Ryku se despertó en el preciso instante en que la alarma del brazalete Enlace empezó a sonar. Sin embargo, tardó un par de minutos en despegarse las sábanas del cuerpo y evitar caer en el sueño de nuevo. Cuando finalmente consiguió separarse del colchón, se lavó la cara, se peinó y vistió. Luego cogió el brazalete, se lo puso en el brazo izquierdo y examinó cómo estaba de dinero de entrenador. Observó las transacciones que había realizado y miró si la recompensa de Misty había sido igual o mayor a la de Brock. Para su sorpresa, fue mayor, aunque no mucho más de las mil quinientas de Brock. Dejó de centrarse en el brazalete y guardó sus pertenencias en la mochila con tal de poder irse al poco de desayunar.

En el comedor ya estaba Dylan con su desayuno servido. Ryku se preparó el suyo a base de zumo y tostadas con mermeladas de diversas bayas y se sentó en la mesa donde estaba Ryku.

—Buenos días —saludó Ryku. Dylan le devolvió el saludo con las mismas palabras—. Hoy salimos a por mi próxima medalla. ¿Cuál es el Gimnasio más cercano?

—Pues hay dos relativamente cerca el uno del otro. Uno en ciudad Azafrán y otro en ciudad Carmín —comentó Dylan—. Lamentablemente, el Gimnasio de ciudad Azafrán es muy complicado para un entrenador que recién empieza su viaje. Es más, Sabrina, su líder, tiene una norma extra que obliga a los entrenadores que se enfrentan a ella poseer un mínimo de medallas. Creo que eran cuatro, si mal no recuerdo.

—Entonces ciudad Carmín es nuestro próximo destino. Así, además del Gimnasio, podemos pasar un día en el S.S Anne gracias a los billetes que nos dio Bill y asegurarnos de que no nos perdemos subir al crucero.

—Al ritmo que vamos, dudo que eso sea posible. En menos de un mes hemos visitado tres ciudades en las que hemos hecho turismo en dos de ellas, atravesado un enorme bosque y un laberíntico monte y pasado por varias rutas. Algo gordo debe ocurrir para que se te obligue a adquirir medallas a un ritmo más lento —bromeó Dylan.

—¿Tengo que ralentizar mis pasos para que puedas alcanzarme? —continuó la broma Ryku.

—Por favor. Una lenta tortuga como yo no puede seguir los pasos de un dragón que vuela. Es injusto.

Los dos jóvenes rieron ante el nivel de tonterías que estaban diciendo.

—Oye, como para llegar a ciudad Carmín hay que pasar por ciudad Azafrán, ¿te importaría si hacemos una parada en mi casa? —preguntó Dylan ya dejando las bromas a un lado—. Hace meses que no me paso por allí y ahora que tengo la oportunidad de hacer una visita, quiero aprovecharla. Así de paso te presento a mis padres.

—Claro. Sin problema.

Ryku y Dylan terminaron de desayunar y abandonaron el comedor. Cada uno se marchó a su habitación a recoger sus pertenencias y, tras comprobar que no se dejaban nada, bajaron a la recepción donde habían quedado y salieron del albergue. Ciudad Azafrán se hallaba al sur, pero la salida que llevaba directamente a la ruta 5 se encontraba de mantenimiento por la inesperada caída de un árbol. Ryku y Dylan no tuvieron más remedio que tomar la salida este que apuntaba a la ruta 9 e ir por el camino alterno que se dirigía a la ruta 5. Por el camino, Ryku y Dylan vieron una escena policial en la que unos hombres tomaban notas a un hombre barbudo y su mujer delante de una casa derrumbada casi en su totalidad. La mujer lloraba desconsoladamente mientras el hombre barbudo hablaba con los policías. El perímetro de la casa estaba lleno de más policías en las que se añadían a la escena bomberos y una ambulancia. Ryku y Dylan tuvieron que moverse siguiendo las indicaciones de un policía hasta conseguir salir de la ciudad.

—Nota para los dos: por si acaso no bromeemos más sobre obstáculos que nos ralenticen —comentó Dylan a medida que ciudad Celeste iba desapareciendo.

—Estoy de acuerdo. Parece que las casualidades han ido de la mano con nuestras palabras. ¿Qué crees que ha podido suceder en esa casa?

—A saber. ¿Una explosión de gas? ¿Algún problema con la estructura de la casa que haya hecho que se viniera abajo? Incluso puede que haya sido culpa de un Pokémon que tuvieran como mascota.

—No creo que un Pokémon mascota haya sido el culpable. Es decir, es bastante improbable que sean capaces de provocar tales daños… ¿verdad?

Dylan se encogió de hombros.

—Cualquier Pokémon puede ser una caja de sorpresas, te lo aseguro.

—Y yo lo corroboro.

Ryku rememoró el día en el que sin querer Antorcha incendió una habitación de la casa de la profesora Dalia simplemente estornudando. Fue un mal momento para que aprendiera el movimiento Ascuas.

La ruta 5 resultó ser una ruta simple y muy poco tortuosa comparada con las demás rutas por las que Ryku y Dylan habían transitado. Lo que destacaba de aquella ruta era unos desniveles llenos de hierba alta por la que fácilmente se topaban con Pokémon salvajes que, a su favor, les tenían miedo y huían en cuanto les detectaban. Dylan recordaba la ruta 5 como una de las más calmadas y donde menos posibilidades existían de toparse con Pokémon salvajes hostiles y entrenadores que desearan combatir. Ryku se decepcionó un poco con aquello último porque no le venía mal practicar un poco y seguir aumentando su economía de entrenador.

Hubo un punto de la ruta en la que la hierba alta desaparecía en su totalidad y el recinto cortado estaba rodeado por una alta valla de madera. En el interior de la delimitación existía una casa y en el campo se podían ver Pokémon correteando alegremente y siendo vigilados por un hombre anciano y dos personas más vestidas con uniforme. Había una gran variedad de Pokémon que estaba siendo atendidos por aquellas personas, entre las cuales solían destacar los Pikachu y los Squirtle, de los cuales de los últimos uno llevaba unas curiosas gafas de sol como accesorio. Ryku y Dylan se pararon a observar un poco a los Pokémon y reanudaron el camino al cabo de un rato.

Ryku le preguntó a Dylan acerca de aquel lugar, qué era. Dylan le habló de la guardería Pokémon y de su utilidad por si Ryku no tenía idea de cómo funcionaba. Ryku no necesitó que su amigo fuera tan detallista con explicarle lo que era una guardería Pokémon, aunque Dylan se explayó un poco más de lo debido igualmente hasta el punto de revelarle que el pokémon del cual posee el Enlace lo adoptó de la guardería por la que acababan de pasar.

—Los Squirtle que hemos visto… ¿El tuyo perteneció a ese grupo? —inquirió Ryku.

—Imposible. Han pasado muchos años desde que adopté a mi Squirtle por lo que fácilmente aquellos pueden pertenecer a otra generación de tortuguitas.

—Comprendo.

—Oye, ahora que pienso… ¿Llegamos a hablar de los Pokémon originales de nuestros Enlaces? —preguntó Dylan—. Ahora que he hablado un poco de mi Pokémon, ¿por qué no hablamos más de ambos y así amenizamos el paseo por la ruta?

—No es mala idea.

Ryku y Dylan estuvieron conversando largamente de sus Pokémon, contándose cómo los obtuvieron y el entrenamiento que realizaron con tal de lograr que evolucionaran hasta su forma final. Por parte de Dylan, el adiestramiento de su Squirtle fue poco llamativo en comparación a lo que Ryku contaba, pero las anécdotas que añadía Dylan hacían que resultara de lo más divertido de escuchar.

—Podrías haber sido bombero si no te funcionaba lo de ser entrenador Pokémon —comentó Ryku entre risas. Dylan había relatado un día en el que él y su Pokémon fueron de gran ayuda al apagar un incendio en un bloque de apartamentos.

—No eres el único que me lo ha dicho. Y no lo niego: ser bombero no es una mala profesión. Pero mi sueño siempre fue ser entrenador Pokémon y estoy cumpliendo mis objetivos como tal. —Dylan echó un rápido vistazo al cielo—. Ahora es tu turno de hablarme de tu Pokémon original.

Ryku narró el trayecto por el que pasó junto a Antorcha para evolucionarlo en un Charizard. Gran parte de su historia la componían anécdotas de desafío, de cómo un Charmander debía entrenar en combates en los que era débil por tipo y rara vez él tenía la ventaja. También contó alguna divertida anécdota, como la del incendio que había recordado anteriormente y su desventaja a la hora de jugar al escondite. Cuando Ryku llegó a la primera evolución de Antorcha, Dylan tuvo un momento de desconcierto al pensar que había cambiado por error a su Pokémon original por otro. Ryku replicó que era realidad: Antorcha obtuvo una personalidad bastante diferente como Charmeleon que como Charmander.

—Caray, creía que lo que oí sobre las transiciones de un Charmander exageraban cuando decían que debías debilitar su orgullo si querías acabar estableciendo un Enlace con ellos —dijo Dylan después de escuchar gran parte de la trama de entrenamiento de Ryku con su Charmeleon.

—Pues es cierto. Muy cierto —corroboró Ryku a las fuentes de Dylan—. Siendo un Charmander no hay problema: tienes un pokémon amigable que, incluso, podría pasar como un Pokémon mascota. Pero cuando se vuelve un Charmeleon… el entrenamiento escala muchísimo ya que adora pelear contra Pokémon más fuertes que ellos, de ahí que se diga que hay que disminuir su orgullo. Es en esa fase evolutiva donde se decide tu capacidad como entrenador, al menos, eso me contaron.

—¿Y qué pasó después, cuando finalmente evolucionó a Charizard? ¿Te fue muy difícil lograr un Enlace con él?

—Para nada. Ocurrió precisamente a la inversa: mi Pokémon ya sabía desde el principio mis intenciones y solo tuve que esperar a que aceptara, lo cual pasó muy pronto. La profesora Dalia me dijo que esa acción significaba que había conseguido algo digno de un entrenador de dragones: domar a uno a través del respeto.

—Curioso que dijera eso sabiendo que un Charizard no es un dragón.

—Tal vez no de tipo, pero sí de aspecto —repuso Ryku—. No puedo comparar en comportamiento con un dragón de verdad ya que nunca he tenido la oportunidad de ver a uno salvaje, pero por cómo me lo dijeron, diría que no se diferencian el uno del otro en cuanto personalidad.

Ryku terminó su historia hablando del entrenamiento que tuvo después de establecer el Enlace. Dylan había practicado por su cuenta y se sorprendió mucho al oír que un humano fue entrenado por un Pokémon, incluso sintió algo de envidia.

—Si mi Blastoise me hubiera enseñado los trucos a la hora de combatir con su cuerpo, no me hubiera costado tanto dominarlo. Y tampoco hubiera tenido tantos problemas.

—¿Te refieres a lo del incidente con el coche de policía?

—El mismo. Pero también con gente de la ruta que no era entrenador. Daños colaterales de entrenamiento. Suerte que atacaba con agua y solo se llevaban remojones.

Ryku se aguantó la risa con aquel comentario.

—Por curiosidad, ¿alcanzaste a ponerle mote a tu Pokémon antes de liberarlo? —cambió de tema Dylan.

—Desde luego. Llamé a mi Pokémon Antorcha por unas más que claras razones.

—Veo que ambos elegimos los motes de nuestro Pokémon en base a sus características naturales, porque al mío lo llamé Hidrocan, aunque le gustaba más el nombre acortado Hidro —comentó Dylan.

—Hidrocan… ¿Por los cañones de agua?

—Los mismos.

—Creo que ninguno se rompió la cabeza pensando en un mote más complejo —opinó Ryku—. Puede que fuéramos a lo simple.

—Tal vez, pero me apuesto cualquier cosa a que los dos éramos muy pequeños cuando les pusimos los motes. No se le puede pedir mucho a la mente de un niño.

—Muy cierto.

Ryku y Dylan terminaron su conversación con la liberación de sus Pokémon. Dylan dijo que soltó a Hidrocan en el mar al este de Kanto. Ryku preguntó si los Blastoise eran más de agua dulce que salada, a lo que Dylan contestó que les valía cualquiera de las dos. Al menos, al suyo no parecía afectarle en lo más mínimo. Ryku explicó que la liberación de Antorcha fue dejarlo en el valle Charirrífico, o valle de los Charizard para memorizar mejor el nombre del lugar, para que continuara su entrenamiento personal con otros semejantes.

—Al menos sabes dónde está tu Pokémon original —dijo Dylan con un ligero tono triste—. Yo no sé si algún día volveré a ver a Hidrocan; el mar es muy grande y está a rebosar de Pokémon.

—Es posible que no esté lejos de Kanto —lo animó Ryku—. Dudo que Hidrocan abandoné a quien le entrenó durante tantos años. Seguro que anda por las costas de Kanto esperando el momento de visitarte.

—Tienes razón. Es lo más probable. Gracias por el ánimo, Ryku.

Ryku y Dylan avanzaron un poco más por la rut empezaron a divisar los rascacielos de ciudad Azafrán. No tardarían en llegar a la capital.

De repente se escucharon débilmente sonidos de sirenas. Al principio los jóvenes creyeron que se lo habían imaginado, pero, a medida que se movían por la ruta, los sonidos se hacían más fuertes y pronto la vista fue lo que les verificó lo que escuchaban. Había una aglomeración de gente y unos cuantos coches policías cerca del edificio que daba acceso a la ciudad. Por la situación, la policía debía estar restringiendo la entrada. Ryku y Dylan se metieron entre el grupo de personas en busca de respuestas a lo que estaba sucediendo. Casi todas las que escuchaban eran de aquellas personas que deseaban ir a la ciudad porque su casa estaba allí, pero los policías eran tajantes en su trabajo y se lo impedía. Como no encontraban explicaciones decentes, se alejaron del grupo hasta que sus voces no fueran más que susurros.

—¿Has entendido algo de lo que ocurre? —preguntó Dylan.

—Nada. Solo quejas de querer pasar y no poder. ¿Y tú?

—Igual. Sea lo que sea lo que haya ocurrido, debe ser grande si la policía actúa de esa forma. Pero ¿qué es lo que ha ocurrido?

Entre todos los gritos, un hombre se separó del grupo y se dirigió a Ryku y Dylan. Se le veía con cara de indignación y cuando se reunió con los jóvenes, les pidió educadamente que se apartaran. Sin embargo, Dylan le detuvo y le inquirió sobre la presencia policial en este acceso a la ciudad.

—¿No os habéis enterado? Ciudad Azafrán está en cuarentena debido a una especie de accidente provocado por una disputa entre la policía y una banda criminal. Este accidente se trata de una impresionante explosión en una zona de la ciudad, no sé cuál exactamente, pero se puede ver una columna de humo de esa explosión desde aquí… Mirad, justo ahí.

Ryku y Dylan dirigieron las miradas a donde el hombre señalaba y vieron lo que había dicho. Una enorme columna de humo negro se elevaba por encima de los árboles que rodeaban la ciudad. Debía tener ya casi cien metros de altura para verse tan bien con la distancia que los separaba del epicentro.

—¿Qué ha podido causar tal cantidad de humo? —preguntó Ryku.

—A saber. La policía no da ningún detalle al respecto, aunque se baraja entre el uso de bombas o un combate en el cual los ladrones tenían Enlaces de Pokémon con la misma capacidad destructiva como Electrode o Weezing. Yo me decanto por la segunda opción ya que la bomba ha de ser muy potente para superar las explosiones de los Pokémon que se especializan en detonarse a sí mismos. En fin, tengo que pensar a dónde voy a ir ahora que mi casa no está al alcance. Nos vemos.

Ryku se despidió del hombre y le agradeció la información que le había proporcionado. Lo miró alejarse por la ruta en dirección a ciudad Celeste un momento y luego clavó la vista en la columna de humo.

—Yo también pienso que las explosiones han tenido que ser a través de Enlaces de Pokémon, o de Pokémon salvajes, ya que se barajan posibilidades. ¿Tú qué opinas, Dylan?

No hubo respuesta.

—¿Dylan?

Ryku buscó a su repentinamente desaparecido amigo y lo encontró alejado de la ruta casi a punto de adentrarse en la hierba alta que tenía a escasos metros. ¿Cuándo se había movido hasta allí?, se preguntó Ryku. Se acercó a Dylan y descubrió que estaba usando el Holomisor del brazalete Enlace. Por respeto, esperó a que finalizara la llamada. Cuando terminó de hablar, hizo unos gestos de alivio y algún que otro de victoria. Luego se dio la vuelta y se topó con Ryku, que lo esperaba a pocos metros de él.

—Perdona por haberme separado sin avisar —se disculpó—. Quería saber cómo estaban mis padres con lo que ha ocurrido y prefería encontrarme en un lugar más silencioso.

—Sospechaba que era a ellos a quienes llamabas porque se suponía que íbamos a visitarlos. ¿Están bien?

—Sí. Por suerte la zona de la explosión se halla muy lejos de mi casa y no es una zona afectada. Pero tienen que permanecer ahí y no salir por si los criminales se dedican a coger rehenes para su huida. Toda la ciudad está sitiada buscándolos y no hay forma de entrar.

—Entonces, ¿Cómo llegamos a ciudad Carmín? —inquirió Ryku.

—El STA sería una buena opción ahora mismo, claro que tú aún no has visitado ciudad Carmín por primera vez. —Ryku corroboró la afirmación de su amigo con un movimiento de cabeza—. En ese caso, la vía subterránea es el único camino que nos llevará a ciudad Carmín.

—¿No la habrá cerrado también la policía?

—No creo. Los accesos a la vía se ubican fuera de la ciudad y a su vez está apartada de la parte subterránea de la ciudad, como un camino totalmente independiente.

Ryku asintió y él y Dylan se dirigieron a la entrada de la vía subterránea, un edificio pequeño y austero al este de la ruta 5. Se aseguraron de que no les detenía la policía, pero no les hizo falta cuando una parte del grupo que discutía con los policías se unió a ellos a la hora de entrar en la vía. Ryku echó un rápido vistazo al interior del edificio y su decoración, pero no tuvo mucho que mirar más que unos pósteres en las paredes de diferentes productos, unas cuantas sillas y algunas macetas con pequeños arbustos. Ligeramente decepcionado, bajó las escaleras que había en el centro del edificio.

La vía subterránea era muy larga, tanto como lo era ciudad Azafrán de longitud de norte a sur e incluso un poco más. No había nada que llamase la atención más allá de algunos murales en las paredes y otras pinturas y el suelo cambiando de color a medida que se avanzaba. La vía solamente servía una función: conectar el norte con el sur de ciudad Azafrán sin tener que entrar en la capital de Kanto. No había nada que incitara a los que cruzaban la vía a pararse y pasar, aunque solamente fueran unos minutos, a mirar la zona. Se notaba mucho que los que mandaron construir la vía subterránea pensaban en un único objetivo y no en lo que podría ser después la vía. Una pena, según la opinión de Ryku.

Al cabo de unos minutos, Ryku subió unas escaleras en el final de la vía y se topó con un panorama similar al del edificio por el que había accedido a la vía. Sin nada que observar, salió del edificio y esperó a Dylan, el cual se había separado por culpa de la gente que había ido con ellos. Apareció como el último en abandonar la vía subterránea.

—¿Dónde estamos ahora? —preguntó Ryku.

—Ruta 6. La ruta que conecta ciudad Carmín con el sur de ciudad Azafrán. No nos queda mucho viaje.

La ruta 6 estaba más habitada por Pokémon salvajes y hierba alta que la anterior ruta. Los campos alrededor del camino de tierra invitaban a la gente a pasar el día bajo sus árboles solitarios o en campo abierto para contemplar la naturaleza. Ryku aceptó tal invitación y decidió comer bajo la copa de uno de los árboles. Dylan no tenía esas intenciones, pero su estómago le dijo todo lo contrario y se vio obligado a sentarse y acompañar a su amigo. Cuando terminaron, reanudaron su camino.

En un punto del camino les llamó la atención una explosión. Pero no una explosión cualquiera, sino una explosión de agua como si alguien hubiera caído desde bastante altura a una piscina. Ryku y Dylan echaron un vistazo en la dirección a la que habían escuchado la explosión y divisaron a un grupo de entrenadores combatiendo en un estanque cerca del camino. Ryku y Dylan intercambiaron una mirada.

—¿Te hace un combate Pokémon contra esos entrenadores? —preguntó Dylan.

—Desde luego. Me vendrán bien como precalentamiento contra el líder de ciudad Carmín.

Los jóvenes se aproximaron al estanque y se reunieron con la pareja que estaba contemplando el combate que se celebraba en el agua. Eran dos campistas que vestían igual que aquel mandamás de los Seis del Puente Pepita. Ryku y Dylan les saludaron y ellos les respondieron con la misma hospitalidad. Dylan fue directamente al grano y preguntó si alguno de ellos deseaba un combate contra él o su amigo. También añadió a los que ya combatían. Uno de los campistas tuvo que rechazar la oferta debido a que su Enlace estaba en modo reinicio y todavía le quedaban veinte minutos antes de volver a usarlo. La chica aceptó gustosamente el duelo, pero eligió a Ryku como rival.

—Genial, el que pide pelear es el que no pelea —se quejó Dylan en plan bromista.

—Puedes desafiar a Mikel —le respondió el chico—. Estoy seguro de que lo aceptará.

—¿De verdad?

—Es él quien me ha derrotado y acaba de vencer al caza-bichos con el que estaba luchando antes de que os acercarais. Los dos combates los ha realizado sin tiempo de descanso, lo que me hace entender que le encanta demostrar que no necesita reposar entre combates. Y me ha enseñado la medalla de la líder de ciudad Celeste, por lo que es un rival fuerte.

—¿Ah sí? —dijo Dylan. Su tono de voz sonaba como si fuera a disfrutar con lo que iba a decir y hacer a partir de ahora—. Veamos qué tan fuerte es este entrenador. Nos vemos luego, Ryku.

—Vale.

—Vamos a apartarnos un poco para no interferir en el otro combate —sugirió la chica—. Acompáñame.

Ryku siguió a la chica hasta un lugar apartado, no muy lejos del estanque y en pleno campo con una zona de hierba alta bastante cercana. Una vez los dos estuvieron de acuerdo con el sitio, se posicionaron cara a cara a una distancia aceptable entre ambos.

—Por cierto, me llamo Chío —se presentó la chica.

—Yo soy Ryku.

—Buena suerte, Ryku.

Y sin más preámbulos, los dos rivales activaron sus Enlaces. Ryku adoptó su forma de Charizard y observó el Enlace de su contrincante. Chío poseía la forma de un Marowak, un nuevo Pokémon al que no se había enfrentado nunca, por lo que debía ir con cuidado incluso teniendo la ventaja de tipo. No era inmune a todos los movimientos de tipo tierra.

El combate empezó por parte de Chío lanzando su hueso hacia Ryku. Este previó el ataque y lo esquivó con bastante facilidad, pero no se dio cuenta de que el hueso regresaba a su dueño y le asestó un golpe justo entre las alas que lo desequilibró y permitió al Marowak acercársele, recoger su hueso al vuelo y golpearle una segunda vez directamente en el hocico. Ryku retrocedió y se recompuso del multi ataque. Chío no había detenido su ofensiva y, mientras Ryku se recuperaba, ya estaba preparando su siguiente movimiento en el que se cubrió de un aura que expulsaba llamas con la punta invertida que ascendían y desaparecían cuando sobrepasaban su cabeza de hueso. Ryku no identificó ese movimiento, pero no se iba a quedar quieto a esperar a que terminase de realizarlo y voló hacia el Marowak.

Chío finalizó su movimiento en el preciso instante que Ryku ya estaba a punto de darle su potente Megapuño y contraatacó a una velocidad asombrosa. Ryku recibió un nuevo impacto del hueso, pero esta vez no se iba a dejar desequilibrar tan fácilmente y rodó con tal de clavar sus garras en la hierba y evitar así retroceder más. En cuanto su cuerpo se detuvo, disparó su característico lanzallamas desde la postura que había adquirido. Chío estuvo pendiente de la posible resistencia que pudiera darle Ryku y reaccionó acorde al ataque que estaba a punto de sacudirle haciendo girar su hueso a una velocidad lo suficientemente rápida como para desviar por completo las llamas. Desgraciadamente, ese movimiento la dejó expuesta y Ryku, a pesar de haberse sorprendido de la técnica del Marowak, aprovechó esa debilidad para propiciarle su siguiente ataque.

Ryku iluminó sus alas y las hizo chocar violentamente contra el hueso del Marowak, el cual era capaz de desviar el fuego, pero no consiguió el mismo resultado con algo tangible y terminó llevándose el cuerpo consigo un par de metros. Luego lo lanzó hacia arriba y, en el pequeño instante en el que un cuerpo se queda flotando en el aire, Ryku escupió un nuevo torrente de llamas que, esta vez, Chío no pudo bloquear y se envolvió en las llamas. Después de ardiente momento, el Marowak cayó con claras marcas oscuras que echaban humo provocadas por el fuego. Como no parecía que había activado la Prioridad Humana de su Enlace, Ryku asestó su golpe definitivo con su movimiento Cuchillada y así finalizó el combate.

Chío regresó a su forma humana mientras Ryku desactivaba su Enlace. La chica se quedó sentada un momento intentando reconocer dónde había caído y cuando vio a Ryku acercársele y tenderle la mano, se la agarró y se levantó.

—Buen combate —felicitó Ryku.

—Igualmente. Tienes una llama muy poderosa, si me permites el comentario.

—Puedo decir lo mismo con tu hueso. Hay que ver los golpes que metes, y eso que en principio soy inmune al tipo tierra.

A Chío se le escapó una corta risa.

—Tuve la suerte de que no eras muy de volar, de lo contrario hubiera sufrido mucho durante el combate.

—Si me hubieras dado la oportunidad… —protestó Ryku. Los dos se rieron—. Por cierto, ¿qué movimiento era ese que te cubría en un aura con llamas? No lo conozco.

—Se llama Foco energía. No es un movimiento de ataque, pero me ayuda a realizar golpes críticos con mayor facilidad. Creo que te di uno cuando contraataqué al acaba de usar el movimiento.

—Interesante. No lo olvidaré por si me topo con otro entrenador que tenga ese movimiento en su set. Gracias.

—De nada. ¿Vemos si el combate de tu amigo ha acabado? Quiero saber si ha derrotado al poseedor de la medalla de ciudad Celeste. A ese se le sube mucho el ego cuando va en racha de victorias.

—¿No te cae bien? —inquirió Ryku.

—Solo cuando presume más de la cuenta de haber ganado a Misty. Por favor, ni que hubiera derrotado a los ocho líderes de Kanto y al Alto Mando. En esos momentos es un poco insufrible.

—Ya veo, ya.

—Bueno, dejemos de hablar de él. Si aún está el combate en pie, quiero verlo.

Ryku y Chío regresaron junto a los demás y por el camino presenciaron lo que parecía ser el golpe final del combate entre Dylan y su rival en el que un Blastoise expulsó una cantidad de agua increíble con una presión tan alta que daba miedo pensar si daba a cualquiera de los presentes. El ataque limpió el estanque de su contenido, aunque por suerte se llenó de nuevo con el agua del movimiento del Blastoise. Entre toda el agua que abandonó el estanque también se fue una bola blanca que Ryku identificó como la Prioridad Humana de un Enlace. Obviamente, sabía que aquel entrenador no era su amigo, sino el fardón del que se quejaba Chío.

—Así aprenderás que una medalla no te hace ser un entrenador poderoso. No olvides que no eres el único que ha vencido a un líder de Gimnasio. Yo soy una prueba de ello —se burló Dylan.

—E… Entendido…—murmuró su rival.

Satisfecho con la victoria, Dylan se reunió con Ryku y los demás. Chío y los otros entrenadores que había agradecieron a Dylan que le bajaran los humos a Mikel y de devolvieran a la realidad con una buena paliza en su terreno. A Dylan no le importaba eso, solo le interesaba enseñarle la lección a Mikel de no creerse el mejor, pues siempre puede haber alguien mucho más poderoso que él. Y lo había demostrado a la perfección.

Ryku y Dylan se despidieron de los entrenadores y retomaron su camino por la ruta 6 hasta ciudad Carmín, destino que cada vez estaba más cerca.