Ryku no pasó la mejor de las noches. Le costó mucho dormirse, al menos un par de horas podría asegurar. Y cuando logró sumirse en el mundo de los sueños, no fueron muy placenteros debido a los acontecimientos en el exterior. El olor a quemado que venía de la central Energía y la presencia de algo de electricidad en el ambiente provocaron pesadillas en Ryku que conllevaban a que su descanso se interrumpiera constantemente.

El joven se levantó y se lavó la cara con el agua lo más fría posible para obligarse a mantenerse despierto en todo momento. Se miró el rostro y comprobó que tenía ojeras por la mala noche. Ryku suspiró abatido y se tiró más agua por seguridad. Pensó en usar el agua de los cañones del Blastoise de Dylan si se dormía igualmente. Mientras se cambiaba de ropa, a través de la ventana todavía podían contemplarse pequeñas columnas de humo saliendo de la central Energía. A Ryku le seguía rondando por la cabeza qué ocurrió exactamente anoche, si realmente fueron Pokémon de inmenso poder o, simplemente, el fenómeno meteorológico más extraño que había visto en su vida.

Ya con todas sus pertenencias guardadas y listas para llevar, Ryku abandonó la habitación y picó la puerta de la de Dylan. No hubo respuesta, de modo que su amigo ya debía estar en la recepción o en el comedor. Bajó las escaleras y lo buscó en la sala principal del albergue sin éxito. Fue en la cola del comedor donde lo encontró y quiso hablar con él, pero Dylan estaba en mitad de la fila y le preocupó estar pasándose a los demás como si no existieran. Amablemente, la mujer que estaba detrás de Dylan le dio permiso con una sonrisa y Ryku se metió en la fila a esperar con su amigo.

—¿Has pasado buena noche? —le preguntó Dylan.

—Todo lo buena posible. ¿Y tú?

—Igual. He estado gran parte de la noche en vela por culpa de las sirenas de los coches de policía y bomberos y, como no callaban, se me ocurrió la brillante idea de intentar resolver el misterio del fenómeno de anoche sin llegar a ningún sitio.

—A mí solo me molestó el olor a quemado proveniente de la central. Las sirenas también las escuché, pero traté de ignorarlas.

—Eso mismo debí haber hecho yo… —se dijo Dylan a sí mismo mientras se daba unos golpes en la cabeza como castigo.

—¿Crees que podremos atravesar el Túnel Roca hoy o la policía habrá restringido también el acceso? —inquirió Ryku.

—Esperemos que se pueda o no tendremos ninguna forma de ir a ciudad Azulona.

Durante la conversación, un empleado del albergue abrió las puertas del comedor y la fila se fue moviendo. Ryku y Dylan se turnaron para coger el desayuno y no dejar libre la mesa que habían elegido. Después de servirse, se centraron en la televisión, la cual había sido encendido y nadie del comedor se quería perder las noticias ya que estaba claro que se informaría acerca del accidente en la central Energía. Sin embargo, el noticiario fue sustituido por un programa en que se conversaba más en detalle acerca de la actualidad. Lógicamente, la central Energía era el centro de la charla. Todos los tertulianos debatían acerca de la situación mientras se emitían imágenes de la central Energía con el techo abierto y expulsando humo. Las causas del incendio en el interior de la central se debieron a una sobrecarga de magnitudes muy superiores a los que los generadores podían soportar, lo que los condujo a su inevitable detonación y una consecuente cadena de estallidos que acabaron en el estado actual del edificio. La parte más importante e interesante de la charla venía del fenómeno meteorológico que se registró anoche. Al parecer, la tormenta eléctrica llegó a verse en ciudad Celeste y ligeramente en pueblo Lavanda y tanto aquellas localidades como las rutas que las unían sufrieron la carga eléctrica posterior. Desgraciadamente, los tertulianos discutían sobre lo que pudo provocar tal cantidad de electricidad y todos llegaban a una primera conclusión sobre el causante: un Pokémon de tipo eléctrico muy poderoso.

—Nada. No saben más de lo que ya hemos deducido —comentó Dylan decepcionado.

Ryku no prestó atención a las palabras de su amigo y continuó mirando la televisión. La tertulia había incluido por teléfono en el debate a varios investigadores Pokémon con tal de arrojar más luz sobre el misterioso fenómeno. El joven se interesó mucho por la opinión de la profesora Dalia, la mayor conocedora de Pokémon de la región y le impactó que hasta ella desconociera la existencia de un Pokémon tan poderoso. Dalia garantizaba que la Pokédex no contenía ningún dato sobre ese Pokémon y que ella, en todos los años que estuvo recolectando información sobre los Pokémon para crear posteriormente la Pokédex, jamás había visto algo semejante. Sin duda, estaban ante un descubrimiento insólito. El resto del debate no era más que profundizar más y más en el asunto de la tormenta que acabó siendo tan confuso que Ryku dejó de prestarle atención a la televisión.

Una vez desayunados, Ryku y Dylan recogieron sus pertenencias y fueron al centro Técnico. Mark no estaba disponible en aquellos momentos, de modo que esperaron unos veinte minutos para que apareciera. Dylan le preguntó si el Túnel Roca estaba abierto a pesar de la situación de la zona y serían capaces de atravesarlo sin percances mayores o les reembolsarían el dinero al estar cerrado.

—Ya se realizó una investigación en el túnel y los daños han sido mínimos. No hay riesgos de derrumbes —respondió Mark. Ryku se alivió de que el Túnel Roca mantuviera la accesibilidad—. Sin embargo, los daños menores afectan a la iluminación del túnel, lo que se traduce en que los pasillos se hallan en la más absoluta oscuridad.

—¿El equipamiento que reservamos tiene linternas? —inquirió Dylan.

—Por supuesto. De hecho, son dos: uno para la cabeza y otro de mano. También hay cuerdas con mosquetones para engancharos a un cable que marca el camino en todo momento, salvo cuando hay que realizar bajadas o subidas.

—Perfecto. ¿Qué más contiene el equipamiento?

—Una mochila donde se guardan las linternas, las cuerdas y pilas de repuesto y unos palos de senderismo.

—Genial. ¿Nos puedes dar nuestros equipamientos ahora, por favor?

—Claro. Dadme un minuto.

Ryku y Dylan esperaron un poco más del tiempo aproximado que dijo Mark antes de que el técnico saliera de la sala que había detrás de él con dos mochilas que se podían depositar en las suyas y cuatro palos de senderismo.

—No olvidéis devolver el equipamiento en el centro Técnico una vez lleguéis al otro lado del túnel —les recordó Mark.

—Entendido. Adiós.

Ryku y Dylan abandonaron el centro Técnico y el albergue y avanzaron por el camino de la ruta hasta llegar a la entrada. El camino se acercaba bastante a la central Energía y los jóvenes vieron una barricada policial a partir de cierto punto de la ruta. No llegaron a acercarse demasiado ya que el camino se bifurcaba antes. Con la nueva dirección, los jóvenes se dirigían directamente hacia la colina y poco a poco veían la entrada del Túnel Roca más cerca y más grande. Cuando la alcanzaron, esta tenía clavada unas señales de precaución que informaban de la falta de luz en el interior y otras que apuntaban a un palo grueso del cual emergía un cable que les recomendaban usar previamente a adentrarse en los pasillos del túnel.

Ryku y Dylan hicieron una pausa en la que sacaron todo el equipamiento de sus mochilas. Ryku extrajo la linterna de mano mientras que Dylan se colocaba en la cabeza el otro tipo de linterna y cada uno utilizó únicamente uno de los palos de senderismo y el otro lo reservaron para su posterior uso. Finalmente, se ataron las cuerdas alrededor de sus cinturas y pasaron los mosquetones por el cable. Acortaron la longitud de las cuerdas hasta que, como máximo, se pudieran separar del cable principal al menos un metro y medio. Una vez estuvieron listos, se metieron en el Túnel Roca.

Mark no exageraba cuando mencionó la total oscuridad en el interior del Túnel Roca. Ryku y Dylan tuvieron que encender las linternas tras avanzar escasos metros por los pasillos pues ni la luz que se metía por la entrada llegaba a profundizar mucho en el túnel. Ryku se agarró al cable como una medida extra de seguridad extra mientras sujetaba su linterna en el otro brazo. Enfocaba todo lo que le parecía sospechoso y, sobre todo, aquello que hacía ruido en la oscuridad. Gran parte de los ruidos los hacía la propia tierra que soltaba unas pequeñas rocas y, al caer, hacían un sonido más fuerte debido al eco que había en el área.

—Debemos estar en una zona muy amplia si hay resonancias —comentó Ryku.

—Rezo porque no se angoste muchas veces —pidió Dylan—. La oscuridad no ayuda en nada a sentirse seguro.

—¿Tienes miedo a la oscuridad? —curioseó Ryku.

—En absoluto. Más bien tendría miedo de la amenaza que nos esté vigilando y no seamos capaces de reaccionar a tiempo ante un inminente ataque. ¿No te asusta eso?

—Ahora que lo mencionas, un poco. Con las manos ocupadas, no podría activar mi Enlace a tiempo. —A Ryku le recorrió un escalofrío por toda la espalda—. No debí haber preguntado. Por culpa de este tema ahora estoy muy incómodo con mi alrededor.

—No pasa nada. Yo sí activaría mi Enlace a tiempo y te daré tiempo a encender el tuyo —dijo Dylan intentando tranquilizar a su amigo—. Venga, sigamos. Nos queda bastante trayecto que recorrer.

Ryku asintió y reanudó la marcha por el túnel. En un punto, la amplitud de la zona en la que se encontraban fue encogiéndose hasta convertirse en un pasillo de apenas dos metros de ancho. Seguía siendo perfecto para caminar sin problemas, pero lo que había de ancho faltaba de alto, obligando a los dos jóvenes a ir agazapados un tiempo. Luego volvieron a aparecer en otra amplia zona, aunque más pequeña que la anterior. Estuvieron alternando las áreas en varias ocasiones.

El cable guía llegó a un punto de no continuar y Ryku y Dylan se detuvieron en seco. Recordaron las palabras de Mark referentes a lo que significaba esa repentina finalización del cable guía y alumbraron con las linternas el camino que descendía a un nivel inferior. Entre la búsqueda, Dylan sintió algo fuera de lo común y no consiguió iluminar aquello que vio. El miedo creció en su cuerpo y se lo contagió a Ryku al alertarle del peligro. Dylan ya tenía la mano en el brazalete cuando Ryku consiguió revelar aquello que les estaba asustando. Tras descubrir la criatura que se escondía en la oscuridad, el miedo fue sustituido por una gran sorpresa. Resultó que lo que les había llamado la atención no era más que una rata amarilla de mofletes rojos, puntiagudas orejas con los extremos de color negro, dos rayas marrones en su espalda y una cola en forma de rayo. Los dos reconocieron al instante de qué Pokémon se trataba.

—¿Un Pikachu? —dijo Dylan confuso—. ¿Aquí, en el Túnel Roca? ¿Qué pinta un Pokémon eléctrico en un hábitat tan contrario a su tipo?

—Podría ser por el accidente en la central —supuso Ryku—. ¿No podrían vivir allí?

Dylan rumió la respuesta.

—Tiene sentido. La central Energía actualmente no está en condiciones de nada, de modo que es muy probable que vengan de allí. Entonces esto significa que los Pokémon de la central Energía habitan el Túnel Roca hasta que esta se reconstruya.

Entre la conversación, el Pikachu descubierto desapareció en la oscuridad de la cueva.

—Por lo menos estos Pokémon no nos atacaran —comentó Ryku.

—No bajes la guardia —advirtió Dylan—. Solo es una de las demás especies que hay aquí dentro.

—Cierto. Busquemos esa bajada y continuemos el camino.

El descenso al nivel inferior no se hallaba demasiado lejos de la posición de los jóvenes y lo encontraron al cabo de un par de minutos después del avistamiento del Pikachu. Ryku se aseguró de mantener siempre enfocada la bajada mientras estuviera desconectado del cable guía mientras Dylan enfocaba los laterales por si había alguna pared en medio y se chocaban de bruces contra esta. El camino al piso inferior lo conformaba unas escaleras de hierro bien clavadas en el suelo que atravesaba un boquete de unos tres metros de diámetro. Ryku fue el primero en bajar y Dylan no le acompañó hasta que su amigo volviera a conectarse al cable guía de aquel piso. Cuando lo hizo, el joven de pelo azul oscuro descendió por las escaleras.

Ya en el nivel bajo tierra, los chicos retomaron el camino. El sótano del Túnel Roca daba la sensación de ser mucho más amplio que el primer piso porque difícilmente se diferenciaba una zona extensa de un pasillo ancho. Los chicos caminaron con cuidado de no tropezar con alguna piedra suelta ni de toparse con Pokémon salvajes hostiles. Los alumbramientos con sus linternas les concedieron encuentros con Sandshrew, Geodude y Zubat salvajes en su hábitat. Por suerte, ninguno de los Pokémon se quedaba mucho tiempo iluminado y huían buscando desesperadamente la oscuridad. Ryku se extrañaba de que no se atrevieran a defender su territorio y le vino a la cabeza una posible respuesta. Le preguntó a Dylan si tenía activado el módulo Repelente de su brazalete. Su compañero miró su brazalete por si acaso, pero al momento recordó que no era posible ya que no había sacado los cartuchos que le quedaban de la mochila. Dylan propuso usarlos para una mayor seguridad, pero Ryku prefirió que los reservara para otras zonas que visitaran con una alta población de Pokémon salvajes. Además, añadió que mientras los Pokémon no les atacasen y huyesen de ellos sería más que suficiente.

Ryku y Dylan estuvieron cerca de una hora en el sótano moviéndose por los pasillos, que era lo que más abundaba en ese piso, y realizando cortas paradas en las zonas amplias. Las pausas no duraban más de cinco minutos, tiempo más que suficiente para descansar un poco las piernas, beber agua y comprobar el estado de las pilas de las linternas. Al cabo de un rato, Ryku y Dylan escucharon unas voces que venían de más adelante. Se detuvieron por si había sido cosa de su imaginación, pero de nuevo se oyeron y, esta vez, sonaban como si estuvieran en peligro y necesitaran ayuda. Los jóvenes aceleraron el paso y descubrieron que la procedencia de las voces venía de las profundidades de la cueva, en plena oscuridad y más allá de la seguridad del cable guía. Ryku y Dylan intercambiaron una mirada pensando en qué debían hacer.

—Si los socorremos, corremos el riesgo no reencontrar el cable guía —dijo Dylan.

—¿Y si alguno de ellos está herido? No podemos dejarlos aquí y pasar de largo.

Dylan divagó en una solución y no tardó en dar con una. Sacó la mochila del equipamiento de montañismo y cogió la cuerda extra que había.

—¿Serviría hacer una cuerda más larga con las que tenemos?

—Estaríamos muy limitados y probablemente no nos daría para llegar hasta ellos.

Dylan se enfadó y soltó una maldición. En su arrebato levantó la cabeza y apuntó con la linterna al techo. Entonces lo vio claro.

—¿Y si seguimos los cables y bombillas que iluminaban el túnel?

Ryku miró en la dirección a la que señalaba su amigo y vio los caminos de cables con bombillas repartidas por la zona. Gracias a que se hallaban en una zona amplia y con pocos muros de por medio, aquella era una forma aceptable de guiarse más allá del cable de metal.

—Es la mejor opción —admitió Ryku—. Esperemos que no nos falle.

Ryku y Dylan desataron las cuerdas que rodeaban su cinturón, desconectaron los mosquetones del cable guía y se movieron por el terreno con la luz de sus linternas como única fuente de orientación. Las llamadas de auxilio se iban intensificando a medida que avanzaban y Ryku y Dylan respondían para no perder el eco de las voces. Al cabo de uno minutos, la linterna de Ryku iluminó a las personas que necesitaba ayuda.

Se trataba de dos montañeros apoyados en la pared de la cueva. Ambos iban mejor equipados que Ryku y Dylan en cuanto a accesorios de montañismo se hablaba. Uno de los hombres era mayor, de más de cuarenta años, de ojos y una poblada barba de color marrón. Un gorro le tapaba el pelo, aunque se podría deducir que sería del mismo tono que el de su barba. El otro montañero era mucho más joven que él, apenas debía superar la treintena. Tenía el pelo negro manchado de polvo y unos ojos color miel. Ambos vestían de manera similar, con ropa pensada para hacer senderismo durante semanas. Sin embargo, Ryku se percató de que el equipamiento del hombre mayor no se encontraba en sus mejores condiciones: el bastón de senderismo estaba completamente doblado y la mochila se había roto, dejando al descubierto y esparcido por todas partes los accesorios de montañismo. También se fijó que el otro llevaba un brazalete Enlace en su antebrazo derecho. Cuando los dos jóvenes se acercaron a la pareja, el hombre sin barba arrebató la linterna a Ryku e intentó hacer lo mismo con la luz de la cabeza de Dylan.

—¿Se puede saber qué hace? —protestó Dylan forcejeando con el hombre.

—¡Tapad las luces! Que no alumbren más allá de nosotros.

La orden del hombre extrañó a Ryku y Dylan. Él siguió insistiendo y el barbudo suplicó que le hicieran caso. Al final los chicos cedieron y Dylan tapó con su mano la luz de la linterna y el hombre que le robó la linterna a Ryku se la devolvió y el joven actuó igual. A cambio de perder las fuentes de luz, el hombre encendió la pantalla del brazalete Enlace que proporcionó un tenebroso tono azulado al entorno.

—¿Por qué tenemos que limitar las luces de las linternas? —inquirió Dylan.

—Por el monstruo —respondió el cuarentón.

—¿Monstruo? ¿No querrá decir Pokémon?

—Lo que sea.

—Sí, era un Pokémon —aclaró el hombre más joven.

—¿Cuál?

—No llegué a verlo bien. Lo único que reconocí fue que tenía forma de esfera, como una gran roca rodante.

—Esa maldita piedra nos atacó, así como así —se quejó el barbudo—. Jared luchó contra ella, pero le venció.

—¿Qué Enlace tienes? —preguntó Ryku.

—El de un Sandslash —contestó Jared—. Increíblemente, le bastó un solo golpe para estamparme contra la pared y activar la Prioridad Humana. Después de eso empujó a mi compañero y lo dejó en mal estado. Tiene el tobillo inflamado y le duele la espalda.

—Tanto que no me puedo mover sin ayuda —añadió el hombre mayor.

—Y no habéis intentado salir de aquí porque… —dijo Dylan esperando que continuaran su frase por él.

—No tenemos luces con las que orientarnos y mi brazalete no ayudaba con su tenue brillo. El Pokémon roca las rompió antes de desaparecer en la cueva —sentenció Jared—. Fue curioso, parecía más enfadado con las linternas que con nosotros.

—¿Cuánto tiempo ha pasado desde que estáis en esta situación?

—Poco. Unos veinte minutos. Tuvimos suerte de que pasarais por aquí, chicos. Fue mala idea entrar en el túnel después de lo ocurrido anoche.

—Dejémonos de cháchara y salgamos de este túnel antes de que le dé por regresar a esa bestia por culpa de las luces de los niños revelando nuestra posición —gritó el barbudo conteniendo lo máximo posible su voz.

—Vale, vale. Tampoco perdamos los estribos tan pronto —comentó Dylan—. Vamos, anciano, a levantarse.

—¿A quién llamas tú anciano?

—A la misma persona que me llama niño.

—Menos discutir, por favor —quiso calmar los ánimos Jared—. Centrémonos en salir, ¿de acuerdo?

El hombre refunfuñó mientras Dylan le ayudaba a levantarse. El hombre soltaba cortos gritos de dolor por moverse y más por apoyar el tobillo roto, aunque solo fuera un poco. Mientras Dylan y Jared se las apañaban para equilibrar el peso del herido, Ryku tuvo un mal presentimiento al escuchar un gruñido cerca, un gruñido claramente no humano.

—¿Habéis oído eso? —preguntó mirando a la oscuridad—. Suenan como gruñidos.

—Serán de este hombre que está sufriendo con cada movimiento que realiza —respondió Dylan.

—No. Esos gruñidos no eran humanos. Estoy seguro de ello.

—Oye, Jared, voy a dejar de tapar la linterna. Necesito las dos manos si quiero mantener al hombre sobre mí.

—Está bien, pero apunta al suelo con tal de no iluminar mucho.

—Pero tenemos que apuntar al techo. Nos alejamos del cable guía porque el cableado eléctrico del techo nos orientará de regreso a él y, desde ahí, iríamos a la salida.

Jared no se mostraba comprensivo, pero al final tuvo que aceptar las condiciones ya que esta vez necesitaban bastante más luz que el de la pantalla del brazalete si querían moverse sin chocarse con las paredes. Sin embargo, siguió insistiendo en que se apuntara al suelo cuando no fuera necesario. Dylan asintió y liberó la luz de la linterna. Ryku le acompañó, pero él directamente apuntó al suelo tal y como pedía Jared.

—Bien, vamos. Con cuidado.

Jared, Dylan y el barbudo se movían al ritmo que el herido podía aguantar el dolor de su tobillo. Ryku se encargó de adelantarse un poco e iluminar las paredes con tal de no colisionar con ellas. A medida que avanzaban, Ryku se sentía tenso, incómodo por aquel gruñido que oyó antes. No parecía que el Pokémon que lo emitió fuera a acercárseles, pero tampoco lo garantizaba. Solo de pensar en ello hacía que su brazalete ya estuviera a un toque de activar el Enlace.

Al cabo de un rato, el cable guía fue divisado. Dylan no había necesitado levantar muchas veces la cabeza para detectar las bombillas ya que Ryku se adelantaba en la mayoría de las ocasiones ahorrándole el trabajo. Jared se asustaba cada vez que las linternas iluminaban más de lo debido, pero los miedos fueron infundados y se alivió tras dar con el cable guía.

—Ahora solo tenemos que seguirlo y saldremos del Túnel Roca —dijo Jared tranquilizado.

Esta vez, Ryku dejó que el trío tomara la delantera hasta que Jared o Dylan no se separara del cable guía por nada. Cuando Jared fue quien agarró el cable y usaba su mano como mosquetón para continuar, Ryku se puso en marcha.

Pero algo lo detuvo en seco.

Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Ryku. De repente tenía un muy mal presentimiento al sentir pisadas detrás de él. Eran pesadas, de las que daría un Onix o un Geodude dando saltos. Ryku no estaba seguro si debía ignorar lo que fuese que hubiera en el fondo de la cueva y reunirse con Dylan y los montañeros o alumbrar el pasillo por que acaban de salir y quitarse el miedo de la cabeza. Las pisadas dejaron de escucharse. Aquel fue el momento de librarse del temor y Ryku apuntó a las profundidades del pasillo. Nada. Todo lo que la bombilla de la linterna podía iluminar no enseñó nada.

—¡Eh, Ryku! No te alejes de nosotros —lo llamó Dylan.

Ya más relajado, Ryku bajó la linterna y se dio la vuelta.

—Ya voy.

Entonces, después de dar escasos pasos hacia el grupo, Ryku lo volvió a sentir. Las mismas pisadas, más fuertes, más rápidas. Lo que las creaba se acercaba. Esta vez Ryku no se quedó petrificado y reaccionó ante la inminencia de lo que fuera a pasar a continuación. Cuando el ruido de las pisadas ya era muy notorio, Ryku actuó por instinto y se tiró al suelo esperando no ser aplastado por lo que viniera a por ellos. No fue capaz de ver qué provocaba los temblores con las pisadas, pero Dylan sí. Su amigo, como si de un acto instintivo se tratara, giró la cabeza e iluminó al pasillo. Justo entonces se desveló el misterio.

Una roca de apenas un metro y medio de diámetro rodó por el pasillo y salió de esta como si hubiera sido disparada de un cañón hasta impactar violentamente contra la pared, dejando un boquete en esta de casi un metro de profundidad. Dylan confundió la roca como algo natural, pero su razón le corrigió y le ayudó a identificar a la piedra como un Pokémon. En una zona sin pendiente, solo una criatura podría impulsarse con esa fuerza de colisión.

—¡Ryku!

El joven abrió los ojos. Su linterna parpadeaba como si las pilas estuvieran al borde de agotarse. Se dio la vuelta y, entre todo el polvo que se había levantado por el choque, buscó con la casi extinta luz a sus amigos y, a pesar de no verlos bien, la linterna de la cabeza de Dylan le indicó su posición.

—¡Cuidado!

Aquel grito de alerta hizo que Ryku redirigiera el brillo hacia delante y apuntara donde el polvo era menos denso. Pronto este se disipó y reveló a lo que tenía enfrente. Un Golem separaba las extremidades de su caparazón compuesto de rocas y, al asomar la cabeza, lo acompañó un molesto rugido. Las ondas sonoras obligaron a Ryku a taparse las orejas como le era posible mientras seguía enfocándolo con la linterna hasta que, de repente, el parpadeo de su luz finalizó y la bombilla dejó de emitir brillo alguno. Sin embargo, la linterna de Dylan continuaba funcionando y no paraba de alumbrar al Pokémon. El Golem, por reacción a la luz, volvió a rugir y se dispuso a atacar al grupo. Ryku sabía que Dylan no podría activar su Enlace a tiempo y evitar que Jared y el otro montañero sufrieran un ataque del Pokémon, de modo que tiró la linterna hacia el cable guía y activó su Enlace. El brillo de la transformación detuvo la agresión del Pokémon roca y sirvió para dejar a Dylan y los montañeros en paz. Finalizada la transformación, la llama de la cola del Charizard era lo bastante intensa para alumbrar en un área lo suficientemente amplia para ver los futuros ataques del Golem y reaccionar a estos.

—Larguémonos de aquí antes que nos golpeen indirectamente —dijo Jared intentando hacer que Dylan lo siguiera.

Dylan se quedó unos segundos viendo como el Golem se abalanzaba sobre Ryku y él lo esquivaba sin muchas dificultades. No estaba muy convencido de que fuera a salir victorioso del combate por la debilidad de tipo, pero confiaba en que pudiera aguantar lo necesario para que fuera posible llevar al herido a un lugar seguro y regresar a ayudar a su amigo.

—Prepárate a aumentar el ritmo —le comunicó al barbudo— porque no pienso abandonar a mi amigo a su suerte.

Y sin más demora, Dylan hizo que el montañero y Jared fueran raudamente hacia la salida.

—¡Aguanta hasta entonces, Ryku! ¡Volveré pronto! —gritó Dylan mientras se alejaba.

—Espero que no tarde, odio pelear contra Pokémon de tipo roca —se dijo Ryku.

El combate entre Ryku y el Golem fue muy repetitivo: el Golem atacaba a Ryku y este lo esquivaba en cuanto lo localizaba ya fuera por el sonido de sus pisadas como por la luz que emitía la llama de su cola. A Ryku le extrañaba que al Pokémon salvaje no le hubiera lanzado ningún movimiento típico de su especie, sino que cada vez que arremetía contra él, lo hacía más hacia la cola que a cualquier parte otra parte de su cuerpo. Parecía intentar desesperadamente realizar algo y derrotar a Ryku no estaba en sus planes. Ryku se alejó mucho del Golem y este no tardó en rodar hacia él, siempre apuntando a su cola.

—Es como si le molestase mi cola, pero ¿por qué? No tengo nada de interés ahí que no sea…

Ryku se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Jared lo había mencionado antes: el Pokémon que les atacó solamente destruyó sus linternas y luego se marchó. Y había reaparecido nada más volvió la luz de otras linternas. Ese Golem aparentemente odiaba toda fuente de luz y solo le importaba eliminarlas. Por eso atacaba exclusivamente su cola; pretendía apagar la llama que ardía en su punta. Esa era la explicación a su comportamiento. «Si me pongo a lanzar ataques brillantes, solo le enfurecería más. No puedo golpearle con mis movimientos», pensó Ryku.

El Golem detuvo su ofensiva por un instante y rugió con todas sus fuerzas a la vez que daba pisotones en el suelo. Ryku se rio con la escena que le recordaba al berrinche de un niño pequeño, sin embargo, aquello lo distrajo de la verdadera acción de aquella explosión de cólera. Sin saberlo, cayeron sobre el Charizard rocas que no pudo evitar por no prestar suficiente atención y lo sepultaron bajo decenas de ellas. El impacto fue tan directo y bruto que la Prioridad Humana se activó al instante, liberando al joven de la prisión de piedra y sumirlo en total oscuridad. «Oh, no. Si le da por seguir atacando, estoy perdido». Ryku rezaba para que el Golem se fuera ahora cuando lo había derrotado.

Como si se hubiera cumplido su deseo, el Golem gruñó satisfecho y abandonó el combate. Ryku escuchó sus pisadas alejarse poco a poco de la zona.

—No pelea por que sea agresivo, sino porque simplemente detesta la luz. Los montañeros solo tuvieron mala suerte de salir heridos. Un curioso Golem, la verdad —murmuró Ryku.

El joven creía que todo había terminado y con el tenue brillo de la pantalla de su brazalete, anduvo hacia el cable y, tras dar con él, solo necesitaba seguirlo y reunirse con Dylan y los demás.

—¡Ryku! —oyó el joven pocos segundos después de perder. Era la voz de Dylan.

—Oh, no. No, no, no —repitió Ryku.

—¡Ryku! ¿Dónde estás? Respóndeme.

Ryku maldijo que su amigo Dylan hubiera regresado. Y más aún con la linterna encendida.

—No, Dylan, no vengas —respondió Ryku.

Pero ya era demasiado tarde.

El Golem era más sensible a la luz de lo que el joven pensaba y volvió a rugir de furia al detectar otra fuente. Ryku se quedó en el sitio, confiando en que rompiera pronto la linterna de Dylan y se marchara definitivamente.

Dylan vio como el Golem se le aproximaba con cara de pocos amigos y rápidamente se quitó la linterna, la dejó en el suelo para que iluminara un poco la zona y activó su Enlace. Ya como Blastoise, se puso a la defensiva y permitió que el Pokémon roca lo golpeara. Dylan lo detuvo placándolo con el cuerpo y retrocediendo unos pocos centímetros por el impacto. El Golem rugía como loco, solo con la intención de destrozar la linterna que se hallaba detrás de Dylan, pero el joven no tenía ni idea de sus verdaderos motivos y le impedía avanzar.

—Como mi amigo esté malherido, te vas a enterar —le amenazó Dylan, aunque sabía que no le entendía.

El Golem hacía caso omiso del chico y aplicaba más fuerza para deshacerse del Blastoise y romper la linterna.

—¡Se acabó! —chilló Dylan. Empujó con todas sus fuerzas y consiguió hacer retroceder al Golem. Con un último gran esfuerzo, logró incluso levantarlo unos centímetros del suelo para que dejara de atacarle—. Vas a saber lo que es ser disparado por un cañón.

Y sin dudarlo, Dylan apuntó con los dos cañones directamente al rostro del Golem y disparó su potente agua. El Golem tampoco soportaba el agua, abandonó el forcejeo y salió disparado a las profundidades del oscuro túnel.

Ryku sintió como algo volaba cerca de él y rodaba hasta estrellarse contra una pared que provocó que se desprendieran algunas rocas sobre este. Segundos más tarde reinó la calma.

Dylan desactivó su Enlace y volvió a ponerse la linterna en la cabeza. Con ella, buscó a su amigo en la oscuridad y lo halló arrodillado y aferrado al cable guía como si su vida dependiera de ello. Dylan corrió hasta él preocupado de haber llegado demasiado tarde.

—¡Ryku! ¿Estás bien? Dime algo.

—Apunta a otro lado. Me estás cegando con la linterna.

Dylan movió a un lado el foco sin quitárselo de la cabeza.

—Perdona. ¿Puedes caminar? ¿Ese Pokémon no te ha hecho daño?

—Estoy bien. Perfectamente —dijo Ryku tranquilizando a su amigo—. Agradezco que vinieras a por mí, pero realmente no hacía falta.

—Bromeas, ¿verdad? Ese Golem era pura ira desenfrenada.

—Era por culpa de la luz. El Pokémon detesta la luz y solo buscaba romper las fuentes que la creaban —explicó a Dylan—. Cuando me derrotó, simplemente se marchó. Desgraciadamente, apareciste con tu luz y volvió a enfadarse. Seguro que solo le interesaba destrozar tu linterna y luego se iría.

—¿En serio? Vaya Golem más extraño —comentó Dylan—. Enfadarse por la luz… ¿Viviría cuando el Túnel Roca estaba iluminado? De ser así sería un infierno para él.

—No sabemos cómo vivía, y tampoco importa. Salgamos de aquí.

Dylan asintió y con la ayuda del cable guía se dirigieron al lugar que los llevaría de nuevo al piso superior. Por el camino, Ryku recuperó la linterna que había tirado y comprobó que seguía funcionando. Tuvo la suerte de que los parpadeos habían sido porque se había soltado ligeramente la carcasa y las pilas no se mantenían unidas. Reparó el desperfecto y la luz dejó de parpadear. Poco tiempo después dieron con otra escalera de hierro y subieron por ella.

—¿Dónde están Jared y el otro montañero? —preguntó Ryku mientras ascendían por la escalera.

—No muy lejos de este agujero. Le presté a Jared mi linterna de mano, así que no será complicado verlos.

—¿Tuvo dificultades el herido de subir por aquí?

—Menos de las que piensas. Ese hombre soporta muy bien el dolor y te sorprenderías de la fuerza que tiene en los brazos para no usar el pie lesionado.

Ryku asomó al cabeza por el agujero de la escalera y probó de visualizar a Jared con la linterna. No tuvo éxito y terminó de ascender. Ya arriba, él y Dylan buscaron a Jared y su compañero y aprovecharon que el Golem había sido derrotado para llamarles desde la distancia mientras iluminaban todo a su paso. Jared respondió más tarde con un movimiento de la linterna que atrajo a los jóvenes hasta su posición.

—¿Qué ha pasado? Hemos notado un temblor en el piso de abajo —inquirió Jared.

—El Pokémon que os atacó no lo volverá a hacer. Me he asegurado de que darle una lección —contestó Dylan orgulloso de su victoria.

—Eso explica que hayáis estado dando vozarrones sin parar —dijo el barbudo—. ¿Es seguro que no se tomará las molestias de subir las escaleras y agredirnos otra vez?

—Tardará horas en despertar después del movimiento que usé en él.

—Bien. Abandonemos de una vez esta cueva. El dolor me está dando un descanso y será mejor no desaprovecharlo.

Dylan asintió y regresó a su antiguo puesto de cargar con el montañero con Jared. Ryku volvió a adelantarse y alumbrar el entorno, aunque con el cable guía ya a mano, no era del todo necesario. Al cabo de casi una hora de caminar, los cuatro personajes divisaron luz a lo lejos. Aumentaron un poco el ritmo, cargando incluso por completo con el montañero herido, con el ferviente deseo de salir del Túnel Roca. Unos últimos pasos más y estarían en campo abierto.

El sol irradió los rostros de todos como un destello que los cegó unos instantes. Tanto tiempo bajo la total oscuridad les había afectado la vista. Cuando los ojos se acostumbraron a la luz, Dylan y Jared apoyaron al cuarentón en una roca cercana de manera que se sintiera lo más cómodo posible.

—Gracias por la ayuda chicos. Os debemos una —agradeció Jared.

—De nada. Espero que las heridas de tu compañero no hayan empeorado con el trayecto —dijo Ryku ligeramente intranquilo.

—Independientemente de eso, has actuado, a mi ver, como una persona debería —contrapuso el hombre barbudo—. De no ser por vosotros, Jared y yo aún seguiríamos atrapados en el Túnel Roca.

—¿No necesitáis que os ayudemos en nada más?

—Ya habéis hecho suficiente. A partir de aquí me encargaré yo —respondió Jared—. Ahora que estamos en el exterior, podré llamar a una ambulancia con el holomisor del brazalete.

—De acuerdo. Entonces continuaremos con nuestro viaje.

—Gracias de nuevo por todo. Adiós.

Ryku y Dylan se despidieron de los montañistas y retomaron su camino hacia el centro Técnico donde devolverían el equipamiento básico y después seguirían su trayecto hasta pueblo Lavanda.