Sora tomó asiento con Aiko en brazos en la cama, acomodándose entre varios cojines. Cuando había subido a ponerse el pijama había llegado a la pequeña con ella y la había dejado gateando por encima de las mantas hasta que ella había terminado.
- ¿Qué? ¿Tienes hambre cielo? A ver si tu padre no se nos ahoga en la ducha mientras que tú cenas, que capaz es de liar alguna…
Entretenida, se acomodó algo más entre los cojines antes de empezar a intentar colocar su ropa para poder darle la cena a la pequeña, terminando por soltarse los botones de la parte de arriba del pijama para poder acercarla a ella, esperando, como siempre que fuera la niña quien la buscara.
Se quedó mirando hacia ella, viendo como adelantaba su cabecita, colocándose y no tardando demasiado en empezar a comer, teniendo que hacer una ligera mueca al notar algo más de molestia de lo normal. No se extrañó, ya que era algo que solía variar con frecuencia desde que había empezado a darle el pecho a la niña, no pudiendo más que resignarse, por más que esta vez pareciera ser algo más intenso.
Notando algo de alivio, tardó unos segundos en darse cuenta del motivo, viendo como la niña parecía haberse alejado de ella y que estaba haciendo una pequeña mueca.
- ¿Qué te pasa pequeña? – confusa, se quedó mirándola. Era imposible que la niña se diera cuenta de que aquel día sí que le estaba haciendo daño, de manera que si había dejado de comer debía de ser por otra cosa-. ¿No tienes hambre? Seguro que sí… Si es tu hora…
Volvió a intentarlo pasados unos segundos, viendo como la pequeña parecía volver a tener intención de continuar con su cena, siendo ella ahora la que tuvo que apartarla notando la molestia mucho más punzante que antes.
No entendía nada, sintiendo la molesta incluso ahora que ella no estaba comiendo. Cogió aire, intentando relajarse y no ponerse nerviosa, algo en lo que no ayudó que el llanto de la niña empezara a escucharse. Tenía hambre y no estaba siendo capaz de darle de cenar.
- Shhh… No llores… Aiko, por favor, no me llores. Vamos a volver a intentarlo, ¿vale? Solo déjame un poquito… Shhh, ya está – la acunó, sin mucha efectividad, ya que al ver que su madre volvía a acercarla a ella intentaba de nuevo comer, teniendo que apartarla la pelirroja-. Cielo, venga, cálmate.
- ¿Pasa algo? – asomándose desde el baño, Yamato reclamó la atención de la pelirroja.
- Que no puedo darle de comer… Me duele mucho, y se me ha echado a llorar.
Arqueó las cejas en un gesto de sorpresa con lo que le decía, dándose cuenta de que ciertamente la pequeña parecía querer buscar a su madre y que ese era el motivo del llanto. Le hizo un gesto para que esperase un momento, saliendo segundos más tarde del baño con el pijama puesto.
- Déjamela, que intento calmarla yo mientras que te vistes bien de nuevo – extendió los brazos para que ella le diera a la niña.
- Tiene que cenar…
- Sora, me estás diciendo que te duele mucho… Puede cenar algo que le preparemos o del preparado… No le va a pasar nada porque hoy no le des tú la cena. Conociéndote, ya te tiene que doler para haberte quejado.
Posando la rodilla en la cama, se acercó para coger a Aiko y dejarle algo de espacio a la pelirroja, acunó a la pequeña, tratando de que se calmara, lanzándole una mirada a Sora finalmente, estudiando así su gesto.
- Sora, no pasa nada. Te duele, conociéndote como te conozco, ya tiene que molestarte mucho para que la hayas apartado. Está bien. No pasa nada. Aiko puede cenar otra cosa. Si llora es porque tiene hambre, pero ya le hago yo ahora algo y fin del problema.
- Ya… - dijo sin levantar gran cosa el tono.
- No seas tonta – se acercó, dejándole un beso en el cabello-. Me la llevo abajo para prepararle algo, se lo das tú si quieres, ¿vale?
Asintió a sus palabras, habiendo terminado por fin de colocarse de nuevo bien el pijama, aunque no tardó en aprovechar, cuando se quedó sola, en volver a palpar la zona, notándose especialmente dolorida. Frunció el ceño, sin entender demasiado lo que podría haber causado que aquel día estuviera especialmente sensible.
Le daba rabia por la pequeña, pero, aunque sí que le había hecho daño más veces había aguantado… Aquella vez no había podido. No había sido capaz y no podía evitar sentirse culpable por haberla hecho llorar. Resopló, acercándose al espejo para poder echarse el cabello hacia atrás, recogiéndoselo para que no le molestara en la cara antes de volver a bajar.
- ¿Necesitas que te ayude con algo? – le preguntó llegando hasta la encimera de la cocina, observando así los movimientos de él.
- No, tranquila… Si yo creo que Aiko prefiere empezar a comer más variado, ¿no te parece? Desde que ha ido probando más comida yo creo que…
- Aún es muy pequeña – comentó, encogiéndose de hombros-. No tengo ni la más remota idea de hasta cuándo tengo que darle el pecho pero sé que ahora tiene que alternar… Creo…
- Crees – sonrió, ligeramente-. A mí no me preguntes, de eso entiendo menos que tú… Pero mira, si te duele y ya puede comer otras cosas, fin del problema.
- Ya… Ya sé que es una tontería, Yamato... Pero me ha dado rabia que haya acabado llorando.
- Sora, repito. Te dolía. Lo normal contigo es que aguantes lo que sea y si la has apartado sería porque no lo aguantabas. Fin de la discusión. Vete a sentarte tranquilamente al sofá que tienes cara de cansada…
Sin querer discutir con él, se acercó para coger una de las mantas que tenían dobladas en el salón, envolviéndose en ella y echándose directamente. Había tenido un día en el que no había hecho más que correr de un lado para el otro y a aquella hora del día lo notaba más que nunca, dejando la cabeza apoyada en el cojín mientras que vigilaba a la pequeña, la cual gateaba por encima de la alfombra. No fue consciente de cómo o cuándo, pero sus ojos se cerraron sin que pudiera hacer nada por evitarlo.
- ¿Necesitas que te acerque al estudio? – le dijo Yamato mientras que se quedaba mirando hacia ella.
- No, tranquilo. Voy a ir algo más tarde, así que vete tranquilamente.
Aquella mañana, aunque Yamato había intentado salir de la cama sin que ella se diera cuenta, no había sido capaz de lograrlo. Una vez despierta, Sora se había levantado a la vez que él, aprovechando así un rato por la mañana para estar con él.
- Vale, pues entonces voy a ir bajando, así evito el atasco maldito de todos los días – puso los ojos en blanco antes de acercarse a ella-. ¿Estás mejor ya?
- Claro que sí, no me hagas caso, era una tontería. Solo estaba dolorida y ya…
- Bueno, pero no intentes forzar las cosas si ves que te vuelve a pasar, ¿de acuerdo?
- Sí, mamá…
- Oye, que yo no doy tanto miedo como tu madre – divertido, se acercó a ella para llevar la mano a su barbilla y hacer así que levantase la cabeza hacia él-. ¿Te veo luego?
- No lo sé, me pensaré el dejarte entrar… - sonrió antes de estirar algo más el cuello para poder darle un beso de despedida-. Vete de una vez, que luego me echas la culpa a mí del tráfico de la ciudad…
Riéndose por lo bajo, asintió, acercándose a coger su chaqueta y el abrigo quedándose mirando hacia Gabumon, quien aquella mañana iría con él al tener una reunión importante sobre el viaje al que seguía empeñado en asistir.
- ¿Tú estás seguro que no te quieres quedar durmiendo? – dijo mientras que abría la puerta, dejándolo pasar así delante de él, girando la cabeza en el último momento para despedirse de la pelirroja.
Sora sonrió ligeramente, agitando sus dedos en el aire hasta que la puerta se cerró. Había dicho la verdad sobre que aquella mañana entraba algo más tarde pudiendo aprovechar así algo más el día para estar relajada.
La noche anterior se había quedado profundamente dormida en el sofá hasta el punto de ser incapaz de enterarse de que Yamato le había acabado dando la cena a la niña. Solo había vuelto al mundo real cuando la había despertado con insistencia para hacer que ella misma comiera algo. Sabía que se estaba exigiendo más de la cuenta, pero era por una causa importante y, tendría tiempo a descansar cuando se fueran al sur. Eso sin duda era lo que de verdad le importaba.
Fijándose en la hora del reloj, decidió que era la hora de darle el desayuno a Aiko. Arrugó el ceño, llevándose la mano al pecho, haciendo presión, comprobando que no le dolía tanto como la noche anterior. Repitió la acción varias veces, asegurándose, no queriendo que volviera a ocurrirle con la pequeña en brazos ya. No estaba Yamato para ayudarla a calmarla y, sobre todo, a calmarse a sí misma…
- Aiko… - llamó a la pequeña una vez que ya hubo entrado en su habitación-. Buenos días señorita… Es hora de levantarse…
Alargó la mano hacia ella, acariciando así su mejilla con su dedo, esperando que empezase a reaccionar ante las atenciones de su madre, abriendo poco a poco los ojitos azules, intentando enfocarla.
- Hola… - sonrió cuando por fin miró hacia ella- Ya no estás enfadada conmigo, ¿a que no?
Alargando las manos para cogerla, la mantuvo delante de ella, observándola antes de acercarla para poder darle un sonoro beso de los que le hacían gracia, no tardando en escuchar cómo se reía. Sacándole una sonrisa a la pelirroja por ello, la llevó consigo hasta el salón, viendo como Biyomon seguía sus pasos.
- ¿Por qué lloraba anoche? – le preguntó al digimon.
- Porque tenía hambre y yo no se lo podía dar… Pero hoy ya está todo bien, ya lo verás – le explicó a su amiga completamente segura de lo que decía-. Hoy sí que vas a poder desayunar tranquilamente. Aunque tiene razón Yamato, quizás ya sea hora de que empieces a cambiar de dieta… Vamos a tener que llevarte al médico para preguntarle.
Como si esperase que fuera a contestarle en cualquier momento, la acercó a ella tras haberse sacado una de las mangas del pijama, facilitándole así el acceso, sonriendo al ver como no tardaba en acercarse a ella y empezaba a desayunar. Aquella vez sin molestias.
Pasados apenas unos segundos, notó como Aiko se alejaba de ella, haciendo que la mirase confusa sin entender nada antes de volver a intentar acercarla, viendo como torcía la cabeza.
- ¿Aiko? ¿No tienes hambre? ¿Te asusté anoche?
No podía ser que se hubiera dado cuenta de lo que había pasado y ahora no quisiera comer de ella, pero, por la forma en la que se alejaba de ella, frunciendo ligeramente el ceño, la dejaba desconcertada.
- Cariño, tienes que desayunar… Venga… ¿No tienes hambre? Sé que tienes hambre, con lo bien que comes tú.
Biyomon alzó el vuelo, quedándose al lado de ella, mirando hacia una y hacia otra, intentando comprender lo que estaba pasando delante de ella.
- ¿Te duele la barriguita? No me digas eso, por favor, que de verdad que no estoy preparada para que te me pongas malita, ¿eh? No, ni hablar… Venga, come…
- ¿Querrá otra cosa?
- Siempre le ha gustado desayunar conmigo, Biyomon… - volvió a intentarlo, viendo como la pequeña se revolvía, esquivándola-. No lo entiendo…
- Seguro que quiere una galleta, ¿te la traigo? Ya verás cómo es eso, ¡ya es igualita a ti y solo quiere galletas para desayunar!
Sin esperar respuesta de su amiga, la digimon alzó el vuelo, yéndose directa hacia el armario en el que guardaban las galletas, dejando a Sora con la mirada clavada en la pequeña.
- ¿Es eso? ¿Te apetece más otra cosa? – estaba preocupada, era la primera vez que aquello ocurría y no sabía cómo interpretarlo-. Yo te doy lo que tú quieras, pero hazme el favor no haberte puesto malita porque a tu madre le da algo…
AnnaBolena04: el rubio, que por primera vez tiene neuronas para acordarse de que igual es una fecha importante. Ya sea para su propia madre o para la pelirroja, pero finalmente tiene una nenita en casa que le recuerda que pasarse esa fecha de largo iba a estar feo. Sea lo que sea lo que le rubio trama, seguro que todo el mundo se queda contento. Cuando papi se entere de que el rubio ese se ha acordado por fin de su madre en un día como ese igual vuelve a ganar algún punto más sobre la herencia de nuevo.
Y... parece que algo raro está pasando. La nenita no quiere comer con mami... A ver quién es el listo que le dice a Sora que no se preocupe y el valiente que se le acerca lo suficiente para darle tila o algo. Eso si no se le acaba pegando al rubio la histeria y esa aparente calma que tiene encima desaparece... Venga, a ver por dónde acaba saliendo la cosa... A ver quién tiene un infarto primero... Yo mientras tanto me escondo.
Voy a ver si me da un poquito el aire y me despejo, porque, tal y como era de esperar, ahora me ando muriendo de sueño por los rincones...¡Besitos de tortuguita!
Guest Vecina: pues mira, la vuelta al trabajo ha sido tranquila. Lo que me preocupaba es que eran todo caras nuevas, lo cual quiere decir que cuando toooodas las caras nuevas se junten con los del curso pasado... Igual me empiezan a entrar los sudores fríos. Pero bueno, en septiembre cuando vea las listas y me quiera dar cabezazos ya te pediré las tartarugas para que ellas pongan orden.
Vale, ya me queda más o menos claro. Manda narices lo raro que funcionan unas facultades y otras, pero bueno, eso es. Lo importante es que ya puedes descansar un poquito que te viene bien olvidarte del maldito TFG. Ahora coges, lo presentas y si quieres haces avioncitos de papel con él jajaja Yo a día de hoy, cada vez que cojo un USB, una miniSD o lo que sea sigo encontrando restos del TFG... Qué horror jajajaja Y sí, lo sé, las caminatas han sido dignas. Debo decir que ya las había maltratado muchisimo en el anterior viaje, pero esta vez nos pasamos un poquito de la raya.
¿Yo? ¿Maldades? En mi defensa diré que en lo que he escrito más ultimamente he generado el contexto para que el rubio pueda llamar a Aiko directamente tortuguita. Así, como método de distracción y bomba de humo para ir saliendo corriendo. Ayer ya me estuvo gritando Anna por otra trastada que se me ocurrió en mis tres horas de avión sola gracias al check in aleatorio. Pero tú quédate con Yamato pudiendo llamar a la niña tortuguita jajajaja Sí, yo me identifico con Haru cada vez que abre la boca en el tema nenes. Aiko sí, muy bien, ahora, por favor, los demás alejados... Y creo que me quieren endosar uno ahora porque viene de acoplado... Intentaré no arrugarle mucho la nariz al mirarlo jajaja
En fin vecina, que dejo de enroyarme que hoy me ha venido el modo zombie - como era de esperar, no podía venir ayer que aún tenía la mañana para dormitar - y me tiro media hora para escribir hasta esto jajaja ¡Un bico grandote!
