Taichi sonrió sin poder evitarlo al ver a Daigo acercarse con un juguete hacia Aiko, teniéndoselo para que la niña lo cogiera para poder jugar con ella, viendo así como la pequeña se reía y sujetaba el objeto, llevándoselo a la boca, queriendo morderlo.

- Se pasa así todo el día – le dijo Sora, quien estaba sentada a su lado-. Le están asomando ya los primeros dientes y quiere morder todo lo que puede. El otro día pilló al pobre Gabumon distraído…

- Bueno, eso es bastante normal. Esperemos que no se ponga mal o que empiece a tener fiebre – giró la cabeza hacia la pelirroja.

- No, por ahora no ha tenido fiebre – negó, enfocándolo a él también-. Y esperemos que siga así, que no tengo gana de acabar provocando que Yamato se ponga todavía peor con el tema del viaje.

La observó en silencio unos segundos, estudiando sus gestos y la forma con la que había dicho aquello. Había hablando con Yamato del tema y sabía perfectamente a lo que se refería. Era algo lógico y normal, a fin de cuentas, era una situación complicada se la mirase por dónde se la mirase.

- Sin que sirva de precedente… Lo entiendo – acabó por decir, encogiéndose de hombros-. Yo estaría exactamente igual que él.

- Porque sois los dos tal para cual y unos agonías. No nos va a pasar nada a ninguna de las dos por estar sin él unos días, ¿te queda clarito a ti también? ¿Te quieres venir tú también conmigo de niñero?

- ¿Es una pregunta con trampa?

- No seas tonto. Nos vamos a arreglar perfectamente. Yo estoy más que acostumbrada a no tenerlo cerca todo el tiempo y la pequeña puede que lo pase mal los primeros días, pero cuando se dé cuenta lo tendremos dando la lata por casa otra vez y dejándolo todo tirado fuera de sitio.

- Ya… ¿y tú vas a estar bien?

- ¿Qué te acabo de decir?

- Me refería a que si te vas a arreglar sola – giró de nuevo la cabeza hacia los niños, viendo que seguían jugando tranquilos vigilados por los digimon.

- ¿Pones en duda mis habilidades de cuidar de un bebé que nunca jamás ha dado problemas? El padre sigue vivo, yo creo que tan mal no se me dan los niños… - hizo una pausa, teniendo que reírse-. Estoy mucho mejor ya. Mira, verás, que te resumo mis planes para esta temporada en el sur. Pienso pasarme la mañana en la cama y por casa vagueando, luego, dependiendo del día, o bien me llevo a la pequeña a conocer algo o a que juegue en la playa mientras que a las dos nos da el aire fresco mientras que tú estás trabajando aburrido y con traje, que sé que te gusta – sonrió, de forma algo más exagerada-. ¿Quién de los dos va a estar bien?

- Eres mala… Yo solo me preocupo por ti, no es necesario que me recuerdes que me volveré a asar en pleno mayo por culpa del clima y el protocolo de vestimenta del trabajo.

- Te lo has buscado tú solito por ponerte pesado… Puedes venir a vernos cuando quieras, ya lo sabes. Pero de verdad que pienso aprovechar esta temporada para descansar, ¿vale? Voy a volver completamente bien y morena. Y para cuando me aburra tengo cosas de la casa que puedo organizar desde allí. Además, resulta que lo que van a hacer es que el equipo entero se traslade al sur, por lo que no voy a estar tan aislada como Yamato pensaba al principio.

Había sido un alivio bastante notable para el rubio cuando se había enterado de que muchos iban a hacer como ellos y que, gracias al paso del tiempo y a los eventos en el trabajo, Sora había llegado a conocer a algunas personas, pudiendo descasar de forma más importante a Hideki y Mai. Aunque la piloto también tenía que irse, su marido, con el cual sabía que Sora tenía trato, estaría. Al igual que la mujer de Hideki y el mismo general ya que él sí que no los acompañaría. Aquello, aunque no fuera lo mismo que tener a su grupo de todos los días cerca, había servido para ayudar a calmarlo.

- Tengo niñeros asignados y hasta la niña tiene con quien enredar más allá de con los digimon y conmigo. Mimi ha dicho que quiere venir a vernos y así ayuda a pasar revisión… Así que te lo digo en serio, si queréis aprovechar Koemi y tú… - se encogió de hombros-. No sé si los de seguridad os dejarán meter a Daigo en el avión, claro, pero puedes intentar chantajearlo…

- Qué graciosa… - intentó parecer serio, empezando a reírse pasado un rato, poniendo cara de resignación-. ¿Te conté la que lio el otro día en la tienda cuando me despisté?

Yamato llegó, totalmente distraído, dándose cuenta de que tenían visita en casa cuando escuchó la voz de Taichi desde el otro lado, diciendo algo a Daigo. Parpadeó varias veces, intentando enterarse, decidiendo finalmente que el niño seguramente habría decidido que algo que no tenía pinta de ser un juguete sí que lo era.

- ¿Qué estáis haciendo? – fue su saludo al llegar y abrir la puerta.

Aiko se giró hacia su padre, viendo que acababa de llegar a casa, acercándose así hacia el sofa para usarlo como apoyo antes de intentar ponerse en pie. Pareciendo que buscaba caminar hacia él, se quedó allí sujeta, intentando mantener el equilibrio.

Fijándose en ella automáticamente, Yamato sonrió e ignorando al resto de los presentes se dispuso a ir hacia ella. No lo consiguió ya que Gabumon se le adelantó y pasó por delante de él para ir hacia la niña y poder quedarse de pie junto a ella. A pesar de haberse erguida ella no conseguía llegar más allá que hasta la mitad de la altura del digimon, por lo que levantó la cabeza para poder observarlo y girar sus manos de un lado a otro para intentar agarrarse a él ahora, sin conseguirlo en el intento, cayendo sentada a su lado antes de que a él le diera tiempo a cogerla.

Sacándole así una risa al rubio por la cara de estrés repentina del digimon porque se hubiera caído a pesar de que la niña se hubiera quedado tan tranquila, se acercó hasta dónde estaban, viendo también como Daigo se le acercaba.

- ¿Habéis visto la cara de susto se le queda? – les dijo a los dos pequeños, alargando primero la mano para pinchar con el dedo a Aiko en la barriga ya que se había quedado sentada tras su intento.

- Míralo, vas a tener que poner algo impermeable en el suelo para que no se os quejen los vecinos de abajo… - Taichi se acercó, quedándose viendo la escena.

- Habló… - puso los ojos en blanco, haciéndole algo de caso también a Daigo antes de ponerse en pie sin coger a la niña con él, dejándolos que siguieran jugando-. ¿No tienes casa?

- No, Koemi me echa de vez en cuando porque dice que quiere algo de paz y calma, así que nos coge a los tres – incluyó también a su compañero-, y nos manda a pasearnos.

- ¿Y entonces vienes a darme la lata a mí? – dijo por fin la pelirroja acercándose hacia ellos, quedándose al lado del rubio-. ¿Qué tal hoy?

- Bien, empiezan a estar de los nervios los novatos, pero yo creo que pueden sobrevivir – se giró hacia ella para saludarla con un beso en la frente, sin tener gana de aguantar a Taichi con sus tonterías-. Aunque no puedo culparlos, hoy se han pasado el día haciendo pruebas de vuelo con la Piloto Loca.

- ¿Y tú no?

- Me escondí con Hideki en el despacho fingiendo que tenía datos importantes que tratar con él - sonrió de forma ladeada, volviendo a mirar a Taichi-. ¿Qué? ¿Tú qué?

- Yo estaba siendo amenazado para que vaya a haceros una visita cuando estéis en el Sur.

- ¿Te dejan subir a Daigo a un avión?

La pelirroja se echó a reír automáticamente mientras que el embajador se quedaba mirando hacia Yamato con la misma cara que a ella minutos antes cuando le había dicho más o menos lo mismo cuando le había hecho la oferta.

- Si es que tal para cual… - gruñó antes de cruzarse de brazos-. El día que os empecéis a completar las frases avisadme para que deje de hablaros de una vez.

- Seguro que por algo te lo habrán dicho – el rubio se giró hacia el niño, viéndolo comportándose de forma muy tranquila y entretenido junto con Aiko.

- Míralo, si nadie podría decir que cualquier día el ayuntamiento me lo declara peligro para la ciudadanía…

- Pues igualito que tú, que nadie sabe cómo es que has llegado a adulto – la pelirroja se encogió de hombros-. Y cuando te juntabas conmigo era todavía peor, hay que admitirlo, así que a lo mejor el niño ha salido algo más tranquilo que tú, porque con Aiko se comporta bastante.

- Será ella que hace de efecto calmante, porque con los otros dos terremotos también funciona. Yo sí que era más tranquilo cuando era pequeño, a lo mejor se le ha pegado…

- Tú eres un rancio – negó con la cabeza-. Venga Daigo, despídete que tenemos que ir a ver si tu madre nos deja entrar ya en casa para cenar.

Al escuchar la palabra cena, el pequeño se giró hacia su padre, poniéndose en pie y echando a correr hacia él para quedarse abrazado a su pierna consiguiendo que se echaran a reír los adultos presentes. No tardaron en escuchar a Aiko, desde donde se había quedado, reclamando que volviera su compañero de juegos de aquella tarde.

- Pobre niña, va a tener que aprender que contra la comida no tiene nada que hacer con un Yagami – dijo la pelirroja riéndose aún más antes de agacharse para quedar a la altura de Daigo-. ¿Vas a ir a cenar? ¿Tienes hambre?

- No le preguntes eso, que te va a decir que sí y acabarás dándole algo y luego…

- ¿Luego qué? ¿Ibas a decir que seguro que no cenaba? – entretenido, Yamato se quedó mirando hacia su amigo con las cejas arqueadas.

- No, vale, tienes toda la razón – se rio, viendo como el pequeño se había soltado de él para ir hacia Sora-. Si además sabe a quién irse directamente.

- Sabe a quien tiene que ir a ponerle cara. Con ella funciona mejor que conmigo.

- Si a ti se te cae también la baba con él – le dijo la chica antes de ponerse en pie con el pequeño en brazos para poder acercarse con él a la cocina-. Que no cuela ya, que te tenemos más que calado… Anda Daigo, ven conmigo, vamos a ver qué tengo por aquí que te pueda servir para el camino…

No tardaron en ver como, por detrás de ellos, habiéndose alejado de los otros dos digimon, Agumon iba tras ellos, apuntándose a la idea de comer algo antes de la cena, escuchando la risa de Sora desde la cocina al darse cuenta.

- ¿Qué tal la ves? – le preguntó Yamato aprovechando el momento a su amigo.

- Mucho mejor, ya tiene otra cosa – asintió-. Y sigue empeñada en lo de irse contigo, por lo que veo, ¿no? Me ha contado que al menos va a estar con más gente conocida.

- Sí, ha sido un alivio, la verdad. Se lleva bien con ellos además, así que ni siquiera habrá que forzar un poco más cosas antes de irnos para que se conozcan.

- No hablamos de alguien con quien sea muy complicado llevarse bien… - a medida que iba hablando se fue quedando distraído.

Su distracción se había debido a que, sin que ellos dos se dieran cuenta, Aiko se había acercado a ellos, alcanzando así a su padrino y empezando a tirar de sus pantalones para llamar su atención y que la cogiera. Nada más verla, sonrió abiertamente, agachándose para cogerla en brazos.

- Igual sí que tengo que pasarme por el sur, porque no sé yo qué tal voy a pasar sin ver a esta señorita un par de meses… Solo te faltaba haberte parecido algo menos a tu padre Aiko…

- Mira, voy a tener que darte la razón – sonrió el rubio antes de acercarse a ella para coger así una de sus manos-. Pero bueno, eso no se lo digas a su madre que parece estar encantada con el tema.

- La madre no es alguien fiable…

- Os estoy escuchando, par de zoquetes – pudieron escuchar desde la cocina.


Annabolena04: es que el pobrecito es consciente de que no puede engañar a Sora, de manera que mejor empieza a confesar sin que ella tenga que insistirle porque entonces va a acabar también con una colleja y la pelirroja enfadada con él. Pero bueno, menos mal que ella es consciente de lo que pasa y que poco más puede hacer para sacarle de la cabeza a su rubio que no va a pasar nada. Aaaunque, parece que, por suerte, las cosas son menos graves de lo que parecían y Sora no va a estar precisamente sola en Tanegashima.

Y para que se les pasen los males a todo el mundo, aquí llega Taichi con su versión en miniatura a matarnos a todos de la adorabilidad. Que la nenita quiere jugar con Daigo y ver al tito. Una imagen digna sin duda alguna, que esos dos jugando tienen que provocar demasiados fangirleos a su alrededor ❤❤ Y los adultos también, sea en la combinación que sea ❤ Que cuando a Taichi le da por ponerse en plan amigo preocupado lo que apetece es ir a achucharlo.

¡Besitos de tortuguita!