Ryku acababa de recuperar gran parte de su energía y estaba dispuesto a afrontar casi cualquier cosa. En esta ocasión, el líder del Gimnasio de ciudad Fucsia era su próximo objetivo. Esperó pacientemente a que Dylan y Cetile se encontraran con ganas de salir de sus habitaciones y del albergue; el Gimnasio estaba al final de la calle por lo que no había que caminar mucho y el tiempo se podía aprovechar para descansar un poco más. Un par de horas después de comer, el grupo se puso en marcha.
La calle albergaba casas que discernían mucho las unas de las otras. Había casas de playa, casas rurales como las que se encontraban al norte de la ciudad, un centro Técnico en mitad de todo que destacaba más que nunca con aquello que lo rodeaba y un centro Pokémon. Curiosamente, solo se había construido en un lado de la calle, mientras que en la otra tenía un muro de piedra marrón y un edificio como los que usaron para llegar al Camino de Bicis. Dylan explicó que era por la playa, que se ubicaba cerca de la calle y el terreno a ese lado imposibilitaba la construcción de más casas, además de permitir a las viviendas del otro lado de la calle gozar una unas buenas vistas en primera línea junto al mar.
Ryku, Dylan y Cetile se plantaron frente a lo que se suponía que era el Gimnasio de ciudad Fucsia. A diferencia de los otros en los que había estado Ryku, aquel no poseía nada que lo destacara como un edificio donde se efectuaban combates Pokémon ni daba pistas sobre el tipo de Enlace que empleaba el líder del Gimnasio. Parecía más concretamente una mansión de estilo japonés antiguo donde la primera persona que venía en mente que era propietario o propietaria de esta era el de una persona rica que le gustaba lo rústico. La mansión estaba rodeada por un muro de piedra blanca y una cresta de tejas color azul verdoso que, a su vez, imitaba el uso exclusivo de esos dos colores en todo el edificio. Por encima del muro se asomaban árboles que indicaban la existencia de un jardín al otro lado. Ryku y Cetile se quedaron admirando la arquitectura del Gimnasio un rato antes de reunirse con Dylan el cual ya esperaba delante de la entrada. Cuando el grupo volvió a juntarse, Dylan picó la puerta de madera varias veces.
—¿Está cerrado? —preguntó Ryku. Como todas las primeras veces que llegaban a un Gimnasio se lo encontraba cerrado o indispuesto, no esperaba que la situación fuera diferente.
—Está abierto —contestó Dylan—. Este Gimnasio también sirve como vivienda, por lo que hay que llamar al señor de la mansión si queremos acceder.
—Un Gimnasio que se usa como casa. No creía que fuera posible —dijo Cetile.
—¿Has visto más Gimnasios además del de tu prima, Cetile? —curioseó Dylan.
—¿He de recordarte que no salí nunca de ciudad Azulona hasta ayer?
—Bueno, Erika podía haberte hablado de los Gimnasios de los otros líderes.
—No fue el caso.
Dylan picó de nuevo la puerta tras casi un minuto sin recibir respuesta.
—¿Seguro que está abierto? —volvió a consultar Ryku.
—Completamente. La mansión es grande y es posible que tarden un poco en venir, ya lo verás. —Se mantuvieron en silencio y al cabo de un tiempo, se escucharon pisadas acercándose—. ¿Veis? Ya nos abre alguien.
Tal y como dijo Dylan, la puerta se abrió y apareció una chica de cabello morado recogido en una ancha coleta acabada en una serie de pinchos con una diadema amarilla y ojos del mismo color. Llevaba puesta una extraña vestimenta que daba la sensación de ser una única prenda adornada con accesorios que la dividían en varias partes. El vestido era totalmente negro, sin mangas y con la parte baja más ancha de lo normal en comparación al resto, que se ajustaba a la figura de la joven. Bajo el vestido tenía una segunda prenda de color ocre que cubría la falta de mangas de la vestimenta negra. Los antebrazos y las espinillas estaban tapados por unos brazaletes flexibles y ceñidos a estos del mismo color que su pelo y con bordes rosas. Finalmente, una bufanda rosa bastante larga rodeaba el cuello de la joven y caía por la espalda como una capa.
—¿Dylan? —dijo la joven. Se notaba que lo conocía—. ¿A qué has venido? ¿Al final sí has perdido la medalla del Gimnasio y debes retar a mi padre una vez más?
—Yo también me alegro de verte, Sachiko —saludó Dylan—. Y no, no vengo a obtener otra medalla. Vengo a ver un combate de Gimnasio.
—Ah, ¿sí? —Sachiko miró fríamente a Ryku y Cetile—. ¿Quién de ellos será el rival de mi padre? La chica no tiene pinta de ser muy buena luchadora.
—Para que lo sepas, lo soy —saltó Cetile.
—Ya, bueno. ¿Entonces eres o no quien retará a mi padre?
—No, seré yo quien se enfrente a tu padre —respondió Ryku rápidamente para que Sachiko dejara en paz a Cetile.
La joven de pelo morado miró de soslayo a Ryku.
—Sí. Tú das la sensación de haber combatido más que tu amiga. Bien, como vigilante del Gimnasio, he de asegurarme que no llamaré a mi padre por nada.
—¿Cuántas? —preguntó Ryku como si se aburriera de hacer lo mismo una y otra vez. Sachiko se sorprendió ligeramente, aunque sabiendo lo que significaba el requisito, el asombro no le duró mucho.
—Tres medallas. Si no las tienes, vuelve cuando hayas obtenido esa cantidad.
Ryku sacó del bolsillo el estuche y lo abrió delante de Sachiko. La joven contempló las cuatro medallas de Gimnasio que había en el interior. Asintió, satisfecha y Ryku guardó el estuche de nuevo en el bolsillo.
—Muy bien. Avisaré a mi padre de que tiene un nuevo contrincante. Adelante.
Sachiko se hizo a un lado y dejó pasar al grupo. Ryku miró alrededor y prestó especial atención en el jardín. Tenía pequeños arbustos, algún que otro árbol alto casi pegados a las paredes exteriores de la mansión y un estanque. Todo aquello reforzaba la sensación de que la mansión era de alguna persona rica o muy amante de las construcciones clásicas. Sachiko abrió la puerta y exigió que los tres jóvenes fueran descalzos mientras pisaran el suelo de la mansión. En ese momento, Ryku reparó en que Sachiko no llevaba calzado alguno más allá de unos calcetines. Debían ser gruesos si la permitían moverse por fuera de la mansión sin lastimarse los pies. Después, la joven de cabello morado guio al grupo hasta un salón con una mesa que apenas superaba la altura de las rodillas, cuatro cojines a modo de sillas, un par de armarios y unos cuantos cuadros de paisajes florales que fascinaron a Cetile. Sachiko les pidió que se acomodaran mientras iba a avisar a su padre de la llegada de un nuevo adversario y otros invitados. Ryku, Dylan y Cetile se sentaron sobre los cojines a esperar.
—Qué bonito es esto —comentó Cetile para romper el silencio—. Muy tradicional todo. Me gusta.
—No es de extrañar sabiendo lo que es la familia de Sachiko —dijo Dylan sin darle mucha importancia.
—¿A qué te refieres?
—¿No os habéis fijado en cómo va vestida Sachiko? ¿Pensáis que es normal ir así?
Ryku y Cetile intercambiaron una mirada. Ciertamente, esos ropajes no los lleva cualquiera.
—Mientras no esté en la calle, sí lo es, ¿no? —opinó Ryku.
—Hoy nos ha abierto desde dentro, pero cuando yo estuve aquí, vigilaba tan tranquilamente fuera con la misma ropa—contó Dylan—. Creedme cuando os digo que no veo que le importe lo que opine la gente de cómo va vestida por la calle. Y es porque está acostumbrada.
—¿Vas a ir al grano o vas a seguir mareando el Pidgey? —reclamó Cetile.
—No te gusta averiguarlo por tu cuenta, ¿eh? —dijo Dylan entre risillas—. Vale, allá va. Por muy irreal que suene, Sachiko y su familia son ninjas.
—¿Ninjas? Repitió Ryku—. ¿En serio?
—Tan en serio como que mi Enlace es de tipo agua. Yo también reaccioné igual, pero después de enfrentarme a Koga, el líder de este Gimnasio, ya no me parece tanta locura.
—¿Cómo todavía existen los ninjas? Deberían ser cosa del pasado hoy día —consideró Cetile.
—Quién sabe. Seguramente los ninjas de la actualidad no se parezcan tanto a los antiguos. Dudo que un líder de Gimnasio se dedique a espiar a personas importantes y, menos todavía, al asesinato. De ser así este Gimnasio ya tendría otro líder.
—Debe haber un motivo. Probablemente las técnicas ninja sean de utilidad para entrenar Pokémon. Como un estilo de combate especial para el tipo lucha o una manera diferente de pelear como un Pokémon de otro tipo —sospechó Ryku.
—Es lo más viable y lo que más sentido tiene —corroboró Dylan—. A fin de cuentas, Koga es entrenador de Enlace y Sachiko también, aunque ella no lleve puesta siempre el brazalete.
—Con todo esto, no logro desentrañar el tipo de Enlace que se emplea en este Gimnasio —cambió de tema Ryku—. Generalmente, con solo ver el aspecto de edificio me es suficiente. Pero esta mansión no me dice nada. Tampoco saber que el líder es un ninja me ayuda. Cualquier Pokémon se puede beneficiar de alguna forma de las técnicas que utilicen esa gente.
—¿Quieres que te lo revele yo? —preguntó Dylan—. A menos que sigas prefiriendo adivinarlo por ti mismo.
—Quiero mentalizarme ahora que tengo tiempo. Por favor, dímelo.
—Tipo veneno.
Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Ryku. Desde la vez que fue envenenado por un Beedrill en el bosque Verde, el tipo veneno se había convertido en el segundo tipo que menos le gustaba y, como ya reveló en su momento, lo temía. Específicamente, le asustaba ser envenenado y provocar una destrucción sin control alguno en su forma de Enlace. Aunque un combate de Gimnasio estaba muy controlado con cualquier especie de problema durante el conflicto, eso no quitaba el temor a que causara un incendio.
Cetile miró a Ryku, extrañada. Cambió de objetivo y con un movimiento de cabeza le trasmitió a Dylan el mensaje que no requería ser mencionado.
—Mejor que no lo sepas —le contestó. A Cetile no le gustó aquella respuesta—. Después del combate te lo cuento, ¿vale? No pongamos más nervioso a Ryku.
Cetile se tuvo que conformar con esa promesa.
—Vale. —Ryku se tranquilizó y enfocó en el enfrentamiento que le aguardaba—. ¿Qué Pokémon de veneno tiene Koga?
—No podría especificar —replicó Dylan. Ryku se desanimó—. No me malinterpretes, bien te diría el Pokémon contra el que me enfrente yo, pero me fijé en que Koga no tiene un único brazalete Enlace, sino tres. Hay tres Pokémon de tipo veneno contra los que te tocaría luchar y uno de ellos es un Venomoth, que se trata del Pokémon que yo afronté.
—Tres Enlaces… Koga debe ser un amante de los Pokémon si ha alcanzado tal hazaña —pensó Cetile.
Dylan negó con la cabeza.
—Koga es de esos entrenadores que tuvieron que adaptarse a nuevo estilo de combates Pokémon con la tecnología Enlace. Estoy convencido que sus Enlaces son de sus Pokémon, cuando los duelos se disputaban con más de un Pokémon.
—También es verdad.
Ryku estudió en la Pokédex todos los Pokémon que fueran de tipo veneno ya fuera primario o secundario. La búsqueda le proporcionó una gran cantidad de resultados, más de lo que el joven esperaba. Descartó de inmediato los Pokémon de tipo planta pues era imposible, o muy poco probable, que volviera a poseer la gran ventaja de tipo cuando lo había tenido en el Gimnasio anterior. También eliminó a los que pertenecían al tipo fantasma que, a pesar de ser los más factibles, no terminaban de encajar en el Gimnasio. En cuanto al resto, todos eran viables como posibles enemigos. Venomoth ya estaba elegido como una de las tres posibilidades por la información de Dylan. Con todo esto, Ryku terminó por abandonar el adelanto del Pokémon al que combatiría y confió que Koga repitiera el Enlace del Venomoth, así la pelea podría finalizar en poco tiempo.
Mientras el grupo continuaba con su conversación, la puerta corredera se abrió y Sachiko les hizo una señal para que la siguieran. Los tres jóvenes se levantaron de los cojines y acompañaron a Sachiko por los pasillos de la mansión hasta salir a un jardín interior. En él había la única construcción moderna de toda la mansión, apartada de las partes más tradicionales con tal de que no destacara demasiado por encima del resto de la casa. Aun así, el edificio conservaba un exterior idéntico a las paredes de la mansión, lo cual ayudaba a que pasara desapercibido con mayor facilidad. Lo único que llamaba la atención era el tejado, de color morado con un símbolo de una Pokéball en el frontón que lo identificaba como Gimnasio y unas puertas de hierro. Tampoco había ventanas por ninguna parte.
—Aquí se dividen los caminos —anunció Sachiko—. El que vaya a desafiar a mi padre esperará aquí y los que quieran ver el combate, iremos a otro sitio, ¿entendido? —Los tres asintieron—. Bien, ¿estás listo para enfrentarte al líder del Gimnasio? —inquirió dirigiéndose a Ryku.
—Lo estoy.
Sachiko golpeó la puerta de hierro emitiendo un interesante tono musical. Después se llevó a Dylan y Cetile de nuevo a la mansión. Los amigos de Ryku le desearon buena suerte y entraron en la residencia dejando a Ryku, no sin que antes Dylan recibiera el estuche de Ryku con tal de que no se perdiera, a solas frente la puerta de hierro. Esperó un breve periodo de tiempo hasta que al fin la puerta se abrió. No le recibió nadie. Cuando sus ojos consiguieron adaptarse a la luz del interior del edificio, Ryku vio a un hombre sentado de rodillas al fondo. Entró suponiendo que era lo que debía hacer y nada más sus pies pisaron el suelo del edificio, la puerta se cerró detrás de él.
Ryku se quedó en el sitio sin la menor intención de dar un paso al frente. Koga, quien debía ser aquel hombre sentado de rodillas al otro extremo de la sala, tampoco se había movido durante un tiempo. Ryku miró a su alrededor. La sala era, como se esperaba, bastante grande para los combates Pokémon. No obstante, pecaba de altura lo que significaba una gran limitación en los movimientos de Ryku en su forma Pokémon. Por otro lado, tanto el suelo como las paredes eran de madera y los pilares que lo mantenían todo en pie también, aunque de una más oscura con tal de diferenciarse del resto. Tras Koga había una pequeña tarima y en la pared del fondo colgaba justo en el centro una pancarta con unas palabras escritas en japonés y a un lado un par de armas medievales. Ryku se preocupó de lo que pudiera desencadenar con sus llamas. Luego se centró en el propio Koga.
Koga era un hombre de entrada edad. A simple vista, Ryku le echaba entre cuarenta y cincuenta años, incluso unos poco más de cincuenta. Tenía un pelo puntiagudo como Sachiko y de un tono azul apagado que pasaba a gris conforme se iba acercando a las orejas y la nuca. No se podía saber nada del color de los ojos pues el hombre los tenía cerrados en ese momento. Vestía igual que su hija, con una camisa y pantalón negros con bordes morados en las mangas y grises en la abertura del pecho. A partir de las rodillas, el pantalón se ocultaba tras una especie de pieza de armadura plateada con un toque morado al final. Los pies estaban cubiertos por gruesos calcetines negros que dejaban marcada una raya en medio de los dedos. Para terminar, los accesorios eran igual que los de Sachiko: un par de muñequeras negras y una bufanda roja tan larga que podía hacerse pasar por una capa.
Ryku no se había percatado hasta ahora, pero delante de Koga había cuatro brazaletes Enlace dorados. Probablemente tres de ellos eran los Enlaces que usaba él y el cuarto era para el contrincante. Koga abrió los ojos y miró fijamente a Ryku.
—Bienvenido a mi Gimnasio —le dijo—. Por favor, acércate.
Ryku caminó decidido hacia Koga. Cuando estuvo delante de él, se sentó en la misma posición que él. No sabía una manera cómoda de permanecer en esa postura, pero por respeto aguantaría el dolor en sus piernas que se estaba creando.
—¿Cómo te llamas? Sachiko no me lo ha mencionado.
—Ryku. Usted debe ser Koga, ¿no?
—Correcto. Soy Koga, uno de los ocho líderes de Gimnasio de Kanto. Los entrenadores a los que me he enfrentado en el pasado dicen que conmigo empieza la verdadera escalada para llegar a desafiar al Alto Mando.
—¿De verdad lo cree?
Koga sonrió.
—No. Soy tan fuerte como cualquiera de mis compañeros líderes. Con mis ventajas y desventajas por el tipo de Enlace que utilizo. Dime, Ryku, ¿Puedo saber de antemano a qué tipo de Enlace lucharé hoy?
Ryku se lo pensó detenidamente antes de contestar. Existía la posibilidad de que Koga eligiera el Enlace más adecuado de los tres que tenía contra él y obtener algún tipo de ventaja. Al final, decidió confiar en que no actuaría así y respondió a la pregunta.
—Tipo fuego.
—Comprendo. Será un combate equilibrado, sin ninguna ventaja ni resistencia por parte de ambos. Mi tipo de Enlace es el veneno.
—Lo sé, mi amigo Dylan me avisó antes.
—Ah, Dylan —recordó Koga—. Enlace de tipo agua. Muy defensivo, pero con poderosos ataques de agua. Sí, tuve un buen combate contra él. Pero hoy es tu turno. ¿Te contó algo más?
Ryku asintió.
—Estos tres brazaletes Enlace contienen un Enlace de tipo veneno que será el que uses en el combate de Gimnasio. Uno de ellos pertenece a un Venomoth, pero el resto no lo sé.
—Bien. Me alegra que la información que sale de aquí es limitada. Verás, me gusta imponer un reto distinto a cada entrenador que me desafía, así consigo que nadie prepare una estrategia antes del combate. Por eso utilizo tres Enlaces de los tres Pokémon más fuertes que llegué a entrenar en el pasado.
—¿Va a elegir uno en función del tipo de Enlace que le diga el contrincante? —Ryku no pudo ocultar su desconfianza.
—No. Tú lo harás. Tú determinarás el Enlace Pokémon que quieres que use. De ese modo serás tú mismo quien se imponga el reto del combate de Gimnasio contra mí. Puede que tengas suerte y puede que no. Adelante, escoge.
Ryku abrió los ojos, impactado por la reacción de Koga. Realmente no esperaba que el líder del Gimnasio fuera a permitirle elegir el Pokémon del Enlace contra el que lucharía. Aquello solo aumentaba los nervios del joven de seleccionar un Pokémon que, aunque fuera de tipo veneno, el tipo secundario pudiera resistir al suyo. Fue una decisión que Ryku tardó más de un minuto entero en aceptar. Al final, señaló con el dedo el brazalete dorado de la izquierda. Koga asintió, le entregó el brazalete que necesitaría para el combate y recogió el resto.
Mientras Ryku transfería su Enlace al dorado, Koga guardó los que no usaría y se puso el que habían decretado para él. Luego Ryku preguntó dónde podía dejar su brazalete original y el hombre se lo cogió y lo dejó con el resto de los brazaletes. Una vez todo en su sitio, Koga pulsó el botón de un mando que hizo salir de la pared de la izquierda de Ryku la ya clásica pantalla donde se registraban los Enlaces y enseñaban el progreso del combate con las barras de vida. Cuando la imagen esperaba a que se activaran los Enlaces de los brazaletes dorados, Koga apartó el mando y pidió a Ryku que se colocara en el otro extremo del campo de batalla. Ryku obedeció y se dirigió a esa posición. Una vez allí, se dio la vuelta y se colocó cara a cara con Koga.
—Cuando tú quieras empezar.
Ryku realizó un último momento para concentrarse y, al verse preparado, activó su Enlace y se transformó en Charizard. Koga esperó pacientemente a que la conversión del joven finalizara antes de iniciar la suya. En cuanto comprobó que Ryku no le quitaba los ojos de encima, activó el suyo. Ryku contempló como Koga se envolvía en el aura blanca y poco a poco aparentaba una forma menos humana. El espectáculo le produjo náuseas por cómo se observaba la transformación de Koga porque, literalmente, el cuerpo del hombre se derretía y se expandía a su alrededor. No era nada agradable de ver. Finalmente, la transformación de Koga acabó y surgió el cuerpo morado y líquido de un Muk. Ryku se recuperó de la mala sensación creada por la transformación de Koga y se acostumbró a mirar sin repugnancia al Muk. Su siguiente reacción fue de decepción; no le había tocado el Venomoth con el que tendría un combate corto por ser efectivo contra el tipo bicho. Se le pasó por la cabeza pensar en cuál será el último Enlace que poseía Koga, pero aceptó que jamás lo sabría.
La pantalla registró los Enlaces, cargó las barras de vida de ambos Pokémon e inició la cuenta regresiva. Cuando sonó el pitido más largo, el combate había comenzado.
Ryku atacó primero abalanzándose sobre Koga con su movimiento Ataque ala. Aunque el Muk fuera un monstruo líquido, este era lo bastante espeso como para que los golpes físicos se notaran y no los ignorara. Koga se defendió abriendo la boca en el preciso momento en el que Ryku golpeó con una de sus alas brillando en un aura blanca. Sorprendentemente, aquello mitigó el daño y Ryku recibió un horrendo hedor que lo hizo retroceder casi sin terminar el ataque. Al regresar a una posición segura, el joven miró instintivamente su barra de vida aterrado de encontrarse con lo que más temía de combate. Por suerte, el hedor no había tenido ningún efecto secundario y el mordisco que había empleado Koga como defensa solo le había reducido la vida en un cinco por ciento, mientras que su Ataque ala le había arrebatado un quince por ciento de la del Muk.
Ahora era el turno de Koga de contraatacar con algún movimiento venenoso. Tenía la oportunidad perfecta para acertar uno de sus movimientos, pues Ryku seguía distraído mirando la pantalla. Sin embargo, Koga actuó de manera defensiva y empezó a expulsar vapor de su propio cuerpo. El sonido del humo saliendo a presión de la piel del Muk alertó a Ryku y se tapó la nariz por si aquel humo resultaba ser tóxico. Sus sospechas fallaron cuando el tufo se fue solidificando y produciendo una especie de líquido amarillento que caía suavemente por todo el cuerpo del Muk. Pronto Koga estuvo absolutamente cubierto por el líquido amarillo y, por unos segundos, parecía haberse convertido en una estatua de oro. De repente, el líquido se mezcló con la propia esencia líquida del Pokémon de tipo veneno y terminó dándole un toque brillante a su masa. Ryku no tenía idea de lo que había hecho su rival, pero estaba claro que debía ir con cuidado la próxima vez que optara por un ataque físico.
Koga ya se preparó para su próxima ofensiva cuando Ryku respondió a tiempo y evitó que el Muk lanzara lo que estuviera ideando escupiendo un lanzallamas hacia la masa morada. Ryku sabía lo que hacía al emitir el fuego, pero era su único ataque a distancia y no iba a usar un ataque cuerpo a cuerpo después de lo visto hacía escasos segundos. Las llamas viajaron a gran velocidad y cubrieron al Muk en fuego por completo. Ryku continuó expulsando el torrente ardiente hasta que creyó adecuado cortar la combustión; es decir, hasta que casi no podía aguantar más la respiración. No pudo comprobar el efecto de su devastador lanzallamas en un entorno de madera pues se levantó una humareda que volvió invisible al Muk en su interior. Por suerte, había un método para comprobarlo mientras se disipaba el humo.
La pantalla también había sido envuelta en el humo negro, pero al haber menos densidad que en el lugar donde estaba Koga, se clarificó más deprisa. Ryku miró detalladamente la barra de vida de Koga y recibió la sorpresa más inesperada que le podía pasar por la cabeza. Koga, por insólito que apareciera, había resistido las abrasadoras llamas con tal dureza que su barra de vida no había descendido más del porcentaje perdido por la anterior agresión.
¿Qué había ocurrido? Ryku no le veía ninguna lógica en que el Muk hubiera soportado tan bien su lanzallamas. Era imposible que no hubiera sufrido daños, aunque fuera ligeramente, después de que hubiera sido envuelto en su totalidad. Al disiparse el humo, Ryku se quedó estupefacto al no ver a simple vista el pastoso cuerpo del Muk. Aquello empeoraba el sentido a la situación actual. Pero al mirar con mayor atención al sitio donde se suponía que estaba Koga, Ryku se percató de una mancha morada que se agitaba como si tuviera vida propia. ¿Eso era Koga?, pensó Ryku. La respuesta vino poco después de cuestionarse cuando la mácula empezó a aumentar en tamaño y, al cabo de unos segundos, el Muk regresó a su estado natural.
Koga no tardó en encadenar su recuperada forma con un nuevo ataque. Esta vez, Ryku se había distraído intentando comprender el movimiento que había empleado para encogerse a tan diminuto tamaño y permitió que el Muk inflara la boca como un globo. El Charizard se dio cuenta de que Koga estaba a punto de lanzar un nuevo ataque y solo podía defenderse de lo que fuera. Llegado el punto máximo en el que la boca del Muk era capaz de mantenerse cerrada sin estallar, este la abrió y expulsó una gran cantidad de gas de un muy reconocible aspecto venenoso. La sala se vio absolutamente llena de dicho gas y Ryku, aterrorizado al saber lo que le provocaría ese humo, actuó por instinto y aguantó la respiración esperando a que el vaho se disipara cuanto antes.
Diez segundos. Veinte. Treinta. El gas empezó a desvanecerse. Cuarenta. Los pulmones de Ryku empezaban a quejarse ya pedir oxígeno, pero él continuaba conteniendo el aire. Un minuto. Ryku no pudo más, expulsó todo el aire acumulado y se tapó la nariz con las manos creyendo que así filtraría el veneno en el aire al volver a respirar. El poco oxígeno que recuperó después de la exhalación le sirvió para usar las alas, batirlas y hacer que el viento apartara el gas de su cuerpo. Funcionó. El poco aire venenoso que quedaba terminó por esfumarse y la sala regresó a un estado normal. No obstante…
Ryku echó un rápido vistazo a la pantalla y miró su barra de vida. Aquella necesitada respiración podía haber sido la clave que lo llevara al envenenamiento. Se sentía mareado, aunque desconocía si era por la falta de oxígeno o se trataba de un síntoma de haberse emponzoñado. La suerte le sonrió cuando no vio el icono violeta del estado alterado de veneno.
Koga inició su siguiente ataque y tardó muy poco tiempo en tenerlo listo para usarlo. Ryku no perdía de vista al Muk y también se dispuso a esquivar lo que fuera que iba a lanzarle Koga. Sin embargo, todavía se recuperaba del lapso en el que no había respirado con normalidad y aquello redujo enormemente durante breves segundos su capacidad de evasión. No le quedó más remedio que protegerse. Koga ignoró las defensas del Charizard y disparó varios escupitajos de un morado brillante que dieron de lleno en Ryku. El joven se contrajo por el impacto de los proyectiles y se asqueó por el horripilante aroma que desprendían. Tuvo la sensación de que su cuerpo se derretía en las zonas en las que habían acertado los escupitajos. Por suerte, solo permanecía en una sensación, pero el aroma y el dolor no lo eran. Ryku cayó de rodillas como si hubiera sido derrotado con el único ataque real de Koga, aunque la realidad era distinta, pues en su barra de vida solo había desaparecido un treinta por ciento y todavía mantenía el color verde.
Ryku intentó reincorporarse y actuar de alguna forma, incluso si sus ataques fallaban otra vez. Solo quería evitar que Koga encadenara sus movimientos. Por desgracia, cuando alzó la cabeza le dio en el rostro una nueva salva de escupitajos y, esta vez, no logró protegerse. Ahora el combate se inclinaba a la victoria de Koga sobre él con una diferencia en las barras de vida del sesenta por ciento. Si el próximo ataque del Muk alcanzaba el nivel crítico de daño, la pelea terminaría. De lo contrario, aún tendría una segunda oportunidad. Ryku se limpió los residuos que bloqueaban la vista; no iba a tolerar que eso pasara.
Cuando se levantó, de repente Ryku empezó a marearse y a ver borroso su alrededor. Esa sensación despertó un viejo recuerdo en Ryku: el ataque de los Beedrill en el bosque Verde. Concretamente, cuando uno de ellos lo envenenó de un solo picotazo. Lo que Ryku había estado procurando no sufrir en el combate había sucedido al fin. La pantalla mostró el icono morado con las letras «ENV» bajo la foto del Charizard. Ryku debía conservar la calma, impedir que los delirios causados por el veneno acabaran trayendo al caótico Charizard que le narró Dylan. Debía concentrarse o por culpa de eso ya podía dar el combate por perdido. Sin embargo, el veneno actuaba lentamente haciendo imposible resistir sus efectos. Era inevitable que en cualquier momento la mente de Ryku se ofuscara y surgiría la destrucción. Ese momento no se hizo esperar cuando la barra de vida de Ryku descendió a causa del veneno.
Koga se dio cuenta del estado de Ryku y del delirio que le había invadido por el veneno nada más observar la posición en la que se había quedado Ryku. Lo que no sabía era cómo reaccionaba cuando se encontraba así. Cuando se fijó en los ojos del Charizard, averiguó que estaba a punto de descubrirlo.
El Charizard rugió con una tremenda fuerza que hizo temblar la líquida piel del Muk y lanzó un torrente de llamas hacia Koga igual al primero que disparó. Koga reaccionó de la misma manera y redujo su cuerpo hasta niveles muy pequeños para resistir perfectamente el calor del fuego. No obstante, cuando las llamas atraparon al Muk, este sintió que algo iba mal. El calor era más intenso, más ardiente que el anterior lanzallamas. Seguía siendo muy resistente al fuego gracias a su diminuto tamaño, pero este lo penetró con mayor facilidad y sintió cómo su barra de vida descendía un poco. Con tal de impedir que el Charizard expulsara más llamas, aumentó su cuerpo bruscamente y soltó una nube de gas venenoso. Dicha nube consiguió su cometido y el Charizard cerró la boca, pero no acabó ahí su ataque.
Koga no estaba seguro de salir victorioso del combate. El joven ya no era quien luchaba, sino un Charizard cegado por la ira producido por las alucinaciones del veneno. Si algo bien sabía de esa especie Pokémon, era que en esa fase perdían habilidad por fuerza. Mucha fuerza. Y el campo de batalla resultaba idóneo para que el Pokémon de fuego sacara el máximo partido a tal poder, y Koga no poseía ningún set de movimientos útil para soportar los próximos ataques potenciados más allá de aumentar sus defensas con la armadura ácida que se había echado al principio de la lucha. Y, aun así, algo le decía que las llamas volverían a superar la resistencia de la armadura. Sus únicas opciones eran disparar más escupitajos, más residuos o aguantar hasta que el veneno desactivara el Enlace del Charizard. Empleó ambas elecciones por igual.
El Charizard esta vez no tuvo problemas en eliminar los escupitajos de Koga carbonizándolos con llamas y dando colateralmente a Koga. El Muk suportó el fuego porque no era él el objetivo principal. En ese instante, Ryku recuperó el control de sus actos y se topó con el Muk sufriendo más de lo que había conseguido hasta ahora. Echó un rápido vistazo a la pantalla y comprobó que su vida había descendido un poco desde la última vez que miró. Cuando su barra de vida volvía descender por el veneno, los delirios regresaron lentamente a Ryku y el joven aguantó todo lo que pudo por no volver a caer en la locura. Sabía que era una causa perdida luchar contra el veneno; así que, por lo menos, haría que su lado frenético se centrara en Koga y no en incendiar el campo de batalla. Reanudó su lanzallamas y se fue acercando al Muk. Tras caminar unos tres metros, los delirios volvieron a tomar el control de su mente.
Koga estaba contra las cuerdas. Su movilidad era muy reducida y el Charizard no hacía más que escupirle torrentes de llamas. Su armadura ácida no cumplía su función y el gas venenoso no servía para ocultarse y sus escupitajos ya eran predecibles. Solo le quedó encogerse, reducirse lo máximo posible, esconderse y esperar a que el veneno acabara el combate por él.
Pero no fue así.
El Charizard se había acercado lo suficiente a Koga como para asestarle algún puñetazo, coletazo o aletazo. No obstante, no realizó ninguno de esos movimientos. En realidad, agarró con ambos brazos el cuerpo del Muk y, para que no le contraatacara, uno de los brazos se clavó bajo la mandíbula superior. Luego, con un rugido, el Charizard levantó el poco peso del cuerpo del Muk por encima del suyo y luego lo tiró como si de una piedra se tratara. La caída no fue muy dañina, pues el Muk esparció todo su cuerpo por el campo de batalla y mitigar el daño recibido. Había perdido algo de vida, sí, pero muy poca al haber expandido su cuerpo. Cuando regresó a su forma habitual, sintió en su espalda el inconfundible golpe de un puñetazo que lo mandó unos cuantos metros sin tocar el suelo. Aunque el daño estaba hecho, Koga se las apañó para fingir haber sido derrotado soltando partes de su cuerpo líquido por el campo de batalla y encogiéndose a medida que se movía por el puñetazo del Charizard. Antes de tocar el suelo, a simple vista su cuerpo había desaparecido en la madera del suelo.
El Charizard rugió como si no se hubiera satisfecho con el último ataque y buscó al Muk allá donde estuviera. Frustrado de no dar con él, escupió llamas en todas direcciones. En un momento de cansancio, Ryku volvió en sí y se topó con el panorama que menos deseaba contemplar: fuego por todo el campo de batalla. Extrañamente, el fuego no permanecía mucho tiempo activo y se extinguía rápidamente. Entre las llamas, Ryku se percató de una pequeña que seguía ardiendo a pesar de todo. Ahí había algo que no la sofocaba, algo capaz de mantenerla encendida. Se acercó a ella y descubrió que se trataba del Muk, el cual había contraído su cuerpo hasta un muy diminuto tamaño. Ryku vio la oportunidad de atacar, pero no con llamas, sino con algo más sencillo: un pisotón. Levantó la pata y, antes de que pudiera pisar el Muk, el veneno regresó y ofuscó su mente una vez más. Por suerte, en esta ocasión resultó muy útil pues el Charizard pisoteó con todas sus fuerzas al Muk y rugió de nuevo, ahora ya orgulloso de su ofensiva.
Un brillo surgió pocos segundos después de la pisada bajo la pata del Charizard y explotó en un intenso destello que lanzó de espaldas al Pokémon de fuego y cayó sobre sus alas haciendo muy doloroso el impacto. Tanto, que el Charizard también brilló y explotó en un haz de luz. Ryku regresó a su forma humana, cansado por los efectos del veneno. Por fin había recuperado el control de su mente y los delirios habían cedido. Incluso la molesta sensación de conservar las alas del Charizard en forma humana había vuelto. Ryku ya se preguntaba cuándo volvería a sentirlo. Era la prueba más irrefutable de que era él mismo.
Koga se levantó y estiró las arrugas en su traje aparte de un poco de polvo. Miró la pantalla del Gimnasio y esta indicaba a Ryku como vencedor del combate. Serio, asintió y aceptó su derrota y lo que debía hacer a continuación. Vio al joven aún tirado en el suelo y se aproximó a tenderle la mano. Ryku agradeció la ayuda y se irguió procurando no demostrar la incómoda sensación de las alas que tenía en esos momentos. Rezaba que terminara pronto.
—Has luchado bien, aunque no precisamente por cuenta propia —dijo Koga mientras iba a por el mando y escondía la pantalla.
—Lo lamento —se disculpó Ryku—. Descubrí recientemente que cuando estoy envenenado enloquezco de tal manera que no soy yo. En ocasiones recupero el control, pero hasta que no me libro del veneno siempre acabaré en ese estado frenético. Confiaba en que no acabara de esa forma durante el combate.
—Una esperanza muy efímera cuando mi tipo de Gimnasio gira por completo en envenenar al rival —opinó Koga—. Aun así, en ningún momento rompiste las reglas de un combate de Gimnasio, por lo que, como ha señalado la pantalla, me has vencido y debo recompensarte con la medalla de mi Gimnasio.
—Si usted lo ve así, no protestaré. Gracias. —Ryku echó una mirada al campo de batalla y contempló las líneas negras que había por todo este—. Pido perdón por haber causado tantos destrozos. Es posible que tenga que cambiar la madera.
—No hubiera hecho que mi campo de batalla fuera de madera si no pudiera resistir hasta el ataque más poderoso existente —comentó Koga con una sonrisa. La primera vez que Ryku le veía adquirir una cara más alegre—. Eso sí, habrá que hacer limpieza a fondo y comprobar que la capa de cristal no se ha agrietado.
Ryku levantó una ceja.
—¿Capa de cristal? —repitió confuso—. ¿A qué se refiere?
—La madera está protegida por una capa de dicho material que imita perfectamente aquello sobre el cual está puesto. En este caso, aumenta mucho la dureza de la madera e impide que los elementos la destrocen. Como ya he dicho, hasta el ataque más poderoso no le haría nada. Si te fijas muy bien, puedes ver la madera desprender brillos y reflejos según como dé la luz a la superficie.
A Ryku le entró la curiosidad y pegó la cabeza en el suelo para observar aquella capa. Le costó bastante pues la luz no daba un reflejo visible ni siquiera a un centímetro de este, pero sí se percató de algunos brillitos que se iban en menos de un segundo. Ryku no podía hacer más que asombrarse por estar pisando madera recubierta de cristal. Le encantaba sobre todo porque significaba que sus llamas no podrían incendiar el campo de batalla por mucho que lo intentara. Resultaba alentador saberlo. Mientras tanto, Koga se quitó el brazalete dorado y lo dejó junto al resto. Luego cogió el brazalete original de Ryku y la medalla del Gimnasio y, antes de cerrar el compartimento donde se guardaba todo, hizo el intercambio de brazaletes con el joven. Justo después, el hombre de ropajes de ninja extendió el brazo y puso frente al Ryku la medalla que había recogido.
—Yo, Koga, líder del Gimnasio de ciudad Fucsia, te hago entrega de la medalla Alma, así como una recompensa en Monedas de Combate por tu victoria.
Ryku observó unos segundos la medalla Alma y su forma de corazón rosa. Curiosamente, le sorprendía el aspecto de esta, pues en general las medallas hacían una vaga referencia al tipo de Gimnasio que era. ¿Cómo se podía relacionar la medalla Alma con un Gimnasio de tipo veneno? Sin duda era una interesante incógnita. Tomó la medalla y unos segundos después, sonó el pitido de la cartera conforme había recibido una transferencia de Monedas de Combate.
—Buena suerte en lo que te quede de viaje —deseó Koga—. Aún te faltan un mínimo de cinco medallas más si has venido con las justas para desafiarme. Independientemente de eso, no te relajes. La cuesta hacia el Alto Mando se complica a partir de aquí.
—Lo tendré muy en cuenta. Gracias.
Ryku salió del edificio y entró en la residencia por la única puerta que sabía dónde llevaba. De ahí no se movió por miedo a perderse y esperó a que sus amigos lo llamaran y fueran a por él. No transcurrieron ni cinco minutos cuando Ryku escuchó la voz de Cetile preguntar por él en el jardín interior. Abrió la puerta y les avisó dónde estaba. Una vez reunido el grupo, Dylan y Cetile tenían mucho que hablar con Ryku.
—Otra vez el veneno, ¿eh? —dijo Dylan como si hubiera estado reservando esa oración por mucho tiempo.
—Intenté evitarlo, pero fue imposible —respondió Ryku entre risas y ligeramente avergonzado—. Pero he de admitir que me ayudó mucho la locura en la que me sumergió el veneno.
—No lo conviertas en una costumbre.
—Ni por todo el dinero del mundo se me pasaría por la cabeza pelear así.
Ryku y Dylan rieron con ganas.
—Así que eso era a lo que se refería Dylan con «no envenenes a un Charizard si no quieres salir mal parado» —comentó Cetile—. Te veía muy asustado cuando te salió el icono morado de envenenamiento.
—Es un problema que descubrí con Dylan hace un tiempo ya. Es la segunda vez que me ocurre —añadió Ryku—. Y sí, creo que con este combate de Gimnasio puedo confirmar definitivamente que me aterra que me envenenen.
—Bueno, ya ha pasado lo peor. Ahora, a por la próxima medalla —animó Dylan.
—A por la próxima —apoyó Ryku levantando la medalla Alma.
Dylan devolvió a Ryku su estuche y este guardó la medalla Alma junto a las otras cuatro. Ya solo le quedaban tres. Dylan llamó a Sachiko, la cual había permanecido alejada del grupo para no molestarlos, y ella los condujo de vuelta a la puerta principal de la mansión, recuperando sus calzados por el camino y se despidió de ellos. Pero antes, Sachiko también le deseó suerte a Ryku en su viaje de recolección de medallas. Haber ganado a su padre demostró que era fuerte y que podría conseguir las que le faltasen. Dicho esto, cerró la puerta de la mansión y el grupo regresó al albergue. Ryku necesitaba mucho un buen descanso si pretendía partir a la mañana siguiente a por su siguiente medalla tras el intenso día vivido hoy.
Lo primero que hizo Ryku nada más llegar al albergue, fue encerrarse en su habitación hasta la hora de cenar. Se tiró en la cama y esperó tranquilamente. En un punto del descanso, Ryku recordó algo que no había hecho desde hacía muchos días: contar a sus padres su progreso sobre la recolección de medallas. Había grabado el vídeo de cuando obtuvo la medalla de Surge en ciudad Carmín, pero con el incidente de la central Energía terminó por no enviarlo. Esta vez debía ser más general con tal de no hacer un vídeo tremendamente extenso. Demasiadas cosas habían ocurrido en estos últimos días como para explayarse. Ryku borró el último vídeo que grabó y creó uno desde cero explicando muy por encima todo lo que veía conveniente explicar. Lógicamente, se saltó los asuntos de la central Energía y la Torre Pokémon por no preocuparlos más de lo necesario. Sí que detalló en el encuentro con Eric y hacer una nueva amiga y compañera de viaje con Cetile, aunque de ella obvió lo estrictos que eran sus padres con que su hija abandonara la ciudad. Finalizó el vídeo con todo lo vivido hoy y enseñando el estuche con las medallas de Gimnasio las cuales resultaba un tanto complicado de que la cámara holográfica lo pillara correctamente. Una vez revisado el vídeo, lo envió a sus padres. Después, se tumbó en la cama y se relajó.
A la hora de cenar, Ryku debatió con Dylan acerca de su próximo destino. Ya no había muchas opciones que elegir; faltaban tres Gimnasios y uno de ellos aún no estaba abierto y otro era inaccesible por las restricciones de la ciudad.
—Isla Canela es nuestra mejor elección ahora —sentenció Dylan—. Con Sabrina incapaz de recibir entrenadores y el Gimnasio de ciudad Verde sin noticias de haber dado con un nuevo líder que abra sus puertas, ese Gimnasio es el único disponible.
—Sabía que el día de ir a la isla llegaría pronto, y aun así no sé si estoy preparado para ir allí. ¿Está muy lejos?
Dylan levantó la barbilla recordando cuánto le costó a él llegar hasta la isla.
—Si mal no recuerdo, no tenemos que temer por nada. Isla Canela, al tener un Gimnasio que acoge a muchos entrenadores anualmente, posee una ruta prediseñada para llegar hasta ella sin mayores dificultados. Si nos cansamos, tenemos unas islillas donde recuperarnos.
—Entonces no hay problemas —dijo Ryku aliviado.
—Perdonad que interrumpa, pero ¿qué hay de mí? —intervino Cetile—. No pensareis en dejarme aquí, ¿verdad?
—Es verdad, ahora tenemos un acompañante más, Dylan. ¿Cómo nos afecta eso? —inquirió Ryku.
Dylan miró a Cetile.
—¿Te mareas en alta mar? ¿Sabes nadar? ¿Crees que tienes buen equilibro?
Cetile no entendió bien, pero respondió.
—No me mareo. Sí, sé nadar. Y sí, pienso que tengo buen equilibrio. ¿Por qué lo preguntas?
—Perfecto, entonces puedo ser tu transporte por mar —reveló Dylan—. Cuando nado no suelo ir bajo el agua y siempre dejo una buena parte del caparazón por encima del agua. Si no te molesta ir sobre el caparazón de un Blastoise, el problema estaría más que solventado.
—Me vale —concluyó Cetile.
—Muy bien. Mañana tienes previsto que nos pongamos en marcha, ¿no Ryku? —El joven asintió—. De acuerdo. Habrá que ir a la playa de la ciudad, desde la cual se inicia la ruta marítima.
Mientras finalizaban la cena, uno de los trabajadores encendió la televisión tras haber escuchado un rumor que creyó que interesaría a los entrenadores del comedor. Puso el canal de noticias y subió el volumen para aquel que le importara. Al principio no se decía nada que no se supiera ya. Hablaban del estado del S.S. Anne y de la central Energía después de sus respectivos accidentes, del nacimiento de una nueva especie de Pokémon a partir de un fósil y de otras historias más enfocadas a la cultura general. Casi los pocos interesados estuvieron a punto de ignorar las noticias cuando la presentadora informó de un comunicado que, al parecer, ya existía desde hacía un tiempo. Dijo:
—Recordamos a aquellos entrenadores que quieran obtener la medalla del Gimnasio de ciudad Azafrán que ahora podrán intentarlo. Sabrina, la líder de dicho Gimnasio, ha conseguido mermar ligeramente la seguridad que actualmente impide el acceso a la ciudad. Ahora, es posible entrar si un cumple ciertos requisitos que se adecúan y aplican según las necesidades de cada uno en los controles y permanecerá así durante el próximo mes antes de volver a cerrarse.
El resto de la noticia dejó de llamar la atención y ya se conversaba entre los entrenadores sobre ir a ciudad Azafrán a por la medalla del Gimnasio. Como era lógico, Ryku también habló de ellos con sus amigos.
—¿Dejamos el plan de isla Canela para después de estar en ciudad Azafrán?
—A mí no me tienes que convencer —contestó Dylan—. Me sigue apeteciendo visitar a mis padres.
—¿Y tú, Cetile?
—No me disgusta aplazar el viaje por mar para ir a la capital de la región.
—Decidido, entonces. Ciudad Azafrán será nuestro próximo destino.
