- Te hemos encontrado un sitio muy bonito donde vas a poder jugar todo lo que quieras…

Sora se inclinó, teniendo a Aiko echada sobre su cambiador mientras que le estaba poniendo el pijama. Aquella noche, al contrario que otras, había sido ella la que se había encargado de poder cambiarla y prepararla para irse a dormir ya que Yamato se había entretenido en hacer la cena. Llevó las manos hacia ella, haciéndole así cosquillas en la barriguita, escuchando su risa.

- Ya verás qué habitación más bonita vas a tener. Aunque bueno, la que tienes ahora tampoco está nada mal, ¿eh? Que casi te quedas sin padre por ella… Aunque creo que sigue sin querer hablar del tema de la cuna…

Se rio al traer a su memoria los numeritos que había escuchado, especialmente el día que Takeru y Taichi habían decidido ayudar. Era una pena que no hubiera podido verlos a los tres, adultos funcionales, perdiendo contra las instrucciones de una simple cuna, pero aquello había sido parte de la sorpresa.

- Y en la parte de atrás hay unas cristaleras donde vamos a poder dejar todos los colores a tu alcance para que juegues con ellos – terminó de ponerle el pijama, cogiéndola en brazos-. Ya verás, si es que ahora no te vas a enterar, pero cuando nos mudemos seguro que te empiezas a dar cuenta de todo…

El humor de la pelirroja había mejorado considerablemente en comparación con los días pasados. Nada más entrar en la casa y empezar a verla se había ido entrando en ella hasta que había acabado llegado a imaginarse cómo podría llegar a ser, y en vez de estar atenta a lo que les decían de los muebles, ella había estado pensando en su pequeña y en por dónde podría jugar. Era la primera vez que le pasaba aquello y, por eso, había sabido que era la casa correcta. La cara de Yamato había sido exactamente la misma que la de ella, no habían necesitado decir demasiado más.

Aunque sin duda iba a seguir en su cabeza el hecho de que Yamato se volvía a tener que ir, aquello había servido para que centrara su cabeza en ello. Aún quedaba tiempo para que llegase mayo y, mientras tanto, podían dedicarse a dejar la casa lo más avanzada posible. Eso le iba a seguir para tener la cabeza ocupada y no esta preocupándose por cosas que, se pusiera como se pudiera, no iba a poder hacer nada por evitarlas.

Un ruidito de la pequeña reclamó su atención haciendo que bajase la cabeza, observándola, viendo como se estaba riendo, alargando las manitas hacia ella, intentando cogerla.

- ¿Qué? ¿Te estás riendo de mí? Te lo perdono solo por ser tú y por haber salido tan guapa – se inclinó, dejando un sonoro beso en su mejilla no tardando en escuchar la carcajada de la pequeña.

- Eso es porque ha salido al padre…

Haciendo que diera un respingo, Yamato abrió la boca para reclamar la atención de la pelirroja, dejándose notar por fin. Llevaba un rato apoyado en la puerta, observándolas, no habiendo querido molestarlas, entretenido con la conversación que estaba teniendo Sora con la niña. Caminó hasta colocarse a su lado finalmente, sonriendo ligeramente.

- Y el tema de la cuna creo que prefiero no recordarlo si no te importa, hace que me replantee cómo he podido llegar a mi puesto de trabajo.

- Mejor no le preguntamos a los expertos de la JAXA – se rio, girándose del todo hacia él-. ¿Está ya la cena?

- Sí, venía a avisarte… ¿Quieres que termine de echarla yo?

- ¿Has venido a avisarme de que está la cena o a robarme a la niña? – divertida por haber adivinado sus intenciones le tendió a la pequeña para que la cogiera-. Voy a subir al baño, échala tú, te espero en la cocina.

Asintiendo a sus palabras, cogió a la niña después de observar como Sora dejaba otro beso en su mejilla.

- Buenas noches, cielo…

Yamato giró, sujetando bien a Aiko contra él para quedarse vigilando los pasos de la pelirroja mientras que salía de la habitación, cogiendo la mano de la pequeña para imitar el gesto de despedirse, agitándosela suavemente justo cuando vio que se giraba.

- Venga, que ya es hora de que te vayas a dormir – poniéndose algo más serio, caminando hacia la cuna con ella para intentar dormirla.


Salió finalmente de la habitación de la pequeña, cerrando la puerta tras él, habiendo dejado pasar primero a los digimon, quienes habían cenado los primeros para poder irse con la niña. Se había cansado ya de discutir con ellos sobre que podían cenar con él y con Sora tranquilamente, pero habían cogido la costumbre de querer ir a vigilar a Aiko.

Se dio cuenta de que la pelirroja ya había bajado, encontrándosela cerca de la cocina, levantando la tapa para ver qué había hecho para cenar, rondando totalmente distraída. Sin duda se había dado cuenta del cambio de la forma de comportarse de ella desde hacía unas horas. Había estado algo más apagada desde que le había dado la noticia de que se iba a ir, pero aquella tarde parecía haberse esfumado todo.

- ¿Con qué permiso has ido tú a ver qué he hecho de cena?

Se giró, divertida, poniendo cara de no saber de lo que le estaba hablando, encogiéndose de hombros.

- Es tu culpa. Luego te vas a acabar quejando el día que por tu culpa no entre en mi ropa…

- Ya, pero no te preocupes, ese día seguro que te encuentro rápido alguna sustituta… - siguiéndole el juego, no le dio tiempo a reaccionar antes de alargar el brazo para tirar de ella y atraerla hacia él-. ¿Qué pasa? ¿Te gusta el menú?

- Has hecho mi sopa favorita con el día de perros que hace…

- Tenemos que cosas que celebrar hoy, ¿no? – se quedó estudiando su expresión-. ¿Estás contenta?

- Mucho… - subió la mano hasta su mejilla, acariciándola así con el dorso-. No sabes cuánto. Me encanta la casa y que haya sido tan sencillo que nos hayan dicho que sí.

- Algo nos tenía que salir bien para compensar la mala noticia del mes, ¿no?

- Y no sabes cuánto… - sonrió al ver cómo cerraba ligeramente los ojos a medida que seguía moviendo su mano por su piel-. Me muero de ganas de empezar con las reformas y los preparativos…

- Eso suena como que me vas a arrastrar a unas cuantas tiendas…

- Vete asumiéndolo, Ishida…

Se quedó observándola. Estaba ilusionado también con la casa, no podía negarlo ni tenía intención de ello, pero se le notaba muchísimo menos que a ella. Sin duda era lo que parecía necesitar para salir de ese mal tramo que habían tenido.

- Anda, vamos a cenar que luego te me quedas dormida y tengo que subirte a la habitación.

- Bueno, si me quieres subir tú tampoco me voy a quejar…

- A cenar he dicho…

Yendo a sentarse a la mesa cuando se lo indicó, se acercó primero a la nevera para sacar de dentro la bebida, dejándola en su lugar. Tenía hambre, pero haber descubierto el menú que tenían le había abierto aún más el apetito.

- ¿Qué te ha dicho tu madre de lo de la casa? – le dijo cuando se sentó, habiéndose echado ya también su cena.

- Que quiere verla. Yo creo que quiere calcular exactamente a cuánta distancia le quedamos…

- Bueno, no se podrá quejar, estamos cerca de algunos de los jardines más famosos de la zona.

- ¿Si? No me había dado cuenta – sonrió divertida-. Debe de ser que nunca me has llevado a verlos.

- ¿Verdad que no? No te preocupes, puedes ir con tu madre si quieres. Me han dicho que hay un puente que pasa por uno de ellos que deja vistas directas hacia la sede de la JAXA.

Riéndose por lo bajo debido a la conversación se entretuvo en soplar el líquido, teniendo ganas de poder probarlo por fin.

- Ten cuidado, no te vayas a quemar…

- Que no – dijo antes de soplar otra vez, pudiendo probar por fin la comida-. Esto era justo lo que me hacía falta para terminar el día. Hoy igual no me meto con calcetines en la cama…

- Tranquila, no creo que me vayas a escandalizar a estas alturas. Ya venías con ello, no puedo acusarte ni de intentar engañarme antes de la boda.

Sora se encogió de hombros antes de llevarse otra vez la cuchara a los labios. Sin duda la cena estaba ayudando a mejorar todavía más su humor, notando la calidez en el estómago.

- Creo que con los pijamas de peluche ya me cazaste el primer invierno que se nos vino encima. No me molesté en ocultarte demasiado nada…

- En realidad sí – no pudo evitar que la típica sonrisa ladeada apareciera en su cara-. De aquella nos veíamos tan poco que precisamente el pijama no era de lo que más solíamos gastar cuando me quedaba contigo.

- Ahí voy a tener que darte la razón – no se le subieron los colores en aquella ocasión, tomándose unos segundos para continuar cenando antes de volver a hablar-. Aunque yo creo que por casa sí que me tuve que pasear con alguno… Nada como aquella camiseta que te quedaba tan divina como la que te tuve que dejar en alguna ocasión, claro.

- Sin duda me quedan mucho mejor a mí las tuyas que a ti las mías.

- No sé qué le queda mejor a quién, pero si me da por robarte alguna de las tuyas a modo de pijama de verano tampoco es que me dure demasiado puesta para comprobarlo. Así que vamos a dejar el tema de los pijamas que a este paso vamos a tener que ponerlo en práctica y yo quiero terminar de cenar.

Optando por hacerle caso y no continuar con el tema, la observó unos segundos antes de empezar a cenar él también. Habia hecho aquella comida a sabiendas de lo mucho que le gustaba, pero en parte también por el frío que había estado haciendo todo el día. Les iba a sentar bien a los dos.

- Oye, acabo de darme cuenta de una pega horrorosa de la casa…

- Venga, sorpréndeme…

- Mimi.

La pelirroja levantó los ojos hacia él, confusa. No entendía qué pintaba su amiga en todo aquello, teniendo que hacer el esfuerzo para recordar que, aunque ella no viviera en aquel barrio sí que quedaba mucho más cerca que nadie más del grupo.

- Es verdad, no me había dado cuenta de que estamos cerca… Eso es bueno, así Aiko puede jugar cuando quiera con Hiro y Sen.

- La casa de Jou tampoco queda demasiado lejos, vamos a poder tenerlo a mano si hay que darle la lata si a la niña se le ocurre estornudar.

- O si a ti te da por hiperventilar demasiado por tener a Mimi a menos de media hora caminando.

- Eso también – asintió-. Pero bueno, debería de estar acostumbrado a ella a estas alturas. ¿Cuándo vuelve de Estados Unidos?

- No tengo ni idea. Como mi padre lleva dado vueltas una temporada, están algo más relajados de trabajo y Koushiro está teniendo tiempo libre, así que están aprovechando.

Asintió decidiendo que era buen momento para centrarse en la cena por fin, dejando de distraer a Sora. Sin duda aquella semana había mejorado de forma radical cuando contaba que no pudiera hacerlo. Se le vino a la mente la conversación que habían tenido de camino hacia la casa, sobre si iba a tener una temporada libre después del viaje.

- Estaba pensando… ¿Y si cuando vuelva yo nos quedamos unos días en Tanegashima? Finales de mayo es buena fecha, hace buen clima y no hay muchos turistas.

- No lo sé, a lo mejor nos linchan por estar fuera de la ciudad en época del cumpleaños de la niña…. Pero suena de maravilla.

- Bueno, todo es organizarse, pero yo creo que puede ser buen momento y tú te lo puedes tomar como unas vacaciones.

- ¿Incluye visita a la heladería?

- ¿Podemos darle helado a ella ya?


AnnaBolena04: la competencia para ver quien está más contento con la noticia de la casa es dura. Aunque parece que Sora está a punto de ir dando saltitos por las esquinas. Parece que ha vuelto a la vida casi que después del susto que se ha llevado con el viaje de su rubio, que ahora tiene la casa en la que va a poder vivir con su familia y todo parece que va bien. Y si para encima le hacen una de sus cenas favoritas para entrar bien en calor en un día de invierno como en el que están, pues yo creo que se va a ir a la cama bien contenta esa noche.

Sin duda parece haber servido para que está más tranquila y con la mente en otra cosa, como, por ejemplo, empezar a planear ir a hacerle compañía a Tanegashima cuando se vaya él al sur. Sin duda, con un bebé es la mejor de las opciones. Y ella ya está demasiado acostumbrada a tenerlo rondándola que seguramente quiera ganar todo el tiempo que pueda a su lado. A ver qué tal les van las cosas esta siguiente temporada, que ahora, por lo menos, tiene casa.

¡Un besito de tortuguita!