaje que tenía por delante era más que inminente. No lo había querido ver. Esa era la realidad. Estaba demasiado centrado en su familia. ¿Y cómo no estarlo? Sonrió ligeramente, acercándose a tapar mejor a la pequeña antes de salir con cuidado de a habitación para no hacer ruido.

Frunció el ceño cuando se encontró de nuevo a Sora sola, buscando con la mirada a Taichi.

- ¿Qué has hecho con él?

- ¿Yo? Nada, lo llamó Koemi. Y ya sabes, hay que obedecer… - divertida, sonrió quedándose mirando hacia él.

- Sí, algo sé ya… - se acercó hacia ella, observándola distraído.

- ¿Tienes hambre?

- ¿Por qué?

- Porque se me había ocurrido que podemos ir haciendo la cena tranquilamente entre los dos.

- ¿Podemos? – llegó hasta ella, quedándose de brazos cruzados delante de ella.

- Deja de hacerte el interesante – le dijo, señalándolo con el dedo-. Si quieres oírme decir que tengo hambre, ya lo estás escuchando. Anda, si hacemos la cena entre los dos acabaremos primero…

Se echó a reír automáticamente nada más escuchar sus palabras, habiéndolo hecho precisamente por lo que ella le había dicho. Sin duda iba siendo hora y aunque le hubiera gustado que Taichi se quedara algo más, era buen momento para empezar a prepararlo.

- ¿Qué te apetece? – le preguntó finalmente.

Pasado un rato, mientras que terminaban de hacer la comida, Sora se estiró para poder coger uno de los platos del armario de arriba, escuchando automáticamente la risa de Yamato y notando como se acercaba a ella para poder bajándoselo él.

- ¿No te estarás entreteniendo en ponerme las cosas más arriba? – le dijo girándose hacia él.

- No sé, vas a tener que empezar a tener mejor vigiladas las cosas – sonrió, entretenido, posando el plato-. Ademas, ¿qué ganaría yo con eso?

- Un par de malas miradas por gracioso, eso seguro – le dijo, aprovechándose de su situación para meter el dedo en el pequeño cuenco en el que había dejado al lado de la encimera, haciendo un rápido movimiento para manchar así la mejilla de él.

Sorprendido, por el ataque que acababa de recibir, arqueó una ceja, llevándose así la mano a dónde ella lo había manchado, llevándose después el dedo a los labios.

- Pues yo creo que nos está quedando bien la cena – divertido, se quedó observándola unos segundos-. Aunque no sé yo si tendré que comprobarlo mejor…

- No, ni se te pase por la cabeza, que ya he duchado antes… Yamato… - adivinando sus intenciones, intentó escaparse sin llegar a conseguirlo, viendo como cerraba los brazos en torno a ella para no dejarla huir.

- Has empezado tú… - avisó antes de hacer exactamente lo mismo que ella segundos antes.

- ¡Yamato! – riéndose, intentó zafarse, sin conseguirlo, notando como conseguía mancharla-. Eres un tonto…

- Uy, se me debe de haber pegado de ti…

Entre risas, volvió a hacer lo mismo, entretenido, viendo como sus intentos por escaparse ni siquiera iban en serio, acercándose a ella para darle un beso allá dónde la había manchado, notando como se quedaba quieta en ese momento.

- Yo creo que deberías de asegurarte de que esté todo bien, solo por si acaso, no vaya a ser que terminemos de hacer la cena y no nos guste – le dijo, buscando su mirada antes de dedicarle una sonrisa significativa.

- Sí. Además, no me ha quedado demasiado claro si le falta sal o no a la cena – intentó sonar serio sin conseguirlo, cerrando los brazos con fuerza en torno a ella para atraerla contra él y dejarla a su altura en cuando sintió sus brazos cerrarse en torno a su cuello.

- Qué rápido te dejas convencer – le dijo, divertida, sin dejarse besar cuando vio que se acercaba a ella, aprovechando para quedarse bien sujeta también cerrando sus piernas en torno a él.

Ni siquiera se molestó en negarlo, únicamente frenando en seco para volver sobre sus propios pasos para apagar el fuego, escuchando la risa de ella automática tras darse cuenta de lo que acababa de hacer.

- ¿Se te ha pasado el hambre ya? – le dijo cuando se sentó en el sofá, dejándola así sentada sobre él.

- No, pero creo que tengo una distracción mejor en mente. Yo creo que se me puede pasar el hambre un rato…

- Ah, bien, eso es bueno, ¿no? Me deja en muy buen lugar, te sirvo de distracción frente a la comida. Creo que es lo más bonito que me has dicho en mucho tiempo.

- Ya, intenta que no se te suba demasiado a la cabeza, hazme el favor – dijo entre risas antes de arrastrar sus manos hasta los cuellos de él para darle un tirón y poder así darle un beso por fin.

Notando como cerraba sus brazos con rapidez en torno a ella, sonrió entre el beso, acomodándose mejor en su nueva posición. Le gustaba demasiado la capacidad que tenía para hacerla olvidarse de que, realmente, el par de días anteriores habían sido más complicados de que lo que a cualquier de los dos podría gustarles. Y, sin duda, no trajo pensamientos relacionados con aquello a su cabeza, por suerte.

- Oye, ¿y si a los digimon les da por salir? – preguntó cuando se separó, jugando con sus dedos por los costados de ella.

- Yo creo que ya han aprendido a que es mejor dejarnos a nuestro aire de vez en cuando, y sino… Que lo vayan aprendiendo, que ya va siendo hora.

Estaba segura de que ya estaban más que escarmentados y que, dado el caso, no aparecerían. Quizás más adelante tendrían que preocuparse de que la que saliera de repente de la habitación fuera la pequeña, pero mientras que no pudiera andar ella sola, tenían mayor libertad. Sonrió ligeramente antes de darle un empujón al rubio para que se quedara con la espalda apoyada y que la dejara hacer a ella.

- Yamato... – le dijo, acercándose hasta su oído-. ¿Me has traído algo de postre?

- ¿Por qué? ¿Debería de haberlo hecho? – metió las manos lentamente dentro de la camiseta de ella, acariciando sus costados.

- Deberías, sí. Es parte de tu treta cuando intentas que esté de mejor humor – se separó mínimamente para poder dedicarle un puchero totalmente fingido.

- Ahí te equivocas, lo del postre es algo que tengo ya por costumbre, se me acuse de algo o no. Lo que pasa es que me puedo esmerar más con él dependiendo de la gravedad de los hechos. Pero, para que no te me quejes, seguro que algo se me ocurre para compensarte – pinchó con sus dedos entre sus costillas antes de estirarse para poder volver a besarla.

Se dejó alcanzar sin mayores problemas, inclinándose ella hacia delante para que no tuviera que despegarse del respaldo. Se entretuvo mientras que duraba el beso en buscar el comienzo del jersey de Yamato para empezar a tirar de él hacia arriba. Notando como la dejaba maniobrar, dejando los brazos hacia arriba cuando se separó para que pudiera sacárselo por la cabeza, sonrió, dejándolo caer al suelo.

- ¿Te han entrado las prisas? – le dijo sonriendo de medio lado.

- Sigo teniendo hambre… Solo que he cambiado de orden de prioridades – contestó antes de repetir las acciones de antes, pero ahora con su camiseta, dejándola también en el suelo.

Entretenido por el comportamiento de ella, la dejó ser quien tomara el control de la situación, colaborando únicamente en dejarle movilidad y ayudándola cuando notaba que lo necesitaba, volviendo a levantar sus brazos para dejarla quitarle también la camiseta que había llevado debajo del jersey aquel día.

Echó la cabeza hacia atrás cuando vio que se inclinaba hacia él, dejándole así libre acceso a su cuello, dedicándose únicamente a disfrutar del momento, manteniendo la sonrisa que había tenido hasta entonces. Movió los brazos para dejarlos en la espalda de ella, buscando así poder soltar el cierre del sujetador, recorriendo entonces su piel con las manos.

- ¿Yo tenía prisa? – murmuró divertida, acercándose a su oído antes de apartarse para poder ponerse en pie.

Por mucho que le gustara usarlo a él de asiento, necesitaba poder moverse con más libertad para hacer aquello. Dejando ir una suave risa al ver que entendía perfectamente por qué se había apartado, aprovechó para terminar de quitarse la ropa, esperando que hiciera lo mismo antes de recuperar su posición inicial.

- Yo creo que ahora podemos discutir mejor sobre la prisa que hay por cenar o no – le dijo ella antes de reclamar un beso de nuevo, dejándose llevar del todo.


AnnaBolena04: no me había olvidado del capítulo, simplemente acabo de pisar por casa tranquilamente casi que desde que me levanté de la cama y mejor no te cuento qué hora es porque todavía me pegas. En fin, la cosa es que he llegado y estoy siendo buena y actualizando aquí en vez de irme corriendo a leer el FF que sigo desde hace siglos y me actualizan con menos frecuencia que mis días libres jajaja

Ya tocaba un poquito de tema tortuguil, aunque sea una versión más light, pero bueno, ya sabemos que últimamente no me da la vida para nada y más para detallar más en temas tortugosos. Lo importante es que a la pobre pelirroja se le ha pasado el susto algo más y se ha ido a rondar a su marido con buenas intenciones que les hacía ya falta a los dos. Mejor que no se entere el embajador a lo que se dedicaron esos dos nada más que salió por la puerta que es capaz de traumatizarse como todo diplomático digno e internacional que es.

¡Un besito de tortuguita!

Guest Vecina: pues ya ves... Ayer muriendo del calor y del bochorno y hoy he tenido que estar en pantalón largo y un jersey finito porque hacía frío. Y así es como se pillan los catarros en el norte... A ver mañana qué día tenemos porque creo que te puedes imaginar lo simpático y loco que sabe ser nuestro clima del norte. Descansar antes de ir... las ganas que tengo. Ni antes ni después, porque entre una cosa y otra... Luego preguntan por casa que por qué ando de mal humor y cuando hacen la gracia de que me queda poco para volver al trabajo los mando a la mi****. Mañana de entrada solo te diré que trabajo...

Esos tres no necesitan abrir la boca para entenderse entre ellos. Tienen el matrimonio bien montado. Esperemos que los nenes sigan el mismo camino y al final quede todo en familia y terminemos de morirnos del fangirleo entre todos. Si te gusta el tema nenes... Solo te diré que yo ya he escrito a los nenes interactuando entre ellos, para que te vayas preparando, digo...

No, no les pega lo ostentoso ni de casualidad. Se mudan porque necesitan espacio, no porque quieran un sitio más cool. Y aunque a veces sí que apunten un poco más alto de la media de mortales, no tienen pinta de ser precisamente dos que estén cómodos en esos ambientes. Taichi cuando se mete con ellos por esos temas lo hace únicamente por tocar las narices jajajaja Ellos dos me parece a mí que tendrían exactamente la misma dinámica en cualquier otro contexto. Precisamente por eso han salido corriendo de la casa que les enseñaron, pobrecitos jajaja

Y aunque sea cortito y de los más "light" un poquito de tortugueo nunca les viene mal a estos dos, que ya sabemos que le tienen mucha afición... Y en realidad - que puede ser que lo haya escrito y no me acuerde - llevo bastante tiempo sin escribir uno y ya debería de ir tocando pero shhhh, que últimamente escribo un capítulo en tres días. ¡Un bico grandote vecina!