Durante el camino de vuelta a ciudad Celeste, Ryku contó la pelea contra Surge a Dylan tal y como su amigo deseaba. No escatimó en detalles y le explicó todas las desgracias por las que pasó para conseguir la victoria. Dylan se mostró curioso ante el uso del ataque rápido por parte de Surge ya que, en su combate, no lo había usado nunca. Con él se dedicaba a asestarle cabezazos en el caparazón para ir debilitándolo y soltar más rayos que los recibidos por Ryku. En la parte de la onda que paralizó al Charizard, Dylan no requirió que le dijera mucho de ello pues conocía esa sensación de tener el cuerpo cargado de electricidad que limitaba la movilidad y podía incluso inmovilizarle. Dylan describió cómo se intentó defender de la onda refugiándose en su caparazón e, igualmente, sentir como la electricidad recorría cada rincón de su cuerpo. El resto de combate fue algo más emocionante en el de Ryku tras liberarse de la parálisis a tiempo comparado con el final del de Dylan. Después de narrar todo el combate contra Surge, y como todavía quedaba mucho camino hasta ciudad Celeste, Ryku preguntó a Dylan por sus combates con el mismo nivel de detalle que él usó, pero solo hasta Surge para no tener tan pronta ventaja contra el resto de los líderes que le quedaban.

Los jóvenes hicieron algunas pausas por el camino para descansar los pies y recuperar un poco de energía antes de continuar. Al llegar al edificio de la vía subterránea de ciudad Azafrán en la ruta 6, Ryku y Dylan echaron una ojeada al estado de la cuarentena tras tantas semanas con esta activa. A simple vista, no daba la sensación de haber sido un incidente de tanto tiempo, más bien recordaba a la primera vez que se toparon con el panorama de la barricada de policías. No habían reducido el acceso a la seguridad en ningún momento.

—¿No es demasiado que siga la ciudad así después de tantas semanas desde el incidente? —preguntó Ryku.

—En las noticias dijeron que los criminales causantes de las explosiones no lograron abandonar la ciudad después del ataque. Tiene sentido que sigan tan alerta porque aún no los han detenido —informó Dylan.

—Increíble. ¿Tan grande es ciudad Azafrán como para que unas personas puedan esconderse tan bien en su interior?

—Grande es, no hay duda; hablamos de la capital de Kanto. Pero tienes razón, es extraño que tarden tanto en encontrar a los delincuentes si toda la ciudad está en alerta.

—Confío en que se quite la cuarentena pronto, no vaya a ser que no pueda conseguir la medalla de Gimnasio que hay ahí.

—No creo que lleguen a tales extremos de aislar la ciudad permanentemente. Tal vez permitan el acceso con una seguridad máxima. A fin de cuentas, ciudad Azafrán es la ciudad comercial más importante de la región. Impedir el comercio en esta sería su ruina.

—Esperemos.

Ryku y Dylan entraron en el edificio de la vía subterránea y caminaron a paso rápido hasta salir por el otro lado. Cuando abandonaron el edificio, el sol ya se estaba poniendo. Al ritmo al que iban, alcanzarían ciudad Celeste un poco antes de que las farolas se encendieran. Por desgracia, con las pequeñas pausas que tuvieron que hacer a lo largo de la ruta 5, la noche llegó y recorrieron la poca ruta que les quedaba bajo la luz de las estrellas y la luna. Por lo menos no les quedaba mucho trayecto.

Nada más entrar en la ciudad, los jóvenes se dirigieron al albergue y alquilaron sus habitaciones por una noche. Esperaban haber llegado a tiempo para cenar en el comedor y tuvieron la suerte de que seguía abierto y lleno de gente. No tendrían que tirar de sus reservas guardadas en las mochilas. Luego de llenar sus estómagos, cada uno se fue a su habitación a descansar.

A la mañana siguiente, Ryku y Dylan se dirigieron al este de ciudad Celeste. Por el camino contemplaron unas obras en una casa que había sido semiderruida. Dicha casa la recordaron como aquella en la que había policías y una pareja de la cual la mujer lloraba desconsoladamente mientras el hombre hablaba con el policía. En tres semanas, la casa estaba mucho mejor que antes a pesar de sus claros desperfectos. Ryku pensó qué pudo provocar el derrumbe. ¿La estructura se debilitó por ser antigua? ¿Una instalación de algún mueble que se clavaba a la pared acabó tirando las paredes? ¿Un movimiento Pokémon que se fue de las manos? Todas eran posibilidades plausibles. No se detuvieron a mirar el destrozado edificio y continuaron su camino hasta adentrarse en la ruta deseada.

La ruta 9 era una ruta terrestre en la que había diversos desniveles y algún que otro campo llano libre de hierba alta y otros llenos de esta en su totalidad. Dylan confesó que por esta ruta no viajó y se disculpó de que pudieran andar más lentamente. Ryku no le dio importancia ya que la ralentización vendría más por culpa de desniveles que de su amigo. No contaron que por la ruta habría entrenadores deseosos de practicar y mejorar sus técnicas y los desafiaron. Ryku peleó contra una chica de cabello largo y negro que vestía como aquel campista del Puente Pepita y Dylan contra un joven de camiseta y pantalones cortos y una gorra azul.

Ninguno de los dos combates duró mucho.

El duelo de Ryku contra la chica consistió en una pelea entre un Charizard y un Victreebel. Casi cualquier movimiento del Charizard le hacía un daño tremendo al Pokémon al ser de tipo planta y, aunque también era tipo veneno, la chica no parecía poseer ningún movimiento de ese tipo en su arsenal. Por extender la experiencia en el combate, Ryku no utilizó su lanzallamas ni ningún ataque de tipo volador como lo era su ataque ala y basó sus ataques en cuchilladas y el Megapuño. Desgraciadamente, la lucha no duró más de cinco minutos a pesar de que el Victreebel se defendía absorbiendo la vida de su enemigo para recuperarse, pero Ryku, con una sola cuchillada, le quitaba más vida de la que se curaba y no tardó en llegar el momento en el que un ataque superó la resistencia del Victreebel y la chica perdiera el combate.

Dylan intentó hacer algo similar a la técnica de extender su combate contra el Sandslash en el que se había transformado el chico del gorro azul. A diferencia de Ryku, y para desgracia del chico, Dylan no alargaba la pelea con tal de ayudar a practicar a su rival, sino para comprobar el nivel de fuerza que tenía y, al observar que su vida no mermaba tan rápido a pesar de poseer una debilidad neutra, Dylan sentenció el combate con un golpe directo y a toda potencia de sus característicos cañones de agua. Cuando terminó la lucha, Dylan dedicó unos minutos a aconsejar al chico a la hora de enfrentarse a un Enlace de tipo agua como el suyo, acción que el joven de la gorra azul agradeció enormemente.

Más adelante tuvieron un encuentro con Nidoran de ambos sexos y algunos en su evolución intermedia. Las primeras evoluciones se asustaron nada más ver a Ryku y Dylan y se ocultaron en la hierba alta y los árboles de la zona. Los Nidorino y Nidorina no actuaron igual y se mostraron amenazantes a los chicos. Los chicos mantuvieron sus manos pegadas a la pantalla de sus brazaletes, listos para activar el Enlace si los Pokémon salvajes iniciaban un combate. Al principio solo compartieron miradas hasta alejarse los unos de los otros, pero eso conllevó a que Ryku no se percatara de que no todas las crías se habían escondido y una había asomado la cabeza por la hierba alta, lo que imprevisiblemente acabara en una pequeña patada a la criatura. El grito de esta por el golpe alertó a los Nidorino y Nidorina y les atacaron. Ryku y Dylan se transformaron al escuchar el aullido de los monstruos morados y azules. Como había sido un accidente que no debía tenerse en cuenta, Ryku solo lanzó sus llamas a modo de advertencia y, si se le acercaban mucho, los cogía por el cuerno y los lanzaba al interior de la hierba alta. Por suerte aquello solo tuvo que hacerlo una vez, el resto comprendió la amenaza superior que representaba, o bien tenían pavor al fuego y huyó a ocultarse en la hierba. En cambio, Dylan tuvo a un Nidorino como rival que no le temía al fuego e iba decidido a clavarle su cuerno. Desgraciadamente, Dylan era un contrincante demasiado poderoso para él y de un simple cañón de agua mandó al Pokémon por los aires hasta desaparecer entre la hierba alta. Ryku y Dylan se quedaron vigilantes por si los Pokémon salvajes optaban por retomar la ofensiva o ya les habían dejado en paz. Pasados varios minutos, los jóvenes supieron que no les iban a atacar más y desactivaron sus Enlaces.

Ryku y Dylan hicieron una pausa para comer en uno de los campos libres de hierba alta en lo bajo de una colina. Se sentaron cerca de un árbol y sacaron unos bocadillos y botellas de agua de la mochila. El pan atrajo a los pájaros de la zona, unos Spearow curiosos y amigables, que se movían a base de diminutos saltos alrededor de los jóvenes. Ryku terminó accediendo a las intenciones de las aves, les tiró unos pedazos de pan y miró como los Spearow competían por quién se lo comía antes. Dylan echó otros pedazos en la dirección opuesta para comprobar si eran lo bastante inteligentes para dividirse y tuvo que llamarles la atención agitando el pan en su mano. Entonces sí se dividieron los Spearow y cada uno tenía un grupo que alimentar. Cuando se quedaron sin comida, los Spearow salieron volando y regresaron a su antiguo lugar en las ramas del árbol bajo el que descansaban los jóvenes. Ryku y Dylan recogieron la basura y la guardaron en la mochila con la finalidad de tirarla más tarde debidamente.

Tras media hora de camino por la ruta 9, Dylan anunció que habían abandonado esa ruta y ahora se hallaban en la ruta 10. El punto de cambio de ruta lo determinaba un río de fuerte caudal a medida andaban por el camino de tierra marcado. Los desniveles habían terminado y las únicas elevaciones de terreno estaban al sur, donde una colina escarpada que se alzaba más de cien metros por encima del río. Ryku recordó el río como aquel del cual se alimentaba la central Energía para producir la mayor parte de electricidad de toda la región. Al principio le pareció imposible que una sola central fuera capaz de abastecer tantas ciudades y pueblos, pero después de descubrir que los Pokémon de tipo eléctrico la tenían como hogar, cambió de parecer. Creyó que a medida que iban en el sentido contrario a la corriente del río vería las chimeneas de la central. Por desgracia, ante la colina de cien metros había una segunda, bastante más baja que esta, anulaban la visión completa de lo que hubiera más allá del río.

Ryku y Dylan divisaron un centro Técnico en plena ruta, próxima a un muro de piedra que salía de la colina mediana. Aquel centro distaba de los vistos con anterioridad pues, a pesar de poseer su común color azul eléctrico de las paredes y el letrero que lo identificaba como tal, sus dimensiones eran más propias de un albergue. Ryku no se esperaba que existiera un centro Técnico en una ruta que claramente era poco transitada. ¿Sería por los que trabajaban en la central Energía por si debían estar cerca del edificio por cualquier problema o estaba más pensada para aquellos que venían del Túnel Roca a descansar y reponer fuerzas? Ambas necesidades estaban cubiertas, por lo que cualquiera era totalmente válido.

Al entrar en el centro, se toparon con colas de personas esperando ser atendidas por el dependiente. Curiosamente, Ryku no cupo en su asombro cuando de la puerta de detrás del mostrador salió el mismo hombre que le atendió en el centro Técnico de ciudad Plateada. Ryku intentó encontrarle alguna diferencia al técnico, pero era totalmente imposible. Tenía el mismo pelo negro y enmarañado y los mismos ojos verdes. ¡Incluso su voz era igual! Cada segundo que lo miraba resultaba más confuso para Ryku.

—Dylan —llamó Ryku a su amigo—. ¿Ves lo mismo que yo?

—¿Ver el qué? No hay nada fuera de lugar. —Dylan no enseñaba ninguna señal de extrañeza por el técnico.

—El técnico es idéntico al que me atendió en ciudad Plateada—dijo Ryku en voz baja—. ¿Crees que lo han trasladado de centro?

—Ah, eso —respondió Dylan echándole la menor importancia al asunto—. No es el de ciudad Plateada, es otro. Yo también me impresioné de ver a otro técnico exacto a otro que me atendió en otro centro, y no es nada del otro mundo, de verdad.

—¿Puedes sacarme de dudas, por favor?

—Verás, todos los centros Técnicos que visitemos siempre estarán regentados por las mismas personas, físicamente iguales entre ellas. Esto se debe a que son familia. Hermanos, creo, tal vez primos. No estoy seguro. Y todos se llaman Mark.

—Eso es realmente extraño, si te soy sincero —opinó Ryku.

—No creas. ¿Has estado en varios centros Pokémon? Las enfermeras Joy que los llevan también son familia, lo mismo que los técnicos Mark. —Dylan hizo una pausa al darse cuenta de algo—. ¿Sabes qué? Hasta diría que la agente Junsar que nos atendió en ciudad Plateada también forma parte de una familia tan grande como la de Joy o Mark, porque la agente que me tomó nota en el accidente que provoqué, el del coche de policía, compartían la misma fisonomía.

—Vale, ya me has dejado claro que no parece tan descabellado como se pinta —quiso dar por terminado el tema Ryku—. Pero hay que admitir que es tremendamente curioso, ¿no?

—Y tanto. Pero al final te acabas acostumbrando, como a todo. Y es bueno que todos se llamen igual, así no hay que aprenderse más de un nombre.

Dylan se reía mientras Ryku relacionaba lo de adaptarse a las situaciones como algo negativo. «Si realmente nos pudiéramos acostumbrar a todo, a estas alturas la maldita sensación de seguir teniendo las alas de un Charizard en la espalda cuando tienes en Enlace desactivado ya no sería una molestia».

Los chicos pasaron por una entrada a la derecha de la recepción del centro Técnico y cambiaron súbitamente de ambiente. El suelo pasó de tener baldosas grises y azules a un parqué de tablas marrón oscuro. Las paredes seguían el mismo patrón que el suelo, aunque solo hasta la mitad, dejando al descubierto una pared con un revestimiento de color ocre. En la sala había diversos sofás, sillas y sillones rodeando unas mesas decoradas con un jarrón de flores en su mayoría. La iluminación corría a cargo de diversas lámparas estratégicamente colocadas en las paredes para proporcionar la mayor cantidad de luz con el menor número de estas. La que más luz daba estaba en el techo, y su gran tamaño no daba dudas de lo contrario.

Ryku y Dylan se detuvieron en la barra de recepción, donde una mujer de cabello castaño y recogido en una coleta trabajaba delante de un ordenador. Dylan tocó el timbre de mesa y así la recepcionista los atendió tras terminar más deprisa lo que estuviera haciendo en el ordenador. Antes de que Ryku y Dylan se marcharan a sus habitaciones a dejar sus pertenencias, la mujer les pidió un minuto de su tiempo.

—Disculpad, ¿vosotros venís de cruzar el Túnel Roca? —les preguntó.

—No —contestó Dylan—, pero tenemos intenciones de atravesarlo si también está entre tus preguntas.

—En ese caso os recomiendo adquirir el equipamiento del montañero para superar fácilmente el túnel.

—No sé si deberíamos coger ese equipamiento. Después de todo, dudo que volvamos a ir por ahí una segunda vez y ya vamos bastante cargados con las mochilas.

—No estaría ofreciéndoos el equipamiento si no os beneficiara debidamente —replicó la recepcionista—. El Túnel Roca no lo visitan más de una vez a menos que sean montañeros especializados o entrenadores con la misma afición. Los demás, con algunos problemas en el resto de la región, se ven obligados a pasar por aquí irremediablemente.

—Supongo que eso lo dices por la cuarentena de ciudad Azafrán —comentó Ryku.

—Básicamente. Desde que no se puede entrar en la capital, decenas de entrenadores han tenido que tomar este camino con tal de continuar su viaje allá donde desearan. La oferta del equipamiento de montañero se hizo para ellos.

Ryku y Dylan compartieron una mirada.

—Está bien, cogeremos el set —aceptó Dylan tras acordarlo con Ryku—. Confío en que el precio no sea muy alto.

—Por eso no hay que preocuparse —lo tranquilizó la recepcionista—. Incluso con el tamaño del Túnel Roca, el set es muy básico, pero perfecto para este. Es más, otras necesidades ya están cubiertas al haberse colocado en el recorrido del túnel.

—Eso suena bien —opinó Ryku.

—Cierto. Solo espero que el Túnel Roca no sea tan laberíntico como los túneles del monte Moon. En fin, ¿cuánto nos costaría?

—Dos mil Monedas de Combate. El precio es una garantía por si surge algún imprevisto en el túnel y hay que cambiar componentes que no se puedan reutilizar, por lo que, si todo el equipamiento está en buen estado, se os devolverá el dinero en el centro Técnico del otro lado del túnel.

—Es caro, pero me gusta la idea de poder recuperar el dinero que pongamos. ¿Dónde conseguimos el set?

—Hablen con Mark en el centro Técnico, él se encargará de ello. Pueden reservar el set por si vienen más entrenadores y no disponemos de los suficientes.

—Bien, iremos ahora mismo.

—Una cosa más —evitó la recepcionista que los jóvenes se retiraran—. En aquella estantería de ahí hay folletos con información útil del Túnel Roca para montañeros y entrenadores. Creo que os serviría para conocer la zona y no tener problemas una vez en el interior de la colina.

—Lo tendremos en cuenta. ¿Algo más que debamos saber? —Dylan ya no se atrevía a irse sin que la recepcionista le detuviera una vez más.

—Nada más. Gracias por su atención y que disfruten de su estancia en el albergue.

Ryku y Dylan fueron primero a sus habitaciones y dejar sus pertenencias antes de moverse por el recinto. Ryku aprovechó la papelera de su habitación para tirar la basura que había acumulado en su viaje hasta el albergue y preparó el pijama en la cama. Luego salió y se reunió con Dylan al final del pasillo. Desde ahí se dirigieron al centro Técnico e hicieron cola con al menos una decena de entrenadores para reservar sus sets de montañismo. El técnico Mark les dio la oportunidad de pagar directamente la totalidad del dinero ahora y así no tener que realizar ningún trámite si debían partir con prisas. Ryku y Dylan accedieron a hacer la reserva con el pago adelantado y Mark se encargó de apuntarlos en una lista. Una vez conformado todo y asegurada la reserva, ya podían ir a donde quisieran.

El albergue no tenía nada que ayudase a Ryku y Dylan a entretenerse hasta que abriera el comedor por lo que las horas que quedaban resultaron ser casi eternas para los dos chicos. Ryku dio con alguna distracción leyéndose el folleto que les mencionó la recepcionista mientras que Dylan se dedicaba a organizar su brazalete Enlace. Ryku se memorizó los Pokémon que habitaban el interior de la colina y no le extrañó que en su gran mayoría fueran Pokémon como Geodude o Zubat, sin embargo, leer que había posibilidades de toparse con Onix salvajes le molestaba. Cualquier Pokémon de tipo roca o que perteneciera a ese tipo le fastidiaba. Si llegaban a pelear contra esos Pokémon, Dylan sería quien se encargase de debilitarlos en gran parte. Ryku continuó leyendo el folleto hasta que todas sus palabras ya se le repetían.

Finalmente llegó la ansiada hora de cenar. Ryku y Dylan se dirigieron al comedor en cuanto vieron la hora e hicieron cola con otros entrenadores que también parecían haber estado esperando anheladamente la hora de cenar. Cuando por fin abrieron, los jóvenes se pasaron una hora aproximadamente llenándose los estómagos y viendo el noticiario de la televisión que allí había. Entre las noticias más destacadas, no había ninguna que no hablara de los acontecimientos recientes como la cuarentena, el hundimiento del S.S. Anne y el peligro que suponían los Pokémon salvajes en la ruta 11. Las demás noticias eran más de la ciudadanía, como accidentes en casas causados por Pokémon o por algún entrenador que decidió practicar en el interior de una o alguna inauguración en otra ciudad.

Terminada la cena, Ryku y Dylan se despidieron y se fueron a sus habitaciones. Ryku se lavó los dientes y grabó un vídeo para comunicarle a sus padres acerca de la obtención de su tercera medalla y sus próximos planes de viaje. Después revisó que no se olvidaba de comentar nada más. Cuando estuvo a punto de enviar el mensaje, escuchó algo proveniente de fuera del edificio.

Ryku fue a la ventana y corrió las cortinas, revelando el paisaje de la colina que bloqueaba la vista de la central Energía. No había nada relevante en la calle, pero sí en el cielo. De la nada un montón de nubes negras ocuparon el anteriormente cielo estrellado. Ryku se extrañó mucho con esas nubes pues en todo el día no había visto ninguna nube de lluvia y hacía un estupendo día soleado. Más extraño le pareció cuando de las nubes negras se empezaron a ver descargas eléctricas que no salían de la esponjosidad de estas, aunque no descartaba que fueran a emerger rayos de ellas. Una vez más, Ryku observó algo insólito: las nubes negras comenzaron a dar vueltas en espiral creando una forma helicoidal. ¿Se estaba originando un tornado de la nada? Ryku no cabía en su asombro del espectáculo que estaba presenciando.

Entonces ocurrió.

Súbitamente, aunque previsiblemente, las nubes negras empezaron a soltar sus rayos por todos lados. Algunos de ellos caían cerca del edificio y asustaban al joven, el cual temía que uno pudiese caer en el centro Técnico y el albergue. Por suerte, la mayoría de los rayos se centraban al otro lado de la central Energía, como sí algo allí los atrajese inevitablemente. Ryku no despegó los ojos del cristal en ningún momento; aquel fenómeno debía quedar registrado. De hecho, maldijo que el holomisor solamente grabara la silueta humana y no lo que había detrás de la persona y no tuviera una cámara de vídeo para filmar tan increíble escena. Se quedó de piedra cuando el siguiente fenómeno extraño que apareció fue el de dos rayos que, en vez de caer del cielo, ascendían hasta las nubes, justo en el centro de la espiral y se crearon dos enormes bolas de energía suspendidas en el aire. Acto seguido, las bolas continuaron agrandándose hasta el punto en que estallaron expulsando una cantidad incontrolable de electricidad. A Ryku le recordó a la onda que lo paralizó en el combate contra Surge, pero esta solamente cayó sobre la central Energía, la cual sufrió los devastadores efectos del misterioso fenómeno atmosférico. Como efecto secundario, la onda eléctrica llegó al centro Técnico y al albergue, causando que los pelos de Ryku se erizaran y recibiera un calambrazo que lo dejó estático y cayera al suelo seguidamente de un apagón en todo el edificio. En una última mirada al cielo, las bolas de energía habían desaparecido y las nubes habían emprendido la tarea de separarse y desvanecerse en el aire, siendo sustituidas por una columna de humo y fuego proveniente de la centra Energía.

Pasados unos minutos, alguien golpeó la puerta de Ryku varias veces. El joven se recuperó del calambre y usó la luz de la pantalla de su brazalete Enlace para guiarse y abrir la puerta. Al otro lado estaba Dylan, el cual mostraba una muy marcada cara de sorpresa.

—¡Ryku! ¿Has visto lo que acaba de pasar? ¿Estás bien? —gritaba Dylan.

—Estoy bien, solo un poco electrificado como tú —respondió Ryku enfocando el brillo de su pantalla a la cara de Dylan y viendo también en él el pelo erizado.

—Salieron de la nada nubes negras cargadas de electricidad. Eso no es ningún fenómeno meteorológico repentino, estoy seguro de que lo ha hecho un Pokémon —dijo convencido Dylan.

—Opino igual —corroboró Ryku—. Pero creo que no fue obra de uno solo, sino de dos.

—¿De dos?

—Sí. Vi dos bolas de energía en el cielo que descargaron toda aquella electricidad y después se esfumaron. La pregunta ahora es: ¿qué Pokémon tiene tanto poder como para crear una tormenta eléctrica de tales dimensiones?

—Buena pregunta. Todos los Pokémon de tipo eléctrico que se conocen no poseen tal poder. Debe tratarse de alguno nuevo que no se haya visto nunca.

La luz regresó durante la conversación y no solo Ryku y Dylan tenían el pelo erizado, sino todos aquellos que habían salido de sus habitaciones parecía que se hubieran engominado el pelo hacia arriba. Todos se preguntaban, igual que Ryku y Dylan, lo que había ocurrido. Nadie entendía nada y algunos de los entrenadores tenían miedo de lo que pudiera suceder después. Un tiempo más tarde apareció uno de los empleados del albergue, el cual comunicó que el centro Técnico y el albergue habían sufrido daños menores y no pasaría nada más extraño en el interior del edificio. Informó también que seguiría habiendo luz mientras los generadores del edificio proporcionaran energía, los cuales eran lo bastante grandes como para mantener los servicios tanto del centro como del albergue por varias semanas sin problemas. Finalizó el comunicado con que regresaran a las habitaciones e intentaran descansar. Ryku y Dylan se volvieron a despedir mientras algunos entrenadores hablaban con el empleado para obtener más detalles de lo ocurrido y regresaron a sus dependencias.

Ryku buscó algo en lo que descargar la electricidad que había en su interior y lo halló en la barra de metal del armario. Poco a poco su pelo volvió a la normalidad hasta quedar solamente un cabello revuelto. Ryku se quedó un rato más aferrado a la barra con tal de que no quedase nada de electricidad en su cuerpo y, tras asegurarse, se cambió de ropa, corrió las cortinas ocultando la destrucción en la central Energía y se echó en la cama. Se quitó el brazalete y lo dejó en la mesita de noche que había a su lado e intentó conciliar el sueño. No sabía cuánto le costaría caer dormido, pero esperaba conseguirlo pronto.

De todo lo ocurrido aquella noche, había una cosa que Ryku sí sabía: no mandaría el vídeo que grabó a sus padres.