A la mañana siguiente, Ryku y Dylan habían recuperado las fuerzas y estaban listos para abandonar pueblo Lavanda. Recogieron sus pertenencias, se aseguraron de que no se dejaban nada y partieron hacia la ruta 8.
Aquella ruta era, de lejos, la más fácil de recorrer. No porque la mayor parte de esta fuera un camino de tierra rodeado de puro campo, sin zonas de hierba alta con las que tener que defenderse de los Pokémon hostiles de la zona y su longitud fuera más o menos corta, sino porque Dylan se conocía aquella ruta mucho mejor que cualquiera de las otras en las que había estado. A fin de cuentas, esa era la ruta donde entrenó a Hidrocan y luego él mismo como un Blastoise. En muy pocas horas, según aseguraba él, estarían ya en el interior de ciudad Azulona.
Ryku quiso hacer un inciso en el camino con tal de preguntar y descubrir el lugar donde Dylan sufrió aquel incidente con la policía tal y como le explicó hace tiempo cuando aún andaban por ciudad Plateada. Dylan no tenía muchas ganas de revelar aquello, pero cedió a la curiosidad de su amigo y señaló una parte del campo. Ryku no acertaba con la ubicación exacta, así que Dylan caminó y se colocó justo en el lugar donde decía que disparó sus cañones de agua y miró en la dirección que tomaron los chorros. Luego se dirigió a una posición a unos diez metros de la anterior y comentó que ahí era donde estaba el coche más o menos.
—¿Contento? —dijo Dylan casi molesto por tener que interpretar el incidente que tuvo—. No entiendo cómo te puede interesar esto. Hace años que ocurrió el incidente y no queda el menor rastro de ello.
—Solo era mera curiosidad.
Ryku y Dylan continuaron el paseo por la ruta y tuvieron que detenerse en varias ocasiones para descansar y, en especial, aceptar desafíos de otros entrenadores. Al cabo de un par de horas llegaron de nuevo a ciudad Azafrán, esta vez por su entrada este, la cual continuaba cerrada como las demás y había un puesto de control que impedía que accediera nadie que no poseyere autorización. Los jóvenes pasaron de largo de ese puesto y se metieron en un edificio similar al que tuvieron que entrar con tal de bajar a otra vía subterránea como la que los llevó a ciudad Carmín, solo que esta vez la vía no iba de norte a sur, sino de este a oeste, conectando ciudad Azulona y pueblo Lavanda atravesando ciudad Azafrán sin poner un pie en esta.
La vía subterránea de ciudad Azulona era bastante más corta que la de ciudad Carmín debido a que ciudad Azafrán era mayor verticalmente que horizontalmente. La mayor diferencia que había entre ambas vías era que la de ciudad Azulona tenía exclusivamente azulejos verdes en vez de cambiantes como la otra y las paredes no estaban decoradas con murales. Cuando abandonaron la vía y del edificio, divisaron los rascacielos de ciudad Azulona. Ryku había escuchado que las dos ciudades más grandes de Kanto se encontraban muy cerca la una de la otra, pero no imaginaba tanto. La ruta que las conectaba por el oeste, la ruta 7, hacía que viajar de una ciudad a otra fuera cuestión de minutos si ibas en coche. Un par de horas, si ibas a pie.
Una vez en la ciudad, Ryku se sintió abrumado. Ninguna otra ciudad se equiparaba a ciudad Azulona en cuanto a altos edificios y habitantes se hablaba. Ciudad Plateada y ciudad Verde podían tener un pase, pero Azulona los superaba por mucho. Lo que se destacaba de la urbe de las demás era la vegetación; prácticamente cada calle, callejuela y plaza estaba a rebosar de árboles y plantas. Las casas y bloques de edificios compartían una monocromía verde en sus paredes con techos abovedados de un verde más oscuro. Sin duda la ciudad poseía una temática floral muy notoria, tanto como la costera de ciudad Celeste.
—Algo me dice que el Gimnasio de esta ciudad es de tipo planta, ¿me equivoco? —dedujo Ryku.
—Imposible no suponerlo, ¿verdad? —rio Dylan—. Ciudad Azulona llama mucho la atención con sus zonas verdes. Y el camino que lleva al Gimnasio es igual o más… boscoso, por decirlo de alguna manera.
—Ya tengo ganas de enfrentarme a su líder. —Ryku estaba emocionado—. Por primera vez voy a tener una gran ventaja en un combate de Gimnasio.
—Justo lo contrario para mí. Mi duelo me daba la sensación de que regaba las plantas. El segundo Gimnasio que más me costó, justo después del de Surge.
—Vamos. Tengo ganas de conseguir mi cuarta medalla en un abrir y cerrar de ojos.
Ryku adoraba al tipo planta por las razones opuestas a las que odiaba al tipo roca. El segundo le podía derrotar de un golpe, mientras el primero casi ni se inmutaba a sus ataques. Siempre era bueno que a veces uno fuera el abusón y no el abusado en un combate Pokémon. Aunque tampoco debía pensar que sería sencillo, pues el duelo sería contra un líder de Gimnasio, el cuarto de la lista, y no contra un entrenador cualquiera con un Enlace de tipo planta. Lo tenía fácil, pero todavía debía ir con pies de plomo.
Dylan guio a Ryku por la ciudad hacia su Gimnasio. Este se ubicaba en el sur de la ciudad y resultaba inconfundible cuando un arco floral muy llamativo y un cartel que señalaba lo que había más allá de este. Ryku entendió por qué Dylan denominaba el camino como boscoso. Había árboles en ambos lados de un camino compuesto por hierba finamente cortada. Los árboles estaban tan próximos los unos con los otros que las hojas y las ramas llegaban a unirse ligeramente, juntándose y creando una red de madera. Las sombras que proyectaban sus copas invitaban a pasar un rato apoyado en los troncos haciendo cualquier cosa como leer o, simplemente, mirar el cielo a través de los agujeros que se originaban. Ryku casi aceptó la invitación, aunque el deseo de conseguir su siguiente medalla alcanzaba a superar el descanso bajo los árboles. Por muy poco.
Mientras avanzaban por el camino, Ryku y Dylan sintieron un temblor que se intensificaba con cada segundo que transcurría. No tenía pinta de que de repente se hubiera desatado un terremoto en Kanto, más bien recordaba a las fuertes pisadas de aquel Golem en el túnel Roca. Sin duda se trataba de un Pokémon y no tardó en hacerse ver a varios metros de distancia. Una criatura de piel rugosa y azulada, piernas cortas y pesadas, una cabeza cuya gran boca impresionaba más que sus ojos rojos y sus orejas triangulares. Pero, por encima de todo, lo que más impactaba del Pokémon era la alta planta que brotaba de su espalda compuesta por cinco hojas, un tronco similar a las palmeras y una flor de seis pétalos de color rojo descolorido con manchas blancas, puntas planas y un carpelo amarillo en forma de corona. Ryku había visto a ese Pokémon, aunque no en su evolución más avanzada, gracias a que la profesora Dalia cuidaba Bulbasaur hacía algunos años. Un Venusaur era un Pokémon que causaba una extraordinaria primera impresión. Sin embargo, lo más llamativo curiosamente no venía del propio Pokémon, sino de lo que agarraba uno de los látigos que salían de su planta.
—Ese Pokémon lleva… ¿un anciano?
Ryku y Dylan se quedaron boquiabiertos. El Venusaur llevaba al hombre mayor como si no fuera la primera vez que lo ataba entre sus látigos. Su cara de inexpresividad corroboraba la hipótesis.
—Oh, vamos, jovencita. No hago daño a nadie —decía el anciano mientras era zarandeado por el látigo.
El Venusaur respondió a la pregunta, pero como era de esperar no se le entendió. No obstante, la intensa mirada de enfado del Pokémon planta revelaba que tampoco era muy necesario comprender sus palabras.
Ryku y Dylan se hicieron a un lado para que el Venusaur continuara su camino, sin embargo, en cuanto el Pokémon los vio, sacó más látigos de la base de la planta en su espalda y apuntó con ellas a los jóvenes.
—Ni se te ocurra acercarme eso —bramó Dylan—. Aparta ese látigo de mi cara.
—No hemos hecho nada malo —añadió Ryku—. Y desde luego no sabemos lo que está pasando.
El Venusaur se quedó en el sitio, bloqueando el camino con su cuerpo. Sin esconder los látigos, bajó al anciano y se aseguró de que se dirigiera a la salida. El viejo caminó lentamente y encorvado hasta que desapareció por el otro lado del arco floral. Luego los látigos volvieron a apuntar a Ryku y Dylan, pero el Venusaur se fijó en los brazos de los chicos, más concretamente en sus brazaletes. Soltó algo parecido a un suspiro y se envolvió en un aura blanca.
El Venusaur era una entrenadora de Enlace. Una chica un poco más baja que Ryku y Dylan, de cabello castaño que le llegaba hasta la mitad del cuello y con una diadema verde que hacía juego con sus ojos del mismo color. Vestía ropa ligera pensada para el senderismo compuesta por unas bambas, pantalones cortos a la altura justo por encima de las rodillas que tenían cuatro bolsillos, dos de ellos más grandes que los otros, y una camiseta de manga corta en el que había dibujado una flor de pétalos amarillos. Finalmente, su brazalete descansaba en su brazo derecho.
—A ver, ¿qué es lo que queréis vosotros? —dijo a Ryku y Dylan en tono irritado—. Más os vale no haber venido con las mismas intenciones que ese anciano.
—¿Qué ha hecho exactamente para que te lo llevaras transformada en Pokémon? —inquirió Dylan.
—¿Que qué ha hecho? ¡Lo mismo que anteayer!
—¿Podrías ser más específica?
La chica suspiró.
—No os dejéis engañar por las apariencias. Ese hombre es un pervertido. Tres veces a la semana se planta en las ventanas del Gimnasio que hay al final de este camino y mira en su interior disfrutando de las vistas. Y usa la pobre excusa de no hacer daño a nadie por espiar a través de estas a las chicas que hay dentro del Gimnasio. Me tiene harta.
Ryku y Dylan compartieron una mirada. ¿De verdad ese anciano era tan depravado para espiar a las chicas? Realmente resultaba de lo más extraño y, en cierto modo, divertido.
—¿Y tú eres quien siempre lo descubre y lo echa? —La chica asintió—. ¿Y cómo consigue burlarte?
—Eso me gustaría saber a mí. Soy la vigilante del Gimnasio Azulona y desconozco como lo consigue.
—¿Eres la vigilante? —repitió Dylan, incrédulo—. ¿No eres un poco joven para eso?
—Por favor, es el trabajo más sencillo del mundo. Hasta alguien más joven que yo podría hacerlo. Solo hay de controlar la cola de los entrenadores que quieren desafiar a la líder y avisar cuando el Gimnasio está abierto y cuando no.
—¿Qué edad se supone que tienes?
La chica miró a Dylan con desdén.
—¿No te han dicho que es de mala educación preguntar la edad a una mujer?
—Solo si son mayores que yo —respondió rápidamente Dylan—, requisito que dudo mucho que cumplas.
—Pues tendrás que adivinarlo por tu cuenta —dijo ella enfadada.
—Muy bien… —Dylan pensó en una cifra no superior a su edad pero que tampoco fuera de niño pequeño. No había muchos números, lo que el porcentaje de acierto era elevado—. Voy a decir que tienes unos trece años. ¿Me equivoco?
La chica hinchó las mejillas, furiosa. Dylan había acertado de lleno. Ryku escondió una carcajada.
—Vale, sí. Tengo trece años —respondió ella—. ¿Algo más que puedas deducir de mí? —Dylan volvió a pensar detenidamente a ver si descubría algo más con solo mirarla—. Ni se te ocurra —advirtió. Dylan hizo caso omiso y la chica, enfadada se dirigió a Ryku—. Espero que tú no seas peor que él.
—En este contexto, no. Pero me gustaría preguntarte un par de cosas. ¿Puedo?
—Depende de lo que quieras preguntar. Pero primero haz que tu amigo pare.
Ryku dio un codazo a Dylan y este esbozó una sonrisa mientras captaba el mensaje y dejaba de simular que pensaba. Una vez estuvo claro que no volvería a ello, la chica accedió a contestar las cuestiones de Ryku.
—Primero, ¿cómo te llamas? Yo soy Ryku y mi amigo, Dylan.
La chica miró con los ojos muy abiertos a Dylan.
—¿Tú eres Dylan? ¿El Dylan que ahorró regar las plantas del Gimnasio cuando combatió contra la líder?
—Por desgracia, sí.
La chica apagó una risa.
—Encantada. Yo me llamo Cetile. Con una «e» muda. ¿Qué más quieres saber, Ryku?
—¿El Gimnasio está abierto? Pretendo desafiar a su líder.
—Con que eso era lo que os impulsaba a pasear por el camino floral. Supongo que solo serás tú, ¿no, Ryku? Tengo entendido que Dylan ya obtuvo la medalla del Gimnasio.
—Así es. Yo solo vengo a ver el combate.
—Pues me temo que debo responder con una negativa —anunció Cetile—. Hoy el Gimnasio está cerrado porque Erika, su líder, da clases de jardinería allí y solo es líder ciertos días de la semana. Mañana es uno de esos días. Puedes volver entonces y seguro que te atenderá. Se lo comunicaré para que no haga planes mientras nadie viene a retarla.
—Gracias, Cetile. Entonces nos vemos mañana.
Cetile asintió ligeramente a modo de despedida y regresó al Gimnasio a vigilarlo. Ryku y Dylan se dieron la vuelta y fueron al albergue a reservar sus habitaciones y dejar las mochilas. Como ahora tenían el resto del día libre, Ryku pensó en hacerle una visita a su amigo Eric mientras estuviera en la ciudad. Lo llamó a través del holomisor, pero no obtuvo respuesta. ¿Estaría ocupado? Lo probaría más tarde. Se reunió con Dylan y le preguntó si la ciudad tenía sitios interesantes que poder visitar.
—Pues hay pocos lugares que te puedan gustar —comentó—. Tenemos un restaurante bastante famoso donde se organizan un concurso para glotones en el que podríamos comer o cenar, un casino muy cerca del restaurante y el centro comercial más grande de todo Kanto. Elige tú; yo ya he venido a esta ciudad muchas veces y todo lo que hay ya lo tengo muy visto.
—¿Cumplimos la edad necesaria para entrar en el casino? —inquirió Ryku.
Dylan se encogió de hombros.
—No soy ningún ludópata y las veces que he entrado ha sido para ver que premios hay. Y vale la pena jugar a las tragaperras por esas recompensas, créeme. Dan Máquinas Técnicas muy poderosas que, técnicamente, cuestan menos que comprándolas directamente y hasta Pokémon poco comunes. ¿Has oído hablar de los Porygon? Ese Pokémon sí que es extraño.
—Lo he visto en la Pokédex —dijo Ryku sin darle mucha importancia—. Es raro, sí, pero en teoría todos los Pokémon lo son. Aunque he de admitir que me gustaría ver uno en persona.
—¿Quieres verlo? A veces exponen a los Pokémon mientras los cuidan —propuso Dylan.
—No es mala idea. Luego me gustaría ir al centro comercial, a ver qué se puede comprar.
—Hablamos del centro comercial más grande de Kanto. Seguro que cualquier cosa que necesites, lo tienen. Bien, ya tenemos plan para hoy. Vamos.
El casino se ubicaba al sureste de la ciudad, un poco lejos del albergue, el cual estaba más en el centro. Les llevó veinte minutos en llegar a la calle del casino. Curiosamente, Dylan se sorprendió de que la calle estuviera poco transitada; normalmente era la que más gente acogía por tener el restaurante del concurso de glotones y el casino en la misma calle. La respuesta a aquella inusual situación se halló en el casino cuando Ryku y Dylan lo vieron sellado con cintas policiales y un cartel que decía que no volvería a estar operativo hasta nuevo aviso.
—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó Dylan—. La última vez que estuve en la ciudad seguía abierto.
Dylan detuvo a un viandante que pasaba cerca y le cuestionó las causas de que el casino se encontrara cerrado. El transeúnte ladeó la cabeza, atónito de que hubiera alguien que no conociera la historia detrás del cierre del casino. De todos modos, despejó las incógnitas de Dylan y explicó que el casino tenía una guarida secreta en el sótano donde unos criminales realizaban actos ilegales que relacionaron con el atentado en ciudad Azafrán, incluso llegaron a la conclusión de que el plan fue engendrado ahí. Los delincuentes escaparon, aunque no violentamente. Sin embargo, sí aturdieron a los policías y actualmente están en paradero desconocido. Lo máximo que se sabía de ese grupo era que todos compartían un distintivo de una «L» extraña en sus trajes, lo cual significaba que pertenecían al Equipo Leyenda. Ryku y Dylan arrugaron las frentes. Otra vez esos malhechores habían dejado su marca.
—Me estoy cansando de escuchar o toparme allá donde estemos con esos malditos —comentó Ryku después de dar las gracias al transeúnte por la información.
—Si te diste cuenta, en las noticias no dijeron que el Equipo Leyenda fuera un grupo nuevo —apuntilló Dylan—. Seguramente ya se les conocía con otro nombre y no hacían actos tan graves.
—Es verdad. Y todavía no comprendo la finalidad de esos actos. Operan por un objetivo, no hay duda después de lo que ocurrió en la Torre Pokémon, pero ¿cuál?
—A saber. No sabemos nada de ellos más allá de que matarían por conseguir información.
Ryku echó un último vistazo al casino y luego él y Dylan fueron al restaurante que, ya que lo tenían cerca, hoy comerían antes de hora.
Un par de horas después, Ryku y Dylan se dirigieron al centro comercial, su último destino al que ir en el día de hoy. Nada más entrar, el centro comercial ya se aseguraba de que no ostentaba el título de centro comercial más grande de Kanto por nada. Solo la planta principal, que era una recepción y un lugar para múltiples tiendas de comida, entre las cuales las que más se contaban eran cafeterías y puestos de bocadillos. Ryku miró en el puesto de información lo que había en cada planta y se fijó en la primera y en la segunda, las cuales estaban más pensadas para los entrenadores de Enlace que los demás. La tercera y cuarta planta también tenía artículos interesantes para entrenadores, pero estos se basaban más en el adiestramiento inicial antes de crear un Enlace como pociones, piedras evolutivas y repelentes tanto de mano como para el módulo Repelente. Ryku y Dylan se separaron con tal de que cada uno comprase por su cuenta lo que necesitaba. Dylan quería adquirir más repelentes para su módulo, de modo que tomó el ascensor hasta la cuarta planta mientras Ryku iba por las escaleras mecánicas al primer piso.
Al final la primera planta no ofreció nada que le interesase a Ryku, al menos, no había nada que no tuviese ya en su mochila, como el saco de dormir y el estuche, o en su brazalete con los módulos. Aunque tuvo el impulso de comprar el módulo Repelente, el precio tanto en monedas de combate como en moneda real superaba bastante a lo que había en la cartera de Ryku. Tantos años con el brazalete Enlace en la vida de la gente y aún el aparato como sus módulos costaban mucho, pero, obviamente, era menor a cuando salió por primera vez al mercado. Sin nada que hacer en esa planta, tomó de nuevo las escaleras mecánicas hacia el siguiente piso.
La segunda planta ya tenía cosas que interesaban a Ryku, pues estaba dedicada exclusivamente a las Máquinas Técnicas. Había de todo tipo, desde las más simples con ataques como Arañazo o Placaje que servían más por seguridad que por relevancia pasando por movimientos normales, de poder medio como Rapidez o Hoja afilada, hasta llegar a las Máquinas Técnicas más poderosas y, por tanto, más caras. Sin embargo, entre ellas había algunas que todos se podían permitir, pero ataques que sonaban extremadamente fuertes, tales como Hiperrayo, Trueno o Ventisca, se necesitaba ganar muchos combates para poder comprar solo uno de esos discos. A pesar de todo, Ryku encontró entretenimiento en una parte de la tienda donde había unas máquinas las cuales poseían la finalidad de verificar si la Máquina Técnica que te interesaba comprar era compatible con el tipo de Enlace que utilizabas. Probó con movimientos claramente imposibles, como aprender Trueno o algún movimiento de tipo Agua. El simple hecho de verse en su forma Charizard lanzando rayos como un Raichu le divertía. Aun así, también buscó movimientos que pudiera utilizar y los que se confirmaron como aptos, se los apuntó como posibles compras en el futuro.
—¿Ventisca para un Charizard? Me asombras que aún no sepas nada de tu Enlace después del tiempo que debes llevar con este.
Ryku rio y se giró a responder a su amigo Dylan, pero se quedó taciturno cuando vio a la verdadera persona que le habló. Era Eric, su amigo de pueblo Paleta.
Eric era mayor que Ryku, unos tres años más. Lógicamente, también era más alto, pero solo aquello había cambiado en todo el tiempo que no se habían visto. Eric no se había cambiado de estilo y continuaba con su bien peinado pelo rubio oscuro y sus ojos color miel, los cuales él decía que se le oscurecerían con la edad y hasta hoy no habían variado en lo más mínimo.
—¿Eric? No esperaba verte aquí.
—Eso debería decírtelo yo, Ryku. En cuanto a mí, es porque trabajo aquí. —Eric enfatizó las últimas palabras dirigiendo la mirada de Ryku a su uniforme de trabajo basado en unos pantalones marrones, camisa blanca y un delantal azul—. Me encargo de ayudar a los entrenadores a elegir los movimientos que más benefician a los Pokémon de sus Enlaces.
—Por eso no respondiste a mi llamada. Perdona —entendió Ryku.
—Ah, ¿Me llamaste? No pasa nada. Suelo tener el holomisor en silencio cuando estoy trabajando. Además, hace años que no nos vemos ni hablamos, de modo que es normal que no lo supieras.
—Cierto.
—Y dime: ¿Qué te ha traído a ciudad Azulona? No será porque…
—Exacto —afirmó Ryku antes de que Eric terminara la frase—. Ya inicié mi viaje por la región y estoy recolectando las medallas de los Gimnasios. Ya tengo en mi poder tres y mañana iré a por la cuarta.
—Y deduzco que tu Enlace es el de aquel Charmander que te dio la profesora Dalia, obviamente ya convertido en un Charizard. ¿Cómo lo llamabas? ¿Antorcha, era? —Ryku asintió—. Menos mal que acerté al precipitarme y mencionar tu Enlace sin saberlo. ¿Cómo le van las cosas a tu amigo llameante? Debió ser duro tener que liberarlo después de obtener su Enlace.
—Está bien. Ahora vive en el valle de los Charizard, en Johto. Algún día lo visitaré.
—Bueno oírlo.
La conversación fue interrumpida por un cliente que debatía consigo mismo sobre qué Máquina Técnica elegir y pidió ayuda a Eric. Este le atendió y estuvo con él varios minutos que Ryku usó para continuar probando Máquinas Técnicas en el aparato. Después de resolver las dudas del cliente, Eric retomó la conversación con Ryku, aunque fue más como despedida.
—Tengo que continuar con el trabajo, Ryku, lamento no poder quedarme a hablar más contigo. Ojalá tuviera más tiempo, pero yo con esto y tú con que pronto te irás de la ciudad a por tu siguiente medalla… En fin, mucha suerte en tu viaje.
—No importa. Me alegro de haberte visto, Eric.
—Oye, para asegurarme: dijiste que participarías en la Liga Pokémon una vez te hicieras con las medallas, ¿verdad? —Ryku asintió—. Bien, entonces te prometo que estaré allí animándote.
—Gracias, Eric. Pero primero he de recolectar las medallas, y me quedan la mitad todavía.
—Ya tienes tres. Estoy seguro de que conseguirás el resto. —Hizo una pausa para comprobar si su supervisor no le estaba vigilando—. He de irme, no quiero meterme en líos. Hasta otra, Ryku.
—Adiós, Eric.
Ryku se quedó unos minutos más realizando pruebas en el ordenador y, cuando se aburrió, bajó a la planta baja del centro comercial y esperó a Dylan mientras se tomaba un refresco. Cinco minutos más tarde Dylan apareció con las compras ya hechas y, como no había nada más que hacer en el centro comercial, abandonaron el edificio y regresaron al albergue a descansar.
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Al fin llegó el esperado día. Ryku se preparó a gran velocidad y se dispuso a ir al Gimnasio Azulona dejando a su amigo atrás. Por suerte, Dylan lo detuvo a tiempo y consiguió que aminorara el ritmo. El Gimnasio no abriría hasta dentro de un rato. De hecho, aún quedaba media hora hasta que Erika lo abriera. No hacía falta ir temprano y hacer cola porque cada vez los líderes de Gimnasio eran más rigurosos en cuanto a requisitos para desafiarlo, lo que significaba que el entrenador debía tener un mínimo de medallas en su poder y, dado que Surge ya pedía una medalla, Erika seguramente exigiría más, aunque no superaría a las cuatro medallas de Sabrina. Ryku comprendió la explicación y ralentizó sus intenciones de ir cuanto antes al Gimnasio. Sin embargo, eso no impidió que se pusieran en marcha, aunque fuera a paso lento.
Por el camino Ryku ya miró en la Pokédex los Pokémon de tipo planta a los que se podría enfrentar. No solicitó que Dylan se lo dijera; quería descubrirlo por su cuenta al igual que hizo con Surge. Había seis Pokémon potenciales que Erika podría poseer como Enlace, excluyendo a aquellos que formaban parte de la misma línea evolutiva. Deduciendo a partir del arco y el camino floral que conducía al Gimnasio, la lista se acortaba a cuatro de los cuales tres parecían ser dignos de ser un Enlace de líder de Gimnasio. Ryku siguió pensando hasta que llegaron al Gimnasio Azulona. Dylan le dio un codazo para que mirara al frente y revelara sus dudas.
El Gimnasio Azulona era tan llamativo como el de ciudad Celeste, hasta compartían algunas características. Los dos eran domos, aunque el Gimnasio Azulona tenía menos aspecto de este que el Gimnasio Celeste al tener una base cónica desde la cual se erigía una columna de cristales de los cuales solo un par de filas estaban tintadas de azul que dificultaban ver el interior. Finalmente, el techo tan llamativo como el de ciudad Celeste, incluso más de lo impresionante que era pues, literalmente, era una reconstrucción gigantesca del tipo de planta que llevan los Gloom en la cabeza, aunque con más bulbos mientras que el resto era fiel al Pokémon con sus cuatro hojas naranjas saliendo diagonalmente y una chimenea en el centro. Esa parte del Gimnasio despejó todas las dudas de Ryku; ya sabía qué Enlace tenía Erika.
En la entrada estaba Cetile sentada en las escaleras que conducían a la entrada principal, haciendo guardia. Se levantó y saludó a Ryku y Dylan cuando los vio.
—Buenos días, Cetile —devolvió el saludo Ryku.
—¿Estás listo para desafiar a Erika? —preguntó animada Cetile.
—Desde luego —respondió Ryku decidido.
—Bien. Entonces toma asiento y espera a que venga Erika.
De repente los ánimos de Ryku se derrumbaron.
—Te dije que ibas muy deprisa —le recordó Dylan—. Ahora por tus ansias tendremos que hacer tiempo hasta que Erika aparezca.
—Lo siento. Debí haber preguntado a qué hora abría el Gimnasio —se disculpó Ryku.
—No imaginaba que acudirías tan pronto. Se nota que tienes ganas de enfrentarte a Erika —dijo Cetile.
—Lo que yo no imaginaba es que te veríamos a estas horas de la mañana —añadió Dylan—. ¿Cuánto tiempo llevas aquí, Cetile?
—Veamos, he venido a las nueve de la mañana, así que… una hora.
Tanto Ryku como Dylan abrieron los ojos.
—Sí que eres madrugadora, ¿no?
—Una cosa que no agregué a lo que hago en el Gimnasio es avisar a los entrenadores que quieren retar a Erika muy temprano que tendrán que esperar un tiempo, como acabo de comunicároslo a vosotros.
Dylan suspiró.
—En fin, no tenemos otra cosa que hacer.
Ryku, Dylan y Cetile se sentaron en las escaleras y dejaron pasar el tiempo. La primera hora fue tremendamente aburrida en la que ninguno de los tres quiso entablar una conversación con la cual amenizar los minutos. Cetile no despachó a ningún entrenador que hubiera venido por los mismos motivos que Ryku, lo cual la extrañaba que Erika solo fuera a enfrentarse a uno solo, aunque tal vez ellos ya hubieran aparecido antes y sabían las horas más probables en las que la líder del Gimnasio estaba disponible para pelear.
Cansado del silencio en el grupo, Dylan propuso charlar de cualquier cosa, lo que fuera. Cetile no tardó mucho en preguntar acerca del combate entre él y Erika que fue bautizado como «la hora de regar las plantas». Dylan se tapó los ojos con la mano, avergonzado de eso, y Ryku se rio con ese título. Por respeto de no dar estrategias a su amigo en su combate, se negó a explicar la historia, pero Ryku accedió a que la contara pues ya había ideado una estrategia en la última hora. Después de unos minutos describiendo con el mínimo detalle posible, a menos que se lo pidieran, su combate contra Erika, Ryku y Cetile estallaron en carcajadas.
—¿En serio usaste los cañones a modo de fuente? —dijo Ryku casi sin pararse a respirar.
—Tenía que deshacerme de esos pétalos que me tiraba Erika —replicó Dylan—. Ya veremos si tú te salvas de ese ataque suyo.
—Sí, ya veremos.
Cetile logró dejar de reír y se secó los ojos por las lagrimillas que le habían salido. Inspiró hondo y recuperó el ritmo normal de la respiración.
—Erika ya me contó esto en su momento y ya me dio risa, pero haberlo vuelto a escuchar desde el otro punto de vista ha sido más gracioso todavía.
—Una cosa, Cetile: está claro que no he sido el único entrenador con un Enlace de tipo agua que se ha enfrentado a la líder —dijo con seguridad Dylan—. ¿Hay alguna anécdota similar a la mía que puedas comentarnos?
Cetile negó con la cabeza.
—Erika no me ha contado todas las batallas que ha librado dentro del Gimnasio. Además, tampoco llevo mucho tiempo trabajando como vigilante.
—¿Cuánto hace?
—Unos tres meses solamente.
—¿Puedo preguntar algo un poco personal? —Ryku atrajo las miradas de ambos. Cetile asintió, pero no garantizó que quisiera responder—. Una chica tan joven trabajando como vigilante en un Gimnasio es algo, cuanto menos, extraño. ¿Hay algún motivo por el que decidieras estar aquí, custodiando la entrada de un Gimnasio?
Hubo un silencio que duró casi medio minuto. Al final, Cetile suspiró como si hubiera aceptado una derrota en una discusión.
—Tienes buen ojo, Ryku —le felicitó—. Es cierto, no trabajo aquí porque simplemente quiera. Tengo mis motivos.
—No necesitas tener buen ojo para ver que no lo haces por caridad —susurró Dylan para sí mismo.
—¿Puedes revelar esos motivos o ya es preguntar demasiado? —ahondó Ryku.
—Podría reservármelos, pero eso nos llevaría a estar de nuevo callados sin hacer ni decir anda hasta que Erika venga. —Cetile pensó unos segundos más antes de tomar una decisión—. Está bien, lo diré. Todo es por mis ganas de emprender mi propio viaje por la región.
—Déjame adivinar… no te dejan por no tener la edad adecuada, ¿me equivoco?
Cetile asintió a la deducción de Dylan.
—Ese ímpetu de abandonar la ciudad e irme de aventuras por Kanto lo tengo desde muy pequeña. Hice todo lo posible por convencer a mis padres de que era capaz de cuidar de mí misma, pero era inútil.
—Si pedías eso siendo menor que ahora, tiene sentido que tus padres te negaran irte por tu cuenta —opinó Ryku.
—Lo sé, pero soy cabezota. Quiero irme de aventuras por Kanto y otras regiones a toda costa y no he cambiado mis objetivos en todos estos años.
—Supongo que esa es la causa por la que posees un brazalete Enlace —concluyó Dylan—. La mejor manera de poder irte por ahí sin que tus padres teman es demostrando que dominas un Enlace. Y contra más fuerte sea el Pokémon de base, mejor.
—Exacto. Erika me regaló un Bulbasaur que cuidaba y me ayudó a entrenarlo con tal de convertirlo en un poderoso Venusaur.
—Suena codicioso por tu parte —juzgó Dylan—. ¿Ese Bulbasaur realmente deseaba evolucionar o era de aquellos a los que no les importaba estancarse en su forma básica?
—No pienses que no valorábamos su opinión —protestó Cetile un tanto enfadada—. Él deseaba abrir el bulbo de su espalda y hacer que fuera lo más bello posible. Eso significaba que sí quería evolucionar.
—De acuerdo, vale. Perdona por haber pensado así —se disculpó Dylan.
Cetile lo perdonó y continuó con su historia.
—Después de obtener el Enlace y liberar al Venusaur, me puse a dominar mi Enlace hasta la actualidad. Cuando creí que había llegado a un buen nivel de habilidad, volví a intentar convencer a mis padres de que me dejaran emprender mi aventura y, una vez más, rechazaron mi petición. Ya no sabía qué más hacer hasta que Erika se ofreció a darme un adiestramiento adicional, uno que me garantizaría conseguir mi ansiada meta.
—¿Trabajando en su Gimnasio?
—Con ello demuestro responsabilidad, que sé lo que me hago y que puedo defenderme en un combate Pokémon contra un entrenador o un Pokémon salvaje.
—Interesante —comentó Ryku—. No sabía que un líder pudiera permitir a una menor de edad trabajar en su Gimnasio. Todos los vigilantes que he visto eran hasta mayores que ellos.
—Erika me ayuda mucho. Ella apoya mi viaje ya que hizo algo similar antes de convertirse en líder. No hay nada como tener una prima que cree tanto en ti.
Ryku y Dylan miraron asombrados a Cetile.
—¿Has dicho prima? —quiso asegurarse Dylan de haber escuchado bien—. ¿Erika y tú sois familia?
Cetile asintió.
—¿Por qué creéis que mis padres toleran que trabaje aquí? Seguro que me lo hubieran impedido si mi jefe no fuera alguien que conocen bien.
—No me lo esperaba —confesó Ryku.
—Ni yo.
—Tampoco es que pudierais; es la segunda vez que nos vemos.
La conversación finalizó y el silencio casi volvió a ser el rey. Casi. Pocos minutos después, apareció la persona que más ansiaban ver: Erika. Una mujer de cabello similar a la de Cetile con su color marrón oscuro y una longitud hasta la mitad del cuello. Incluso tenían la misma diadema en la cabeza, salvo que la de Erika era roja. Sus ojos eran castaños y vestía un kimono amarillo con dibujos de Pokéballs y hojas palmeadas de color rojo que combinaba con el cinturón y la diadema al poseer la misma tonalidad. Sus zapatos solo conservaban la base, lo cual dejaba al descubierto los pies cubiertos solo por unos calcetines blancos. La mujer se acercó con una sonrisa en el rostro.
—Hola, Cetile. ¿Has tenido una mañana ocupada? —saludó Erika con voz serena.
—Para nada. Los únicos entrenadores que han venido al Gimnasio son ellos —señaló Cetile a Ryku y Dylan—. Son los entrenadores que te comenté ayer.
—Ah, sí. Recuerdo a Dylan. Hacía tiempo que no te veía por aquí, ¿Qué tal va la colección de medallas?
—Tengo todas las que se pueden conseguir hasta ahora —respondió Dylan—. Me falta la del Gimnasio de ciudad Verde.
—Ya veo. No estás aquí por una recuperación de medalla, entonces.
Dylan negó con la cabeza.
—He mantenido las medallas a buen recaudo. Estoy aquí para ver el combate de mi amigo, quien es el que te quiere desafiar.
—Comprendo. Tú debes de ser Ryku, ¿verdad? —preguntó dirigiéndose al joven de cabello negro—. Disculpa si me he equivocado, no presté mucha atención cuando Cetile me avisó.
—Así es. He venido a por mi siguiente medalla de Gimnasio.
—Muy bien. Antes de proceder, vamos a quitarnos un requisito de encima: la cantidad de medallas necesarias para retarme. Si no lo cumples, me temo que habrás esperado aquí en vano.
—¿Cuántas medallas son?
—Dos. ¿Las tienes? —Ryku sacó el estuche y lo abrió frente a Erika, mostrando las tres medallas que había ahí guardadas—. Veo que sí. De acuerdo, podemos enfrentarnos. Cetile, por favor.
La chica se levantó, se dirigió a la puerta, sacó una llave de uno de los bolsillos de su pantalón y abrió la puerta.
—Adelante. Seguidme —ordenó amablemente Erika. Ryku y Dylan caminaron detrás de ella al interior del Gimnasio.
Ryku entendió al instante por qué se realizaban clases de jardinería en el Gimnasio: todo el recinto estaba invadido por plantas y flores. Literalmente, era un invernadero dividido en varias secciones cuyas entradas eran arcos florales como el del camino de fuera. Era maravilloso contemplar aquel paisaje. Erika se detuvo frente la entrada del único invernadero que no estaba compuesto por un arco floral. Ryku observó las diferencias entre ese invernadero y los otros del Gimnasio y se dio cuenta de que aquel tenía menos decoraciones de botánica. Sin duda dentro de ese se hallaba el campo de batalla.
Erika solicitó a Cetile que le entregara la tarjeta que activaba los mecanismos del Gimnasio y lo pasó por encima de un lector que, tras registrar la tarjeta, encendió unas vallas a los lados del invernadero y lo rodearon casi en su totalidad. Cuando el espectáculo de engranajes terminó, el lector pasó a la siguiente fase y abrió un compartimento del cual asomaron los brazaletes dorados. Erika entregó uno a Ryku y él realizó la copia del Enlace tal y como ya se había acostumbrado. Luego dio su brazalete original y Erika lo guardó donde antes estaba el brazalete dorado. Una vez todo preparado, entraron en el invernadero.
El campo de batalla que vio Ryku era de lo más simple: un terreno de tierra idéntico al del Gimnasio del teniente Surge. Sin embargo, el de Erika sí tenía decoraciones basadas en algunos arbustos y unas gradas protegidas por un grueso cristal desde las cuales observar el combate. Dylan y Cetile se fueron a las gradas mientras Ryku y Erika se posicionaban a ambos extremos del Gimnasio. Esperaron a que la pantalla que enseñaría sus barras de vida se encendiera y registrara sus Enlaces en cuanto los activases. Nada más la pantalla solicitaba ingresar los Enlaces, Ryku y Erika activaron sus brazaletes y se transformaron en sus respectivos Pokémon.
Ryku acabó su metamorfosis antes que Erika y aprovechó los pocos segundos de los que disponía para realizar una última concentración. Erika concluyó su cambio y mostró el Enlace de un Vileplume, precisamente el tipo de Enlace que Ryku había supuesto tras ver el tejado del Gimnasio. «Bien, no tendré que modificar mi estrategia», pensó. La pantalla cargó los Enlaces y mostró las dos barras de vida de ambos entrenadores. Acto seguido, inició una cuenta atrás para dar comienzo el combate. En cuanto sonó el pitido final, la pelea empezó.
El duelo se resolvió en unos escasos diez minutos con una apabullante victoria de Ryku sobre Erika.
Desde el principio, tanto la líder como su contrincante sabían quién tenía la gran ventaja en el combate. Aunque Erika empleó todo su poder, no logró bajar la vida de Ryku más de lo que quería. Probó con estrategias temporales, tales como paralizarlo con un polvo amarillo o envenenarlo con otro morado, pero Ryku evitó los efectos dispersando ambos polvos con el batir de sus alas. La segunda baza de Erika era la combinación de sus movimientos Danza pétalo como una medida de dañar y distraer al rival mientras cargaba en su hongo la luz del sol para utilizar su ataque más poderoso: Rayo solar. Este, de lejos, fue el más doloroso en Ryku, sin embargo, el joven se defendió y, añadido a la doble resistencia de sus tipos, el Rayo solar de Erika solo consiguió quitar un treintaicinco por ciento de toda la vida de Ryku. La Danza pétalo golpeó cuatro veces en el Charizard, arrebatándole un diez por ciento de la vida con cada impacto. No obstante, a pesar de todos los esfuerzos de Erika por derrotar a Ryku, el joven solo necesitó de un lanzallamas para ver como la barra de vida de la líder descendía vertiginosamente y pasaba del verde al negro en cuestión de segundos. La victoria estuvo decidida antes de el pitido de inicio.
—Fuego, la mayor debilidad de mi Gimnasio —dijo Erika tras volver a adoptar su forma humana.
El Enlace de Ryku se desactivó solo.
—Una medalla más. Me siento un poco mal por no haber dado un combate interesante, pero no se puede hacer mucho cuando tu tipo supera a otro y resiste los movimientos tan bien —se dijo Ryku.
Erika aplanó los pliegues del kimono y se colocó correctamente la diadema. Acto seguido se acercó a Ryku y le dio la enhorabuena. Dylan y Cetile bajaron de las gradas y se reunieron con ellos.
—¡Ha sido alucinante! —dijo Cetile emocionada—. Tienes una llama muy intensa, Ryku.
—Gracias, Cetile.
—Ya iba siendo hora de que tuvieras un Gimnasio donde la debilidad no fuera tuya, ¿eh? —comentó Dylan acompañado de un pequeño codazo y un guiño de ojo.
—No lo voy a negar. Me ha sentado muy bien no ser el abusado —rio Ryku—. Ahora espero que no vuelva a ser débil contra un líder.
—Viendo las medallas que has acumulado y el tipo de Enlace que posees, tus próximos combates serán equilibrados —esclareció Erika.
—Bueno saberlo.
—Te entregaré tu medalla como muestra de tu victoria en este Gimnasio. Salgamos.
Los cuatro abandonaron el invernadero del campo de batalla. Erika volvió a pasar la tarjeta por el lector y las protecciones que habían surgido anteriormente volvieron a desaparecer bajo tierra. Luego el compartimento de los brazaletes dorados se abrió y Ryku devolvió el que le habían dado y recuperó el suyo. Después de cerrar el compartimento, Erika posó un dedo sobre un lector de huellas que abrió un pequeño cajón justo debajo del compartimento. La líder cogió la medalla y se la enseño a Ryku. Ryku miró la medalla y le recordó un poco a la medalla Trueno de Surge con la excepción de que los pétalos eran hexágonos y cada uno era de un color del arcoíris.
—Por haberme derrotado, te otorgo la medalla Arcoíris —dijo Erika como si fuera una ceremonia—. Así, te daré una recompensa en Monedas de Combate por el esfuerzo realizado.
Ryku escuchó un sonido procedente de su brazalete y vio en su pantalla la recepción de las Monedas de Combate acumulándose en la cartera virtual. Después guardó la medalla en el estuche junto a las otras. Erika ya no tenía nada que decirles, por lo que Ryku y Dylan podían irse hacia su próximo destino.
—Un momento —solicitó Cetile llamando la atención de todos—. Ryku, Dylan, ¿podrías esperar un minuto, por favor?
Los jóvenes intercambiaron una mirada.
—¿Qué ocurre? —preguntó Dylan.
—Ahora lo sabrás. Prima, ¿podemos hablar en privado?
Erika asintió y ambas se apartaron de los chicos hasta un sitio en el que fuera muy difícil escucharlas. Ryku y Dylan compartieron miradas y gestos de confusión, incapaces de comprender lo que estaba aconteciendo. Solamente recibieron pistas de los gestos que hacía Cetile y las reacciones de Erika. La mujer asentía ligeramente mientras la chica explicaba. Un par de minutos más tarde, las dos regresaron con Ryku y Dylan y revelaron lo que habían discutido en privado.
—Ryku, Dylan, ¿Puedo acompañaros? —preguntó Cetile.
Sin duda aquella demanda había pillado por sorpresa a los jóvenes. Tal fue la sorpresa que no consiguieron responder al instante.
—Cetile lleva mucho tiempo intentando realizar su aventura Pokémon. Cuenta con mi apoyo, pero sus padres se niegan a que se vaya por lo joven que es —explicó Erika.
—Lo sabemos. Hubo tiempo de conocerla más mientras te esperábamos —repuso Dylan—. Pero no entiendo por qué nos lo pide a nosotros ahora.
—La idea se me ha ocurrido ahora —aclaró la chica de la diadema verde—. Después de ver la fuerza de Ryku, pensé que me sería de ayuda en mi objetivo. Y además Erika te conoce a ti, por lo que reforzaría las posibilidades de que pueda iniciar mi viaje si voy acompañada de personas en las que mis padres puedan confiar.
—No conocemos a tus padres. ¿De verdad crees que te dejarán?
—Si les hablo yo de vosotros, sí —contestó Erika—. Como líder, soy capaz de averiguar la personalidad de un entrenador tras combatir contra él. Contigo me enfrenté hace meses y Ryku ahora mismo. Con lo que saco de vuestros combates, estoy convencida de que persuadiré a sus padres.
—El único problema es si vosotros lo veis bien y no os importa que os acompañe —añadió Cetile—. No es mi intención obligaros.
—Dejo que decidas tú, Ryku —dijo rápidamente Dylan—. Fuiste tú quien aprobó que yo te acompañara.
Ryku tuvo el vago pensamiento de que Dylan más bien lo decía para librarse de tomar él la decisión. De todos modos, aceptó el relevo.
—No veo ningún problema en que venga con nosotros —sentenció.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Cetile.
—¡Gracias! —exclamó—. Vamos a hablar con mis padres. ¿Erika?
La mujer asintió y los cuatro pusieron rumbo a casa de Cetile.
Los padres de Cetile se quedaron sin palabras cuando su hija regresó a casa escoltada por Erika y dos completos desconocidos. No se tardó en discutir sobre el viaje de Cetile al cual, como era de esperar, se negaron en rotundo. Debatieron sobre ello más tiempo del que cualquiera de los cuatro hubiera imaginado. Cetile estuvo a punto de rendirse cuando, al final, se encendió la llama de la esperanza y cedieron a su petición. Cetile no pudo contener las lágrimas de felicidad y no paró de agradecerles que la dejaran marcharse. No obstante, y como era de suponer, los padres de Cetile impusieron unas condiciones a cumplir tanto para ella como para Ryku y Dylan. A los chicos les impusieron que vigilaran a Cetile y se aseguraran de que no realizaba nada temerario, también dirigido a ellos. Ryku y Dylan aceptaron la condición y los padres terminaron de hablar con su hija. Después de pactar todo lo imprescindible en el viaje de Cetile, la chica fue a preparar las cosas en su habitación.
—¿No son un poco sobreprotectores los padres de Cetile? —preguntó Dylan en voz baja a Ryku.
—Quizá, pero es típico de los padres, ¿no crees?
—Cierto.
Quince minutos más tarde, Cetile bajó cargando con una mochila casi a punto de estallar y con una cámara de fotos colgando de su cuello. Sus padres revisaron que llevaba todo lo indispensable y dieron el visto bueno. La madre abrazó a su hija como si fuera la última vez que la vería en su vida y le hizo prometer que no haría ninguna estupidez, que iría con cuidado y que regresaría a casa a la mínima intención que ella desease volver. El padre actuó similar, aunque con un poco menos de tacto. Tras las despedidas, Cetile, Ryku, Dylan y Erika abandonaron la casa de Cetile.
Erika se separó del grupo cuando los caminos de cada uno tomaba una dirección diferente. Le deseó suerte a su prima y le recordó que tenía su número de holomisor por si necesitaba cualquier cosa. También deseó suerte a Ryku en su recolección de medallas y a Dylan de conseguirlas todas. Dicho todo eso, Erika se dirigió al Gimnasio mientras Ryku, Dylan y Cetile se encaminaban al albergue con tal de recuperar las pertenecías de los chicos y partir hacia la siguiente ciudad.
