Después del combate contra Sabrina, no había mucho más que hacer en ciudad Azafrán para un entrenador de Enlace como Ryku. El joven creía que tendría bastante que hacer en la capital de la región, pero el estricto refuerzo por dar todavía con los delincuentes del accidente ocurrido hace ya varios meses y evitar que se repitiera impedían disfrutar de los paseos por las calles de la ciudad, sobre todo cuanto más se dirigía uno hacia la zona de la explosión. Aun así, Ryku no decidió reanudar el viaje y siguió prefiriendo descansar unos días en casa de los padres de Dylan. Como mucho, el joven tuvo un tiempo, no muy agradable, de contar con todo lujo de detalle el combate realizado contra la líder del Gimnasio de ciudad Azafrán. El padre de Dylan no hacía más que emocionarse cada vez que Ryku explicaba un choque de movimientos Pokémon. Al final, Ryku se divirtió rememorando su combate Pokémon más de lo que pensaba.

Los siguientes días fueron más tranquilos. Dylan ayudó a Ryku y Cetile a tener buenos recuerdos de su estancia en ciudad Azafrán más allá de su casa. Por suerte para ellos, la zona más turística de la ciudad se hallaba en el norte de esta, lo cual se traducía en una presencia más baja de policías y un mayor disfrute de aquello que ciudad Azafrán ofrecía. Visitaron un edificio conocido como «Club de fans de entrenadores» donde se reunían gente de todas partes a hablar y admirar a aquellos entrenadores que hicieron alguna hazaña digna de recordar. Curiosamente, el club solo tenía puesto en pedestales a entrenadores del pasado, de aquellos que no usaban la tecnología Enlace. Los únicos que reconoció Ryku fueron a Bruno y Lance, del Alto Mando. Al resto no le dio mucha importancia. Después del club, visitaron algunas tiendas para reabastecer sus provisiones de cara a cuando se fueran y algunos parques para que Cetile se sintiera más a gusto que verse rodeada de rascacielos. La joven agradeció ese detalle. Finalmente, hicieron una pequeña parada en la estación del Magnetotrén, un transporte que conectaría con Johto en cuanto finalizaran las obras que ya duraban varios años.

Un día, Ryku y Dylan vieron en televisión un anuncio de Silph S.A que recordaba que continuaban la búsqueda de entrenadores de Enlace para realizar unas pruebas con el último de sus inventos diseñado para todos los entrenadores de Enlace. Necesitaban realizar las pruebas antes de que el producto fuera viable y se pudiera en las tiendas. Ryku y Dylan intercambiaron una mirada. Por fin había algo realmente interesante para ellos y aseguraron a Bill, quien era el desarrollador principal de aquel invento, que le ayudarían si coincidían cuando iniciaran las pruebas. Incluso Cetile se apuntó a ello. Hasta alguien no muy interesado en usar su Enlace más que para defensa personal le llamaba la atención. O tal vez la chica no tenía más árboles que añadir a su colección de fotografías.

El edificio de Silph S.A no era nada difícil de localizar. Ningún rascacielos igualaba en estética al edificio de aquella empresa gracias a las amplias ventanas que daban la sensación de que el propio edificio se hubiera construido con cristal en vez de cemento. Y sus dimensiones destacaban muy por encima de todos los que le rodeaban, convirtiéndose en la construcción de más de cinco plantas de la zona. Ryku y compañía entraron en el edificio y se toparon con un lujo propio de un hotel de cinco estrellas.

Solamente la recepción de la empresa era más ostentosa que la propia decoración del Gimnasio de Sabrina. «Y yo pensando que no se podía ser más extravagante», pensó Ryku. Había una gigantesca fuente que expulsaba dos chorros de agua similar a cuando Dylan usaba sus ataques de agua siendo un Blastoise en el centro de la amplia sala, una sección con cómodos sofás y sillones donde esperar a que te atendieran, macetas con distintas plantas, cuadros que, al menos, no tenían pinta de ser muy caros, un par de puertas de ascensor y unas escaleras al otro extremo de la sala.

—Cualquiera diría que aquí se fabrican los inventos para entrenadores como Pokéball y demás —dijo Ryku.

—¿No es demasiado lujo? —preguntó Cetile sin apartar la vista de la fuente.

—Tratándose de la empresa más rica de la región, ni me sorprende —respondió Dylan—. Puede que esto sea hasta lo más austero a lo que pueden llegar con lo que deben ganar.

—Si es lo más austero… ¿Cómo sería lo más ostentoso que podrían poner?

—No lo quiero ni pensar. Y tampoco hay que darle importancia. Hemos venido por otro asunto.

Ryku, Dylan y Cetile se pararon frente a un mostrador que se extendía casi una decena de metros en todas direcciones. Tras este, había muchos trabajadores tecleando en ordenadores tras unas paredes de cristal y unas cuantas mujeres que atendían a aquellos que se acercaban al mostrador. La mujer que acudió a ayudar al grupo de jóvenes tenía el pelo largo y recogido en una coleta, vestía un uniforme de la empresa con una placa que la identificaba bajo el nombre de Susan. La mujer dedicó una sonrisa a los chicos acompañado de unos preciosos ojos azules.

—Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudaros? —preguntó educadamente.

—Hemos venido por el anuncio sobre que se necesitan participantes para probar el nuevo invento de la empresa para los entrenadores de Enlace —informó Dylan—. ¿Llegamos tarde o podemos participar?

—Podéis participar —respondió Susan—. Habéis llegado con tiempo de sobras.

—Genial. ¿Hay algo especial que debamos hacer o…?

—De eso lamento comunicaros que no me encargo yo —se disculpó Susan—. Mi trabajo es indicar el camino a los voluntarios hasta la planta donde se realizarán las pruebas. El grupo que se ocupa de eso os hablará en más detalle sobre lo que sucederá.

—Muy bien. ¿Dónde debemos ir?

—Simplemente coged el ascensor o las escaleras y subid hasta el quinto piso. Allí habrá un guarda que os conducirá a la sala de espera junto al resto de voluntarios si le enseñáis esto.

Susan sacó de debajo del mostrador tres tarjetas sujetadas por una cinta roja. En las tarjetas se podía leer «voluntario de las pruebas del invento R-1». Ryku y compañía cogió las tarjeas y se las pusieron alrededor del cuello. Una vez obtenidos todos los detalles que podía ofrecer Susan, se despidieron de la recepcionista y se dirigieron al ascensor.

Subir hasta el quinto piso fue más lento de lo que Ryku, Dylan y Cetile pensaban. La velocidad del ascensor era curiosamente lenta y parecía que tardara un minuto solo para pasar de un piso a otro, aunque en realidad no se tardaba más de diez segundos. Finalmente, el ascensor llegó a su destino y el grupo entró en el piso. Había tres direcciones a tomar, aunque la más lógica era aquella donde estuviera el guarda de seguridad. Este esperaba muy cerca de la puerta del ascensor con tal de evitar que personas ajenas a la empresa se dieran paseos por las instalaciones cuando no era un día de visita. Ryku y compañía enseñaron los pases que les dio Susan y el guarda, asintiendo con la cabeza, hizo un gesto de que le acompañaran. Condujo al grupo por los pasillos hasta llegar a una sala de espera donde había un puñado de entrenadores aguardando al inicio de las pruebas.

—No os mováis de aquí —advirtió el guarda—. Pronto vendrá quienes gestionan las pruebas.

Dicho esto, se marchó y dejó a los jóvenes en la sala. Los tres se sentaron en las sillas más ajenas al resto de entrenadores y se quedaron observando a los demás mientras el tiempo iba pasando. Había unos diez entrenadores con ellos incluidos. Pocos según Ryku y Dylan y bastantes según Cetile. Media hora más tarde llegaron nuevos voluntarios, aumentando el número a catorce miembros. Y diez minutos después, aparecieron al fin los que debían ser los que controlarían el progreso de las pruebas.

La mayoría del pequeño grupo estaba compuesto por científicos que vestían las típicas batas de laboratorio y sujetaban carpetas entre sus manos. Ninguno de ellos tenía las pintas de tratarse de personas amables solo por las ropas que llevaban. Sin embargo, había una cara conocida en todo el grupo: la de Bill. El inventor no había cambiado sus ropajes en comparación a cuando Ryku y Dylan le salvaron de quedarse atrapado en el cuerpo de un Clefairy. Su aspecto joven y simpático contrastaba drásticamente con el de sus compañeros científicos.

—¡Hola! —saludó a todos los voluntarios con una amplia sonrisa—. Agradezco enormemente que hayáis aceptado la invitación a las pruebas de lo que supondrá el mayor avance en los objetos que un entrenador de Enlace puede utilizar desde las Máquinas Técnicas. Mi nombre es Bill, y soy el desarrollador principal del invento R-1, mejor conocido como reiniciadores, nombre por el que reconocerá el producto una vez lo saquemos al mercado. Supongo que me conoceréis por ser también el creador de la tecnología Enlace que todos utilizáis y que tanto ha cambiado el mundo. —Hizo una pausa para ver cuántas caras hacían un gesto de conocerlo—. Pues bien, como ya habéis esperado demasiado tiempo, vamos a ir directamente a lo que importa.

Bill meneó la cabeza señalando a uno de sus compañeros científicos y tanto él como el otro que lo acompañaba se pusieron a entregar papeles a todos y cada uno de los entrenadores.

—¿Qué es esto? —preguntó uno de ellos.

—Estos papeles solamente sirven para que se os tenga en cuenta como participantes en el desarrollo de los reiniciadores y teneros en consideración para otras posibles pruebas relacionadas con el invento —explicó Bill.

—¿Es obligatorio firmar? No creo que vaya a participar en otras pruebas porque dudo que tenga tiempo libre.

—No hay problema —dijo Bill despreocupado—. Pero sí es obligatorio que firméis puesto que ese no es el único punto que se trata en el informe.

—Aquí dice vais a necesitar todos los datos de nuestros brazaletes, incluidos los personales como los de nuestra agenda de contactos y nuestra cartera virtual —se adelantó una entrenadora—. Eso no suena nada bien.

—Os garantizo que se requieren esos datos por simples medidas de seguridad. No los utilizaremos para nada más —la tranquilizó Bill—. Los reiniciadores afectan directamente al hardware del brazalete Enlace y, como todavía estamos perfeccionando su funcionamiento, existen probabilidades de que vuestros brazaletes acaben completamente inservibles durante las pruebas. Debido a esto, me he asegurado personalmente de que ninguno de vosotros abandone el edificio sin un brazalete con todos los datos con los que entrasteis. Entended que no puedo hacer eso sin poseer copias de seguridad de toda la información que contienen los que portáis ahora mismo.

La entrenadora se mostró reacia a entregar sus datos, pero la persuasión de Bill fue suficiente para que aceptar aquellas condiciones y firmara el papel. Al final, los catorce entrenadores firmaron los papeles y Bill mandó entregar otros papeles en los cuales deberían rellenar con tal de identificar posteriormente los datos almacenados y no confundirlos con los de otro entrenador. A continuación, Bill recomendó extraer todos los módulos no esenciales del brazalete Enlace y que no cubría el seguro de Bill, como era el caso del módulo Pokédex de Ryku o el módulo Repelente de Dylan, y dárselos a una científica la cual se ocuparía de ponerlos a buen recaudo hasta que finalizaran las pruebas. Después de tenerlo todo preparado, Bill guio al grupo de entrenadores por la planta hasta la sala de las pruebas.

Ryku se asombró ante la cantidad de aparatos tecnológicos que había en aquella sala. Había un montón de servidores, ordenadores, brazos robóticos y extraños aparatos parecidos a las típicas armas que salían en las películas de ciencia ficción y que un villano usaba en el interior de pequeñas habitaciones más largas que anchas. Desde luego, entrar en el edificio de Silph S.A era como viajar entre mundos por la extrema diferencia entre sus salas y pisos.

Bill empezó a dar órdenes a los científicos y cada uno se fue a su puesto de trabajo. Unos se fueron a los ordenadores para recolectar toda la información de las pruebas; otros monitorizaban el tráfico de los servidores; y otros se ponían a probar las supuestas armas antes de un uso real. Estas armas disparaban rayos de energía idénticas al movimiento Hiperrayo.

—No os preocupéis por el rayo del arma ni por el aparato en sí —intentó calmar la tensión entre los entrenadores—. La programación que tiene impide que se pueda disparar a cualquier humano que no tenga un Enlace activado. Se auto boicotea si se insiste demasiado en atacar a objetivos no aceptados.

—¿Nos vais a disparar el rayo para inducir el Enlace al modo reinicio? —preguntó un entrenador.

—En esa otra sala se puede hacer con el método tradicional si realmente nadie quiere ir por el método del arma. —Todos los entrenadores eligieron esa forma de activar la Prioridad Humana de su Enlaces. Sin duda era mejor que ser disparado por un rayo de energía—. Comprendo perfectamente vuestro miedo, pero me temo que alguno tendrá que afrontar el rayo por obvias razones.

Ryku entendió esa obviedad que pretendía despertar en los entrenadores. Como nadie caía en la cuenta de ello, lo aclaró para todos.

—Si todos vamos por el método tradicional, llegará un punto en el que un entrenador no tenga alternativa de ser derrotado si los demás ya han sido vencidos.

—Muy bien dicho, Ryku —felicitó Bill—. Es más, los reiniciadores no se usarán nada más la Prioridad Humana entre en funcionamiento y lo aplicaremos en diferentes intervalos de tiempo de la hora en el que el modo reinicio está activo. Así que pensad en quien será el afortunado o la afortunada de caer por el rayo.

Los entrenadores intercambiaron miradas preocupados. Ninguno de ellos quería ser alcanzado por el rayo de esa arma, pero como había dicho Ryku, al final quedaría uno de ellos y debería colocarse frente al arma. Sin pensárselo mucho, los entrenadores se pusieron a idear planes para que ninguno de ellos tuviera que sufrir ese destino. Ryku, Dylan y Cetile no lo tuvieron muy complicado; sus Enlaces se podían eliminar mutuamente. Solamente faltaba que pudieran sincronizar los golpes de gracia para ser derrotados a la vez. El resto de los entrenadores fueron afortunados de que uno de ellos tuviera un Enlace de tipo veneno y un movimiento capaz de envenenar. Obviamente, Ryku no tomó esa opción como una alternativa.

Durante la siguiente hora, los entrenadores se fueron turnando para aplicarse el estado de veneno de un entrenador con el Enlace de un Beedrill y, una vez todos fueron envenenados. Solo tenían que esperar a que el veneno activara las Prioridades Humanas de cada uno. Cetile hubiera visto bien envenenarse, pero como su tipo secundario era precisamente el veneno, la hacía inmune a ese estado. Ryku se encargó de llevar su Enlace al modo reinicio de un par de lanzallamas y luego él recibía el impacto de los cañones de agua de Dylan hasta devolverlo a su forma humana. El trío había intentado sincronizar los movimientos, pero al ser de diferentes velocidades, Cetile no fue capaz de usar sus poderes de Venusaur antes de que fuera envuelta por las llamas del Charizard. Dylan no tuvo más remedio que unirse al grupo de envenenados. Finalmente, el Beedrill era el único que todavía estaba con el Enlace sano y activo y, quien se encargó de acabar con él fue una entrenadora con el Enlace de una Ninetales. Sus llamas no tardaron en desactivar su Enlace.

—Mira que preferir una desactivación lenta y dolorosa a una que sería instantánea… —opinó Bill.

—Si esa forma de desactivación no incluyera un disparo de una máquina de rayos de energía, Bill, hubiéramos accedido gratamente —replicó Ryku. Los demás entrenadores corroboraron las palabras del joven con unos débiles sonidos mientras el veneno les hacía daño cada poco tiempo.

—Lo siento. Creí que, como ya estáis acostumbrados a recibir potentes golpes de movimientos Pokémon, esto no será nada en comparación —se disculpó Bill—. Lo tendré en cuenta para futuras pruebas.

Al cabo de cinco minutos, los entrenadores fueron entrando en la Prioridad Humana y desactivando sus Enlaces. Cuando cayó el primero, el resto le siguió en el tiempo que tardó el Beedrill en envenenarlos. Finalmente, todos los entrenadores regresaron a su forma humana y los módulos Enlaces de cada uno enseñaba la pantalla de obligar a esperar a que el reinicio finalizara.

—Muy bien —dijo Bill chocando las palmas. Se había aburrido de tanto esperar—. Ahora procederemos a emplear los reiniciadores con cada uno de vosotros con una diferencia de tiempo del modo reinicio de cinco minutos. Ryku será el primero en usar uno ya que ha sido el primero en desactivar su Enlace.

Bill dio una señal a uno de los científicos y este se acercó con una bandeja metálica donde descansaban unos objetos idénticos a las Máquinas Técnicas, a excepción de que aquellos discos estaban cubiertos por una carcasa de plástico negro. Cuando Bill entregó uno de esos discos a Ryku, el joven observó en detalle el objeto en cuestión. Si no fuera por la carcasa, el disco se podría confundir con el de uno que contenía un movimiento de tipo eléctrico por aquella superficie dorada.

—Introduce el reiniciador como si fueras a registrar un nuevo movimiento en el módulo Enlace —explicó Bill.

Ryku asintió y metió el disco como si de una Máquina Técnica se tratara en el módulo Lector de MT. Hizo un poco de presión y el lector engulló el disco con normalidad. Durante unos segundos, no ocurrió nada interesante, hasta que Ryku sintió una chispa eléctrica saliendo del lector y, acto seguido, la apantalla del brazalete se apagó como si se hubiera fundido la batería. El joven se llevó un susto enrome al comprobar que no había forma alguna de volver a encender el brazalete y ya pensaba que tendría que recurrir al que Bill había comentado que entregaría si sucedía algo así. Sin embargo, al cabo de diez segundos, el lector expulsó el reiniciador, dejándolo listo para una extracción total por parte del usuario, y la pantalla del brazalete volvió a dar signos de vida.

—¿Y bien? Prueba si puedes volver a transformarte —preguntó Bill.

Antes de eso, Ryku sacó la carcasa y se dio cuenta de que el disco dorado había desaparecido, quedando únicamente la negra protección en su mano. Dejó la carcasa en la bandeja de metal, se apartó un poco y vio si podía activar su Enlace. Cuando vio que la pantalla del modo reinicio ya no estaba, alegremente pulsó el botón de activación y empezó a convertirse en Charizard. Una vez terminada la transformación, Ryku se sentía listo para combatir.

—¿Puedes usar tus habilidades Pokémon? —inquirió Bill. Ryku asintió; no notaba nada atascando su garganta y bloqueando que sus llamas salieran—. Demuéstranoslo. Entra en esa sala y realiza varios movimientos.

Ryku obedeció y entró en una habitación de dimensiones iguales a las que guardaba el arma de rayos de energía. En cuanto se cerró y selló la puerta tras de sí, esperó a que Bill le diera la señal de atacar libremente y se puso a escupir fuego sin contenerse, a lanzar puñetazos al aire cargados con la energía del movimiento Megapuño que provocan pequeñas ondas de choque que rebotaban en los gruesos cristales, cuchilladas y ataques alas. También disparó unas pocas ascuas para asegurarse de que sus movimientos de reserva también funcionaban. Cuando acabó de realizar el espectáculo, Ryku vio a Bill conversando con un científico y este tomando apuntes de todo lo que le decía para posteriormente pasarlo al ordenador. Luego el inventor pidió a Ryku que saliera de la sala y mantuviera el Enlace activo por si el reinicio era temporal y se desactivaría inesperadamente durante un combate. Ryku asintió y se hizo a un lado donde la llama de la cola pudiera causar algún destrozo no deseado.

En la siguiente hora, y cada cinco minutos, Bill llamaba a otro entrenador y le entregaba el reiniciador para que lo probara. Este realizaba los mismos pasos que había tomado Ryku y probaba sus habilidades Pokémon en la sala aislada. Todo parecía ir bien, hasta que uno de los brazaletes emitió un claro sonido de error crítico. Bill atendió de inmediato a la entrenadora que estaba sufriendo ese problema y buscó el punto donde surgía, aunque antes comprobaba que la mujer no había salido herida por la descarga eléctrica que había soltado el brazalete. La mujer no dio signos de quemaduras y confirmó que estaba bien. Igualmente, Bill mandó a que alguien le hiciera un rápido chequeo por mera seguridad de empresa. Luego examinó el brazalete junto a otro científico y trataron de identificar lo que causó el error crítico.

—Los circuitos internos están chamuscados, la carcasa del reiniciador medio fundida y las placas de inyección de ADN inservibles… —enumeró Bill todos los fallos que habían surgido. Se restregó el mentón intentando darse cuenta de lo que ocurría—. ¿Es posible que…? Perdona —llamó a la propietaria del brazalete—. ¿Cuál era tu nombre?

—Valerie —respondió ella.

—Valerie, Valerie… busca sus datos —ordenó al científico.

El hombre de la bata rebuscó tanto en el servidor como en los papeles recién adquiridos con la información básica de los entrenadores que estaban haciendo las pruebas y se quedó con aquel que tenía el nombre de Valerie. Se lo pasó a Bill y este examinó el papel palabra por palabra por si otorgaba alguna pista. Resultó que más que una pista, dio la solución al problema.

—Aquí está el fallo —dijo Bill tocando con el dedo la sección del papel que revelaba la respuesta—. Valerie, tú usas el Enlace de un Raichu, ¿no? —La mujer asintió—. Genial, entonces esto significa que no hemos solventado los problemas de reinicio con los Enlaces de tipo eléctrico. Agh, creía que ya los habíamos eliminado.

—¿Qué va a ocurrir con mi brazalete? —preguntó Valerie.

—Tranquila. Cómo ya he dicho, no abandonaréis el edificio sin un brazalete Enlace configurado tal y como lo trajisteis. Desgraciadamente, el tuyo ha sufrido una sobrecarga con el reiniciador y ha quedado totalmente inutilizable y habrá que recurrir a dicha acción. Suerte que realizamos la copia de seguridad con anterioridad, ¿eh?

Valerie no sabía exactamente si sentirse aliviada o molesta. Sus sentimientos alternaban ambas emociones a una velocidad tan alta que no se detectaba ninguna en el rostro de la mujer.

Había un par de entrenadores más que tenían Enlaces de tipo eléctrico y estos podían elegir entre probar si el fallo se centraba en los Enlaces de una especie concreta de Pokémon eléctrico o esperar a que se tomaran nuevas pruebas exclusivas en acabar con ese problema. Cómo era de esperar, ninguno de los dos entrenadores se arriesgó a perder su brazalete Enlace por mucho que hubiera copias de seguridad de toda su información guardada en los servidores.

Las pruebas continuaron con el uso de los reiniciadores en varias ocasiones con tal de comprobar cuántas veces podía soportar el módulo Enlace el reinicio del disco. A excepción de los inconvenientes con los Pokémon de tipo eléctrico, todo lo demás funcionó a la perfección y ninguno de los once entrenadores restantes tuvo dificultad alguna en reiniciar su Enlace con el disco. Bill se sintió muy aliviado de que su nuevo invento se hallara tan cerca de ser completamente útil.

Entonces, durante lo que parecía ser la fase final de las pruebas por aquel día, algo ocurrió en el edificio de Silph S.A.

Las luces se apagaron de golpe, dejándolo todo a oscuras. Los científicos se asustaron al pensar que no habían guardado los resultados actuales del proceso de los reiniciadores hasta que se acordaron de que disponían un par de minutos antes de que los ordenadores se apagaran definitivamente gracias a los SAI a los que estaban conectados. Durante unos segundos, la única luz que iluminaba la sala de pruebas eran las luces rojas de alerta y la llama de la cola del Charizard de Ryku. Bill calmó los ánimos y aseguró que la luz volvería en poco tiempo. Tal y como dijo, al cabo de cinco o diez minutos, los fluorescentes del edificio volvieron a alumbrar los pasillos y habitaciones del piso.

—¿Qué ha ocurrido? —preguntó uno de los entrenadores.

—No lo sé. Habría que asegurarse de que podemos continuar con las pruebas —dijo Bill—. Esperad aquí. Voy a ver qué ha pasado.

Antes de que Bill abandonara la sala de pruebas, Ryku y otros cuatro entrenadores que en aquellos momentos tenían sus Enlaces activados presintieron algo que no les gustó. Ryku evitó que Bill abriera la puerta y le hizo un gesto de mantenerse callado.

—Vosotros también lo habéis oído, ¿verdad? —preguntó uno de los entrenadores con el Enlace activo. El suyo pertenecía a un Golduck.

—Sí. Ha sonado como otros Enlaces activándose —añadió otro entrenador cuyo Enlace pertenecía al de un Hypno—. Voy a comprobar si hay algo raro ahí fuera.

Ryku vio como el Hypno cerraba los ojos y movía su moneda de un lado a otro. Esta emitía de vez en cuando extraños destellos de colores y se quedaba suspendida en un punto impropio de la ley de la gravedad. Cuando abrió los ojos, la moneda volvió a su color y posición naturales. El Hypno meneó la cabeza, ligeramente asustado.

—¿Qué has visto? —inquirió el Golduck.

—Hay algunas personas con Enlaces activados y otras dando órdenes sin parar. Están mandando retener a todos los de esta planta, y parece que están haciendo lo mismo con las otras.

—¿Cómo dices? —se exaltó el tercer entrenador cuyo Enlace era de un Scyther—. ¿Se están tomando rehenes? ¿Acaso se trata de un secuestro?

—Algo parecido, sí.

—¿Y qué hacemos? —inquirió el último de los cinco entrenadores con Enlace activo. El suyo era de un Flareon.

—Lo sensato sería dejar que las autoridades se encarguen de salvarnos —dijo el Golduck—. Pero más sensato es que luchemos contra ellos. Somos trece entrenadores contra ellos. Podemos ganarles.

—¿No me has entendido? Hay más secuestradores en las otras plantas —protestó el Hypno.

—¿Y? Tenemos los reiniciadores. Si caemos, usamos el disco y volvemos al combate.

—Deberíamos comunicar esto al resto.

—Yo me encargo —dijo Ryku.

El joven desactivó su Enlace e informó a todos de lo que el Hypno había visualizado con sus poderes psíquicos. Inmediatamente, los científicos se pusieron muy nerviosos, incluido Bill, aunque él se mostraba un poco menos asustado. En cambio, los entrenadores intercambiaron miradas y aceptaron al instante luchar por evitar el secuestro. Ninguno iba a tolerar que un grupo los retuviera en contra de su voluntad. Valerie fue la única que no podría ayudar porque su brazalete se había destrozado durante las pruebas.

—¿Estáis seguros de lo que hacéis? —preguntó Bill—. ¿Y si se tratan de los mismo que lograron que ciudad Azafrán se encuentre en cuarentena? ¿Y si se detonan dentro del edificio? Los destrozos serán catastróficos, y no podremos evacuar rápidamente porque estamos en la quinta planta.

—No les dejaremos explotar. Algunos de nosotros podemos anular ese movimiento —aseguró un entrenador.

A Ryku le vino de repente el recuerdo del combate contra Sabrina y se alegró bastante de que pudieran evitar explosiones de otros Pokémon. El Hypno desactivó su Enlace y aumentó la seguridad confirmando que los Enlaces que había detectado con sus poderes eran de Golbat, Persian y un Weezing. Este último sería con el que más cuidado debían tener pues era el que sabía detonarse.

—Oye, joven —llamó la atención un entrenador a Ryku—. He visto que dominas el Megapuño en tu Charizard. ¿Te importaría ser el primero en atacar?

Ryku asintió. Luego el mismo entrenador sugirió que los únicos Enlaces que se mantuvieran activos por ahora fueran el del joven, el del Hypno y el de los otros dos que aún no la habían desactivado. Si súbitamente se transformaban todos a la vez, estaría gritando su ubicación y alertando al enemigo. Los demás entrenadores asintieron, comprendiendo la explicación del otro y Ryku y el entrenador del Hypno regresaron a sus formas Pokémon. Luego el Charizard se colocó frente a la puerta con el puño listo para cargarlo y golpear al primer secuestrador que la abriese. Detrás de él se pusieron el Hypno y el Golduck, y el Flareon se escondió en una esquina con tal de lanzar un ataque sorpresa en caso de que los otros tres sucumbieran a los enemigos.

Esperaron un minuto hasta que se oyeron los pasos de una persona acompañada de sonidos de emanaciones de gas y batir de alas. Seguramente se trataban del Weezing y el Golbat. Ryku iría a por el Pokémon que expulsaba gases. Le convenía tanto por el tema de la auto detonación que podía usar como el veneno que soltaba de sus cráteres. Si acababa envenenado, sus aliados tendrían un nuevo y peligroso rival.

El pomo de la puerta empezó a temblar y los entrenadores se prepararon para el inminente asedio. Cuando giró, Ryku ya tenía el puño cargado y a punto de salir disparado en dirección a la puerta para golear al Weezing, el cual confiaba que estuviera frente a esta. La puerta se abrió ligeramente y al momento entró una niebla negra que ganó volumen terreno en pocos segundos. Los entrenadores y científicos se pusieron a toser afectados por aquel gas. Sin embargo, Ryku se mantuvo concentrado en todo momento y resistió mejor que sus compañeros debido a que reconocía ese movimiento y sabía cómo contrarrestarlo. Entrecerró los ojos y aguantó la respiración. Después, atacó con su puño cargado y golpeó la puerta con tanta fuerza que rompió las bisagras, causando que esta se abriera en el otro sentido y diera un portazo al hombre que había detrás. Ryku continuó su viaje cual meteorito y su siguiente víctima fue el Weezing, el cual recibió el puñetazo justo en el tatuaje de huesos puestos en forma de equis y se estampó contra la pared del pasillo con tanta violencia que acabó atravesando a medias la pared tras él. En ese instante de confusión por parte de los secuestradores, los cuatro entrenadores transformados salieron de la habitación y derrotaron a los que quedaban en pie. El Golduck se aseguró de que el golpeado por la puerta no se levantara y rompió su brazalete Enlace para más seguridad; el Hypno durmió al Weezing y luego lo eliminó de un solo uso de su poder psíquico; y el Flareon, junto a Ryku que ya estaba encadenando su Megapuño con un lanzallamas, abrasaron al Golbat por dos flancos. Acto seguido, los demás entrenadores entraron en escena y evitaron que aquellos que habían perdido su Enlace escaparan y pidieran refuerzos. Los inmovilizaron y los metieron en la sala de pruebas.

Como era de esperar, a pesar de impedir que los secuestradores llamaran a más aliados, no eran los únicos que se encontraban en la planta y los ruidos de puertas rompiéndose y gente penetrando en las paredes no pasaba desapercibido. Esta vez, algunos más entrenadores participaron en la reyerta mientras el resto convertía a los secuestradores en secuestrados. Cinco minutos después, el grupo de entrenadores había reunido en la sala de pruebas a más de una docena de hombres.

—Hay que asegurarse de que son los únicos en esta planta y aislar el piso para que no vengan más de ellos desde los otros —dijo un entrenador.

—Nosotros nos encargamos de ello —respondieron los entrenadores del Golduck y el Beedrill.

—Esperad, llevaos algunos reiniciadores también —agregó Bill. Se fue a un armario cerrado con llave y sacó de él un par de discos dorados para cada uno—. Id con cuidado. La cantidad de reiniciadores que hay en el armario es escasa, y si todos vosotros vais a necesitar reiniciar el Enlace, no habrá suficientes.

—Los usaremos debidamente —prometió el entrenador del Golduck.

Y ambos se marcharon por el pasillo.

Mientras tanto, los entrenadores fueron maniatando a los secuestradores con cinta adhesiva y rompiendo sus brazaletes con tal de tenerlos a su merced.

—Las bocas también. No me apetece escuchar cómo se quejan —solicitó un entrenador.

—Oye, Bill, ¿de dónde has sacado esta cinta? —inquirió Dylan.

—Siempre viene bien tener una cerca para realizar reparaciones momentáneas y no atrasar el progreso de unas pruebas —respondió el investigador—. Después ya se hacen las reparaciones debidamente.

—Ah, entiendo.

Ryku terminó de atar las manos de un secuestrador e intercambió una mirada con el rehén. Los ojos verdes trajeron vagos recuerdos a Ryku, como si ya los hubiera visto. El joven examinó en profundidad las demás facetas el hombre y cuando combinó el pelo largo y negro que tenía con esos ojos, se enfadó y le puso la cinta adhesiva en la boca con muchas ganas. El hombre se agitó, pero Ryku simplemente aplicó más cinta como si pretendiera que no estuviera muy cómodo.

—Tienes suerte de que no me guste pegar a la gente cuando está en clara desventaja —le dijo Ryku con el ceño fruncido—. Pero voy a intentar que no estés tranquilo mientras permanezcas aquí.

Ryku se retiró y llamó a Dylan. Le indicó que el hombre que acababa de maniatar era un viejo conocido de ellos. Dylan arqueó los ojos y miró al recién retenido. El joven de pelo azul requirió de menos tiempo de procesamiento para recordar al hombre e inmediatamente se le acercó y le dio un fuerte puntapié en la espinilla. El hombre emitió un grito silenciado por la cinta adhesiva.

—Si intentas hacer algo, te juro que acabarás igual que el científico al que apalizaste, ¿me has entendido? —le amenazó. El hombre le lanzó una mirada asesina a Dylan, pero eso solo consiguió que el joven tomara una nueva represalia con su otra espinilla.

—¿Qué estás haciendo, chico? —inquirió un entrenador que estaba cerca en ese momento.

—Tomarme una pequeña venganza con este tipejo. No es la primera vez que me encuentro con él y mi amigo Ryku puede corroborarlo.

—Es cierto. Ese hombre estaba con otro en el monte Moon dejando tullido a un amante de los fósiles. Combatimos contra ellos y les vencimos.

—Así que ha pasado de pegar a la gente a secuestrarla. ¿No será un sádico de esos que les encanta torturar a la gente?

—Me da igual —ignoró Dylan—. Me basta con saber que forma parte del Equipo Leyenda para ser yo quien lo torture.

—¿Equipo Leyenda? —exclamaron varios entrenadores a la vez. Luego solo uno continuó—. ¿El mismo Equipo Leyenda que hundió el famoso S.S. Anne?

—No hay otro Equipo capaz de cometer tales atrocidades, que yo sepa.

—He oído que también son los causantes de que ciudad Azafrán esté limitando tanto su acceso.

—Lo curioso es que no vayan vestidos con ese uniforme con la tan llamativa «L» amarilla en su pecho —dijo Ryku extrañado.

—Si pretendían secuestrar todo Silph, tiene sentido que hayan optado por una medida más discreta —explicó Dylan—. No mucho, porque seguramente la policía ya esté fuera intentando rescatar a los rehenes, pero es una buena táctica. Lo que no entiendo es por qué lo hacen. ¿Qué motivos los impulsa a controlar por la fuerza el edificio?

—Bill, ¿En Silph hay algo extraño que ocultéis a todo el mundo? —preguntó Ryku.

—Más allá del arma que hay aquí, no.

—No, el arma no es —rechazó Dylan—. Bill ha dicho que se auto sabotea cuando se intenta reprogramar. A menos que no sea la única arma que se haya fabricado…

Bill negó con la cabeza.

—Con una hay más que suficiente. No había necesidad de crear más.

—Entonces debe tratarse de algo que puedan llevarse del edificio a plena luz del día. —Dylan se restregó la barbilla intentando encajar las piezas del puzle. Al cabo de unos segundos halló una posible respuesta—. Oye, Bill, ¿La actividad en el edificio aumentó mucho en algún momento concreto a lo largo del día?

—¿Algún momento? —Bill levantó la cabeza, pensativo—. Ahora que lo dices, me informaron de que un tiempo después de que yo llegara para empezar a preparar las pruebas con los reiniciadores la planta baja se llenó bastante de entrenadores. Creí que sería para participar en las pruebas, pero cada poco rato se iban y volvían y ninguno accedía a realizar las pruebas.

—Y eso desde que tú entraste en el edificio…

—Espera un segundo —detuvo rápidamente Bill. El investigador Pokémon se dio cuenta de hacia dónde estaba apuntando Dylan sus sospechas—. No estarás pensado en que pretendían secuestrarme, ¿verdad?

—Es una posibilidad —confirmó Dylan—. Es decir, no conozco los intereses del Equipo Leyenda, pero llevarse al creador de la tecnología Enlace tal vez les fuera muy beneficioso para mejorar sus brazaletes como, no sé, tu intento de permitir al módulo Enlace almacenar el ADN de dos Pokémon.

—Pero eso no explica que se haya secuestrado todo el edificio —objetó Bill—. Si querían secuestrarme, ¿por qué actuaron ahora y no cuando terminara de trabajar?

Dylan bajó la cabeza. Bill tenía razón: no había sentido alguno que secuestraran el edificio entero cuando solo intentarían llevarse a una persona. debía haber algo más. Algo que se les escapaba.

—¿Por qué, en vez de suponer, le preguntamos a uno de ellos? —sugirió un entrenador—. Saldríamos de dudas mucho antes.

—No te responderán de ninguna manera, seguro. Da igual cuánto insistamos, no abrirán la boca fácilmente —replicó Dylan—. Agh, es imposible adivinar sus intenciones si no tenemos una base…

—¿Y si…? —saltó repentinamente Ryku—. Dylan, en todas las veces que nos hemos topado con el Equipo Leyenda, ¿no hemos visto como si tuvieran algún tipo de relación entre ellas?

—¿A qué te refieres?

—Van a por Pokémon raros. El fósil del monte Moon que averiguamos que se pueden resucitar en isla Canela, el Pokémon fantasma de la Torre Pokémon en pueblo Lavanda y en el S.S. Anne parecía que iban tras un Pokémon escondido en el almacén del crucero.

—Es verdad. Parece que sus acciones se basan en la búsqueda y captura de Pokémon poco comunes. En ese caso… Bill, ¿habéis inventado algo capaz de detectar, debilitar o capturar ese tipo de Pokémon?

—¿Cómo íbamos a inventar algo así si no ayuda plenamente a los entrenadores? —preguntó Bill como si aquella cuestión fuera de lo más absurda.

—Piensa, Bill. Debe haber algo que el Equipo Leyenda ansíe ya sea de ti como de Silph.

Bill negó con la cabeza. No había absolutamente nada que les sirviera al Equipo Leyenda para capturar Pokémon raros más allá de las Pokéball que se fabrican habitualmente. Si ese era su objetivo, desde luego el grupo criminal era de lo más estúpido. Cualquier Pokéball que creaban tendría la misma eficacia para capturar un Pokémon común de uno raro. ¿Por qué les interesaban objetos tan vulgares? Entonces, como si de un mecanismo automático se tratara, la mente de Bill relacionó las sospechas de Ryku y Dylan con aquello que le importaba al Equipo Leyenda. Palideció en cuanto se dio cuenta de ello.

—Oh, no… van por eso… —titubeó Bill.

—¿Van por qué, Bill? —inquirió Dylan.

—La Masterball. Quieren la Masterball. Estoy seguro.

—¿La Pokéball más eficiente jamás creada? ¿Se fabricó aquí?

Bill asintió.

—Fui uno de los desarrolladores de la Masterball. No el mandamás como lo soy con la tecnología Enlace. Por aquel entonces aún estaba aprendiendo y solo aportaba conocimientos varios. Era, por decirlo de alguna forma, el que daba ideas sobre cómo hacer las cosas.

—Pero la Masterball no se comercializó nunca. ¿Qué hicisteis con la única que creasteis?

—Guardarla. Y, vista la situación, debimos haberla destruido —dijo muy enfadado consigo mismo. Se obligó a relajarse antes de continuar—. Pero la única Masterball es solo un prototipo. Sí, conseguimos que pudiera atrapar a cualquier Pokémon a la primera, pero eso no garantiza nada; no la habíamos diseñado bien y los Pokémon podían bloquearla con solo golpearla como si de una pelota de beisbol se tratara.

—Es muy probable que el Equipo Leyenda tenga científicos que se encargarían de afinar la Pokéball y producirla en masa —supuso Dylan—. Por lo que han hecho en Silph, no tiene pinta de ser una organización de pacotilla. Es más —añadió—, eso explicaría por qué te querrían secuestrar. Como fuiste uno de los principales desarrolladores de la Masterball, podrían aprovecharse de tus conocimientos para avanzar en su progreso y hacerla totalmente eficaz para capturar Pokémon.

—Y entonces, con ese tipo de Pokéball en sus manos, podrían capturar todos los Pokémon raros que quisieran —comentó Ryku.

—Más que eso. Podrían atrapar a todos los Pokémon salvajes de la región si se les ocurriera la idea —imaginó Dylan—. Hay que detenerlos. Bill… —se paró en seco y miró a los miembros del Equipo Leyenda que estaban pendientes de la conversación—. Continuemos donde no nos puedan escuchar estos cotillas.

Bill no se le ocurrió mejor sitió que la sala donde los entrenadores practicaban sus movimientos. Como la sala estaba totalmente aislada, no se podía escuchar lo que se decía desde dentro. Bill, Ryku y Dylan entraron en la sala y siguieron con la conversación.

—¿Dónde se guarda la Masterball? —preguntó Dylan.

—Específicamente no lo sé. Lo último que me dijeron fue que el mismísimo presidente de Silph se ocupó de dejarla a buen recaudo.

—Está claro. El Equipo Leyenda irá tras el presidente para que le revele la ubicación de la Masterball y robarla.

—Hay que evitar a toda costa que eso pase —dijo Ryku seriamente—. Cualquier cosa que hace es agente no es buena.

—Cierto. Deberíamos ir nosotros dos a ayudar a presidente —propuso Dylan—. Pero, como me imagino, su oficina está en el último piso. ¿Me equivoco, Bill? —El investigador negó con la cabeza—. Maldición. Si todo el edificio está secuestrado, tenemos cinco pisos llenos de miembros del Equipo Leyenda obstaculizándonos.

—¿Y si pedimos ayuda a los demás entrenadores? —sugirió Ryku—. Si con cuatro nos bastó para asegurar una planta, con trece que somos podremos liberar el resto.

—No es mala idea, pero habrá que planificarlo bien. No sabemos cuántos miembros del Equipo Leyenda ha entrado en el edificio.

Luego de la conversación, Ryku, Dylan y Bill informaron al resto de entrenadores sobre su estrategia. A los entrenadores solo les importaba salir del edificio sanos y salvos, como mucho habiendo ayudado a los empleados de Silph. Dylan los convenció de que no era necesario que los acompañara a él y Ryku en la detención de los planes del Equipo Leyenda de robar la Masterball, bastaba con que lograran asegurar más plantas además de esta. Bill aumentó la confianza de los entrenadores ofreciéndoles el surtido completo de reiniciadores que almacenaba en el armario.

—¿Por qué estáis tan interesados en detener a una banda criminal? —preguntó Valerie.

—Porque siempre que estamos haciendo algo que nos interesa, están ahí para fastidiarlo —respondió Ryku muy seriamente—. Estoy harto de eso.

—Bueno, lo de pueblo Lavanda no fue tanto de un interés mutuo —murmuró Dylan.

—Espero que sepáis usar esos Enlaces vuestros muy bien —dijo un entrenador poco confiado—. Sois unos críos y pretendéis enfrentaros a un grupo bien organizado de criminales. ¿Os gustaría que os consideraran una amenaza y fueran a por vosotros?

—Si ese fuera el caso, este de aquí —señaló Dylan al hombre del monte Moon— ya nos hubiera atacado hace mucho. Creo que están más ofuscados en capturar Pokémon raros que en ir a por unos jóvenes. Además, tanto Ryku como yo poseemos varias medallas de Gimnasio. Yo me he hecho con siete y Ryku recientemente se hizo con su sexta medalla. Creo que eso es una prueba de que sabemos manejar nuestros Enlaces.

—Se os ve muy decididos —opinó otro entrenador—. Eso me gusta. Contad conmigo.

Con él, otros entrenadores aceptaron ayudar a Ryku y Dylan en su, según unos pocos de ellos, arriesgada misión. Cetile también ase apuntó a la cometida, pero ella tenía un problema adicional en esta situación.

—Si tus padres se enteran de esto, nos la cargamos —dijo Dylan. Se imaginó una hipotética escena y palideció tanto como la vez que vio aquel fantasma en la Torre Pokémon.

—Ya estoy dentro de ese saco, así que ya da igual. Aparte, ya sabes que uso mi Enlace más como apoyo que como ofensiva y huyo cuando el peligro es superior a mí.

—¿Crees que estarás a salvo si nos separamos? —preguntó Ryku.

—No olvidéis que entrené para poder salir de ciudad Azulona. Sé defenderme decentemente. Aunque no tengo problemas en que alguien me acompañe si os hace sentir mejor.

—Por favor.

El grupo de entrenadores se organizó para ir limpiando los pisos superiores. Decidieron actuar por parejas cuyos Enlaces tuvieran un mínimo de simbiosis entre ambas y así ser mucho más eficaces en combate. Luego fueron repartiéndose los pisos a excepción de Ryku y Dylan, quienes ya tenían asignados el décimo piso. Cetile se unió con una de las pocas entrenadoras del grupo y se pararían en el séptimo piso. Ryku vio curiosa la elección de simbiosis de Enlaces entre ambas ya que la compañera de Cetile era la dueña del Enlace del Ninetales.

—Protegeré a vuestra amiga, no os preocupéis —prometió.

—Bien, ¿estamos todos listos? —preguntó Dylan. Todos los entrenadores asintieron—. Pues en marcha.

Once entrenadores abandonaron la sala de pruebas donde Bill se quedaría con sus compañeros científicos y el resto de las personas hasta que todo pasase. De hecho, en cuanto salió el último entrenador, cerró la puerta con llave desde dentro.

El grupo se dirigió a las escaleras y empezó a caminar de forma más sigilosa. Aquellos entrenadores que podían tener sus Enlaces activos mientras se movían silenciosamente se ahorraron tiempo antes de llegar a su piso destino. Luego hicieron una fila posicionándose según debían separarse de los demás con cuidado fueron subiendo las escaleras y separándose en cuanto llegaban a la siguiente planta. Cuando le tocó el turno a Cetile en la séptima planta, Ryku le dijo algo antes de alejarse ambos.

—Buena suerte. Y ten mucho cuidado, ¿vale? Protege a tu compañera para que ella pueda cuidar de ti.

—De acuerdo. Vosotros dos también id con cuidado y no os dejéis vencer fácilmente.

—No lo haremos —prometió Dylan.

Pronto quedaron solamente Ryku y Dylan en las escaleras cuando los dos últimos entrenadores se quedaron en la novena planta. Ahora que estaban todos posicionados, solo faltaba esperar la señal y las parejas iniciarían el combate contra los miembros del equipo Leyenda que hubiera en sus respectivas plantas. Esta señal fue una muy simple: que una de las parejas peleara contra los miembros y el resto actuaría en consecuencia nada más oyeran movimientos Pokémon en los pisos superiores. Ryku y Dylan esperaron un poco a que las cuatro plantas que habían subido se encontrasen en una batalla campal antes de activar sus Enlaces una vez llegaron a la décima planta.

Aquella planta era bastante básica. No había muchos pasillos más allá del que conducía a la oficina del presidente de Silph. Ryku y Dylan se evitaron un combate Pokémon contra unos miembros de Equipo Leyenda que mantenían presos a las asistentas del presidente. Por suerte, las batallas campales de los pisos inferiores habían causado una confusión en ellos, lo que permitió a los jóvenes atacar a los miembros antes de que se transformaran en Pokémon y les rompieron los brazaletes para dejarlos inútiles. Entonces el Blastoise controló a esos miembros y el Charizard usó sus garras y liberó a las asistentes.

—M-Muchas gracias —dijo una de las asistentas—. ¿Quiénes sois?

Ryku quería responder, pero no le apetecía deshacer su Enlace hasta que se lo desactivasen. Afortunadamente, la otra asistenta recordó que hoy Bill, el investigador jefe de la empresa, realizaba pruebas con su último invento. Ryku asintió a todo lo que ella decía, corroborando que tanto él como su amigo eran de esos entrenadores que participaban en las pruebas.

—Entonces no están solos y los demás entrenadores están peleando más abajo —sentenció la asistenta—. Gracias por la ayuda. Pero, por favor, ayudad a presidente, está encerrado en la oficina con dos secuestradores y no tienen pinta de ser amigables.

Dylan hizo una señal hacia los miembros que estaban tumbado y vigilados en todo momento por si cometían alguna estupidez.

—Deja que solucionemos es problemilla por vosotros —dijo la otra asistenta.

Se levantó y abrió la puerta de un pequeño armario donde se guardaba las herramientas de limpieza del piso. Antes de encerrarlos ahí, sacó una fregona y una escoba mientras su compañera iba a la recepción que había frente a las entradas del ascensor y las escaleras y cogía del botiquín de primeros auxilios oculto bajo la mesa unas vendas y una tarjeta escondida en un recipiente muy difícil de localizar. Cuando regresó, ató de manos y pies a los miembros del Equipo Leyenda y los empujaron a su interior. Cerraron la puerta y la atrancaron con sillas y algún mueble pequeño.

—Tomad esto. —La mujer entregó la tarjeta a Ryku—. Es la llave magnética de repuesto que abre la puerta a la oficina del presidente. La vais a necesitar.

—Id a ayudarlo, por favor —pidió nuevamente la otra asistenta—. Nosotras nos encargamos de esto ahora.

Ryku asintió y se fue con Dylan a la puerta de la oficina del presidente ubicado al final del pasillo. Era una puerta de hierro sellada por llave que daba la sensación más de proteger algo de extremo valor más que de tratarse del despacho del mandamás de Silph. Ryku y Dylan se centraron y el Charizard pasó la llave magnética por el lector y esta emitió un pitido que terminó con una luz verde. Entonces la puerta se abrió lentamente hasta desaparecer dentro de la pared y se vio el interior de la sala.

La misma oficina del presidente de Silph se podía comparar fácilmente con un piso por todas las comodidades que tenía. Las dimensiones de esta debían ser casi el total de todo el piso, aunque a primera vista solo se percibiera una habitación rectangular de apenas quince metros de ancho por veinte de profundo. Igualmente, lo más importante estaba en esa sección y la habitación, donde frente a una mesa octogonal con una pequeña estatua de una Pokéball había una persona que daba órdenes a otra al otro lado de la mesa.

—Aún podemos hacer esto por las buenas, señor presidente —dijo el hombre—. Solo díganos la clave de la caja fuerte donde esconde la Masterball y le prometo que abandonaremos el edificio sin causar mayores destrozos.

—¿Mayores? ¡Se están escuchando combates Pokémon justo debajo de este suelo!

—Ignórelos igual que intento no prestar atención a los dos entrenadores de Enlace que se encuentran en la puerta.

Ryku y Dylan se prepararon para un posible ataque sorpresa por parte de ese hombre, pero su único movimiento fue darse la vuelta y clavar sus ojos en ellos. Ryku no se dejó intimidar por aquella mirada que demostraba ser de todo menos amable y se fijó más en sus facciones para cuando debiera describirlo ante la policía. Su cabello era rubio oscuro, casi llegando al color castaño y largo hasta los hombros. Sus ojos verdes no mostraban ningún atisbo de emoción, como si no le importaba lo que estaba haciendo y ya lo hubiera hecho tantas veces que le aburría. Llevaba puesto el uniforme del Equipo Leyenda, solo que el suyo tenía el símbolo de la organización más escondido en la parte izquierda de su pecho. Lo que más podía destacar Ryku de él eran sus accesorios, un colgante y una pulsera plateados. En su brazo derecho tenía su brazalete con la pantalla lista para activar su Enlace en cualquier momento.

—Veo que mis súbditos son de los más incompetentes por haber permitido que dos entrenadores lleguen hasta aquí —dijo impresionantemente calmado. Suspiró como si no tuviera más remedio que hacer algo al respecto—. Ya me encargaré de castigarlos debidamente cuando salgamos de aquí.

Dylan dio un paso en falso que el hombre vio de inmediato y le alzó una mano para detenerlo.

—Será mejor que te quedes donde estás, entrenador, si no quieres que aquel a quien muy seguramente hayas venido a rescatar termine con algún que otro corte en el cuerpo.

Ryku y Dylan se mostraron confusos ante la amenaza del hombre. Este sonrió con su desconcierto, le pareció divertido. Les liberó de su perplejidad haciéndose a un lado y permitiendo ver al presidente, un hombre anciano con bigote canoso, casi calvo y bien vestido con un traje verde apagado sentado en un sofá de cuero artificial teñido de violeta. Ryku y Dylan no dieron ningún paso más cuando también vieron a un pequeño Pokémon de no más de metro y medio de altura colocando uno de sus brazos cuchillo en el cuello del presidente. A simple vista se trataba de un Pokémon que ninguno de los dos jóvenes había visto en su vida, pero su silueta le resultaba muy familiar, como si ya la hubiera visto antes. No tardó mucho en darse cuenta de que su primer avistamiento había sido en el museo de ciudad Plateada, cuando en realidad el Pokémon solo era un esqueleto fusionado con una roca. Era uno de esos Pokémon prehistóricos, un Kabutops.

—Kezura, no apartes tus cuchillas del hombre —ordenó serenamente el hombre.

El Kabutops emitió un extraño sonido y apretó su brazo cuchilla en el cuello del presidente. Ryku dudó sobre si el Pokémon era un entrenador con un Enlace activado o realmente se trataba de un Kabutops en todos los sentidos. Tampoco es que aquello fuera relevante. El presidente estaba en peligro y tanto él como Dylan no podían hacer nada sin que las cuchillas del Pokémon le quitasen la vida de un tajo. Ryku quería pensar que la programación de la tecnología Enlace impediría que se cometiera tal acto, pero tratándose de miembros de una organización criminal, existía la posibilidad de que hubieran manipulado ese protocolo.

—¿Por dónde íbamos? Ah, sí, la clave de la caja fuerte —dijo el hombre de pelo rubio con su ya característica indiferencia—. ¿Va a colaborar con nosotros, presidente? ¿O prefiere que también sufran estos entrenadores por usted?

El presidente miró hacia abajo. Estaba pensando en entregarles la clave solo para que abandonaran su edificio y no hirieran a nadie. Pero sus principios lo tiraban en otra dirección. Si hubiese sido dinero lo que buscaban, se lo habría dado por simple seguridad. Pero pedían uno de los inventos que más controversia originó en el mundo de la captura de Pokémon. Solo de imaginar lo que serían capaces de realizar con la Masterball, se le quitaban las ganas al momento de ceder a sus amenazas.

De repente, Kezura apretó todavía más el cuello del presidente y lo dejó por unos segundos sin respiración. Luego clavó el otro brazo en la mesa delante de ellos y perforó la gruesa madera como si de papel se tratara. Lanzó un sonido horripilante en la oreja del anciano que lo hizo estremecerse de miedo.

El hombre del pelo rubio meneó la cabeza negativamente y con un simple chasquido hizo que Kezura aflojara la presión en el cuello del anciano.

—Por favor, señor presidente, no convierta un simple secuestro en un asesinato. No es beneficioso para nadie.

«¿Simple? Claro, y mi fuego congela a la gente, ya que estamos», pensó Ryku. El secuestro de un edificio entero, se mirase como se mirase, era de todo menos simple. El rubio se giró hacia Ryku con el ceño ligeramente fruncido. Ryku tragó saliva al pensar que se le había escapado algún gruñido inconscientemente, pero luego se llevó un dedo a la oreja y se quedó con el cuello torcido hasta que lo alejó.

—Buenas noticias, parece que ya no necesitamos la clave la caja fuerte. Ya tenemos lo que buscábamos. Marchémonos antes de que esto se llene más de policías.

Ryku y Dylan se posicionaron discretamente de manera que sus cuerpos bloquearan el paso del miembro del Equipo Leyenda. El hombre no cambió su cara de indiferencia y se atrevió a hacer un gesto para que se apartaran. Ryku y Dylan no cedieron y eso lo molestó un poco. Suspiró cansado de que nada fuera como él quería.

—Pensándolo mejor, un secuestro con asesinato tampoco es nada del otro mundo. Kezura, por favor.

El Kabutops lanzó un característico rugido y apartó la cuchilla del cuello del presidente con tal de perforarle la garganta más violentamente. En los pocos segundos que el Pokémon tardó en cargar su ataque, Ryku ya había reaccionado a la orden del hombre rubio y escupió un lanzallamas dirigido al Pokémon. El hombre, que estaba en medio del ataque, se llevó una mano al brazo del brazalete y activó su Enlace un segundo antes de que se las llamas lo envolvieran. Ryku se alegró de que realizara esa acción; no le hubiera hecho mucho más que una onda de calor con esas llamas si era humano. Pero al convertirse en Pokémon, el efecto era total.

El Kabutops cambió su táctica de cortar el gaznate del presidente y se subió a la mesa con tal de afrontar las llamas. Sorprendentemente, sus cuchillas eran lo bastante afiladas y resistentes como para dividir el lanzallamas en dos y desperdigar el fuego por toda la sala. El presidente aprovechó ese momento de libertad para esconderse detrás del sofá. No era el mejor escondite, pero sí el más útil en esos momentos.

Ryku contempló los destrozos causados por sus llamas. Las paredes mostraban el trayecto del fuego por su superficie con una muy clara raya negra. Después se centró en el hombre rubio, el cual debería haber sufrido bastante con un impacto directo y, con suerte, haber regresado a su forma humana. Sin embargo, el resultado no fue como esperaba, ni siquiera fue como debía haber sido en caso de no haber funcionado.

El hombre de cabello rubio había desaparecido.

Ryku y Dylan miraron a su alrededor por si había usado algún truco de escapismo para evadir del bloqueo que estaban formando en la salida de la sala. No daba la sensación de que hubiera empleado algún artilugio o usado a algún Pokémon con tal de alcanzar tales fines. Todos esos pensamientos cayeron en el olvido cuando, al mirar al suelo, los dos jóvenes vieron una mancha rosa. Ryku palideció. ¿Acababa de asesinar al miembro del Equipo Leyenda? No era esa su intención. Él no pretendía cometer un asesinato. Dylan lo tranquilizó e hizo que se fijara mejor en la mancha rosa.

—Si lo hubieras quemado, no tendría ese color tan claro —le dijo.

Dylan tenía razón. Aquello calmó enormemente a Ryku, pero entonces estaba la duda sobre qué era exactamente esa mancha rosa y de dónde había salido. El lugar era el mismo en el que el hombre del pelo rubio había iniciado su transformación, pero… ¿era eso un Pokémon? Cierto que podía tratarse de una versión extraña de un Muk, pero ese color rosado no se asemejaba en nada al morado de aquel Pokémon. Entonces, ¿qué clase de Pokémon era?

De repente, la mancha rosa empezó a bufar burbujas, pero sin que estas llegaran a explotar. Fueron emergiendo muchas pequeñas como si se tratara de agua calentándose en una olla y luego comenzaron a hacerse más grandes y a dar más volumen a la mancha rosa. En pocos segundos, se había convertido en una gran pelota. Entonces, sin previo aviso, esta se puso a emitir destellos que obligaron a Ryku y Dyan a entrecerrar los ojos. Ninguno de los dos chicos se quería perder lo que estaban presenciando. Durante el brillo, la pelota cambió de forma una vez más adaptando poco a poco un aspecto más animal. Ryku vio como brotaban unos brazos, una cola y unas alas. Finalmente, el brillo se intensificó hasta tal punto que ninguno de los dos jóvenes fue capaz de mantener los ojos abiertos. Una vez pasó el destello, volvieron a prestar atención a la masa rosa solo para toparse en que ya no quedaba nada de ella. No obstante, lo que apareció en su lugar dejó petrificado a Ryku.

Ahora había dos Charizard en la sala.

Ryku no entendía lo que estaba ocurriendo. No tenía idea de dónde había salido ese Charizard. ¿Ese era el Enlace del hombre rubio? Era una suposición, pero entonces la mancha rosa volvía a caer en la duda de su origen. ¿Qué clase de Enlaces había creado el Equipo Leyenda? ¿O podía ser más exacto hablar de la clase de Pokémon? Todo era tan confuso que a Ryku le dolía la cabeza al procesar los sucesos y no era el momento ni el lugar de verse afectado por ello. Ignoró las dudas y se preparó para un inminente combate.

El otro Charizard se miró el cuerpo como si fuera nuevo para él. Sacudió las alas, meneó la cola para ver la llama de la punta y miró sus afiladas garras. Sonrió satisfecho.

—Hacía tiempo que no tomaba la forma de este Pokémon. Los entrenadores de Charizard sois poco comunes en esta región —dijo. Escuchar la voz de otro Charizard resultaba algo raro para Ryku. El hombre hizo brillar las garras, otorgándoles más longitud y haciéndolas más filosas todavía. En el otro brazo cargó la energía propia del Megapuño—. También he de añadir que posees un set bastante curioso para un dragón impostor.

Ryku se quedó perplejo. ¿Se estaba refiriendo a él? ¿Acaso ese Charizard era en realidad su Enlace?

—¿Cómo…? —quiso preguntar Ryku.

—No necesitas saber nada —respondió el hombre sin molestarse en que Ryku alcanzara a formular la pregunta—. Bueno, tal vez una cosa. Te voy a enseñar cómo se maneja bien el Enlace de un Charizard.

Inesperadamente, el Charizard enemigo avanzó a una velocidad que Ryku no creía que podía tener y, sin poder reaccionar a tiempo, vio como empleaba sus recientemente cargados movimientos para acuchillar el caparazón de Dylan, obligarlo a que se encogiera del ataque y asestarle el Megapuño directamente en la cabeza. Dylan no resistió la fuerza del impacto y retrocedió hasta estamparse contra la pared tras él. Rompió un cuadro que había allí colgado. Ryku logró salir de su atolondramiento e imbuyó sus garras de energía como si estuviera imitando las acciones del otro Charizard. No obstante, su rival fue más rápido que él, detuvo su ataque con un brazo mientras que con el otro le daba un puñetazo normal y corriente en el estómago. Ryku se desconcentró y perdió la energía acumulada en las garras. Acto seguido, el Charizard enemigo lo empujó por la simple razón de no recibir un nuevo ataque de su parte. Ryku se recuperó fácilmente del empujón, pero aquello solo fue un aperitivo para lo que le cayó después. El Kabutops, que había estado ajeno a la situación, disparó un poderoso ataque de agua que dio de lleno en Ryku. El golpe fue lo bastante intenso como para desactivar su Enlace de un solo golpe tras estamparlo contra la pared al otro lado de la puerta.

Inmediatamente, Ryku se llevó una mano al reiniciador que tenía reservado, pero el otro Charizard estaba frente a él mirándolo fulminantemente con aquellos ojos azules.

—Con el poderoso Enlace que posees y lo poco que lo sabes manejar. No eres rival para nadie —dijo a pesar de la clara incomunicación con Ryku en su forma humana—. Has venido a ayudar a alguien, pero vas a acabar siendo víctima de las llamas de tu propio Enlace. Podría considerarse irónico, ¿no? Da igual. Si se van a cometer asesinatos con este secuestro, no dejaré que Kezura sea la única en divertirse.

El Charizard ya estaba expulsando pequeñas llamas de su boca, conteniendo el fuego para escupirlo a toda potencia. Ryku se estremeció y casi entró en pánico puro cuando empezó a sentir el calor. De algún modo, la seguridad de no herir a humanos con Enlaces no parecía funcionar con él. Su cuerpo se puso a temblar.

—Eh, tú, ¿has olvidado que para ganar un combate hay que desactivar el Enlace del rival? —El Charizard enemigo, todavía reservando las llamas en su boca, se olvidó de Ryku para enfocarse en quien le había formulado la pregunta. Justo cuando se dio la vuelta, Dylan lo tenía apuntado con ambos cañones—. Vamos a refrescar esa memoria.

Dylan no dudó ni un segundo en disparar de sus cañones dos torrentes de agua tan potentes como el que había empezado el Kabutops con Ryku. El Charizard enemigo vio el peligro y saltó hacia atrás mientras liberaba el fuego comprimido en su boca. Ambos ataques chocaron violentamente. Demasiado. Las llamas y el agua no solamente expulsaron vapor por toda la sala, sino que, además, debido a la basta diferencia de temperaturas y la increíble potencia con la que se estaban lanzando ambos movimientos, provocó una explosión en la sala que ninguno de los presentes en ese momento esperó.

La explosión fue tan grande que los cristales de las ventanas que había a un lado de la pared se rompieron. Desde el exterior parecía que se hubiera detonado una bomba en el décimo piso de Silph, viéndose humo negro y fuego saliendo de la habitación a la que dieran las ventanas. Como la explosión no se había producido por ningún material que perdurara después de la combustión, el humo y el fuego se disiparon en cuestión de segundos, dejando a la vista en enorme agujero en la estructura del edificio.

De vuelta al interior, Ryku se había cubierto ante tanto ruido y temblores. La ropa se le había llenado de polvo y estaba algo desorientando por todo. No se molestó mucho en ver los increíbles destrozos que habían provocado el choque de poderes entre Dylan y el hombre de pelo rubio y, en cuanto recobró mínimamente la orientación, usó el reiniciador que quería utilizar desde un principio y no tardó en volver a activar su Enlace nada más volvió a estar disponible. Luego buscó a Dylan con la mirada y lo encontró arrodillado, pero nada herido por la explosión. Se reunió con él y ambos fijaron sus ojos en el Charizard enemigo y el Kabutops.

El miembro de Equipo Leyenda y el Pokémon prehistórico estaban en tan buenas condiciones como los jóvenes, hecho que fue un fastidio para los chicos. El Charizard enemigo miró el agujero en la pared y sonrió.

—Vaya, al final nos habéis dado una vía de escape. No la más sutil, pero sigue valiendo —dijo alegremente. Era la primera vez que mostraba algo de emoción—. Ha sido divertido pelear contra vosotros, pero es mejor que nos pongamos en marcha. —El Charizard anduvo hacia el borde del edificio y esperó a que el Kabutops se le subiera encima—. Gracias por darme un Pokémon que puede volar, joven. Te debemos la huida.

Ryku se enfadó con aquellas palabras.

—¡No os vais a ir a ninguna parte! —bramó.

Dylan apoyó a Ryku y ambos se dispusieron a lanzar de nuevo una ofensiva. Sin embargo, el Kabutops dejó caer en el suelo dos latas que explotaron en un haz de luz y cegaron temporalmente a Ryku y Dylan. Durante su falta de visión, el Charizard enemigo y el Kabutops salieron volando por el agujero del edificio y desapareciendo en la ya casi entrada de la noche. Cuando Ryku y Dylan recuperaron la vista, contemplaron frustrados el cielo y la luna. Sin mucho más que hacer, desactivaron sus Enlaces y fueron a ayudar al presidente. Encontraron al anciano completamente encogido por toda la acción ocurrida en un sitio no apto para combates Pokémon. Tenía ropa llena de polvo como Ryku, pero, aparte de eso, no había sufrido ninguna herida notoria.

—Señor, ya ha pasado todo —le dijo Ryku—. Los criminales ya no están.

Esas palabras sirvieron para que el presidente de Silph relajara los músculos y se quedara sentado y apoyando la espalda en los restos del sofá.

—Os agradezco mucho la ayuda, entrenadores… Un momento, si solo sois unos jovenzuelos. ¿Por qué habéis arriesgado la vida por ayudarme?

—No lo hemos hecho solos —repuso Dylan—. Aún hay otros entrenadores peleando en los pisos inferiores. O eso creo porque después de la explosión el silencio está más presente.

—Pero ¿de dónde venís? ¿Acaso la policía ha pedido ayuda a entrenadores normales para realizar una peligrosa misión de rescate?

—No. Estábamos dentro del edificio cuando ocurrió el secuestro —explicó Dylan—. Ayudábamos a Bill en su fase de pruebas de su último invento.

—Ah, claro —recordó de repente el presidente—. Con todo este alboroto me había olvidado de que hoy era el día de probar los reiniciadores con Enlaces de diversos entrenadores.

—Así es. Y funcionan muy bien —confirmó Ryku—. He usado uno hace nada y tengo de nuevo mi Enlace disponible.

—Me alegra oír que Bill casi ha terminado de desarrollar su invento. Pero ahora eso no es lo más importante. Esos criminales… se han llevado la Masterball.

—Confiemos en que no puedan hacer mucho con ella —se esperanzó Dylan—. Si se cumplen nuestras suposiciones del uso que le darán a esa Pokéball…

—No podemos hacer más. Solo esperar —dijo Ryku algo desanimado.

—Por encima de mi cadáver —saltó el presidente—. Nadie roba a Silph S.A dos veces y se va de rositas. Ayudaré en todo lo posible a las autoridades para recuperar la Masterball y detener de una vez al Equipo Leyenda.

Ryku no había caído en la cuenta del Scope Silph que usó en pueblo Lavanda para revelar la identidad del fantasma que resultó ser el espíritu de la madre de Cubone. El propio nombre del artilugio ya indicaba el propietario. Desde luego, el presidente de la empresa debía estar muy enfadado por ello.

La conversación no pudo continuar cuando el sonido de las aspas de un helicóptero resonó por la sala y hacía prácticamente imposible entenderse. El helicóptero pertenecía a la policía, fácilmente reconocible por la pintura de la carrocería. El foco que había en el morro apuntó directamente a la oficina del presidente en busca de supervivientes a la explosión. Ryku y Dylan les hicieron gestos de estar ahí y de encontrarse bien. El presidente se les unió a los pocos segundos y el helicóptero dejó de cegarlos con la luz del foco.

—Permanezcan donde están. Los escuadrones van en su ayuda.

Desde ahí, la policía se puso a trabajar intensivamente en el edificio de Silph S.A. Fueron parándose en cada piso para rescatar a los rehenes del Equipo Leyenda y reducir a sus miembros. Los escuadrones se llevaron una gran sorpresa cuando, a partir del quinto pisto, los entrenadores que se habían dispersado por las plantas se habían encargado de la mayoría de los miembros del Equipo Leyenda y retenido de algún modo hasta su llegada. En poco más de diez minutos, todo el edificio había sido desalojado y sus residentes llevados a la planta baja, la cual se había convertido en una sala de primeros auxilios para socorrer a los afectados del secuestro.

Ryku y Dylan se reunieron con su amiga Cetile en cuanto la vieron. Estaba junto a la entrenadora que la había acompañado desde que se separaron y ambas estaban siendo atendidas por unos enfermeros mientras unos policías le hacían preguntas y se aseguraban de que la experiencia no había sido traumática para una niña de trece años. Para su sorpresa, Cetile se mostró calmada en todo momento y ponía muecas en ocasiones cuando le aplicaban desinfectantes en las heridas que había sufrido.

—¿Cómo te has hecho esas heridas? —preguntó Ryku.

—Por mi propia torpeza —contestó Cetile—. Durante el combate que libraba con Julia, mi compañera, se me desactivó el Enlace. Obviamente hui del combate mientras intentaba reiniciar el Enlace y acabé tropezando con una silla y cayendo de mala manera contra el suelo. Me duele un poco el brazo derecho, pero los enfermeros me han dicho que no es nada grave y solo iré al hospital por seguridad.

—¿Podremos ir con ella? —le preguntó Dylan al enfermero que la estaba vendando.

—Veré si podemos haceros un hueco en la ambulancia —respondió él.

—Gracias.

La policía también interrogó a Ryku y Dylan por el mismo motivo que a Cetile. Los chicos se mostraron más serenos que Cetile, aunque Ryku no pudo ocultar muy bien su recientemente sufrido momento en el que había mirado a la muerte a los ojos. La ansiedad no se le he había ido y acabó teniendo que ir con Cetile al hospital. Al final solo Dylan había sido el único que había salido del edificio en condiciones estables. No obstante, en la mente del joven de pelo azul estaba el miedo escondido a la reacción de sus padres con todo lo que acababa de suceder.


Nota del autor: ¡Saludos! SpainDragonWriter al habla. Tenía unas ganas inmensas de publicar por fin este capítulo que llevaba ya muchos meses a la espera de ver la luz en esta página. ¿Por qué? Pues por su relevancia y por que se trata del primero de una serie de capítulos prácticamente seguidos en el que se aparcará por unos momentos la recolección de medallas por parte de Ryku para desarrollar más en profundidad un arco paralelo que ha estado presente desde los inicios de la historia y que tiene una enorme importancia en la trama general. No digo más para no fastidiar las sorpresas que se avecinan.

¡Espero que los disfruteis!

Hasta el próximo capítulo.