Sora aceleró el paso al doblar la esquina de la calle por la caminaba. Había quedado con Yamato no demasiado lejos de la sede de la JAXA para ver una casa que les había llamado bastante la atención. Por suerte, aunque ella había tenido una reunión importante, venía de no demasiado lejos.

Visualizó al rubio al final de la calle, esperándola donde le había dicho. No se le hizo demasiado complicado gracias a su altura y él no tardó en verla también y en agitar su mano en el aire para que pudiera verlo mejor desde lejos, consiguiendo así que caminase algo más deprisa para llegar a su lado.

- ¿Llevas mucho esperándome?

- Tranquila, vamos con tiempo de sobra – entretenido, se fijó en que llegaba casi sin aliento-. Yo he venido dando un paseo.

- ¿Tan cerca te queda?

- Más de lo que pensábamos. Cosa de unos quince minutos a mi paso… - explicó, girándose hacia la dirección por la que tenían que ir-. ¿Te ha costado mucho llegar a ti?

- No… Y es raro porque la reunión la tenía a hora punta y las entradas a la ciudad deberían de haber estado colapsadas.

- Bueno… Vivimos en Tokio, no se le puede pedir más a la ciudad, pero lo cierto es que es raro que haya atascos en las entradas de esta zona…

- Pero si tú siempre estás protestado por eso… - confusa, se quedó mirando hacia él.

- Ya, pero porque cojo los atascos en el centro al salir de casa, no aquí. Anda, vamos… - comentó finalmente echando a andar-. Me ha dicho mi padre que tardemos lo que queramos que tiene que ir a hacer la compra y se lleva a la niña con él.

- ¿Quiere ir a presumir de nieta o qué?

- Déjalo, pobrecito… a Dai y Reiji no los puede llevar porque tiene miedo de que líen alguna mientras que no mira. Con Aiko todavía no tiene esos problemas porque no puede caminar por sí misma…

- Pobrecito mi suegro… - se rio por lo bajo.

Aprovechó unos segundos antes de colocarse bien el abrigo, no habiéndose preocupado demasiado de él al salir a las carreras de la reunión. Una vez hecho, aceleró un poco para colocarse a la altura del rubio y, sin que se lo esperase, cogerse a su brazo, sacándole así una sonrisa.

- ¿Ya no te importa lo que la gente gruña o deje de gruñir? – le dijo divertido bajando la vista hacia ella.

- Ni lo más remoto. Si tienen envidia que se aguanten – le dijo colando así su mano dentro de su chaqueta del abrigo.

Sonrió con su respuesta, como si fuera un comentario de lo más normal mientras que revolvía también así su brazo para dejarla cogerse bien y poder ir los dos cómodos. Hacía una temporada que aquello se había vuelto cada vez más normal en Sora. Al principio no habían sido así las cosas estando en su país y era un cambio en ella que le gustaba muchísimo. La conocía más que de sobra como para saber lo importante que era para ella la opinión de los demás y que simplemente estuviera haciendo lo que le apetecía cada vez más le gustaba mucho. La notaba mucho más relajada y contenta desde entonces.

- Te estoy viendo – le dijo por lo bajo acercándose algo más.

- ¿Me estás viendo el qué? – disimuló.

No le contestó, riéndose sin más y continuando con su camino. Agradecía el contacto de él ya que aquel día estaba siendo especialmente frío en la ciudad. Se había abrigado al salir de casa, pero daba igual, notaba todavía el contraste térmico tras haber salido de la reunión.

- ¿Tienes frío? – le preguntó al notar cómo se pegaba más a él.

- Estoy bien… – negó con la cabeza-. Mira – señaló hacia más adelante dónde se podía ver a la agente con la que habian quedado esperando por ellos-. ¿Sabes? He estado pensando sobre el viaje…

Giró la cabeza, no esperando que le saliera con aquello en ese momento, mirándola sorprendido. Sabía que había seguido dándole vueltas al tema, que no se había quedado tranquila con la facilidad que había parecido, pero no esperaba que hablara del tema tan de repente.

- Cada vez que te mandan fuera luego te dan unos meses libres. Vale que es proporcional al tiempo fuera de casa y eso pero… Si te mandan en mayo… Eso quiere decir que vas a pasar el verano entero con nosotras. ¿A que si?

La observó, totalmente sorprendido tras lo que acababa de escuchar. Sabía que el tema del viaje seguía estando demasiado reciente entre ambos y que ella había estado dándole más vueltas, pero no contaba con que le fuera a salir con aquello y tan de repente.

- Sí, lo normal es que sea proporcional a la estancia fuera o a la peligrosidad… Pero es posible que al menos un mes lo tenga…

- Eso me parecía… - asintió-. He estado pensando, y mira… Ya que no tiene mucho arreglo, pues voy a intentar verle la parte buena a todo esto. Cuando vuelvas te vas a quedar con nosotras una temporada de seguido. Vamos a poder aprovechar el verano, llevar a Aiko a que conozca la playa… No sé – se encogió ligeramente de hombros-. Visto así suena más llevadero.

- ¿En serio? ¿Has estado dándole vueltas a eso?

- Sí, más o menos. La idea principal es quitarte el teléfono según te tenga delante otra vez y aislarte de todo lo demás, pero suena mejor dicho de la otra forma. Cualquiera diría que hasta se podría considerar un poco ilegal…

- Solo si me quejo – sonrió, deteniéndose antes de girarse hacia ella-. Mira, vamos a hacer una cosa. Si eso te ayuda a que estés mejor y más animada… Hace mucho que no entramos en negociaciones de las serias… Cuando vuelva y me dejen una temporada libre, os garantizo exclusividad total y absoluta, ¿qué te parece?

- ¿Es un trato?

- En toda regla… - tal y como había hecho muchas veces, alargó su otra mano, en la que ella no estaba agarrada, para sellar así la negociación.

- Trato hecho, Ishida – sonrió del todo, apretando su mano unos segundos -. Anda, vamos que todavía se va a pensar que nos hemos echado para atrás…


Hiroaki se apoyó en la mesa, teniendo que hacer un esfuerzo considerable para levantarse. Había pasado gran parte de la tarde desde que había vuelto a casa jugando con la niña, incluso siguiéndola cuando había empezado a gatear, pero ahora había llegado el momento de ponerse en pie y la edad le pasaba factura.

- Aiko, tu abuelo ya no está para estos trotes… Pero no se lo digas a tu padre que me riñe seguro… - farfulló por lo bajo antes de terminar de ponerse en pie y llevándose la mano a la espalda-. Te he comprado galletas para la merienda que me han dicho que te gustan mucho…

Giró la cabeza hacia los digimon, buscándolos, no tardando no demasiado en dar con ellos, sentados al otro lado de la mesa, vigilando los movimientos de la pequeña desde allí.

- ¿Vosotros dos queréis también? Vale… Voy a prepararle a ella su leche. Echadle un ojo mientras tanto, cuando esté todo listo os aviso…

Echó a andar, notando como su espalda se quejaba por haber pasado bastante tiempo en mala postura. No se iba a quejar por ello, le gustaba jugar con la pequeña y con eso le servía para todo lo demás. Además, no tenía nadie que fuera a echarle la bronca y a recordarle que ya no tenía edad para jugar tirado por el suelo.

Se acercó a la nevera para coger la merienda de la niña, echándola en una tacita para poder ponerla a calentar en el microondas, volviendo un rato más tarde soplándola para dejarla encima de la mesa.

- A ver, que ahora tienes la leche podemos darte galletas que me ha dicho tu padre que te gustan más que a Sora y según tengo entendido eso es mucho decir… - volvió a por la pequeña, cogiéndola en brazos-. ¿No te han empezado a salir los dientes todavía, verdad? Vamos a tener que remojarte bien en la leche la comida para que esté blandita…

No pudo más que reírse cuando vio como la niña se fijaba en las galletas que había acercado en un plato para ella, empezando a revolverse en sus brazos para intentar alcanzarlas, estirando así sus manos.


Sora se quedó en el jardín de la casa, observándola desde fuera. Llevaba un rato en silencio, limitándose a observar con suma atención todo lo que la rodeaba hasta que habían visitado el último rincón de la casa. Vio que Yamato caminaba hacia ella, más o menos con la misma expresión con la que llevaba ella desde hacía rato.

- ¿Y bien? – le preguntó al llegar a su lado.

- Me encanta… Me encanta, me encanta. Es la casa perfecta, Yamato… - contestó automáticamente, observándolo.

- ¿No me digas? ¿Eso lo decidiste cuando te enseñaron tu futuro estudio?

- ¿Mi futuro estudio?

- Venga, dime que no te piensas apoderar la sala de atrás…

- ¿La de las cristaleras? – sonrió delatadoramente-. Me encanta… Esta sí que sí.

- Lo sé, a mí también – se giró, quedándose así detrás de ella, mirando él también hacia la casa-. Creo que exactamente lo que estamos buscando. Tiene algunas cosas para reformar, pero es lo que hemos estado hablando…

- Y has venido dando un paseo. No vas a tener que salir a las carreras por las mañanas y vas a poder estar más con la pequeña.

- Bueno, yo soy lo de menos ahora mismo. Céntrate en la casa, porque es dónde nos podríamos pasar las próximas siete décadas.

- ¿Siete nada más? ¿Tanto piensas estar aguantándome?

- Más o menos, no pienses que te vas a librar de mí tan fácilmente – divertido, se inclinó, dejando así un beso en su cabello antes de poner algo de distancia entre ambos al ver a la agente aparecer-. Además, en algún sitio voy a tener que enseñar a Aiko a caminar...

La mujer caminó hasta colocarse delante de la pareja, guardando de nuevo el teléfono en su bolsillo, sin que Sora pudiera decir nada a las últimas palabras de él, teniendo que guardar las apariencias.

- Lo siento, era importante.

- No pasa nada – contestó la pelirroja rápidamente.

- ¿Y bien? ¿Esta les gusta? – había sido la encargada de enseñarles todas las casas que habían estado visitando-. Yo creo que de todo este tiempo es la que más se parece a las especificaciones que nos dieron…

- Es perfecta – asintió Yamato, dándole la razón-. Y… Estamos interesados en hacer una oferta. Nos ha gustado mucho a los dos…

La sorpresa apareció en la cara de la mujer. No habían sido precisamente los clientes menos exigentes y le había costado mucho encontrar algo de su agrado. Aquella vez creía haber dado con la casa correcta, pero también lo habría creído otras veces. No contaba con escuchar tan fácilmente que aquella vez sí que había dado en el clavo.

- ¿No quieren hablarlo?

- No, para nada – habló Sora entonces-. Nos encanta, es justo lo que teníamos en mente los dos. Haga la oferta y… si hay que negociar con lo que sea… - miró hacia el rubio, viendo como acababa asintiendo – adelante. Estamos muy interesados…

- En ese caso llamaré lo antes posible y en cuanto sepa algo les llamaré con algo de información. No creo que vaya a haber muchas pegas, según tengo entendido tienen prisa por vender la casa, se mudan por motivos laborales. Podría tener algo para antes de última hora de la tarde.

- Se lo agradeceríamos mucho – volvió a contestar ella.

- Pues… - se adelantó, para despedirse de ellos estrechando la mano de ambos – en cuanto sepa algo se lo haré saber. ¿A cuál de los dos llamo?

- Estaremos los dos juntos, así que da igual – contestó Yamato.

- Perfecto… Gran elección, la casa es perfecta para empezar una familia. Los llamaré más tarde.

Dejando solos a la pareja, esperaron a que la mujer se fuera antes de volver a cruzar una mirada entre ellos dos.

- ¿Tú crees que tendremos suerte?

- ¿La amenaza del fénix sigue estando presente? – posó las manos en su cintura, atrayéndola hacia él.

- Sin duda, ella siempre está encantada de amenazar con picotazos a quien sea – aprovechándose, entrelazó sus manos tras el cuello de él-. Vamos a tener suerte y esta va a ser nuestra casa.

- ¿Sabes lo bien que suena eso? – sonrió, acabando finalmente por inclinarse y poder así besar a su esposa.


AnnaBolena04: Taichi notó algún tipo de presentimiento que hizo que acelerase más el paso y se alejara. Algo le decía a él que no le interesaba saber lo que estaban haciendo esos dos precisamente. Y es una pena porque de verdad que si no fuera por lo agonías que es uno y lo cortado que es el otro, menuda conversación de besugos se podrían montar entre Taichi y Yamato si saliera el tema tortugueo a la luz.

Parece que los Ishida se han encontrado por fin con La Casa... ¿será esta vez? ¿Será la casa de verdad? Parece que el rubio puede llegar andando al trabajo en cosa de un cuarto de hora, está donde ellos querían y la pelirroja anda fangirleando por los rincones porque le encanta lo que ve. Yo creo que si ninguna mente del mal les toca las narices cofcofcof podría ser que los Ishida hayan encontrado casa por fin después de tanto tiempo buscando.

¡Besitos de tortuguita! Y deja el teléfono en paz cofcofcof

Guest Vecina: "sí"... Los alumnos que tengo por mi cuenta con de carrera... Así que como en algunas tienen la convocatoria de Septiembre me toca sufrirlos en verano. Pero bueno, son universitarios, así que no son una panda de gente de quinceañeros que se toman las clases como un castigo y por lo tanto dan por el culo todo el tiempo, lo cual se agradece.

Todos sabemos que ese día Taichi intentó que se lo dejaran libre fijo. Sabe lo que hay, sabe lo que pasó y sabe más que de sobra que esa pobre mujer iba a estar en uno de sus peores días. Tenía bastante claro donde le tocaba estar... Solo que claro, el tráfico le tocó las narices más de lo que debería. Al igual que estuvo pendiente del teléfono cuando le tocó el aterrizaje, sin importar la hora a la que fuera. Yo es que esas cosas no las planeo, con él me salen en modo automático.

Oye, es algo muy importante. Que estamos hablando de cierta pelirroja que normalmente prioriza la comida, y lleva una temporada en la que he decidido que la cena puede esperar. Eso sin duda debe de ser un buen plus para el ego de Yamato jajaja Pero bueno, primero tortugueo y luego, parece que por fin encuentran la casa que tanto tiempo les ha llevado descurbrir. Esperemos que tengan suerte... De paso te cuento que este capi es aquel que dije hace tiempo que había borrado por lista... Ains.

En fin vecina, voy a ver si avanzo un poquito con el capítulo que tengo a medias que lo quiero liquidar ya que hoy no he ido a la playa pero tampoco estaban las neuronas queriendo funcionar en condiciones... ¡Un bico gradote!