Ryku y Mew se movieron con cuidado por los pasillos en busca de una salida. Podía estar en cualquier parte, por lo que ambos procuraban fijarse en cualquier detalle que los llevara por el buen camino. A medida que avanzaban, el silencio fue haciéndose más y más presente y las luces rojas empezaron a fallar y dejaron de alumbrar los pasillos, haciendo que la llama de la cola de Ryku fuera la única fuente de luz. Aquello provocó que fueran más lentamente, vigilando detenidamente lo que tenían a pocos metros por delante, pues la llama no se hallaba en sus mejores condiciones. Ryku pensó que debían restaurar la electricidad si querían dar con la salida cuanto antes.

Por otra parte, Mew actuaba a un ritmo que a Ryku le costaba seguir. Volaba de un lado para otro del pasillo, mirando las señales y examinando cada puerta que se encontraban. Muy a menudo se adelantaba y este la perdía de vista por unos segundos. Cuando eso pasaba, el joven se guiaba por el sutil sonido que hacía el Pokémon rosa al volar, como si su movimiento en el aire fuera lo bastante rápido para que produjera un silbido.

Pasados varios minutos de deambular por los pasillos, no había rastro de alguna señal que condujera a una salida de emergencia. Mew y Ryku habían bajado a los pisos inferiores de donde se encontraban y, contra más bajaban, menos destrozado estaba todo. De hecho, en cierto punto de la exploración lo único que demostraba que aquel lugar llevaba mucho tiempo abandonado eran las capas de polvo acumuladas en las paredes y cristales.

Sin previo aviso, Mew apareció delante de Ryku, asustándolo y alertándolo de su presencia. El joven no se había dado cuenta de que el Pokémon rosa había vuelto a hacer una de sus desapariciones.

Allí al fondo hay otras escaleras que llevan a una sala con generadores. Hay una señal que lo indica—informó—. Debe ser el sitio que proporcionaba electricidad a este sitio.

—¿Tú también buscabas la manera de restaurar la electricidad aparte de la salida? —preguntó Ryku.

Mew asintió.

Sí. Si hemos de avanzar dependiendo de la llama de tu cola, no saldremos de aquí en bastante tiempo. De modo que me he adelantado y he utilizado mis habilidades para ver qué hay más adelante y me he percatado de esa sala, además de que las luces de los pasillos parecen estar en buenas condiciones. Si devolvemos la electricidad, podremos encontrar la salida más rápido.

Ryku estaba de acuerdo con ello y siguió a Mew hasta una puerta metálica en el piso inferior. Esta estaba cerrada con un código y un lector de tarjetas. Sin ellos, la puerta no se abriría. Aunque tampoco podría hacer nada sin electricidad, pensó Ryku.

—Habrá que abrirlo a la fuerza —dijo.

Déjamelo a mí.

Mew volvió a brillar y se escuchó como si un gran peso cayera sobre el suelo. Ryku se apartó un poco mientras Mew ganaba más y más tamaño con cada segundo que pasaba. Cuando acabó de transformarse, Mew usó la recién adquirida fuerza de un Machamp para abrir la puerta con una facilidad asombrosa. Luego se aseguró de que las puertas no se cerraran detrás de ellos como una medida de seguridad y destrozó al menos una de ellas para salir sin problemas. Acto seguido regresó a su forma habitual.

—Desde luego es muy útil ese poder —comentó Ryku mientras entraba en la sala de los generadores.

Es de lejos el que más uso —contó Mew—, aunque solamente para pasar desapercibida, como ya he dicho.

Ryku y Mew se movieron por la sala de los generadores y trataron de reactivarlos para que volviera a circular la electricidad. Los generadores no tenían ninguna pantalla que diera información sobre su estado, de modo que Ryku supuso que debía haber una sala de control cerca. Por suerte la sala de los generadores no era muy grande, ya que solo albergaba seis de ellos repartidos a ambos lados de la sala. Al fondo había una pequeña habitación con el panel de control que buscaban, pero, como era de esperar, la puerta para entrar estaba cerrada a cal y canto.

Esta vez, Ryku no requirió de las peculiaridades de Mew y abrió la puerta con la fuerza bruta de un Charizard combinado con su movimiento Megapuño. La puerta se hizo pedazos y Mew y Ryku accedieron a la sala de control.

Los monitores del panel solo mostraban una imagen que alerta roja que informaba directamente sobre los generadores. Al parecer, estos habían perdido toda su energía y estaban en un modo que, según leyó Ryku en la pantalla, se llamaba «ultra ahorro de energía». También indicaban lo que se necesitaba para recargar los generadores: electricidad producida por las descargas de algún Pokémon de tipo eléctrico. Ryku vio detrás de él unos huecos en la pared con un dibujo de un rayo encima.

—Mew, ¿podrías transformarte en un Pokémon eléctrico y usar los poderes de uno para recargar los generadores?

Claro que puedo. ¿En qué Pokémon estás pensando?

Ryku volvió a mirar los huecos, esta vez en más detalle, y dedujo que los Pokémon que albergaban tenían un físico circular. Y como solamente era un agujero, Ryku no le costó dar con la respuesta.

—Un Electrode —respondió—. Has de entrar ahí y descargar toda la electricidad que puedas sin excederte. Estos generadores tienen pinta de almacenar mucha electricidad, pero no vamos a estar tanto tiempo.

Intentaré que tengan la suficiente energía para que se agote cuando ya no estemos aquí —dijo Mew—. Mejor eso que quedarnos a ciegas de repente.

Ryku asintió. No sabía de cuánta energía hablaba Mew para alcanzar ese propósito, pero no le veía inconveniente alguno; Mew se veía muy segura de proporcionar mucha energía necesaria sin cansarse. Y no dudaba de que fuera capaz de ello.

Mew descendió y por primera vez las patas rosadas de su forma original tocaron el suelo. Después, su cuerpo brilló y empezó a adoptar la forma de un Electrode, la cual solo se veía como una bola de energía. Al acabar, Mew miró a Ryku con el rostro chulesco del Pokémon que imitaba a una Pokéball con los colores invertidos y rodó hasta meterse dentro del hueco que le indicó Ryku.

De repente, el hueco se cerró con una puerta de cristal muy grueso que dejaba ver su interior. Mew se asustó cuando unos electrodos se pegaron en diversas partes de su cuerpo, pero se tranquilizó cuando averiguó que su única función era la de absorber su electricidad y mantenerla fija. Mew miró a través del cristal y solo vio las patas y la cola en llamas de Ryku.

¿Cómo va todo por ahí? —preguntó.

Ryku se dio la vuelta y los monitores detectaron la presencia de un Pokémon en una las cámaras de absorción eléctrica. Los dispositivos habían encontrado al Electrode y estaban preparados para recargar los generadores. En el monitor aparecieron dos opciones: recarga automática o manual. Ryku no sabía cuál de las dos era la elección correcta, de manera que pulsó el método manual ya que era la que se veía más segura. Entonces los monitores empezaron a pitar y a mostrar una barra de carga. Ahora esperaban a que el Pokémon eléctrico empezara a descargar energía.

—¡Ahora, Mew! —indicó Ryku. No obtuvo una respuesta—. ¿Mew?

Ryku miró la cámara y vio al Electrode quieto sin hacer nada. Mew debía seguir esperando a que Ryku contestara su anterior pregunta. «Está aislada», concluyó Ryku. Se agachó y llamó la atención de Mew con un movimiento de sus brazos. Una vez logró que se fijara en él, Ryku le hizo unos gestos para que empezara a usar ataques eléctricos. Le costó un poco, pero consiguió transmitir el mensaje y Mew se puso a descargar electricidad.

Poco a poco los monitores fueron mostrando el porcentaje actual de electricidad almacenada en los generadores. Mew descargaba energía a una velocidad constante y cargaba los generadores rápidamente. Ryku temía que Mew se estuviera excediendo, pero en un momento que aprovechó para ver su estado, el Pokémon rosa parecía no tener ningún problema.

—Creo que ya es suficiente —dijo Ryku cuando la barra de carga andaba por el veinte por ciento—. Debería avisar a Mew.

Ryku se agachó e hizo unos gestos hacia Mew que no vio hasta que abrió un ojo para ver cómo iban las cosas fuera. Mew entendió las indicaciones y cesó las descargas. No pudo hacer nada más, pues los electrodos seguían conectados a su cuerpo y la puerta de cristal no había bajado.

No me puedo mover. Ayúdame, Ryku.

El joven no tardó en investigar por qué Mew no podía salir por su cuenta del hueco. Lo primero que pensó fue que debía ser una fuente externa la que desbloquease y liberase a los Pokémon encerrados en ellos, de modo que buscó en el panel de control algo que realizara tales acciones. Encontró un botón cuya información sobre este significaba precisamente lo que estaba buscando, y lo pulsó casi sin pensárselo dos veces. Sin embargo, el panel de control se puso a pitar y los monitores mostraron un error en sus pantallas. Ryku ya temió haber atrapado permanentemente a Mew en aquel hueco, pero se sintió aliviado cuando comprobó que la alerta solo especificaba un requisito que no se estaba cumpliendo.

Aparentemente, las cargas de los generadores debían alcanzar un porcentaje mínimo para que estos se pusieran a funcionar. Un treinta por ciento para ser más precisos. Ryku se volteó una vez más y transmitió el mensaje a Mew como pudo. Esta vez, el Pokémon rosa tuvo que preguntar por si lo había entendido bien.

Tengo que… ¿seguir descargando si quiero salir de aquí dentro? —Ryku asintió y Mew no lo vio con buenos ojos—. Genial, ¿no podrías buscar una forma de sacarme de aquí ahora sin tener que volver a envolverme de electricidad, por favor?

Ryku volvió a asentir, aunque no prometió nada.

De nuevo en el panel de control, Ryku buscó una manera de soltar a Mew saltándose el requisito de energía mínima de la central. Recordó el estado actual de los generadores en el que solo cuatro de ellos estaba funcionando y pensó que, si deshabilitaba también otros generadores y reconducía la electricidad almacenada en estos a los que estaban operativos, el porcentaje sería mayor si solo uno de los generadores trabajaba. No era el más capacitado para realizar esa acción, pero si Mew quería salir cuanto antes, debía tener un motivo.

Buscando entre las palancas y botones, Ryku dio con la solución a su problema. En un lado del panel, había una sección dedicada exclusivamente a activar y desactivar los generadores con un monitor que solo mostraba el estado de estos. Dos de ellos estaban en rojo, mientras que el resto indicaban que se estaban cargando. Uno de los generadores estaba bastante cargado con más de un cuarenta por ciento de toda la electricidad proporcionada por Mew. Ryku se guio por la leyenda del monitor y fue bajando las palancas referentes a los generadores. Los dibujos que los representaban se volvieron en rojo y una nueva alerta surgió que preguntaba si deseaba pasar la electricidad guardada en los generadores desactivados a los que seguían activos. Ryku pulsó el botón que confirmaba la acción y los generadores empezaron a hacer mucho ruido. Un tiempo después, el monitor que mostraba el progreso de la barra de carga aumentó drásticamente, pasando del veinte por ciento anterior a poco más del cincuenta. Ryku pulsó de nuevo el botón de liberar a los Pokémon de los huecos y el monitor avisó de que las instalaciones funcionarían bajo mínimos para funcionar durante el mayor tiempo posible. El monitor lanzó un mensaje preguntando si quería continuar con el proceso, a lo que Ryku confirmó y el único generador activo repartió su electricidad y alumbró la sala con todas las luces que no estuvieran fundidas.

Los electrodos que estaban conectados a Mew se separaron de su cuerpo mientras la puerta de cristal se abría expulsando una finísima capa de humo. Mew rodó hasta abandonar el hueco y regresó a su forma original. Ryku vio que el Pokémon rosa no estaba en la mejor de sus condiciones, pues Mew se peleaba por no dejar de levitar a la vez que procuraba mantenerse fija en un punto en el aire.

—¿Estás bien? —preguntó Ryku.

Sí. Solo necesito recuperar un poco las fuerzas. Jamás había descargado tanta electricidad de golpe y me ha afectado ligeramente. Espero que haya valido la pena.

—He tenido que deshabilitar todos los generadores salvo uno para sacarte —informó Ryku—. Toda la electricidad que has expulsado ha cargado un solo generador a la mitad de su capacidad. Parece mucho, pero los monitores dicen que trabajará bajo mínimos para apurar al máximo la electricidad en lo esencial. Probablemente se limite a funciones que no requieran mucha, como las luces o las puertas.

Suficiente para lo que haremos aquí. Sigamos buscando esa salida.

Ryku y Mew abandonaron la sala de los generadores e investigaron el piso en el que se encontraban por si en este había una salida de emergencia. Desgraciadamente, las pocas habitaciones que había en aquel lugar estaban enfocadas exclusivamente a guardar piezas de los generadores y herramientas de limpieza especiales para estos. Aparte de eso no había nada más.

—El ascensor del primer piso es la única vía de escape de este lugar —sentenció Ryku—. ¿Qué hacemos, Mew?

Habrá que apartar las rocas que bloquean la entrada al hueco del ascensor y subir por él. No es una propuesta que me guste, dada la inestabilidad de ese hueco, y porque tampoco me apetece volver a la mansión. Pero si realmente no hay otra salida…

—Si tanto te preocupa que al regresar a la mansión el Equipo Leyenda te intente capturar, te prometo que no se lo permitiré —intentó animarla Ryku—. Incluso mis amigos te ayudarán si es necesario.

Te lo agradezco, Ryku, pero he de rechazar la ayuda —replicó Mew—. Una parte de mí la aceptaría, pero preferiría que solo tú sepas que estuve aquí. Eres el primer humano en más de tres milenios al que me aparezco, y ya me parece suficiente por una temporada. No quiero que me vean más humanos, y menos si no es decisión propia.

—Lo entiendo. Supongo que los Pokémon legendarios optáis por pasar desapercibidos a que os vean muchos humanos.

Exacto. Aunque no se aplica a todos. Sé de algunos a los que no les importa tanto relacionarse con los humanos, incluso los acompañan en alguno de sus viajes.

Ryku se preguntó cuántos legendarios existían en el mundo para que Mew hablara de ellos como si no fueran pocos. Sentía bastante curiosidad por conocer la respuesta, pero una parte de él le decía que era mejor no saberlo ya acabó guardándose la pregunta.

De vuelta al segundo piso, Ryku y Mew se movieron por los pasillos observando con más detalle lo que había exactamente en aquel piso. La estructura de las habitaciones se asemejaba bastante a la del piso inferior, con una sala grande donde se realizaba algo importante y otras más pequeñas que servían de almacenes donde guardar objetos relacionados con lo que se realizara en aquel piso. La seguridad en esas habitaciones era mayor que en la sala de generadores, por lo que, ahora que había electricidad en el recinto, se habían reactivado y hacía imposible abrir las puertas sin el código y la tarjeta que pedían los lectores. Ryku continuó por los pasillos hasta llegar a las escaleras que llevaban al primer piso. Antes de subir, se dio la vuelta y se llevó la sorpresa de que Mew no estaba con él.

—¿Mew? —la llamó—. Mew, ¿dónde estás?

Ryku volvió sobre sus pasos y siguió pronunciando el nombre del Pokémon rosa por si llegaba a escucharlo antes de que diera con ella. No debía haberse ido muy lejos dado el último sitio donde la vio y el tamaño general de las instalaciones. Finalmente, Ryku la encontró levitando frente a la puerta más grande y mejor protegida del piso. Se la veía absorta contemplando su metal.

—¿Mew? —Ryku trató de sacarla de su trance, pero el Pokémon rosa ni siquiera se inmutó al escuchar su nombre—. ¿Qué te ocurre, Mew? ¿Acaso hemos restaurado algo más que la electricidad?

Aquí hay algo… —dijo Mew. Había cambiado por completo. La juguetona voz del Pokémon resonando en la mente de Ryku se había apagado, como si hubiera despertado algo oculto en ella misma—. ¿No lo oyes? Es extraño… como si algo estuviera gritando.

—¿Gritos? —soltó Ryku un poco asustado—. No estarás diciendo que una persona ha estado aquí atrapada por vete a saber cuánto tiempo, ¿verdad?

No, no es un humano. Estoy casi segura de ello. Y tampoco suena como un Pokémon, de eso no tengo duda alguna. —Mew se quedó en silencio unos segundos. Luego su voz sonó mucho más enérgica que antes—. He de averiguar que hay detrás de esta puerta.

Ryku no tuvo tiempo de añadir nada cuando los ojos de Mew se tornaron por completo de un color azul claro centelleante y el pequeño Pokémon rosa se cubrió de una fina y translúcida aura por todo el contorno de su cuerpo. Ryku sintió que no debía estar cerca del Pokémon en ese momento y se apartó cuidadosamente sin perderlo de vista. Escasos segundos después, la puerta que había delante de Mew empezó a reaccionar de manera impropia de una puerta de aquellas características. Se puso a brillar con la misma aura que envolvía a Mew y comenzó a reaccionar violentamente. Primero solo se vieron grietas y se escucharon crujidos, procedentes de las bisagras o aquello que permitía abrir y cerrar la puerta, hasta que no quedó nada más que el poder psíquico de Mew para mantenerla en pie. Ryku creyó que el Pokémon rosado dejaría que la puerta cayera sin más, pero no pareció estar satisfecho. Mew aumentó la fuerza que ejercía sobre la puerta y esta empezó deformarse de tal forma que Ryku lo veía irreal: era como ver a una persona arrancar una hoja de un libro y arrugarlo hasta que no fuera más que una pequeña bola de papel, solo que, en aquella situación, eran gruesas placas de metal que debían pesar cientos de kilos entre todas. Cuando Mew consiguió convertir lo que antes era una puerta en una pequeña bola amorfa de metal, la tiró suavemente a un lado, aunque el peso de la misma no tuvo problemas en romper las baldosas de la sala al caer. Satisfecha, Mew apagó el brillo azul de sus ojos y el aura que la rodeaba se desvaneció.

—El poder de un legendario da miedo. No quisiera tener a Mew como enemigo —murmuró Ryku para sus adentros.

Perdona que haya actuado así —se disculpó Mew como si le hubiera escuchado—. Podría haber sido más sutil, como cuando abrí la puerta de la sala de los generadores, pero con esta quería ser más… destructiva.

—N-no pasa nada —dijo Ryku todavía impactado por el reciente espectáculo—. Vamos, si tanto te importa saber qué produce esos gritos, investiguémoslo. Contra antes lo descubramos, antes podremos salir de aquí.

Mew y Ryku entraron en la amplia sala y el joven tuvo una fuerte sensación de haber visto antes aquel lugar. Realmente no podía decir que hubiera estado antes ahí, aunque no tardó en descubrir por qué se sentía como si aquel fuera el caso. La sala se asemejaba bastante al laboratorio donde Gustavo le enseñó la máquina para revivir Pokémon prehistóricos. Si no fuera por el diferente mobiliario, fácilmente podría haberse confundido con estar pisando el mismo lugar del laboratorio Pokémon de la ciudad.

Ryku se percató de que la sala estaba dividida en tres áreas claramente diferenciadas entre sí: una dedicada al almacenaje de archivos, otra para ordenadores y una tercera con una impresionante máquina la cual resultaba imposible ignorar. Ryku se acercó y observó mejor la máquina. Tenía un contenedor cilíndrico de cristal con la capacidad de tener en su interior algo o alguien que midiera más de dos metros de altura. Conectados a este, había dos tubos de metal, uno que venía del lado izquierdo del aparato y el otro que salía por arriba y se dirigía a la parte derecha del laboratorio. Ryku se centró en el tubo izquierdo, el cual era más corto y llevaba a una pequeña máquina relacionada con el tubo. Parecía ser una especie de contenedor, mucho más compacto que el principal, que recordaba a los espacios ocultos donde se guardan los brazaletes dorados que existen en todos los Gimnasios. Con todo eso, Ryku creyó hacerse una idea de lo que era la máquina según el contexto en el que se encontraba. Solo de pensarlo le ponía los pelos de punta.

—Dime que no sirve para lo que creo que sirve —dijo en voz muy baja, casi dando la sensación de que solamente movía la boca.

Sabes la utilidad que se le daba a esta máquina, ¿verdad, Ryku? —El joven se sobresaltó ligeramente por el tono con el que Mew le había formulado la pregunta. Ryku se dio la vuelta y vio al Pokémon mirarlo tanto a él como a la máquina con sus ojos azules—. Dímelo. No te lo guardes.

—No es que sepa exactamente su función —respondió Ryku—, pero en aquel diario de donde saqué tu nombre hablaba de algo más que catalogarte como Pokémon Ancestral. No llegué a creerme que pudiera ser real, así que dudaba de que está máquina sirviera para eso.

Sé directo, Ryku —instó Mew.

—Es una máquina de clonación —anunció Ryku, obediente—. Y… bueno… lo que se intentaba clonar…

Era yo, ¿verdad? Intentaban crear otro yo. —Ryku asintió—. Quienes estuvieran al mando de ese proyecto, espero que no consiguieran su propósito. ¿Decía algo sobre eso el diario?

—Sí. Todos sus experimentos fallaron y ninguno logró recrearte. Pero después de ver esta máquina, me pregunto en qué medida fallaron.

Pienso igual. ¿Y si no consiguieron su objetivo principal, pero sí uno que no formaba en sus planes? La respuesta debe estar por aquí.

—Miremos en los ordenadores —propuso Ryku—. Empelaremos algo más de electricidad en términos de volver a quedarnos a oscuras, pero seguro que encontramos más información en sus discos duros que en los libros de los archivos.

Tú controlas los aparatos humanos. Adelante. Veré si puedo ayudarte.

Ryku se dirigió a un ordenador al azar y encendió la torre. El aparato no estaba dañado y saltó el sistema operativo, pero para entrar se necesitaba una contraseña. Aquello dificultó enormemente el acceso a los documentos. Ryku fue apagando y encendiendo diversos ordenadores con la esperanza de que alguno de ellos no requiriera una contraseña, pero no tuvo suerte. Sin embargo, uno de ellos tenía una nota pegada en una esquina de la pantalla que captó la atención de Ryku. Por culpa del paso del tiempo la hoja no tenía buen aspecto y dificultaba la lectura de lo que había escrito. Ryku pidió ayuda a Mew y esta intentó leer el texto con sus poderes. Le fue mucho más fácil de lo que esperaba.

Es un puñado de letras extrañas y símbolos que no componen ninguna palabra —informó Mew—. ¿Es útil?

Los ojos de Ryku brillaron.

—Deletréame cada una de las letras tal cual las veas.

Ryku encendió el ordenador al cual estaba conectado el monitor y fue tecleando las letras según le indicaba Mew. Escribir en un teclado con las garras de un Charizard fue menos complicado de lo que aparentaba. Cuando Mew le dijo que era la última, Ryku pulsó el botón de validar y la contraseña fue aceptada. Ahora el monitor mostraba un escritorio con algunas carpetas y programas sobre un fondo plano.

—Unos científicos con la habilidad de jugar con el ADN de los Pokémon, pero incapaces de memorizar una contraseña. Al menos podrían haberla guardado mejor —rio Ryku—. Veamos que hay por aquí… carpetas llenas de documentos; no hay tiempo para mirarlos todos. Una carpeta de audios, tal vez saquemos algo interesante de ellos. —Ryku fue abriendo los archivos uno a uno—. Maldición, muchos están corruptos y los que van no dicen nada que nos importe. Probemos con otra carpeta. Genial, tienen una de vídeos, y están organizados por orden de grabación. Recemos para que no estén dañados también.

Ryku miró entre las carpetas cuyas grabaciones fueran más recientes, pero asegurándose de elegir una en la que pudiera ver cosas relevantes. Había grabaciones que, además de ser muy antiguas, se alejaban bastante de las fechas en las que Ryku creía que sacaría información. Si se guiaba por el diario de investigación del pequeño laboratorio de la superficie, los vídeos que tratarían de los intentos de clonar a Mew serían durante el mes de Julio en adelante. Con un poco de suerte, quizá una de las grabaciones de una semana o dos en adelante bastarían para coger imágenes directas de cómo trabajaban.

—Mew, ¿estás atenta? Este vídeo puede darte las respuestas que buscas —se quiso asegurar Ryku antes de reproducir la grabación.

Lo estoy. Continúa.

Ryku asintió y abrió el archivo de vídeo. La calidad de imagen no era precisamente la mejor, pero se podía ver con bastante claridad que la cámara enfocaba el contenedor cilíndrico de la máquina de clonación. A diferencia del estado actual, el interior del contenedor estaba lleno de un líquido verdoso bastante extraño que soltaba burbujas de vez en cuando. También había un pequeño objeto flotando en el agua, pero la calidad de las imágenes impedía desvelar lo que era. En pocos segundos, pasaron por delante de la cámara unos cuantos científicos con las caras tapadas por máscaras y gafas. Lo único que los identificaba como tales eran la túnica blanca característica de un científico. Uno de los científicos se dirigió al contenedor pequeño a la izquierda de la máquina de clonación y con una combinación de botones, extrajo un teclado en el que preparó algo que ni Ryku ni Mew descubrieron. Cuando el hombre levantó el pulgar en señal de haber cumplido su propósito, se escuchó la voz de alguien diciendo la fecha exacta, hora incluida, de cuándo se estaba realizando la grabación junto a las acciones que iban a ser capturadas en los próximos minutos. Comentó que era la cuarta vez que intentaban la clonación de Mew en aquel día y la trigésimo sexta en total. El hombre no tardó en dar la señal a sus compañeros de iniciar el proceso, el cual el que estaba en el contenedor pequeño pulsó unas cuantas teclas más y provocó que del tubo que conectaba ambos contenedores emitiera una serie de rayos que afectaban directamente al extraño objeto flotante del contenedor cilíndrica. Este se puso a reaccionar fuertemente ante los rayos y poco a poco fue adquiriendo una forma más acorde a la de un ser vivo. Al principio seguía siendo inidentificable, pero al adelantar la grabación unos segundos más, el misterioso objeto se transformó en una copia exacta de Mew en posición fetal y dormido.

Dijiste que no lograron hacer una copia de mí —comentó Mew poco animada—. ¿Qué significa esto, Ryku?

—El vídeo no ha terminado. Observa.

Mew volvió a fijarse en el monitor y a contemplar su copia en el interior del cilindro. Cuando el Mew falso abrió los ojos, los científicos no lo celebraron, sino que se quedaron unos segundos que parecían ser cruciales en sentenciar el éxito o el fracaso de la clonación. Por desgracia para ellos, el Mew falso se encogió de dolor y todo su cuerpo volvió a cambiar de forma hasta adquirir el aspecto de una mancha rosa de ojos pequeños y negros y una larga y fina boca. La voz del científico que informaba se lamentó, pero parecía estar acostumbrado. «Experimento número cuatro del día 16 de Julio. El resultado ha sido todo un fracaso. Pero nos estamos acercando. El ADN de Mew empieza a congeniar mejor en el embrión y pronto conseguiremos nuestro propósito. ¡Mandad al Ditto con los otros!», se le oyó decir. Rápidamente, otro científico pulsó un botón en la base del cilindro y en su interior se creó un pequeño remolino en el cual fue atrapado el extraño Pokémon rosa hasta ser absorbido por el tubo de arriba y llevado a lo que hubiera al otro lado del tubo de metal. Poco después la grabación finalizó.

—¿Qué era esa cosa en la que se convirtió el Mew falso? ¿Y qué es eso que el científico llamó Ditto? —preguntó Ryku—. Tal vez haya algo de esa extraña criatura en el ordenador. Si los científicos apuntaban todo, seguro que los experimentos fallidos también.

Lo que más me molesta a mí es que esa criatura no se muriera cuando su ADN falló, sino que solo fue trasladada a otro lugar —comentó Mew mientras Ryku buscaba entre los archivos de texto—. Y el científico dijo «los otros», por lo que no debe ser la única criatura que han creado por intentar clonarme. Nunca me he sentido tan enfadada por algo que ha hecho un humano.

—Aquí está —saltó Ryku, alegrado de haber encontrado un archivo que hablaba de los Ditto—. Según este informe, los Ditto son una especie de Pokémon nacido de los experimentos fallidos de clonar a Mew. Son unos Pokémon inútiles incapaces de utilizar ningún movimiento salvo uno. Aparentemente han heredado la capacidad de transformarse en cualquier Pokémon que tengan a la vista, pero dicha trasformación no es muy efectiva, pues solo es temporal o hasta que el Pokémon ha sido debilitado de alguna forma.

¿Mi capacidad de adoptar el aspecto de cualquier Pokémon? Eso ya es demasiado. Voy a destruir esa máquina de clonación ahora mismo.

Ryku levantó la cabeza y antes de que pudiera hacer algo, Mew ya estaba envolviendo la máquina de clonación bajo la misma aura azulada que utilizó con la puerta y produciendo el mismo efecto. Esta vez Ryku se protegió por si alguno de los cristales del cilindro salía disparado por la sala. Y eso hacían, pero regresaban con el resto de las piezas de la máquina como si el aura actuase igual que un campo gravitacional. Cuando toda la máquina no era más que una enorme bola de diversos materiales, Mew siguió envolviendo más partes de la máquina bajo el aura, cubriendo esta vez el tubo que apuntaba a la parte derecha de la sala y arrancándolo de golpe. Ahora toda la máquina no era más que una gigantesca bola de hierro y otros materiales levitando por el poder de Mew.

Ryku no creyó que Mew fuera a dejar en el suelo aquella bola y desperdigar los restos por la sala. Teniendo en mente la reciente actuación de Mew con algo que había arrugado como si de papel se tratara, y ahora añadiendo que estaba muy enfadada, el Pokémon de piel rosada iba a lanzarla con fuerza en alguna dirección. Ryku miró las posibles zonas que acabarían destrozadas por el impacto de la bola. A su izquierda no había más que mesas y archivos, por lo que los daños no serían graves, mientras que a la derecha solo había la pared y los restos del tubo arrancado. De las dos opciones, la derecha parecía ser la que menos destrozos causaría, pero Ryku se fijó en que aquella pared tenía señales de alerta alrededor del contorno de una puerta la cual se podía ver el pomo. Entonces Ryku pensó al revés; el laboratorio de la máquina de clonación se expandía en esa dirección. Los daños por la bola de demolición de Mew serían mayores.

—¡Espera, Mew!

Demasiado tarde. Antes de que Ryku pudiera detener al Pokémon rosa, Mew ya había apuntado y disparado con la misma potencia de un cañón hacia la pared. Ryku no tuvo más remedio que protegerse bajo las mesas de los ordenadores, confiando en no recibir el impacto de algún pedazo de pared. El choque de la bola con esta produjo una capa de humo que se disipó a los pocos segundos.

Ryku salió de su refugio y dispersó el poco humo que quedaba con zarpas y alas mientras se acercaba a Mew.

—Debiste haber tirado eso en la otra dirección. Había más laboratorio por ahí —dijo Ryku.

Lo sé. Esa era mi intención —reveló Mew—. Quería destruir lo máximo posible de este lugar antes de abandonarlo. No quiero que nadie más vuelva a usar mi ADN para intentar crear otro yo.

—Mew… creo que deberías calmarte un poco —opinó Ryku—. Desde que has entrado en esta parte de las instalaciones estás que nadie debería acercársete en vez de tú no acercarte a alguien.

No soy así, Ryku. Yo nunca me enfado porque jamás he sentido la necesidad. Pero saber que alguien ha jugado con mi ADN es algo que no puedo ignorar. Lo siento.

—No necesitas disculparte, Mew. —exculpó Ryku al Pokémon rosa—. Descubrir que alguien ha estado trasteando con tu ADN sin tu permiso y sin que lo supieras no es motivo de alegría, que digamos. Y menos si el objetivo de ese tratamiento era crear una versión idéntica al Pokémon del ADN original. Yo en tu lugar hubiera reaccionado igual, o muy parecido. Y te creo cuando dices que no eres así. En el poco tiempo que llevamos juntos, veo eres un Pokémon pacífico y cauteloso, incluso diría travieso después de intentar meterme miedo adoptando la forma de otro Charizard. Si me pongo a pensar en esa escena ahora que sé un poco más sobre ti, lo considero hasta divertido.

Ryku se rio ligeramente y aquello afectó a la propia Mew, la cual, al ver la alegría de Ryku, perdió todo su enfado y recuperó la sonrisa que siempre había tenido.

Eres bastante comprensivo, Ryku. Gracias. ¿Sabes? Eres la clase de humano a la que me mostraría sin pensármelo mucho, y me alivia saber que quedan humanos así después de tanto tiempo escondida.

—Viniendo de un Pokémon legendario, ese debe ser uno de los mayores halagos que un humano puede recibir, ¿no? —preguntó Ryku.

Oh, ¿lo he dicho mal? No era esa la finalidad de mis palabras. —Mew se llevó sus pequeñas patas a la boca, ligeramente avergonzada.

—Tranquila, solo quería asegurarme de que era un halago, y veo que así es —dijo Ryku con una sonrisa—. No pasa nada. —Mew se alegró de no haber cometido algo indeseable—. En fin, ¿vas a querer entrar por la apertura que has hecho con la máquina de clonación o solo pretendías destrozar esa zona?

Quiero entrar —respondió Mew—. El tubo de la máquina de clonación continuaba por ahí, de modo que seguramente esos Ditto estará en ese lado del laboratorio.

—¿Crees que seguirán con vida? Es decir, antes de todo esto descubrí con mis amigos que esta mansión llevaba mucho tiempo abandonada. Esos Ditto habrán pasado todo ese tiempo sin comer ni beber.

He de asegurarme. Son Pokémon con mi ADN; no he de dejar nada por desconocer.

Ryku estuvo de acuerdo con las palabras de Mew. Aunque fallidos, los Ditto seguían siendo versiones muy débiles del Pokémon rosa. Tal vez eso significaba también que eran tan longevos como este y habían sobrevivido todo este tiempo en las profundidades de la mansión. ¿Serían de ellos los gritos que Mew escuchó antes? Resultaba más probable de lo que Ryku quería imaginar. Sin embargo, todo no eran más que especulaciones. La verdad se hallaba al otro lado del agujero, lista para ser decubierta.