Una hora después de los combates realizados contra los entrenadores de la ruta 6, Ryku y Dylan ya podían ver una ciudad a lo lejos: ciudad Carmín. Sus edificios no eran lo bastante altos para divisarse a considerables distancias, de modo que no se distinguían con claridad hasta que casi los dos jóvenes cruzaron uno de los accesos a la ciudad. Nada más pisar sus calles, Ryku se sintió algo atraído a explorar la urbe como había hecho con las anteriores en las que había estado. Sin embargo, el cansancio del viaje se hizo más notorio y rápidamente sus ganas de hacer turismo se cambiaron por las de ir al albergue y desplomarse en la cama de su habitación. Dylan estaba en la misma situación y juntos se dirigieron al albergue. Esta vez no necesitaron dar con un mapa de la ciudad ya que Dylan la conocía muy bien, no solo por haber estado para obtener la medalla de Gimnasio de la ciudad, sino porque también venía de vacaciones. En poco tiempo, Ryku y Dylan ya estaban delante de la recepción del albergue.
Lo que quedaba de tarde la pasaron en el establecimiento con tal de reponer fuerzas. Durante la cena, el comedor estaba bastante silencioso por las noticias que hablaban del accidente de ciudad Azafrán y su bloqueo. Según la información del presentador, la explosión fue provocada por unos entrenadores sin identificar con Enlaces de Pokémon con tales capacidades destructivas y asoció dicha acción a miembros de una banda conocida como Equipo Leyenda. Ryku y Dylan se atragantaron al escuchar a los posibles causantes que desafiaron a la policía. ¿Serían los mismos contra los que combatieron en el monte Moon? Era una posibilidad. El presentador finalizó la noticia anunciando un cierre temporal de ciudad Azafrán en la que nadie podría entrar ni salir hasta haberse asegurado de atrapar a los culpables o, al menos, de poder evitar otra catástrofe de la misma categoría.
—Curioso que no pidan ayuda a la gente —comentó Dylan—. Hay entrenadores que podrían capturarlos, ya fuera recibiendo una recompensa o no. Yo me apuntaría. ¿Y tú, Ryku?
—Honestamente, no. —Dylan se sorprendió ante la respuesta de su amigo—. No me malinterpretes, si me topara con ellos no huiría, sino que les daría una paliza. Pero mientras no los vea, prefiero seguir con mis objetivos.
—Ah, ya decía yo. No te veo como alguien que se acobarda ante un combate en el que puede perder. No desde la pelea contra Brock.
—Aún me quedan seis medallas por delante, puede que con alguno no sea tan impulsivo y decida esperar al mejor momento y planificar una estrategia con anticipación.
—Ahora que dices eso… No me has preguntado por el líder de ciudad Carmín. ¿Quieres que te diga el tipo de Enlace que tiene o quieres descubrirlo por tu cuenta?
Ryku se pensó la respuesta.
—¿Sabes qué? Voy a probar lo que acabo de decir. No me reveles el Enlace de mi futuro contrincante; lo haré por mi cuenta.
—Como quieras.
Ryku y Dylan prestaron atención de nuevo a las noticias en las que se hablaba del Alto Mando y de la búsqueda del nuevo líder de Gimnasio de ciudad Verde antes del comienzo de la Liga Pokémon. Todavía no habían dado con un entrenador capacitado para tal responsabilidad a pesar de haber recurrido a los antiguos Campeones de la Liga Pokémon. Ninguno deseaba convertirse en líder de Gimnasio, ya fuera por motivos personales o por mera indisposición, y aquello dificultaba la búsqueda. Aún les quedaba tiempo, pero debían encontrar uno un par de meses antes de que empezase la Liga. Por ahora, debían confiar en que el Alto Mando daría con ese nuevo líder.
Tras la cena, Ryku y Dylan se dieron las buenas noches y se metieron en sus respectivas habitaciones. Poco después de haberse cambiado de ropa por el pijama, el brazalete Enlace de Ryku pitó con el indudable sonido de los mensajes de vídeo del módulo Holomisor. Lo abrió y escuchó lo que sus padres le tuvieran que contar.
Comenzaron con las felicitaciones de que su aventura estuviera yendo a la perfección y sin mayores percances por el camino. Su padre se sentía orgulloso y se emocionaba cuando Ryku describía los combates contra los líderes de Gimnasio. Increíblemente, le dio la enhorabuena por ganar a algunos miembros del Puente Pepita, lo que sorprendió a Ryku. ¿Su padre había luchado contra ellos? Obviamente no contra los que él había peleado, pero sí quizá contra los que hubo en su época. Ryku se apuntó preguntarle al respecto cuando tuviera oportunidad. El resto del vídeo seguía con los halagos por sus victorias y una curiosa respuesta en la parte de Bill. Finalizado el video, Ryku puso la alarma del brazalete y se fue a dormir.
Durante el desayuno del día siguiente, Ryku y Dylan se aseguraron de lo que iban a hacer ese día. Tenían tres opciones: turismo por la ciudad, ir al Gimnasio o pasar el día en el S.S. Anne, que era el plan original. Mantuvieron la decisión final de subirse al crucero de lujo.
De camino al crucero, Ryku aprovechó el paseo para explorar por encima la ciudad. Dylan no le animó a ello, pues ciudad Carmín, aunque pareciese tan grande como ciudad Plateada, la mitad de esta la constituían los muelles del puerto y valía más la pena visitar las zonas con tiempo que solo mirarlas de paso. Ryku estuvo de acuerdo con las palabras de su amigo y se centró en seguirle por las calles, pero todavía se mantuvo alerta por si de casualidad pasaban por el Gimnasio de ciudad Carmín y así adivinar el tipo de Gimnasio que era solo con ver la fachada como nidad. El resto del v miembros del Puente Pepita, lo que sorprendilos Gimnasios de ciudad Plateada y Celeste, cuyos exteriores representaban los Enlaces de sus líderes.
Al llegar al puerto, Ryku contempló la cantidad de muelles que había ya que, mirara donde mirara, siempre había uno. Muchos de ellos no poseían barcos atracados, dejando a la vista el vasto mar que se extendía hasta más allá del horizonte. Ryku buscó el crucero de lujo y no le costó en absoluto cuando, a pesar de las distancias, el S.S. Anne se imponía con su enorme tamaño tanto en altura como en longitud. Ryku y Dylan se dirigieron al barco sin pensárselo dos veces.
Debido a las dimensiones del crucero, Ryku y Dylan no encontrar a primera vista la manera de embarcar en el navío, pero terminaron dando con una fila donde la gente esperaba para subir una rampa que llevaba al interior del barco. Los jóvenes se unieron e hicieron cola con el resto de las personas. Unos minutos más tarde, esta se empezó a mover. La cola se fue reduciendo a una velocidad considerable y, en poco más de diez minutos, ya estaban delante de la entrada al S.S. Anne.
—Buenos días. ¿Vuestros billetes, por favor? —les dijo un hombre vestido de marinero.
—Aquí tiene.
El marinero los cogió, se los miró unos instantes y estampó un sello en ellos.
—Bienvenidos a bordo. No pierdan ni tiren los billetes si quieren volver a entrar en el barco.
—¿Podremos subir de nuevo otros días? Genial—se alegró Ryku.
—Si venís por la fiesta, se está celebrando en la cubierta. Allí suele estar todo el mundo: turistas, pasajeros o entrenadores. También podéis explorar el barco, obviamente. En cualquier caso, disfrutad de la estancia en el S.S. Anne.
—Gracias.
Ryku y Dylan recogieron los billetes, los guardaron y subieron la rampa. En el interior del barco, un hombre les indicó el camino a seguir para ir a la cubierta, aunque tenían vía libre de ir a casi cualquier parte del barco si así lo deseaban. Ryku y Dylan tenían ganas de moverse por el S.S. Anne y descubrir aquello que hacía que el barco fuera el más impresionante de todos, pero optaron por seguir las indicaciones del guía y así hacerse una idea de cómo moverse por el barco y tener un punto de referencia al cual volver si se perdían.
La cubierta estaba repleta de gente pasándoselo bien ya fuera bebiendo en la barra del bar, comiendo, charlando o siguiendo el ritmo de la música. Sin duda los ánimos estaban por las nubes. Ryku y Dylan hicieron su primera parada en el bar, donde se pidieron un par de refrescos. Luego se mezclaron con la gente y se dejaron llevar un poco por la fiesta. Sin embargo, la cubierta no tenía mucho más que enseñar. Había un par de piscinas, un jacuzzi y tumbonas por todas partes. Escucharon música mientras bebían y, en cuanto terminaran con sus refrescos, se pondrían a explorar el barco.
La música se detuvo un instante para dejar a un hombre que tenía la pinta de pertenecer a la tripulación del crucero. Cuando captó la atención de todos los invitados, anunció el recordatorio de la competición que se celebraba cada día después de la hora de comer mientras el navío estuviera en el puerto de ciudad Carmín, en especial a aquellos que participaban. Ryku y Dylan intercambiaron una mirada y, sin decirse ni una palabra, decidieron ver esa competición. Terminado el recordatorio, el hombre se marchó y la música volvió a sonar.
—Increíble. Un torneo en un barco. Eso no se ve todos los días —comentó Dylan.
—Lo más increíble para mí es que el S.S. Anne tenga un estadio donde realizarlo —añadió Ryku.
—Cierto. ¿Te apetece ir a verlo?
—No hace falta que me lo repitas.
Ryku y Dylan acabaron sus bebidas y se dispusieron a abandonar la fiesta cuando se percataron de que la gente se había juntado con tal de rodear a alguien. Los jóvenes sintieron curiosidad y se unieron al montón de gente. Debido a su estatura, no podían ver de ninguna manera a aquel o aquella persona que atraía tantas masas. Por suerte, se colaron como pudieron entre el gentío y lograron hallar la causa de tal conglomeración.
El centro de atención lo causaba un hombre de pelo rubio, corto y en punta. Llevaba puestas unas gafas de sol, un collar con dos chapas, una camisa de tirantes verde, unos pantalones sujetados por un cinturón negro y unas botas negras. Las chapas, el pantalón y las botas eran de estilo militar, lo que deducía que, o bien seguía una moda o realmente había estado en el ejército. Su complexión era fuerte, con los músculos marcados y en su rostro mezclaba alegría y seriedad a la vez. En su brazo izquierdo descansaba un brazalete Enlace.
La gente no paraba de admirarle y de repetir una y otra vez las palabras «rayo americano». Fue entonces cuando Ryku descubrió quién era: el teniente Surge. Un hombre muy importante en ciudad Carmín, aunque no recordaba cuál era su relevancia.
—¡Señor! —gritó Dylan. Surge se enfocó en él y le saludó disciplinadamente—. No esperaba verle aquí.
—Vaya, vaya, pero si es el soldado Dylan. —Ryku se impresionó de que Surge tuviera tan buen trato con su amigo—. Lo mismo puedo decir de ti. ¿Qué te…?
Surge no podía mantener una conversación con Dylan con toda la gente que le estaba llamando la atención. Ryku creyó que eso le molestaba, pero Surge se dedicaba a hacerse fotos y firmar autógrafos de aquellos que se lo solicitaba. Parecía más extrovertido de lo que se deducía a simple vista.
—¿Quiere hablar cuando deje de atraer tantas miradas? —le preguntó Dylan a Surge en un momento de calma.
—No es mala idea. Te buscaré en cuanto las cosas se tranquilicen por aquí.
—De acuerdo. Estaremos cerca del bar.
Sin nada más decirse, Ryku y Dylan se alejaron de la gente y se sentaron en una mesa cerca de la barra del bar. Como desconocían el tiempo que estaría Surge ocupado, se cogieron otro refresco con tal de no ocupar sin sentido una mesa.
—Sé que me quieres preguntar. Vamos, no te cortes —dijo Dylan. Ryku estaba muy sorprendido por la conversación de Surge con Dylan. Tanto que había abandonado sus esfuerzos por rememorar en detalle quién era Surge.
—¿De qué conoces al teniente Surge? —Ryku no se anduvo por las ramas.
—Si te lo dijera incumpliría tu deseo de esta mañana ya que tiene algo de relación con ello. Aunque, ahora que lo pienso, con esa indirecta ya he debido darte pistas clave. —Entonces Ryku recordó finalmente de qué le sonaba el teniente Surge. Era el líder del Gimnasio de ciudad Carmín—. Pero mi relación con el teniente va un poco más lejos de lo que piensas.
—¿A qué te refieres?
—Primero, ¿ya has adivinado quién es el teniente Surge? —Ryku asintió—. Bien, pues mi relación con él no empezó en su Gimnasio, sino en un campamento.
—¿Un campamento?
—Sí, el campamento de entrenamiento Pokémon —especificó Dylan—. Creo que cerró recientemente, pero cuando estaba activo, era el mejor lugar donde mejorar tu experiencia con el Enlace. La vez que estuve allí, hará ya un par de años, tuve la suerte de que el maestro que nos adiestró fue el teniente Surge. Y fue un entrenamiento de lo más intenso y agotador, pero los resultados no podían ser mejores.
—Pero se ve que hay una buena amistad entre los dos. ¿Sólo necesitasteis ese campamento para conoceros tanto? —inquirió Ryku.
—Es lo que consiguen los combates Pokémon.
Ryku se extrañó con el tono enigmático con el que le había respondido y le dio curiosidad por saber cómo combatía el teniente Surge. Por suerte, esa curiosidad se saciaría pronto.
Cinco minutos después, Surge finiquitó a sus admiradores y se convirtió en un visitante más del S.S. Anne. Con la calma, se sirvió una bebida en el bar y buscó a Dylan, al cual encontró saludándole con la mano. Se reunió con él y se sentó en la silla libre que había en la mesa.
—Bueno, ahora que por fin estoy libre puedo conversar tranquilamente con quien quiera —comentó Surge como si se quitara un peso de encima—. Dime, Dylan, ¿cómo te van las cosas?
—Muy bien, señor. He estado cumpliendo mis objetivos tal y como le había mencionado.
—¿Sí? —Surge arqueó una ceja—. ¿A cuántos de mis compañeros de trabajo has logrado derrotar?
—A seis de ellos, excluyéndole. Le enseñaría las medallas, pero las tengo en mi mochila que está en el albergue en el que hospedo.
—No hace falta, con solo mirarte ya observo que has luchado contra mis compañeros y les has vencido. Y si no siempre puedo llamarles para verificar tus palabras, aunque confío en ti, soldado.
—Gracias, señor. Antes de que sigamos hablando, me gustaría presentarle a Ryku. —El joven del pelo negro se había distraído con su bebida con tal de no actuar maleducadamente. Le pilló por sorpresa que repentinamente Dylan le hubiera mencionado—. Es un entrenador como yo y también se está dedicando a recolectar las medallas de Gimnasio.
—Oh, perdón por haberte ignorado, chico. Creía que eras tímido —dijo Surge.
—No hace falta que se disculpe, señor.
—Por favor, háblame de tú a tú. Las formalidades es una cosa que hay entre Dylan y yo.
—Ah, de acuerdo.
—Así que… ¿También estás desafiando a los líderes de Gimnasio? ¿Hace mucho que te has embarcado en ese periplo? —preguntó Surge.
—Sí. Pero solo hace un mes y poco más que inicié mi viaje.
—Interesante. Y dime, ¿Ya has ganado alguna medalla?
—Dos. De los líderes de ciudad Plateada y Celeste.
—Bien, entonces tendrás permiso para desafiarme. No dejo que nadie me rete a menos que tenga una medalla de Gimnasio en su poder. Tu amigo lo sabe perfectamente.
—Tampoco es que sea una restricción enorme. Solo es una medalla —repuso Dylan.
—De todas formas, Ryku, si pretendes enfrentarte a mí en un combate de Gimnasio, asegúrate de traer tus medallas para que mi vigilante te deje pasar.
—Entendido.
Surge bebió de su vaso.
—Bueno, contadme qué hacéis en este crucero. No me esperaba verte aquí, Dylan.
—Nos regalaron unos billetes y cómo íbamos a la ciudad donde estaba atracado el S.S. Anne, pues decidimos pasar un día a bordo —contó Dylan.
—¿Y solo estáis para explorar el barco?
—En principio. Pero ya nos hemos enterado de la competición que hay y no vamos a perdérnosla. De hecho, ahora mismo íbamos a ver el estadio y a explorar, como bien ha supuesto.
—Eso ya es más acorde al Dylan que conozco. ¿Queréis que nos veamos antes de que comience el torneo? Puedo conseguir buenas plazas para los tres.
—Eso sería fantástico, señor. Muchas gracias —agradeció Dylan emocionado.
—Bien, en ese caso quedamos aquí después de comer.
Surge terminó su bebida, se despidió de Ryku y Dylan y se mezcló entre la multitud. Los jóvenes se levantaron de la mesa y se fueron a descubrir las maravillas que escondía el navío más famoso del mundo.
El S.S. Anne mostraba a cada lugar al que iban su lujo. Había decenas de tiendas de todo tipo en la zona más amplia del barco, justo donde se suponía que era el corazón del mastodonte de metal. Había boutiques, tiendas de comida exótica e incluso locales especializados para los entrenadores, contando con sus propios centros Pokémon y Técnico. Más allá de la zona central y sus tiendas, había teatros, parques infantiles, guarderías Pokémon, dos tipos de gimnasios —de los comunes y los diseñados para entrenar con Enlaces activos—, discotecas, un enorme comedor de barra libre, restaurantes de comida selecta, pistas de tenis, canchas de baloncesto, una piscina climatizada y balnearios. Vieron casi todo el S.S. Anne por la mañana de manera que no se perdieran nada del barco pues la competición ocuparía seguramente toda la tarde y tendrían que abandonar el barco después de que finalizara. La única parte del barco que no vieron fue el estadio de la competición, pues se encontraba en mantenimiento. Probablemente lo estaban preparando para el torneo.
Ryku y Dylan se tomaron un merecido descanso en los campos de entrenamiento, observando a los entrenadores que combatían entre ellos o se intercambiaban tácticas después de una pelea, mientras esperaban escuchar por megafonía la llamada de la hora de comer.
Después de llenarse los estómagos hasta hartarse, Ryku y Dylan subieron a la cubierta y se sentaron en una mesa libre cerca del bar. La cubierta ya había perdido toda la festividad y solo había tranquilidad, un buen sitio donde relajarse. Había alguna que otra pareja deambulando por ahí que se dirigía a la popa del barco, pero siempre dejaban a los dos chicos a solas.
—¿Habremos comido muy rápido? —se preguntó Dylan—. Espero que el torneo no comience muy tarde.
—En teoría comenzaba poco después de la comida. En el horario del restaurante de barra libre decía que estaba abierto hasta las tres de la tarde —informó Ryku.
—¿Y qué hora es?
Ryku miró el reloj de su brazalete Enlace.
—Las tres menos cuarto.
—Menos mal. La espera no será eterna.
Sin embargo, sí lo fue. El restaurante de abra libre cerró a la hora que Ryku había visto, pero por megafonía se anunció que el torneo, debido a un imprevisto en el estadio, se retrasaría una hora por lo menos. Dylan maldijo que hubiera que aguantar tanto tiempo sin hacer nada. No era de aquellos que se estaban quietos en un sitio mientras aguardaban la llegada de lo que querían y se fue a dar un paseo por la cubierta en dirección a la popa. Ryku se quedó en la mesa por si aparecía Surge, la persona con la que habían quedado. Media hora pasó y la cubierta se fue llenando de gente a la vez que abría el bar. Como se sentía un poco somnoliento, Ryku se sirvió un refresco que lo mantuviera despierto. Diez minutos después de que la cubierta ya recuperara un poco la vitalidad que enseñó durante la fiesta por la mañana, llegó Surge. Ryku le llamó la atención con el movimiento de un brazo y el líder de Gimnasio se sentó en la mesa junto a él.
—¿Dónde está Dylan? El torneo empezará pronto.
—No le gustaba esperar y se fue a dar una vuelta.
—No ha eliminado la impaciencia de su repertorio de defectos, igual que cuando lo conocí. ¿Te importaría llamarlo si tienes su número de holomisor?
Ryku asintió y buscó a Dylan en su agenda de contactos del módulo Holomisor. Dylan respondió a la llamada al cabo de varios segundos comunicando y Ryku le informó de la reunión con Surge y del inminente comienzo del torneo. Dylan asintió ante la cámara y no tardó en colgar y regresar al bar de la cubierta.
—¿Qué has estado haciendo tanto tiempo en la popa? —inquirió Ryku cuando Dylan se reunió con él y Surge.
—Había una sala de recreativos ahí. Era perfecto para matar el tiempo.
—La impaciencia va a ser tu perdición, soldado —le riñó Surge—. Si no hubiésemos optado por avisarte, hubieras llegado muy tarde e incluso te hubieras perdido el torneo.
—Lo lamento, señor —respondió Dylan cabizbajo. Realmente se estaba disculpando por lo que había hecho.
Surge clavó sus ojos en Dylan un rato y adoptó una postura seria. Sin embargo, no continuó su riña por el aviso desde megafonía del pronto inicio del torneo. Sin más demora los tres se dirigieron al estadio.
Surge consiguió unos buenos asientos desde los cuales ver en detalle los combates Pokémon. Ryku y Dylan tuvieron por fin la oportunidad de ver el interior del estadio y no salían de su sorpresa de lo impresionante que era. Focos, gradas que rodeaban casi en su totalidad un campo de batalla claramente diseñado para combates profesionales, pantallas gigantes encima de este para aquellos que tenían diminuto el campo y una plataforma donde estaban los comentaristas del torneo.
—Este estadio está al nivel de los de la Liga Pokémon —comentó Ryku.
—El S.S. Anne no podía tener menos, estaba claro —añadió Dylan.
—Aquí se han llegado a celebrar incluso combates de Gimnasio cuando estos no estaban disponibles por reforma o algún accidente y el barco casualmente esté en algún puerto —explicó Surge—. Debe estar a ese nivel como mínimo.
Ryku y Dylan intercambiaron una mirada de asombro ante la revelación de Surge.
—¿Has celebrado algún combate de Gimnasio aquí, Surge? —preguntó Ryku.
Surge negó con la cabeza.
—Para ser honestos, es la primera vez que consigo entrar en este estadio —confesó Surge—. El Gimnasio me absorbe todo el tiempo de un día y nunca he tenido la oportunidad de siquiera subir al crucero.
—¿Y cómo hoy has podido subir?
—Ya estaba harto de perder la oportunidad y cerré forzosamente el Gimnasio por hoy. Atenderé a las consecuencias después.
—El S.S. Anne debe proporcionarle algo que le interesa mucho, señor —supuso Dylan—. No le imaginaba como alguien que evade su trabajo, aunque solo sea un día.
—Llevaba mucho tiempo intentando pasear por la cubierta de este crucero, pero nunca había llegado a subir hasta hoy, claro. Siempre había algo que me lo impedía, ya fuera el Gimnasio como el propio S.S. Anne estando atracado en otra región. Y con un nulo conocimiento de su próximo destino, me resultaba muy difícil compaginar mi responsabilidad de líder con el de un entrenador cualquiera —explicó Surge—. Así que me harté de esperar y me obligué a clausurar temporalmente el Gimnasio para cumplir este deseo.
—Una razón más que justificada, si me permite el comentario, señor —opinó Dylan.
—Un poco irresponsable por mi parte —se riñó a sí mismo Surge—, pero no es la primera vez que he hecho algo así… y puede que tampoco la última.
—Al menos ha cumplido uno de sus sueños.
—No como realmente lo hubiera deseado, pero igualmente me sirve.
—Eh, veo a dos personas subiendo a la plataforma de comentarios. La competición debe estar a punto de empezar —avisó Ryku.
Surge finalizó la conversación y los tres se centraron en el campo de batalla. Las pantallas se encendieron y mostraron durante unos minutos publicidad del barco. Luego los comentaristas de la plataforma pasaron a ser los protagonistas de la imagen. Saludaron al público y se presentaron bajo los nombres de Oliver y Lucas. Debían ser personas famosas, pues el público entró en júbilo cuando escucharon esos nombres. Pero ni Ryku ni Dylan, ni siquiera Surge, tenían idea de quiénes eran. Los comentaristas hablaron un poco de los combates Pokémon que hubo al principio de la semana y mientras se les escuchaba reprodujeron en las pantallas los momentos más emocionantes de los duelos. Lo Enlaces que se vieron fueron extraños y tanto Ryku como Dylan no reconocieron ninguno de ellos.
—¿Esperabais ver Enlaces familiares? —les preguntó Surge al observar a los chicos buscar información sobre esos Enlaces—. No os molestéis en averiguar más sobre ellos; Los Pokémon de los cuales han nacido esos Enlaces no pertenecen a Kanto.
—¿Y de dónde son? —inquirieron los dos jóvenes casi al unísono.
—Yo tampoco los conozco. No he viajado lo suficiente como para haber descubierto muchas especies de Pokémon.
Ryku y Dylan volvieron a concentrarse en las pantallas que todavía mostraban imágenes de algunos combates más y luego Oliver y Lucas retomaron su presencia en las pantallas.
—Unos duelos de lo más emocionantes —comentó Oliver—. Y estoy seguro de que los entrenadores de hoy no bajarán el listón de sus rivales. El torneo está a punto de dar comienzo y estos son los combates que habrá en el día de hoy.
Las pantallas cambiaron de nuevo la imagen y mostraron una tabla clasificatoria con las fotos y nombres de los entrenadores que iban a pelear hoy. Ryku no les dio mucha importancia a ellos, sino a los posibles Enlaces que enserarían. Estaba muy interesado en descubrir esos Pokémon de otras regiones.
Apenas un minuto después de hablar de los entrenadores de la tabla de clasificación, empezó el torneo.
El primer combate fue entre un chico joven, aunque de mayor edad que Ryku, y un hombre calvo con pinta de mala persona. Los dos rivales se saludaron respetuosamente y activaron sus Enlaces al recibir luz verde. El chico adoptó la forma de una libélula de enormes dimensiones para un bicho y el calvo el de un camello cuyas chepas en su espalda parecían pequeños volcanes. Ryku y Dylan miraban con asombro a ambos Pokémon. Los comentaristas informaron al público sobre los Enlaces de los entrenadores ya que no todos sabían qué Pokémon eran. A la gran libélula la denominaron Yanmega, un Pokémon de tipo bicho y volador, y al camello, Camerupt, de tipo fuego y tierra. Después, las pantallas mostraron unas barras de vida idénticas a las que Ryku veía en sus combates de Gimnasio y el duelo comenzó.
Ryku realizó unos cálculos en su mente sobre el posible vencedor de la pelea con la información proporcionada por los comentaristas. Yanmega era quien tenía las mayores posibilidades de ser derrotado debido a su debilidad al fuego, pero no descartaba que la libélula fuera capaz de aprovechar ese punto débil a su favor. Mientras, el combate transcurría más o menos como Ryku imaginaba. El Camerupt había sido el segundo en atacar tras haber recibido un ataque que Ryku no identificó con otro igual de desconocido. El del Camerupt provocó que el público buscara un refugio detrás de las sillas del espectador de enfrente cuando rocas envueltas en llamas y humo emergieron de los pequeños volcanes que tenía por chepas. Por suerte, la distancia entre las gradas y el campo de batalla era lo bastante larga como para que no hubiera accidentes durante el combate. El Yanmega esquivó el ataque con gran facilidad gracias a una velocidad sorprendente para una libélula de su tamaño y, mientras evitaba las rocas ardientes, disparó unas ondas a través de sus ojos que causaron que el Camerupt se tambaleara de un lado a otro y cediera su ofensiva. Ryku reconoció al fin un movimiento: Supersónico. El Camerupt estaba confuso e indefenso a un ataque directo que el Yanmega no tardó en aprovechar y emitió un sonido similar un zumbido de tanta intensidad que todos los espectadores se taparon los oídos. El Camerupt quiso defenderse, pero recibió un segundo zumbido que activó la Prioridad Humana y con una explosión centelleante el camello se convirtió de nuevo en el hombre calvo.
—Esos ataques han sido increíbles —dijo Dylan—. Qué potencia tenían esas erupciones del Camerupt y el zumbido de ese Yanmega.
—Y qué lo digas. Aún me pitan los oídos —añadió Ryku.
El siguiente combate no tardó en empezar. Esta vez, los Enlaces pertenecían a otros dos Pokémon desconocidos. Una vez más, uno de ellos luchaba soltando gritos de alta intensidad que obligaban a taparse los oídos. El otro, que parecía un lince negro con una estrella de cuatro puntas en la cola, se defendía a base de mordiscos que electrocutaban a su rival. El duelo no fue tan emocionante como el anterior, tal vez porque duró más y los contrincantes pensaban con detenimiento su próximo ataque. Al final, el lince se alzó con la victoria con un certero rayo.
La competición continuó con varios combates más, todos con un increíble fervor que terminó en algo que se veía venir: una pausa para recomponer el campo de batalla. Los ataques habían agrietado el suelo, congelado e incluso usado como arma durante las peleas. Dicha pausa duró media hora, pero se extendió con tal de otorgar un descanso a los participantes. Pasado ese tiempo el torneo reinició los combates con normalidad.
El siguiente combate lo protagonizaron un Rapidash y un Arcanine. Era el primero con Pokémon que Ryku y Dylan reconocían. Ambos Pokémon eran fuertes, pero también ambos eran del mismo tipo y eso hacía que fueran resistentes a cualquier tipo de potencia de los movimientos del contrincante. Durante el duelo, el Rapidash se encabritó y asestó un pisotón en el suelo que el Arcanine esquivó por los pelos. Justo en el instante en el que los cascos del caballo tocaron el campo de batalla, el suelo tembló. Al principio todos creyeron que había sido un golpe muy poderoso, pero tan pronto como creyeron eso recibieron el verdadero motivo del temblor.
De repente empezaron a sonar las alarmas de emergencia y el barco empezó a inclinarse hacia un lado. Todo sucedía tan rápido que el público tardó unos instantes en suponer lo que estaba ocurriendo.
—¿Qué demonios está pasando? —chilló Dylan.
—Esas alarmas de emergencia significan que algo grave está ocurriendo en el S.S. Anne —dijo Surge.
—Pero ¿qué?
El crucero respondió a la pregunta de Dylan con un nuevo temblor que inclinó todavía más el barco y dificultaba bastante mantener el equilibrio. La gente huía aterrada por las salidas del estadio, pero manteniendo ligeramente el orden gracias a los entrenadores que guiaban a aquellas personas que no podrían salvarse por su cuenta.
—¡Salgamos de aquí!
Ryku, Dylan y Surge se agarraron a los asientos y siguieron a la gente hacia las salidas. Por el camino, un nuevo temblor provocó que el propio estadio comenzara a sufrir peligrosos daños, siendo la plataforma de los comentaristas la primera estructura en tambalearse. Ryku fue atraído por los ruidos metálicos de la torre sobre la que erigía la cabina de los comentaristas. Por la distancia no se veía precisamente si los comentaristas ya estaban fuera de la torre, pero las pantallas, que habían dejado de emitir los combates del torneo, mostraron unas imágenes en las que Oliver y Lucas pedían ayuda desesperadamente. Sus micrófonos no funcionaban, pero en sus caras estaba claro que era lo que pedían. Unos segundos después, las pantallas se apagaron tras haberse cortado los cables que le proporcionaban la energía para funcionar. Ryku no tardó en acudir a la llamada de auxilio y activó su Enlace, se transformó en Charizard y voló rápidamente hacia la plataforma. Dylan y Surge se sorprendieron ante la repentina conversión de Ryku y, al ver sus intenciones, le apoyaron activando sus propios Enlaces.
Ryku llegó a la plataforma y lo primero que vio fue a Oliver y Lucas aferrados a lo que los mantuviera en el sitio, completamente asustados. Los escuchó rezar para salir de ahí con vida. Ryku rompió el cristal que lo separaba de los comentaristas y entró en la cabina. Oliver y Lucas, aún atemorizados, creyeron que los destrozos de Ryku iban a ser su perdición y el joven tuvo que llamarles la atención. Cuando los comentaristas descubrieron al Charizard se alegraron mucho de ver a un entrenador ayudándolos. Ryku hizo un gesto de montarse en su espalda mientras el otro era sujetado por los brazos. Los comentaristas intercambiaron una mirada e hicieron una rapidísima apuesta para decidir quién se montaba en la espalda. Oliver ganó y se subió a la espalda de Ryku, mientras Lucas se dejaba coger por los brazos. Antes de coger a Lucas, Ryku procuró de tener espacio suficiente para maniobrar correctamente y a base de golpes expandió más el agujero que había creado en el cristal. Satisfecho con el resultado, Ryku cogió por los brazos a Lucas y él se aferró a su cuello con mucha fuerza. Con los dos comentaristas seguros, saltó por el agujero y con las alas extendidas planeó hasta caer en el campo de batalla.
Dylan y Surge se encargaron de guiar a los participantes del torneo hasta la salida junto al resto de pasajeros. Ryku soltó a Lucas en mitad del campo y Oliver lo desmontó nada más ver el suelo de cerca.
—Gracias por la ayuda, entrenador —dijo Oliver.
Ryku asintió en señal de respuesta y los comentaristas se marcharon siguiendo las indicaciones de Dylan y Surge. Por primera vez, Ryku había visto el Enlace del líder de Gimnasio de ciudad Carmín: un Raichu. Ahora que conocía su tipo de Enlace, podía idear un plan en el combate de Gimnasio que libraría, pero aquel no era el momento de pensar en ello.
—¿Todo el mundo ha abandonado el recinto? —preguntó Dylan.
—¿Quedaba alguien más en la cabina, Ryku? —inquirió Surge.
—No, señor.
—Bien. Entonces solo quedamos nosotros. Vámonos.
Ryku estuvo a punto de reunirse con Dylan y Surge cuando un nuevo temblor, mucho más intenso que los anteriores, lo desequilibró y lo tumbó en el campo de batalla. La inclinación ya empezaba a ser notoria y a Ryku le costaba ponerse en pie de nuevo. Dylan fue en su ayuda, pero aquel temblor había causado el mayor destrozo en el estadio con cables cortándose y echando chispas en todas direcciones y la inclinación de la zona provocó que algunas estructuras cedieran por el peso de las mismas. La primera en quebrarse por completo fue la de las pantallas, la cual, con un sonoro crujido metálico, se precipitó en su integridad hacia el campo de batalla, donde Ryku todavía hacía lo posible por levantarse. Por suerte, Dylan llegó a tiempo y con un empujón apartó a su amigo del área de impacto de las pantallas y de las consecuentes esquirlas que viajaron por todo el estadio.
—Ha faltado poco. Gracias, Dylan.
Surge asomó por encima de la estructura semienterrada de las pantallas en el campo de batalla y, sin siquiera cuestionarse sobre el estado de los chicos, les ordenó:
—Ya hemos permanecido demasiado tiempo aquí dentro. Levantaos y vayamos a un lugar más seguro.
Sin embargo, la caída de las pantallas había traído consigo un efecto retardado de otros objetos que se vinieron abajo como las vigas que soportaban los focos y algunos pedazos del techo. Inesperadamente, una de las vigas de los focos no terminó por despegarse de su lugar, quedando colgando por algunos cables gruesos que aún aguantaban el pesado material de la viga. Esto produjo que la viga se moviera como una bola de demolición hacia los pilares de la torre sobre la que estaba la cabina de los comentaristas. Estos pilares, que ya estaban débiles por los temblores y estaban siendo sometidos a presión por la inclinación del barco, terminaron por doblarse debido al impacto y a liberar la presión que sufrían. Más ruidos metálicos fueron escuchándose y algunas barras salían disparadas en diferentes direcciones. La estructura no lo soportó más y se dejó caer con el campo de batalla como objetivo mientras continuaba perdiendo piezas.
Surge reaccionó a tiempo de apartarse de la trayectoria de la torre, pero ni él ni los jóvenes pudieron salir de la zona que estaba a punto de destruirse más. La cabina de los comentaristas cayó sobre las pantallas como un martillo golpeando un clavo. La estructura de las pantallas se hundió todavía más en el campo de batalla y acabó por resquebrajar todo este y caer junto con la torre y los tres personajes a un vacío desconocido del barco.
Ryku se despertó y se levantó algo aturdido. Miró a su alrededor y solo vio escombros por todas partes: cristales, barras de hierro, placas de piedra… Todo destrozado. Alzó la mirada y descubrió una enmarañada telaraña de barras de hierro y más trozos del campo de batalla que imposibilitaban el ascenso. Estaba atrapado allá donde hubiera caído.
Ryku escuchó movimiento cerca, entre los escombros. Recordó que Dylan estaba a su lado cuando sucedió el derrumbe y supuso que su amigo estaba en peligro. Corrió hacia donde más se movían los escombros y los fue apartando uno a uno con la mayor rapidez posible. Gracias a que estaba usando su Enlace, el peso que podía levantar era mayor que siendo humano. Finalmente, Ryku vislumbró el caparazón del Blastoise de Dylan y apartó todos los restos que hubiera a su alrededor.
—Dylan —lo llamó—. ¿Me oyes? Dime algo.
—Te oigo. —La respuesta de Dylan fue un alivio para Ryku—. Sigue apartando trozos de piedra, que todavía no puedo moverme.
Ryku obedeció y movió todavía más remanentes de la torre, la cabina y el campo de batalla. Después de mover una gruesa barra de hierro, Dylan pudo salir de aquella prisión. Ryku se asombró de ver al Raichu también ahí. Dylan debió haberlo protegido mientras caían.
—Teniente Surge, ¿está bien? —preguntó Ryku.
—Sí. Gracias al soldado Dylan y a su duro caparazón solo estoy lleno de polvo y con algún que otro rasguño leve. He de felicitarte por eso, soldado.
—No es necesario, señor. Cumplía con mi deber.
Surge saltó entre los escombros y se reunió con Ryku y Dylan. Surge realizó un análisis de la situación observando por encima el terreno. Al alzar la mirada, se hizo una idea de lo que debía hacer.
—No creo que podamos volver a subir. Los destrozos impiden moverse y es muy probable que pueda haber más derrumbes.
—¿Qué deberíamos hacer, señor?
—Lo primero, salir de los campos de batalla de reserva del estadio y regresar, por lo menos, a los pasillos del barco. Estos no están pensados para que se muevan Pokémon como vosotros, así que tendremos que desactivar nuestros Enlaces en cuanto lleguemos a estos, ¿de acuerdo? Seguidme.
De camino a una salida de la sala en la que se encontraban, Ryku echó un nuevo vistazo a los escombros por lo extraño que le resultaron las palabras de Surge. Al fijarse más en detalle, se percató de que los escombros del campo de batalla que había en el estadio no eran los únicos, sino que los restos de otros campos también compartían el terreno como tales. Fue extraño, pero no tardó en verlo con normalidad debido a que Surge mencionó que el estadio del S.S. Anne se podía usar para combates de Gimnasio y no todos los Gimnasios eran del mismo tipo. Era lógico que hubiera tanta diversidad de campos de batalla.
Los tres personajes alcanzaron una puerta que se había destrozado por la presión de los remanentes de los terrenos de combate. Terminaron por romperla del todo y dejaron los pedazos con el resto de chatarra. En el pasillo desactivaron sus Enlaces como había ordenado el teniente. Ahora tenían que buscar un camino que los llevase a la cubierta.
—¿Por dónde vamos, teniente? —dijo Ryku.
—Esperad un momento.
Surge se apartó de los chicos y fue a uno de los extremos del pasillo mirando las paredes en busca de algo. No llegó a ellos pues aquello que buscaba lo encontró. Se quedó estudiando la pared un tiempo mientras Ryku y Dylan mantenían el equilibrio en sus puestos. Surge acabó de investigar y regreso con los jóvenes.
—Al parecer, esta parte del barco está reservada a los tripulantes del barco. Camarotes, almacenes, la maquinaria de las hélices… casi toda la parte media y baja de la popa es para ellos —explicó Surge—. Entre todo, he visto en un mapa de esta zona un gran hueco que se empela como almacén para grandes cargas. Ese almacén posee un ascensor que lleva a un área por la cual salir a la cubierta de popa rápidamente. Estoy convencido que, aunque no funcione el ascensor, habrá unas escaleras de emergencia que podemos usar. El plan es el siguiente: nos dirigimos a ese almacén y tomamos las escaleras.
—¿Y si las escaleras están fuera de servicio y se han venido abajo con todos estos temblores? —preguntó Ryku.
—No te preocupes por eso, chico. Tengo un plan B si nos vemos en ese caso. Vamos, seguidme y mantened vuestras manos en los brazaletes Enlace por si necesitamos transformarnos en el caso de que surjan más problemas.
Ryku y Dylan asintieron y fueron por detrás de Surge mientras él los conducía por los pasillos hasta el almacén de grandes cargas. Tuvieron que sortear algún que otro derrumbe, aunque sin mucha dificultad, y bajar por unas escaleras hasta los pasillos inferiores. Pronto dieron con las señalizaciones que indicaban el camino a seguir hasta el almacén y eso ahorró mucho tiempo al teniente, el cual se orientaba con los mapas que se encontraba en cada piso y lo que se memorizaba de ellos. Finalmente, atravesaron la puerta al fondo de un pasillo que directamente se adentraba en el almacén de grandes cargas.
El espacio que obtuvieron en comparación a los poco más de dos metros de alto y ancho de los pasillos fue de lo más notorio. Ryku pensó que, a pesar de que el almacén estuviera diseñado para albergar grandes y pesados cargamentos, no sería tan enorme. Sin embargo, aquel almacén se equiparaba a una nave industrial de tamaño medio. Del suelo al techo debía haber como veinte metros y de lado a lado, casi treinta. Desde el pasillo en el que estaban, se podían ver los grandes cargamentos que ahí se almacenaban. Los había principalmente de dimensiones medianas, grandes y algunos especialmente enormes. También había vehículos como camiones, coches, furgonetas, de los cuales el tercero era el más habitual entre los vehículos de cuatro ruedas, y un montón de piezas metálicas y de plásticos cuya función no se identificaba.
—¿Dónde está el ascensor? No lo veo —preguntó Dylan.
—En el otro extremo, muy seguramente —respondió Surge—. Sigamos.
De camino al otro lado del almacén, Dylan pidió una parada. Surge y Ryku no entendieron el motivo de la pausa, pero Dylan insistió en esperar solamente unos segundos.
—No es momento de quedarse quieto, soldado —protestó Surge.
—Lo sé, teniente. Pero le juro que he escuchado a alguien entre los cargamentos.
—¿Algún herido? —preguntó Ryku.
Dylan negó con la cabeza.
—No era una llamada de auxilio. Más bien sonaba como… una orden. Si mantenemos el silencio un instante…
Ryku y Surge se callaron un tiempo en el que el silencio solo se rompía por el chirriar del metal en las áreas colindantes. Pasaron unos segundos sin que pasara nada relevante hasta que, al fin, se escuchó una voz que demostró que Dylan no se había inventado. El tono era bajo por la distancia, pero el eco del almacén logró que Ryku, Surge y Dylan entendieran lo que decía.
—¡Rápido! No dejéis un solo coche por registrar, en especial las furgonetas. Mirad en todos lados, incluso debajo de los vehículos si es necesario. Tenemos que encontrar a ese maldito escurridizo y atraparlo antes de que el barco se hunda más.
—¡Sí, señor!
Ryku y Dylan intercambiaron una mirada. ¿Quién se ponía a buscar algo en las condiciones en las que se encontraba el crucero? Los jóvenes intentaron localizar a esa gente y no les costó dar con uno de ellos. Nada más verlo, se sorprendieron y enfadaron a partes iguales. El hombre vestía un traje con aquella «L» amarilla tan curiosa, pero a la vez tan fácilmente reconocible.
—El Equipo Leyenda —susurró Ryku—. ¿Qué hacen aquí?
—¿Y qué es lo que buscan en el S. S. Anne? —añadió Dylan.
—¿Habéis dicho Equipo Leyenda? ¿Estáis seguros de que son ellos? —preguntó Surge. Ryku y Dylan asintieron. Surge adoptó una cara seria que los jóvenes no habían visto jamás—. Dirigíos al ascensor y buscad esas escaleras.
—¿Qué va a hacer, teniente? —inquirió Dylan—. No pensará en atacarles usted solo, ¿verdad?
—He de hacerlo. Esa gente debe ser detenida. Puede que se les relacione con el incidente del crucero. Ya tienen un interesante expediente criminal.
—Deje que le ayudemos, señor.
—Negativo, soldado. Esto no es como un duelo de uno contra uno. Los enemigos son criminales y no admitirán la derrota fácilmente.
—Déjanos, Surge —insistió Ryku—. Ya hemos peleado contra el Equipo Leyenda anteriormente. Lo más complicado será luchar contra varios a la vez, pero todos tenemos ataques en área.
—No todos —protestó Dylan—. Pero yo tengo un caparazón muy resistente. Podría hasta distraerlos mientras Ryku y usted se encargan de ellos.
Surge discutió en su mente si dejar a los chicos luchar junto a él o continuar con su orden de mandarlos a la superficie. Miró a los jóvenes y vio en ellos unas fuertes intenciones de desafiar a aquella gente. Y no impulsivamente, como más temía que actuasen.
—Está bien. Pero con una condición: cuando dé la orden de retirada o a uno de los dos se os active la Prioridad Humana del Enlace, escondeos y corred hacia las escaleras, ¿entendido?
—¡Señor, sí, señor! —contestaron los jóvenes al unísono.
Surge buscó las escaleras por las cuales descender sigilosamente hasta ellos. Si los noqueaban antes, se ahorraban el combate con Enlaces activados. Desgraciadamente, el sigilo les duró muy poco debido a que uno de los miembros del Equipo Leyenda los detectó al mirar hacia su posición. Sus gritos alertaron a los demás y en pocos segundos de ver a un solo criminal, aparecieron hasta cinco más.
—¡Acabad con ellos! —bramó el cabecilla del grupo.
Los súbditos activaron sus Enlaces y fueron adoptando los aspectos de sus Pokémon. Surge, Ryku y Dylan reaccionaron de la misma forma y nada más finalizar su transformación, el teniente se abalanzó sobre ellos lanzando un rayo sobre el grupo. Ese momento permitió que los jóvenes terminaran su conversión y bajaran a ayudar al teniente. El Raichu ya se había encardado en combate con tres de los miembros del Equipo leyenda, mientras que los dos restantes, los cuales habían sido apartados por el rayo de Surge, fueron a por Ryku y Dylan. Sus Enlaces pertenecían a los de un Golbat y un Arbok.
—Yo iré a por el murciélago—comentó Ryku.
—Y yo a por la serpiente. No pierdas, ¿vale?
—Lo mismo te digo.
Ryku y Dylan se separaron cuando el Charizard saltó y voló hacia el Golbat. Lo atrajo hasta un lugar apartado donde ninguno de los dos pudiera socorrer a sus aliados.
—¿Huyes de mí? —se burló el criminal.
Ryku se detuvo no por la provocación, sino porque ya estaban bastante alejados de los demás. Se dio la vuelta, encaró al Golbat y le lanzó un torrente de abrasadoras llamas. El murciélago esquivó por los pelos el fuego, aunque este logró quemarle ligeramente un ala. Con batirla un poco ya alivió el dolor del calor.
El Golbat se enfadó y disparó su primer ataque. Emitió desde su gran boca unas ondas que se fueron agrandando poco a poco a medida que recorrían distancias. Era el mismo movimiento que vio en aquel combate del Yanmega contra el Camerupt. El supersónico parecía ser un ataque ineludible ya que no se podía contrarrestar con ningún tipo de movimiento al no tratarse de un objeto tangible, pero a Ryku se le ocurrió una idea de lo más simple: taparse los oídos. Al igual que el movimiento hipnosis, estos ataques afectaban a los sentidos y solo funcionan si estos no están protegidos. Recordando el combate contra el Poliwrath en ciudad Verde, Ryku se llevó las manos a la cabeza y dejó que las ondas le dieran de lleno. Notó como las ondas le afectaban, le aturdían, le mareaban. Por suerte, su táctica había sido efectiva y solo se quedó un tanto desequilibrado cuando el Golbat cedió su movimiento. Durante el corto instante en el que Ryku se recuperaba, el murciélago volvió a golpear.
Ryku se vio envuelto por una extraña aura verde claro. Intentó zafarse de esta de lo extraño que resultaba, pero era como si saliera de su propio cuerpo. De repente, el aura soltó como unas cadenas de energía que se dirigieron a la boca del Golbat y se juntaban formando una bola en el centro. Ryku sintió como su vida estaba siendo succionada y se debilitaba lentamente. No se quedó de brazos cruzados y afrontó el problema volando hacia el Golbat. Este, al ver el inminente peligro, se comió la esfera verde que se había creado en su boca e intento apartarse sin éxito. Ryku le agarró el ala y lo lanzó contra la pared con una increíble fuerza. El Golbat impactó tan violentamente que abolló el metal.
Era el momento de aprovechar el aturdimiento de su enemigo y Ryku no tardó en actuar. Nada más haber lanzado al murciélago contra la pared, ya estaba cargando en sus garras cerradas el brillo de su movimiento Megapuño. El Golbat se percató de la posible e inminente derrota y procuró que no ocurriera. Con un esfuerzo, alcanzó a moverse lo suficiente como para que puñetazo no fuera directo, pero eso no evitó que una parte de su cuerpo se llevara el golpe. Y para sorpresa de ambos, el Megapuño de Ryku había sido tan potente que deformó más la pared hasta el punto en el que el metal no lo soportó y se abrió un agujero en esta, causando que tanto el Golbat y el Charizard lo atravesaran y aparecieran en un pasillo contiguo al almacén.
En el pasillo, el Golbat se alejó del Charizard sin que este se lo impidiera. Ryku se extrajo los restos metálicos que se le habían pegado a la piel y creado una especie de guantelete de metal y se dispuso a continuar su ofensiva. Sin embargo, el murciélago ya se le había delatando y estaba cargando en su boca una nueva esfera de color, esta vez blanca. Fuese cual fuese el movimiento que iba a emplear, Ryku hizo lo posible por frenarle y voló hacia su enemigo como único recurso ante el limitado espacio en el que se ubicaba. El Golbat convirtió la esfera blanca en un impresionante rayo de luz que recorrió toda la longitud del pasillo en cuestión de segundos. Ryku reaccionó por instinto y se agachó para que el rayo no le alcanzara. Consiguió pasar por debajo del murciélago y situarse detrás de este, pero su tamaño como Charizard no le permitió zafarse con gracilidad y golpeó con sus alas al Golbat, lo que produjo que se desequilibrara y moviera el rayo en otras direcciones no intencionadas. El simple contacto de la energía del rayo con el metal causaba que se derritiera y explotara casi a la vez como fuegos artificiales. El Golbat finalizó el lanzamiento del rayo de luz por miedo a recibir un impacto indirecto a sí mismo.
Las explosiones del rayo de luz con el metal habían levantado una humareda que limitaba la visión. Ryku no veía nada más allá de un par de metros de distancia y el Golbat no se encontraba en ese radio, por lo que debía ir con cuidado. Lamentablemente, el humo hacía que no pudiese respirar decentemente y tosiera como consecuencia de ello. Entre tanta humareda, Ryku detectó un brillo y temió que el Golbat hubiera cargado de nuevo ese rayo de luz y esta vez no tuviera oportunidad de esquivarlo pasando por debajo de él. El joven cruzó los brazos delante de él, listo para recibir el golpe. Escuchó un sonido que lo mantuvo firme en su posición por no reconocerlo y, fugazmente, algo pasó volando a su lado. Ryku alcanzó a ver aquello que se había cruzado en su camino con el rabillo del ojo mientras se mantenía estático. La borrosa imagen que creó en su mente fue la de una especie de bola rosa de casi medio metro de longitud. El fenómeno fue tan extraño que Ryku no pudo evitar mirar detrás de él por si veía con mayor claridad a esa bola rosa, pero no percibió nada. Ya hubiese sido real o no, aquella cosa se había desvanecido. Ryku ignoró lo que acabara de presenciar y retomó el combate.
El Golbat había sido más afectado por el humo y el polvo debido a mantener la boca abierta casi todo el tiempo. Era una desventaja muy grande pues su set de movimientos requería mantener los labios separados. Por otro lado, el Charizard no podía tener una mejor oportunidad de atacar sin que su rival se defendiera, pero esperó a que se disipara un poco más el humo para ver mejor dónde enviaba sus llamas o garras. Cuando la columna de humo se convirtió en una simple capa que emborronaba la distancia, Ryku corrió hacia el Golbat, que estaba tosiendo por la cantidad de polvo ingerida involuntariamente, y le tiró un torrente de llamas a escasos centímetros de su cara. Obviamente, el murciélago quedo abrasado por el fuego, aunque sobrevivió al ataque a pesar de tener el cuerpo ennegrecido. El repentino ataque de Ryku había ayudado al Golbat a dejar de toser a cambio de quedarse aturdido. Ryku continuó con su ofensiva de manera que los siguientes golpes fueran letales y activaran la Prioridad Humana del brazalete Enlace del enemigo.
Para ello, Ryku cogió el cuerpo del Golbat, salió del pasillo tirando de él y lo colocó en una posición en la cual el efecto de su siguiente movimiento lo condujera al suelo del almacén como destino. Cuando apuntó bien, cargó en su puño la energía de su movimiento y le dio con abrumadora fuerza. El Golbat viajó a gran velocidad hacia el suelo y chocó violentamente contra el suelo, cerca de uno de los cargamentos. Ryku comprobó si el miembro del Equipo Leyenda había vuelto a su forma humana y se llevó una nueva sorpresa: el enemigo seguía en su forma de Golbat. Irritado, Ryku descendió, se puso encima del Golbat y le asestó cuatro cuchilladas en un segundo. Esta vez, el resultado fue el esperado y el Golbat regresó a su verdadera identidad.
El hombre, ahora indefenso, huyó aterrado de Ryku. El Charizard pensó en detenerle y atraparle para llevarlo posteriormente a la policía, pero tuvo que cambiar de planes. El crucero volvió a emitir un temblor y con él aumentó la inclinación del S. S. Anne. Esta inclinación trajo consigo consecuencias desastrosas cuando los arneses de seguridad de los cargamentos no aguantaron la presión y se rompieron. Los cargamentos fueron atraídos por la gravedad hacia el otro extremo de la pared del almacén llevándose consigo todo lo que hubiera en su camino. Ryku estaba en ese camino. No obstante, el joven ya había alzado el vuelo mientras el barco se inclinaba ya que sabía que en el aire tenía mejor estabilidad que en un suelo con pendiente. Ryku observó desde arriba como el cargamento arrastraba los coches que obstaculizaban su trayectoria hasta detenerse en un camión que hizo que el cargamento se destrozara, se dispersara en pedazos por todas partes y se tornara una amenaza débil. Después de admirar el espectáculo, Ryku regresó con Dylan y Surge confiando en que sus combates hubieran acabado en victoria.
Surge continuaba su combate a pesar de la nueva postura del crucero. Desde la posición de Ryku, veía al teniente como se movía con gracilidad entre los vehículos y asestaba certeros ataques rápidos que hacían retroceder a sus contrincantes. De los tres, uno ya había sido derrotado por completo pues no se le veía por ningún lado. En cuanto a Dylan, él estaba a punto de derrotar a su rival cuando de un cañonazo de agua a presión mandó por los aires al Arbok enemigo y lo estampó contra la barandilla del pasillo en el que estaban antes de las peleas. Dylan no cedió ni un segundo su disparo de agua hasta que el Arbok fuera totalmente derrotado, acción que no ocurrió hasta pasados unos diez eternos segundos. Ryku descendió y se quedó levitando frente a su amigo.
—Ha sido un poco déjà vu este golpe final —comentó Dylan.
—¿Ruta 3? —se limitó a decir Ryku.
Dylan lo pensó detenidamente.
—Sí, ruta 3. ¿Has tenido problemas con tu rival?
—Nada más allá de que fuera un Golbat de lo más resistente. Sobrevivió a un lanzallamas, un Megapuño y una caída en picado contra el suelo.
—Bueno, tú sobreviviste a un Hiperrayo. Estáis empatados.
—Ya te contaré lo que realmente pasó. Ahora vayamos a ayudar a Surge.
Dylan estuvo de acuerdo y los dos fueron a socorrer al teniente. De camino a la zona de rayos, otro de los cargamentos perdió sus arneses de seguridad y se desmoronó por todo el almacén. Por suerte, aquel fue detenido con anterioridad por un camión, pero lo que consiguió pasarlo cayó cerca de Ryku y Dylan. El Blastoise se escondió en su caparazón al temer que le cayera muchos escombros encima y Ryku dio un acelerón tras batir sus alas con fuerza para esquivarlos. Pasado el peligro, llegaron a la batalla de Surge con los dos miembros del Equipo Leyenda que quedaban con Enlace activo.
Ryku vio los Enlaces que tenían y su primera acción fue mantener las distancias. Uno de ellos pertenecía a un Nidoking y el otro a un Persian. El Nidoking era lento, pero sus ataques parecían increíblemente potentes con un par de vehículos hechos pedazos a su alrededor como prueba. Por su parte, el Persian era lo bastante veloz para proteger a su aliado de cualquier ataque rápido que viniera de Surge y sus zarpazos también eran poderosos. Surge saltó hacia atrás y chocó inesperadamente con Ryku, el cual le cogió como una pelota. El Nidoking y el Persian vieron ese momento de despiste como una ventaja y quisieron sacarle partido, sin embargo, Dylan estuvo alerta y disparó sus cañones de agua que sirvieron para que no se movieran de donde estaban.
—Ryku, la próxima vez intenta ser más notorio si atacas de frente —le riñó Surge—. Y puedes dejarme en el suelo.
Ryku soltó al teniente tan rápido como había recibido la orden. El teniente ya se esperaba algo así, de modo que aterrizó lo mejor que pudo con la inclinación del barco.
—Si los dos estáis aquí, supongo que significa que habéis derrotado a vuestros rivales —continuó Surge.
Ryku asintió con la cabeza.
—Aunque no hemos detenido a los criminales…
—Olvídate de ellos. No lograrán escapar si sus Enlaces están desactivados. Lo importante es derrotar a estos dos o escapar antes de que la inclinación del barco sea ya insoportable.
—No parece tarea sencilla —protestó Dylan—. Acabo de lanzar uno de mis cañones de agua más poderosos y ni el Persian ni el Nidoking se han visto muy dañados. Esos Enlaces no deben ser normales, por muy fuerte que sea el Nidoking, es débil a mis ataques y casi da la sensación de que ni se inmuta.
Surge gruñó.
—Maldición. No quería llegar a esto. Ryku, Dylan, es hora de pasar al plan B.
—¿Cuál es?
—Crear un agujero en el almacén y salir por él.
Ryku miró desconcertado al teniente. Dylan también, pero él estaba más concentrado en evitar que el Persian y el Nidoking se les acercaran.
—¿No es un poco extremo lo que quieres hacer, teniente? —preguntó Ryku, aunque ya sabía la respuesta.
—Lo es. Pero no queda alternativa. Dudo mucho que las escaleras que debíamos tomar sigan en pie en estos momentos, ya sea por el último temblor como por el Hiperrayo que he visto al final de almacén.
—Pero, con esta inclinación y con lo bajo que estamos, al abrir el agujero el agua invadirá todo el almacén. ¿Y si estamos muy profundos y no podemos ascender?
—Ahí es donde entra en acción Dylan. Como Blastoise podrá llevarnos a la superficie del mar en un instante. Es más, el S. S. Anne no se habrá movido mucho del muelle y la profundidad en el puerto no supera los treinta metros.
—Ya veo. Me alivia un poco saber que tenemos a Dylan para movernos por agua rápidamente. Estoy preparado, teniente.
—Y yo —agregó Dylan antes de disparar un cañonazo de agua que mandó por los aires al Persian. Desgraciadamente, el gato cayó de pie y no mostró indicios de haber sido gravemente dañado—. Esto me está hartando… ¡Ryku, ayúdame!
Ryku se reunió con Dylan mientras Surge se dedicaba a prepararlo todo para crear el agujero en la pared del almacén. Ryku y Dylan alternaron las llamas y el agua con tal de no negarse los ataques el uno al otro. Los lanzallamas de Ryku resultaban ligeramente más dañinos que los torrentes de agua de Dylan, tanto que de todos los que escupía terminaron por producirle quemaduras a los enemigos, por lo que tarde o temprano sus Enlaces se desactivarían. Sin embargo, eso también los enfureció y el Persian se movió con una velocidad y gracilidad propias de su especie y asestó a Ryku una buena cuchillada en el pecho. Ryku se protegió y resistió el golpe lo mejor que pudo, pero retrocedió y se apoyó sobre su rodilla. En ese instante el Nidoking saltó hacia él con la finalidad de clavarle el cuerno de su corto hocico y sentenciarlo. Dylan reaccionó y protegió a su amigo interfiriendo en el movimiento del Nidoking y recibiendo él el impacto. Ryku se recompuso y lanzó un lanzallamas que obligó a retroceder al monstruo morado.
Ryku se resintió con último lanzallamas y notó lo que más temía: su Enlace estaba cerca de entrar en el modo reinicio. Un golpe más y volvería a ser humano.
—No aguantaré otro ataque —informó Ryku a su amigo.
—Tranquilo, yo te cubro.
No solamente Dylan le resguardaba, Surge también. Y el teniente ya había finalizado la preparación de su plan. La señal fue un ruido típico de un coche quemando rueda en el asfalto que atrajo la atención de todos. El Nidoking y el Persian recibieron la peor parte cuando varias furgonetas y un camión los arrastraron hacia la pared del almacén. La inclinación del barco permitió que los vehículos chocaran violentamente entre sí y moldearan ligeramente el muro de metal dando la sensación de estar a punto de romperse, pero soportó muy bien las toneladas de chatarra. El Nidoking y el Persian quedaron atrapados entre la carrocería de los vehículos y sus esfuerzos de escapar eran inútiles.
—¡Dylan, Ryku, venid aquí!
El increíble grito de Surge sobresaltó a los dos jóvenes y ambos acudieron a la llamada. Desde la posición del Raichu, se veía una montaña de furgonetas y el camión con las ventanas rotas y la carrocería completamente abollada.
—¿Qué hay que hacer ahora? —preguntó Dylan.
—Ryku, apunta a ese lado de la montaña y escupe un lanzallamas a la mayor potencia de la que dispongas. Dylan, tú usa el caparazón del Blastoise como escudo en el que podamos protegernos de la consecuencia de las llamas.
Ryku fijó la mirada en el hueco que le había señalado Surge y se percató de las intenciones del teniente. De algunas de las furgonetas salía el combustible de los depósitos y otras no tenían la protección de la boca de estos. Surge pretendía crear el agujero detonando la montaña de vehículos. Esperaba que su Enlace no se desactivara en el momento más inoportuno.
Cuando Dylan estuvo preparado para hacer de escudo Pokémon, Ryku apuntó al combustible y disparó su lanzallamas. Solo fue cuestión de segundos para que una llama encendiera el combustible y este iniciara una reacción en cadena llena de explosiones. Dylan se escondió en su caparazón y Ryku y Surge se cubrieron detrás de él. Las explosiones no tardaron en abrir el agujero en el barco y el agua pasó a inundarlo poco a poco todo. Ryku cerró los ojos tanto por la humareda de las explosiones como por miedo a que alguna parte de los vehículos le diera de lleno a pesar de estar cubierto tras el caparazón de Dylan. Este se molestaba por los impactos y a cada impacto de metal que recibía su caparazón, era un paso más cercano a que su Enlace también se desactivara. Surge esperó unos segundos en los que los vehículos ya no podrían explotar con facilidad por el agua y ordenó a Dylan y Ryku que se dirigieran al agujero. Dylan salió del caparazón y se dejó rodear por el agua. Ryku y Surge se agarraron al Blastoise y fueron llevados hacia el mar. Justo cuando ya se iban a cubrir completamente de agua, los dos cogieron aire y aguantaron la respiración hasta ascender.
Dylan tuvo algunas dificultades para salir por el agujero ya que los restos de las furgonetas no se dispararon en su totalidad y se dirigían lentamente hacia el suelo marítimo. Por el camino, algún vehículo consiguió detonar con retraso y eso ayudó a Dylan a impulsarse hacia arriba. Desgraciadamente, esa ayuda vino acompañada de trozos de la furgoneta que inevitablemente dañaron a Surge y a Ryku y desactivaron sus Enlaces. Ryku volvió a cerrar los ojos y deseó salir a la superficie cuanto antes.
Finalmente, con una fuerte exhalación, Ryku y Surge pudieron respirar el preciado aire que escaseaba en sus pulmones. Ryku casi no tenía fuerzas para seguir agarrado y Dylan ayudó a que tanto él como Surge se quedaran apoyados sobre su caparazón. Luego se orientó y buscó tierra firme. Ryku preguntó por el estado de Surge, pero él estaba demasiado concentrado para responderle. Ryku observó entonces que el antebrazo derecho del teniente estaba sangrando y partido y quiso socorrerle como buenamente era capaz. El teniente le calmó diciéndole que la herida era menos grave de lo que parecía desde fuera y que el dolor no era nada que no soportara, que había sufrido de heridas peores. Ryku pidió a Dylan que acelerara, que el teniente necesitaba atención médica y el Blastoise aumentó la velocidad, llegando a los muelles en poco más de un minuto y de recibiendo la ayuda los servicios de emergencia que rondaban la zona.
Ryku echó un último y rápido vistazo al S.S. Anne. El crucero de lujo estaba completamente varado en mitad del puerto y hundido por el lado derecho, lo suficiente como para que una de las hélices del navío se expusiera a la vista de todos. Sin duda el S. S. Anne no volvería a surcar los mares en mucho tiempo.
