Keith, el ayudante de Blaine, sirvió dos refrescos y una botella de agua a los tres jóvenes que descansaban sentados en un sofá en el salón de la casa del anciano. En cuestión de segundos, Dylan llamó de nuevo a Keith y le pidió que le trajera otra botella de agua. Ryku y Cetile lo miraron extrañados.

—Pues sí que estás sediento —comentó Ryku—. ¿Te cansaste mucho en tu duelo?

—No creo que sea solo por eso —contrapuso Dylan después de dar un buen trago al vaso de agua que se había rellenado—. Puede que me haya dado cuenta de que, si me paso expulsando agua con mi Enlace activo, me entra una sed tremenda.

—Pero si los Enlaces no afectan a nuestro cuerpo humano —protestó Cetile.

«Repíteselo al mío para que deje de creer que tiene alas en la espalda», quiso responder Ryku. Estuvo a punto de soltarlo, pero se lo reservó y miró en más detalle su alrededor.

El interior del Gimnasio de isla Canela no se asemejaba en lo más mínimo a uno, más bien parecía una casa corriente a los pies de una montaña. La habitación en la que se encontraban tenía una mesa con un jarrón con flores, alguna que otra maceta con plantas de muchas hojas, unos cuadros de Pokémon colgados de la pared y otros de personas sobre la repisa de la chimenea frente a ellos. En el techo colgaba una lámpara sujetada por un resistente cable.

—Dime una cosa, Dylan: ¿el Gimnasio de Blaine es su propia casa? —preguntó Ryku.

—Tal vez —contestó él—. No es nada raro ver a un líder viviendo donde trabaja. Mira a Koga, que tiene su Gimnasio en el interior de su mansión.

—Ya, pero se me hace un poco raro. Una casa no se compara con una mansión. Además, después de lo que me contaste sobre el campo de batalla, me impresiona que todo sea tan normal.

—Ah, claro, por el tema de la lava. —Dylan bebió de nuevo—. No pienses mucho en ello; la parte real del Gimnasio está donde esta no pueda incendiar la casa.

—Tampoco es que tenga ganas —contrapuso Ryku—. Después de lo que hemos vivido hoy, quiero obtener respuestas a la verdadera naturaleza de la Mansión Pokémon. Y Blaine es el único que nos las puede dar.

—Estoy de acuerdo. Científicos, exploradores, el Equipo Leyenda… No sabemos qué relación hay entre todos.

«En realidad, sí lo sabemos. O al menos yo». Ryku se lamentó de no poder contar su experiencia en las instalaciones subterráneas de la mansión en compañía de Mew, el Pokémon Ancestral. Cuando tuviese que explicar parte de su aventura al separarse, obviaría más detalles de lo que le gustaría. Se lo había prometido a Mew, después de todo.

—Y todo esto porque recomendé ir a explorar el bosque y sus caminos —dijo Cetile cabizbaja—. Me siento culpable por lo sucedido.

—De culpable nada —replicó al momento Dylan—. Ninguno tenía idea de lo que realmente era aquella mansión, y menos de que el Equipo Leyenda fuera a surgir de la nada. En serio, cómo odio que intervengan en los momentos más inoportunos.

Ryku asintió, apoyando las palabras de su amigo.

Un par de minutos más tarde, Blaine apareció en el salón, pero se quedó a medio entrar en la puerta.

—Keith, si viene algún entrenador a desafiarme ahora que he vuelto, dile que no tengo ganas de realizar ningún combate de Gimnasio. Necesito descansar.

—A la orden, Blaine.

Dicho esto, Blaine cerró la puerta tras de sí y soltó un largo suspiro. luego se acercó a los jóvenes, cogió una silla y se sentó delante de ellos.

—¿Cómo os encontráis? —fue su primera consulta.

—Cansados, pero bien —respondió Ryku.

—Me alegra oírlo. —Blaine se quedó unos segundos en silencio—. Supongo que tendréis muchas preguntas que hacerme, ¿me equivoco? —Los tres jóvenes asintieron a la vez. Blaine suspiró y dibujó una débil sonrisa en su rostro—. Está bien, normalmente os pediría que olvidarais lo ocurrido, pero os encontráis en una situación excepcional después de haber participado activamente en el acontecimiento. De modo que responderé a todas vuestras preguntas, siempre y cuando sea capaz de responderlas.

—Conocías a esos miembros del Equipo Leyenda que nos atacaron. ¿Acaso eras un antiguo compañero suyo? —interrogó Dylan.

Blaine se esperaba que aquella fuera la primera cuestión.

—Así que escuchasteis también esa corta conversación. —La voz de Blaine no tembló, más bien se esperaba que aquello fuera lo primero que los jóvenes le preguntaran—. Aunque me encantaría responder que no, no sería más que una mentira. Por suerte, puedo decir con toda seguridad que no fui un miembro intrínseco, solo una especie de… colaborador.

—¿Y el señor Fuji? —preguntó Ryku. Aquello pilló por sorpresa al anciano.

—¿Sabes quién es? ¿O solo lo nombras porque estaba escrito en algún diario de notas de la mansión o lo escuchaste también de la conversación?

—De todo un poco —contestó Ryku—. Lo conocimos en pueblo Lavanda y yo tuve la oportunidad de hablar con él. Me reveló que en el pasado fue un intrépido explorador antes de jubilarse y fundar la Casa Pokémon.

—¿Intrépido explorador, dices? —Blaine contuvo una risotada—. Ese hombre de intrépido no tiene nada. Él era más de cuidar a los Pokémon, lo cual sigue siendo, como habréis comprobado, y de investigar lo que se encontraba en las ruinas que descubríamos mediante una especie de laboratorio portátil. Pero volviendo a tu pregunta: sí, Fuji también lo fue, pero solo era un colaborador, igual que yo. A fin de cuentas, trabajábamos juntos.

—¿Quieres decir que Fuji me mintió? El diario que encontramos en la mansión no decía lo mismo. Lo definía como un explorador que descubrió el ADN de un Pokémon desconocido.

—El Equipo Leyenda le dio casi todo el mérito a Fuji por ese hallazgo, solo porque fue él quien lo encontró y lo examinó primero. No les importó el trabajo que realizaron los demás participantes de la expedición —replicó Blaine ligeramente resentido—. Fue un alivio que aquello no lo cambiara y siguiera fiel a sus principios.

—¿Colaborador? ¿No sabíais lo malvado que era el Equipo Leyenda? —continuó Dylan con su interrogatorio después de que Ryku terminara con sus preguntas.

—No, por desgracia. Por aquel entonces, el Equipo Leyenda utilizaba otro nombre para sus negocios, uno que ya no recuerdo ni es necesario recordar. Mis compañeros y yo ya ejercíamos el trabajo de exploración desde mucho antes, y solo supimos de su existencia cuando se instalaron en la isla y construyeron aquella mansión, y aun así solo pensábamos que era otra empresa que buscaba hacer negocios con el turismo.

—¿Y cómo acabasteis trabajando juntos?

—Ellos vinieron a nosotros buscando ayuda. —Dylan, Ryku y Cetile intercambiaron miradas. No veían al Equipo Leyenda como gente que pidiera ayuda a los demás—. Sí, ya sé que suena raro —entendió Blaine—, pero es la verdad. En el pasado eran más meticulosos, más sutiles en sus acciones. No parecía que tuvieran ese lado tan oscuro, como han estado demostrando últimamente con el ataque a Silph o lo que le hicieron a Fuji en pueblo Lavanda.

Ryku y Dylan se abstuvieron de mencionar los otros acontecimientos en los que el Equipo Leyenda estuvo involucrado con tal de no desviarse del tema principal.

—Y vosotros los ayudasteis —dijo Dylan.

—Exactamente. Era una oportunidad de oro: nuestro pequeño grupo de exploración tenía la posibilidad de realizar expediciones más allá de Kanto, incluso de Johto. Podíamos crecer como exploradores y los descubrimientos se compartían con el Laboratorio Pokémon de la isla, a la vez que nosotros nos llevábamos una buena paga por el trabajo de campo. Todo eran ventajas al colaborar entre ambas partes —contó Blaine. Sonaba nostálgico cuando hablaba.

—Hasta que se realizó la expedición a la selva en Guyana —dijo Ryku adelantándose al anciano, el cual asintió.

—Al regresar de allí, el Equipo Leyenda empezó a distanciarse. Solo Fuji conseguía que no se olvidaran de nosotros y nos mantenía al tanto de los progresos del que quizá fuera el mayor hallazgo de la historia. Un día, el Equipo Leyenda creyó que nos estábamos inmiscuyendo demasiado en el asunto de la muestra de ADN y tomó medidas al respecto: empezaron a controlar nuestros movimientos por la mansión, especialmente nos prohibieron subir al tercer piso, y Fuji casi dejó de colaborar con los científicos del Equipo Leyenda. Fuji tenía que actuar tan discretamente como el propio Equipo Leyenda para descubrir que estos no pretendían compartir el descubrimiento de Guyana con el resto del mundo, sino que preferían quedárselo para ellos mismos. Lo demostraron llevándose la muestra de ADN a un lugar que nunca nos revelaron ni nos contaron la razón por la que debía ser trasladada.

—Ese debió ser el momento en el que el interior de la mansión se convirtió en un campo de batallas Pokémon.

—No, ese no fue el momento exacto —corrigió Blaine—. Fue el día en que nos arrebataron nuestros Pokémon y nos encerraron en la mansión sin posibilidad de salir. Fue entonces cuando consideramos al Equipo Leyenda un enemigo a derrotar, y lo íbamos a hacer a cualquier a cualquier precio. Pero lo primero era lo primero: debíamos recuperar nuestros Pokémon. Y ya de paso encontrar cualquier prueba demostrase que el Equipo Leyenda no tenía nada de empresa turística y fueran obligados a abandonar la isla en consecuencia. El plan era simple, y Fuji fue clave en ello; consiguió colarnos en el tercer piso donde sabíamos que encontraríamos lo que buscábamos. Allí recuperamos a nuestros Pokémon y hallamos diversas pruebas de su actividad ilegal, sobre todo la ubicación de un laboratorio bajo la mansión que ni Fuji tuvo la ocasión de acceder. Quisimos ir terminar de demostrar su criminalidad, pero, desgraciadamente, no tuvimos la oportunidad de visitarlo pues el Equipo Leyenda no tardó en descubrirnos y se desató el caos en la mansión a base de batallas Pokémon.

—Menos mal que las ganasteis —comentó Cetile.

—No podría haberlo expresado mejor —dijo Blaine con una sonrisa que desapareció a los pocos segundos—. Nos jugamos la vida en aquellas batallas. Si nuestros Pokémon hubiesen perdido, no tendríamos esta conversación.

Dylan y Cetile no se sintieron a gusto al escuchar esas palabras del líder de Gimnasio. Ryku se mostró realmente incómodo al recordar la escena en la que estuvo a punto de morir por un miembro del Equipo Leyenda si Dylan no le hubiese salvado. Trató de que su reacción no se notara demasiado, pero Dylan se dio cuenta y apoyó su mano en su hombro, empatizando con su amigo.

—¿Y qué pasó después?

—Tuvimos que declarar ante la policía de todo lo ocurrido en la mansión —explicó Blaine—. Proporcionamos las pocas pruebas que sobrevivieron a los combates, pero no fue suficiente para incriminar al Equipo Leyenda. Al menos conseguimos echarlos de la isla. Sin embargo, por miedo a que volvieran, esta vez con… distintas intenciones, además de recuperar lo que quedara en la mansión, los exploradores de Kanto abandonamos el trabajo y nos dispersamos.

—Pero tú no abandonaste la isla —repuso Dylan.

—Nací y me crie en esta isla. ¿Crees que permitiría que unos indeseados me amedrentaran y me obligaran a abandonar mi hogar porque mi vida corría peligro? Cosas peores he vivido que también podrían haber acabado con mi vida: una estructura derrumbándose por el mal estado, un puzle que no resolví bien, un ataque de Pokémon salvaje, y un largo etcétera. Y nunca me he rendido; aquella no iba a ser la primera vez. Pero debía fortalecerme: mi equipo Pokémon no estaba acostumbrado a pelear a menudo, de modo que tuve que entrenarlo.

—Y con ese entrenamiento acabaste formando parte de los ocho líderes de Gimnasio de Kanto —dijo Ryku.

—Siendo sincero, nunca tuve intención de unirme a los líderes —confesó Blaine—. Solo me preocupaba mantener alejado al Equipo Leyenda de la mansión. Pero he de admitir que ser miembro tiene ciertas ventajas.

—Claro, un líder de Gimnasio tiene mucho renombre en la región. Si algo le pasara, sería noticia en todas partes. El Equipo Leyenda no podría hacer mucho sin que todo Kanto se enterara de sus acciones —contó Dylan.

Blaine asintió, corroborando las palabras del joven.

—Y mientras tanto, podía seguir evitando que volvieran a entrar en la mansión. Bueno, salvo esta última vez en la que logaron engañarme. —Blaine no se sintió cómodo diciendo aquello—. Por lo menos ya no tienen motivos para volver, aunque el laboratorio donde realizaban sus experimentos estaba bajo tierra y es muy seguro que haya sobrevivido al incendio.

—No lo ha hecho —dijo Ryku con convicción. Blaine clavó su mirada en el joven. Dylan y Cetile lo miraron con rostros curiosos.

—¿Estás seguro de eso? —inquirió Blaine. Se notaba que buscaba una respuesta tan sólida que fuese imposible de contradecir.

—Sí —contestó Ryku sin perder la convicción. Las miradas de los demás decían sin palabras una explicación detallada de lo que le ocurrió. Había llegado el momento de contar todo lo que pudiera—. Cuando nos separamos cada uno para librar nuestro propio combate Pokémon, yo perdí el mío y mi rival me tiró por el hueco del ascensor que había en la zona principal del laboratorio. Creyó que mi Enlace se desactivaría durante la caída, pero sobreviví y acabé en las instalaciones subterráneas del laboratorio. Lo exploré con la finalidad de dar con una salida y… bueno, en pocas palabras diré que vi de primera mano lo que se mencionaba en aquel diario de investigación.

—¿Es cierto lo que descubrimos en el tercer piso? ¿Estaban intentando clonar al Pokémon propietario de la muestra de ADN, ese al que llamamos Mew? —ahondó Blaine.

Ryku asintió.

—Vi una máquina rara en una de las salas, quizá fuera la que usaban para clonar a Mew, pero no le di mucha importancia porque me interesaba más encontrar una salida. Aparentemente, el ascensor era la única vía de acceso al laboratorio subterráneo, así que tuve que crear una por mi cuenta.

—¿Y cómo la hiciste?

—Uno de los pisos del laboratorio estaba diseñado como una pequeña central eléctrica. Había una sala con muchos generadores de gran tamaño y pensé que podría provocar una especie de explosión lo bastante potente para abrir un agujero hacia el exterior.

—Y te salió muy bien —adivinó Dylan.

—Mejor de lo que pensaba. No fue complicado trastear con el panel de control y desestabilizar los generadores. Lo que no calculé bien fue que, tras abrir el agujero, los temblores consecuentes provocaron que todo se viniera abajo. Dudo mucho que haya quedado algo en pie después de lo que hice.

—Así que ya no queda ni el único lugar de la isla que el Equipo Leyenda conservaba interés —dijo Blaine expulsando un suspiro de alivio y echándose hacia atrás. Se le veía como si se hubiera quitado un enorme peso de encima—. Ya no hay nada que les haga volver.

—Blaine, tengo una pregunta más —comentó Ryku para que el anciano volviera a centrar su mirada en él—. ¿Cuál era la finalidad del Equipo Leyenda en el caso de que lograran clonar a ese extraño Pokémon llamado Mew? ¿Qué intenciones tenían?

Ryku formuló aquellas preguntas más para cerciorarse de que las deducciones a las que llegó conversando con Mew eran acertadas o, por lo menos, no iban mal encaminadas.

—Todo cuanto puedo responderte son las conclusiones a las que llegué junto a mis compañeros en su momento cuando exploramos el tercer piso de la mansión —contó Blaine—. Según los libros que leímos de sus archivos, el Equipo Leyenda buscaba cualquier pista acerca de antiguas historias que hablan de Pokémon con un poder muy superior a la de uno común. Estaban, y siguen estando, muy convencidos de que esos Pokémon de leyenda existen y pretenden capturarlos para hacerse con su poder. El qué quieren hacer con ese poder, lo desconozco, pero está claro que no será nada bueno.

—A mí me parece que quieren dominar el mundo con Pokémon que en principio no existen —opinó Dylan—. Suena muy a la típica película de acción clásica, lo sé, pero ¿qué otra razón tiene una organización criminal como el Equipo Leyenda para perseguir leyendas y usar tanto poder?

—¿De verdad crees que no existen los Pokémon legendarios después de lo que has visto en la mansión? —preguntó Blaine muy serio.

—Dije «en principio» —se defendió Dylan—. Después de lo que has contado, tanto tú como Ryku, no pensar en que los Pokémon legendarios existan es imposible.

«Y si hubieras tenido la oportunidad de hablar con uno en persona, menos todavía», añadió mentalmente Ryku.

—Dominación mundial… Ciertamente, pegaría con el Equipo Leyenda. Y me pregunto si habrá cambiado algo ahora que la tecnología Enlace es parte de nuestras vidas —dijo Blaine—. Solo de pensar a un miembro de esa organización con un Enlace de un Pokémon legendario…

Blaine no terminó su frase y un silencio invadió el salón. El anciano se había sumido en sus pensamientos y Ryku lo acompañó. El joven no erró del todo en sus sospechas y se imaginó las hipotéticas situaciones en las que un miembro del Equipo Leyenda actuaría con un Enlace de un Pokémon legendario. Mew ya sería un Enlace muy poderoso y, en malas manos, quién sabe lo que podría suceder. Además, Mew dejó caer que había otros como ella. ¿Serían igual de poderosos o incluso más? Ryku se quitó esos pensamientos de la cabeza. Tenía cosas más importantes en las que pensar, como hacerse con su séptima medalla de Gimnasio.

—Creo que ya hemos hecho suficientes preguntas —quiso cambiar de tema Ryku—. Ahora tengo más ganas de conseguir mi próxima medalla de Gimnasio.

—Sí, es mejor que pasemos página. Tanto tema de clonaciones y ADN y Pokémon legendarios y supuesta dominación del mundo me está produciendo dolores de cabeza —apoyó Dylan.

—Lo mismo dijo —agregó Cetile.

—Está bien, dejemos de hablar de este asunto —sentenció Blaine—. Aunque, una última cosa, jovencitos: prometedme que no contareis nada de lo que habéis visto en la mansión ni de lo que yo os he contado. Que esto quede entre los cuatro.

—Pero… ¿Y el reciente ataque a la mansión? —preguntó Ryku—. ¿no deberían las autoridades estar al corriente de la situación?

—No te preocupes por eso. La policía lleva siguiéndoles la pista desde hace mucho tiempo. Por desgracia, el Equipo Leyenda parecer seguir siendo muy… escurridizo, a pesar de la destrucción que ha estado causando últimamente. Ahora, no he escuchado todavía que estéis de acuerdo con mi petición.

— Se lo prometemos. De hecho, no contaremos siquiera que estuvimos en la mansión —juró Dylan. Ryku y Cetile corroboraron sus palabras.

—Confío en vosotros. —Blaine inspiró hondo—. Muy bien, yendo a temas más normales… Ryku, has dicho que quieres conseguir tu próxima medalla de Gimnasio, ¿no?

—Así es. Vine a isla Canela por ese motivo.

—Ya veo. ¿Y alguno de vosotros también busca un combate contra mí? —preguntó Blaine a Cetile y Dylan—. ¿Te gustaría ponerte a prueba, jovencita? —Cetile negó enérgicamente con la cabeza. Blaine sonrió—. O tal vez tú, Dylan, necesites volver a combatir contra mí porque has perdido mi medalla.

—¿Por qué todos los líderes piensan que he de repetir el duelo por eso? —preguntó Dylan enfadado—. Solo acompaño a Ryku para ver cómo consigue él también las medallas. Si tuviera aquí mi estuche te demostraría que aún poseo la tuya, Blaine.

—Oh, no —recordó Ryku mientras Blaine reía por el comentario de su amigo—. Yo tampoco tengo mi estuche a mano: no puedo enseñar que tengo las suficientes medallas para acceder al desafío.

—Tranquilo, chico, hoy no estoy para realizar más combates Pokémon, y mucho menos cuando se trata de uno tan importante como el de un Gimnasio —dijo Blaine—. Mañana te reservaré el primer duelo del día, así que ven pronto, no vayas a hacer esperar a otros entrenadores, aunque tampoco es que vengan muchos recientemente debido a mi alto requisito.

—Lo haré. Gracias, Blaine.

Cuando Ryku se levantó para abandonar la casa del anciano, un rugido se oyó por todo el salón. Ryku se giró y vio como tanto él como Dylan y Blaine centraban sus miradas en una Cetile avergonzada.

—Parece que fuisteis a la mansión antes de comer —rio Blaine—. Podéis quedaros aquí a llenar vuestros estómagos antes de iros.