Yamato siguió a Sora con la mirada mientras que entrada de nuevo en el salón, dejándolo a él con su suegra en la terraza. Esperó a perderla de vista antes de mirar hacia Toshiko, dándose cuenta de que ella estaba haciendo lo mismo que él.

- ¿Ya tienes todo preparado para cuando no estés? – le preguntó finalmente.

- Sí, yo creo que más o menos lo tengo todo bajo control ya – asintió-. Cuando esté de vuelta en la ciudad ya hablamos de lo de mi madre, pero, por favor, total libertad. La pena es que tenga que ser de forma tan poco personal por mi parte, pero es lo mejor que se me ha ocurrido.

- No te preocupes, lo dejaré listo unos días antes, porque dudo que pueda hacerme cargo de aquello ese día precisamente – sonrió ligeramente.

Frunció el ceño, quedándose pensativo antes de empezar a llevarse las manos a los bolsillos de la ropa, intentando encontrar un sobre entre ellos, siendo capaz de hallarlos finalmente y tendérselo así a la mujer.

- Está todo listo ahí – explicó.

La mujer bajó la cabeza, observando lo que le tendía y acabando por cogerlo y mirar lo que había en su interior, poniendo cara de sorpresa a pesar de todo, devolviendo la mirada hacia su yerno.

- ¿Qué se supone que te dije el otro día?

- Ya… Pero como soy yo el que está tocando las narices con todo esto y ha sido cosa mía… Quiero que sea cosa mía del todo. Si tienes cualquier problema no creo que te pongan pegas – explicó-. Por favor, deja que haga las cosas así, que ya bastante mal hago no estando en esa fecha.

Toshiko puso los ojos en blanco antes de acabar por asentir y decidir guardar el sobre rápidamente en su bolsillo para que Sora no volviera y pudiera verlo.

- Yamato… Creo que nunca he hablado contigo directamente de algunas cosas – levantó la mirada hacia él, vigilando que su hija siguiera entretenida-. Supongo que no te sorprenderá saber que al principio no se puede decir que te tuviera en muy buena estima… Es bastante evidente que como la madre de Sora, no podía ver con demasiados buenos ojos cómo iban las cosas entre vosotros dos. Y eso que algo me dice que no sé ni la mitad de la mitad, porque ya sabes que ella es bastante cerrada para todo – pudo ver como asentía-. Incluso intenté advertirla cuando volviste hace unos años para que tuviera cuidado contigo.

- Es totalmente comprensible. Yo mismo se lo intentaba advertir también – se encogió de hombros, algo tenso, sin poder evitarlo.

- A nadie le extraña eso ya. Creo que el más exagerado era Taichi, pero porque me parece que ese sí que sabía demasiado… Lo que quiero decirte es… Que lo siento. Siento haberte juzgado antes de tiempo. Sin duda has acabado por demostrar que mereces la pena. No me puedo imaginar a alguien que cuide mejor a mi hija, y ya no se diga a mi nieta. Jamás me lo habría podido llegar a imaginar… Sora… Nunca la he visto mejor. A pesar de tu trabajo y los problemas que pueda derivar, nunca la he visto más feliz y no sabes lo mucho que te lo agradezco.

Confuso, se quedó callado por completo. Estaba demasiado sorprendido para poder hilar correctamente sus propias ideas sobre aquello que acababa de escuchar. La mujer tenía razón, no era un secreto que ella no lo habría tenido nunca en demasiaba buena estima, era consciente de ello. Sus paranoias con Toshiko no salían de la nada. Él había sido el que, sin motivo, había dejado a Sora hacía muchos años y su madre la habría visto lidiar con aquello. También habría visto que, aunque no supiera gran cosa, ella tampoco se había quedado bien cuando él se había ido a estudiar fuera.

- No creo que se pueda culpar a alguien de malpensar sobre mí. He cometido demasiados errores con ella a lo largo de mi vida… Pero eso era porque yo tampoco tenía la cabeza demasiado despejada.

- Ya lo sé, no hace falta que me des explicaciones – diciendo aquello, le posó con suavidad la mano sobre el brazo-. Solo quería que te quedara claro que estoy muy contenta de tenerte como yerno – sonrió-. No podríamos haber tenido más suerte.

Serio, acabó por asentir a lo que ella le decía. Sin duda escuchar aquello era algo muy importante. Toshiko le imponía mucho, eso no era un secreto para nadie. Su seriedad y formas siempre correctas habían hecho su efecto mucho tiempo antes de que Sora y él empezaran a tener algo. Luego había sido la principal testigo de cómo se habían torcido las cosas. Seguramente ella habría visto a Sora llegar mal a casa el día que habían roto, quien habría sido testigo de todas sus meteduras de pata… Quien se habría dado cuenta de que algo volvía a pasar cuando ellos dos habían vuelto a intentar acercarse cuando habían empezado a la Universidad.

Era de comprender que hubiera querido prevenir a su hija de que empezar de nuevo algo con él no debía de ser la mejor de las ideas. Le había hecho daño demasiadas veces y no era de fiar. Ni siquiera él confiaba en sí mismo, se lo había dicho directamente a la pelirroja. Era especialista en estropearlo todo con ella… Ni en sus mejores sueños hubiera podido imaginarse que las cosas iban a ser cómo eran en aquel momento.

- Y no quiero saber en lo que estás pensando para que se te haya quedado esa cara – divertida, no pudo evitar hacer el comentario al ver la expresión del rubio.

- No es demasiado complicado – volvió a la realidad, asintiendo-. Gracias, Toshiko.

- Ah, no… No es a mí a quien hay que darle las gracias.


Sora se había quedado apoyada en la pared de la habitación de Aiko, observando entretenida como su padre estaba hablando con la pequeña, la cual estaba echada ya en su cuna y alargaba las manos hacia un peluche que ella no conocía.

- No me lo digas, ¿es para que no te eche de menos este par de meses? – le dijo finalmente, caminando hasta quedar colocada a su lado.

- Eh, algo tengo que hacer para hacerle la competencia al otro abuelo – confesó tras dar un respingo al escucharla-. Es mi única nieta, deja que la consienta un poco…

- Claro, como entre todos la tenéis poco consentida… - sonrió, alcanzándolo y fijándose en el peluche-. ¿Qué es eso Aiko? ¿Te ha traído tu abuelo un conejito?

Sonrió al ver a la niña alargando los bracitos queriendo cogerlo, intentando alcanzar una de las orejas, empezando a hacer ruiditos entre risas, jugando así con Haruhiko. Entretenida con la escena, acabó por dejar caer su cabeza hacia su padre, usándolo como apoyo.

- ¿Has dejado a Yamato solo con tu madre? – escuchó el sonido de asentimiento de ella-. ¿Estás segura de lo que has hecho?

- Estaban en la terraza…

- Pues ten cuidado no vaya a ser que intente salir corriendo de ella o algo…

- Papá… No seas malo – divertida, continuó observando a su pequeña.

- ¿Qué? Llevo casado con tu madre unos cuantos años y sigo sintiendo la necesidad de escaparme corriendo si le da por mirarme mal…

La pelirroja se echó a reír abiertamente. Había interpretado el comentario de su padre al revés, pensando que se estaba metiendo con Yamato, no esperándose aquel cambio. La pequeña, al escucharla, empezó a reírse ella también.

Haruhiko miró a una y a otra, acabando por dejar el juguete en poder de su nieta y pudiendo así pasar su brazo en torno a Sora.

- Mira, será clavada a su padre… Pero esta niña tiene tu carácter, te lo digo yo, y mira que por desgracia me perdí demasiados momentos importantes de tu vida. Se ríe igual que tú. ¿No se ha muerto ya mi querido yerno al darse cuenta de ello?

Sora no dijo nada, simplemente terminó por sonreír de una forma bastante delatadora.

- Os voy a echar en falta hasta que volváis… No creo que el trabajo me vaya a dejar poder escaparme a Tanegashima a veros, aunque lo intentaré. Cuando os quedéis solas, ¿de acuerdo?

- Papá, no te preocupes. Ese lugar es tranquilo y precioso. Aiko y yo vamos a estar de maravilla. Es más un pueblo que una ciudad, tenemos la playa al lado… ¿sabes a qué me voy a dedicar? A jugar con la niña, a enseñarle cosas y a descansar, que falta me hace. No quiero que os preocupéis porque Yamato nos deje solas unas semanas.

- No me preocupo porque no estéis con él, si es un poco listo, será él el que dependa más de vosotras que al revés, y creo que para trabajar de astronauta hace falta tener un buen coeficiente.

- Estaremos bien, te lo prometo – giró la cabeza hacia él-. Pero si quieres venir a vernos eres más que bienvenido.

- Te prometo que lo intentaré – dijo, volviendo la vista hacia Aiko viendo que la pequeña se había quedado tumbada, abrazada al peluche, y que sus ojos empezaban a cerrarse.

- Siempre le pasa igual – explicó la pelirroja, alejándose ligeramente para poder inclinarse y acariciar la frente de ella, echándole hacia atrás el flequillo-. Hoy ha estado bastante tranquila con los dientes, espero que duerma bien.

- Tiene pinta de que sí – dejó que Sora se despidiera de la niña antes de hacerle un gesto para salir los dos de la habitación-. ¿Te dijo tu madre lo de meter infusiones de camomila en el congelador para que se entretenga mordisqueándolas?

- Sí… Pero es que todavía hace algo de frío aquí y tengo miedo de que le siente mal. Pensaba dárselo la semana que viene.

Asintió, dejándola salir a ella primero de la habitación, viendo que los digimon aprovechaban para entrar, quedándose no demasiado lejos de la cuna de la pequeña. Cerró tras ellos, apagó la luz, caminando al lado de su hija.

- ¿Siempre duermen con ella?

- Sí, antes cenaban a la vez que nosotros, pero desde que nació la pequeña ni siquiera… La adoran… Desde que se enteraron de que estaba embarazada no se han despegado de nosotras en ningún momento. Creo que el que peor va a llevar el viaje de Yamato es Gabumon.

- ¿Va con él?

- Claro, le ha dicho a Aiko que piensa devolverle a su padre en perfectas condiciones – sonrió mientras que explicaba aquello-. Es una buena garantía.

- Evidentemente – el profesor asintió-. Le vendrá bien a Yamato no verse tan solo allí. No es fácil dejar atrás a tu propia familia por motivos de trabajo. A ver qué tal lo lleva – empezó a hablar de forma distraída-. Esperemos que no se le haga demasiado cuesta arriba.

- Ha tenido suerte y le han asignado la piloto con la que lleva viajando desde siempre – explicó-. Estaba en la boda…

- No me pidas milagros… Pero si va con gente con quien tiene más trato, mejor para él también.

- Lo sé – por el rabillo del ojo pudo ver como la puerta de la terraza se volvía a abrir y que los dos que faltaban entraban de nuevo-. Mamá, ¿qué te tengo dicho de dejar a papá comprarle más cosas a Aiko?

Toshiko arqueó ambas cejas, sorprendida y confusa, mirando primero a su hija y luego a su marido.

- ¿Le has traído algo a la niña?

Yamato no pudo más que echarse a reír mientras que terminaba por cerrar la puerta para que no entrara fresco del exterior. No podía decir nada sobre ese tema, era complicado el día que se iba de paseo por alguna zona comercial y que no llegaba con algo para la niña. Entendía a su suegro.

- ¿Voy calentando la cena? – preguntó, pasando por el lado de los otros tres.

- Yo creo que sí, sino se nos va a hacer muy tarde y nosotros tenemos que madrugar bastante mañana…

- Pues voy a ello… Tú vete tranquila con tus padres, ya me encargo yo.

La pelirroja sonrió a modo de respuesta, asintiendo.


AnnaBolena04: hoy tenemos actu tempranito porque por muy de malas pulgas que esté porque mañana trabajo... Pues hoy tengo una cena y no se a qué hora voy a aparecer por aquí. Mañana es festivo NACIONAL y se han emperratado en abrir y para colmo es la fiesta gorda de mi ciudad... Pero bueno, nada... Cabezonería al poder. Con un poco de suerte no viene nadie mañana y al menos tiene que darnos la razón.

Hiroaki tiene un claro competidor por las atenciones de Aiko, sí, sí. Haruhiko solo tiene una nieta y no tiene que dividir su atención entre ninguno más, puede entretenerse en llevar peluches metidos dentro del abrigo y esperar que nadie se dé cuenta de que anda traficando con ellos jajaja El drama entre abuelos va a acabar consiguiendo que se miren mal el uno al otro desde lejos.

Y el pobre Yamato pensando que iba a morir, que Toshiko lo iba a tener fácil porque estaban fuera y la barandilla seguro que no la veía él demasiado confiable con su suegra al lado y mira por dónde le ha ido a salir. Si es que es más que evidente todo lo que le ha dicho ella a él vamos a ver... Pero bueno, no le viene mal al rubio escucharlo de frente ara que se le pasen todas esas paranoias absurdas que tanto le gusta montarse en su cabeza. Que sus suegros lo adoran y no hay más opción, a ver si deja de emparanoiarse.

¡Un besito de tortuguita!