Ryku saltó de la cama, lleno de energía. Le gustaba volver a sentirse normal y no constantemente cansado por el viaje y el paseo por la isla del día anterior. Y más cuando no iba a aplazar el combate que realizaría contra el líder de Gimnasio de isla Canela. Se focalizó en lo que ocurriría aquel día.
En el comedor del albergue, Ryku observó que los entrenadores de Enlace habían disminuido bastante en comparación a la última vez que estuvo ahí. Apenas había cinco entrenadores más aparte de él. Dylan y Cetile llegaron unos minutos después, pero su presencia no consiguió que el comedor se viera más abarrotado. Los tres jóvenes desayunaron decentemente y abandonaron el albergue.
Dylan se convirtió en el guía durante el trayecto hacia el Gimnasio de isla Canela. Aclaró que iba a ser un paseo más largo que el que hicieron cuando fueron al laboratorio Pokémon porque, sorprendentemente, el Gimnasio no se encontraba dentro de la ciudad. Era la primera vez que Ryku escuchaba aquello y no pudo evitar pregunta dónde estaba realmente. Dylan se limitó a señalar con un dedo que dirigió tanto su mirada como la de Cetile hacia la alta montaña bajo la cual estaba construida la ciudad. Ryku y Cetile miraron asombrados aquel muro de piedra. Era el volcán de la isla.
—Es una broma, ¿no? —dijo Cetile poco contenta—. ¿Quién en su sano juicio construye un Gimnasio en un volcán? ¡Y que encima está activo!
—No está realmente en el interior del volcán —contrapuso Dylan—, sino en una parte alejada donde la lava no es tan peligrosa.
—La lava es lava, Dylan. Que digas que no es peligrosa es como si dijeras que un huracán tampoco lo es.
—Bueno, como tengo un Enlace de agua, puedo solidificar la lava en cuestión de segundos. Supongo que tu molestia se debe a que, como el tuyo es de planta, no te puedes ni acercar.
—No hablo solo de Enlaces —replicó seriamente Cetile—. Hablo del líder en sí. ¿Cómo le dejaron construir su Gimnasio en un lugar así?
Mientras Dylan y Cetile discutían, Ryku no apartó la vista del volcán. Con solo saber que el Gimnasio estaba ahí, descubrió el tipo de Enlace contra el que lucharía por su séptima medalla. Y no podía sentirse más emocionado. Una lucha entre dos intensas llamas en un combate oficial. La manera perfecta de comprobar si el fuego del Charizard de su Enlace era tan poderosa como quería que fuera. Contra más pensaba en ello, más ganas tenía de desafiar al líder.
La discusión entre Dylan y Cetile continuó una buena parte del camino hacia el Gimnasio. El chico de pelo azul oscuro terminó cansándose de las incesante preguntas y quejas de su amiga y se puso a desviar todo lo que le decía hasta que ella misma se hartó de seguir hablando del tema. Ryku casi acabó siendo arrastrado a la discusión, pero él estaba demasiado concentrado en planear diversas estrategias a emplear en un combate contra otro Enlace de fuego que ignoraba por completo todo lo que sus amigos intentaban decirle. Sabiendo ya el tipo de Enlace al que se enfrentaría, Ryku usó el módulo Pokédex para ver a los Pokémon de tipo fuego a los que se podría enfrentar. No había muchas opciones, unas seis suponiendo que el líder no usara un Enlace de alguna evolución primeriza en vez de una final. Cinco si lo que decían de los Enlaces de Charizard eran verdad.
Dylan sacó de la concentración a Ryku y le obligó a levantar la cabeza. Ryku había estado tan sumiso en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que habían salido de la ciudad y se habían adentrado en el bosque por un camino prestablecido. Cuando Dylan le informó de que habían caminado por al menos una hora, Ryku se impresionó de lo distraído que podía estar si solo le importaba una cosa. Cuando los árboles empezaron a escasear, el grupo divisó su destino.
El Gimnasio de isla Canela era, de lejos, el edificio más austero que Ryku había visto. No había nada que realmente lo identificara como un Gimnasio Pokémon, a menos que la torre del reloj que se alzaba en medio del techo de tejas granates significara algo, o tal vez lo fuera el color cenizo de las paredes. De todas formas, fuera de la estructura de la construcción, el imponente volcán ya era una buena señal de que aquel edificio no era común.
—¿Eso es el Gimnasio? Es bastante… normal —comentó Ryku.
—Después de que dijeras que estaba construido dentro del volcán, creía que el acceso sería una enorme y llamativa entrada de una cueva —añadió Cetile.
—Bueno, no todos los Gimnasios han de llamar la atención por fuera, supongo—contestó Dylan—. Eso sí, lo que no destaca en el exterior lo hace en su campo de batalla. Me quedé de piedra cuando lo vi.
—Estás dándome más ganas de ver el campo que de pelear en él—admitió Ryku.
El grupo siguió por el camino y subió por unas escaleras que llevaban directamente a la entrada del Gimnasio. En cierto modo, recordaba al ascenso de un templo, y lo parecía cada vez más a medida que subían. Al alcanzar el último escalón, Ryku miró atrás y contempló el paisaje que se extendía ante sus ojos. El bosque, la ciudad y el mar se posicionaba armoniosamente uno sobre el otro, como si unas líneas invisibles indicaran cuando debían dejar de haber árboles o edificios. Sabía que habían llegado bastante arriba, y era una buena recompensa por el paseo. Un buen aderezo para cuando se hiciera con su penúltima medalla.
Al final llegaron a la puerta principal de aquel edificio, pero un hombre de mediana edad, pelo negro y ojos azules que vestía unas prendas ligeras pensadas para hacer senderismo los detuvo en seco. Se le veía muy serio, con cara de pocos amigos.
—Hola, Keith. Cuánto tiempo—saludó Dylan como si lo conociera desde hacía mucho.
—No sé qué haces exactamente aquí de nuevo, Dylan, pero has venido en mal momento si pretendes volver a desafiar a Blaine —dijo secamente Keith.
—No te adelantes a nada, Keith. No he venido a retar a Blaine —objetó Dylan—. Solo acompaño a mi amigo aquí presente, que es quien pretende afrontar el reto del Gimnasio.
—En ese caso — Keith fijó sus ojos en los de Ryku—, lo que he dicho antes va dirigido a ti. El Gimnasio está cerrado actualmente.
—¿Ha ocurrido algo grave? —preguntó Dylan.
Keith suspiró.
—Está claro que los mensajes que pone Blaine en la ciudad no sirven de mucho. El Gimnasio está cerrado porque él se ha tomado unos días de descanso. No es nada de lo que debáis preocuparos.
—¿Cuándo volverá? —inquirió Ryku.
—Ojalá lo supiera. Blaine puede tomarse unas vacaciones de unos días como de varias semanas. Y cómo siempre, mientras no está me toca cuidar de las instalaciones como vigilante que soy.
A Ryku no le gustó la idea de tener que permanecer en la isla por varias semanas.
—Y ahora que sabéis que habéis venido para nada —continuó Keith— ya podéis marcharos. Tengo trabajo que hacer y quiero aprovechar mi descanso al máximo.
Ryku se sintió disgustado. No quería marcharse, pero tampoco podía quedarse a esperar a que Blaine regresara. Su emoción por librar un combate Pokémon de tipo fuego se desvaneció al instante. Dylan se despidió de su supuesto amigo e hizo un gesto a sus compañeros de abandonar el recinto. Los tres bajaron las escaleras y se introdujeron de nuevo en el bosque.
—Qué fastidio —dijo Ryku—. ¿Por qué casi siempre que llegamos a una ciudad con un Gimnasio su líder no suele estar disponible al momento?
—Técnicamente, eso solo te pasó con Brock —aclaró Dylan—. El resto solo tuvieron que reparar el campo de batalla para atender a nuevos contendientes.
Ryku pensó en todas las ocasiones en las que había acudido un Gimnasio y lo que ocurrió antes de pelar contra su líder. Dylan no se equivocaba en ello. Con Brock empezó la tendencia de visitar la ciudad antes de combatir en el Gimnasio ya que, en la mayoría de las ocasiones, aquello terminaba siendo beneficioso de alguna manera.
—Y aprovechábamos esas esperas para visitar la ciudad —recordó—. Pero, como ya dijiste en su momento, la ciudad de isla Canela no es que tenga mucho que pueda interesar a un entrenador salvo el laboratorio, el cual aun así no agrada a todo. Y eso es otra cosa que me molesta. ¿Qué vamos a hacer hasta que el Gimnasio vuelva a abrir?
—Podrías seguir ideando una estrategia para el combate que librarás —propuso Dylan.
—Sí, podría. Pero ¿qué tal si hacemos un plan para los tres y no solo para mí? —preguntó Ryku casi como si estuviera riñendo a su amigo—. Además, no me paso todo el día diseñando un plan de combate. A la larga me aburro.
—Esta ciudad no tiene nada que ofrecerme. La tengo muy vista —dijo Dylan encogiéndose de hombros—. Y se ve que tampoco hay nada que te llame la atención y no hayas visitado ya. De modo que solo hay una persona que nos pueda dar una forma de pasar el día con algo nuevo para los dos. Cetile, ¿tú qué harías?
La chica levantó la cabeza. Se había quedado absorta examinando su cámara de fotos y no prestaba atención a la conversación de Ryku y Dylan. Estaba muy sorprendida de que le hubieran dejado tomar las riendas del día. No creyó que volvería a decidir después de visitar la Zona Safari en ciudad Fucsia. Sin embargo, lo poco que a ella le interesaba hacer en la isla difería mucho de lo que sus amigos entenderían como entretenimiento.
—Pues lo único que se me ocurre es ir a fotografiar la flora y fauna autóctona —dijo con una pequeña risa. Estaba claro que Ryku y Dylan no lo verían como algo divertido para los tres y lo demostraron poniendo caras de disgusto ante la idea. Cetile ya esperaba esa reacción, de modo que intentó buscar algo más adecuada para los tres. Entonces se acordó de una cosa que vio de camino al Gimnasio—. ¿Y si exploramos el bosque?
—Es lo mismo que acabas de decir —protestó Dylan.
—No hablo de explorar para que me ponga a hacer fotos —replicó Cetile, un tanto enfadada—. Hablo de explorar de verdad. De camino al Gimnasio me fijé en que los senderos se bifurcan, y presté especial atención a un camino que tenía una señal que indicaba qué había por ahí. Si no leí mal, en él ponía «Mansión Pokémon».
—¿Podría tratarse de algún recinto especial para Pokémon? —preguntó Ryku.
Dylan se encogió de hombros.
—Podría. Nunca he oído hablar de esa mansión, y tampoco me di cuenta de esa señal de la que habla Cetile.
—Entonces la podemos investigar —dijo Cetile—. A menos que tengamos algo mejor en mente.
—A mí no se me ocurre nada, así que apoyo la moción de ver esa mansión —decidió Ryku—. Pero antes quiero volver al albergue; no voy a llevar el estuche de las medallas encima todo el rato.
—Si no hay nada mejor… me apunto —sentenció Dylan.
Con un plan para el resto de la mañana hasta que recibieran noticias del regreso de Blaine a su Gimnasio, los tres jóvenes se prepararon para la futura exploración de la zona de la mansión. Regresaron al albergue en ciudad Canela donde Ryku puso a buen recaudo el estuche de las medallas y luego los tres realizaron una pequeña pausa con tal de almorzar. Acto seguido, volvieron a dirigirse al Gimnasio, con la excepción de que esta vez tomaron otro camino.
Pronto dieron con la señal que mencionó Cetile anteriormente que anunciaba lo que había por el camino al cual apuntaba la punta de esta. Ryku y Dylan examinaron en detalle el mensaje que había grabado en la madera y leyeron «Mansión de los Exploradores Pokémon» en él. Casi tal y como dijo Cetile en su momento.
—Exploradores… suena interesante —comentó Ryku—. Ahora tengo más ganas de ver esa mansión.
Dylan no dijo nada. Se quedó observando la señal y su aspecto de haber permanecido allí durante muchos años. Aquello despertó sospechas en él. ¿Los Exploradores no se habían molestado en restaurarla, aunque solo fuera una vez? Le resultaba extraño. No obstante, acabó por darle menos importancia de la necesaria y siguió a sus amigos los cuales se le habían adelantado unos cuantos metros.
El camino hacia la mansión casi podía confundirse con el que llevaba al Gimnasio de la isla. Estaba rodeado de árboles a ambos lados del sendero y, a medida que avanzaban, notaban que estaban subiendo por una colina. Mientras recorrían el itinerario, Cetile aprovechó la oportunidad para sacar unas cuantas fotos del paisaje. No sacó muchas pues la monotonía de los árboles no ayudaba a sacar instantáneas variadas sin que se repitieran. Al final abandonó la necesidad de usar la cámara por no ver nada que valiera la pena inmortalizar.
Un tiempo más tarde, los árboles empezaron a escasear y el camino comenzó a ensancharse. Ryku, Cetile y Dylan salieron del bosque a campo abierto en una parte elevada de la isla. Había el típico árbol solitario disperso por el campo, rocas que recordaban que estaban ascendiendo por el pie de un volcán y algunas plantas desperdigadas como los árboles. Los tres jóvenes siguieron por camino y en cuestión de minutos vieron la mansión en lo más alto de una pendiente.
Aquella mansión, más que un lugar donde supuestamente se reunían exploradores, parecía la casa de campo de alguna persona muy adinerada. Era imposible que un edificio de al menos una veintena de metros de lado a lado y hasta tres pisos pudiera pertenecer a un grupo de exploradores. Al menos, no a unos corrientes. A medida que se acercaban a la impresionante construcción, los tres jóvenes veían mejor las paredes ocres, las ventanas cuadradas en todos los pisos que componían el edificio, el tejado de tejas marrones y el porche de columnas que daba a una puerta de madera trabajada elegantemente. Cuando ya estaban a pocos metros de la mansión, Dylan se detuvo al darse cuenta de que algunas de las ventanas tenían los cristales rotos.
—Aquí hay algo que no me termina de gustar —dijo—. Esas ventanas rotas no me inspiran confianza.
—¿Crees que podría ser un indicio como el que usó Bill? —preguntó Ryku.
—Imposible. Los restos de los cristales no están en el exterior, por lo que muy seguramente estén dentro. Eso significa que alguien rompió las ventanas desde fuera y no al revés. Podría tratarse de un allanamiento, aunque sigue habiendo algo que me dice lo contrario.
Dylan se dirigió a una de las ventanas rotas y miró a través de esta al interior de la mansión. Los cristales estaban personalizados para no ver muy bien por ellos desde fuera, de modo que Dylan tuvo que usar el agujero para examinar el interior. Después de echar una ojeada, una sonrisa apareció en el rostro de Dylan. Sus sospechas habían ido por el buen camino.
—En esta mansión no vive nadie —comunicó a sus amigos—. A pesar de que la fachada esté bien conservada, no se puede decir lo mismo del interior. Parece que lleva muchos años abandonada.
—Entonces, ¿consideraríamos esta mansión como una casa fantasma? —preguntó Cetile a modo de gracia.
Para Dylan, no era nada divertido. Una casa fantasma podía albergar Pokémon fantasma salvajes, algo que le asustaba bastante. Evitó ponerse nervioso delante de sus amigos pensando en la situación. Era de día y los Pokémon fantasma solo despertaban por la noche. Por tanto, aunque en la mansión vivieran esa clase de Pokémon, las probabilidades de toparse con uno eran ínfimas. Dylan quería que fueran nulas, pero se conformó con ese pensamiento y se calmó.
—No creo. Una casa fantasma estaría mucho más ruinosa. Esta se conserva muy bien —continuó la gracia Ryku.
Dylan se molestó con ello.
—¿Podemos dejar de bromear con que es una mansión fantasma? —exigió. Cetile no entendía su reacción, pero Ryku sí. Su amigo asintió y dio por terminada la burla—. A ver, ¿qué hacemos ahora que hemos descubierto que la mansión está en ruinas? ¿Creéis que hallaremos algo interesante?
—No lo sabremos hasta que la exploremos —dijo Ryku—. Aunque esté en ruinas, la mansión tiene pinta de ser enorme. Tal vez descubramos por qué fue abandonada. Aparte, no hemos venido hasta aquí para marcharnos al momento, ¿no?
—Eso no te lo discuto. El plan era investigar la mansión, pero no decidimos cómo la exploraríamos. —Dylan inspiró hondo, acumulando valor y aferrándose al pensamiento de no toparse con Pokémon fantasma en el interior del edificio—. Muy bien. Entremos.
Ryku empujó la puerta y las bisagras chirriaron ruidosamente por la oxidación. La sala principal de la mansión demostraba el antiguo lujo que tenía con varias lámparas de araña bien conservadas, una violeta que hacía juego con las bases de las columnas blancas que había a ambos lados de esta. Las ventanas proporcionan una cantidad de luz idónea para no tener que usar linternas ni encender las lámparas, si es que todavía recibían electricidad. Sin embargo, a pesar de toda la preservación de la sala, estaba en ruinas. Las columnas habían perdido parte de su estructura con trozos de piedra desperdigados por el lugar, al igual que a las lámparas se les había caído los adornos de cristal. Todos los escombros se repartían la sala, lo que hacía ligeramente complicado moverse por ahí. Al final de la alfombra había unas escaleras que conducían al primer piso y pasillos adicionales a derecha e izquierda de la sala principal.
Ryku se fijó en los destrozos. Los boquetes en las columnas indicaban que no se habían roto por su antigüedad, sino porque alguien las había golpeado con una fuerza impresionante. Claramente, la única forma de obtener aquellos resultados era que alguien había ordenado a un Pokémon atacar o había habido un combate Pokémon en aquella sala que había provocado esos estragos. Dylan también eligió esa opción como motivo para que la sala principal estuviera así. Sí que había algo interesante en las ruinas de una mansión, después de todo.
—Descubramos por qué se desató un combate Pokémon aquí dentro —dijo Dylan—. Es obvio que esto no fue un Gimnasio en su momento porque la estructura no soporta muy bien los ataques Pokémon.
—A lo mejor se realizaban combates exclusivos y alguno se fue de las manos —conjeturó Ryku.
—Es una posibilidad, pero recompilemos más información antes de proponer alguna hipótesis. Empecemos por la planta baja.
El grupo se dirigió al ala este de la mansión. Los pasillos mostraban más indicios de un combate Pokémon el cual cada vez ganaba más peso en las suposiciones tras observar marcas de garras en las paredes. Las puertas que había por el pasillo estaban atascadas y no había forma de lograr girar el pomo. Probaron con todas las puertas que encontraron en el pasillo y todas dieron el mismo resultado. Ryku y Dylan no intentaron romper las puertas y continuaron andando por el pasillo.
La segunda sala a la que llegaron era una de dimensiones parecidas a las de la sala principal, a excepción de que esta se extendía más a lo ancho que a lo largo. En las paredes colgaban cuadros de pinturas Pokémon y algún que otro curioso trofeo con algo relacionado con los Pokémon. Por suerte, ninguno daba la sensación de haberse creado acabando con la vida de un Pokémon ya que casi todos ellos lo formaban por cosas que los Pokémon mudaban o regeneraban, como las pieles escamosas de un Dragonair y un Arbok, unas esculturas hechas con el plumaje de algunos Pokémon pájaro o las conchas de Pokémon marinos. Sin embargo, la posible belleza que podían ofrecer esos trofeos se había perdido en el pasado. Igual sucedía con los cuadros cuya pintura casi no mostraba las imágenes de una manada de Rapidash, pescadores atrapando Magikarp o representaciones nobles de Arcanine y Ninetales. Más allá de todo eso, a pesar de que todavía había ostentosas decoraciones en aquella sala, no había nada que realmente sirviera para la pequeña investigación que realizaban, de modo que continuaron moviéndose por la mansión.
Pasaron por la cocina y unas cuantas habitaciones más unidas por falta de paredes que servían como comedor. Tal vez en el pasado la mansión sí era para exploradores después de ver el tamaño de la cocina y las distintas mesas que había en el comedor. Era un lugar idóneo para que comieran varias decenas de personas a la vez, igual que un albergue. Desde ahí, existían dos caminos a seguir, uno de ellos los devolvía a la sala principal y el otro a una pequeña habitación que se utilizaba como almacén de diversos utensilios para la exploración. Ganchos, cuerdas, mochilas, tiendas y otros objetos de montañismo y senderismo descansaban ahí, víctimas de los destrozos en la mansión que los volvieron inútiles.
Regresaron al punto de partida y, esta vez, tomaron el camino al ala izquierda de la mansión. Esa zona era bastante más pequeña que el ala derecha, pues solo disponía de un par de puertas que daban la sensación de llevar a la misma habitación y otra área de descanso al fondo. Esta vez, las puertas no estaban bloqueadas y los tres pudieron entrar en la habitación.
Era una biblioteca. Una muy pequeña pero que dos de sus paredes estaban llenas estanterías con gran variedad de libros y unas cuantas mesas con lámparas destruidas para leer en ellas. Al fin habían dado con algo que les pudiera dar más detalles de lo que se hacía en la mansión. Ryku, Dylan y Cetile se dispersaron por la biblioteca y fueron observando los libros por encima. A medida que leían sus títulos, llegaron a la irrefutable conclusión de que definitivamente en la mansión residían muchos exploradores. Algunos libros trataban de geografía específica donde más posibilidades había de encontrarse con ciertos Pokémon, algunos libros de ilustraciones con Pokémon de otras regiones, sus comportamientos, las posibles diferencias que se podían ver dentro de la misma especie… una tremenda cantidad de información sobre los Pokémon del mundo. Ryku pensó que a Dalia le hubiera encantado añadir estos datos a su investigación.
—Es una pena que no todos los libros hayan sobrevivido —dijo Dylan hojeando un libro—. Los que aparentan haberse conservado bien, tienen las hojas rotas o la tinta se ha desgastado hasta tal punto que la hace ilegible.
—Este de ilustraciones sí está bien, pero solo se aprecian las fotos. Lo demás está borroso —comentó Ryku.
Dylan cerró el libro y lo dejó en la estantería.
—Lo que he sacado en claro solo explorando la planta baja es que esta mansión era como un hogar para exploradores de todo el mundo. Como si de la casa de un gremio se tratara.
—Estoy de acuerdo. El comedor, esa sala de los trofeos, el almacén de utensilios de montañismo y senderismo, esta biblioteca… todo conduce al mismo destino —corroboró Ryku—. Me pregunto qué habrá en el primer piso porque con lo que hemos visto en esta planta no son necesarios otros dos pisos.
—Puede que sean para los rangos entre los exploradores —supuso Dylan—. En este piso vivirían los novatos y recién ingresados, en el primero los que ya tienen experiencia y en el último los veteranos. Pero estamos investigando para averiguar qué desató un combate Pokémon en el interior de la mansión. Esta información por ahora no ayuda.
—¿Podría haber un libro aquí que hable un poco de este gremio? —pregunta Ryku.
—No lo sé, pero no perdemos nada por comprobarlo.
Mientras Ryku y Dylan buscaban un libro que hablase de la historia de los exploradores que habitaban la mansión, Cetile estaba indagando por la biblioteca sin saber qué estaban buscando sus amigos. Distraída, cogió un libro que le llamó especial atención y que hablaba de Pokémon de tipo planta de otras regiones. Aunque la información estaba casi ilegible y las fotografías habían perdido el color y se habían emborronado, no impedía que Cetile se imaginara cómo eran aquellos Pokémon. Cuando terminó, dejó el libro en su lugar de la estantería.
Escasos segundos después, un escalofrío recorrió todo el cuerpo de la chica como si le advirtiera de algo que no encajaba con la tranquila situación. Cetile se incomodó bastante con aquella sensación y miró a su alrededor. Confiaba en que solo había sido un escalofrío producido por una corriente de aire que se había colado por alguna ventana rota, pero en la puerta que habían dejado abierta vio a alguien o algo observándolos a escondidas. Cuando los ojos de Cetile se fijaron en la silueta de aquel ser, este se esfumó como si se hubiera asustado. Esta vez no iba a ir a ninguna parte teniendo tan reciente el recuerdo de lo que le ocurrió en las islas Espuma con una situación idéntica.
—Ch-chicos —dijo Cetile un poco asustada—. Acabo de ver algo. —Ni Ryku ni Dylan se inmutaron. Seguían pendientes de la búsqueda de aquel libro — ¡Chicos!
El grito de Cetile sobresaltó a los dos jóvenes causando que soltaran lo que sujetaran.
—No vuelvas a gritar así en una mansión abandonada —le riñó Dylan claramente nervioso.
Cetile ignoró el regaño y repitió lo que había dicho.
—He visto a alguien o a algo en el pasillo. Miraba a escondidas por la puerta.
—¿Estás segura de eso? —preguntó Ryku.
—Tanto como que mi prima es líder de Gimnasio.
Ryku intercambió una mirada con Dylan. Su amigo alegaba que Cetile había tenido una simple alucinación, pero Ryku también alegó que era algo que diría una persona que no quería que aquello fuera cierto. Dylan se ruborizó un poco, revelando la verdad. Ryku suspiró y observó a sus dos amigos completamente nerviosos.
—Vale, iré a ver. Por si acaso, tened las manos en los brazaletes, no vaya a ser que se trate de un Pokémon hostil.
Dylan y Cetile no necesitaron ese consejo puesto que, antes de que Ryku se lo dijera, ya tenían los Enlaces a un toque de la pantalla para activarlos.
Ryku se acercó lentamente a la puerta y se asomó cautelosamente por el umbral. Miró en ambas direcciones y no vio nada. Volvió a mirar más en detalle. Solo había los destrozos de los cristales y algunas piedras en el pasillo. Nada fuera de lo común.
—¿Hacia dónde huyó esa cosa? —preguntó a Cetile.
—Hacia el final del pasillo por tu derecha —aseguró la chica.
Ryku asintió y salió al pasillo. Encendió la pantalla de su brazalete y lo dejó a punto para activar su Enlace. Luego anduvo con el mismo cuidado en dirección al área de descanso donde supuestamente había huido el Pokémon o la persona. Cuando asomó la cabeza por la esquina, vio lo esperable.
Había una mesa de madera pintada de negro con unos bordes de hierro pulido rodeado por cuatro sofás con capacidad para tres personas cada una, otra mesa más alta con un par de sillas y un florero, un par de estanterías prácticamente vacías y unas cuantas macetas con plantas muertas. Todo, como resultaba lógico, destrozado. Pero hubo algo que llamó especialmente la atención de Ryku. No era lo que hubiera visto Cetile ni nada que se le pudiera parecer. Simplemente, era una estatua de lo que debía ser un Pokémon. Uno donde los libros que habían estado estudiando hasta ahora no contenía información alguna sobre aquel Pokémon. Ni siquiera una fotografía. Ryku se quedó pasmado con la silueta del Pokémon que representaba la estatua: tenía dos pequeñas protuberancias que no se asemejaban a cuernos, un corto hocico, una especie de armadura de pecho como la de un Alakazam, tres dedos de puntas redondas en ambas manos y pies y una cola que salía de su abdomen. Ryku se quedó tan ensimismado que no escuchó las voces de sus amigos hasta la tercera vez.
—Estoy bien —les respondió—. Podéis salir. No hay nada ni nadie por aquí. Y venid, debéis ver lo que acabo de encontrar.
Dylan y Cetile se reunieron con Ryku en el área de descanso y, al igual que él, se quedaron atónitos con la estatua. Cetile miraba fijamente las cuencas de los ojos los cuales no estaban grabados en la piedra mientras Ryku se aseguraba de que no había dato alguno sobre el Pokémon. Dylan se acercó a la estatua y acarició su superficie con una mano.
—Impresiona que se haya conservado tan bien. Si no fuera porque tiene una capa un tanto gruesa de polvo, diría que se esculpió hace poco. Aun así, eso no explica por qué no tiene ni un rasguño cuando los destrozos siguen presentes incluso aquí.
—La Pokédex no dice nada al respecto de ese Pokémon, si es que realmente lo es —informó Ryku.
—Podría ser la excéntrica escultura del que decoró la mansión —pensó Dylan—. Pero algo así con lo normal que se ve el resto de los adornos. Es muy extraño.
En una de las pasadas de la mano de Dylan por la estatua, el joven sintió algo curioso en un lateral del pedestal. Curioso, Dylan limpió aquella zona del polvo y volvió a pasar la mano ahora con la superficie limpia por si había sido un engaño de la suciedad. No lo era. A medida que movía la mano, delimitó un pequeño cuadrado y, cuando aplicó sin querer algo de fuerza, el cuadrado se hundió en la estatua. Dylan evitó que se enterrara por completo y apartó la mano de la estatua.
—Ahí hay un botón —comunicó a sus amigos—. Está bien escondido.
Ryku y Cetile se centraron donde había señalado Dylan y vieron el botón en la parte recién liberada de polvo.
—¿Deberíamos pulsarlo? —preguntó Cetile.
—No estoy seguro… —respondió Ryku.
—Podría ser una especie de cámara secreta donde los exploradores guardaban sus mayores tesoros en sus viajes. —Cetile sonaba emocionada con esa hipótesis.
—¿Tú que piensas, Dylan? —pidió Ryku la opinión de su amigo.
—Pues que no parece una idea loca. Una cámara llena de tesoros de todo el mundo es un buen desencadenante para un combate Pokémon que lleve a la ruina una mansión tan grande como esta. —En cierto modo, hasta Dylan también quería que la teoría de Cetile fuera real. Ryku siguió teniendo dudas, pero acabo sucumbiendo a la curiosidad y a la excitación por descubrir un tesoro escindido en la mansión.
—No perdemos nada por pulsarlo —concluyó.
Dicho eso, Dylan hundió el botón en la estatua hasta que escuchó un clic. No sucedió nada hasta pasados unos segundos cuando los ojos de la estatua se abrieron revelando unas luces rojas que daban un aspecto más terrorífico a la misteriosa criatura. Aquello fue lo único que hizo el botón.
—¿Ya está? Solo ha dado color a los ojos de la estatua —protestó Cetile.
—No, ha hecho su parte del trabajo —se percató Dylan—. Debe formar parte de un mecanismo más grande que necesite de pulsar otros botones secretos repartidos por la mansión. Si queremos saber su auténtica función, debemos pulsar los que quedan.
—Busquémoslos, entonces. Con esto hemos descubierto que esta mansión de exploradores guarda algo interesante. Quizá algo que averiguaron en una de sus muchas exploraciones.
—Y que tal vez desencadenara el combate que cada vez estamos viendo que alcanzó a todo el edificio. Vamos.
El grupo regresó a la sala principal y subieron al primer piso sabiendo que en la planta baja no había otra estatua. Aquel piso enseñó una mayor intensidad del combate, con derrumbes del techo y los enseres de las áreas de descanso de aquel piso tiradas por todas partes. También había muchas más habitaciones con las puertas cerradas que imposibilitaban su acceso o bien los derrumbamientos o bien que estaba atascadas como las del piso inferior. Los tres jóvenes encontraron la segunda estatua de la misteriosa criatura al final del pasillo que daba más directamente a las escaleras principales. Buscaron el botón oculto y lo pulsaron nada más encontrarlo. La reacción fue la misma: la estatua puso los ojos en rojo. Y esta vez, los tres jóvenes escucharon un movimiento de engranajes en algún lado de la mansión. Casi habían pulsado todos los botones.
Los jóvenes terminaron de investigar el primer piso y subieron al siguiente por las mismas escaleras que habían tomado para llegar a su actual ubicación.
El segundo piso fue prácticamente imposible investigarlo debidamente. Los destrozos vistos en los demás pisos de la mansión se concentraban e intensificaban en ese lugar. No cabía duda de que el estallido principal de aquel supuesto combate Pokémon empezó aquí. Solo faltaba descubrir por qué se libró. Sin embargo, los chicos estaban más centrados en encontrar las otras estatuas del misterioso Pokémon y apretar su botón oculto. Escalaron pequeños montículos de piedras que bloqueaban el paso por la única área de descanso del piso. En resto de zonas de la planta la componían diversas habitaciones, más específicamente despachos de los que mandaban por encima de todos los exploradores. Gracias a que las paredes que ocultaban su interior estaban derruidas, los tres jóvenes pudieron echar un vistazo. Había un despacho con una enorme mesa, macetas con plantas muertas y grandes estanterías derrumbadas y cuyos libros se habían quemado o roto, otro en el cual, meramente, fue imposible deducir qué había en el pasado y, finalmente, una tercera habitación que sacó a los jóvenes por un instante de la búsqueda de la estatua. Esa sala se diferenciaba de las otras dos por tener restos de aparatos electrónicos bastante avanzados que recordaban ligeramente a lo que vieron en las instalaciones de desarrollo de Bill en Silph S.A, a excepción de que esas máquinas parecían ser bastante más sofisticadas.
—¿Por qué necesitaban unos exploradores aparatos de tan alto nivel de tecnología? —preguntó Ryku.
—Por la misma razón que existe un mecanismo que solo se abre con varias estatuas de un Pokémon desconocido —respondió Dylan—. Aquí hay Meowth encerrado. Estos exploradores quizá no eran precisamente eso. —Dylan miró en detalle la habitación y lanzó un sonido de disgusto al encontrar lo que buscaba—. Estos libros de aquí seguro que nos hubieran revelado más información que la recopilada en la planta baja. Información muy importante.
—Todavía nos quedan las estatuas y lo que sea que manifieste el mecanismo que reacciona a las pulsaciones de los botones. Sigamos dando con ellas.
Por suerte, como el segundo piso no tenía muchas paredes que aún se mantuvieran en pie, acabaron dando con la estatua al final de un pasillo. Rodearon los obstáculos que les impedían llegar a ella saliendo por una de las puertas de los despachos que daban a un balcón y se adentraron en el lugar de la estatua. Esta estaba en peores condiciones que sus otras compañeras, pero su botón en el lateral del pedestal seguía funcionando perfectamente. Cuando lo pulsaron, un temblor sacudió toda la mansión. No fue intenso, pero si lo bastante fuerte para percibirlo. Segundos después, se escuchó el desbloqueo de unas muy gruesas cerraduras de función magnética o algún otro método mucho más complejo que el requerimiento de una llave. Aquel ruido procedió de la planta baja.
El grupo regresó a la sala principal y se dividieron para encontrar aquello que hubiera desbloqueado el mecanismo de las tres estatuas. Dylan exploró la sala de los cuadros y trofeos mientras Ryku y Cetile iban al comedor y a la biblioteca. En ninguno de esos lugares hubo nada diferente a la última vez que estuvieron allí, pero Cetile se dio cuenta de que en la biblioteca se habían caído más libros que antes, por lo que supuso que el epicentro del mecanismo rondaba por aquella zona. No se equivocó. Cuando Ryku y ella fueron al área de descanso de la primera estatua, vieron en la pared del fondo una abertura. Dylan se reunió con sus amigos y entre él y Ryku examinaron el hallazgo.
—Esta puerta recuerda a la de la caja fuerte de un banco. Estas cerraduras no deben ser nada fáciles de conseguir, ni siquiera creo que sean legales que lo tenga un gremio de exploradores —comentó Dylan.
—La cámara del tesoro… —dijo Cetile muy emocionada.
—Su contenido debe ser increíblemente valioso si los exploradores lo guardaron en un lugar cuya puerta tiene unas cerraduras iguales o superiores a las de un banco y, encima, está oculta a los ojos de todos y bloqueado su acceso con un mecanismo de botones secretos en estatuas —dijo Ryku.
—Desvelemos el misterio de la mansión.
Ryku y Dylan tiraron de la puerta con todas sus fuerzas de lo pesada que era. No alcanzaron a abrirla del todo, pero sí lo suficiente como para poder colarse en el hueco que habían dejado. Una vez dentro, la puerta empezó a cerrarse por su cuenta y Ryku y Dylan se aseguraron de que, al menos, se quedara al borde del cierre completo. En ese punto, la puerta no les amenazó con dejarlos atrapados en la habitación secreta y pudieron explorar el nuevo recinto.
La sala había cambiado casi por completo el aspecto habitual de la mansión. Las paredes y el suelo mantenían el color del edificio, pero el mobiliario era totalmente diferente en comparación. Había estanterías de hierro con diversos libros de ciencias, mesas con ordenadores y servidores al otro lado de la habitación y otros aparatos que el grupo vio en el laboratorio de la isla. También había la puerta de un ascensor que, probablemente, llevaba a accesos secretos en los pisos superiores.
—Esto no se parece en nada a una cámara del tesoro —dijo Cetile decepcionada—. Tiene más pinta de laboratorio que de cualquier otra cosa.
—La pregunta es, ¿por qué un grupo de exploradores tienen un laboratorio en su mansión? —inquirió Dylan—. No me cuadra en lo más mínimo. Con esto, deberíamos cuestionarnos si esta mansión se usaba para reuniones de exploradores.
—Si no lo fueran, ¿qué sentido tiene que construyeran un edificio tan grande solo para esconder este laboratorio? —preguntó Ryku.
—No lo sé. Estar aquí ha roto todas mis sospechas —respondió Dylan confundido—. Hay demasiadas preguntas y ninguna respuesta se acerca a la verdad.
Ryku se acercó a la estantería y miró las cubiertas de los libros que descansaban en ellas. La mayoría eran libros que hablaban de biología y genética y alguno que otro sobre armamento para Pokémon. Con cada título que leía, Ryku entendía menos qué se hacía en aquel laboratorio, aunque a una pequeña conclusión había llegado: no debía ser nada bueno. Por su parte, Dylan trató de encender los ordenadores del laboratorio, pero ninguno, a pesar de su buen estado, se encendió. Los servidores tampoco funcionaban.
—Confiaba en que por lo menos hubiese electricidad en esta parte de la mansión. Como está todo tan bien conservado… Una lástima.
—Chicos, he encontrado una especie de diario —llamó la atención Cetile.
Ryku y Dylan se reunieron con su amiga y miraron el libro abierto sobre la mesa que tenían delante. Sus hojas estaban desgastadas, pero se podía leer bastante mejor que los de la biblioteca de la planta baja. Dylan hojeó rápidamente el libro.
—Tiene pinta de ser más un libro de notas donde se apuntaban los resultados de aquello que se investigara aquí. Los apuntes son bastante cortos y poco personales para tratarse de un diario. —Dylan cogió el libro y pasó las páginas hasta elegir una cerca del principio del libro. Acto seguido, leyó lo que había escrito—. «Día 5 de Julio. La exploración de la selva tropical en Guyana, Suramérica, ha salido mucho mejor de lo esperado. El equipo de Fuji ha traído consigo imágenes de unas antiguas ruinas ocultas en lo más profundo de la selva que verifican la existencia del Pokémon Ancestral».
—¿Pokémon Ancestral? —repitió Cetile.
Ryku y Dylan no se interesaron por el descubrimiento de ese Pokémon, sino por el nombre que Dylan había leído en el párrafo. Fuji. Un nombre que asociaron directamente con el anciano de pueblo Lavanda que lleva una casa de voluntarios para Pokémon huérfanos. Dylan supuso que podía tratarse de otra persona con el nombre de Fuji, pero Ryku negó rotundamente con la cabeza.
—Es él —confirmó—. Cuando el Equipo Leyenda lo estaba llevando a la Torre Pokémon, oí a uno de ellos mencionar algo de Guyana y un supuesto descubrimiento accidental de unas ruinas. El señor Fuji lo negó, pero aquellos miembros del Equipo Leyenda se les veía muy convencidos de que fue él quien dio con ese hallazgo, como si conocieran su pasado. Tal vez esta nota haga referencia a eso.
—Entonces Fuji fue un explorador en el pasado. Uno importante, después de lo que acabas de decir. Y trabajaba o vivía en esta mansión. Cada vez me gusta menos esto.
—Sigue leyendo, veamos qué más nos dice el libro.
—«Día 6 de Julio. Todo apunta a que la muestra de ADN que trajeron Fuji y sus compañeros pertenece al ya nombrado Pokémon Ancestral. Ahora mismo estamos realizando las pruebas necesarias para comprobar que realmente son de ese Pokémon. De ser así, tengo unas cuantas propuestas para los jefes sobre qué hacer con susodicho ADN».
—ADN de Pokémon. ¿Podría ser que aquí se diera la idea de la tecnología Enlace antes de que Bill supiera desarrollarla debidamente? —preguntó Ryku.
—No —respondió Dylan—. En la nota del siguiente día dice que lo que propuso el que escribió esto fue el de recrear al Pokémon Ancestral a partir de esa muestra de ADN. Visto así, es más similar a la máquina de resurrección de fósiles del laboratorio de la ciudad.
—Crear vida a partir de una simple muestra de ADN. Una cosa es un fósil, pero ¿ADN en sí? ¿Es posible?
—Tal parece. Los Pokémon pueden revivir mediante fósiles porque conservaran alguna muestra de ADN de algún Pokémon —explicó Dylan—. Los siguientes días hablan del inicio de la investigación y los experimentos. Hay demasiados tecnicismos para entender lo que dicen. Solo capto lo que dice la nota del 10 de Julio: «Hoy Fuji y sus amigos han propuesto un nombre para el Pokémon Ancestral e identificar mejor la muestra de ADN. Lo han llamado Mew. Esto no es para nada relevante en la investigación, pero admito que estos exploradores han tenido una buena idea. Ahora la muestra de ADN será la muestra de Mew».
—A lo mejor esas estatuas de la criatura extraña son estatuas de Mew —comentó Cetile.
—Quizá. Es posible que pensaran en el Pokémon Ancestral para hacer las estatuas.
—¿El libro dice algo más que sea de utilidad? —pregunto Ryku.
Dylan pasó las páginas mientras leía superficialmente las notas. Durante varios meses, los experimentos de la creación del Pokémon Ancestral se habían convertido en los intentos de clonar al Pokémon Ancestral, de hacer una copia exacta de este. Por desgracia, ninguno de los resultados fue positivo. Uno de los días habló de la llegada de unos hombres a la mansión que se llevaron la muestra de Mew a un lugar secreto. El hombre que escribió el libro no pareció molestarse ya que tenía su propia muestra con la que continuar con su proyecto de clonar a Mew. Al final se obsesionó con ello y no obtuvo ningún resultado. El resto de las notas solo hablaban de su frustración e incompetencia por lograr sus objetivos. Dylan cerró el libro al no leer algo que fuera relevante.
—Resumamos lo que hemos descubierto. —sugirió Dylan—. Los exploradores, de los cuales uno de ellos era el señor Fuji, descubrieron unas ruinas en el interior de una selva tropical en Guyana y encontraron una muestra de ADN de un Pokémon desconocido. Llamaron a ese Pokémon Mew y experimentaron con una muestra de su ADN para clonarlo. Pero no tuvieron éxito.
—Suena a locura de las grandes —dijo Ryku—. Y por culpa de esto ahora hay más preguntas que nunca. Por ejemplo, ¿Por qué una mansión de exploradores tiene un laboratorio que se usaba para la clonación de un Pokémon desconocido? ¿Cuál era el propósito de esa investigación? ¿Cómo es que el Equipo Leyenda estaba al tanto del descubrimiento que hizo Fuji, o sea, este? Y muchas más.
—Y eso que solo estábamos intentando desvelar por qué se libró un combate Pokémon dentro de la mansión —agregó Dylan—. Creo que deberíamos dejarlo. Esto tiene pinta de ser demasiado complejo para que lo comprendamos.
—Sí. Ya hemos tenido suficiente exploración por hoy. No quiero cansarme mentalmente, sino tendré que desafiar a Blaine en otra ocasión. Y no me apetece volver a pasar otro día en la ciudad.
Ryku, Dylan y Cetile dedicaron unos últimos momentos a mirar el laboratorio. En parte, se lamentaban de que sus misterios no se hubieran resuelto, ni siquiera el más simple por el que se habían paseado por toda la mansión. Pero aquella era la realidad. El misterio del laboratorio alcanzaba un nivel de complejidad superior a lo que las jóvenes mentes del grupo podían comprender. Si al menos hubieran encontrado un contexto más adecuado, tal vez no habrían abandonado la investigación.
Cuando Ryku y Dylan se prepararon para empujar la pesada puerta de metal del laboratorio, escucharon el ruido de unos pasos y el de unas voces. Los chicos se quedaron quietos un instante por si aquellos sonidos los habían causado ellos sin querer, pero incluso quedándose como estatuas, los pasos y las voces se siguieron escuchando. Al menos dos personas había al otro lado de la puerta.
—Manos en los brazaletes —ordenó Dylan.
Ryku y Cetile no tardaron en tener las pantallas de sus brazaletes listas para activar sus Enlaces. Dylan y Ryku pegaron las orejas en la fría superficie de la puerta con tal de escuchar mejor lo que ocurría fuera.
—No debe andar lejos —se oyó decir a un hombre. Su tono era en cierto modo grave, lo que revelaba a los chicos que se trataba de un adulto—. Esta vez no se escapará. Ya no tiene más escondites en Kanto.
—Es gracioso que haya elegido esta mansión como guarida —dijo otra voz, esta vez era de una mujer adulta—. Qué estúpido. No sabe que ha decidido esconderse en el peor sitio posible. Aquí es como si jugáramos en casa.
Ryku y Dylan adoptaron unas caras más serias. ¿A qué se refería esa mujer con «jugar en casa»? Además, ¿quién o qué era lo que estaban buscando? Los chicos no separaron las orejas de la puerta y siguieron escuchando la conversación.
—Nadie ha estado en esta mansión desde hace, por lo menos, cincuenta años —le replicó el hombre—. Ya has leído los detalles de la misión. Esta mansión tiene una cantidad de pasadizos secretos que nosotros no conocemos. Nuestro amiguito habrá tenido tiempo de descubrirlos y usarlos lo escurridizo que es. Además —agregó tras recordar momentáneamente algo—, no debemos olvidar que en esta isla la gente está más al tanto de nuestra presencia. No tenemos mucho tiempo antes de que alguien alerte a la policía. O aún peor, al líder de Gimnasio de aquí.
—Ya dije que no debimos venir con los uniformes. Nuestro símbolo es muy llamativo —protestó la mujer—. Pero el jefe hizo oídos sordos.
—Basta de cháchara y a buscar —sentenció la conversación el hombre—. Recuerda que el jefe dará una recompensa adicional para quienes atrapen con éxito a la criatura. Y no voy a ser menos que Hank y compañía.
Durante algunos segundos, Ryku y Dylan solo oyeron el mover de las mesas y sillas y el lanzar de alguna de las macetas del área de descanso. En menos de un minuto, la mujer volvió a hablar.
—Oye, los informes hablaban de unas estatuas especiales en la mansión, ¿no? Esta tiene los ojos rojos.
—¿Ojos rojos? Déjame ver. —Se hizo el silencio por unos segundos—. Sí, según la información recibida, uno de los pasadizos que sí conocemos tiene que ver con unas estatuas que tienen un botón secreto en sus pedestales. Si se pulsan todos, debería revelarse una puerta oculta en alguna parte de la mansión. Pero ¿los ojos rojos es que se ha pulsado el botón o es así?
—¿Crees que unas bombillas rojas pueden permanecer encendidas tanto tiempo sin fundirse? Está claro que alguien ha estado aquí antes que nosotros.
—Debemos encontrar las otras estatuas de la mansión. En el caso de que tengan los ojos rojos también, significaría que ese alguien ya ha descubierto la entrada secreta. ¡Rápido, comunícaselo a Hank y a su compañero!
Ryku y Dylan confiaron en que las dos personas se retirarían y tendrían tiempo de abandonar la mansión sin ser detectados. Por desgracia, la mujer informó a sus compañeros desde el área de descanso con una radio.
—Estad preparados —susurró Dylan—. Tarde o temprano descubrirán la puerta y tendremos que salir de aquí. Habrá que hacerlo a la fuerza y con los Enlaces si no queremos que nos atrapen.
—Entendido.
Unos cuantos minutos después, la radio de la mujer emitió una respuesta, confirmando los temores de los chicos. Habían encontrado las tres estatuas de Mew con los ojos encendidos. Ahora, solo era cuestión de tiempo para que dieran con la puerta abierta ubicada en el área donde se encontraban. Si se fijaron en los ojos rojos de una estatua, no tardarían en darse cuenta de las perfectas líneas rectas que dejaban los marcos de la puerta.
Ese momento llegó mucho antes de lo que los jóvenes esperaban.
—Dile a Hank que abandone la búsqueda de esa posible anomalía en las paredes de la mansión. Ya he dado con ella —dijo el hombre.
La persona al otro lado de la puerta acarició la superficie metálica camuflada sin saber que Ryku y compañía estaban a menos de un metro de ellos. El hombre pidió ayuda a su compañera tras suponer que la puerta necesitaría de al menos dos personas para que se moviera. En el momento en el que las manos de esas personas empezaron a empujar la puerta, Ryku y Dylan, instintivamente, impidieron que esta se abriera fácilmente.
—Estos cincuenta años pasan factura a los mecanismos ocultos de la mansión —comentó el hombre—. Tira más fuerte.
—¿Y qué crees que estoy haciendo? —se quejó la mujer.
Durante varios segundos, la contingencia por abrir la puerta pareció un duelo de fuerza para saber quién era más fuerte. Ryku y Dylan se aplicaban a fondo mientras Cetile miraba indecisa de lo que hacer a continuación. No poseía la fuerza suficiente para ayudar a sus amigos, lo que se traducía en un esfuerzo inútil por su parte. Si embargo, tampoco quería quedarse de brazos cruzados y depender de ellos por su superveniencia. Necesitaba hacer algo. En un momento de la disputa Cetile estuvo a punto de socorrer a sus amigos y empujar la puerta junto a ellos, pero no fue necesario ya que, sin querer, a Ryku se le escapó un grito de energía que finalizó el combate por la puerta. El hombre y la mujer los habían descubierto.
—Lo siento —se disculpó Ryku.
—O eras tú o era yo. Casi estaba al límite de mis fuerzas —lo exculpó Dylan—. Activemos los Enlaces a la vez. Al menos contemos con el factor sorpresa de ser un tres contra dos. —Ryku y Cetile asintieron—. A la de tres. Una…dos… tres.
El grupo pulsó el botón táctil de sus brazaletes y se transformaron en sus respectivas formas Pokémon prácticamente a la vez. No fue exacto, pero logró su cometido pues el hombre y la mujer al otro lado de la puerta se dirigieron a ellos como si solo hubiera una persona. Y Cetile añadió una forma de hacerlos retroceder más después de que su forma Pokémon destrozara las mesas cercanas a ella y todo lo que había encima de estas.
—Vaya, vaya, parece que hemos pillado con las manos en la masa a nuestro Rattata —dijo el hombre—. Y se ve que quiere defenderse con su Enlace. Bueno, no vamos a ser menos.
Se escuchó el ruido de dos Enlaces activándose. Ahora ellos contaban también con el factor sorpresa del desconocimiento sobre los Pokémon en los que se habían transformado.
—Muy bien —volvió a sonar la voz del hombre, esta vez más grave—. Existen dos opciones a elegir ahora mismo. O desactivas tu Enlace y sales tranquilamente y sin hacer nada extraño o te lo desactivamos a la fuerza. En cualquiera de los dos casos, te prometo que no te haremos daños mientras permanezcas en tu forma humana. ¿Qué eliges? Yo de ti escogería la primera opción.
En cierto modo, el trato era bastante aceptable, pero Ryku había escuchado sutilmente a alguien reírse. El hombre desde luego no fue; sus ofertas sonaron muy serias y convincentes. Por tanto, debió ser su compañera. Con eso ahora los jóvenes se fiaban menos de aquellas personas. Así que optaron por una tercera opción.
Pasó un minuto y ninguno de los dos bandos dio una señal de actuar. Aquello dejó claro al hombre de la decisión que había tomado su enemigo.
—Así que prefieres permanecer encerrado ahí, ¿eh? —le dijo—. Una elección de lo más estúpida. Tarde o temprano tendrás que salir, ya sea por sed o por hambre. Incluso por otras necesidades. Nosotros tenemos todo el tiempo del mundo. —Esto último lo contó creyendo que no les había estado espiando desde que llegaron a la mansión. Ryku, Dylan y Cetile no respondieron. El hombre suspiró y se desesperó—. Qué más da. Tendremos mucho tiempo, pero no poseemos una gran paciencia. ¡Vais a salir de ahí ahora mismo!
Ryku y Dylan no se dejaron intimidar por las furiosas palabras del hombre y mantuvieron la compostura. Segundos más tarde, se oyó movimiento al otro lado de la puerta. ¿Se estaban preparando para derribar la puerta? No, esta era demasiado pesada para que incluso un Tauros lograra romper las bisagras, al menos no en el primer intento. No obstante, nadie cargó contra la puerta. Actuaron de forma menos brutal, sin fuerza. Actuaron con humo.
La sala empezó a llenarse de un humo oscuro que se colaba a través de los finos huecos que dejaba la puerta. Poco a poco la visión de los tres jóvenes disminuyó y Cetile se alteró. Tenían poco tiempo antes de que no fueran capaces de ver más allá de un palmo delante de ellos.
—¿Pretenden envenenarnos? —preguntó Cetile nerviosa. Luego de decir eso, se dio cuenta de algo—. Un momento, pero si yo soy inmune al veneno.
—Yo no —replicó Dylan—. Y Ryku tampoco. De los tres, él es quien está en peor situación.
—Calmaos. No es un gas venenoso —dijo Ryku casi sin preocuparse por lo que estaba sucediendo—. Conozco muy bien este humo. Pertenece al movimiento Pantalla de humo. Como mucho nos quedaremos ciegos temporalmente y no podremos contraatacar si una de sus intenciones es irrumpir y derrotarnos. Hay que buscar una manera de disiparlo. —Ryku miró rápidamente la sala y tuvo una idea al ver la puerta del ascensor—. Cetile, toma mi posición. No dejes que puedan abrir la puerta.
El Venusaur asintió y se acercó a la puerta. Su peso y tamaño aumentó la fuerza que necesitarían sus enemigos para abrir la puerta, además de que Cetile contaba con los látigos que le salían de su flor en la espalda, lo cual solo reforzaba más la protección de la puerta.
Ryku se dirigió a la puerta del ascensor y buscó el botón que lo llamaba. El humo se estaba densificando y cada vez costaba más detectar algo. Ryku se le ocurrió batir las alas para apartar, aunque solo fuera por unos segundos la humareda a su alrededor. Gracias a eso, vio el botón y lo pulsó. Como era de esperar, la falta de energía impidió que la luz del botón se iluminara y se escuchara el contrapeso moverse. Ryku confiaba en que hubiera algún sistema de reserva que se activara desde fuera, pero le quedó claro que debía aplicar su fuerza Pokémon en obligar a que las puertas se abrieran. Clavó sus garras en la línea que dividía la puerta en dos y comenzó a empujarla hacia los lados.
—Vamos, no debe ser tan complicado. Soy un Charizard, después de todo —se dijo para animarse. La puerta hizo señales de ceder, pero a su vez se resistía tanto como su verdadera lucha por mantener una puerta cerrada—. Al menos el humo ya se filtra por esta pequeña apertura, pero necesito que se abran del todo. Solo un esfuerzo más…
Ryku se preparó para aplicar el mayor empujón que era capaz de realizar con la fuerza bruta de un Charizard. Cuando creyó estar preparado, aguantó la respiración y empleó toda potencia posible en una sola acción. La puerta cedió por completo, se abrió y permitió que el humo se colara por el túnel del ascensor y despejara la sala. Ryku se sintió orgulloso de lo que había conseguido. Se alegró mucho de poseer el Enlace de un Charizard.
Con un sistema de ventilación improvisada, era cuestión de tiempo de que la emisión del humo terminara. Ese momento llegó antes de lo esperado cuando se escuchó como si un vehículo pesado se hubiera estrellado contra la mansión que llamó la atención de todos y les hizo olvidar aquello que estaban haciendo en esos momentos.
—Maldición. Nos hemos distraído demasiado con el Rattata este —dijo el hombre—. Quien nos temíamos que viniera ya está aquí.
—¿Qué hacemos? —preguntó la mujer.
Al hombre no le dio tiempo a responder cuando un nuevo sonido de algo impactando contra las paredes de la mansión retumbó por todo la zona de descanso. Ryku, Dylan y Cetile no comprendían lo que estaba sucediendo fuera. ¿Alguien había venido a rescatarlos, aunque claramente no sabía que estaban ahí? Fuera quien fuera, su salvador había creado una distracción, un camino en el que podían atacar por sorpresa al enemigo y ser de ayuda en el combate o escapar en el caos de la situación.
—¿Qué hacemos? —preguntó Dylan.
—Deberíamos huir —dijo Ryku—. Esto no nos concierne.
El combate al otro lado de la puerta se intensificó cuando Cetile sintió el fuego colarse por el marco de la puerta y quemarle la pata más cercana. De nuevo, alguien fue arrollado contra la pared y la estructura volvió a temblar.
—Si huimos, seguramente nos persigan —opinó Cetile—. Y yo no tengo precisamente un Enlace veloz.
—Cetile tiene razón —apoyó Dylan a su amiga—. El combate es de uno contra cuatro, que hayamos alcanzado a contar con las conversaciones. ¿Y si son más? Nos arriesgamos a que nos capturen igualmente. Propongo luchar ahora que tenemos oportunidad de lanzar un ataque sorpresa.
—Sigo sin estar muy seguro de ello —confesó Ryku.
Entre la discusión, el combate se calmó ligeramente y los jóvenes escucharon una conversación entre aquellos que pretendían cegarlos en humo negro y su salvador.
—No sé en qué estabais pensando para atreveros a volver a la isla. Y más concretamente a esta mansión —rebufó una voz imponente y furiosa. Se llegó a escuchar un suave relincho.
—Tampoco vinimos a quedarnos, Blaine —replicó la voz del hombre que habían estado escuchando desde hacía rato—. Hagámoslo fácil: deja que consigamos lo que hemos venido a buscar y te prometemos que nos iremos de inmediato de tu preciada isla.
—¿Habéis olvidado la promesa que os hice? —bramó Blaine—. Si pisabais de nuevo esta isla, cualquier miembro de tu maldita organización, sellarías vuestro destino.
—No olvides que tú también formaste parte de nuestra «maldita» organización —recordó el hombre.
—Hasta que descubrí vuestros objetivos reales. Desde entonces me juré que no permitiría que el Equipo Leyenda los cumpliera. Y sabía que en esta isla habría algo que os haría regresar, incluso después de tantos años. Mi intuición no me ha fallado.
Ryku, Dylan y Cetile se quedaron boquiabiertos ante la impactante revelación. Que Blaine fuera miembro del Equipo Leyenda era imposible de concebir. Sobre todo, por quién era el anciano en el mundo de los entrenadores de Enlace. Ryku y Dylan intercambiaron una mirada. Ryku había abandonado toda intención de huir entre el caos que produjera el líder de Gimnasio y aceptó ayudarlo en su empresa de derrotar a los miembros de la organización contra la que tantas veces se había enfrentado.
—Oh, Blaine, no quería que llegásemos a esto, de verdad —se mostró compasivo el hombre—. Créeme cuando te digo que solo vinimos por una simple razón, una que no amenazaba a nadie. Una vez cumplido ese propósito, nos marcharíamos.
—¿Quieres que te repita mi propósito? —preguntó Blaine, claramente molesto—. Además, no todo lo que sale de la boca de un miembro del Equipo Leyenda es la verdad.
—Tal vez. Pero esto sí es verdad: dudo mucho que salgas de esta mansión con vida. Una lástima después de que me contaran que la organización perdonara por igual al resto de exploradores.
—Me he enterado de lo que le hicisteis a Fuji recientemente. Eso solo aviva mi odio hacia vosotros. ¡Adelante, intentad vencerme si creéis que podéis!
Se escuchó el fuerte pisotón de unos cascos de caballo y el crepitar de algunas llamas. El combate estaba a punto de reanudarse con mayor furia que antes. Las mentes de Ryku, Dylan y Cetile todavía procesaban la información de que Blaine, uno de los líderes de Gimnasio más poderosos de Kanto, fuera miembro del Equipo Leyenda. Pero no era el momento para pensar en esas cosas. Era la hora de actuar. Esta vez, los jóvenes se coordinaron con tal de abrir la puerta y sorprender al enemigo en plena pelea. Hicieron una cuenta atrás y entonces, nada más la mansión volviera a temblar por culpa de los movimientos de los Enlaces de las personas, abrieron la puerta y se abalanzaron sobre el enemigo.
Los miembros de Equipo Leyenda no se habían olvidado de la persona que se había atrincherado tras una de las puertas secretas de la mansión, pero desconocían que no se trataba de una sola persona, sino de tres. Aquello igualó el combate de uno contra cuatro a cuatro contra cuatro. El Equipo Leyenda tenía Enlaces bastante pensados para los Pokémon de tipo fuego, contando con un Golem, un Poliwrath, un Nidoking y un Ninetales. Blaine era un Rapidash que estaba siendo el foco de los ataques de los otros Pokémon y que a simple vista parecía estar en enorme desventaja contra ellos. Pero gracias a la repentina aparición de los jóvenes, el combate principal se dividió en varios.
La elección de los contrincantes de cada duelo fue al azar y a cada miembro de un bando uno le tocó un rival contra el cual tenía mucha ventaja o ninguna. Cetile fue la única afortunada tras haberle tocado el Golem como su rival. Dylan y Blaine no contaban con ninguna ventaja teniendo a Poliwrath y a Ninetales como rivales respectivamente. Ryku fue el único que contaba con una ligera desventaja, y era la parte venenosa del Nidoking.
Blaine cargó violentamente contra el Ninetales arrollándolo por el pasillo con tal de que la destrucción no se centrara en un solo punto de la mansión. Dylan también se llevó al Poliwrath a otra parte del edificio alejándolo de la zona actual a base de cañonazos de agua y Cetile agarró con sus látigos al Golem con tanta fuerza que lo restringió casi por completo del movimiento. Entonces la chica acompañó al Pokémon roca y se marcharon como un niño jugando con una pelota. Aquello dejó al Nidoking y al Charizard a solas en el área de descanso.
—De un Rattata a tres —comentó el Nidoking—. Bien podíais haberos quedado ahí dentro después de que os asegurarais de que no pudiéramos abrir la puerta secreta.
—Hemos escuchado la amenaza de muerte contra Blaine. No os lo vamos a permitir —respondió decidido Ryku.
—Oh, con que eso crees, ¿eh? Bueno, ya me he cansado de tantas interrupciones. Esta misión se suponía que iba a ser sencilla y en poco tiempo no hemos recibido más que molestias. Voy a acabar con esto ahora mismo.
El Nidoking rugió y cargó contra el Charizard con el cuerno de su cabeza por delante. Ryku dudó entre esquivar el ataque o detener su ofensiva con alguno de sus movimientos. Ante la rápida necesidad de respuesta, eligió la más fácil a tomar. Se hizo a un lado impulsado con el batir de las alas y esperó a que el Nidoking terminara su carga estrellándose contra la pared. Sin embargo, Ryku no contó con la impresionante capacidad de reacción del enemigo y el Nidoking se detuvo antes de siquiera pasar por el lado del Pokémon alado. El Charizard pretendió defenderse frente la inesperada situación, pero el Nidoking actuó a una velocidad pasmosa y en pocos segundos, el Pokémon morado lo agarró por la cola, dio una vuelta sobre sí mismo y lo lanzó hacia el laboratorio secreto.
Ryku voló por toda la habitación tras la puerta secreta y se estampó contra la pared interior del hueco del ascensor. El impacto no fue lo bastante poderoso para dejarlo gravemente vulnerable, pero sí para obligarlo a concentrarse en mantenerse en el aire y buscar el suelo del laboratorio. Mientras lo intentaba, el Nidoking cargó de nuevo y, esta vez, asestó un golpe con todo su cuerpo al Charizard que lo mandó otra vez contra la pared. Ryku no soportó ese segundo choque, no por el impacto contra la pared, sino por el golpe en sí.
El joven no entendió lo que había ocurrido, en tan solo dos ataques su Enlace ya estaba agonizando y su estado era mucho peor que en un combate Pokémon normal. Mucho peor que sufrir quemaduras o parálisis. Su visión empezó a emborronarse, la cabeza le dio vueltas y perdió la orientación. Ryku hizo un esfuerzo titánico por salir del hueco del ascensor, pero el Nidoking estaba ahí, bloqueando la única salida posible. Aquel intento de salir del ascensor fue frustrado y el Nidoking sentenció el estado de Ryku asestándole un puñetazo que acabó con las fuerzas del joven por seguir volando y el Charizard se precipitó por el hueco del ascensor hacia su punto más bajo.
El Nidoking se sintió satisfecho por su rápida victoria, pero no terminó el combate ahí. Quería evitar que regresara de ahí abajo si su Enlace le salvaba la vida. De modo que separó las patas y empleó una enorme cantidad de energía bajo estas que provocó que el suelo se pusiera a temblar de verdad, como si un terremoto a gran escala sacudiera la mansión entera. Estos temblores hicieron que los soportes del ascensor se aflojaran y rompieran y el elevador cayera a gran velocidad desde la planta en la que había permanecido por tanto tiempo. Y como un peligro añadido, el terremoto también agrietó y destrozó las paredes del hueco del ascensor, haciendo que cayeran justo detrás del elevador una avalancha de rocas que no haría más que sentenciar la vida humana del Charizard sí lograba sobrevivir a su propia caída y a la del elevador. Ahora sí estaba satisfecho con el resultado del combate.
Durante la corta celebración de victoria del Nidoking antes de ayudar a sus compañeros, el Pokémon morado se sintió vigilado. Como si hubiera alguien detrás de él. ¿Uno de los compañeros del humano del Charizard? No. De ser así ya habría sido atacado por la espalda. Con esa premisa, el Nidoking se giró más calmado.
—Veo que uno de vosotros ha logrado también una victoria… —El Nidoking no terminó la frase cuando se topó cara a cara con aquello que se había plantado a sus espaldas. No era uno de sus compañeros. No era uno de los compañeros del Charizard. Era aquello que estaban buscando—. Al final has decidido mostrarte. Quédate quieto y todo va a salir…
Sin previo aviso, el Nidoking se envolvió en un aura rosada que lo elevó un metro del suelo. Incapaz de hacer nada, comenzó a temer por su vida. Estaba a merced de la criatura. Y esta hizo lo que creyó correcto.
Ryku consiguió abrir los ojos unos segundos. Seguía cayendo por el hueco del ascensor sin posibilidad de salvarse. Intentó mover el cuerpo, las alas, la cola… cualquier parte de su cuerpo. Nada le respondía. No había nada que pudiera hacer. Tampoco veía lo que tenía por encima de él. Solamente una oscuridad que desaparecía con la llama de la cola, una llama prácticamente extinta. Entonces los párpados del joven empezaron a pesarle y los cerró lentamente mientras lo último que veía eran las chispas del elevador cayendo junto a él. Eso, y una luz rosada que llegó a tocar su piel escamosa.
Después, todo fue oscuridad.
