Sora se acercó hacia Yamato, quien se había quedado apoyado en la puerta de la cocina observando así su interior. Aquel día los habían llamado el personal encargado de las reformas de la casa para que fueran a comprobar que todo estuviera a su gusto. Caminó lentamente hasta colocarse tras él, abrazándolo por la espalda como le gustaba hacer, asomando la cabeza por uno de los laterales.
- ¿Te gusta?
- Tenemos los huecos más bonitos que he visto jamás – bromeó, girando la cabeza ligeramente hacia ella.
- ¿Verdad que sí? Vamos a tener que ir a terminar de elegir los muebles que vamos a poner aquí – arrastró lentamente sus manos hasta quedar a su lado, sin soltarlo, manteniéndose así abrazada a él-. Vas a tener que pensar muy bien cómo piensas estrenar la cocina.
- ¿Yo? ¿Voy a tener que estrenarla yo?
- Claro que sí, de los dos el que tiene mejor fama con el tema culinario eres tú.
Sonrió, girándose del todo hacia ella, notando como aflojaba su agarre para permitírselo, levantando la cabeza hacia él cuando lo hizo.
- Podemos ir mañana si quieres y ver si encontramos algo que nos guste. ¿Te parece bien? Ahora que ya tenemos un hueco para tener una buena nevera con un buen congelador donde poder meter todo el helado que te apetezca…
- Eso suena de maravilla. Es más, recuérdame que en cuanto tengamos dónde meterlo traiga… - amplió más su sonrisa-. También tenemos que ir escogiendo los colores para la estancias.
- Creo que eso te lo voy a dejar a ti. Tú eres la que entiende de estas cosas, me fiarme de tu criterio por muy en duda que se pueda poner después de que te hayas casado conmigo,
Intentó no reírse, poniendo gesto de resignación antes de acabar de dejar la cabeza sobre su hombro, reduciendo del todo la distancia entre ambos unos segundos. Volvió a levantar la vista hacia él, observándolo con el gesto tranquilo.
- Últimamente se hace complicado verte así.
- ¿Así? – confuso, arqueó una ceja.
- Tranquilo – respondió llevando una mano hacia su mejilla-. ¿Vas a seguir fingiendo que no te pasa nada?
A pesar de todo, las palabras de la pelirroja no lo cogieron del todo por sorpresa. No era un secreto que era bastante complicado esconderle nada, era consciente de ello, pero no contaba con que no le tuviera piedad y que lo hiciera confesar tan pronto.
- No creo que esté fingiendo nada – contestó por fin.
- No, espero que no, porque sin duda se te da muy mal – negó con la cabeza-. Al menos no me has intentado colar que no te pasa nada y que estás así porque estás cansado por el trabajo.
- ¿Serviría de algo?
- No, claro que no – lo soltó, dejándole algo de especio-. Pero no me gusta verte así.-
- ¿No habíamos quedado en que ahora estaba bien?
- Sabes perfectamente a lo que me refiero – le contestó caminando hacia la ventana del lugar, teniendo cuidado con no tropezar con nada-. Llevas dándole vueltas a la idea de que me vaya contigo desde que me puse enferma ese día. ¿Prefieres que me quede en Tokio?
La observó unos segundos en silencio, siguiéndola así con la mirada, entretenido en ver cómo su figura contrastaba con la luz que se colaba en la sala, tomándose así su tiempo para buscar algo que contestar. Era bastante evidente su preocupación y los motivos por los que estaba cómo estaba, ella, que además leía en él como en un libro abierto debía de haberlo intuido desde lejos ya.
- Me da miedo que te puedas volver a encontrar mal y que estés sola en un lugar donde no conoces a nadie para que te pueda ayudar…
- Yamato, aunque hubieras estado cerca tú tampoco hubieras sido de más ayuda que para evitar que todavía me duela el golpe de la cara, en caso de que te hubiera dado tiempo… No estoy enferma, solo he tenido algo de anemia y ya estoy controlándolo. Tampoco es tan grave como para que tenga que replantearme el ir contigo.
- Ya lo sé… Pero tú sola con la niña, por mucho que esté Biyomon contigo…
- ¿Qué? ¿Yo sola qué? Si me pasa algo estando en Tokio, estaría exactamente igual de sola. Cuando se me pasara el mareo llamaría a Jou, sí, pero… ¿no hay médicos en Tanegashima en caso de que me volviera a pasar? ¿O tienes pensado meterme a Jou en la maleta por prevenir? – se giró hacia él con una ligera sonrisa en los labios a pesar de todo.
- ¿Tú crees que se daría cuenta de mis intenciones? Puedo decirle que lo invitamos a pasar unas vacaciones en una isla del sur del país cerca de la playa… - le siguió la broma, caminando ligeramente hacia ella-. Ya, no lo decía por eso, Sora. Ya sé que hay médicos en la isla créeme, me quedó bastante claro la última vez que los necesité.
Volviendo a aparecer la seriedad automáticamente en el rostro de ella, se quedó observándolo. Por desgracia, había entendido perfectamente a lo que él se refería con aquella frase. Había pasado bastante tiempo desde que le había contado lo del accidente hasta que por fin ella le había preguntado por más detalles sobre lo que había ocurrido realmente. Y sabía perfectamente a lo que se refería.
- Lo que quiero decir es que si luego te encuentras mal, ¿quien va a poder venir a hacerte compañía para que puedas estar tranquila?
- Eres consciente de que estuve viviendo sola fuera del país bastante tiempo, ¿verdad? – ladeó la cabeza, observándolo-. No era el mismo caso, pero ya sabes cómo me pongo cuando estoy muy nerviosa. No creo que haga falta que entre en detalles de cómo podía ponerme antes de un examen final o una entrega importante. Y no, al principio tampoco conocía a nadie, por mucho que hayas podido oír a Andrew meterse conmigo con el tema alguna vez – le hizo un gesto con la mano cuando vio que iba a protestar para poder decir aquello-. Solo son mareos, estaré bien. Y… aunque no fuera así. No estoy haciendo esto porque no pueda vivir sin ti un par de meses, Yamato. Por desgracia, yo ya he pasado por eso muchas veces, periodos mucho más largos – se acercó de nuevo hacia él, pudiendo posar así las manos en sus costados-. No quiero que Aiko tenga que pasar tanto tiempo sin ti, y si solo me puede costar estar revuelta un día… Me parece justo.
Siguió sus movimientos con la mirada mientras que se acercaba a él. Estaba totalmente de acuerdo con lo que ella decía, pero no podía evitarlo. Lo que realmente pasaba por su cabeza iba más allá, pero agradecía que hubiera sido capaz de dase cuenta de la parte más superficial ya que no quería tener que sacar con ella nada más. Estaba preocupado porque pudiera encontrarse mal mientras que él no estaba, sí, pero eso no era lo único que le preocupaba. Había sacado el tema con Taichi por encima en su momento y esperaba que ella siguiera totalmente en la ignorancia ya que no sabía como se lo podía tomar. Simplemente le aterraba la idea de acabar viéndose en la misma situación del padre de ella, pero eso era algo de lo que no quería hablar.
- Lo sé, ¿vale? – acabó por relajar el gesto, intentando alejar así sus pensamientos sobre el otro tema-. Sé por lo que lo haces… Y tenía algo de esperanza en que fuera porque no quisieras echarme de menos tanto tiempo – intentó bromear, aprovechando para dejar sus manos sobre los brazos de ella, debido a su posición-. Sé que eres mayorcita para poder cuidarte tú sola, normalmente al que tienes que hacerle de niñero es a mí. Pero no lo puedo evitar. Es superior a mí. La idea de que te pongas mal otra vez sin tener a nadie cerca cada vez me gusta menos.
- Y yo te lo agradezco, pero tampoco quiero que estés dándole vueltas todo el día, porque vas a estar pasándolo mal… Además, ¿no me estás riñendo siempre porque trabajo demasiado? ¿No te das cuenta de que te estoy usando de excusa para tener unas vacaciones en la playa adelantadas?
- Ah, claro, esa era la intención – sonrió finalmente de forma más sincera-. Ya te vale, usarnos a mí y a la niña para buscarte unas vacaciones al sol.
- Eh, a la niña no la estoy usando. A ella me la llevo conmigo de vacaciones. Es más… Ya sé cómo se te puede pasar el mal humor de estos días – arrastró sus manos hacia atrás, acercándose así-. Como haya heredado de ti la habilidad para quemarse con demasiada facilidad, aunque estemos en primavera, vamos a tener que comprarle un gorrito y protección solar de la alta… Y cosas de playa y ropa de verano. Si no recuerdo mal hace mucho mejor clima que aquí y va a tener calor.
- ¿Tu nueva forma de distraerme es llevarme a comprar cosas para Aiko?
- Sí, y es la más efectiva que conozco – se puso de puntillas, alcanzando así para poder darle un beso-. Así que vamos a mirar lo que nos hace falta por el momento para aquí y luego podemos ir a buscar cosas para que Aiko se lleve a la playa.
Acabó por ceder, relajando el gesto. Sin duda no se iba a quedar tranquilo simplemente por el hecho de haber tenido aquella conversación, pero, al menos la habían tenido, cosa que tiempo atrás no habría ocurrido y, en algún momento, habría acabado generando problemas. La expectativa de ir a comprar cosas para la niña servía para distraerlo, de manera que intentaría tomárselo lo mejor posible sin pensar exactamente por qué tenían que estar haciendo aquello.
- Y dice Mimi que si te quedas más tranquilo, que ella se ofrece a quedarme conmigo unos días si nos hace falta.
- ¿Te ha dicho eso?
- Sí, que ya que mi padre y Koushiro estarán ocupados intentando encontrarse entre los papeles que tienen desperdigados por todo el despacho, pues que puede venirse los días que más problemas pueda tener yo.
Mantuvo la sorpresa en el rostro, sin poder evitarlo, teniendo que darle las gracias mentalmente a Mimi por aquello. Sin duda no debería sorprenderlo, se llevara como se llevara él con ella, la relación que tenía con Sora era muy diferente y, evidentemente que se podía haber ofrecido a ir con ella.
- Luego he tenido que preguntarle que si os dejaba hablar el tema entre vosotros dos tendría que ir a separaros… Y hemos llegado a la conclusión de que sí.
- Empieza ella siempre… ¿Tengo que recordarte la última jugarreta que me hizo?
- Pues sí… porque no me acuerdo de que te haya hecho algo recientemente – puso cara de confusión, intentando hacer memoria.
- ¿Segura? ¿Te parece poco llamarnos cuando estábamos en un momento más que delicado después de tantos meses intentándolo?
Mantuvo el gesto, buscando entre sus recuerdos para ver si podía entender a lo que se estaba refiriendo él, teniendo que pasar unos segundos hasta que cayó en la cuenta, poniendo cara de sorpresa.
- ¡Yamato! – lo soltó, por fin, dándole un ligero manotazo-. No digas eso, pobrecita… ¿tú sabes la pena que me dio cuando me dijo que me había llamado a mí porque se había visto sola? Me sentí fatal haber estado a punto de colgarle el teléfono e ignorarla.
- Pues yo no – sonrió de forma más exagerada.
- Menudo portador del emblema de la amistad…
- Sí, sí… Lo que tú digas. Pero mira, ya que nos ponemos sinceros… Tengo mis prioridades, y mejor no te cuento en ese momento cómo estaban…
No le dio tiempo a poder responder antes de aprovechar que ya tenía libertad de movimiento al haberlo soltado ella, para sujetarla ahora él mejor, acercándosela de repente, dejando también una mano tras su nuca para sujetarla así, inclinándose para besarla, sin muchos miramientos, de forma intensa.
- ¿Sr. Ishida?
La voz de uno de los encargados de la reforma desde al entrada de la casa, hizo que se separasen, dando un respingo, poniendo distancia entre ambos a pesar de que aún no hubiera nadie con ellos directamente.
- Vengo ahora… - le murmuró a Sora, teniendo que sonreír de medio lado, viendo como en aquellos momentos tenía las mejillas del mismo color que su cabello, antes de salir de la cocina para ir en busca de quién le reclamaba.
AnnaBolena04: pues verás tú qué risa, porque tengo un dedo tocándome la moral y ahora mismo le he echado una pomada y me he tomado un antinflamatorio, pero me molesta al teclear que da gusto... Verás tú como no sea que anoche dormí retorcida o algo por el estilo. Crucemos los dedos, pero no el que me duele por favor.
Parece que las reformas mejoran y que cierto rubio está de mejor humor. Que está viendo como todo toma forma por fin y su pelirroja parece estar mejor ya, pudiendo así los dos ponerse más cariñosos de la cuenta y que estén a punto de pillarlos los obreros con los que habían quedado. Seguro que a nadie le extrañaría que las cosas hubieran ido más allá de no haber llegado en ese momento nadie, que esos dos tienen que estrenar su casa por todo lo alto.
Andrew el pobrecito no sabía dónde se metía o sí y lo que pasa es que ya lo tiene tan asumido que lanza puñales sabiendo que va a acabar durmiendo con Aiko en la cunita. Que está de buen humor y mira, puede aprovechar para rondar un poco. Seguro que con la manga de la chaqueta llena de babas de bebé sabe intentar negociar algo para que lo dejen entrar en casa. Habrá que preguntarle si sobrevivió...
¡Besitos de tortuguita!
