Lo que despertó a Ryku no fue la alarma del brazalete, sino el sonido de la notificación al recibir un mensaje de vídeo. Sus padres no habían tardado mucho en contestarle, puede que incluso hubieran esperado hasta la mañana del día siguiente para enviar su respuesta de vídeo con tal de no molestarlo tan temprano. Ryku ya sospechaba algo de lo que contendría el vídeo a pesar de que no les explicó nada que tuviera un mayor peligro que un combate Pokémon. Igualmente, abrió el archivo de vídeo y lo reprodujo. Como esperaba, su madre habló preocupada por él, aunque solamente porque no les había dado señales de vida en mucho tiempo. A partir de ahí, la preocupación pasó a felicidad por el progreso de Ryku en la obtención de medallas y lo cerca que estaba de conseguirlas todas. Para su sorpresa, Ryku recibió los ánimos por parte de casi todo el pueblo de boca de su madre, en especial de la profesora Dalia, la cual le recordaba usar la Pokédex siempre. El vídeo terminó con el deseo de sus padres por volverlo a ver pronto, antes de que emprendiera el viaje hacia la Liga Pokémon. Ryku asintió como si respondiera al vídeo. Tenía claro que volvería a casa antes de pensar en ir combatir contra el Alto Mando.
Después de ver el vídeo y de preparar sus pertenencias, Ryku bajó y fue al comedor. Dylan ya estaba allí, pero Cetile no. Al parecer, la chica no era muy madrugadora.
—Démosle un tiempo. Después de lo ocurrido ayer en la zona Safari, también se merece un descanso —la defendió Dylan.
—Espero que no tarde. Quiero aprovechar el día y llegar a ciudad Azafrán lo más pronto posible.
Cetile no apareció hasta casi veinte minutos después de que Ryku y Dylan hubieran terminado de desayunar. La chica se disculpó por haberse levantado tarde, pero los jóvenes negaron con la cabeza; no había nada por lo que pedir perdón. Ahora que el grupo estaba reunido, Ryku y Dylan planificaron la ruta a seguir hacia ciudad Azafrán mientras Cetile desayunaba.
—La salida este de ciudad Fucsia también conduce a ciudad Azafrán —explicó Dylan—. La componen varias rutas, desde la 15 hasta la 12, y esta última es más o menos marítima, ya que son un puñado de puentes conectados entre sí no muy lejos de la costa.
—Esos puentes son los que tienen acceso con ciudad Carmín y pueblo Lavanda, ¿verdad? —Dylan asintió—. El asunto de los Pokémon agresivos de ciudad Carmín es precisamente en ese acceso. ¿Vale la pena ir por ahí?
—Desde luego. Ya se resolvió ese tema hace poco. Ahora la ruta que conecta con los puentes es libre y vuelve a ser transitable. Es más, como has dicho, pueblo Lavanda es un final de los puentes de la ruta 12, de modo que también podríamos haber tomado esa salida y continuar por la ruta 8 hacia ciudad Azafrán.
Ryku se lo pensó detenidamente.
—¿Y no podríamos volver por el Camino de Bicis hacia ciudad Azulona, atravesar la urbe y llegar a la capital? —sugirió—. El trayecto sería más corto, ¿no?
—No te lo voy a negar. Unidas, desde la ruta 15 hasta la 12 hay un largo trecho y estoy seguro de que pasaríamos dos días o más viajando por ellas. Aún tendremos mucho tiempo antes de que cierren los accesos a ciudad Azafrán, pero si prefieres ir rápido, a mí me da igual.
Ryku tenía más ganas de tomar un viaje corto a uno largo. De hecho, se le pasó por la cabeza usar el STA de ciudad Fucsia para volar hasta ciudad Azulona o Carmín, a menos que por algún extraño motivo, Cetile no pudiera volar a su ciudad natal. Había que preguntarle por seguridad.
—A mí me gustaría el viaje largo por las rutas de la salida este —dijo ella prácticamente sin habérselo pensado dos veces.
—¿Por qué? ¿No puedes volar con el STA a ciudad Azulona? —preguntó Ryku.
—No es eso. Es que no abandoné la ciudad para pasar por rutas por las que ya he caminado. Confiaba que, con vosotros, podría visitar, aunque no en su totalidad, la mayor parte de la región. —Cetile removió su vaso con zumo—. Igualmente, aceptaré la decisión que tomes. Al fin y al cabo, tú diriges al grupo.
Ryku volvió a pensar su elección cautelosamente. En cierto modo, él también quería aprovechar su objetivo de recolección de medallas para hacer un poco de turismo por Kanto, tal y como había hecho en todas las ciudades en las que había estado hasta ahora.
—Oye, Dylan, ¿tú fuiste por los puentes mientras recolectabas las medallas?
—Pues sí —confirmó Dylan—. Tuve que atravesar las rutas para llegar aquí y poder usar el STA de esta ciudad. Si lo preguntas por optimizar el trayecto, ya lo hice cuando mencioné que tardaríamos dos días o más en llegar a nuestro destino.
—Está bien. Lo he decidido: iremos por el camino largo —sentenció Ryku—. Sé que no es la mejor de las opciones, pero no estaría mal conocer más las rutas de Kanto.
—Lo dices por decir, ¿verdad? —dudó Dylan—. Creo que Cetile te ha pegado un poco su vena exploradora.
Ryku se llevó una mano a la nuca y sonrió nervioso. Dylan no iba mal encaminado; Cetile le había dado pena y quería cumplir su deseo. Y como no afectaba al camino hacia ciudad Azafrán, no había nada de qué preocuparse.
Cetile no sabía que Ryku lo hacía por ella, pero se lo agradeció mucho por tal gesto. Terminó de desayunar y se fue corriendo a recoger sus pertenencias. Ryku y Dylan no le siguieron el ritmo y fueron tranquilamente a recuperar sus cosas. Una vez todos estuvieron listos, salieron del albergue y abandonaron la ciudad.
La primera de las cuatro rutas por las que iban a pasar era la 15, una ruta llana, sin muchos giros, con pequeños grupos de árboles que no alcanzaban el tamaño necesario para llamarse arboledas, pocas cantidades de hierba alta donde los Pokémon salvaje se pudieran esconder y el camino de tierra bien marcado. Al principio, el grupo avanzó sin mayores percances más allá de Cetile deteniéndose para hacer fotografías de la flora de la ruta y captar a alguna ave Pokémon descansando en las ramas de un árbol. Sin embargo, la calma en la ruta cambió rápidamente y se transformó en una ruta de entrenamiento, llena de entrenadores realizando combates Pokémon.
—Ah, sí, me había olvidado de esto. La ruta 15 es perfecta para los duelos —comentó Dylan—. Ryku, ¿Te apetecen unos combates?
—Me apunto.
Y así hicieron. Ryku y Dylan fueron encontrándose con entrenadores que descansaban o se habían agrupado para crear sus propios torneos. Les preguntaban si querían un combate, al cual prácticamente nadie, a excepción de los que no podían por temas de reinicio, rechazaba. Cetile era un caso aparte; ella no aceptaba los combates por el simple hecho de no apetecerle.
Ryku y Dylan realizaron hasta diez combates cada uno antes de que llegaran al clímax de su concentración en las peleas y fueran derrotados. Ryku cayó por el poder acuático de un Golduck y Dylan por la descarga de un Magneton que su caparazón no pudo soportar. Ambos entrenadores estaban completamente satisfechos con los duelos continuados y todavía pensaban en realizar unos cuantos más, pero solo cuando sus Enlaces se hubieran reiniciado y hubieran recuperado la concentración. Por su parte, Cetile también había sacado partido de las disputas fotografiando la mayor parte de ellos. Le servía para aumentar la precisión a la hora de captar los mejores momentos de la vida salvaje de Kanto.
El grupo se paró un rato a descansar y comer. El sol ya había pasado su punto más alto y había empezado su descenso hacia el horizonte. Ryku quería recorrer toda la distancia posible antes de que la noche se cerniera sobre ellos, de modo que instó a sus compañeros de ponerse en marcha pronto. Sin embargo, Dylan ya le vaticinaba que, como mucho, habrían recorrido la ruta 15 cuando el cielo se llenara de estrellas.
La previsión de Dylan fue completamente correcta.
A pesar del acelerado ritmo del grupo y de haber evadido más combates, la noche se les vino encima inevitablemente. Por primera vez en el viaje, Ryku dormiría a la intemperie, alejado de cualquier indicio de civilización. Le daba lástima no haber llegado a ningún albergue en el que hospedarse, pero tampoco odiaba la experiencia. A fin de cuentas, se había comprado un saco de dormir por algo y ya iba siendo hora de estrenarlo.
Dylan se fue a buscar algo de madera caída desperdigada por el campo para encender una hoguera. Cuando reunió la suficiente, la juntó en un círculo y lo rodeó con algunas piedras con tal de que la llama no se extendiera por la zona. Ryku fue el encargado de prender la madera gracias a su Enlace de fuego. Una vez hecho, los tres amigos se sentaron a su alrededor, comieron algo y prepararon sus sacos de dormir. Dylan empleó su módulo Repelente con tal de que no vinieran Pokémon salvajes a fastidiarles el sueño. Usó uno de los más fuertes solo para mayor seguridad. Luego los tres amigos se dieron las buenas noches y se fueron a dormir.
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Ryku, Dylan y Cetile se toparon con un bloqueo en la ruta 14. No se les había notificado de que dichas rutas estuvieran cerradas y no tenía sentido hacerlo en una ruta tan apartada de las ciudades; lo lógico era ponerlo no muy lejos del inicio de una para no avisar a los viajeros de que recorrían un camino sin salida.
El grupo se acercó al bloqueo y se dieron cuenta de la realidad: no era uno legal. Había una banda de motoristas que impedían el paso a los entrenadores que pretendían dirigirse hacia la siguiente ruta. El motor de sus vehículos de dos ruedas molestaba a la gente y asustaba a todos los Pokémon salvaje de la zona. Ryku se extrañó de que nadie hubiera tenido la idea de llamar a la policía ya fuera con el módulo Holomisor de los brazaletes Enlace o con un holomisor normal. Pronto se le reveló la causa; la banda se estaba dedicando a robar los brazaletes y holomisores de las personas con las que se topaban y los retenían para que no alertaran a la policía. Ryku, Dylan y Cetile se detuvieron en seco. Ahora que no les habían detectado todavía, era su oportunidad de hacerlo.
—Cetile, llama tú. Ryku y yo nos encargaremos de que no te hagan daño.
La chica asintió y no tardó ni cinco segundos en ponerse a marcar el número de la policía. Mientras comunicaba, la banda los vio y un hombre calvo con una chaqueta de cuero negro ordenó que fueran a por ellos. Ryku y Dylan ya esperaban tal reacción y no tardaron en activar sus Enlaces. Los miembros de la banda, que se dirigían a ellos con sus motos, derraparon e intentaron alejarse de ellos. Aquello fue de lo más agradable de observar. Tal vez no tendrían que pelear. Pero estaban completamente equivocados.
A modo de contrataque al uso de Enlaces por parte de Ryku y Dylan, el hombre calvo también activó el suyo y su aura blanca se quedó levitando mientras poco a poco adoptaba una forma circular. Apagado el brillo, apareció un Weezing. Otro compañero del motorista calvo también tenía un Enlace y lo activó para acabar convertido en un Electrode. Ryku se puso nervioso al ver al Weezing. «Otro veneno, no. Y menos ahora que no hay centros Técnicos cerca», pensó. Si no fuera por el comportamiento que tenía al estar envenenado, simplemente dejaría que se activara la Prioridad Humana y esperaría la hora de reinicio para volver a tener el Enlace normal, pero no podía ser tan simple.
—Yo iré a por el Weezing —le comunicó Dylan—. Yo soporto mejor el veneno que tú. Procura que el Electrode no se entrometa en el combate y evita que hieran a Cetile.
Ryku asintió y miró rápidamente a sus espaldas. Cetile ya había logrado contactar con la policía y estaba hablando con una agente de lo que estaba ocurriendo. Pronto tendrían a las autoridades con ellos, solo debían aguantar hasta entonces.
Dylan rodó dentro de su caparazón y se acercó a sus contrincantes. Mantuvo las distancias para realizar un ataque de contención con sus cañones de agua. Los chorros que salieron de estos no impactaron ni en el Weezing ni en el Electrode, pero sí contras motos, las cuales se cayeron y se desplazaron varios metros hacia atrás. Dylan se sorprendió ante la movilidad de ambos Pokémon esféricos. No creía que rodando ganabas tanta velocidad y levitando costara tan poco moverse. Debía ir con cuidado.
Cetile colgó la llamada a la policía e informó a Ryku de que ya estaban de camino. Habían declarado que estarían aquí en menos de media hora y que intentásemos evitar el combate a menos que fuera necesario. En buen momento se les ocurría decirles eso. Para proporcionar apoyo, la chica activó su Enlace y se transformó en Venusaur. Ryku y ella se quedaron mirando unos instantes el duelo de Dylan contra sus enemigos. Ryku quiso ayudarle ahora que Cetile podía protegerse con sus habilidades, pero el tiempo en el que solamente habían vigilado de que no eran atacados sirvió para que aquellos motoristas que se habían acobardado al ver su transformación en Charizard recuperaran la valentía y fueran a por ellos con los Enlaces de un Machoke y un Primeape. Ryku no lo tendría muy complicado en derrotarles si acertaba sus ataques voladores.
—Déjamelos a mí. —El joven miró a Cetile y ella, con su gran cabeza, le hizo unas señas de colocarse detrás de ella y así no recibir el movimiento que estuviera a punto de ejecutar—. No respires ni te muevas hasta que te lo diga, ¿vale?
Ryku asintió, pero Cetile no lo vio. La joven separó las patas, agachó un poco el cuerpo como si se fuera a abalanzar sobre sus presas y agitó la palmera de su espalda. Ryku empezó a ver como unos polvos verdes salían de su flor y, cuando el polvo parecía una cascada, Cetile disparó como un cañón una cantidad impresionante de la polvareda que, al tratarse de un material tan ligero, se dispersó en todas direcciones. Detrás de ella Ryku se tapó la nariz y batió las alas con tal de no entrar en contacto con el polvo, el cual había reconocido tras ser disparado.
El Primeape y el Machoke intentaron esquivar el Somnífero que les había lanzado Cetile, pero les fue inútil. Ninguno de sus ataques logró desviar el polvo porque lo que dispersaban volvía a unirse a los pocos segundos. En poco tiempo los cuerpos de los Pokémon fueron envueltos y segundos más tarde, se oyó como dos objetos caían al suelo.
Ryku apartó lo que quedaba de somnífero con sus alas y el viento terminó de alejarlo de la ruta. Cetile había cedido su creación y los dos contemplaron a sus enemigos tirados en el suelo, absolutamente sumisos en un sueño.
—Si no reciben ningún ataque, no despertarán hasta que lleguen las autoridades como mínimo —dijo Cetile.
—Bien hecho, Cetile —le felicitó Ryku—. Esto nos ahorra mucho trabajo.
—Ve y ayuda a Dylan. Yo vigilo a estos dos.
Ryku voló hacia el combate del Blastoise contra el Weezing y el Electrode justo cuando Dylan empleó un movimiento que Ryku no le había visto lanzar antes. El Blastoise apuntaba con sus cañones de agua hacia el suelo y desperdiciaba grandes cantidades de dicho líquido por toda la ruta, anegando la tierra, regando las plantas y mojando a los rehenes hasta los tobillos. Luego el agua cobró vida propia y formó una especie de muro gelatinoso delante de la tortuga y, entonces, Dylan empujó con las dos manos el muro y este se transformó en una ola de hasta cuatro metros de altura que se movió por la tierra como si estuviera en el mar hasta chocar con los Pokémon rivales. El Weezing fue quien recibió un golpe directo de la ola que lo dejó tiritando en el suelo, dejando de levitar y de expulsar humo de los agujeros de su cuerpo. Sin embargo, el Electrode se había aprovechado del ataque y soltó una descarga que recorrió todo el terreno hasta electrocutar a Dylan. Este gritó por la electrocución y se arrodilló, bastantea afectado por el ataque.
Ryku se elevó muy por encima de los demás con la finalidad de realizar un ataque sorpresa sobre el Electrode, el cual se había centrado en el Blastoise en su estado actual. Ryku creyó que se estaba acercando demasiado a Dylan si quería sentenciar el combate con algún ataque eléctrico. ¿Tal vez pensaba en autodestruirse?
Ryku no permitió que el Electrode explotara. Descendió en picado ganando mucha velocidad y frenó cuando el suelo ya estaba a pocos metros de sus pies. El Electrode se había iluminado como una bombilla y estaba punto de volarse por los aires. Ryku no tuvo mucho tiempo de reacción, de modo que hizo lo primero que le vino a la mente y utilizó su movimiento Megapuño para lanzar lejos de él y Dylan y que la explosión no les afectase. Desgraciadamente, el Electrode estalló apenas un segundo después de haber sido golpeado, alcanzando tanto a Ryku como a Dylan.
Dylan había sido derrotado y regresó a su forma humana. Ryku había salido malherido, pero su Enlace aguantó todo el daño recibido. Ahora el entrenador del Electrode no tenía Enlace, lo que garantizaba a Ryku hacer lo que quisiera con él. Como una medida de aterrarlo, Ryku escupió un torrente de llamas en dirección al Weezing, el cual casi se había recuperado del movimiento de agua lanzado por Dylan antes y desactivó su Enlace. Entonces Ryku empleó su forma Pokémon para retener a los criminales y darle la vuelta a la situación.
Cuando la policía llegó a la escena del crimen, los agentes se toparon con un panorama de lo más curioso. Ryku y Dylan habían maniatado a los criminales con los que se había peleado con las cuerdas que mantenían cautivos a las víctimas de los robos de los criminales. Cetile, en su forma Pokémon, continuaba echando el somnífero ocasionalmente sobre los entrenadores de los Enlaces de tipo lucha para asegurar que no se despertaban, y las motos de la banda estaban desperdigadas por toda la ruta. Los chicos tuvieron que dar muchas explicaciones con lo ocurrido.
Los policías tomaron nota de todo cuanto Ryku, Dylan, Cetile y los entrenadores que habían sido rehenes les contaron. En especial estos últimos, los cuales habían sufrido un mayor acoso. Todos recuperaron sus pertenencias y los agentes se llevaron a los criminales y a las víctimas a comisaría para profundizar más en el asunto. Ryku, Dylan y Cetile no requirieron ser trasladados pues ya habían proporcionado todo cuanto podían. Cuando los coches patrulla desaparecieron hacia la ruta 15, el grupo de los tres amigos se tomó un pequeño descanso antes de reanudar el viaje.
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Un giro. Otro. Y otro. Ryku se irritó de dar tantas vueltas. Dylan le entendía; él también había pasado por esto y, a pesar de todo, seguía perdiéndose en el laberinto. Cetile, sin embargo, admiraba las plantas que habían crecido por la madera blanca de las vallas del laberinto y no le importaba demasiado pasear rodeada de estas.
—¿Quién tuvo la brillante idea de convertir la Ruta 13 en un laberinto? ¿Qué diantres se consigue haciéndolo? —se quejó Ryku. En más de una ocasión había pretendido usar su Enlace y salir volando hacia la Ruta 12. Incluso pensó en llevar a Dylan y Cetile en su espalda solo para no tener que regresar al laberinto—. La primera y la última vez que paso por aquí. Lo juro.
—No es para tanto —comentó Cetile. Ryku le lanzó una mirada fulminante—. Vamos, la ruta no es muy extensa, por lo que el laberinto no es grande y tampoco es demasiado complejo.
—Llevamos más de una hora aquí atrapados. Eso no demuestra que sea sencillo —replicó Ryku.
—Coincido con Ryku —apoyó Dylan—. Yo anduve por estas vallas unas dos buenas horas antes de hallar la salida.
—¿En serio? Entonces la culpa sería más de vuestra mala orientación al caminar por una ruta con múltiples direcciones. Apostaría que también tardáis lo suyo en salir de un puñado de túneles.
Ryku y Dylan intercambiaron una mirada. Sin decirse ni una palabra, ambos sabían lo que pensaba el otro al recordar lo que sufrieron a la hora de salir del monte Moon.
—Eso no tiene nada que ver —dijo Dylan nervioso.
Cetile arqueó una ceja sin creerse nada de lo que le decía Dylan. Miró de reojo a Ryku. El chico fingía no haber escuchado nada y se hacía indicaciones a seguir. Cetile suspiró. Sabía que tendría que ser ella quien liderara el grupo hasta que consiguieran salir del laberinto.
En poco menos de veinte minutos, Cetile había logrado llevar a Ryku y Dylan fuera del laberinto en la dirección correcta. Los chicos se sintieron tremendamente avergonzados de que su amiga hubiera sido más capaz que ellos en guiarse por el laberinto. Al final sí se podía decir que tenían mala orientación en esa clase de cosas.
El sol ya se estaba poniendo y con tal de no ir por los puentes de la ruta 12 en plena noche, el grupo acampó en el campo que separaba los puentes con el laberinto. Cenaron mientras el sol caía por el horizonte y, cuando anocheció, se fueron a dormir.
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—¡Ryku, cuidado!
El joven se puso en alerta y gracias a ese aviso consiguió esquivar por los pelos un torrente de agua que iba directo hacia él. El agua le dio indirectamente, pero su Enlace aguantó bien el ataque.
Dylan apuntó con sus cañones al Gyarados y le disparó sin contenerse ni un poco. El Pokémon acuático no tuvo problema alguno en resistir el ataque, incluso demostró que era muy poderoso desviando las corrientes con su cola. Luego cayó al mar, produciendo una gran ola que se dirigía donde se encontraban Cetile y un pescador.
Ryku voló mar adentro para dar una sorpresa al enorme pez en cuanto volviera a asomarse. Dylan había contrarrestado la ola del Gyarados con la suya de su movimiento Surf y provocó una lluvia que mojó a Cetile y al pescador. Desgraciadamente, el pescador había perdido toda la pesca del día con las pequeñas olas que acompañaron a la grande. Se lamentó, pero le importaba más que no acabase destruida su casa.
—Cetile, necesitamos que nos ayudes con tu Enlace —pidió Dylan—. El Gyarados es resistente a mis ataques y a los de Ryku y él podría perder en cualquier momento su recibe algún movimiento de agua ya sea de mi parte como del Pokémon salvaje.
Lógicamente, la emergencia de la situación había causado que Dylan olvidase que las conversaciones cuando un entrenador tenía su Enlace activo requerían que el otro también lo tuviera, y Cetile no estaba transformada en esos momentos. Sin embargo, como entrenadora, la chica se hacía una idea de lo que le decía su amigo. Mandó al pescador a refugiarse en su hogar hasta que lo peor hubiera pasado y el hombre no tardó ni cinco segundos en correr, abrir la puerta y encerrarse. Entonces Cetile activó su Enlace y tuvo que compaginar con Dylan el espacio que proporcionaba el puente, el cual no estaba pensado para tener a dos grandes Pokémon en este. Dylan se alejó un poco y mantuvo una distancia prudencial con tal de no chocarse por accidente con ella.
—¿Tienes algún movimiento poderoso que pueda hacer suficiente daño al Gyarados? —preguntó Dylan.
—En mi set de movimientos está el Rayo Solar. ¿Te vale?
—Perfecto. Carga el ataque mientras Ryku y yo te cubrimos. Avisa cuando estés preparada para que podamos apartarnos y te dejemos al objetivo en el punto de mira.
—De acuerdo.
—¡Qué viene!
El grito de Ryku llamó la atención de Dylan y Cetile y ambos ya preparan su siguiente ataque. Dylan manipuló las aguas del mar y creó una ola que emplearía a modo de escudo contra el movimiento que fuera a utilizar el Gyarados si nadie lo evitaba. Cetile se agazapó, igual que hizo para expulsar su polvo del sueño y empezó a absorber luz y concentrarla en la flor. Le llevaría un rato y no debía desconcentrarse o tendría que comenzar de nuevo, cosa que Dylan sabía y se aseguró de que la ola fuera lo bastante grande como para que no fuera tan sencillo atravesar el agua sin debilitar el ataque antes.
El Gyarados ya estaba acumulando energía para su próximo ataque nada más haber emergido del agua como un cohete. Justo cuando ya no iba ascender más, Ryku aprovechó los escasos segundos que tenía antes de que el Pokémon salvaje se diera cuenta de su presencia y le asestó un Megapuño justo en el costado, casi igual que el que le dio a Brock en la pelea entre los dos. Sin embargo, el Gyarados ignoró el golpe, no se derrumbó fácilmente. Se inclinó por la fuerza del impacto, pero no eliminó su carga y su objetivo. Parecía que Dylan era su enemigo en ese momento y el Gyarados disparó un rayo azulino que todos reconocieron. Dylan movió la ola y la puso entre él y el Gyarados. Al rayo no le costó nada convertir la ola en un muro de hielo.
Cetile ya casi había finalizado la carga de su Rayo Solar, solo necesitaba un golpe de seguridad que impidiera que el Gyarados lanzara otro de sus rayos.
Dylan recibió el aviso de Cetile y manipulando de nuevo el agua, movió el muro de hielo y lo estampó en la cara del Pokémon salvaje. Este creyó que podía esquivarlo, pero Dylan había hecho la ola muy grande, sobre todo en lo ancho, y no tuvo oportunidad de sortearla. Por muy poco Ryku tampoco la esquivaba. Por suerte, quien primero recibió el ataque fue el Gyarados y eso le proporcionó la ocasión perfecta de batir las alas, elevarse unos cuantos metros más y alejarse del Pokémon salvaje y de la ola. Dylan quebró el muro de hielo gracias a que continuaba siendo su ataque y se puso a nevar donde se había roto. El Gyarados quedó aturdido y a flote. Era el momento.
Cetile no necesitó advertir de que ya tenía el Rayo Solar preparado puesto que el ataque ya emitía un sonido que no invitaba a permanecer cerca y Dylan y Ryku ya estaban apartados. Cetile hizo una rápida recalibración y, en cuanto tuvo al Gyarados en el punto de mira, disparó un rayo de energía blanco y verde que retumbó en el entorno, separó las aguas e impactó violentamente en el cuerpo del Gyarados. Si no fuera porque el ataque hacía un efecto neutral en el Pokémon salvaje, ya habría sido derrotado al instante. El Gyarados retrocedió por la fuerza del Rayo solar y lo mandó bien lejos de la ruta 12. Tanto, que solo Ryku, el cual estaba bastante adentrado en el mar, vio al Pokémon marino huir y hundirse en el mar para no volver.
El grupo respiró aliviado, se reunió y cada uno desactivó su Enlace. Cetile estaba exhausta; un ataque de ese poder era capaz de afectar a la parte humana indirectamente, aunque solo necesitaría descansar unos minutos. Entre el reposo de los chicos, el pescador salió de su hogar tras haber dejado de escuchar ruidos y explosiones.
—Esto ha sido lo más inesperado de todo el viaje, de verdad —dijo Ryku mirando el mar—. ¿Qué posibilidades hay de pescar un Gyarados?
—Ni idea. Para empezar, ¿se acercan tanto a la costa? —inquirió Dylan.
—No lo hacen —respondió el pescador—. Estos puentes están muy cerca de la tierra, la profundidad más grande es de apenas quince metros. Es prácticamente imposible toparse con uno salvaje, y mucho menos pescarlo.
—Y, aun así, nos ha tocado.
—¿Por qué se acercaría a la costa? ¿Por algún Magikarp que fuera su cría?
—Esa época ya pasó —informó el pescador—. Lo más probable es que habría optado por designar la ruta como su territorio y, claramente, detestan que tanto Pokémon como humanos se paseen por este.
—Bueno, pues después del ataque que ha recibido por parte de Cetile, no creo que se atreva a volver a declarar esta parte del mar como suya —opinó Ryku.
—Esperemos. Pondré una señal de alerta para los demás pescadores por si acaso. —El pescador se quedó pensativo—. Siento que debo recompensaros de alguna forma por haber salvado mi casa y a mí, jóvenes.
—No es necesario —repuso Dylan.
—Por favor, insisto. —El pescador rumió algo para recompensarles. Surgió una idea a los pocos segundos—. Ya sé. ¿Os gustaría quedaros a comer?
—Yo lo acepto —contestó Ryku.
Dylan se encogió de hombros.
—Para qué rechazar la oferta. Lo acepto.
—Yo también —dijo Cetile que estaba pendiente de la conversación a pesar de estar distraída con su cámara de fotos.
El pescador dio una palmada.
—Perfecto. Pasad y poneos cómodos.
Ryku acompañó al pescador y este le dejó entrar primero en su casa. Dylan fue a por Cetile y la sacó de su concentración con tal de llevarla dentro. La chica soltó una corta risotada tras observar la cámara de fotos. Dylan sintió curiosidad y observó lo que le causaba tanta gracia a su amiga.
Cetile había hecho una instantánea apenas unos segundos antes de que el Gyarados comenzara sus ataques: el pescador tiraba de la caña cuyo hilo estaba atrapado en uno de los colmillos del Pokémon marino mientras ella, Dylan y Ryku se agachaban y se protegían a la vez que observaban al intimidante Pokémon.
Sin duda, una imagen digna de ser recordada.
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Ryku, Dylan y Cetile se hallaban esperando en una sala hasta que fueran atendidos por las autoridades y así poder acceder a ciudad Azafrán. Eran casi las siete de la tarde y llevaban ya dos horas sentados en la silla. Se habían tomado la molestia de acelerar el ritmo desde que abandonaron la casa del pescador, llegado a la ruta 11 y atravesada ciudad Carmín sin parar a descansar. Si hubieran sabido que tardarían tanto en ser atendidos, hubieran alquilado las habitaciones en el albergue de ciudad Carmín y aguardado a la mañana siguiente. Incluso se hubieran tomado un pequeño viaje a los muelles a ver cómo se encontraba el S.S Anne después de lo ocurrido hacía ya tiempo o hecho una visita a Surge si había cerrado el Gimnasio por ese día. Pero no, tenían que quedarse sentados viendo como las agujas del reloj se movían muy lentamente.
Dylan se levantó y se paseó por la sala a modo de evitar que las piernas se le adormecieran. Ryku cogió una revista como entretenimiento y Cetile revisó sus tarjetas de memoria y organizó las fotos que había hecho hasta ahora. La larga espera logró que Ryku se leyera la mitad de las revistas de la sala, Cetile terminara de organizar todas las fotos que hizo y Dylan estuviera a punto de rendirse y marcharse antes de que la noche se cerniera sobre ellos. Por suerte, la ansiada llamada de la policía hacia el grupo les sintió como divisar un oasis en el desierto. Ryku, Dylan y Cetile se presentaron en el mostrador casi antes de que el policía que hablaba por el altavoz finalizara su frase.
—De uno en uno, por favor —comunicó el hombre.
Ryku fue el primero en ser atendido. El policía le preguntó sobre el motivo de la visita a la ciudad al que el joven respondió:
—Vengo a desafiar a Sabrina.
—Enséñeme la identificación electrónica de entrenador y las medallas que posea.
Ryku se sorprendió ante la petición de las medallas, pero obedeció. Mostró en la pantalla de su brazalete la identificación y el policía pasó un lector láser que registró sus datos. Luego sacó de la mochila el estuche con las medallas y dejó que el policía la abriera y comprobara la cantidad de medallas y su veracidad. Una vez vio todo en orden, el policía imprimió un papel y se lo dio a Ryku.
—Este papel le da permiso para acceder a ciudad Azafrán hasta el final de este mes. Transcurrido ese tiempo, deberá abandonar la ciudad. En caso negativo le detendremos. ¿Alguna pregunta? —Ryku tragó saliva y asintió—. Pase la mochila y otras pertenecías que guarde en los bolsillos por la máquina de rayos X antes de entrar en la ciudad.
Ryku guardó el estuche en la mochila y esperó a que sus amigos consiguieran su permiso.
Dylan tuvo unas ligeras complicaciones con su permiso, pues su motivo no era Sabrina, sino visitar a sus padres. Para ello, debió hacer lo mismo que Ryku, salvo que se comprobaron más datos como la verificación de que Dylan era residente de ciudad Azafrán con diversos métodos. Al final, se le fue entregado el permiso y se le dijo lo mismo que a Ryku. Cetile fue una mezcla entre sencillez y dificultad. Ella no venía por nada precisamente más allá de acompañar a Ryku y Dylan. Para que el policía no trabajara más de lo debido, Cetile dijo que venía por el mismo motivo de Dylan ya que era su amiga y quería conocer a sus padres. Aquello dificultó la obtención del permiso, pero parecía que no había sido la única que había dado ese motivo para hacerse con la autorización. Al final, Cetile consiguió el papel sin mayores percances. Una vez los tres tuvieron sus permisos, se dirigieron a las máquinas de rayos X y pasaron el nuevo control.
Ryku tuvo un consejo por parte de los guardias que manejaban la máquina. Les recomendó que actuara tal cual había mencionado para conseguir el papel; es decir, debía desafiar a Sabrina tantas veces como la líder permitiera si no quería ser detenido con anticipación. Con eso Ryku no tenía problemas porque era algo que iba a hacer. Ya pasados todos los controles, Ryku, Dylan y Cetile salieron del edificio y se adentraron en las calles de ciudad Azafrán.
Había mucho que hacer.
