Entretenido en secarle el pelo con la toalla a la niña, no tardó en escuchar el sonido de los pasos de la pelirroja acercarse de nuevo hasta donde estaban. Seguramente habría hecho algo de tiempo para dejar lo que estaba haciendo en el horno y luego había subido, asomándose dónde ellos dos estaban.
- ¿No te da vergüenza? Treinta y tres años y todavía no has aprendido a peinarte… Ya no se diga a peinarle a la niña ese mechón rebelde que también ha heredado – bromeó acercándose hasta él-. Aiko, cuando aprendas tú vas a tener que enseñarle a tu padre adecentarse un poco, que luego parece que viene de hacer cosas poco decorosas.
- Si fueran cosas poco decorosas suelen ser peores los pelos, no te engañes – entretenido, le tendió a la pequeña, dejando que fuera ella quien la cogiera.
- ¿Le has secado el pelo?
- Con la toalla un poco, has llegado tú primero.
- Bueno, ya termino yo entonces, no te preocupes. ¿Me la llevo abajo y recoges tú por aquí mientras?
Viendo como le respondía con un asentimiento se acercó para coger el cepillo de la pequeña antes de bajar con ella hasta el sofá, para poder quedarse sentada así con ella en brazos, observándola. Tenía algo de mejor cara que cuando la habían traído. Sabía que le encantaba la hora del baño y por eso, además de porque erra bueno para bajarle las décimas que pudiera tener, había accedido rápidamente a la idea.
- A ver, que menudos pelos de loca te han dejado – le dijo, intentando maniobrar con ella para dejársela sentada encima de las rodillas-. Vamos a desenredártelo bien primero, pero no te me quedes dormida, ¿eh? Que ya verás qué cena más rica tienes hoy…
Al igual que había hecho aquella tarde cuando la había visto llegar, la pequeña se apoyó contra su pecho, pudiendo así la pelirroja empezar poco a poco a cepillarle el pelo de forma distraída, sonriendo ligeramente al darse cuenta del gesto.
- ¿Está malita? – preguntó Biyomon posándose a su lado.
- No… Es normal que esté algo revuelta porque a esta edad es cuando nos salen los dientes. Y le duele, por eso estos días llora más y no quiere jugar a veces o irse a dormir a su hora. Pero no es nada malo.
- Tiene mejor cara ahora…
- Claro, porque ahora lo que tiene son un montón de mimos, que no nos engaña a ninguno ya – sonrió, bajando la mirada hacia la niña, aprovechando para echarle ligeramente el cabello hacia atrás, viendo como la pequeña imitaba su gesto curvando así sus labios unos segundos-. Si ya me lo parecía a mí…
Posó sus manos en los costados de ella, levantándola así ligeramente para poder dejarla a su altura y ver cómo se seguía riendo, algo más abiertamente ahora, pudiendo verle así como, al igual que desde hacía unos días, se podían ver dos diminutos dientes asomando en la parte de debajo de su encía.
- Si es que te tiene que molestar un montón… - murmuró antes de quedarse observándola así unos segundos, hasta que empezó a revolverse haciendo algunos ruidos y moviendo las piernas-. Pero ya te veo yo de mejor humor, ¿eh?
Sonrió acercándosela algo más, notando como adelantaba la cabeza hacia ella de nuevo, posando su frente en la de su madre. Aquel era un gesto normal de la pequeña, no tenía que ver que estuviera más mimosa de la cuenta, habiéndolo aprendido de ella.
- ¿Vas a dormir hoy con nosotros? Seguro que tú encantada – le habló, ampliando aún más su sonrisa al ver como alarga las manos para posarlas en sus mejillas.
Yamato, quien había terminado de recoger las toallas y secar el agua que había salpicado la niña, bajaba para poder echarlo todo en el lavadora, teniendo que detenerse para observarlas unos segundos sin poder evitarlo. No era de extrañar encontrarse a la pelirroja en actitud cariñosa con el bebé, pero no podía evitar tener esa reacción.
Eran momentos así en los que no podía evitar pensar en el cambio tan sumamente drástico que había pegado su vida desde hacía unos seis años. Había pasado exactamente de un extremo al otro de la forma más radical que se podía imaginar. Sabía que todo lo que había pasado hasta aquel accidente había sido porque él se lo había buscado. Que cada una de las acciones y decisiones que había tomado habían sido sabiendo lo que hacía y todo lo que se estaba perdiendo, pero tampoco había visto forma de volver atrás. O más bien, valor de volver atrás. Por algún extraño motivo le daba más miedo volver a casa a su antigua vida que hacer un viaje a un planeta que nunca jamás la especie humana había pisado.
Prefería no pensar en cómo habrían podido ser las cosas si su forma de comportarse hubiera sido diferente. Especialmente con Sora. Mantenía lo que le había dicho, que daría lo que fuera porque realmente hubieran celebrado los 19 años juntos aquella Navidad, pero ese era un pensamiento egoísta. No se quería imaginar la situación por la que habría tenido que pasar ella cuanto toda su burbuja explotó de repente. Cuando alguien le diera la noticia de que sí, habían aterrizado pero… Pero…
Sacudió la cabeza, alejando así ese hilo de pensamientos antes de volver a conectar con la realidad, volviendo a concentrarse en ellas viendo que aún no se habían dado cuenta de que estaba allí. Aceleró el paso para dejar las cosas en la lavadora antes de volver hacia donde estaban.
- ¿Intentas chantajearla? – alargando la mano para poder pinchar a la niña en uno de sus costados, reclamó así su atención.
- Más o menos… - sonrió la pelirroja-. Debe de querer terminar de convencerme para que la deje dormir en medio hoy…Yo le digo que mejor te echamos a ti y así tenemos más espacio las dos – giró la cabeza hacia él-. ¿Tengo que peinarte ahora a ti a ver si conseguimos hacer algo con ese flequillo tuyo?
- Mi flequillo está perfectamente – dijo, intentando que el comentario sonase de forma más egocéntrica incluso aunque bromease-. A Aiko el gusta como está y más si se mueve porque me estreso y me pongo a resoplar.
Sora empezó a reírse antes de volver a bajar a la niña, quedándose unos segundos en silencio antes de tendérsela para poder ir ella a coger la toalla con la que le había estado secando el pelo.
- Cuando hay que darle la razón a la niña… Se la hay que dar… - murmuró, lanzándole así una mirada significativa no queriendo decir o hacer más a sabiendas de que estaban los digimon también allí.
Limitándose únicamente a seguirla con la mirada, Yamato sonrió de medio lado antes de acomodar del todo a su hija en sus brazos. Se le ocurrían algunas formas de contestarle pero prefirió no decir nada, por el mismo motivo que ella. El sonido del timbre lo distrajo, centrándose entonces en la puerta.
- Sí que se han dado prisa – comentó acercándose a abrir-. ¿Dónde has pedido?
- Ya lo verás cuando suban – se agachó, echando también aquella toalla a lavar antes de girarse hacia el horno para comprobar que todo estuviera bien y que no se le hubieran quemado las galletas-. Ya está pagado, lo hice desde la aplicación.
- Vale – asintió, quedándose en la puerta a esperar a que subieran desde el portal-. ¿Vas a recibirlos tú? Pues espero que les des una buena propina…
Sora negó con la cabeza, entretenida, decidiendo que ya habían terminado de hacerse las galletas, sacándolas del horno para poder ponerlas a enfriar encima de la encima. No habían sido complicadas de hacer, únicamente mezclar los ingredientes y ponerlos en la bandeja nada más que eso.
- ¿Qué le damos para que cene? – preguntó la pelirroja, distraída.
- Pues no lo sé… Juraría que por la mañana había quedado de su comida, lo dejé en la nevera de nuevo cuando lo preparé para que se lo llevara tu madre. Podemos darle eso si tiene hambre y luego que se entretenga mordiendo.
Encogiéndose de hombros, no pudo más que asentir segundos más tarde, acercándose así hacia la nevera para poder sacar el recipiente en el que lo habían guardado, dejándolo encima de la encimera para poder empezar a prepararlo todo, atenta a cómo Yamato finalmente recibía la cena y se acercaba con ella.
- ¿Por qué será que no me extraña que hayas pedido esto?
- Me daba pereza cocinar y… bueno, vamos a tardar una temporada en poder volvelor a comer, ¿no? – sonrió-. Tenía que aprovechar la oportunidad.
- Eso ya me encaja más. ¿Has apagado el horno?
- No, ¿por qué?
- Porque así lo dejo ahí mientras que terminamos de hacerle la cena y de dársela. Sino seguro que se nos acaba enfriando.
La pelirroja asintió a modo de respuesta antes de dejarlo pasar para que pudiera ir a dejar a la bebé al lado de los digimon en el sofá, volviendo al cabo de un rato a hacer lo que le había dicho.
- ¿A qué hora tenemos el vuelo el sábado?
- Por la mañana, creo que sobre las 8 de la mañana más o menos – contestó colocándose por fin a su lado.
- ¿Crees que se pondrá muy nerviosa en el avión? Es la primera vez que va a viajar por aire…
- No lo sé. En el coche se suele dormir con bastante facilidad, posiblemente en el avión no se entere demasiado de lo que pasa a su alrededor.
- Con los cambios de presión a lo mejor se marea o se le revuelve el estómago…
- No te preocupes – le dijo colocándose a su lado por fin-. No creo que vayamos a tener mucho problema con ella con los viajes por aire. Eso diría muy poco de los genes que le hemos pasado…
- Según cierta piloto eres capaz de ponerte más pálido de lo que ya eres cuando ella está al mando…
- Y no sabes lo agradecido que estoy que no se le haya ocurrido meterse a piloto comercial y que siga solo trabajando para la agencia espacial. Y espero que siga siendo así durante muchos años…
Echándose a reír automáticamente por la contestación que él había dado, no insistió más en el tema, centrándose más bien en el que la comida no se quemara o se calentara demasiado para el bebé.
- Tú ríete, pero cuando digo que está loca es por algo… Tú da gracias por no tener que hacer la prueba nunca. Aunque… Bueno… conociéndote lo mismo estarías más que encantada de ello. No creo yo que te vayas a despeinar demasiado tan siquiera.
- ¿Me estás llamando a mí loca también?
- Loca no, pero que tú y otra que yo me dé tenéis bastante peligro cuando os ponéis en el aire.
- Y no sabes lo mucho que lo echo de menos…
El tono de la pelirroja sonó distraído ante ese comentario, quedándose mirando hacia Biyomon desde allí. Hacía demasiado tiempo que su compañera apenas despegaba unos pocos metros del suelo y estaba segura de que lo echaba de menos muchísimo. Levantó la vista haca Yamato, acabando por sonreírle.
- Yo creo que esta temporada en el sur nos va a venir mejor que bien a todos los presentes…
Evidentemente no lo decía por su futura ausencia, pero sí por esos días previos antes del aislamiento. Los días en los que la máxima preocupación de todos fuera intentar no perderse demasiado entre el polvo acumulado que podría haber en la casa. Esos, sin duda, por pocos que fueran, iba a ser buenos.
Dándose cuenta de la intención con la que lo había dicho, el rubio giró la cabeza, observando así también a la digimon, asintiendo a sus palabras. Tenía toda la razón. La última vez que Biyomon había estado volando libremente habían sido los días que él mismo se la había llevado, antes de la boda. Y de eso ya había pasado demasiado tiempo.
- Sí, nos van a venir bien – terminó por darle así la razón.
AnnaBolena04: hoy actualizo prontito porque estoy por casa y quiero aprovechar que sino luego se me hace tarde de noche. Este capi y el anterior son responsables de que me dieran serios subidones de azúcar por culpa de Aiko buscando mimos de sus padres o jugando con el rubio en la bañera. Y si lo dice alguien que normalmente ve un bebé delante y bufa, pues mira, yo creo que la cosa es preocupante jajaja
Al final parece que la nenita se ha salido con la suya y que va a dormir con sus padres, así que a la mañana siguiente tendremos a Yamato durmiéndose encima de la mesa en el trabajo y a Sora encima de la mesa de reuniones porque se habrán quedado hasta las tantas babándose encima porque la nenita quería mimos y les hacía ruiditos y les sonreía... Pero como se suele decir... sarna con gusto no pica jajajaja
¡Un besito de tortuguita!
