Los primeros días de espera a la apertura del Gimnasio de ciudad Verde fueron los más agradables. Ryku y Dylan compartían el día entrenando en los lugares donde Ryku solía practicar y adiestrar a su Pokémon y donde más poderosos solían ser los Pokémon salvajes de la zona. Por desgracia, no había muchas especies que fueran lo suficientemente fuertes y competitivas y aceptaran los desafíos que lanzaban los chicos. Sumado a la escasa variedad de Pokémon en los alrededores del pueblo, el entrenamiento se volvió monótono en muy poco tiempo.
Un día, Ryku tuvo la idea de realizar combates contra Dylan, creyendo que sería mucho mejor que buscar peleas con Pokémon salvajes que desearan combatir. Sin embargo, Dylan no accedió a la propuesta, sino que optó por realizar un entrenamiento más individual. Ryku no entendió la negativa de su amigo y tampoco pudo convencerlo de que cambiara de opinión. Desde entonces, Ryku y Dylan se separaron y cada uno se puso a entrenar en distintas zonas. Ryku se quedó en los campos y Dylan se fue a las playas.
Aquello terminó beneficiando a ambos: Ryku recibía más aceptación de combates con Pokémon salvajes más poderosos y Dylan encontró un buen desafío luchando en igualdad de condiciones con los Pokémon de la costa.
El entrenamiento dejó de ser monótono.
Por otra parte, Cetile tuvo una temporada entretenida. Al principio se encargaba de cuidar de Aradya junto a los padres de Ryku y aprovechaba los paseos de la Eevee para fotografiar pueblo Paleta y sus alrededores, llenos de campos y bosques. Pero como era demasiado joven para irse muy lejos sin protección, estando Ryku y Dylan ocupados con su entrenamiento, Cetile se aburrió tras haber guardado en su cámara una cantidad indecente de imágenes en tan solo unas pocas horas. Un día, Dalia se presentó en casa de Ryku y le ofreció la oportunidad a Cetile de investigar con ella, aunque solo se interesara por los Pokémon de tipo planta. La chica no se lo pensó dos veces.
Desde entonces, Cetile iba al laboratorio de Dalia cada día mientras Ryku y Dylan continuaban con su entrenamiento. Así estuvieron por varias semanas, convirtiéndose en una rutina hasta que llegó el ansiado día.
Ryku y Dylan estaban reponiendo energías antes de volver a sus quehaceres cuando en las noticias empezaron a hablar acerca del Gimnasio de ciudad Verde. Los jóvenes prestaron especial atención a lo que fuera a decirse. El padre incluso subió el volumen de la televisión para conocer las novedades. El presentador comunicó a todos los entrenadores que llevaran mucho tiempo esperando la reapertura del Gimnasio que al final se había encontrado un nuevo líder, aunque temporal, que les permitiría poder participar en la Liga Pokémon ese mismo año. Desgraciadamente, el presentador también informó que el futuro líder no se encontraba en una situación ideal para recibir la más que probable lluvia de entrenadores que se plantarían ante el Gimnasio, de modo que, mediante un mensaje personal de parte del líder, solicitaba que fueran pacientes con él y le dieran tiempo a prepararse para no perder calidad en las decenas de combates que realizaría por día. El tiempo que pidió fue de un mes máximo. Dicho esto, el presentador pasó a otras noticias de bajo interés y el padre de Ryku volvió a bajar el volumen de la televisión.
—¿Un mes? ¿Por qué necesita tanto tiempo antes de abrir el Gimnasio? —preguntó Dylan como si esperara una respuesta detallada—. Si quiere mantener el nivel de desafío constantemente a lo largo del día, ¿no sería mejor que descansara bien entre combates?
—Quizá el líder esté pensando en el tipo de Gimnasio que va a imponer —supuso Ryku.
—Eso como mucho en una semana ya está decidido —replicó Dylan—. Imposible que se tarde un mes.
—Pero ¿y si el tipo que elige no es el mismo que el que utilizaba el anterior líder y ha de remodelar el campo de batalla acorde al nuevo? -preguntó Ryku.
—Podría ser, pero sigue sin tener mucho sentido porque no es necesario ni relevante construir un campo de batalla complejo para considerarlo un combate de Gimnasio. ¿Recuerdas los del teniente Surge y Sabrina?
—Entonces qué más da —sentenció Ryku arrancando toda la importancia de la espera de golpe—. Ese líder tendrá sus motivos y, ahora que sabemos una fecha aproximada de la reapertura del Gimnasio, nosotros también tendremos que prepararnos para darlo todo cuando llegue ese día.
Dylan asintió, concordando con las palabras de su amigo. No debía dar más vueltas a las causas de esperar tanto y, en cambio, estar listo para su último combate de Gimnasio, aunque siguió teniendo las ganas de querer hallar una respuesta a esas dudas.
Con un mes entero como mínimo para afinar todo lo posible sus habilidades, Ryku y Dylan aumentaron un poco más el tiempo del entrenamiento diario y, para que no continuara la monotonía, por las noches ambos ideaban estrategias de combate para según el tipo elemental del Enlace al que se enfrentarían.
Siguiendo ese nuevo horario, el mes extra que les duró el entrenamiento les fue muy útil y la llegada de la noticia oficial de la reapertura del Gimnasio de ciudad Verde llegó apenas un par de días después del comunicado que lanzó el líder en el pasado. La noticia incluía un vistazo a la puerta principal del Gimnasio, donde ya se había agrupado una docena de entrenadores y el número no hacía más que aumentar. Ryku y Dylan debatieron si partir de inmediato hacia la ciudad o esperar al día siguiente. Después de considerar las consecuencias de ambas opciones, acabaron por escoger ir al próximo día para apurar su entrenamiento.
A la mañana siguiente, Ryku y Dylan se levantaron temprano y se prepararon para partir lo más rápido posible. Casi no se tomaron la molestia de despedirse ante los próximos días que quizá tardarían en regresar y se dirigieron a la Ruta 1.
El viaje del pueblo a la ciudad no duró más de una hora y media, algo que hizo que Ryku pensara por unos instantes el tiempo que había andado por la ruta cuando comenzó su viaje. Había sido casi el doble.
Cuando llegaron a la ciudad, Ryku y Dylan se plantaron frente a la entrada del Gimnasio y se encontraron un panorama más impactante del que se esperaban. Los dos jóvenes siguieron con los ojos la asombrosa cola que había formada para llegar a las puertas de madera del Gimnasio. Era tan larga que incluso continuaba al bajar las escaleras y sentarse en el borde de la fuente. Lo más curioso fue que la cola se había organizado igual que las filas de un cine. Había una taquilla y una barrera de cuerdas que organizaba la cola y la optimizaba para cubrir el menor terreno posible. Ryku y Dylan se dirigieron a la taquilla y fueron atendidos por un hombre rapado, de ojos oscuros y musculado que vestía un traje más de guardaespaldas que de un simple vendedor de billetes.
—¿Necesitáis algo? —preguntó con expresión seria y de pocos amigos.
—Hemos venido a por la medalla de Gimnasio —contestó Ryku ligeramente intimidado.
—Muy bien. ¿Tenéis las medallas necesarias? Mirad este papel si no sabéis cuántas requerís.
Ryku ya se hacía una idea del número que le iban a pedir, pero miró igualmente el cartel por seguridad. Se llevó una enorme sorpresa cuando leyó que el líder del Gimnasio exigía que los entrenadores de Enlace poseyeran la totalidad de medallas que se podían conseguir antes de su llegada. Eso significaba que debían tener siete de las ocho medallas de Gimnasio, lo que tiró por los suelos las suposiciones de Ryku. Dylan también se quedó asombrado de la cantidad de medallas requeridas.
—Creía que iban a ser seis —dijo Ryku en voz baja a Dylan para que no lo escuchara el taquillero—. Desde Surge, el aumento de medallas necesarias solo subía en uno.
—Y yo. Menos mal que hemos tenido tiempo de sobras para hacernos con las siete medallas, ¿no?
—¡Eh! —llamó el hombre trajeado—. Si no tenéis las medallas necesarias, dejad la vía libre. Hay más entrenadores que sí las pueden tener. Volved cuando las hayáis recolectado; aún os queda tiempo antes de que los Gimnasios cierren por la Liga Pokémon.
—No hace falta —replicó Dylan. Junto a Ryku, sacaron sus estuches, los abrieron y enseñaron al taquillero las siete medallas que descansaban en la espuma protectora—. Resulta que ya las tenemos.
—No fardéis de ello, que no sirve de nada —los regañó el hombre—. Pasadme los estuches. —Dylan y Ryku obedecieron y les dio los estuches. Entonces, el hombre cogió uno de ellos e hizo algo bajo el mostrador en el que se alcanzaba a escuchar el sonido de alguna máquina. Ryku y Dylan intercambiaron miradas de curiosidad. El hombre cogió el otro estuche y, tras el mismo procedimiento, los cerró y los devolvió a sus propietarios—. Parece que está todo en orden. Aquí tenéis vuestros billetes.
Ryku y Dylan recibieron unos papeles de color verde en los que estaba escrito la posibilidad de poder enfrentarse al líder de Gimnasio y que tenía validez completa hasta que el Gimnasio volviera a cerrar. Se guardaron los billetes y se alejaron de la taquilla.
—La cola es bastante larga y parece que vamos a pasaron varias horas esperando. Hasta me atrevería a decir que tendremos que volver a hospedarnos en el albergue si se hace demasiado tarde —comentó Dylan.
—Esperemos que no. Aunque no estaría mal que comprásemos algo de comer y beber mientras hacemos cola. No me apetecería tener que abandonar la fila por esas necesidades.
Ryku y Dylan se dirigieron a las tiendas de alimentos más cercanas con tal de pertrecharse de comida. Compraron principalmente bocatas entre otros suministros que no llenaran en exceso el estómago y una botella de agua de más de un litro por si acaso y regresaron a la zona del Gimnasio.
Ryku y Dylan entraron en el camino delimitado por las barras y empezaron a esperar junto a otras docenas de entrenadores. La fila se movía lenta pero constantemente. En poco más de media hora, habían subido las escaleras y solo les quedaba recorrer el camino de seis columnas, extendido para rodearlas obligatoriamente al menos una vez. Parecía que el líder despachaba rápidamente a sus contrincantes, pues en ese tiempo al menos diez entrenadores habían perdido o ganado su batalla contra él o ella. Lamentablemente, desde que los jóvenes alcanzaron la parte superior de las escaleras, la velocidad a la que se encogía la fila fue bastante menor.
En un par de horas, el líder había podido desafiar a unos diez entrenadores más. Eso hizo pensar a Ryku que el líder de Gimnasio ya se estaba cansando de combatir. No le culpaba por ello. Casi tres horas habían transcurrido y más de veinte entrenadores habían realizado el combate de Gimnasio. Y el número no se había detenido ahí.
Hubo un momento en el que otro hombre trajeado como el de la taquilla informó a gritos que el líder había declarado un tiempo de descanso y que al menos no volvería a aceptar duelos en una hora. Casualmente, ese momento encajaba precisamente con la hora habitual de comer, de modo que la mayoría de los entrenadores de la fila se buscó la manera de sentarse y saciar su apetito. Mientras tanto, los hombres trajeados colocaron cerca de ellos unos cubos donde tirar los restos, algo que Ryku y Dylan vieron como algo curioso. Pasada la hora de descanso, el mismo hombre trajeado de antes dio la voz de que se reanudaban los combates de Gimnasio.
El tiempo volvió a pasar lento pero constante. Una hora más. Dos. A Ryku y a Dylan empezaron a dolerles las piernas de estar tanto tiempo de pie. Llevaban cinco horas, si no habían contado mal, rodeando paulatinamente las columnas. Por suerte, les quedaban tan solo dos por rodear y poco menos de una veintena de entrenadores por delante de ellos. Pronto sería su turno.
Ryku reparó en uno de los hombres trajeados que se había puesto a observar en detalle a los entrenadores más cercanos a las puertas del Gimnasio. Movía el dedo índice como si pulsara un botón inexistente a la vez que murmuraba algo imposible de entender. Por aquellos gestos, el joven dedujo que estaba contando y la duda que venía a continuación era por qué lo hacía. La respuesta llegó poco después cuando el hombre hizo algo que produjo quejas y lamentaciones unos cuantos entrenadores por detrás del joven. Se acababa de cortar la cola.
—Los entrenadores que no estén en este lado del corte pueden regresar a sus casas —informó el hombre del traje—. El líder de Gimnasio cree que no podrá dar más combates de Gimnasios a pleno rendimiento después de atender a los entrenadores que se hallan al otro lado del corte. Pido disculpas en su nombre. Mañana podréis volverlo a intentar, así que no perdáis el billete que se os ha entregado porque seguirá siendo válido, ¿de acuerdo? Gracias por vuestra comprensión.
Nuevos lamentos se escucharon acompañados de algunos alivios de parte de aquellos que aún tendrían la oportunidad de enfrentarse al líder de Gimnasio. Ryku y Dylan se incluían entre esos aliviados.
—Debe doler mucho haber estado haciendo cola horas y horas para que te digan que no vas a poder hacer el combate de Gimnasio —dijo Dylan—. Apuesto a que más de uno estará más enfadado que aquel Gyarados al que nos enfrentamos en la Ruta 12.
Finalmente, después de poco más de seis horas de moverse cercando las columnas, Ryku y Dylan se encontraban por fin frente a las puertas de madera rojiza del Gimnasio. En cuanto saliera el entrenador que estaba combatiendo actualmente contra el líder, sería el momento de uno de los dos amigos.
—¿Quién entrará primero? —preguntó Dylan—. Ahora estoy con el mismo desconocimiento que tú, Ryku. Este líder de Gimnasio es nuevo y quizá no emplee el mismo tipo elemental que el anterior.
Ryku no tardó nada en dar una respuesta.
—Creo que deberías ir tú primero. No porque después me puedas dar pistas para prepararme, lo cual estaría genial, sino porque llevas más tiempo esperando a conseguir esta medalla que yo. Literalmente, una segunda vuelta por toda la región.
Dylan soltó una risa corta.
—Tienes razón. Llevo esperando el día de completar el estuche de las medallas muchos meses. Y no es que me haya dormido en los laureles todo ese tiempo. Gracias a la decisión que tomé de acompañarte, creo que estoy mucho más capacitado ahora que aquel día.
—Lo mismo puedo decir yo de eso último.
Dylan miró a Ryku.
—Muy bien, iré yo primero. Y te daré alguna pista para que, al menos, sepas a lo que te enfrentas.
—Gracias.
—Mientras esperas, ¿me guardas el estuche de las medallas? No quiero tenerlo encima mientras combato.
—Sin problemas.
Escasos cinco minutos más tarde, el entrenador que había delante de los dos chicos abandonó el Gimnasio con cara de no haber conseguido la medalla de Gimnasio. Curiosamente, no se le veía realmente triste por haber perdido el combate, sino más bien como si se estuviera preparando para una segunda oportunidad con la experiencia adquirida.
—Siguiente —dijo un hombre que estaba detrás de una caja roja. Dylan dio un paso al frente—. Tu billete, por favor. —Dylan dio el papel verde y el hombre lo rompió por la mitad y tiró los restos a la caja—. Muy bien. Mi compañero te guiará hasta el líder del Gimnasio. Buena suerte.
—Gracias. —Dylan se dio la vuelta y dio su estuche a Ryku. Luego lanzó un último vistazo a su amigo—. Nos vemos luego.
Y sin dar tiempo a que Ryku respondiera, Dylan entró en el Gimnasio acompañado de otro hombre trajeado.
Para hacer tiempo hasta que el combate entre Dylan y el líder terminara, Ryku decidió realizar sus propias suposiciones sobre el tipo elemental que utilizaba el Enlace del líder de Gimnasio. Teniendo en cuenta ciertos criterios lógicos, seguramente el tipo elemental no podía ser ninguno de los que ya se empleaban en los otros Gimnasios. Por tanto, siete de los quince tipos existentes quedaban descartados. Y se sumaban otros cuatro más si tampoco debían estar los tipos que usaban los Enlaces de los cuatro miembros del Alto Mando. Con eso, el filtro dejaba tan solo cuatro tipos como las mayores probabilidades de ser el que tenía el líder de Gimnasio: tierra, bicho, normal y volador. Ryku echó un rápido vistazo a los Pokémon que poseían uno de esos cuatro tipos sin pararse a centrarse en uno, pues el tiempo que le quedaba debía ser escaso.
Diez minutos. Ese fue el tiempo que pasó hasta que Dylan volvió a salir por la puerta del Gimnasio. Ryku dejó de centrarse en su brazalete y miró a su amigo, esperando ver en su rostro la felicidad de la victoria. Sin embargo, la expresión de su amigo no acababa de ser ni triste ni alegre. Más bien estaba… ¿sorprendido?
Dylan pasó por fuera de las cuerdas de la cola y se detuvo justo al lado de Ryku, sabiendo que él lo iba a parar.
—¿Cómo ha ido? —preguntó Ryku.
Dylan cambió su enigmático sentimiento por uno más acorde a lo que el joven de pelo negro esperaba de su él. Levantó la mano cerrada en un puño y la abrió.
—Compruébalo tú mismo.
Ahí estaba. La medalla del octavo Gimnasio de Kanto, aquella que pertenecía al del Gimnasio de ciudad Verde. Por su aspecto, no daba ninguna pista sobre el tipo elemental del Enlace que el líder utilizaba. Era de dos tonos de verde. Uno oscuro en la parte superior y otro más claro en la parte inferior. Su forma no terminaba de definirse como una pluma o una hoja. ¿Sería de tipo volador? Planta era imposible; no caería en el engaño de volver a poseer la gran ventaja de tipo.
Dylan pidió a Ryku que le devolviera su estuche y añadió la recién adquirida medalla de Gimnasio con las otras. Dylan se alegró de que al fin el estuche estuviera completado. Permaneció unos segundos mirando la colección y luego se guardó el estuche en el bolsillo.
—¿Qué tipo de…?
Dylan calló la pregunta de Ryku alzando la mano.
—Lo siento, Ryku. El líder de Gimnasio te obliga a jurar que no dirás absolutamente nada de lo que hay ahí dentro. Esto significa que no puedo decirte nada ni de su persona, ni del tipo de Enlace que utiliza, ni del combate en sí. Un poco meticuloso, si me permites el comentario, pero después de la experiencia que acabo de tener, está más que justificado.
—Así que es como Koga, pero más estricto —comparó Ryku.
—Muchísimo más que él —aclaró Dylan—. Resulta increíble que el Alto Mando haya dado el visto bueno a un líder como este. Incluso asombra lo bien que se desenvuelve en combate. Créeme cuando te digo que, al menos, este líder es el mayor obstáculo para llegar a participar en la Liga Pokémon.
Ryku suspiró, un poco desanimado.
—Supongo que tendré que planificar sobre la marcha… sin conocimientos previos.
—No es la primera vez, ¿no? —recordó Dylan con cara sonriente.
—No, pero esto es diferente.
—Seguro que logras vencer al líder. Si yo he podido, aunque con alguna que otra dificultad, seguro que tú también. Hemos entrenado estos últimos meses para este momento. No pierdas la esperanza tan pronto.
—¿Quién ha dicho que la haya perdido? —se quejó Ryku—. Solo me molesta improvisar tan a ciegas, es todo.
—Perdonad —interrumpió el hombre que recogía los billetes—. El líder ya está disponible para librar su próximo combate. Si vas a retirarte a última hora, por favor, abandona la cola.
—Ni hablar. Voy a combatir —replicó Ryku. Sacó su billete y se lo dio al hombre trajeado.
—Muy bien. Mi compañero te guiará hasta el líder de Gimnasio. Buena suerte.
—Tú puedes —lo animó Dylan—. Te esperaré en la fuente.
—Espera. Ahora es tu turno de guardarme mi estuche. A mí tampoco me gusta tenerlo encima mientras combato.
—Claro. —Dylan cogió el estuche de Ryku—. Te veo luego.
Ryku entró seguido del hombre trajeado y juntos caminaron por los pasillos del Gimnasio.
A diferencia de los demás, este Gimnasio daba la sensación de que imitaba una lujosa mansión de varios pisos. El suelo de los pasillos era de un color grisáceo que alternaba diferentes tonalidades de grises, desde una clara, hasta casi una casi negra. La disposición de los ladrillos otorgaba una curiosa geometría estética a pesar del tan apagado color de estos. En las paredes rojizas había pilares que solo sobresalía la mitad de ellos y tenían el mismo estilo arquitectónico que las que estaban fuera del Gimnasio. Las bases se escondían entre una parte pintada del mismo color que la piedra de estas. No había ventanas por las cuales la luz del sol podía acceder al Gimnasio, de modo que toda la iluminación procedía de unas lámparas cuadradas pegadas al techo.
Ryku y su guía se detuvieron en una sala grande y cuadrada donde más se podía apreciar la semejanza con una auténtica mansión. La luz provenía de una enorme lámpara de cristal que casi no dejaba un hueco por alumbrar. Las decoraciones, sin embargo, eran austeras. Se basaban principalmente en plantas de interior y algunos muebles de estilo antiguo que servían más de adorno que de su habitual función. Ryku dedujo que debía tratarse del corazón del Gimnasio, un lugar donde el líder lo atendería y lo llevaría hasta el campo de batalla para librar su combate.
El hombre lanzó una pregunta al aire que confundió a Ryku por un momento antes de darse cuenta de que estaba hablando a través de un auricular. Pocos segundos después, el hombre volvió a indicar a Ryku el camino. El joven se sorprendió cuando tanto él y el guía debían subir unas escaleras circulares para llegar al campo de batalla en el piso superior.
Una vez arriba, había tres caminos por los que continuar. Dos de ellos daban media vuelta y se perdían en un giro. El guía y Ryku tomaron el pasillo que solo iba en línea recta hasta el final del Gimnasio. En las paredes de los pasillos había puertas automáticas de metal con una placa con un número dibujado a un lado. Se detuvieron en la segunda puerta a la izquierda. Entonces el hombre volvió a hablar por el auricular, probablemente para comprobar que no le habían hecho un cambio de última hora, y dio un paso adelante con tal de que la puerta automática se abriera. Sin embargo, solo Ryku entró en la sala.
La sala estaba casi completamente a oscuras. Gracias a las luces que venían de pasillo y accedían a través de la puerta, el joven pudo apreciar un poco el lugar donde iba a realizar su último combate de Gimnasio. Lo más destacable que podía destacar era que no había delimitaciones de campo de batalla como en los demás salvo el de Koga.
—Un momento —advirtió el hombre. Volvió a hablar por el auricular y de repente las luces de la sala se encendieron dando una visión clara de esta—. Ya está todo listo. Mientras el líder viene, puedes preparar tu brazalete ahí. —Ryku miró en la dirección a la que apuntaba el hombre y vio abrirse un hueco en la pared. En su interior descansaba un único brazaletes Enlace dorado—. Ya debes saber cómo funciona, así que prepárate.
—Entendido.
El hombre se retiró y la puerta automática se cerró. Ryku fue a por el brazalete dorado y realizó el proceso de traspaso de Enlace. Luego guardó el suyo en el hueco y se puso a mirar los nuevos detalles del campo de batalla.
El suelo era verde intercalado con unas rayas de un tono más oscuro del mismo color. Las paredes estaban decoradas con una fila de triángulos amarillos aproximadamente a la altura de la cintura de Ryku, justo sobre un pequeño relieve gris que descendía hasta la contactar con el suelo. Algunos dibujaban dibujaba una fina línea del mismo color que este que alcanzaba un techo en arco donde estaban las luces, siguiendo un patrón. A un lado de la pared, protegida por un grueso cristal, estaba la televisión que mostraba las barras de vida de los Enlaces.
—Simple, pero amplio —dijo Ryku aprovechando el tiempo de espera para estudiar el terreno—. Del techo al suelo no hay mucha distancia, por lo que tendré un vuelo limitado. Si he de esquivar, será apartándome en línea recta o hacia los lados.
Apenas un minuto después de haberse quedado solo, la puerta automática volvió a abrirse, pero solamente se vio el brazo de una persona.
—Id preparando el próximo campo de batalla para cuando termine aquí. Quiero que lo único a lo que tengan que esperar los entrenadores que me faltan sean mis descansos.
—Sí, señor.
Dicho aquello, el propietario del brazo entró en la sala y caminó hacia Ryku mientras examinaba el brazalete dorado en su brazo izquierdo. Ryku no sabía explicarlo, pero la cara de aquel hombre le resultaba familiar. Era un hombre adulto al que ya se le podían notar alguna que otra arruga. Tenía ojos oscuros y el pelo negro, bien cortado y peinado. Vestía una camisa blanca de cuello alto escondida bajo una chaqueta de color negro, aunque todavía se podía ver bastante por la parte del pecho. Unos pantalones y zapatos negros terminaban de complementar el aspecto de aquel hombre.
—Bienvenido —saludó el hombre después de preparar su brazalete Enlace—. Mi nombre es Giovanni y soy el nuevo líder del Gimnasio de ciudad Verde.
La sensación de conocer al hombre acabó cuando Ryku escuchó su nombre.
—¿Has dicho… Giovanni? —preguntó casi sin ser capaz de pronunciar el nombre.
Giovanni suspiró, un tanto molesto.
—Ya estamos otra vez… —murmuró—. Sí, joven, has escuchado bien. Soy Giovanni, también conocido como el presidente de la compañía aeroespacial Rocket, popularmente conocido como Equipo Rocket.
Ryku no se creía a quien tenía delante. ¡Nada menos que a uno de los hombres más famosos del mundo! Giovanni tenía el control sobre casi todo lo relacionado con los viajes al espacio. Su compañía había realizado algunos de los mayores descubrimientos del universo de la historia. Ahora entendía las palabras de Dylan y su asombro de que el Alto Mando lo hubiera elegido como el último muro a derribar para entrar en la Liga Pokémon.
—¿Usted fue entrenador Pokémon? —inquirió Ryku.
—Por supuesto. Desde que era pequeño, siempre tenía en mente la imperiosa necesidad de convertirme en un entrenador Pokémon reconocido, pero acabé tomando otro camino.
—Entonces, ¿por qué se puso a prueba contra el Alto Mando para ser elegido como líder de Gimnasio?
—Porque lo vi como una oportunidad —contestó Giovanni con cierto aire enigmático—. Y porque quizá también Lance y compañía estuvieron pendientes de mí desde hace ya un tiempo. —Ryku seguía intrigado por descubrir algunas cosas más sobre cómo decidió Giovanni ser líder de Gimnasio, pero él le detuvo—. Escucha, al igual que tú, hay más entrenadores que desean batirse en duelo conmigo y no pretendo defraudarles. Me encantaría tener más palabras con mis contrincantes, permitir conocernos un poco más, pero la Liga Pokémon está cerca y este Gimnasio ha estado demasiado tiempo inactivo. Supongo que lo entiendes, ¿no?
Ryku asintió. Se sintió un poco decepcionado por no poder saber más de la vida que tuvo Giovanni como entrenador Pokémon. Una persona que en principio solo sabía de negocios y poco más era quien se interponía entre él y la última medalla que le daría acceso a la Liga. Sin duda iba a ser un combate memorable.
Giovanni avanzó y se colocó al otro extremo de la sala. Luego indicó a Ryku el lugar donde debía estar para que el combate empezara. Hizo un gesto al aire igual que hizo Blaine cuando él y Ryku abandonaron su campo de batalla. Lo único que hizo esa señal fue la de encender la pantalla y programarla con tal de captar los Enlaces de los brazaletes dorados al momento.
—Adelante, chico.
Ryku encendió la pantalla de su brazalete y activó el módulo Enlace. Su cuerpo empezó a brillar y a cambiar de forma, notándose principalmente el surgimiento de las alas y la cola. Una vez finalizada la transformación, Ryku se sacudió el cuerpo para asegurarse de que sentía sus nuevas, aunque ya tradicionales, extremidades y esperó que la transformación de Giovanni llegara a su fin.
La forma que adoptaba el cuerpo del líder de Gimnasio era un poco más alta que la suya y un tanto redondeada. Tenía cola y lo que parecían ser unos cuernos. Ryku no terminaba de adivinar por la silueta el tipo de Enlace que utilizaría Giovanni, pero solo debía esperar a que la transformación acabase.
Cuando el brillo cedió, el joven adquirió un rostro serio después de identificar al Pokémon al que se enfrentaría. Un Rhydon. Un monstruo de piel gris que actuaba como una muy resistente armadura natural, unos ojos rojos y un cuerno saliendo del hocico por la parte superior que intimidaba por lo que era capaz de hacer. Giovanni lo hizo girar a modo de calentamiento para calentar el cuerpo y recordar por qué llamaban a ese Pokémon el Pokémon perforador.
La pantalla registró los Enlaces y creó las respectivas barras de ambos Pokémon. Acto seguido, se inició una cuenta atrás que dio comienzo al combate nada más llegó a cero.
Ryku se hizo una idea de los movimientos que podían afectar más a su rival. Un Rhydon era de tipo tierra, pero también lo era de tipo roca. Eso provocaba que el combate de Gimnasio no se diferenciara mucho del que tuvo contra Brock. Debía evitar por todos los medios posibles recibir un golpe directo de cualquier movimiento de tipo roca que conociera Giovanni si no quería que el combate durase solo unos pocos segundos. Los ataques de tipo tierra no iban a dar ningún problema, pero tampoco debía olvidarse de que podían hacerle daño. Ínfimo, pero todo daño contaba. Sin embargo, un Rhydon no era lo mismo que un Onix, por lo que tendría que vigilar si el primero era más resistente al fuego que el segundo. Y solo había una forma de descubrirlo.
Ryku abrió el combate con su lanzallamas. El fuego viajó a gran velocidad hacia el Rhydon, el cual intentó esquivar haciéndose a un lado. Por desgracia, aunque logró evadir el golpe directo, no se salvó cuando Ryku redirigió el fuego hacia el mismo lugar en el que Giovanni esquivaba. Las llamas lo envolvieron por completo durante unos segundos y el joven pudo escuchar entre su ardiente rugido otro más de molestia que de dolor. Cuando Ryku cortó su lanzallamas, el Rhydon seguía en pie como si no le hubiera afectado en lo más mínimo el ataque. Su cuerpo echaba humo, pero no había ningún indicio de quemaduras. Con una sacudida, el Rhydon enfrió su cuerpo.
Ryku echó un rápido vistazo a la pantalla para calcular la vida que le había arrebatado con su ataque. Le gustó ver que le había quitado una cuarta parte de la barra de vida, igual que al Onix. Eso significaba que su potencia de fuego no estaba tan mermada mucho más allá de la resistencia de tipos. Ryku también se había dado cuenta del movimiento de Rhydon. Era lento, bastante más que cualquiera de los Enlaces a los que se había enfrentado en un Gimnasio. Tal vez podría sacarle ventaja a esa debilidad.
Un temblor llamó la atención del Charizard. Mientras el joven examinaba la pantalla, Giovanni ya estaba actuando y preparando un nuevo ataque. El temblor afectaba a toda la sala, por lo que debía tratarse de un terremoto que el Rhydon estaba creando. Como acto-reflejo, el Charizard alzó el vuelo y se elevó la mayor cantidad de metros posibles antes de dar con la cabeza con las luces del techo. Ryku no comprendía por qué su rival usaba un movimiento que, de no ser por las leyes de los combates de Gimnasio, el daño que recibía él era prácticamente nulo.
El terremoto acabó creando grietas en el elegante suelo verdoso y arrancó distintos trozos de piedra de diferentes tamaños. Ryku temió que esos pedazos no significasen que fueran a caerse al piso inferior, pero de alguna forma, la profundidad parecía ser bastante grande. Mucho más de lo normal. Las piedras se elevaron como si una fuerza les permitiera suspenderse en el aire y se dirigían hacia el Charizard. Aún sin entenderlo, el joven no tuvo ninguna dificultad en esquivar, incluso en apartar, las piedras que se le acercaban demasiado. ¿Qué clase de ataque estaba realizando Giovanni?
Ryku tuvo una muy mala sensación.
Sin estar seguro, su instinto más básico despertó: tenía que sobrevivir. Pensó que sería porque las piedras seguían levitando por encima de su cabeza y estaban a punto de caer, pero esa no fue la causa. Vino del propio Giovanni. Las piedras actuaron como una distracción y el líder de Gimnasio se aseguró de que algunas de las piedras bloquearan la visión del Charizard hacia él. Mientras el joven apartaba las rocas, el Rhydon se había puesto a hacer girar a gran velocidad su cuerno y cargándolo de energía blanca y plateada que lo alargó unos cuantos centímetros más. Cuando estuvo listo, Giovanni solo tuvo que acercarse y darse un fuerte impulso hacia arriba para alcanzar su objetivo. Fue en ese instante en el que el instinto de supervivencia disparó todas las alarmas en Ryku.
El Charizard vio cerca de su estómago el perforador a punto de atravesarlo. Reaccionó justo para que aquel movimiento de Giovanni solo le hiciera un suave soplido en la barriga. Asustado, lo siguiente que hizo Ryku fue alejarse de Giovanni por si lograba orientar de nuevo su ataque. Voló hasta el otro extremo de la sala echando a un lado las piedras levitantes en busca de un lugar seguro.
El Rhydon, al haber fallado su ataque, se estampó contra la pared y creó una casi perfecta circunferencia en esta. Se quedó pegado unos instantes hasta que logró liberarse y cayó al suelo con tanta fuerza que volvió a sacudir el suelo como si hubiera vuelto a iniciar un terremoto. Se reincorporó y buscó al Charizard entre las rocas. Nada más localizarlo, dio un puñetazo al suelo y clavó las tres garras. Ryku pudo observar sus movimientos parcialmente entre las rocas y creyó que iba a arrancar otra y lanzársela. Sin embargo, aquella no fue la acción que se efectuó.
Durante el momento en el que el Charizard estaba concentrado en el Rhydon, el Pokémon de fuego se había olvidado por completo de que las rocas flotantes podían dejar de hacerlo en cualquier momento. Y sucedió. A Ryku le cayó una piedra pequeña en la cabeza que le sirvió de llamada de atención para observar lo que estaba a punto de caérsele encima.
Las rocas descendieron a la vez, dando muy poco margen de error a Ryku para salvarse. El Charizard cerró las alas mientras se daba un único impulso en la dirección donde pensó que menos rocas impactarían contra el suelo. Poco después, todo se envolvió en una humareda de polvo y caos a medida que las rocas terminaban de destrozar el campo de batalla. Al finalizar la avalancha, el único que salió ileso de esta fue Giovanni.
Ryku golpeó algunas piedras que habían conseguido alcanzarle y buscó un lugar más o menos llano donde poder descansar unos segundos mientras perdurara el polvo que se había levantado. La zona en la que se había resguardado había resultado ser la mejor y la peor al mismo tiempo. No le cayeron muchas piedras, pero las pocas que lo alcanzaron eran lo bastante grandes como para sepultarlo. El Charizard salió malherido al intentar minimizar el inevitable daño. Tenía un ala dolorida, lo que significaba que ahora no podría mantenerse en el aire mucho tiempo, y el resto del cuerpo con algunas heridas superficiales. La llama de su cola indicaba el verdadero daño padecido al haber perdido parte de intensidad. Aquello alertó a Ryku y echó un vistazo a la pantalla.
La barra de vida del Charizard estaba de color amarillo. Aquello impresionó más al joven que ponerlo nervioso. Su maniobra evasiva había logrado mitigar la mitad del daño de un ataque de tipo roca, la clase de movimientos capaz de activar la Prioridad Humana en un abrir y cerrar de ojos. Si se repetía la situación, Giovanni vencería. Ryku no quería que eso sucediera. Tenía que equilibrar la balanza antes de que fuera demasiado tarde.
El campo de batalla había quedado en tan mal estado que había cambiado por completo. Ahora había más terreno escarpado que liso. Parecía que fuera posible que Giovanni se volviera más lento todavía, pero sucedió todo lo contrario. Ahora el terreno equilibraba la velocidad de ambos Pokémon: Ryku no podía volar bien por el dolor en las alas y Giovanni podía tener ventaja al seguir estando en un terreno perfecto para un Rhydon. La diferencia de velocidad de ambos Pokémon se había equilibrado.
Giovanni no tardó en aprovecharse de los beneficios obtenidos por su avalancha y corrió hacia el Charizard con el cuerno por delante. Curiosamente, no estaba brillando ni girando de la manera que tanto miedo produjo en Ryku, sino que meramente el Rhydon pretendía asestarle una cornada. El Charizard se preparó para esquivar y tanteó el terreno en busca de un punto donde poder moverse sin perder el equilibrio. Tuvo más tiempo de lo necesario y se preparó para dar el salto sin que Giovanni pudiera reaccionar al instante después de esquivar su ataque. Cuando el cuerno del Pokémon de tierra estuvo lo bastante cerca de él, Ryku se impulsó con las alas y voló unos cuantos metros hasta otra zona poco escabrosa. El tiempo que le costó no perder el equilibrio le bastó a Giovanni para repetir el ataque.
Durante un casi eterno minuto, el combate no continuó en saber quién iba a quitarle más vida de la barra al otro. Cada vez que Giovanni cargaba contra Ryku, el joven saltaba hacia otra zona en la que poder efectuar un aterrizaje más o menos correcto. Aquel baile era útil para Ryku, ya que iba mitigando el dolor en el ala a la vez que cansaba al Rhydon. Funcionaba bastante bien, pero Giovanni se percató de su idea y decidió cambiar de táctica. Pasó de cargar directamente a obligarlo a ir en una dirección lanzándole rocas. Aún tenía que adivinar la dirección que tomaría el Charizard al saltar, pero ahora tenía menos capacidad de esquivarlo. Fallaba en todas las oportunidades que creaba, pero en aquel juego existía la mitad de las probabilidades de acertar y, al final, consiguió asestar una cornada en la barriga del Charizard gracias a que también había la posibilidad de que el joven tropezase, cosa que ocurrió, y condujo al acierto del golpe.
Ryku se quejó del daño recibido por la cornada. No fue tan potente para desactivar su Enlace, pero se sintió como si alguien lo hubiera pinchado con tanta fuerza que intentaba perforar el cuerpo entero sin lograrlo. Al joven se le cortó la respiración por unos instantes.
Antes de siquiera poder recuperar un poco las fuerzas, el Rhydon arremetió de nuevo contra el Charizard con un nuevo ataque. Arañó con las tres garras el cuerpo del Pokémon de fuego recordando al movimiento Cuchillada. Sin embargo, en comparación a la cornada, Ryku solo notó como si le hubieran rascado mal el pecho. Aun así, el daño era lo importante y la barra de vida del Charizard descendía poco a poco.
Giovanni siguió encadenando el mismo ataque uno tras otro. Ryku no pudo evitar los primeros arañazos, pero después consiguió adivinarlos y bloquearlos. En alguna ocasión buscaba alejarse del Rhydon y este se lo impedía con una sacudida de la cola o una pequeña sacudida de la tierra que hacía que el Charizard perdiera el equilibrio y fuera un objetivo sencillo para las garras del Pokémon de tierra. Cansado de quedarse a la defensiva, Ryku también optó por atacar. Entonces las habilidades de combate del propio Giovanni salieron a la luz. Cada vez que el joven cargaba su puño de energía y lanzaba un impacto directo, el Rhydon se echaba a un lado y contraatacaba golpeando con el cuerno giratorio. Esa situación se repitió un par de veces más hasta que Ryku se rindió y volvió al bloqueo. Giovanni lo tenía entre las cuerdas.
Finalmente, después una cantidad de golpes difícilmente contable, el Charizard se hartó y despertó en él la parte más peligrosa de este. Ryku lo había estado haciendo sin darse cuenta, pero cuando le quedaba poca vida o estaba en una situación de la que no podía escapar, actuaba temeraria e imprevisiblemente. Casi como si no le interesase ganar o perder y solamente buscase salir de la situación a base de fuerza bruta. Y aquel comportamiento sorprendió a Giovanni.
Ryku volvió a cargar de energía su puño para golpear con su Megapuño en el pecho del Rhydon, pero a mitad de trayecto cambió el objetivo y apuntó al brazo. Giovanni reaccionó bien a pesar de haberse movido evasivamente, pero su contraofensiva fue parar el puñetazo del Charizard con el suyo confiando que la armadura natural del Rhydon mitigara el daño. El choque entre los puños de ambos Pokémon emitió una onda de choque a la que ninguno de los dos se vio afectado. No obstante, tanto el Rhydon como el Charizard cerraron los ojos por la onda y eso acabo siendo una sentencia para el Pokémon de tierra, ya que Ryku se recuperó antes de ello y sin previo aviso rajó diagonalmente al Rhydon desde la cintura hasta el hombro con su ataque Cuchillada. Giovanni se lamentó del golpe y retrocedió ligeramente, pero aquello liberó el puño del Charizard que arremetió por segunda vez con Cuchillada y se aseguró de que el Rhydon retrocediera más todavía para que él, por fin, se alejara de su contrincante.
Con el Rhydon tocándose el hombro, probablemente porque una de las cuchilladas había conseguido realizar más daño del que debería, con la finalidad de disminuir el dolor, Ryku tuvo la oportunidad de echar un rápido vistazo a la pantalla y ver cómo habían quedado las barras de vida después de combate cuerpo a cuerpo. La combinación del Megapuño y las dos Cuchilladas habían sido lo bastante efectivas para llevar la barra del Rhydon a menos de la mitad. Sin embargo, la suya había descendido a menos de una tercera parte por la cantidad de golpes recibidos. Por suerte, esta vez solo la lluvia de rocas podría derrotarlo de un golpe, y quizá una de esas cornadas si llegaba a ser más preciso que el anterior. No obstante, él debía combinar varios movimientos si pretendía alzarse con la victoria. Un Megapuño y una cuchillada no serían suficientes, ni siquiera un lanzallamas.
Entonces Ryku pensó en utilizar el nuevo movimiento de tipo fuego que le regaló Blaine: la Llamarada. Ese ataque era muy potente y podía quitar toda la vida restante de Giovanni de un golpe. Ryku había estado familiarizándose con la estrella de fuego desde que esperó a que abriera el Gimnasio y había descubierto algunas flaquezas en esta. Principalmente, debía mantener una distancia aceptable para que la bola de fuego se convirtiera en estrella y realizara el daño completo. Aunque tampoco había comprobado si la bola de fuego igualmente cambiaba a estrella en cuanto impactase contra una superficie. De todas formas, aquel cambio de fase también le valía para mejorar la precisión, más beneficiosa en un campo de batalla más largo que ancho, y no fallar en su viaje en línea recta. Sin pensar en qué más problemas daría el movimiento, el Charizard empezó a cargar fuego y energía en su boca, acumulando tanta que salían pequeñas llamas que no se extinguían. Después de unos segundos, Ryku se echó para atrás y expulsó la bola de fuego igual que si estuviera escupiendo su clásico lanzallamas. A partir de ahí, el resto caía en el ataque y sus efectos.
El Rhydon también se había estado preparando para un ataque definitivo mientras el Charizard acumulaba fuego en el hocico. El Pokémon de tierra había estado repitiendo la combinación del terremoto con el brillante cuerno de aspecto sentenciador. Primero alzó unas cuantas rocas de bastante menor tamaño que las anteriores por el destrozado terreno y luego empezó a girar el cuerno a velocidades imposibles a la vez que lo imbuía de energía y lo hacía ligeramente más grande. Una vez él también cargó sus ataques, no dudó en golpear a la vez que su rival.
Ryku temió que la bola de fuego estallara antes de lo previsto con los obstáculos que había levantado Giovanni y recurrió a lo primero que le vino a la cabeza para que aquello no ocurriera y lanzó un torrente de llamas con la bola de fuego como objetivo. Esa acción trajo consecuencias imprevisibles, pero muy beneficiosas para el Pokémon de fuego. El contacto del fuego del lanzallamas con la bola de la Llamarada causó que se acelerara el proceso de cambio de fase, creando la estrella mucho antes. Adicionalmente, la estrella de fuego también aumentó rápidamente su tamaño, alcanzando más de la mitad de la distancia total entre una pared lateral con la otra y convirtiéndose en una fuerza imparable que desintegraba las rocas que se interponían en su camino.
Giovanni, que había estado concentrado en crear una muy gruesa barrera con las piedras levantadas para anular el ataque de su enemigo y arremeter con su perforador una vez estuviera fuera de peligro, no había visto el infierno que se le venía encima y, cuando se dio cuenta, ya fue demasiado tarde. La barrera fue destruida tan fácilmente como quien dobla una ramita hasta romperla y quedó a merced de la inmensa llamarada que lo envolvió por completo.
Ryku contempló como su rival se había convertido en una inmensa hoguera de fuego que muy seguramente había tenido que aumentar la temperatura del campo de batalla por unos segundos, aunque no podía adivinarlo dada su alta resistencia al calor. La hoguera perduró varios segundos mientras la barra de vida del Rhydon iba siendo consumida hasta que no quedase ningún color en esta. Después, en el interior de la hoguera empezaron a brotar rayos de luz hasta que una onda extinguió en su totalidad las llamas de la Llamarada sin dejar el menor rastro de que antes allí había una enorme hoguera. Ryku sintió un pitido en su cuerpo como una alerta y sin previo aviso su Enlace había sido desactivado a la fuerza, devolviéndolo a la forma humana.
Un último vistazo a la pantalla indicó lo que ya se esperaba. El combate había terminado, y el vencedor había sido el Charizard. Ryku lo había conseguido.
Giovanni se levantó y se sacudió las manchas superficiales que se le habían quedado al haberse arrodillado. Acto seguido, lanzó un gesto a Ryku para que se reuniera con él. El joven tuvo algunas dificultades en moverse por el terreno destrozado con su cuerpo humano. Tropezó varias veces antes de situarse frente al líder de Gimnasio.
—Enhorabuena, joven. Me has ganado —felicitó Giovanni con una pequeña sonrisa en el rostro—. Acompáñame y te entregaré la medalla del Gimnasio. No te olvides de recoger tu brazalete.
Ryku asintió y se dirigió al compartimento que se abrió al acercarse. Se desabrochó el brazalete dorado y lo cambió por el suyo. Se lo ató de nuevo en el antebrazo izquierdo, volvió con Giovanni y los dos salieron de la sala y caminaron por el pasillo hasta las escaleras que conducían al piso inferior. Ahí giraron a la derecha y se metieron por otro pasillo que solo tenía una sola puerta muy distinta de las demás de la planta, siendo clásica y de madera labrada. Aun así, Giovanni tuvo que introducir un código para desbloquear la puerta y poder abrirla.
Una vez más, la habitación encajaba perfectamente con el despacho de una mansión muy lujosa. El suelo estaba enmoquetado con un tapiz rojo adornado con un patrón de rombos amarillos y negros por toda la superficie. Había un escritorio de madera, dos sillas delante con asientos de cuero negro y un sillón también negro en el que solo podrían sentarse personas de alto renombre como Giovanni. Tras es el escritorio había un armario, una estantería con más carpetas que libros normales y un cuadro de unos preciosos paisajes montañosos. La luz de la habitación la daba una gran lámpara clavada en el techo.
Giovanni no se molestó en pedir a Ryku que tomara asiento ni él mismo se sentó. Fue directo al escritorio, pulsó un botón escondido en algún lugar de este y se escuchó un sonido mecánico. El líder de Gimnasio se dirigió al cuadro y lo corrió a un lado revelando una caja de seguridad. Nuevamente, introdujo un código que desbloqueó su puerta y extrajo de la caja la brillante medalla de dos tonalidades de verde y en forma de hoja. Se dio la vuelta y se la extendió a Ryku.
—Yo, Giovanni, como líder del Gimnasio de ciudad Verde, te hago entrega de la medalla Tierra como prueba de tu victoria. Asimismo, recibirás una recompensa en Monedas de Combate —anunció.
Ryku cogió la medalla Tierra de la mano de Giovanni.
—Gracias.
—Ahora solo te queda el desafío del Alto Mando. Te deseo mucha suerte, joven. —Ryku asintió en señal de agradecimiento y se dispuso a irse—. Espera, chico. Deja que uno de mis empleados te acompañe hasta la salida a menos que no quieras la recompensa de Monedas de Combate.
Ryku se quedó en el sitio y no pasaron ni dos minutos hasta que alguien picó la puerta del despacho de Giovanni.
—Antes de irte, joven, me gustaría pedirte un favor —dijo Giovanni—. Si no es mucha molestia, quisiera que, si alguien te pregunta sobre este Gimnasio, ya sea por el combate o por quién es el nuevo líder, no les digas nada en absoluto.
—¿Por qué pide eso? —inquirió Ryku.
—Primero, porque no me apetece que la prensa esté cerca del Gimnasio para incordiar tanto a mí como a los entrenadores que pretenden desafiarme. Y tampoco molesten al Alto Mando teniendo tan cerca la Liga Pokémon. Ellos me eligieron, por lo que no descarto que la gente haga preguntas de lo más incómodas a los cuatro miembros. Y segundo, porque me divierte ver cómo actúa la gente con un líder de Gimnasio del que no saben nada de su Enlace.
—Lo primero lo entiendo, pero lo segundo… es muy raro —opinó Ryku.
—Tal vez —confesó Giovanni—. Pero soy el último obstáculo antes de poder participar en la Liga Pokémon. Debo poner a prueba en todos los sentidos a los entrenadores y no permitir que cualquiera entre.
—Ah, vale. Para que ellos no vengan ya preparados.
—Exacto. Será un efecto temporal, pero lo voy a aprovechar hasta entonces. Así que si no te importa…
—Claro. Le prometo que no diré a nadie que el presidente de la compañía Rocket es el líder de Gimnasio de ciudad Verde ni su Enlace es de tipo tierra —juró Ryku.
—Te lo agradezco. Ya puedes irte. Necesito descansar unos minutos antes de empezar mi próximo combate.
Ryku se despidió y se retiró. El hombre que esperaba en el pasillo lo llevó de vuelta a aquella gran sala cuadrada y de ahí hacia la entrada al Gimnasio. Antes de echar a Ryku, el hombre se remangó y enseñó un brazalete Enlace. Pulsó algunas funciones en la pantalla y el brazalete Enlace de Ryku sonó avisando de haber recibido una transacción en su monedero virtual.
—Parece que ya has recibido la recompensa por obtener la medalla —observó el hombre—. Bien, entonces ya no te queda nada más que hacer aquí. Gracias por haber retado al líder de ciudad Verde.
Ryku abrió una de las puertas y salió a la calle. Se alejó lentamente del Gimnasio hasta que el siguiente entrenador entró en este. Bajó las escaleras y buscó a Dylan. Su amigo le había dicho que lo esperaría en la fuente, pero no fue así. Estaba sentado en uno de los bancos, alejado de la taquilla, donde todavía había entrenadores que adquirían sus billetes a pesar de no poder desafiar a Giovanni ese día. El joven de pelo azul oscuro se levantó en cuanto vio a Ryku acercársele agitando la mano.
—¿Y bien? ¿Qué tal ha ido? —preguntó directamente Dylan.
—Compruébalo tú mismo —sonrió Ryku enseñando la medalla Tierra—. ¿Me devuelves el estuche?
—Genial. Esto significa que participaremos juntos en la Liga Pokémon. ¿Quién sabe? A lo mejor acabamos luchando entre nosotros por el título de Campeón.
—Existe esa posibilidad, sí —dijo Ryku mientras guardaba la medalla Tierra en el estuche con las otras. Se quedó unos instantes admirando el estuche completado—. Será mejor que volvamos a mi casa antes de que se ponga el sol.
—Tienes razón. Por el camino podríamos contarnos cómo fueron nuestros combates de Gimnasio. A fin de cuentas, no rompemos la norma del líder del Gimnasio si ambos sabemos de ello, ¿no? —propuso Dylan.
—No lo creo. Pero por si acaso asegurémonos de estar a solas al hablar de ello.
—Qué pena de que no podamos hablar de esto con nuestros padres —se lamentó Dylan.
—Al menos sabrán que sus hijos participarán en la Liga Pokémon. —Ryku se emocionó al decirlo.
—Es verdad. Venga, volvamos a pueblo Paleta. Nos merecemos un buen descanso después de lo que nos ha costado tan solo entrar en el Gimnasio.
Ryku y Dylan rieron y marcharon hacia la casa de Ryku confiando en que sus piernas no les fallaran a medio camino de la Ruta 1.
