- ¿Quieres hacer el favor de calmarte? Me estás poniendo de los nervios a mí. Vete a sentarte.
Jou había llegado hacía un rato a pesar de la hora. Yamato había tenido suerte y lo había pillado saliendo del trabajo tras un turno nocturno, por lo que solo había tenido que cambiar su ruta y acercarse hasta donde ellos vivían. No estaba tampoco demasiado lejos y le había llevado poco tiempo llegar.
Cuando por fin había entrado, se había encontrado a Sora ya consciente y en la habitación. No había querido molestarla demasiado, simplemente comprobado que todo estuviera bien y que no fuera nada más que un susto. No había nada que apuntara hacia lo contrario, pero les había dicho que se pasaran igualmente por el médico al día siguiente.
- Yamato, ¿qué te acabo de decir? – le dijo cruzándose de brazos tras haber terminado de guardar sus cosas en la bolsa.
- ¿Y qué quieres que haga? ¿Tú sabes el susto que me he llevado?
- Me lo puedo imaginar… Mañana posiblemente esté dolorida o tenga algún moratón o herida de haberse caído, no te preocupes tampoco por eso – negó con la cabeza-. Y evidentemente mañana si se le ocurre tan siquiera mencionar que tiene que ir al estudio a lo que sea le das una colleja. Y otra de mi parte a poder ser…
Asintió, observando a su amigo e intentando hacer lo que le había dicho y tranquilizarse. Agradecía haberse despertado a tiempo porque de no haber sido así, conociéndola como la conocía, seguramente no habría dicho nada a nadie.
- Escucha – reclamó de nuevo su atención Jou, tomando asiento frente a él-. Ahora que estás más calmado, ¿la has notado rara estos días?
- ¿Rara? Bueno… Rara no, pero lleva una temporada diciendo que está más cansada de la cuenta. Lo cual no es de extrañar porque está intentando adelantar las cosas en el trabajo porque quiere venir conmigo cuando me toque el aislamiento… - explicó-. Y… Esto es que yo creo que no tiene mucha importancia, pero el otro día al estar dándole el pecho a la niña se empezó a quejar de que le dolía muchísimo y no fue capaz de seguir. Desde entonces Aiko no ha querido volver a comer con ella y está preocupada.
- ¿La niña no os come?
- No, sí que come. Pero no con Sora. Come perfectamente cualquier otra cosa que le demos.
El médico se quedó pensativo, intentando sacar algo en claro de lo que le acababa de decir él. Quizás esa conversación debería de tenerla con Sora, ya que conociéndola, de haberse encontrado mal antes posiblemente no hubiera dicho nada a nadie para no preocuparlos, sin embargo, no quería molestarla. Parecía que se había quedado dormida y no era tan urgente la cosa como para tener que despertarla.
Cuando una idea cruzó su mente levantó la vista hacia el rubio, observándolo en silencio unos segundos antes de volver a hablar.
- Posiblemente sea una pregunta que… Bueno, indiscreta, pero… ¿Existe la posibilidad de que pueda haberse quedado embarazada otra vez?
Puso cara de sorpresa, quedándose con la mirada fija en su amigo. No había sido capaz de llegar a esa conclusión, estando demasiado preocupado y nervioso como para hilar pensamientos hacia ninguna dirección tan siquiera. Sin embargo, ahora, tras describir todos los síntomas que había estado teniendo ella, quizás sí que tuviera algo de sentido la teoría.
- De ser así… sería de forma totalmente accidental. No… No entra en los planes de ninguno por el momento, Jou. No lo sé, no me ha comentado nada. Supongo que si lo sospechase sí que me lo habría dicho.
- Tienen que pasar, como mínimo, dos años para que un embarazo tras una cesárea sea seguro – comentó-. Y más después del susto que nos dio a todos.
- Estamos teniendo cuidado si es lo que preguntas…
- ¿Cómo? Ya sé que no te gusta hablar de estos temas, pero tómatelo como consejo profesional.
- Ya lo sé. Pues… No es que sea el más entendido del mundo, pero lo que me ha contado es que Sora fue a revisión y fue la propia doctora la que le dijo cómo hacer ahora – enfocó finalmente a Jou, tomándose aquello acorde a la edad que tenía, no esquivando el tema como solía hacer en muchas ocasiones-. Solemos usar pastillas como método anticonceptivo, no por nada, sino porque ella las necesita para mantenerlo todo bajo control. No sé cómo se llaman, pero son compatibles con la lactancia.
Agradeciendo que hablase sin rodeos, acabó por asentir. Realmente siempre había un riesgo asociado, pro no parecía que fuera el caso, y, aunque pudiera llegar a parecerlo, quizás no fuera el mejor comentario para hacerle a Yamato en ese momento dadas las condiciones y la situación de ellos.
- Lo más seguro es que tenga algo de anemia entonces… No me mires así, ya sé que es Sora y que precisamente no es quien ande haciendo el idiota con la comida. Pero es normal en las madres primerizas. De igual forma, pasaos mañana o pasado por el médico, según se encuentre ella.
- Muchas gracias, Jou. Siento haberte llamado a estas horas, pero fuiste el primero que se me ocurrió.
- Me habría sentido ofendido de no haber sido así – negó con la cabeza-. Y tú haz el favor de tranquilizarte. Sea lo que sea, no parece ser nada grave. No creo que a ella le vaya a venir bien que dentro de un rato tenga que volver porque te nos has desmayado tú.
Esbozó una ligera sonrisa, sin querer decir nada, porque, sin duda, aunque sabía que posiblemente tuviera toda la razón, era complicado de llevar a cabo. Aún le duraba el susto de habérsela encontrado en el suelo.
- Gracias por todo… De verdad. Vete para casa, que debes de estar agotado tú también para que un paranoico te haya ido a fastidiar el descanso…
- Tonterías, Yamato… Ah, por cierto. Que no le dé de comer a la niña. Si Sora tiene algo de anemia no creo que sea la mejor idea. Esperad por prevención a que se haga unos análisis. Y si pasa cualquier cosa, se encuentra peor o lo que sea, haces el favor de llamarme otra vez.
Se puso en pie, acercándose a su amigo para posar la mano en su hombro, en un gesto de apoyo.
- Y tranquilo… Mañana que coma bien, aunque te diga que no tiene hambre, prueba con algo suave – se fijó en que abría de nuevo la boca, adivinando sus intenciones-. Déjate de gracias de una vez. Y despídeme de ella cuando se despierte. Que me llame mañana aunque vayáis al médico… Y no, no me acompañes. Me sé el camino hacia la puerta. Vete a la cama, hazme caso.
Sin darle pie a protestar más, le hizo un gesto de despedida, echando a andar hacia la salida y dejando por fin solo al rubio. Era tarde y no era necesario más allí o acabarían despertando a la niña. Dudaba que fuera a hacerle caso y a quedarse tranquilo después del susto que se había llevado, pero tampoco se le podía pedir que hiciera otra cosa. Se podía imaginar perfectamente lo que pasaba por su cabeza y lo entendía.
El comentario sobre el posible embarazo lo había hecho intencionadamente. Sabía que todos los síntomas de ella podían dar pie a pensarlo y no quería que a Yamato pudiera entrarle el pánico. Sabía que se tenía que ir al espacio en un par de meses y con las condiciones del anterior embarazo, aquello se convertía en la combinación perfecta para que pudiera entrarle una gran paranoia. Había preferido sacar el tema él y así aprovechar para descartar esa opción, aunque hasta que no se hiciera ella análisis tampoco podrían quitarla del todo de la mesa.
Siguió con la mirada a Jou hasta que salió, prefiriendo hacerle caso y quedarse dónde estaba. Dudaba que fuera a poder dormir en lo que quedaba de noche, acercándose al teléfono para poder ver la hora que era, dándose cuenta de que ya podría estar levantándose para ir al trabajo. Sin duda era una opción que le aterraba en ese momento porque en caso de que no pudiera tomarse el día libre, no sabía cómo iba a hacer.
Buscó entre sus contactos a Hideki, esperando ver alguna señal de que ya se hubiera levantado, decidiendo probar suerte y marcando su número para poder intentar hablar con él. No tardó en escuchar cómo descolgaba al otro lado de la línea.
Sora se revolvió entre las sábanas, buscando así taparse mejor. Estaba en un estado entre dormida y despierta en el que no era demasiado consciente de lo que pasaba, solo se sentía terriblemente agotada y con mucho frío. Sintió el peso de la manta posarse sobre ella, no estando demasiado segura de dónde había salido, no hasta que sintió los brazos de Yamato rodeándola. Giró lentamente para quedar frente a él, dejando así su cabeza apoyada contra él, cerrando así los ojos e intentando quedarse dormida así, no tardando en conseguirlo.
No había tenido ningún problema en conseguir tener el día libre, agradeciendo el interés por el estado de ella que había notado. Posiblemente fuera el cambio más notable con todos sus compañeros de trabajo que hubiera notado con el paso de tiempo, y, sin duda, el que más agradecía. Había avisado también a Haru, simplemente por el hecho de que no se asustara al llegar al estudio y no saber de Sora.
La familia de ella y los demás podrían esperar, aún era demasiado temprano. Además, prefería que fuera ella quien decidiera si les contaba algo, salvo en el caso de Toshiko, a quien seguramente llamara más tarde, no queriendo despertarla y preocuparla tan temprano ahora que la situación se había estabilizado. Con mantenerse a sí mismo calmado tenía que más que suficiente.
Antes de subir había dado de desayunar también a la pequeña, no queriendo tener que despegarse de Sora en un rato, especialmente al haber visto cómo se giraba hacia él antes de caer finalmente dormida. Algo le decía que eso era justamente lo que le hacía falta a ella, e incluso a él, porque el susto que se había llevado iba a tardar en pasársele. Cuando la había visto en el suelo no era capaz ni de describir el susto que se había llevado.
La había visto mareada y encontrándose mal en situaciones muy parecidas desde el incidente que habían tenido en Tanegashima, sobre todo en los primeros meses del embarazo, pero nunca había llegado hasta tal punto. Y no quería tener que volver a pasar por ello jamás. Bajó la vista hacia ella, comprobando que había recuperado algo de color en las mejillas y que parecía estar completamente dormida.
Toshiko hacía rato que se había levantado, comprobando la agenda de la tienda para asegurarse de que todos los encargos estuvieran listos. Escuchó el sonido de la puerta del baño abriéndose, viendo salir de él a su marido, completamente vestido ya para irse al trabajo.
- ¿Te vas ya? – preguntó.
- Sí, quiero llegar un poco antes para dejar listos algunos papeleos y no tener que quedarme más tiempo luego. ¿Necesitas que te traiga algo?
- No, si se me ocurre ya te avisaré, pero por el momento no – sonrió ligeramente a modo de despedida-. Que no te estresen mucho hoy…
- Eso será complicado – entretenido, se acercó a ella para despedirse.
No llegó a hacerlo, escuchando el sonido del teléfono de casa, girando para cambiar la dirección de sus pasos para descolgar él.
- Hola Yamato – saludó así para que su esposa pudiera saber quién llamaba-. No, estábamos empezando el día – hizo una pausa, poniendo una cara que reclamó así la atención de Toshiko-. ¿Y cómo está ahora? – silencio-. Vale, ahora mismo se lo digo… Pero, ¿está bien? ¿Jou? Ya… entiendo. Vale, yo se lo digo. Salúdala de mi parte. Gracias por llamarnos…
Colgó el teléfono, girándose hacia su esposa, la cual había estado atenta a lo poco que le llegaba de la conversación tal y cómo se había desarrollado esta.
- A ver… no te pongas nerviosa. Están todos bien – adelantó, haciendo un gesto con la mano para frenarla antes de que empezase a interrogarlo-. Es nuestra hija, que anoche se desmayó y le costó un rato volver en sí, no me ha contado demasiado. Parece que llevaba unos días más cansada de la cuenta y ayer, de repente, le dio muchísimo más fuerte.
- ¿Qué? – dijo finalmente.
- Fue a verla Jou anoche, no creen que sea nada de lo que preocuparse, pero está secuestrada en cama. Toshiko… Toshiko frena – dijo al ver que ya se había puesto en pie-. Déjalos. Yamato me ha dicho que Sora está durmiendo y que necesita descansar… Ya irás más tarde, después de comer. Déjala que duerma y que descanse… Yamato no va a ir a trabajar.
La mujer lo observó, ordenando sus pensamientos para asimilar lo que le acababa de decir su marido. Ella sí que había tenido que ver episodios así de su hija en muchas ocasiones. En épocas de estrés o demasiado trabajo habían sido, por desgracia, muy comunes. Pero no podía evitar preocuparse igualmente.
- ¿Jou que ha dicho?
- Que no hay que preocuparse, pero que se pasen por el médico igualmente. Puedo llamarlo yo más tarde si quieres, que si esto fue anoche no quiero saber a qué hora se acostó él.
- Sí, por favor…
- No te me pongas de los nervios tú ahora, ¿quieres? – posó la chaqueta encima de la mesa.
- ¿No te ibas?
- No, no me voy. Tengo tiempo, ya haré esos papeleos más tarde.
AnnaBolena04: holi jejejeje
El raptor si quiere lo dejo venirse a la playa conmigo hoy que hace buen día y puede venir a vigilar que no se me ocurran maldades de ningún tipo mientras que hago de setita. Aunque no sé, yo diría que empiezas a tenerlo más desentrenado porque mira las que me deja liar así por las buenas. Que la lista de posibles víctimas de infartos va empeorando y extendiéndose y ahora ya tenemos a un Jou zombie haciendo su trabajo, a una Toshiko de los nervios y a un profesor intentando mantener a su esposa calmada. Todo esto mientras que Yamato seguro que se ha acabado llevando una colleja por parte del médico por ponerlo a él de los nervios. Y no se ha enterado el tercer integrante del matrimonio, que a ese seguro que le tienen que poner una tila.
¿Tardará mucho en desarrollarse demasiado la paranoia de que pudiera ser que hay un pelirrojito en camino en la cabeza de ese rubio? Se hacen apuestas... Yo mientras tanto sigo buscando dónde esconderme, no te preocupes. ¡Besitos de tortuguita!
Guest Vecina: pues mira, yo creo que si el clima no se vuelve superloco de aquí a que termine yo de recoger, fregar, comer y todas esas cosas, me va a tocar aprovechar e irme a la playa.
Puedes ir probando suerte, las ciudades por aquí no son demasiado grandes, si pones a las tartarugas lo mismo acabas primero. Solo te diré que vivo en un sitio y trabajo en otro, así que mira a ver si aciertas con el horario para ver donde me puedes cazar jajaja Menos mal que Yamato tiene a Jou en su vida, porque como tú dices, si se le llega a ocurrir llamar al otro histérico acaba encontrándose a Sora abanicándolos a ellos dos. Aunque lo saque menos siempre he sido muy fan de la relación entre ellos dos, más aún cuando el tema a tratar es de la parte laboral del pobre médico. Siempre le viene bien tener a mano a alguien con algo más de neuronas estables con quien poder hablar y que le explique un poco más cercanamente lo que pasa y que, si de paso, le tiene que dar una colleja se la dé. Ahora a ver si se queda tranquilito o vemos cómo le sale humo de la cabeza porque... ¿podrá ser que el pelirrojito venga en camino?
En fin vecina, te dejo llamando a filas a las tartarugas porque, como era de esperar, este ha sido uno de esos capítulos que no sirven para más que para echar más leña al fuego ya que ahora los suegros también están enterados de que Sora anda pocha y eso simplemente sirve para aumentar la lista de gente histérica. Al pobre Yamato, como bien piensa él, el sustazo de encontrársela así va a tardar en pasársele, eso ya lo sabemos todos...
Bicos grandotes pero desde lejos otra vez, que no me fio y luego me tiras a las tartarugas a la cabeza por liarla.
