Oscuridad. Silencio. Era todo cuanto Ryku podía sentir. Nada se veía a través de sus ojos y tampoco se escuchaba el menor ruido, por muy sutil que fuera. Daba igual cuánto intentara percibir el más leve sonido, aunque solo fuera su propia respiración. Pero era imposible. Sus sentidos se habían apagado, ni siquiera sentía su cuerpo en contacto con alguna superficie. Era como si estuviera flotando en el aire indefinidamente. ¿Aún estaba cayendo por el hueco del ascensor? ¿Cuánto tiempo faltaba para que tocara el suelo y no pudiera evitar que una jaula de hierro y un montón de rocas se cernieran sobre él? ¿Tan profundo era? No tenía sentido. Solo existía una explicación a su actual situación. Él… estaba muerto.
Resultaba cruel y frío, pero aquella era la mejor explicación posible a que se encontrara en la oscuridad más absoluta, incapaz de ver u oír nada, de tocar… de sentir. ¿Así acababa su viaje, su aventura? Ryku se entristeció al descubrir que ahora no podría volver a ver a sus padres ni a Antorcha, que no sería capaz de cumplir la promesa que le hizo a su Pokémon. Ryku se culpó por lo que le había ocurrido. Ahora tenía tiempo para lamentarse. Mucho tiempo.
Vamos, no es momento para dormir. Despierta.
¿Una voz? Algo o alguien acababa de romper el eterno silencio en el que se encontraba Ryku. Daba igual quién le acaba de hablar, solo le importaba localizar y moverse hacia su origen, aunque fuera arrastrándose. Con suerte, sería su salida de la oscuridad.
Por favor, despierta.
Ryku percibió la voz más fuerte, más intensa. Estaba cerca. Debía alcanzarla.
Sé que no he llegado tarde. Estás bien. Lo sé, lo veo. Lo noto. Debes creerlo. Simplemente abre los ojos. Despierta.
Ryku se dejó llevar por las instrucciones de la voz. ¿Estaba bien? La voz se lo decía. Tenía que abrir los ojos, pero… ¿no los tenía ya abiertos? Ryku hizo un esfuerzo por cumplir el deseo de la voz, de su intención por ayudarlo. Sintió sus párpados obligándose a abrirse y una débil luz apareció entre la oscuridad. Luz. Ruido. Lo que creía que había perdido había regresado. Ryku se aferró a ellos y continuó yendo tras la voz y cumpliendo sus deseos. Al final, se acercó lo suficiente a la luz y esta lo deslumbró. Ahora estaba en un lugar brillante.
Al fin. Menos mal. Pensaba que te habías rendido.
Ryku abrió los ojos definitivamente y la centelleante luz se desvaneció hasta el punto de tornase de un rojo carmesí y un intenso color naranja. Lo primero que vio Ryku nada más abrir los ojos fue un techo gris lleno de grietas y boquetes, algo que no esperaba ver. Movió la cabeza y el simple gesto trajo un dolor de cabeza que provocó que el joven se mareara. Se llevó la mano a la cabeza y, en cuanto se tocó la frente, se percató de algo curioso. Entre la vista borrosa causada por el mareo, distinguió los dedos y las garras de su forma Pokémon. Seguía siendo un Charizard.
Bueno, tal vez sí debo dejarte descansar un poco más.
Aquella voz… Ryku creyó que solo habían sido imaginaciones suyas, como cuando estuvo suspendido en el aire en un entorno oscuro y provisto de sonidos. Creyó que era su subconsciente ayudándolo a ver la realidad. Pero, si había despertado, ¿por qué la seguía escuchando? El dolor de cabeza debió ser más fuerte de lo que pensaba.
—¿Q-Qué? ¿Quién…? —logró pronunciar Ryku.
De la nada apareció a escasos centímetros de la cara de Ryku el rostro de una especie de gato rosado de ojos azules. Ryku se quedó paralizado al verse frente a una criatura que jamás había visto. Su imaginación tenía un poder asombroso.
La criatura sacudió sus pequeñas orejas puntiagudas y miró a Ryku curiosamente con sus ojos azules.
Parece que has despertado por completo. No hay razón para que te quedes ahí tirado, ¿no crees? —La criatura rosada adoptó un rostro feliz y sonriente.
Ryku volvió a quedarse perplejo. ¿Podría ser…?
—Debo haberme dado un fuerte golpe en la cabeza. Estoy alucinando —comentó.
Entonces, la criatura se acercó más al joven y posó una pequeña mano de tres dedos. Un débil brillo salió de su palma y desapareció al cabo de un segundo.
No. Definitivamente no estás viendo ilusiones por un golpe en la cabeza. Me acabo de asegurar de ello.
Ryku se levantó lentamente y la criatura rosada se apartó para darle espacio en sus acciones. Ryku no se dio cuenta de que bajo sus pies había escombros, de modo que tropezó cuando cedió una piedra al movimiento de sus patas. Logró mantener el equilibrio, pero eso despertó de nuevo el mareo, aunque fue menos intenso. Cuando las patas del joven tocaron un suelo menos escarpado, este se restregó la cabeza mientras analizaba su entorno.
Estaba en un pasillo de más de dos metros de ancho con luces fluorescentes en las esquinas. Estas emitían una tenue luz que teñía el pasillo de un tono rojizo como la sangre. Ryku se fijó en que el pasillo conducía a una bifurcación al fondo y no parecía haber otros caminos por los que moverse. Miró detrás de él y descubrió todo el destrozo que había. Una montaña de rocas y piezas de metal bloqueaba varios metros de pasillo y había destrozado algunos fluorescentes que expulsaban chispas de vez en cuando. Entre las rocas también había trozos de metales que podían venir tanto de la capa de las paredes del pasillo que tenían ese material como de los restos del ascensor. Ryku vio hasta algunos cables y contrapesos de este. Definitivamente fue un milagro que todo aquello no se le hubiera caído encima.
¿Seguro que puedes mantenerte en pie? Das la sensación de que perderás el equilibrio con facilidad.
La voz. Aquella voz que no paraba de resonar en la cabeza de Ryku seguía ahí. El joven volvió a voltearse y miró en detalle a la criatura rosada. Era un ser pequeño que no alcanzaba el medio metro de altura. Todo su cuerpo era rosa, siendo el azul de sus ojos lo único que no permitía que todo en el ser fuera de un solo color. Tenía unos brazos bastante cortos que los hacían ver como si solo fueran simples decoraciones, aunque después de que la criatura los usara para verificar que no estaba viendo ilusiones, aquello no se podía decir. Finalmente, tenía unas patas posteriores alargadas, mucho más que sus pequeños brazos, y una larga y fina cola que fácilmente podía ser más extenso que su propio cuerpo.
Ryku se quedó mirando embobado al pequeño ser rosado. Este dudó si se había quedado embelesado por el movimiento de su cuerpo levitando en el aire o por, simplemente, observarlo.
¿Te importaría dejar de mirarme así? Ese es uno de los motivos por los que no suelo mostrarme a los humanos.
Ryku reaccionó ante la petición de la criatura. Gracias a ello, también realizó la conexión que necesitaba. Aquella voz que no paraba de sonar en su cabeza… venía de la criatura. Aun así, esa relación no se sostenía debidamente, de manera que Ryku tuvo que asegurarse.
—¿Eres tú quien me está hablando? —preguntó.
La criatura voló hasta quedarse cerca del joven. Esta vez, sin embargo, mantuvo un poco las distancias para que Ryku la viera bien.
Obviamente. Ya dejé claro que no estás alucinando.
—Supongo que estarás empleando alguna clase de poder para comunicarte conmigo sin necesidad de vocalizar las palabras —dedujo Ryku.
Exactamente —le confirmó la criatura—. Este poder recibe el nombre de telepatía. ¿Te suena? ¿Sabes cómo funciona?
—No soy tan estúpido. Sé perfectamente lo que es la telepatía —protestó Ryku. La criatura pareció reírse y realizó una pequeña pirueta en el aire—. Lo que quiero saber ahora es qué eres. ¿Un Pokémon?
Vaya, aún debes pensar que estás teniendo alucinaciones si te atreves a preguntarme eso —replicó la criatura—. Pero te sacaré de dudas: sí, soy un Pokémon. Y seguro que añadirás que nunca has visto un Pokémon como yo, así que me adelantaré y te diré que es porque eres el primer humano en muchísimo tiempo que me ve. Por eso jamás has visto nada parecido a mí.
Ryku asintió, admitiendo que aquella iba a ser la siguiente pregunta que formularía. Pero no fue la última pues, tras escuchar la respuesta de la criatura, surgieron nuevas dudas.
—¿Cuánto tiempo ha pasado desde el último humano que te vio? —inquirió.
La criatura hizo un gesto de desconocimiento, pero con sus cortos brazos casi ni se notó.
¿Tres mil años, quizá? Tal vez más. Podría contar una ocasión en la que casi me muestro ante alguien una vez que me quedé una temporada en unas ruinas que los humanos erigisteis para venerarme. Pero no lo cuento ya que no es igual a como me estás viendo tú ahora.
En cuanto Ryku escuchó la palabra «ruinas», algo conectó en su mente como si aquello fuera el requisito para despejar la mayoría de las dudas que habían aparecido desde que entró en la mansión con sus amigos. Las piezas empezaban a encajar. Sin embargo, Ryku quería estar seguro de que no se equivocaba.
—Esas ruinas… Por casualidad no están dentro de una selva tropical, ¿verdad? —preguntó.
El Pokémon fijó sus ojos en Ryku.
Oh, ¿las has visitado? ¿Formabas parte de alguna de las tantas expediciones humanas que las investigaron? —Rápidamente, la criatura rectificó sus palabras—. Pero qué digo… No recuerdo a ninguna de ellas llevar a niños consigo. Aunque tal vez seas de una de las que fue después que abandonara la selva hace ya décadas.
—No. No he visitado esas ruinas ni esa selva —respondió Ryku. La criatura estaba a una sola pregunta para descubrir con total firmeza su identidad—. Pero he oído hablar de esa localización en… cómo se llamaba… ah, sí, Guyana.
¿Guyana? —repitió el Pokémon ladeando la cabeza. Se le veía confuso, pero solo por unos instantes—. Ah, es verdad. Los humanos se referían a la selva por un nombre como ese. Aunque creo que empleaban más la palabra «Gukanda» a Guyana. Supongo que escuché mal.
Ahí estaba. La última prueba que Ryku necesitaba para cerciorarse de la verdad. Y ya no había duda alguna. Estaba hablando con lo imposible.
—No me creo lo que está pasando —dijo todavía intentando asimilar la realidad—. Eres... eres Mew, ¿verdad?
De nuevo, el Pokémon reaccionó de manera impredecible. Su pequeño cuerpo se tensó y alcanzó la mayor longitud que podía alcanzar. Luego se acercó a Ryku y lo miró con un solo ojo.
Mi nombre —soltó. Ryku no estaba seguro de si había lo había enfadado. La tensión no tardó en desaparecer—. No sabía que supieras cómo me llamo. Ni siquiera los humanos que me veneraban lo conocían.
—¿Es tu nombre verdadero? Simplemente mencioné el nombre que leí en un diario de investigación que encontré en esta mansión —explicó Ryku.
Mew se apartó y miró al suelo, pensativo.
Sabía que había algo raro en esta mansión desde que decidí esconderme en ella. A veces no soy muy lista. Esos humanos… —Mew sonó enfadada—. No me van a dejar en paz nunca.
—Esos humanos… ¿Te refieres al Equipo Leyenda? —inquirió Ryku.
Precisamente. Son esos humanos que están arriba. Seguramente descubrieron que estoy aquí y vienen con las mismas intenciones de siempre. Cómo los odio.
—Te comprendo —empatizó Ryku con Mew—. Yo también he tenido problemas con ellos. Desde los más simples como un intento de robo en el monte Moon; dos secuestros, uno en pueblo Lavanda y otro en ciudad Azafrán; y el hundimiento del S.S. Anne.
Mew volvió a reaccionar igual que cuando el joven pronunció su nombre. Esta vez, se la veía esperanzada.
Un momento, ¿has dicho S.S Anne? —Ryku asintió—. ¿Ese nombre pertenece a un barco muy grande? —Ryku volvió a asentir—. Por casualidad en esa experiencia que viviste en el barco… ¿Hay una parte en la que tuviste un combate entre Pokémon en un gran almacén? —Una vez más, Ryku dio una respuesta positiva con un movimiento de cabeza. Sin embargo, el chico se quedó sorprendido de que Mew realizara preguntas tan específicas. Estaba a punto de devolverle alguna de las cuestiones, pero el Pokémon rosa estalló de alegría—. ¡Eres tú! ¡Eres tú! —chilló. A Ryku le dolió un poco la cabeza con esa comunicación mental—. Eres aquel Charizard que me salvó la vida creando una vía de escape por la que pude escapar del almacén sin ser vista. Quién lo iba a decir, he salvado a quien me salvó en el pasado.
Mientras Mew se reía con ese pensamiento, Ryku se centró en recordar dónde pudo toparse con el Pokémon rosa durante su estancia en el crucero de lujo. El combate que tuvo contra aquel Golbat lo mantuvo constantemente enfocado en su enemigo más que en lo que le rodeaba. Probablemente Mew actuó mientras él estaba en plena ofensiva. Pero el Pokémon dijo que creó una vía de escape para él. ¿Cuándo lo hizo exactamente? ¿En el plan de Surge de agujerear el barco? O tal vez fue en pleno combate contra el Golbat. Durante el duelo, el Pokémon de piel azul y enorme boca uso aquel rayo de luz blanca que destruyó la pared a un lado. Esa podía ser la vía de escape que mencionó Mew. Entonces lo recordó: el fenómeno del pasillo. Aquella ilusión de algo rosa flotando y viajando por detrás de él.
—No fueron imaginaciones mías —contó Ryku un poco feliz—. Es verdad que vi una bola rosa escapando por el pasillo detrás de mí mientras peleaba contra el Golbat. Ahora descubro que eras tú.
Es casi como si hubiéramos estado destinados a encontrarnos —rio Mew. Ryku también se contagió de su risa—. Aunque me gustaría saber una cosa. Tú sabes mi nombre, pero yo no sé el tuyo. ¿Qué nombre he de poner a mi salvador?
—Ryku. —El joven miró un instante a un lado—. ¿De verdad crees que te salvé? Quiero decir, que creara una forma por la que pudieras escapar no entraba en mis planes cuando peleaba contra aquel Golbat; ni siquiera sabía que estabas ahí.
Tu presencia fue más que suficiente para distraer a esos humanos que intentaban capturarme. De no haber estado ahí en ese momento, seguramente hubieran descubierto mi escondite bajo una furgoneta y no estaría conversando contigo ahora. Tal vez tú no lo consideres, Ryku, pero desde mi punto de vista, eres mi salvador. Y no me vas a convencer de lo contrario.
—Vaya… gracias por el elogio —agradeció Ryku ligeramente sonrojado.
La conversación tuvo una pausa en la que Ryku y Mew volvieron a mirar a su alrededor como si esperaran que ocurriera algo. Segundos más tarde, Ryku reanudó el diálogo con nuevas preguntas.
—A todo esto, Mew, ¿tienes idea de por qué el Equipo Leyenda va a por ti? Antes dijiste que no te iban a dejar en paz nunca. ¿Es que te llevan mucho tiempo persiguiéndote?
Años. Muchos años. —respondió rápidamente Mew—. Puedo contar fácilmente unos cincuenta, incluso más antes de que averiguara que me perseguían fervientemente. Y en cuanto al porqué de ese deseo suyo por capturarme… el verdadero lo desconozco, pero el objetivo general de cualquier humano, no solo del Equipo Leyenda, es de el tener en su poder a un Pokémon tan especial como yo.
—¿Especial? A mí me pareces un Pokémon bastante normal —opinó Ryku—. Cierto que eso de que nadie te haya visto se puede traducir en que eres una nueva especie de Pokémon. Pero de ahí a que seas especial…
¡Lo soy! —protestó Mew casi como el berrinche de un niño. Hasta Ryku creyó ver que el Pokémon rosa inflaba sus mofletes—. ¿Por qué sino los humanos os tomasteis la molestia de edificar templos en mi honor? ¿Por qué sino los humanos me llamáis Pokémon legendario? O espera… ¿cómo me nombráis ahora? ¿Pokémon singular? ¿Pokémon Ancestral?
En eso Mew tenía razón. No había otra explicación para que la gente dedicara parte de su vida a construir templos que la trataban como si de un dios se tratara. Y según recordaba Ryku, el Equipo Leyenda estaba tras Pokémon legendarios, y aquel diario se refería a Mew como el Pokémon Ancestral. Todo apuntaba a que el Pokémon rosa realmente era especial.
—Pensándolo mejor, tienes toda la razón —se corrigió—. Dudo que el Equipo Leyenda se esfuerce tanto solo para capturar un Pokémon común. Sobre todo, si no les importaba en un principio hundir el S.S Anne a modo de distracción para estar a solas a la hora de buscarte.
Exacto. Gracias por comprenderlo.
—Sin embargo, eso no respondió mi pregunta. ¿Qué es lo que te hace tan especial para que te llamen el Pokémon Ancestral o legendario o singular? Por tu habilidad telepática, deduzco que eres un Pokémon de tipo psíquico muy poderoso. Mucho más que un Alakazam.
Nunca me he comparado en fuerza con otro Pokémon. Cierto que mis poderes se basan en la telequinesis y la psique en general, pero no conozco mis límites exactos en combate ya que no soy un Pokémon al que le guste pelear. De serlo me habría desecho de mis perseguidores hace mucho. —explicó Mew—. No, mis principales habilidades y naturalezas son la eternidad, la invisibilidad, viajar en el tiempo y poder transformarme en cualquier Pokémon, lo que significa que también puedo usar cualquier movimiento que sepa y pueda hacer un Pokémon.
Entre todas las habilidades que mencionó Mew, Ryku no se sorprendió por todas. No creer en que Mew fuera un Pokémon eterno estaba fuera de dudas; había dicho que habían pasado más de tres milenios desde la última vez que se mostró ante un humano. La invisibilidad también podría entrar en sus habilidades, pues algún buen truco necesitaría para lograr durante tanto tiempo que nadie supiera de su existencia. Donde más se sorprendió Ryku fue en las habilidades de viajar en el tiempo y de transformarse en cualquier Pokémon. Ambas realmente imposibles de creer.
—Eso de viajar en el tiempo y de transformarse en cualquier Pokémon… ¿Es acaso posible?
Por supuesto. Lo de viajar en el tiempo no suelo usarlo a menudo porque… lo tengo bastante limitado. Pero lo de poder adquirir el aspecto y las habilidades de cualquier Pokémon es cierto. —Ante la cara de incredulidad por parte del joven, Mew ya supuso que tendría que hacerle cambiar de parecer—. Está bien, como veo que vuelves a no creerme, te lo demostraré.
Ryku iba a decir que creía en sus palabras, pero no le dio tiempo. De repente, el cuerpo de Mew empezó a brillar de la misma forma en la que él adoptaba su forma Pokémon o un Pokémon evolucionaba. Su pequeño cuerpo se moldeó como quien da forma a un jarrón de barro y se hizo más grande y pesado. Escasos segundos después, Mew había dejado de ser por completo el Pokémon rosa y ante Ryku estaba un imponente Tauros. Ryku se quedó impresionado. No le hacía falta que Mew le convenciera, pero ver cómo funcionaba esa habilidad suya realmente era de lo más interesante de ver.
Mew no terminó su exhibición ahí y volvió a envolverse en el brillo blanco de la transformación y se convirtió en un Butterfree. Luego descendió y se transformó en un intimidante Arbok, un Pikachu, un Nidoqueen, un Golduck y un Golem.
Como puedes ver —dijo Mew tras adquirir el aspecto de un Dodrio. La manera en la que hablaba Mew en esa forma era un tanto caótica, como si le hablaran telepáticamente tres personas a la vez—, no bromeo en mi capacidad de adoptar cualquier aspecto de todo Pokémon existente. —Mew volvió a transformarse y escogió el cuerpo de un Alakazam. Su voz telepática se agravó y sonó más fuerte que lo normal—. Cualquier Pokémon. —cambió a la forma de un Muk. Ryku retrocedió un poco por si le afectaba el veneno que produjera—. Cualquier movimiento. —se encogió hasta un tamaño no más grade que la anchura de una de las garras del Charizard—. Incluso podría hacerme pasar por ti y nadie se daría cuenta. —Mew sentenció su espectáculo volviendo a transformarse. Ryku creyó que volvería a ser el Pokémon rosado, pero frente a él apareció un Charizard exactamente igual a él. Absolutamente imposible de descubrir que en realidad era un diminuto Pokémon de piel rosada que no medía más de medio metro de altura.
Ryku empalideció ante la última frase de Mew. Era verdad que podría sustituirle si quisiera, pero había ciertos factores que volvían inútiles tales intenciones. Ryku ya veía la primera: Mew no era un Charizard ni sabía actuar como un humano. El Pokémon rosa, a pesar de tener la intimidante forma de un dragón de piel anaranjada, no parecía gustarle mucho la seriedad, pues constantemente se llevaba las manos al hocico con tal de ocultar una risilla. Ryku sintió vergüenza ajena de ver el comportamiento de Mew con el aspecto de un Charizard.
—Sinceramente, dudo que eso sea posible —dijo Ryku soportando la vergüenza—. Básicamente, porque solo necesitaría desactivar el Enlace y regresar a mi forma humana para desbaratar tu plan. Además, los humanos te veríamos con caras muy confusas porque no existe un Charizard que se comporte como lo estás haciendo ahora. Y no lo sabe nadie mejor que alguien que entrenó a uno.
Mew agachó la cabeza, abatida por el comentario del humano. Volvió a iluminarse y recuperó su forma original del pequeño Pokémon rosa que levitaba.
Soy capaz de pasar desapercibida físicamente cambiando constantemente de forma, pero mi mayor debilidad es mi naturaleza. No tengo remedio.
A pesar de esas palabras, Mew no se veía triste, sino que más bien se reía de ello. Aparentemente no le importaba su forma de ser. Ryku se relajó después de saber un poco más sobre Mew. Su idea de hacerse pasar por él, aunque posible, no la iba a ejecutar nunca. No mientras lo considerara un aliado. Ryku sonrió por la felicidad que irradiaba el Pokémon. Aunque no era el momento de bajar la guardia.
Arriba se estaban librando tres combates en una mansión que no estaba preparada para ello. Independientemente del resultado final de aquellos duelos, la mansión no debía venirse abajo, de lo contrario la única vía de escape que Ryku conocía quedaría absolutamente bloqueada.
Ryku cerró los ojos y se concentró en su Enlace. Los golpes del Nidoking habían sido muy fuertes. Realmente era un milagro que todavía conservara su forma Pokémon. Aun así, la vida de su Enlace era escasa, lo cual significaba que solamente los ataques que pudiera resistir por el tipo al cual pertenecía evitasen una instantánea activación de la Prioridad Humana. Debía ir con cuidado.
—Tengo que salir de aquí —dijo Ryku dando por terminada la conversación y las presentaciones—. Mis amigos están ahí arriba y probablemente necesiten mi ayuda.
No aportarás nada en tu estado actual —replicó Mew—. Aunque te veas en plenas condiciones, un golpe bien dado te volvería incapaz de defenderte por tu cuenta.
—¿Cómo…? —Ryku abrió los ojos de par en par ante la deducción del Pokémon Ancestral.
Lo descubrí cuando te toqué la cabeza para comprobar que no estabas alucinando. Gracias a ello he conseguido mucha información sobre, ti, Ryku. No te preocupes, no he indagado en tus recuerdos. Solo comprobé tu estado físico y mental. He de admitir que en el lado físico eres de lo más extraño. Me cuesta comprender que tras esa forma Pokémon haya en realidad un humano.
—Podría ser como tu capacidad de transformación —supuso Ryku.
No, no es lo mismo —replicó Mew—. Cuando yo cambio de forma lo hago casi al completo. Solo conservo las habilidades que me identifican como Pokémon legendario, pero por lo demás, sería el Pokémon en el cual me convertí. —Mew se quedó pensativa—. Me gustaría que me hablaras de ese que tanto empleáis los humanos. Lo he visto en acción, pero no entiendo como habéis logrado romper una de las barreras que separa a los Pokémon de los humanos. A menos que también puedas hablar con otros Pokémon mientras estás en esa forma. Pero dejemos esto para otro momento —sentenció Mew, impidiendo que Ryku le explicara lo que sabía sobre el funcionamiento de la tecnología Enlace—; ya hemos hablado suficiente. Deberíamos centrarnos en encontrar una salida de este lugar. Y queda descartado volver a la mansión —anunció Mew al instante—. No voy a volver al lugar donde el Equipo Leyenda sabe que estoy, aparte de que el hueco del ascensor que seguramente pretendías liberar de sus escombros para ascender es demasiado peligroso. Su inestabilidad podría causar nuevos desprendimientos y no creo que tu Enlace lo soporte.
Ryku no cayó en la idea de un posible nuevo derrumbe de rocas mientras intentara subir por el hueco del ascensor. Solo pensar en ello ya eliminó de su cabeza el tomar esa vía para regresar con sus amigos. En ese caso, no conocía otra salida.
—¿No podrías teletransportarnos a la superficie? —preguntó Ryku—. Tengo entendido que la mayoría de Pokémon de tipo psíquico tienen esa habilidad.
Por supuesto. Fue así como te salvé —respondió Mew—. Ya planteé usar mi poder para llevarnos a un lugar seguro, pero hay dos factores que anulan esa posibilidad. La primera, que hay algo aquí abajo que me impide usar el teletransporte correctamente, como una especie de campo de fuerza que limita mis poderes. La otra opción es que no quiero usar más el teletransporte porque he descubierto que el Equipo Leyenda rastrea de alguna forma mis saltos en el espacio. Contra menos lo use, mejor.
—Entonces no nos queda otra que movernos por esta zona a ver si damos con una salida de emergencia o algo así. No creo que solo haya un acceso a este lugar.
Estoy de acuerdo.
Ryku y Mew fijaron sus ojos en las profundidades del pasillo, donde las luces rojas iban perdiendo intensidad contra más lejos miraran. Ryku vio que a partir de cierto punto la llama de su cola sería la única luz en la oscuridad, pero no le preocupaba. Solo estaba nervioso por saber del estado de sus amigos en la superficie. Confiaba en que estuvieran bien. Y para saber eso, tenía que hallar la salida donde fuera que estuviese.
