Sora se sentó en la cama, subiendo las rodillas contra ella, abrazándolas mientras que seguía los movimientos de Yamato por la habitación. Estaba más calmada que cuando la niña se había negado a comer de ella, pero no se había quedado contenta. La pequeña había cenado lo que su padre le había preparado sin problemas, de manera que no era falta de apetito. Descartaba la opción de que Aiko pudiera estar enferma, sino, tampoco habría querido el otro tipo de comida.
- ¿Voy a tenerte con mala cara toda la noche?
- No lo puedo evitar – levantó la vista, dándose cuenta de que en algún momento se había acercado hasta ella.
- Ya lo sé – llevó la mano a su mejilla, dándole una ligera caricia-. Yo creo que lo que le pasa es que ha empezado a descubrir nuevos sabores y ahora quiere probar más cosas…
- Ya, Yamato. ¿Pero de la noche a la mañana? – subió su mano para coger la de él, dándole un tironcito para que se sentara con ella-. Yo solo espero no haberla asustado ayer, pero es que me dolía tanto que no pude seguir dándoselo.
- Es un bebé, no creo ni que se haya dado cuenta de lo que pasó. Mira, cuando me llamaste estaba por ahí Hideki y me preguntó qué pasaba al verme poniendo caras raras. Dice que es totalmente normal y que seguramente tenga apetencia de otro tipo de comida. Pero, mantengo lo que te he dicho, si mañana por la mañana se repite pido el día y vamos los dos a llevarla al médico par que te quedes tranquila.
Sora se quedó mirando hacia él antes de acabar por dejar su cabeza caer hacia adelante, buscando quedar apoyada en él unos segundos, cerrando los ojos, intentando que su cercanía sirviera para terminar de tranquilizarla. Sonrió ligeramente al sentir como dejaba un beso en su cabello.
- Métete en la cama, yo termino ahora mismo – murmuró pasados unos segundos, buscando separarse, viendo como terminaba por asentir.
Hizo lo que él le decía, dejándolo ir a lavarse los dientes, aprovechando para meterse entre las mantas y taparse, sin acomodarse demasiado ya que sus intenciones eran volver a buscar su cercanía en cuanto la acompañara. Estaba más nerviosa de lo que le había dejado notar a Yamato. Sin duda era algo que le preocupaba mucho y que no lograba entender. Lo único que la calmaba era que realmente, la pequeña parecía estar sana.
Yamato apagó la luz del baño, caminando hasta la cama, dándose cuenta de que los ojos canela de ella lo seguían allá a dónde iba. No haciéndose más de rogar fue directo hasta la cama para echarse, dejando el brazo estirado para que pudiera acomodarse. No pudo evitar sonreír al ver cómo recortaba la distancia entre ambos automáticamente, posando la cabeza en su hombro.
- ¿Voy a tener que recurrir a una nana también contigo?
Escuchar la suave risa de ella a modo de repuesta fue algo que le gustó, limitándose a jugar distraídamente con su cabello hasta que el sueño acabó pasándole factura, notando como el peso de sus párpados cada vez se hacía más grande.
Sora se dio cuenta de que se había quedado dormido al sentir su respiración pausarse cada vez más, disfrutando del silencio de la habitación y de la calidez que desprendía. Había pasado un mal día y notaba todo el cansancio pasándole factura, pero, a pesar de todo ella no tenía sueño. Cerró los ojos, queriendo dejar así la mente en blanco y poder descansar aunque fuera, especialmente cuando notó ya del todo como la mano de Yamato dejaba de moverse del todo dando a entender que ya se había quedado profundamente dormido.
Sin ser capaz de conciliar el sueño y no queriendo molesta a Yamato, Sora acabó por ponerse en pie, cogiendo su bata y su teléfono antes de bajar hacia el piso inferior. Quizás tomarse algo caliente la ayudase a conciliar el sueño. Cada vez que intentaba acomodarse en la cama notaba una sensación que no le gustaba nada y sus latidos disparados. Estaba nerviosa y lo podía notar en todo lo que hacía.
Llevaba así desde antes de haber tenido el problema con la pequeña, pero no sabía el motivo. Había estado exigiéndose más de lo normal para poder dejar todo listo para cuando se fueran al sur, pero no sabía a qué venía aquello. Había llegado a pensar que quizás aunque ella no fuera consciente de ello, realmente le afectase la cercanía del viaje de Yamato más de lo que cabría pensar.
Abrió la nevera para llenar una taza con leche, acercándose al microondas para poder ponerla a calentar. No le gustaba demasiado el sabor, pero reconocía que necesitaba algo que la ayudara a calmarse. Podría echarle algo que le diera algo de saber para arreglarlo más tarde. Pulsó el botón en la pantalla, dejando así programado el aparato.
Apoyándose en la encimera, se pasó la mano por encima de los ojos, dejándola ahí unos segundos y arrastrándola. Quizás debería de tomarse un descanso. Todo aquello se le estaba haciendo cuesta arriba y estaba haciendo una montaña de lo de la pequeña Aiko, cosa que, sin duda, no sería más que una tontería. No podía evitarlo tampoco, era su niña y la simple idea de que algo pudiera estar mal la aterrorizaba.
Y Yamato disimulaba cada día peor…
Se le notaba a la legua que estaba preocupado. Quizás más por ella que por Aiko, pensando que no sería más que un capricho del bebé todo aquello. Lo que no le había contado ella era que realmente llevaba días encontrándose mal, sin motivo aparente. Posiblemente estuviera incubando algún resfriado o algo parecido, era a lo que todo indicaba.
Chasqueó la lengua, decidiendo distraerse y acercarse hasta la habitación de la niña para comprobar que siguiera durmiendo, teniendo que detenerse unos segundos al haberse incorporado demasiado rápido, notando un malestar generalizado volver a recorrerla.
- Lo que me faltaba… - susurró.
Yamato giró en la cama, buscando a Sora con el brazo no encontrando nada. Eso lo hizo despertarse, confuso, mirando hacia los lados y comprobando que estaba solo. Frunció el ceño, mirando hacia el baño, en busca de alguna luz sin ver nada.
Cerró los ojos sin darse cuenta unos segundos, volviendo a quedarse adormilado sin poder evitarlo. Aquel día había madrugado y al final había terminado pasándole factura. No eran horas para estar despierto él y su propio cuerpo se lo estaba recordando.
Un ruido hizo que volviera a abrir los ojos de golpe, confuso, mirando hacia todas partes. Un ruido que había sonado a cosas rompiéndose. Volvió a mirar hacia los lados, buscando a Sora con la mirada por la habitación.
- ¿Sora? – se puso en pie, acercándose al baño, viendo que no estaba allí-. ¿Dónde…?
Se dio cuenta de que la puerta de la habitación estaba entreabierta y que se podía ver luz abajo. Seguramente se habría desvelado y el ruido que hubiera escuchado sería que se le había caído algo de las manos…. A sabiendas de cómo había pasado todo el día prefirió ir tras ella, no queriendo dejarla sola con sus pensamientos a esa hora de la noche.
Salió de la habitación bajando los escalones rápidamente, buscándola con la mirada sin encontrarla. Supuso que estaría en la habitación con la pequeña, viendo entonces que la puerta del microondas se había quedado abierta y que en el suelo se podía ver algún que otro trozo de una taza.
Seguramente ese fuera el ruido que había escuchado. Habría apoyado la bebida en dónde no debía sin darse cuenta y no se había enterado de que se le había caído. Se acercó con intención cerrar la puerta y recoger los trozos rotos, agachándose de forma automática a por ello. Solo cuando se volvió a incorporar se encontró con el verdadero motivo del ruido que lo había despertado.
- Sora… - murmuró casi con un hilo de voz, sin reaccionar.
Lo que lo había provocado que la taza se rompiera había sido la propia pelirroja quien estaba ahora delante de su marido tendida en el suelo, completamente inconsciente. Se quedó congelado unos segundos, intentando situarse tan siquiera, comprobando si estaba despierto o estaba todavía dormido.
Cuando por fin la pieza que faltaba por encajar en su cabeza lo hizo, reaccionó, tirando él encima de la encimera los trozos que había recogido y agachándose rápidamente para quedar al lado de ella.
- Sora – la llamó-. Venga, cielo, despierta… - llevó la mano a su rostro, comprobando que tenía la frente cubierta de sudor frío-. Despierta…
Esperó unos segundos, no queriendo moverla de forma brusca, viendo que no volvía en sí. Estaba bloqueado completamente, sin saber qué hacer o como comportarse. Reaccionando mínimamente, consiguió llegar a la conclusión de que lo mejor iba a ser llevarla al sofá, cogiéndola en brazos para poder llevarla hasta allí.
- Cariño, por favor, despierta – murmuró mientras que la posaba, alejándose para poder coger un cuaderno de encima de la mesa para poder abanicarla con él.
En aquel momento estaba completamente aterrorizado. Lo último que esperaba al haberse despertado y no encontrarla a su lado era aquello. No sabía si dejarle su espacio, si seguir abanicándola, ni siquiera cómo comportarse. Le echó el cabello hacia atrás, despegándoselo de la frente húmeda.
No sabía qué hacer, y estaba demasiado nervioso para poder usar la cabeza y la lógica. Quizás algo de mojado en agua fría en la frente podría ayudar, pero no quería alejarse e ir a buscarlo, y, tampoco quería despertar a los digimon para no asustar a la niña. Volvió a abanicarla, esperando algo más de suerte, sin conseguir mejoras.
Una idea cruzó su mente, poniéndose en pie para coger de la encimera su teléfono, buscando rápidamente entre los contactos.
- ¿Te he despertado? Ven por favor… No, la niña está bien. Es Sora, se ha desmayado y no despierta… Gracias Jou… Ven rápido… - posando el teléfono de nuevo, notando su mano temblorosa, volvió al lado de su esposa.
Se quedó arrodillado a su lado, intentando calmarse, esperando que ella se moviera o diera alguna señal de querer hacerlo. Pudo respirar mínimamente cuando vio que abría los ojos muy lentamente unos segundos, volviendo a cerrarlos de nuevo.
- Sora… - la llamó-. Sora, ¿me escuchas? – habló, queriendo reclamar de nuevo su atención.
Vio como movía su mano, posándola encima de su estómago unos segundos, haciendo una ligera mueca antes de volver a abrir lentamente los ojos. Le pesaban los párpados y notaba cómo le dolía todo, dándole vueltas el estómago.
- Eh – se acercó a ella-. ¿Cómo estás?
- ¿Dónde…? – miró hacia los lados sin apenas mover la cabeza, notándose mareada-. ¿Qué ha pasado?
- No lo sé, ya te encontré así … ¿Cómo estás? – repitió.
- Mal… - cerró los ojos-. Todo me da vueltas… Y creo que… Tengo ganas de devolver…
- ¿Quieres que te lleve al baño?
Frunció el señor al verla tener un escalofrío, buscando una de las mantas para echársela por encima, notando que habia empezado a tiritar. Quizás no fuera la mejor idea del mundo moverla en ese momento y aquello empeorase su mareo.
- ¿Quieres algo? Voy a traerte agua...
Aunque ella negó con la cabeza, no le hizo caso, yendo a por un vaso con agua y volviendo a su lado rápidamente, ayudándola a incorporarse ligeramente para que pudiera beber.
- Estoy mareada… Déjame echada, por favor, todo me da vueltas – se posó las manos encima de los ojos.
- Tranquila, ¿vale? He llamado a Jou para que venga, no te preocupes.
- No era necesario… - las palabras de él habían sonado cada vez más lejanas, desconectando cada vez más con la realidad.
Yamato se había quedado observándola, viendo como los ojos de ella se había vuelto a cerrar y que la mano que había posado encima de ellos había caído hacia uno de los laterales, volviendo a perder la consciencia.
- Eh, eh – intentó atraer su atención de nuevo-. Sora… No venga, no me hagas esto otra vez. Sora por favor…
AnnaBolena04: hoy sonó el despertador, me levanté a apagarlo y en algún momento decidí volver a echarme a dormir... Menos mal que mi cuerpo me odia y me hizo despertarme igualmente a tiempo porque sino sé yo que la íbamos a liar pero bien jajajaja Yo creo que en una de estas me voy a quedar dormida pero como 24 horas seguidas, ya verás tú. Aunque seguro que tiene que venir alguien a tocarme las narices para algo, claro.
¿Me vuelvo a ir de viaje y un poquito más lejos? Yo creo que sí cofcofcof Parece que a Yamato se le ha planteado una muy buena perspectiva de noche. Él que parecía haberse quedado dormido cual angelito a pesar de que la nenita siga sin querer comer con mami pues mira tú qué bien y qué infarto se ha llevado. Así seguro que se le ha pasado todo el sueño de golpe y con larga duración. Ahora la gran duda es si cuando llegue Jou al que va a tener que atender es al rubio o a la pelirroja. Yo diría que casi que más bien al rubio, porque debe de estar tan pálido que lo confundirían con una pared blanca posiblemente...
¡Besitos de tortuguita! Pero desde lejos que si me acerco me tiras algo a la cabeza seguro.
Natesgo: me encanta cuando los que estáis un poquito más off en cuanto a dar señales aparecéis justo en el momento en el que voy a liarla. Es que no falla jajajajaja Aaains, bueno, el verano sin Wi-Fi también es cosa buena. Yo fui muy feliz la semana pasada con la excusa de andar por fuera, que nadie me daba la lata más de la cuenta con la excusa de "Ay, es que estoy fuera del país" con o sin roaming, que colaba de maravilla xD
Te tengo que dar totalmente la razón. Cuando Natsuko vea de dónde viene lo que sea que le llegue el día de la madre igual hay que empezar a abanicarla porque es algo más gordo. Dejando de lado despistes, que la gente pase del tema porque no es más que una treta comercial o todas las pegas que uno le quiera poner, el simple hecho que Yamato haya sido capaz de tener un detalle, sea el que sea, con ella ese día lo mismo hace que acabe ingresada jajajaja Esperemos que tenga cerca a Hiroaki para abanicarla bien.
Y... sobre lo demás no voy a decir ni media palabra, que sino luego se adivinan las intenciones y la vecina sigue viviendo demasiado cerca de mí y no me fio... ¡Un beso!
Guest Vecina: jajaja de este o me libro. El año pasado quedé con él un día ya fuera del curso para despedirlo y darle un detallín, que habían sido varios años y todas esas cosas... Y cuando me llama este otra vez pidiendo socorro ya me entró la risa. Nada, acabará la carrera y estaré yo por ahí dándole collejas para que se acuerde de poner las cosas elevadas al cuadrado donde haya que ponerlas. Lo peor es que a los de este tipo les acabas cogiendo aprecio y todo... Y esas cosas las suelo usar con mi jefe jajaja Este año cuando fueron a reservar plaza algunos nenes primero preguntaron si yo iba a seguir el año que viene. Puedo usarlo para chantajear a mi jefe junto con lo de que me han ofrecido otro trabajo y se me desmaya jajaja
¿A quién decías que mis maldades iban a hacer que le diera algo? Aaaay jajajajajajaja Va a llegar Jou y le va a tener que abrir la puerta Aiko porque está la pobre Sora pobra y Yamato teniendo dos infartos por segundo. Y todo porque estaba yo aburrida y con ganas de liarla un poco. Cuando todo pase, ya se verá que como siempre todo tiene su lógica y era algo de esperar, pero, por el momento, yo solo me limitaré a moverme un poquito más hacia el Este, no va a ser.
Hideki cada día me cae mejor a mí también jajaja Justo lleva un par de días saliendo en todos los capis que he estado escribiendo. Es la buena influencia, está claro jajaja
Voy a ver si reposo un poco la comida, vecina, que acabo de llegar del trabajo y me está dando hasta pereza moverme de la mesa... ¡Bicos grandotes! Pero igual que los de Anna, de lejos, que sino me pegas.
