—¿De verdad os atrevisteis a cruzar el Túnel Roca con el alumbrado inoperativo? —preguntó Mark estupefacto.
—No fue difícil —contrapuso Dylan—. Usamos el cable guía y las linternas del equipamiento básico.
—Eso ya lo veo. Estoy acostumbrado a limpiar los componentes de polvo, pero esto… Es como si se os hubiera caído una roca encima y tu amigo se hubiera llevado la peor parte.
—Es una larga historia. Por favor, ¿nos puedes devolver el dinero de la garantía del equipamiento? —pidió Ryku—. Queremos llegar al siguiente albergue cuanto antes.
—Muy bien. Veamos si todo está en buenas condiciones. Las linternas tienen algunas ralladuras, pero no afecta a la funcionalidad principal; las cuerdas y los mosquetones siguen en buen estado y lo demás… de acuerdo, parece que todo está en orden y os puedo devolver la cantidad íntegra de lo que pagasteis. Pasadme vuestros códigos del monedero virtual y os depositaré el dinero.
—Y de paso, ¿podrías reiniciar mi Enlace?
—Desde luego.
Ryku y Dylan dieron sus códigos del monedero y luego el primero entregó el brazalete al técnico. Mark se retiró a la parte trasera del centro con el brazalete y los dos equipamientos básicos y no regresó hasta pasado un minuto aproximadamente. Una vez reiniciado el Enlace, Ryku y Dylan se marcharon del centro Técnico y se pusieron en marcha hacia pueblo Lavanda.
En un punto de la ruta los dos jóvenes se pararon a comer algo y descansar de la agotadora miniaventura vivida en el Túnel Roca. Tanto Ryku como Dylan acordaron no volver a entrar en una cueva si estaba absolutamente vacía de luz, sobre todo Ryku, que ya había aumentado un poco más su odio hacia los Pokémon de tipo roca. Después de descansar, reanudaron el camino por la ruta 10.
Pueblo Lavanda fue divisado gracias a la altísima torre que destacaba por encima de todas las demás casas del lugar y, nada más pisar las calles del poblado, el albergue fue el primer destino de los chicos. La aldea no era un lugar donde valía la pena quedarse y Dylan pensaba en atravesarla sin detenerse en absoluto. Sin embargo, el tema del Golem había causado un cambio en sus planes.
—Ya que nos hemos quedado, ¿te vienes a explorar el pueblo? —preguntó Ryku tras haber dejado sus pertenencias en su habitación.
—No hay nada que ver, Ryku —respondió Dylan con pocas ganas—. Este es un pueblo de transición. La mayoría de los edificios son casas de los que viven aquí por lo que sería perder el tiempo.
—También lo perdemos esperando a que abra el comedor del albergue —protestó Ryku—. Y para estar sentado en un sillón viendo como la aguja del reloj marca la hora deseada, prefiero salir y hacer algo, aunque sea por una hora. Además, esa torre que vimos al entrar en el pueblo es la Torre Pokémon, ¿no? No tengo ningún Pokémon que haya fallecido, pero me gustaría echarle una ojeada.
Dylan suspiró.
—Vale, te acompañaré a dar una vuelta por Lavanda —Ryku sonrió de alegría—, pero no pienso entrar en la Torre Pokémon.
Dylan había respondido tan tajantemente la idea de visitar la Torre Pokémon que Ryku se quedó perplejo, aunque ya pensaba en alguna forma de engatusar a su amigo de que se metiera con él en la torre.
Fuera del albergue era tal y como Dylan había dicho. Todos los edificios del pueblo eran casas y había muy pocas tiendas en las que comprar algo de interés, en especial para entrenadores, de las cuales no había ninguna. En dirección sur, Dylan contó que llevaba a la ruta 12, una ruta formada por puentes de madera que conducen a varios destinos, como ciudad Carmín y Fucsia. Lamentablemente, la ruta no resultaba útil actualmente debido a la agresividad de los Pokémon salvaje cerca del camino que se orientaba hacia la ciudad del teniente Surge.
Ryku casi se dio por vencido de dar con algo interesante con el que perder el tiempo hasta la hora de cenar cuando se percató de un edificio que no tenía pinta de ser una casa donde vivir. En un cartel al lado de la entrada se podía leer «Casa Pokémon de Voluntarios de Pueblo Lavanda». Dylan confiaba en que su amigo no se diera cuenta de ello y se pusieran de camino al albergue, pero Ryku se dio cuenta rápidamente y no dudó en ir a aquella casa. Abatido, no le quedó más remedio que seguir a su amigo.
El interior del edificio era de lo más acogedor con plantas junto a la puerta y la pared de la derecha, una gran ventana que dejaba entrar una buena cantidad de luz del exterior, un suelo de baldosas de color beige con el contorno de color marrón y una mesa en el centro con varias sillas rojas. Lo más curioso de la habitación era una puerta ubicada al fondo a la derecha, la cual estaba protegida por una valla de madera oscura de medio metro y el suelo de aquella zona era una alfombra verde.
—¿Hola? ¿Hay alguien? —llamó Ryku.
Nadie respondió.
—Si la puerta está abierta, tiene que haber al menos una persona—dijo Dylan más para él mismo que para informar a su amigo.
—¿Hola?
—Un momento. Ahora mismo voy.
La voz que contestó pertenecía a una chica joven de al menos un año menos que Ryku y venía de la puerta protegida por la valla. Segundos después la puerta fue abierta por una jovencita de cabello pelirrojo recogido en dos coletas por dos gomas de color rosa. Las dos mechas que tenía en ambos lados de la cara estaban decoradas con dos pinzas del color del oro, una de ellas tenía un Butterfree azul. Sus ojos eran de color azul y vestía un conjunto de camisa de manga corta rosa a juego con sus gomas para el pelo y una falda blanca. Finalmente, calzaba unos zapatos marrones y unos calcetines verdes con rallas de otro verde más oscuro que le llegaban casi hasta las rodillas. La chica se les acercó con una sonrisa en la cara.
—¿En qué puedo ayudaros? —preguntó sin dejar de sonreír.
—Perdona, he leído el cartel de fuera y no entendí exactamente lo que significa —dijo Ryku—. Pensé que alguien de dentro nos lo podría explicar.
—Oh, no sois del pueblo, ¿verdad? —observó la joven—. La gente de aquí conoce lo que se realiza en la casa Pokémon.
—No, yo soy de pueblo Paleta y mi amigo, de ciudad Azafrán.
Dylan procuraba mantenerse ajeno a la conversación mirando en otra dirección.
—Entiendo. Entonces resolveré tu duda. Esta casa antiguamente se creó bajo el propósito de acoger a Pokémon que sufrieron el abandono por parte de sus entrenadores. Cunado se inventó la tecnología Enlace, empezamos a ver menos abandonos indiscriminados, pero eso no significó que ya no se nos necesitaba. Actualmente, aparte de algún que otro abandono puntual, también nos dedicamos a acoger Pokémon que han sido atacados por gente a la que le gusta ver sufrir a los Pokémon.
—¿Existe esa clase de gente? —Ryku no se lo creía.
—Más de lo que uno desearía, por desgracia. —Era la primera vez que la chica borró la sonrisa de su cara, pero la recuperó a los pocos segundos—. ¿Os gustaría ver el sitio ya que os habéis tomado la molestia de visitar la casa?
—Claro. ¿Vienes, Dylan?
El joven de pelo azul asintió.
—Por aquí.
La chica tomó la delantera y abrió la puerta vallada. Nada más acceder a la siguiente habitación, Ryku vio a varios adultos cuidando y barriendo una especie de cuadras con muros de madera de la misma altura como los que había en la anterior sala. A medida que paseaban por el pasillo central, Ryku y Dylan observaron a un Growlithe embobado con el movimiento de la escoba que movía de un lado a otro un hombre, un Oddish agradeciendo las caricias de una mujer, un Vulpix disfrutando de un cepillado y un Rattata jugando con una persona. Otras cuadras estaban cerradas pues no había Pokémon en ellas, aun así, seguía habiendo bastantes Pokémon en la habitación.
—Hay muchos —comentó Ryku—. Me pena saber que están aquí por maltrato o abandono.
—Algo me dice que son incluso menos de los que realmente este refugio suele tener —sospechó Dylan.
—No vas mal encaminado —corroboró la chica—. Antiguamente todas las cuadras solían estar ocupadas por un Pokémon, incluso más si eran de la misma especie. —Hizo una pausa pensativa—. Recuerdo que el señor Fuji, el fundador de la casa Pokémon, decía que en el mundo había demasiada gente que trataba a los Pokémon como simples objetos de usar y tirar y que la tecnología Enlace no hizo más que agravar la situación.
—Ese señor Fuji, ¿está en contra de la tecnología Enlace? —inquirió Ryku.
—En absoluto. De hecho, le gusta mucho. Pero añade que la naturaleza humana no sabe aprovechar lo que realmente es capaz de hacer esa tecnología por el mundo. Por ese motivo, no pudo siquiera pensar en cerrar el refugio a pesar de que creía que las nuevas leyes ayudarían en gran medida a los Pokémon.
—El señor Fuji parece ser una buena persona que se preocupa por los Pokémon.
—Y tanto. Este refugio fue antaño su casa y la convirtió en un refugio para socorrer a los Pokémon. La gente del pueblo decidió ayudarle voluntariamente a llevar a cabo esa tarea. Entre ellos yo misma.
—Qué bien suena eso.
—Por cierto, con todo esto no me he presentado. Me llamo Reina.
—Yo soy Ryku. Encantado.
—Y yo Dylan. Oye, Reina, me he fijado en que todos los Pokémon parecen felices aquí, pero este no tiene pinta de estar muy alegre. Me mira con unos ojos como si me quisiera atacar.
Ryku miró en la dirección a la cuadra en la que estaba Dylan. En ella había un Cubone encogido y pegado en una esquina de la cuadra lanzando una mirada deseosa de golpear con el hueso que sujetaba entre sus manos.
—Oh, él. Es una cría de Cubone que solo se fía del señor Fuji. Del resto no quiere saber absolutamente nada.
—¿Por qué?
—Por culpa de unos indeseables —dijo Reina conteniendo el odio en sus palabras.
—¿Indeseables? —preguntó Dylan.
—Ocurrió hace tiempo, cuando el Cubone estaba en las afueras del pueblo. Unos vándalos decidieron pasar el día aporreando a los Pokémon de la zona por pura diversión. Estuvieron a punto de darle una terrible paliza cuando fue salvado por su madre, una Marowak. Los indeseables no les gustó nada que les atacara un Pokémon y creyeron que debían darle una lección. La Marowak logró salvar a su hijo, pero ella… los indeseables se pasaron de la raya.
Ryku entendió al instante la indirecta que lanzó Reina y sintió ira por ello. Dylan igual, pero él apenas fue expresivo.
—Más tarde —continuó Reina—, el Cubone fue rescatado por el señor Fuji y traído al refugio para que no le ocurriera lo mismo.
—Ahora comprendo la total desconfianza que tiene el Cubone hacia los humanos salvo por el señor Fuji —dijo Ryku—. Ojalá esos indeseables no se hubieran salido con la suya.
—No lo consiguieron. La policía los detuvo por asesinato de un Pokémon de otro entrenador. El señor Fuji tenía un trato especial con la madre del Cubone, mucho antes de fundar el refugio.
—Un momento, ¿la Marowak no era un Pokémon salvaje? —inquirió Dylan—. Está claro que los indeseables irían a por Pokémon que no pertenecían a nadie debido a que las leyes entorno a los Pokémon salvajes son mucho menos estrictas que las que protegen a los que son capturados por entrenadores.
—Lo era. Fuji solo cuidó de la Marowak cuando era una Cubone hasta su evolución. Luego de ello, el señor Fuji la registró como su Pokémon, aunque la realidad era totalmente distinta. La Marowak era libre de ir a dónde quisiera y hacer lo que quisiera, aunque nunca abandonó al señor Fuji y lo visitaba ocasionalmente. Era un Pokémon salvaje protegido por las antiguas leyes de entrenador gracias a él.
—En otras palabras, el Cubone de aquí confía en el señor Fuji porque su madre también confiaba en él —resumió Dylan.
—Es muy probable que sea por eso. La relación entre la Marowak y el señor Fuji era muy fuerte. Aunque también puede deberse a que no ha superado la muerte de su madre.
—Es una lástima imaginar que todavía existen personas así… —dijo Ryku compadeciéndose del Cubone.
Después de mirar entristecidos al Pokémon, Reina y los dos jóvenes lo dejaron tranquilo y regresaron a la puerta principal.
—Muchas gracias por la visita guiada —agradeció Ryku—. Ojalá pudiéramos conocer en persona al señor Fuji. ¿Estaría aquí mañana?
—A este paso no vamos a llegar a Azulona nunca… —murmuró Dylan para sus adentros.
Reina tardó unos segundos en dar una respuesta.
—No lo creo —dijo al fin—. El señor Fuji suele irse del refugio a buscar Pokémon malheridos en las afueras de la ciudad con la finalidad de traerlos aquí. Hace días que se marchó y no sabemos cuándo volverá.
—¿Eso es normal? Lo has dicho como cierto aire de preocupación —observó Dylan.
Reina se encogió.
—No lo es —confesó—. El máximo tiempo que ha estado fuera no supera los dos o tres días. Ya ha pasado casi una semana y nadie sabe nada de su paradero.
—¿Habéis llamado a la policía? —preguntó Ryku.
—Desde luego. Pero no han hecho progresos en dar con él.
—Lo único que se puede hacer es esperar a que lo encuentren —sentenció Dylan.
—Sí, aunque la gente del pueblo ayuda en lo que sea necesario —añadió Reina ligeramente más animada—. Confiamos en que aparecerá pronto si lo busca más gente.
—Buena suerte con eso.
—Gracias.
Ryku y Dylan se despidieron de Reina y se marcharon al albergue a descansar hasta que abriera por fin el comedor. Faltaba una hora todavía antes de aquel ansiado momento y Ryku se entretuvo yendo a la lavandería que curiosamente tenía el albergue y limpiar la ropa ensuciada por el paseo a través del Túnel Roca. Dylan se tomó la molestia de esperar a que las ropas de su amigo estuvieran secas para ponérselas e ir a cenar juntos al comedor.
Durante la cena, las noticas informaban de avances conseguidos en el atentado en ciudad Azafrán y la apertura de una investigación sobre lo que sucedió en la centra Energía, este último añadido con un ahorro de energía hasta que todo el lugar volviera funcionar correctamente. Se confirmó la hipótesis de que un Pokémon fue el causante de tan peligroso accidente, aunque seguían las dudas de si fue uno muy poderoso o varios Pokémon de tipo eléctrico que vivían en la central proporcionando energía extra que sobrecargaron los generadores en un exceso de electricidad por su parte. Las incógnitas seguían en el aire. Ryku creía que las dos opciones eran correctas, salvo que, en vez de varios Pokémon, solamente fueron dos con un enorme poder. Concretamente aquellas bolas que se alzaron en el cielo y descargaron toda aquella electricidad sobre la central y los alrededores. Dylan apoyaba esa teoría.
—Me gustaría saber qué Pokémon es capaz de hacer algo así —opinó Dylan.
—¿Y verlo? —preguntó Ryku.
—Ni hablar. Al igual que tú detestas a los Pokémon de tipo roca, a mí me pasa lo mismo con los eléctricos.
—Curioso, yo pensaba que tu tipo némesis sería el tipo planta. Ya sabes, ellos te hacen mucho daño y tú apenas les quitas vida.
—Cierto, pero con ellos tengo más probabilidades de defenderme que con el tipo eléctrico. Ya te conté lo que sufrí peleando contra Surge.
—Oh, claro. —Ryku miró la televisión de nuevo donde la noticia del atentado había sustituido a la de la central Energía—. ¿Crees que Azafrán abrirá sus accesos ya?
—No tardarán, estoy convencido. Demasiado tiempo han estado en cuarentena y necesitarían tenerlos abiertos al menos para el comercio, sino la ciudad sufriría mucho económicamente hablando.
—¿Sabes de economía?
—Ni un poco, pero es lo más probable que ocurra. A fin de cuentas, la ciudad no puede subsistir por ella misma.
—Claro, claro… —Ryku tenía menos idea que Dylan en ese tema y prefirió desviarlo a otro—. Ahora que caigo, no he visitado la Torre Pokémon hoy.
—¿Sigues queriendo ir a ese cementerio de Pokémon? —preguntó Dylan como si odiara hablar de la torre.
—Por supuesto. Muy seguramente no volveré a pisar este pueblo en mucho tiempo y hacer turismo mientras estoy en estos lugares me ayuda a asegurarme de que no me pierdo nada de interés. Un ejemplo claro es el museo de ciudad Plateada.
—Te digo por adelantado que no es nada interesante visitar las tumbas de Pokémon que han fallecido. Si fueran tuyos, lo entendería, pero has dicho que no tienes ninguno.
—¿Qué seguro estás de eso? ¿Ya has entrado ahí?
—No. Respeto a los Pokémon fallecidos y pienso sería de mala educación rezar a uno que ni siquiera conocías.
Ryku arqueó una ceja. Había algo en la oración de su amigo que le extrañaba, aunque no alcanzaba a descubrir el qué exactamente.
—¿Entonces no tengo forma de convencerte de venir conmigo a la torre? —se quiso asegurar Ryku.
—Así es. Es más, si quieres ir, deberás hacerlo esta noche. Por primera vez, seré yo quien tenga más ganas de salir de este pueblo que tú, lo que significa que por la mañana me pondré de camino a ciudad Azulona y te esperaré allí. Aquí no me voy a quedar más tiempo.
—¿En serio, Dylan? —El joven asintió fortaleciendo sus palabras—. Oye, desde que llegamos a pueblo Lavanda te comportas de forma muy rara. ¿Qué ocurre?
—Nada del otro mundo. Simplemente no me gusta estar en este pueblo por el lúgubre ambiente que da la Torre Pokémon.
—¿Solo por eso? Suena muy tiquismiquis de tu parte. A mí tampoco me gustan los sitios lúgubres y rodeados de muerte, pero tampoco es para ponerse así. No es que estemos en unas ruinas y veamos esqueletos por todas partes.
—Que suene como quiera. No me gustan estos sitios y nada cambiara mi parecer. Y te has pasado con la comparación, ¿sabes?
—Lo sé. Ha sido lo primero que me ha venido a la cabeza. Lo siento. —Dylan movió la cabeza de lado a lado procurando no imaginar la escena que había creado Ryku—. ¿Entonces no tengo más remedio que ir a la torre esta noche o me dejas aquí tirado?
—Exactamente. No precisamente te abandonaría, ya que he dicho que te esperaría en ciudad Azulona, pero por lo demás es tal y como has escuchado.
Ryku se lo pensó unos segundos.
—Muy bien, iré.
Dylan abrió la boca, incapaz de comprender lo que acababa de ocurrir.
—¿Lo dices de verdad? Vas a ir a la Torre Pokémon… ¿¡por la noche!?
—¿Qué te sorprende? No es que me des muchas opciones.
—Pensaba que con mis quejas saldríamos del pueblo por la mañana, no que accederías a mis amenazas de obligarte a ir a la Torre Pokémon bajo la luz de la luna.
—Pues no te han servido. Por tu culpa se me ha metido en la cabeza querer visitar la torre cueste lo que cueste. Y es lo que voy a hacer. Descansaré un poco después de cenar y me iré.
Dylan se sentía culpable de las acciones de su amigo. Y no se perdonaría si le pasaba algo ahí dentro.
—Mira, aunque mantenga mi postura de abandonar el pueblo al amanecer, me quedaré despierto mientras estás en la torre. Así que, si algo va mal, usa el holomisor y llámame, ¿vale?
Ryku soltó una ligera sonrisa, ahora podía ir a la torre con mayor seguridad.
Ryku cumplió su palabra y reposó una hora antes de ir a la Torre Pokémon. Dylan le recordó lo que le había comentado haciendo pequeños toques en su brazalete. Ryku asintió, prometiéndole que le avisaría a la mínima que creyera que estaba en peligro y salió del albergue hacia la torre.
Era muy tarde. Su reloj marcaba casi las once de la noche y esto se reflejaba en el ambiente, tan vacío, con tan poca luz de las pocas farolas que había en el pueblo y el impresionante tamaño de la luna aquella noche. En ocasiones soplaba un gélido viento que hacía que Ryku temblara en consecuencia y se arrepintiera de no haberse llevado alguna chaqueta o abrigo. A lo lejos se podía ver la inmensa Torre Pokémon, iluminada por la luz de la luna. Fue entonces cuando Ryku entendió las nulas ganas de Dylan de visitar la torre y, por un instante, pensó el dar media vuelta y olvidarse de entrar en esta. Sin embargo, ya estaba muy cerca de la puerta principal y no pretendía desaprovechar la valentía que aún permanecía en su mente.
Mientras subía la rampa y escaleras que conducían a la puerta, Ryku escuchó una anomalía. Al principio se llevó un susto de muerte por la espontaneidad del ruido, pero se calmó al reconocer que procedía de un vehículo a motor. Una furgoneta, concretamente. Ryku se apoyó en la barandilla de las escaleras y miró hacia la calle. El ruido de la furgoneta se escuchaba muy fuerte, por lo que debía estar muy cerca. Finalmente, la luz de los faros delanteros reveló su posición y Ryku observó cómo se detenía a los pies de la torre. ¿Por qué había aparcado una furgoneta en la Torre Pokémon a esas horas de la noche? Todo resultaba de lo más insólito.
La furgoneta apagó el motor y salieron del vehículo dos figuras. Iban con prendas oscuras, lo que dificultaba distinguirles en la noche. Se fueron a la parte de atrás y abrieron las puertas del remolque del cual salieron cuatro hombres más, tres vestidos igual que los otros dos y uno que destacaba por llevar puesto una camisa de manga corta y de color gris claro, unos pantalones negros y unos zapatos a juego con estos. Ryku se fijó más en esa persona y se dio cuenta de que era una persona anciana, calva y de pobladas cejas. Obviamente, no debía tener ninguna relación con los otros hombres ya fuera por sus prendas como porque tenía las manos atadas a la espalda.
—Está bien, Fuji, la cosa irá así: subiremos a lo más alto de la torre, atraeremos a esa criatura que se rumorea que ronda cuando estás dentro y la capturamos. Simple, ¿verdad? —informó uno de los hombres que sujetaba al anciano por el brazo.
—¡Señor Fuji para ti, jovenzuelo! —protestó furioso el preso—. Y os lo repetiré una vez más: no existe ese espíritu del que tanto habéis hablado. Voy a la Torre Pokémon a mostrar mis respetos a aquellos Pokémon que han fallecido, no a ver alucinaciones.
Ryku se quedó boquiabierto. ¿Era ese el hombre del que conversaron él y Dylan con Reina?
—¿Estás seguro de eso? —replicó el hombre—. Tu fama de aquel accidental y asombroso descubrimiento en Guyana solo refuerza que hayas dado con la existencia de otro Pokémon desconocido. Si creías que retirándote a un pueblo de mala muerte pasarías desapercibido, te equivocas.
—¿Descubrimiento? ¿Guyana? Debes confundirte con otra persona. Yo jamás he viajado a tal sitio, y mucho menos descubierto algo asombroso como comentas.
—Palabras modestas de tu parte, Fuji. De acuerdo, dejaremos que creas lo que quieras, pero sabemos la verdad. No somos estúpidos.
—Yo también dejaré que creáis eso… —humilló sutilmente el anciano.
—¡Silencio! —Otro hombre le asestó un puñetazo en la barriga. Fuji se encogió del dolor—. No toleramos que se insulten a nuestros compañeros. Una palabra más que no queramos oír y anularemos nuestra promesa de soltarte después de acabar con esto, ¿entendido?
Fuji asintió dificultosamente intentando no desmoronarse por el puñetazo.
—Bien. Tú, coge el Scope Silph. Lo necesitaremos para capturar a ese espíritu con las Pokéball.
El hombre levantó el brazo y enseñó una especie de prismáticos. Ryku no alcanzaba a ver claramente lo que era ese Scope Silph, pero debía ser un aparato importante si, según dijeron las figuras oscuras, permitía atrapar fantasmas auténticos y no los habituales Pokémon de tipo fantasma. Una vez se confirmó que llevaba el aparato consigo, el grupo se dirigió hacia la Torre Pokémon.
En ese instante, Ryku distinguió una luz en la oscuridad. Los trajes de las siluetas no eran totalmente oscuros, sino que en su pecho había una muy notoria «L» amarilla que Ryku reconoció al instante. El Equipo Leyenda volvía a aparecer y a actuar criminalmente.
Ryku tenía la mala suerte de que la única entrada que había para entrar a la torre era la que tenía a su lado, y el grupo se les acercaba peligrosamente. Si bajaba, seguramente le descubrirían y lo mantendrían como rehén al igual que Fuji. Su única opción era meterse en la torre y esconderse en cualquier lugar. Corrió como si su vida dependiera de ello. Halló un buen escondrijo detrás de una columna de la planta baja lo bastante ancha y arrebatada de luz como para que fuera prácticamente imposible encontrarle. Entonces, esperó.
Apenas un par de minutos después, la puerta de la torre se abrió y el grupo del equipo Leyenda entró.
—Seguro que alguien del pueblo se dejó la puerta abierta para que no oliera tanto a Pokémon muerto —comentó uno del grupo entre risas—. Además, hace bastante viento esta noche por lo que es posible que haya sido este el que la haya abierto.
—Sí, no había caído en eso. Qué tonto he sido de pensar lo contrario —dijo otro hombre.
La puerta se cerró.
—De acuerdo. Cerrad la puerta. No quiero visitas inesperadas de algún pueblerino. Solo podremos capturar al espíritu esta noche antes de levantar sospechas, así que hay que aprovechar al máximo el tiempo. ¡Vamos!
El grupo subió las escaleras hacia los pisos superiores de la torre. Ryku no movió ni un músculo hasta que las pisadas de los miembros del equipo Leyenda a duras penas se escucharan. Acto seguido suspiró aliviado de que no le hubiera descubierto.
La primera acción que hizo Ryku fue llamar a Dylan al estar en una zona un poco más iluminada que la anterior. Su amigo tardó escasos segundos en responder y puso cara de preocupación al instante.
—¡Ryku! —gritó—. ¿Qué ocurre? ¿Estás bien? No ha pasado ni media hora y ¿ya estás en peligro?
—Baja la voz —pidió Ryku—. Estoy perfectamente, aunque no en peligro completo.
Dylan obedeció y habló en un tono más calmado.
—¿A qué te refieres?
—Estoy dentro de la Torre Pokémon y no precisamente solo.
—Por eso no quería entrar ahí. Sabía que había fantasmas o molestos Pokémon fantasma.
—No hay ningún fantasma ni Pokémon de tipo fantasma —replicó Ryku—. No hablo de algo, sino de alguien. He visto miembros del Equipo Leyenda en la torre…
—¿El Equipo Leyenda ahí, en la Torre Pokémon? —Dylan no cabía de su asombro—. ¿Qué pintan unos criminales en el lugar de descanso de Pokémon fallecidos?
—Tienen secuestrado a un hombre anciano. No adivinarías quién es…
—Pues no, claro —dijo Dylan como si no se esperara más sorpresas—. Para empezar, no lo he visto. ¿Quién es el rehén?
—El señor Fuji. ¿Te suena el nombre?
Dylan se lo pensó detenidamente.
—¿El hombre que Reina nos explicó que había desaparecido? —Ryku asintió—. Hay que avisar a la policía de esto.
—No —respondió Ryku con sequedad—. Si lo hacemos el Equipo Leyenda lo usará como rehén para escapar o puede que incluso algo peor. No hay que correr el riesgo.
—Entonces, ¿Qué sugieres? —preguntó Dylan.
—Capturar al Equipo Leyenda nosotros, liberar al señor Fuji y luego llamamos a la policía.
—¿No decías que no había que correr riesgos? —dijo Dylan en tono irónico.
—Lo sé, pero contamos con el factor sorpresa. La policía no tardaría en alertarlos con el sonido de las sirenas mientras que nosotros podríamos acabar con ellos antes de que se den cuenta.
—No sé, Ryku. Sigo pensando que sería mejor dejar que las autoridades se encarguen de esto. ¿Ryku?
El joven giró la cabeza al creer haber escuchado un ruido. Volvió a mirar al frente tras descubrir que solo había sido un puñado de polvo cayendo del techo. Aun así…
—Voy a ver al menos cómo se han dividido. Si puedo ayudar al señor Fuji, lo haré.
—¿Estás loco? ¿Qué pasará si te pillan?
—No lo harán —aseguró Ryku—. No voy a acercarme más de lo necesario.
—Ryku, no conocía esa faceta de ti. Eres temerario. —Dylan suspiró como si lo que había dicho no cambiara nada—. Y yo no soy de los que abandonan a sus amigos. Quédate donde estás, voy para allá.
—Gracias, Dylan. Te debo una.
—Y muy grande. Ya veré cómo me la devuelves.
Ryku esperó muchos minutos en el más absoluto de los silencios. A veces, el silencio se rompía con el crujir de la madera y con alguna que otra débil voz viniendo de los pisos superiores. Ryku confiaba en que fueran los miembros del Equipo Leyenda y se centraba en pensar que así fuera. De lo contrario, habría huido aterrado.
Un crujir de las bisagras saltó las alertas de Ryku y se sobresaltó tanto que el corazón estuvo a punto de estallarle. Tanto esperar a solas sin saber cuándo vendría exactamente su amigo lo había puesto muy nervioso. Al fin y al cabo, estaba en la boca del lobo. Dylan entró discretamente en la torre y cerró la puerta lentamente con tal de que no hiciera ningún ruido que llamara la atención de nadie, fuera humano o no. Cuando se reunió con Ryku, se hicieron señas para subir los pisos de la Torre Pokémon y se pusieron en marcha.
La Torre Pokémon tenía hasta diez pisos, cada cual un poco más pequeño que el anterior, lo que le daba una forma piramidal. Los tres primeros pisos eran tal y como Ryku imaginaba, lugares llenos de tumbas de Pokémon que establecían un pasillo para subir al siguiente piso. Del cuarto al sexto, al ser más pequeños, las tumbas no restringían el camino a seguir y había una amplia zona por la que moverse. El séptimo piso ya casi no contaba con tumbas, aunque continuaban habiendo bastantes. Unas treinta, según llegó a contar Ryku. En ese piso Dylan pidió un momento para recobrar el aliento. No había subido tantas escaleras seguidas nunca y menos teniendo que mantener el sigilo.
—Esto de moverse en las sombras no es lo mío —susurró.
—Vamos, solo nos quedan tres pisos más. Apuesto que el equipo Leyenda tiene al señor Fuji en el último piso.
Dylan gruñó en desaprobación.
Antes de que cogieran las escaleras para subir al octavo piso, escucharon dos gritos de terror que ponían los pelos de punta. Ryku y Dylan se quedaron petrificados en el sitio e intercambiaron una mirada con la que se preguntaron sin decir nada si el otro había escuchado lo mismo. Otro grito sonó, acompañado de algo rompiéndose. Ryku cambió el miedo por curiosidad y luego aplicó algo de lógica.
—Creo que el Equipo Leyenda se ha topado con algún Pokémon de la torre.
—Más vale que sea un Pokémon de tipo fantasma —avisó Dylan—. Por favor, que lo sea… —suplicó para sus adentros.
Ryku tomó la delantera con tal de darle seguridad a su amigo y subieron al siguiente piso. Cuando pisaron el suelo del octavo piso, se toparon con lo impensable.
La antepenúltima planta parecía un campo de batalla donde acababa de librarse un intenso combate Pokémon. Las estatuas de las tumbas estaban destrozadas y sus restos esparcidos por todas partes. Había arañazos en las paredes y en algunos lugares del suelo, farolillos tirados por ahí que aún alumbraban la zona con su luz y restos de Pokéballs repartidas por todo el piso. Ryku se dio cuenta de que entre los escombros de una de las estatuas yacía un miembro del Equipo Leyenda inconsciente aferrado a aquellos prismáticos que habían denominado como Scope Silph. Visto más en detalle, recordaban a unas gafas de visión nocturna. Un brillo llamó la atención de los dos jóvenes y dirigieron la vista en aquella dirección para toparse con otro miembro del Equipo Leyenda sujetando una Pokéball en su mano mientras que la otra golpeaba algo y se levantaba unos centímetros del suelo. Al final ese miembro cayó también inconsciente al ser lanzado contra la pared por un extraño humo púrpura con ojos amarillos.
Dylan palideció de tal forma al ver el humo con ojos que parecía que su alma había abandonado su cuerpo. Ryku lo sacudió para que volviera en sí, pero no surtía efecto. No reaccionó hasta que le dio una fuerte bofetada que debió escucharse hasta dos pisos por debajo.
—¡Au! —se quejó Dylan tras volver en sí—. Te has pasado, Ryku… —Dylan vio de nuevo al humo con ojos—. Bueno, quizá no… Eso… eso es un… ¿fantasma?
—Creo que es el espíritu que buscaba el Equipo Leyenda —informó Ryku—. Los oí decir que trajeron a Fuji aquí porque pensaban que aparecería gracias a él.
—¿Por qué no me lo dijiste antes? —bramó Dylan—. Esto ya no es un intento de rescate, es una pesadilla.
Fuera.
A Ryku y Dylan les recorrió un escalofrío por todo el cuerpo.
¡Largo de aquí!
—E-El espíritu… habla —Dylan estaba a punto de desmayarse.
—Como vuelvas a perder el conocimiento te doy otra bofetada el doble de fuerte —amenazó Ryku.
Dylan intentó no caer inconsciente solo por evitar recibir otro bofetón.
Ryku trazó en pocos segundos un sencillo plan.
—Esto es lo que vamos a hacer. Seguramente los miembros que quedan del Equipo Leyenda estén de camino a ver qué les ha pasado a sus compañeros. Yo distraeré a este… espíritu, mientras tú subes al siguiente piso, te encargas de ellos y pones a salvo al señor Fuji.
—¿Estás seguro de que lo quieres así? —se cercioró Dylan—. No sabes lo que puede hacer esa cosa y ya has visto como ha derrotado a dos miembros del equipo Leyenda. Podrías acabar igual.
—Es la mejor baza que tenemos. ¡Prepárate!
Marchaos —gritó el espíritu, insistiendo en que Ryku y Dylan abandonaran el piso.
Ryku ignoró la advertencia y activó su Enlace. Como Charizard, no tardó en escupir un torrente de llamas hacia el espíritu con tal de herirlo o distraerlo. Las llamas atravesaron al espíritu como si no hubiera nada ahí, se deformó dejando pasar el torrente. Fue más que suficiente para que lo atacara. Ryku se apartó y esquivó el ataque del fantasma con bastante facilidad. Se alegró de que pudiera ser más rápido que él. El espíritu emitió un molesto sonido en señal de frustración y atacó de nuevo. En ese momento, Dylan aprovechó para colarse por detrás de la pelea y subir por las escaleras hacia el noveno piso.
Ahora que Ryku estaba a solas con el espíritu, buscó una manera de derrotarlo. Si se le aplicaba el tipo fantasma, sus llamas serán más que suficientes para ganar ventaja del combate. Sin embargo, no lo era. Ese espíritu era de un tipo desconocido, si realmente pertenecía a uno, e intangible a cualquier tipo de ataques. Hubo un momento en el que el espíritu logró golpearle, pero Ryku solo sintió un poco de frío. Nada de dolor. El fantasma era intocable, pero también incapaz de tocar. Al menos físicamente. Ryku no quería pensar de lo que sería capaz si empelaba alguna clase de poder fantasmagórico.
—Este combate no llevará a ninguna parte si solo se dedica a golpear físicamente. Sería tan aburrida como una pelea de Metapod —se dijo.
¡Fuera! —vociferó el espíritu—. ¡Largo de aquí!
Ryku no sabía que hacer hasta que recordó el Scope Silph y su función. El Equipo Leyenda lo había traído para usarlo contra el espíritu. Fuera cual fuera su utilidad exacta, debía servir para luchar y capturar al fantasma. Ryku saltó y voló hacia el miembro del Equipo Leyenda que agarraba el aparato, se lo quitó de las manos, esquivó un nuevo intento de echarlo del piso por parte del fantasma y se alejó lo máximo posible con tal de tener el tiempo suficiente para desactivar el Enlace y ponerse el Scope Silph. A continuación, el aparato buscó y detectó al espíritu y lo indicó como una entidad a revelar. Ryku siguió las indicaciones en pantalla y pulsó un botón que deslumbró al espíritu y le disparó un rayo de luz. No le hizo ningún daño, pero sí despejó el humo del que estaba compuesto y le dio forma.
Era un Marowak.
Ryku se quedó atónito de poder ver ahora a un Pokémon conocido. Ese era el poder del Scope Silph, detectar y revelar fantasmas. Seguramente el equipo Leyenda lo empleó para poder capturar un Pokémon real en vez de un auténtico espíritu.
—¡Otra vez! —gritó el Marowak lleno de ira—. ¡Acabarás como los otros humanos!
Entonces Ryku notó algo raro. Mucho más que el fantasma de un Pokémon hablara la lengua humana. Algo en su voz. Sonaba femenino. El Marowak era hembra.
—Espera —pidió Ryku confiando en que la Marowak le concedería el deseo.
—¡Largo de aquí! —repitió ella—. ¡Vete! ¡Nadie le hará daño! ¡Nadie!
Ryku se quitó el Scope Silph y esquivó como humano el intento de golpearle con el hueso que agarraba. «¿Nadie le hará daño?», pensó Ryku. Una bombilla se encendió en su cabeza. ¿No sería…?
—He venido a salvar al señor Fuji, no a hacerle daño —le dijo a la Marowak.
—¡Mientes! ¡Todos los humanos sois crueles! ¡Nadie se salva!
—Excepto Fuji, ¿verdad? Él es una buena persona. Te protegió y ayudó. Salvó a tu… hijo.
La Marowak estuvo a punto de apalear al joven con el hueso, pero se detuvo en seco cuando escuchó la última palabra.
—Mi… hijo…
—Sí, el pequeño Cubone está bien. Fuji lo tiene a buen recaudo. Cuida de él, igual que hizo contigo.
La Marowak lo miró fijamente.
—Tú…
—Conozco tu historia, sí. Me la han contado. Aquellos que te mataron están entre rejas, el pequeño Cubone escapó gracias a ti y el señor Fuji lo rescató.
—Mi pequeño Cubone…
La Marowak dejó de blandir el hueso. Las sospechas de Ryku no habían fallado; el espíritu era la madre de aquel Cubone que había en el refugio Pokémon. Había logrado tranquilizarla.
La Marowak se volteó y señaló con el hueso las escaleras.
—Ve… salva a mi amigo…
Ryku se levantó y caminó lentamente hacia las escaleras mientras miraba de vez en cuando a la Marowak. El fantasma se había quedado quieto, sin hacer nada. Estaba abatido. Cuando Ryku pisó el primer escalón, La Marowak reaccionó.
—¡Humano! —lo llamó—. Dile a mi hijo… que le quiero.
Y dicho esto, la Marowak levitó y se desvaneció en el aire.
—Descansa en paz, mamá de Cubone —veneró Ryku.
El joven corrió hasta el siguiente piso y se encontró con una nueva fiesta acabada. Dylan seguía con su Enlace activado apuntando a los tres miembros del Equipo Leyenda que quedaban despiertos con sus cañones.
—Al más mínimo movimiento, juro que os dejo inconscientes aquí mismo, ¿queda claro? —amenazaba Dylan al grupo. Los tenía bien controlados. Obviamente, nadie le entendía ya que estaba en su forma Pokémon, pero él se aseguraba de que sus gestos expresaran sus palabras acercando los cañones al grupo.
—¡Dylan!
La llamada de Ryku a su amigo no hizo que este se volteara porque estaba demasiado centrado en evitar que el grupo hiciera algo. Ryku se le acercó y se puso en el campo de visión del Blastoise, lo que ayudó a que su amigo lo mirara de vez en cuando sin perder de vista a sus prisioneros más de un segundo.
—¿Dónde está el señor Fuji? —inquirió Ryku a los miembros del Equipo Leyenda.
—No te diremos nada, niñato —insultó uno de ellos. Dylan no aceptó esa respuesta y dejó uno de sus cañones de agua a escasos centímetros de su rostro. El hombre podía escuchar el agua hervir en su interior—. En el último piso —dijo inmediatamente.
Ryku asintió con una sonrisa.
—Gracias por colaborar. —miró a Dylan—. Voy a rescatar a Fuji. Tú sigue controlando a estos tres.
Dylan no necesitaba que se lo repitiera y continuó con el trabajo que estaba realizando.
Ryku subió las escaleras hasta el último piso de la Torre Pokémon y buscó al señor Fuji. No fue nada complicado, ya que en el décimo piso solo había dos estatuas de tumbas y un puñado de columnas paralelas entre sí llenaban el resto del espacio del piso. Fuji estaba atado de pies y manos e iluminado por un farolillo. Ryku le socorrió y lo desató.
—¿Quién eres? —preguntó Fuji mientras sus manos se libraban de la cuerda que lo maniataban.
—Soy Ryku, señor. He venido a rescatarle junto a un amigo.
—¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Qué ha sido de esos criminales?
—Los hemos vencido. Todos han sido atrapados.
—¿Y el espíritu?
Ryku no pensaba que fuera a preguntarle sobre la Marowak.
—Ahora descansa en paz, como debe ser.
Ryku terminó de liberar a Fuji y este se restregó las manos con tal de recuperar la sensibilidad.
—Gracias de todo corazón, chico. A ti y a tu amigo.
Ahora solo faltaba llamar a la policía y todo habría acabado por fin. Ryku comprobó que tenía cobertura con el holomisor y le resultó curioso que no hubiera interferencias cuando avisó a la policía de lo que estaba ocurriendo en la Torre Pokémon. La persona que cogió la llamada dio instrucciones a Ryku sobre qué hacer hasta que llegaran y el joven obedeció al pie de la letra. Después, solo faltaba aguardar a que las autoridades hicieran se presentaran.
La policía acudió desde ciudad Azulona al cabo de unos quince minutos después de recibir la llamada y no tardaron nada en hacerse cargo de la situación. Detuvieron a los miembros del Equipo Leyenda y socorrieron a Ryku, Dylan y el señor Fuji. Ryku devolvió el Scope Silph y no le extrañó descubrir que el objeto era robado. Les tomaron nota de lo sucedido en la Torre Pokémon y un agente les riñó por haber actuado tan imprudentemente. Por suerte, el señor Fuji consiguió que no se les sermoneara más y los jóvenes se lo agradecieron. Un rato más tarde, la policía ya había terminado con los jóvenes y los dejaron marchar. Ryku preguntó si Fuji también se podía ir, a lo que le contestaron que después de que les respondiera unas preguntas podría regresar a casa. Ryku asintió y se marchó al albergue acompañado de Dylan. Una vez en su habitación, Ryku se tiró en la cama y se durmió en escasos segundos.
A la mañana siguiente, pueblo Lavanda regresó a la normalidad. La Torre Pokémon continuaba abierta al público, aunque solo hasta el séptimo piso hasta que se limpiaran y restauraran las plantas afectadas por los combates que hubo en ellos. Todavía quedaron algunos restos de las cintas policiales a pesar de que la policía ya se había marchado.
Ryku se preparó con la finalidad de partir a ciudad Azulona tal y como su amigo deseaba. Sin embargo, Dylan no estaba para caminar durante horas hasta la ciudad y aceptó quedarse en el pueblo un día más al menos y descansar debidamente. Ryku asintió. Tenía todo el día libre y ya sabía cómo aprovechar el tiempo. Salió del albergue y se dirigió al refugio Pokémon.
Allí Reina lo acogió con abrazos y apretones de manos, llena de felicidad tras averiguar que el señor Fuji había vuelto a su casa y él había sido responsable de tan agradable regreso. Los voluntarios que había en el refugio también dejaron sus tareas para felicitar al joven, aunque de manera mucho más calmada.
—Por cierto, ¿dónde está Dylan? —preguntó Reina—. No vas a ser tú quien se lleve toda la gloria.
—Está agotado. Si sale del albergue será un milagro —respondió Ryku con una carcajada.
—Oh, está bien. Merece descansar después de lo ocurrido.
—Una cosa, Reina, ¿el Cubone sigue en su cuadra?
—Claro. ¿Por qué lo preguntas?
—¿Puedo verle?
—Desde luego.
Quien contestó no fue Reina, sino el señor Fuji. El anciano había salido de otra puerta en el lado opuesto de la parte de refugio de la casa y se les acercó lentamente y con una sonrisa en el rostro.
—Adelante, chico.
Ryku asintió y fue a abrir la puerta del recinto de los Pokémon. Reina lo acompañó, pero el señor Fuji la paró colocando su mano en el hombro de la chica. Le susurró que le dejara ir solo. Reina no entendió por qué Fuji le impedía acompañar a Ryku; ella sospechaba que Cubone podría atacarle por culpa de la desconfianza que tiene hacia los humanos. Al menos, pensaba que sería mejor que Fuji fuera con él, pero el anciano también se quedó en el sitio sin mover un músculo y solicitó a los voluntarios que hicieran lo mismo. Nadie comprendía los motivos que impulsaban al señor Fuji a pedir aquello.
Ryku cerró la puerta tras de sí. El silencio inundó el ambiente. Ninguno de los Pokémon que había en el recinto emitía sus característicos sonidos incluso cuando Ryku pasaba por al lado de sus espacios. Lo máximo que recibía eran miradas de curiosidad y confusión por parte de la mayoría que pudiera demostrarlo con gestos; el Oddish fue el único que soltó un corto «od» que demostraba la misma curiosidad y confusión que sus compañeros Pokémon. Finalmente, Ryku llegó a la estancia del Cubone, el cual seguía tan desconfiado y encogido en la esquina como lo vio la primera vez.
—Hola, Cubone —lo saludó Ryku.
Sin pensar en las consecuencias de sus actos, Ryku abrió la pequeña puerta y entró en el espacio con el Pokémon, el cual le gruñía amenazadoramente e instaba a que el joven se fuera por donde había venido. No obstante, Ryku avanzó unos pasos y se puso en cuclillas cerca del Pokémon. Cubone continuó con su amenazante gruñido, aunque después de mirar la cara del chico por varios segundos, lo dejó. Sin embargo, aún estaba en guardia y blandía su hueso con las dos manos.
—Desconozco cómo te tomarás esto, pero tengo un mensaje que darte de alguien muy importante para ti.
Ryku había adoptado un rostro sereno y tranquilo que poco a poco fue afectando en el Cubone. Este abrió los ojos a través de su casco de hueso y bajó el palo. Estaba dispuesto a escucharlo.
—¿Cubone? —dijo el Pokémon casi suplicando. Ryku sospechaba que ya sabía lo que le iba a comentar.
—Tu madre ha estado muy preocupada por ti desde que os… separasteis. Su alma estaba atormentada hasta que supo que estabas bien, a salvo. Ella… dejó un último mensaje antes de hallar la paz. Te sigue queriendo, Cubone. Y estoy seguro de que velará por ti esté donde esté ahora.
—Cu… —Las cuencas de los ojos del Cubone se llenaron de lágrimas. El Pokémon intentaba no llorar, pero el sentimiento fue mucho más fuerte que su voluntad y se le cayó el hueso.
Ryku extendió los brazos y ofreció a Cubone la oportunidad de desahogarse. El Pokémon se quedó unos instantes en el sitio, todavía evitando llorar, pero acabó derrumbándose y saltó a los brazos del joven sollozando sin parar.
—He entregado tu mensaje, Marowak. Espero que estés satisfecha ahora —se dijo Ryku mientras cogía en brazos al pequeño Cubone.
La escena duró varios minutos hasta que por fin el Cubone pudo contener las lágrimas y parar de llorar. Aun así, el Pokémon no se separó de Ryku y siguió agarrando con fuerza la camiseta del joven. Ryku lo acarició donde pudiera dar buenas caricias que el pequeño Cubone sintiera.
—¿Ya estás? ¿Te has desahogado? —le preguntó.
El Cubone lo miró fijamente, aún con ojos llorosos.
—Cu… —respondió secándose las lágrimas.
—Espero que esto te haya ayudado, amiguito. —El Cubone asintió levemente. Ryku sonrió—. ¿Quieres que vayamos con el señor Fuji y los demás?
El Pokémon volvió a asentir. Ryku se levantó y se recolocó al Cubone con tal de que sus brazos hicieran un mejor trabajo como punto de apoyo para la pequeña criatura. Acto seguido, abandonó la cuadra, pero no el recinto. Antes, le preguntó a Cubone si prefería ir sin el hueso que se le había caído o lo recogía. Este no le dio importancia; su hueso no iba a ir a ninguna parte y nadie se lo robaría. Después, Ryku salió del recinto y en la sala principal fue recibido por el asombro de los voluntarios.
Reina se llevó las manos a boca al no creerse lo que estaba viendo y los voluntarios casi igual. Los hombres abrieron los ojos de par en par y alguna de las mujeres se agarró la camisa mientras contenía la emoción. El único que no mostró una reacción exagerada fue el señor Fuji. Al parecer, el anciano ya esperaba a Ryku con Cubone en sus brazos. Reina se acercó al joven y compartió una mirada con el Cubone. El Pokémon la examinó de arriba a abajo y la recordó, incluso extendió uno de sus cortos brazos señalando que quería que la cogiera. Ryku se la pasó y Cubone adquirió un aspecto más feliz.
—Es increíble. ¿Cómo lo has hecho, Ryku? ¿Cómo has logrado que Cubone dejara que lo cogieran y que saliera de su cuadra? —inquiría Reina mientras jugueteaba con el alegre Cubone.
—Si te soy sincero, no estoy nada seguro de lo que he conseguido —contestó él—. Solo podría decir, y eso sin estar completamente seguro, que he cumplido algo que Cubone esperaba desde hace tiempo.
—¿Ah sí? Bueno, no importa. Ahora Cubone está más animado y parece que será más receptivo con los demás. ¿Qué me dices, Cubone? ¿Quieres conocer al resto de voluntarios?
—¡Cu! —exclamó él contento.
Reina fue con sus compañeros voluntarios y todos fueron saludando al pequeño Cubone uno a uno sin abrumarlo. Cubone reaccionaba a las palabras que recibía con felices sonidos y gestos. Sin duda ahora era un Pokémon totalmente diferente al que conoció.
—Gracias a ti, chico, Cubone está volviendo a abrir el corazón a los humanos —dijo Fuji que se había colocado al lado de Ryku.
—Usted ya sabía que el espíritu de la Torre Pokémon era el alma de su madre, ¿verdad? —preguntó Ryku aun conociendo la respuesta.
Fuji asintió.
—Tuve mis sospechas cuando salió de la nada y e intentó asustar solo a los miembros del Equipo Leyenda. A mí ni se me acercó. Ahora con tu pregunta sé que era ella, mi amiga, protegiéndome. Me alegro mucho de que haya encontrado con el descanso eterno.
—Fue un placer ayudar.
—Dime, joven, ¿a dónde irás ahora?
—Continuaré mi viaje y recolectaré las medallas de Gimnasio que me quedan. Pero no partiré hasta mañana después de lo de anoche.
—¿Te apetece quedarte a comer aquí, entonces? —ofreció el señor Fuji. Ryku no se lo esperaba.
—Me encantaría. Gracias.
Ryku se quedó en el refugio hasta que el sol comenzó a ponerse por el horizonte. A lo largo del día, Ryku fue un voluntario más en el refugio, ayudando a cuidar de los Pokémon y jugando incluso con alguno. Luego comió junto el señor Fuji y Reina, la cual había traído su propia comida y, mientras descansaban antes de volver con los Pokémon, Fuji y Ryku tuvieron la oportunidad de conocerse mejor.
Al parecer, el señor Fuji conocía a la profesora Dalia, que fue mencionada cuando Ryku le dijo de dónde venía, y fue una sorpresa al descubrir que él había ayudado en la creación de la Pokédex aportando algunos registros de Pokémon. En el pasado, el señor Fuji era un intrépido explorador que buscaba a los Pokémon más extraños del mundo y estudiaba a los que se habían extinguido ya. Fuji explicó que, durante un tiempo, estuvo siguiendo el rastro de un Pokémon muy misterioso que lo llevó por varias regiones del mundo. Sin embargo, jamás llegó a verlo y acabó abandonando la búsqueda. Un tiempo después abandonó también su hogar en isla Canela y se mudó a pueblo Lavanda donde acabó creando el refugio para Pokémon.
Cuando el sol ya se estaba poniendo, Ryku se despidió del señor Fuji, Reina y los voluntarios. Estos le desearon suerte en su viaje, allá donde fuera, pues solo Fuji y Reina sabían sus objetivos. Cubone también quiso despedirse del chico y estuvo presente, agitando su hueso de un lado a otro. Ya en el albergue, Dylan le preguntó dónde había estado todo el día, a lo que Ryku le hizo un resumen detallado mientras cenaban.
—Así que ese fantasma, ¿era la madre del Cubone del refugio Pokémon? —se cercioró Dylan.
—Exacto. Tenías que haber estado ahí. Ahora Cubone es absolutamente distinto a como lo vimos ayer. Está más animado, más feliz y ha empezado a confiar en los humanos.
—Eso suena genial. ¿No sería increíble que llegara alguien y consiguiera establecer un Enlace con él? Eso sería el summum de lo que podría hacer.
—No creo que ocurra, pero tampoco niego que exista la posibilidad.
—Ya se te ha ocurrido a alguien, ¿eh? —preguntó Dylan con el mensaje directo de que le revelara a esa persona—. Espero que no sea el señor Fuji. A él no le veo como un entrenador, al menos no más.
—No. Más bien pensaba en… Reina. Cubone se mostraba muy afectuoso hacia ella.
—No es nada descabellado, la verdad. Sí ella decide convertirse en entrenadora, puede entrenar al Cubone con la ayuda de Fuji.
—Cambiando de tema. Dime una cosa, Dylan: tienes miedo a los fantasmas, ¿verdad?
Dylan casi se ahoga con la bebida.
—¿A qué viene esa pregunta tan repentina? —protestó mientras intentaba que no se le fuera el líquido por el lado equivocado.
—Solo es curiosidad. Cuando estuvimos cara a cara con el espíritu, te quedaste en blanco, literalmente, tanto física como mentalmente. Parecía que te hubieras muerto de pie.
—Yo… bueno, es que… esto… —balbuceó Dylan—. Todos tenemos miedo a algo, ¿no? —murmuró al fin con la cabeza baja.
—Entonces, ¿es cierto?
Dylan asintió ligeramente.
—Pero solo a los fantasmas de verdad, ¿eh? Los Pokémon y los entrenadores con Enlaces de tipo fantasma ni una pizca —explicó de repente como si se estuviera defendiendo de una acusación—. ¿Y tú, Ryku? ¿Le tienes miedo a algo? Ya que sabes uno de los míos…
Ryku se restregó el mentón, cuestionándose si debería contestarle o no.
—Bueno, no creí que llegaría a tenerle miedo, pero confieso que temo a envenenarme. Sobre todo, cuando tengo el Enlace activado —reveló.
—Por lo que ocurrió en el Bosque Verde, ¿no? —recordó Dylan. Ryku asintió y se encogió de hombros—. Tenemos fobias de lo más normales.
—¿Esperabas que tuviese miedos raros? —inquirió Ryku.
—No, solo poco comunes. ¿Podemos dejar ya el tema? No me apetece hablar de esto.
Ryku asintió y no hablaron de nada más durante la cena.
