Ryku se despertó varios minutos antes de que la alarma de su brazalete sonara. Saber lo que iba hacer hoy había tenido sus ojos más abiertos que cerrados. Aun así, había logrado descansar lo suficiente para no sentirse cansado. Hoy no iba a aplazar el combate contra Sabrina; había llegado el momento de afrontar el combate contra la líder del Gimnasio. Por mucho que su mente le siguiera metiendo el miedo de una derrota aplastante, un duelo que jamás pasaría y que podía terminar ahí sus objetivos, Ryku no daría marcha atrás. No esta vez. Gracias a los consejos del maestro Koichi y de sus alumnos, ahora sabía a lo que se enfrentaba y podría actuar en consecuencia. Con suerte, bastaría para no tener que repetir el combate varias veces.
Durante el desayuno, Ryku se mentalizó y se fue reiterando la estrategia a seguir en el combate. Estaba tan sumiso en sus pensamientos que ignoraba todo lo que lo rodeaba. Cetile, Dylan y sus padres no pretendieron sacarle, aunque solo fuera unos segundos, de aquella concentración y dejaron que el joven se quedara en aquel trance hasta que hubiera superado la pelea que iba a tener pronto. Cuando acabaron, Ryku cogió el pase que lo identificaba como un poseedor de cuatro medallas de Gimnasio o más y salió del piso acompañado de Dylan y Cetile.
Ryku hizo un último ademán de no querer entrar en el Gimnasio y se plantó mirando fijamente su estructura. Mentalmente, se dijo muy decidido que iba a vencer a Sabrina empleando toda su fuerza igual que había hecho en los anteriores Gimnasios. Cuando entrase en ese en particular, solo quería salir de una forma: con una medalla más en el estuche. Ryku sacudió la cabeza y se dirigió decidido a la entrada donde esperaba la vigilante.
—¿Venís a combatir contra Sabrina? —preguntó. Era una joven no mucho más mayor que Ryku y compañía. Su pelo era castaño y le llegaba hasta los hombros. No tenía ningún accesorio en este, lo cual sorprendía debido a lo liso que lo tenía.
—Solo yo —respondió Ryku.
—¿Tienes el pase?
Ryku sacó del bolsillo el boleto que le dieron al entrar en la ciudad. La vigilante lo observó en detalle y acabó asintiendo.
—Bien, puedes pasar. Acompáñame.
Ryku y compañía siguieron a la mujer, pero esta no abrió la puerta del templo.
—Solo él —dijo refiriéndose a Ryku—. Vosotros esperáis aquí.
—¿Por qué? —protestó Dylan—. El Gimnasio está pensado para acoger espectadores.
—No cuestiono las órdenes de Sabrina —fue la seca respuesta de la vigilante—. Lo repetiré una última vez. Vosotros dos os quedáis aquí.
Dylan gruñó entre dientes y se dio la vuelta. Cetile lo acompañó allá donde fuera mientras Ryku y la vigilante entraban en el Gimnasio.
Contra más se movían por los pasillos del Gimnasio, más convencido estaba Ryku de que Sabrina había decidido convertir su Gimnasio en un templo. ¿De qué? No lo sabía ni quería saberlo. No era importante para lo que había venido a hacer. Ni siquiera la curiosa adornación de las paredes y las lámparas que simulaban ser antorchas le distraían de su objetivo principal. Después de varios giros por los pasillos del templo, la vigilante se detuvo frente a una puerta de madera reforzada con hierro y la abrió.
—Sabrina te espera dentro.
Y sin decir nada más, la vigilante se marchó y desapareció por los pasillos. Ryku entró en la sala y cerró la puerta tras de sí. Se dio la vuelta y observó el campo de batalla que se extendía frente a él. Este era de una arena roja de lo más llamativa al igual que el suelo de alrededor, de un color azulado, cuyos dibujos imitaban las ondulaciones del agua. Antes de llegar a las paredes, había una serie de columnas lilas que soportaban un cuadrado sobre el campo de batalla lleno de focos que iluminaban tanto el campo como el resto de la sala. Ryku miró al frente y, al otro extremo de la arena, vio a una mujer sentada en un ostentoso trono dorado de fieltro rojo.
La mujer no se movió ni habló a pesar de tener alguien más en la sala, lo que permitió a Ryku observarla en detalle. Tenía un cabello largo, de color azul grisáceo cuyas puntas extrañamente se levantaban como si estuvieran recibiendo una bocanada de aire constante y unos ojos marrones, aunque se podía confundir con el rojo. Vestía una camiseta de finos tirantes de color rojo pálido increíblemente pequeña, dejando al descubierto su barriga y ombligo acompañada de unos pantalones largos blancos sujetados por un cinturón negro con una hebilla plateada y en forma de rombo, unas sandalias rojas y un brazalete redondo y bastante grueso de color negro y verde en su brazo derecho mientras que en el izquierdo descansaba el brazalete dorado de su Gimnasio. Ryku siguió mirando a Sabrina hasta que, finalmente, la mujer rompió el silencio.
—Empezaba a pensar que no te atreverías a venir, Ryku.
El joven tragó saliva. ¿Cómo sabía su nombre si era la primera vez que se veían? Intentó no dejarse desconcentrar.
—¿No te sorprende que sepa tu nombre? ¿O es que intentas ocultar esa emoción?
Ryku empezaba a sentirse incómodo. Sabrina parecía disfrutar con eso. descruzó las piernas y se levantó del trono.
—Vamos, no seas tímido. Di algo —animó Sabrina mientras lentamente cogía algo del reposabrazos del trono y bajaba las escaleras que la separaban del campo de batalla.
—¿Cómo esperabas mi llegada? —se atrevió a preguntar Ryku.
Sabrina soltó una corta risilla.
—¿Cómo no saberlo cuando me comunican la llegada de todos y cada uno de los entrenadores que entran a la ciudad para desafiarme? No eres una excepción, Ryku. Estaba claro que vendrías tarde o temprano.
—¿Y cómo se supone que sabes mi nombre?
—Porque ayer te vi frente a las puertas de mi Gimnasio, justo cuando te acobardaste y te marchaste con tus amigos.
A Ryku no le gustó el tono con el que le había respondido, pero tampoco podía replicar dado que fue exactamente lo que ocurrió.
—¿Cómo sabes eso? —inquirió.
—Oh, vamos, Ryku. No hace falta ser un genio para dar con la respuesta. Solo recuerda la clase de combate que vas a tener.
Ryku ya había estado pensando en ello, pero no se creía que fuera real. Una cosa era verlo de parte de un Pokémon, pero no de un humano.
—¿Tienes poderes psíquicos… igual que un Pokémon?
—Desde que era pequeña. Pero no tan fuertes como los de un Pokémon. Me queda mucho camino para alcanzar su nivel.
Ryku se estremeció. Sabrina sin duda era una rival peligrosa si tenía capacidades sobrehumanas. ¿Qué podía hacer al respecto si a ella le bastaba con leerle la mente para contrarrestarle? No. No debía dejarse llevar por el miedo otra vez. La estrategia iba a servir. Lo conseguiría. Debía creerlo.
Sabrina recorrió la distancia que los separaba y se detuvo frente a él. Ryku eliminó parte de su tensión al ver que la mujer no era mucho más alta que él, ni siquiera en su forma Pokémon. Sabrina hizo un gesto con los ojos y Ryku comprendió lo que estaba sucediendo al instante que lo hizo centrarse de nuevo en el futuro combate.
—Ponte el brazalete dorado y dame el tuyo —dijo Sabrina sin añadir ningún tipo de riña en su tono.
Ryku obedeció e intercambió su brazalete negro por el dorado, traspasó su Enlace al segundo y entregó el primero. Sabrina llevó el brazalete de Ryku al reposabrazos del trono e hizo algo que bajó la pantalla de las barras de vida. Luego bajó de nuevo y se quedó en el otro extremo de la arena.
—¿Quieres empezar ya el duelo o prefieres mentalizarte más? —preguntó Sabrina.
Ryku consideró aquello como un insulto.
—Acabemos con esto.
Sabrina volvió a ver divertida esa respuesta y se preparó para activar su Enlace. Ryku la imitó y fue él quien empezó a adoptar su forma Pokémon. Sabrina inició su transformación apenas unos segundos después. Cuando Ryku dejó de brillar y mostró sus características de Charizard, Sabrina todavía se estaba convirtiendo en el Pokémon de su Enlace. Ryku vio la blanca silueta de un Alakazam, el tipo de Enlace que le habían dicho que tenía Sabrina. Su cuerpo se hizo ligeramente más pequeño, de su cabeza brotaron un par cuernos y dos bigotes. Finalmente, al desaparecer el brillo, Sabrina mostró por completo su cuerpo amarillo protegido por una especie de armadura marrón y sus manos sosteniendo dos cucharas que había hecho aparecer después de la nada tras la transformación. A pesar de ser una criatura de aspecto frágil, Ryku podía percibir el inmenso poder que ocultaba.
La pantalla se encendió nada más ambas trasformaciones concluyeron. Tardó unos segundos en recoger los datos de ambos contendientes y creó las respectivas barras de vida.
—¿Algo más que decir antes de comenzar? —preguntó Sabrina. Ryku se quedó atónito ante la masculina voz de Sabrina. Lo había escuchado en Cetile, pero creía que su Enlace agravaba su voz al ver cómo era físicamente un Venusaur. Bill debía mejorar la tecnología Enlace para que distinguiera los géneros.
—No. —En realidad, Ryku quería saber la cantidad de veces que podía desafiarla en un día, pero seguramente, como había estado teniendo en los últimos combates de Gimnasio desde Misty, sería de una vez al día.
—Muy bien. Veamos que te han enseñado Koichi y sus alumnos.
Ryku volvió a sentirse incómodo con aquella adivinación. ¿Acaso Sabrina se había tomado la molestia de espiarlo con sus poderes desde que llegó a ciudad Azafrán? Se estaba hartando un poco de eso.
La pantalla emitió los sonidos de cuenta atrás y tanto Ryku como Sabrina se prepararon. Escucharon tres pitidos cortos y uno largo. Este último fue la señal del inicio del combate.
Ryku empezó su ofensiva con su más clásico ataque. Koichi y sus alumnos le habían informado de que los ataques a distancia eran a lo que Sabrina más resistía, a lo que más podía esquivar mediante sus poderes. Su lanzallamas no era más que un método de distracción para poderse acercar al Alakazam y golpearle físicamente con sus ataques cuerpo a cuerpo, su mayor punto débil. Tal y como pensó, Sabrina hizo gala de sus poderes psíquicos y manipuló las llamas a su antojo para que se disiparan mucho antes de impactar con su cuerpo. Justo como Ryku deseaba.
El ruido de las llamas esparciéndose por todo el campo de batalla fue una buena forma de ocultar el movimiento de Ryku hacia Sabrina. El Charizard batió las alas y voló raudo hacia el Alakazam. Por desgracia, Sabrina consiguió exterminar las llamas antes de que Ryku llegase a su destino y lo detuvo con un simple destello de sus ojos.
Ryku se detuvo en seco en pleno aire, a escasos metros de Sabrina. Su cuerpo estaba rodeado por la misma aura que había empezado Sabrina para esquivar el fuego. Ryku intentó zafarse de sus restricciones, pero no podía hacer mucho cuando estas no eran físicas. En estos momentos, estaba a merced de Sabrina, la cual lo miraba con unos ojos brillantes y lilas. Sin embargo, el Charizard no se rindió al contraataque del Alakazam. Comprobó si era capaz de ejercitar el hocico y se alegró de que así fuera. Sin pensárselo dos veces, escupió un lanzallamas directo al Alakazam.
Sabrina debía liberar a Ryku si no quería terminar chamuscada por las llamas que, al haber sido disparadas tan cerca, no disponía de mucho tiempo de reacción. Empujó con sus poderes a Ryku y los centró en desperdigar el torrente de nuevo. Esta vez no tuvo posibilidad alguna de evitar el plan principal de Ryku y, a pesar de haber sido alejado, el joven se acercó igual de veloz que antes y logró asestar el certero golpe que intentaba realizar desde el principio. Su Megapuño dio directamente en el pecho de Sabrina, la cual retrocedió a causa del impacto. Las llamas no se apagaron en su totalidad y acabaron quemándole los hombros y los bigotes.
Ryku lanzó un rápido vistazo a la pantalla y vio la barra de vida de Sabrina descender un poco más de la mitad del total de su vida. Precisamente como le había informado el maestro Koichi. Sabrina no poseía fuertes defensas físicas y los ataques de ese tipo le eran considerablemente dañinos. Más cuando sus movimientos no eran de un tipo al que ella podía resistir naturalmente. Si conseguía acercarse una vez más, con suerte podría sentenciar el combate. No obstante, Ryku se puso nervioso cuando la barra de vida de Sabrina, que estaba de color amarillo, regresaba a su tono verde y recuperaba casi toda la vida perdida en su ataque. Ryku quiso saber cómo Sabrina se estaba curando en medio de un combate sin emplear movimientos que drenasen la vida del oponente. El Alakazam estaba atrayendo una especie de estrellas o bolas verdes hacia su cuerpo que sanaban rápidamente las quemaduras de su lanzallamas y los moratones del Megapuño. Cuando terminó, había recobrado prácticamente toda la salud perdida dejando una fina línea negra como única muestra de haber sufrido un ataque.
Nada más terminado el movimiento de curación, Sabrina aprovechó el segundo de sorpresa por parte de Ryku y volvió a envolverlo en el aura violeta de su ataque psíquico. Ahora Ryku no podía usar su lanzallamas debido a la distancia que había creado Sabrina anteriormente, incluso aplicó un poco más de energía por seguridad para que fuese incapaz de abrir la boca otra vez. Ryku se elevó en el aire lentamente como si estuviera siendo empujado por un enorme globo de helio. Subió hasta que su cuerpo se halló a escasos centímetros del techo de la sala, a más de diez metros de altura. Ryku supuso lo que iba a ocurrir a continuación y tensó los músculos con la finalidad de resistir el inminente choque contra el suelo. Sabrina lo dejó suspendido unos segundos en el aire y luego, con un movimiento de sus cucharas, Ryku cayó a una velocidad impresionantemente alta para la poca distancia que lo separaba del suelo y chocó con este con una fuerza brutal. La arena se levantó provocando que resultara imposible comprobar el estado del Charizard tras la caída. Tampoco es que le importase a Sabrina; el temblor que hubo y el sonido de la barra de vida de Ryku descendiendo bastaron para saber que había perdido mucha vida.
Gracias al tiempo que tuvo con tal de prepararse para el golpe contra el suelo, Ryku pudo reincorporarse al combate medianamente rápido. Aún le dolían los músculos por culpa de la caída, por lo que su velocidad estaba considerablemente reducida temporalmente. Procuró relajar el cuerpo con tal de no sufrir calambres o alguna que otra parálisis involuntaria y poder realizar maniobras evasivas. Sin embargo, Ryku no tenía idea de lo momentáneo que alcanzaban a ser los ataques de Sabrina.
El Alakazam no tardó mucho en realizar su siguiente ataque. Cruzó las cucharas y estas brillaron con una tonalidad multicolor que pasaba del verde al azul y de este al morado. Luego se formó una pequeña esfera no mucho más grande que la cruz formada por los utensilios de cocina y de esta se disparó un rayo de los mismos colores brillantes que viajó a gran velocidad hacia Ryku. Por suerte para el chico, sus reflejos le ayudaron mucho en ese momento de extrema necesidad y logró contrarrestar aquel rayo psíquico con su lanzallamas. Al principio, Ryku no creyó que el fuego fuera capaz de impedir la trayectoria del rayo, pero para su sorpresa, lo consiguió. Se alegró de haber descubierto que uno de sus ataques podía bloquear algún poder psíquico de Sabrina.
Sabrina no detuvo su ofensiva ahí y preparó y lanzó su siguiente ataque. Curiosamente, no se trató de algún movimiento dañino como repetir aquel rayo o volver a inmovilizarlo con el aura que lo había elevado y estampado contra el suelo. Uno de sus ojos brilló de la misma forma cuando ella desvió el fuego o lo suspendió en el aire, pero más en una tonalidad azul que lila. Luego ese brillo explotó en forma de estrella de cuatro puntas y se terminó. No hubo nada que significara un golpe atrasado, ni siquiera que fuera dañino. Fue tan solo uno destello.
El simple hecho de no tener idea alguna sobre los efectos de aquel brillo puso nervioso a Ryku. No había duda de que el movimiento había tenido algún efecto sobre él o el entorno que le fuera beneficioso a Sabrina. ¿Por qué sino se hubiera molestado en lanzarlo o tenerlo en su set de movimientos? Ryku no podía arriesgarse, no después de aquel otro supuesto ataque que regeneró la salud de Sabrina casi por completo.
Escasos segundos después, el Alakazam volvió a cruzar las cucharas de la misma manera con la que había invocado el rayo. Ryku se extrañó de que se atreviera a disparar tan seguido el mismo ataque que había fallado hace poco tiempo. Había un truco, estaba seguro de ello. ¿Ese destello azul de antes ahora le permitiría acertarle independientemente de los obstáculos que le metiera? ¿Acaso era eso posible? Claro que lo era, se respondió Ryku. Estaba en un combate donde fuerzas invisibles podían lanzarlo por aires y manipular su cuerpo a placer y todo salía de simples destellos de colores. Pero ¿qué había hecho exactamente el destello azul? ¿Cómo podía contrarrestarlo? Ryku no tuvo mucho tiempo de encontrar una solución cuando Sabrina ya tenía el rayo cargado y estaba a punto de dispararlo. A Ryku no se le ocurrió otra idea que repetir la misma situación.
No terminó igual.
Cuando Ryku quiso escupir su torrente de fuego, este parecía toparse con algo en su trayecto que bloqueó por completo el viaje de las llamas por su cuello hasta salir de su cuerpo por la boca. Las flamas se consumían dentro del cuerpo del Charizard y Ryku tuvo suerte de que el Pokémon fuera resistente a su propias llamas. De lo contrario hubiera sufrido severas quemaduras internas. Lo máximo que alcanzó a sacar por el hocico fueron unas muy finas líneas de humo que desaparecían apenas abandonaban los colmillos de Ryku. Incapaz de hacer brotar algo más que humo, Ryku no pudo contraatacar y, por culpa de la sorpresa de no poder escupir fuego, no pudo reaccionar a tiempo y recibió un impacto directo del rayo psíquico. Ryku retrocedió unos cuantos metros e intentó mantener el equilibrio, lo cual no fue muy complicado.
Ryku se llevó una mano al pecho, donde más fuerte había recibido el rayo psíquico. Curiosamente, no se sentía tan dolorido por el rayo como se imaginaba. Un veloz vistazo a su barra de vida le confirmó que apenas había descendido. Si el anterior ataque psíquico había sido tan dañino que se la había dejado en amarillo, el rayo no había conseguido que se acercara ni al límite de cambio de color de amarillo a rojo. Un ataque psíquico que no era poderoso. Ryku debía aprovecharse de esa pequeña debilidad en los movimientos de Sabrina. Aun así, si no se acercaba a ella, le bastaba ese simple ataque para derrotarlo. Debía aproximarse a Sabrina, costase lo que le costase.
Sabrina ya se dispuso a disparar un nuevo rayo psíquico cuando Ryku todavía necesitaba unos segundos más para recobrar las fuerzas. El Charizard se forzó a acelerar la recuperación y logró su objetivo en el preciso instante en el que Sabrina emitió el rayo hacia él. Ryku batió las alas y de un salto se apartó de la trayectoria del rayo. Luego volvió a batir las alas y se impulsó en dirección al Alakazam mientras cargaba en su puño la energía de su movimiento Megapuño. Con esa acción se arriesgaba mucho, pero sin su lanzallamas disponible, el resultado sería el mismo independientemente de si atacaba con los movimientos Cuchillada o Ataque Ala. Era todo o nada.
Sabrina vio al Charizard acercársele a gran velocidad, dispuesto a golpear con su brillante puño de nuevo en su pecho. Pensó en la forma más sencilla de deshacerse de él ahora que había descubierto que no tenía más movimientos a distancia que la distrajeran del uso de sus poderes psíquicos. Solo tenía que detenerlo igual que la primera vez y sentenciaría el combate tras aplastarlo contra el suelo una vez más. Sus ojos se iluminaron con una tonalidad lila y del cuerpo de Ryku apareció un aura del mismo color que lo empezó a detener lentamente como si hubiera entrado en una zona donde el tiempo transcurría más lentamente. Sabrina quería dar a su rival la, aunque inexistente, oportunidad de asestarle un segundo golpe antes de quitarle todas las esperanzas de victoria. Pero Sabrina comenzó a sentirse rara contra más mantenía ralentizado a Ryku. Su visión se tornó borrosa unos segundos y, cuando recuperó la nitidez, habían cambiado ciertas cosas del entorno.
Ryku estaba en llamas. Literalmente, el aura lila que había creado para manipular su cuerpo se había convertido en un fuego salvaje dando la sensación al Charizard de haberse transformado en un meteorito a punto de impactar en Sabrina. Pero en pocos segundos, esa aura ardiente cambió de forma y se colocó en la parte trasera del cuello del Charizard, otorgándole una brillante melena hecha de llamas. Sabrina contempló ese extraño aspecto de su enemigo y se percató de que a su alrededor ocurrían más cosas. Un torrente de agua, cortes en el aire rocas y rayos de luz destrozaban un entorno helado. Sabrina miró a su lado y vio a dos Pokémon de siluetas borrosas siendo los que disparaban aquellos ataques. La fuerza de los movimientos producía temblores que desmoronaban el techo sobre ella y las siluetas. Antes de que los ataques de las siluetas dieran con aquel extraño Charizard de melena de fuego, unas garras psíquicas rodearon al Pokémon alado y explotó en un brillo que devolvió a Sabrina de vuelta a la realidad. Por un ínfima instante no sabía que había ocurrido hasta que su mente volvió a procesar con su habitual precisión lo que sus ojos observaban. Se enfadó consigo misma por haber caído en una trampa que nunca lograba anticiparse, pero mantuvo la serenidad y dejó en segundo plano lo ocurrido para centrarse únicamente en el combate que estaba librando. Ya trataría de entender lo que acababa de suceder.
Aquel pequeño instante en el que la mujer se había distraído con la misteriosa visión bastó para que bajara la guardia y permitiera a Ryku recuperar la velocidad con la que estaba arremetiendo contra ella y situarse a escasos centímetros de Sabrina. Trató de defenderse, pero el joven actuó con rapidez y asestó un segundo Megapuño en su pecho. El dolor en el pecho debido al golpe desmoronó cualquier método de protección que pudiera utilizar y acabó volando por los aires por la increíble fuerza del puñetazo de Ryku.
Ryku no detuvo su ofensiva ahí. Sabrina lo había estado atacando constantemente y él apenas había tenido oportunidad de utilizar su set de movimientos. Ahora era su turno de atacarla diversas veces y, por desgracia para ella, Ryku solo poseía movimientos de daño. Encadenó su Megapuño con un Ataque Ala para, además de causarle más daño, evitar que los posibles destrozos que se fueran a producir llegaran a otras áreas de la sala más allá de la arena. Una vez puesta en la nueva orientación, Ryku hizo brillar las garras, alargándolas unos centímetros a la vez que se llenaban de energía y acuchilló a Sabrina varias veces. Finalmente, sentenció su ofensiva azotándola con la llama de la cola y derribándola definitivamente. El Alakazam no se había movido desde el Megapuño.
Ryku permaneció unos segundos recuperando el aliento por tan impetuosa agresión y cerca de Sabrina por si debía realizar algún golpe de gracia para obtener la victoria de una vez por todas. Un pitido llamó la atención del Charizard y este miró a la pantalla la cual mostró su imagen con el título de vencedor. Entonces el cuerpo de Sabrina se puso a brillar como si estuviera evolucionando. Ryku estaba demasiado cerca de ella y debía alejarse si no quería que la Prioridad Humana le hiciera daño sin querer. Se apartó de un salto y esperó a que la mujer adoptara su forma original, se levantara y se sacudiera el polvo de la arena. Mientras tanto, Ryku regresó a su forma humana.
Ryku acababa de ganar su sexta medalla de Gimnasio, pero, por alguna razón, no se sintió como si la hubiera conseguido poniendo al límite sus capacidades. Era como si Sabrina tampoco hubiera utilizado el cien por cien de su poder después de lo que le contaron Koichi y sus alumnos.
Sabrina terminó de quitarse de encima los últimos granos de arena y se acercó lentamente a Ryku.
—Enhorabuena, me has ganado —le dijo sin mostrar ningún atisbo de emoción.
—¿Es eso verdad? —preguntó Ryku intentando imitar el mismo tono—. ¿En serio he ganado yo el combate o has permitido que te ganara?
—¿Permitir? No pienses que no he puesto todo mi poder en este combate, Ryku —protestó Sabrina ahora aplicando emoción a sus palabras—. En el momento que te prohibí escupir fuego, ya había ganado. Hasta logré detenerte con mi poder psíquico mientras te acercabas a mí con ese puño brillante.
—Lo sé, pero ese ataque no parecía tan fuerte como el primero que usaste contra mí; aún podía moverme. Lento, pero podía. Todavía tenía posibilidades de golpearte.
—Es cierto, pero no fue porque hubiera reducido voluntariamente el ataque, sino porque cada vez que uso ese poder psíquico, se debilita un poco. Por eso te movías despacio y te detuve en seco.
—¿Y por qué no me desviaste y me lanzaste en otra dirección? —inquirió Ryku.
—¿De qué me hubiera servido? Hubieras repetido el movimiento una y otra vez y, como ya he dicho, el poder psíquico se debilita con el uso constante. Habría llegado un punto en el que fuera incapaz de detenerte y, entonces, ni mi rayo psíquico te hubiera parado. Me habías puesto entre la espada y la pared.
—Aun así, siento como si no hubiese sido un combate justo.
Sabrina rio.
—Ha sido todo lo justo que debía ser, Ryku. ¿Qué esperabas de un combate contra una psíquica? ¿Un verdadero reto? Es verdad que somos muy poderosos, pero tenemos puntos débiles que se pueden explotar. Tú hallaste uno, seguramente por los consejos de Koichi, y actuaste para romper mis fortalezas y vencerme. No hay nada más oculto.
—Tal vez, pero…
Sabrina impidió que Ryku acabara su frase alzando una mano.
—Escucha, esta conversación está existiendo por tus expectativas. Koichi te había metido en el cuerpo más miedo que seguridad, incluso un miedo peor que el piensas que te inculcó el padre de Dylan. El maestro del Dojo Kárate no quiere admitir que el tipo lucha es débil al tipo psíquico. Da igual que crea que el tipo lucha puede conseguir la victoria en un combate contra un psíquico. Solo agonizará para llegar al inevitable destino de la derrota. Tu Enlace no es de tipo lucha, entonces ¿por qué te imaginabas un combate tan difícil de ganar?
Ryku no había caído en la cuenta de ello hasta que Sabrina lo explicó. Desde la charla con el padre de Dylan, no había parado de dudar sobre si ganaría el combate o no. Incluso había desarrollado dudas de poder continuar con sus objetivos de no poder cumplirlos. No había sido hasta ahora que todo resultaba una tontería. Su mayor reto en un combate era el tipo roca, o el veneno por su locura cuando quedaba envenenado; no el tipo psíquico. Seguramente hubiese ideado el plan de acercarse a Sabrina siempre que pudiera en cuanto hubiera realizado la combinación del lanzallamas y el Megapuño para distraerla y golpearla. Tal y como había planeado sobre la marcha contra el resto de los líderes de Gimnasio.
—Tienes razón. Si no hubiera acudido a Koichi y hubiera venido aquí directamente, las probabilidades de acabar en el mismo resultado hubieran sido las mismas —admitió Ryku—. He dejado que el miedo actuara por mí. He sido un tonto.
—Ojalá pudiera decirte lo contrario, pero no soy de los que niegan la obviedad —contestó Sabrina. Ryku se avergonzó y enfadó a partes iguales—. Espera aquí. Voy a por la medalla.
Sabrina abandonó la sala por una puerta oculta detrás del trono. Apenas un minuto después regresó con una mano cerrada y el brazalete original de Ryku. El joven se quitó el brazalete dorado antes de que Sabrina le entregara sus pertenencias. Primero recibió el brazalete negro, el cual se puso de inmediato. Luego, Sabrina extendió la mano y mostró una medalla tan simple como la de Brock, puede que incluso más. La medalla de Sabrina no era más que un círculo dorado y otro más pequeño para dar la sensación de relieve.
—Como líder del Gimnasio de ciudad Azafrán, yo, Sabrina, te hago entrega de la medalla Pantano como símbolo de tu victoria en este Gimnasio, así como una recompensa en Monedas de Combate. Enhorabuena.
Ryku tomó la medalla y la miró extrañado. Había algo en esta que le extrañaba.
—Oye, Sabrina —mantuvo Ryku la atención de la líder—, has dicho que el nombre de esta medalla es medalla Pantano, ¿no? —La líder asintió—. Es curioso que se llame así. Quiero decir, tu Gimnasio está más orientado a la mente y lo espiritual, y que yo sepa un pantano no tiene mucha relación con eso. De hecho, me atrevería a decir que la medalla de Koga, la medalla Alma, encajaría mucho más aquí y está en el Gimnasio del maestro ninja, ¿no crees?
Por primera vez, Ryku vio a Sabrina dudar. Se había quedado pensativa ante la revelación del joven.
—Opino lo mismo que tú —dijo tras un tiempo en silencio—. La medalla Alma debería pertenecer a mi Gimnasio y la medalla Pantano, al de mi compañero Koga. Puede que sea por Koichi, antes de que le arrebatara el puesto de líder de Gimnasio, aunque tampoco veo relación entre un pantano y el tipo lucha. Es una interesante incógnita, Ryku, pero será mejor que no intentemos resolver este misterio. Hay cosas que es mejor dejar tal y como están.
—Supongo…
Sabrina despachó a Ryku por la necesidad de descansar para su próximo combate y luchar con todas sus fuerzas. Ryku se despidió de la psíquica y abandonó la sala. Fuera esperaba la vigilante de la puerta de entrada al Gimnasio y gracias a ella Ryku pudo abandonar fácilmente el lugar. Ya de nuevo en las calles de la ciudad, Ryku no vio a Dylan ni Cetile cerca, de modo que usó el método sencillo y llamó a su amigo con el holomisor. La conversación no duró ni cinco segundos pues Dylan se limitó a decir «ahora mismo vamos» y colgó de inmediato. Un par de minutos después, el chico del pelo azul y la chica de la diadema verde se reunieron con él.
—¿Qué tal ha ido? —Fue lo primero que preguntó Dylan. Ryku no contestó con palabras y levantó la medalla Pantano—. Genial. Ya casi tienes tantas medallas como yo. Solo queda la que hay en isla Canela y me habrás alcanzado. ¿Cuándo vas a querer que nos pongamos en marcha?
—Quedémonos unos días aquí para descansar un poco de tanto viaje —propuso Ryku—. Después del combate contra Sabrina, lo necesito.
—Uh, eso suena interesante —dijo Dylan comido por la curiosidad—. Vas a tener que contarme tu versión. Y a mi padre, ya que estamos. Y con todo detalle.
Ryku se sintió exhausto solo de pensar en rememorar el reciente duelo, pero se lo había prometido al padre de Dylan y debía cumplir su palabra. Sin más que decir, el grupo se fue a casa de Dylan a preparar la larga conversación que iba a haber.
-0-
Aquella misma tarde, Sabrina ya había terminado de realizar su tanda de combates diarios y no se veía capacitada para realizar ni uno más por ese día. Aun así, había sido un día productivo para una líder de Gimnasio, pues fue desafiada por hasta quince entrenadores y entregado la medalla a casi la mitad de ellos. Se había ganado un merecido descanso y no dudó en tomarlo. Se sentó en su trono en la sala del campo de batalla y llamó a su aprendiz para que le trajera un poco de té. Dicho aprendiz, que era la mujer que vigilaba la puerta de entrada al Gimnasio, se marchó con una reverencia y regresó al cabo de veinte minutos con una bandeja con un vaso, una tetera y algunas galletas para acompañar el té. La aprendiz vertió el líquido de la tetera sobre el vaso y se lo sirvió a su maestra.
—Gracias, Phoebe —agradeció Sabrina—. Si quieres, puedes ir a casa. Ya me encargo yo del resto.
—¿Estáis segura, maestra? Puedo dejarlo todo listo mientras descansáis —objetó sutilmente Phoebe.
—Estaré bien. Tus compañeros ya se han retirado y no sería correcto que tú aún permanecieras aquí. Ya sé que eres la mejor alumna que tengo, pero ya te he dicho decenas de veces que no quiero que me hagan la pelota.
—Lo sé, maestra. Solo lo decía porque… se os ve muy cansada. Preferiría aliviarle un poco el trabajo.
—Déjalo, ya lo harás mañana. Con el día que ha habido hoy, abriremos un poco más tarde el Gimnasio. Necesitaré meditar mucho si quiero volver a estar en plena forma.
—Como gustéis, maestra. Me retiraré a mi hogar.
A veces, Sabrina no se mostraba agradable con la extrema formalidad de Phoebe. Detestaba que se le dirigieran de manera tan... medieval. Con un gesto, incitó a Phoebe que abandonara el recinto y ella, con otra reverencia, obedeció. Sabrina no se sintió tranquila hasta que se aseguró de que estaba a solas en el Gimnasio, aunque eso nunca era del todo correcto.
Sabrina se reclinó en su trono, miró el techo y se quedó absorta en sus pensamientos. Todos los combates que había librado hoy no eran muy memorables y tampoco valía la pena mantener los recuerdos frescos. Sin embargo, sí hubo uno que debía conservar: el combate contra Ryku. Concretamente, la extraña visión que había tenido en pleno duelo con aquel joven.
No había duda de que se trataba de eso, aunque también podría haber sido una de las tantas alucinaciones que padecía cuando empleaba su Enlace por demasiado tiempo. Experimentar cómo aumentaban exponencialmente sus poderes psíquicos naturales debido a los que adquiría al transformarse en un Alakazam provocaba una inestabilidad que terminaba en ver cosas que no encajaban en la realidad. Y contra más usaba los poderes del Pokémon, peores eran las alucinaciones. El método que utilizaba para contrarrestar esos efectos era la meditación, aparte de no volver a transformarse en Pokémon en un tiempo y descansar su mente, si es que alguna vez podía descansar.
Sabrina sentencio definitivamente que no había sufrido una alucinación en mitad del combate. Demasiado lógico fue lo que presenció para tratarse de una. Sabrina recordó lo que había visto: las dos siluetas de Pokémon atacando a un Charizard que tenía una melena de fuego que le recorría desde la cabeza hasta la ardiente llama de la cola por la espalda que acababa siendo engullido por unas garras psíquicas y explotando en un haz de luz. Lo único raro en aquella visión era el extraño Charizard. ¿Por qué era diferente ese Pokémon? ¿Por qué había tenido la visión precisamente cuando Ryku, furioso, iba a golpearla? La mayoría de sus visiones no necesitaban la presencia de nadie para invadirle la mente. ¿Significaba eso que el joven estaría relacionado con ese extraño Charizard? Sabrina forzó su mente a entender; sus visiones siempre eran más profundas que lo que se veía. Pero, como siempre, era imposible sacar algo con sentido de una visión. Sabrina paró su intento de comprender, pero no quiso olvidar. Algo dentro de ella le alertaba de no ignorar la visión.
—Normalmente las visiones son más abstractas, pero esta… esta ha sido muy directa, como si ya me estuviera revelando un futuro que ocurrirá inevitablemente —se dijo Sabrina. Bebió un poco y se reclinó en el trono—. Pero solo estoy especulando. Si es realmente una visión del futuro y se cumple, probablemente me vea obligada a actuar; no será bueno dejarlo estar. —Cogió una galleta y le dio un pequeño mordisco—. Pero primero debería confirmar su naturaleza. Qué molesto resulta el desconcierto de las visiones cuando se mezclan tus habilidades con las de un Pokémon. No era así cómo veía la ventaja de transformarme en uno. Me obliga a… —Sabrina no terminó la frase y permaneció pensativa unos segundos antes de continuar. Suspiró—. Supongo que tendré que hacer algunas llamadas para salir de dudas. Y dependiendo de lo que descubra, puede a ellos les interese conocer lo que he visionado.
