Al llegar a casa, lo primero que hicieron Ryku y Dylan fue lanzarse al sofá en busca de un lugar donde descansar sus piernas, que habían empezado a sentirse frágiles después de la alta espera formando una cola para enfrentarse al líder del Gimnasio de ciudad Verde y del paseo de vuelta por la Ruta 1. Como habían llegado antes de la hora de cenar, los padres de Ryku miraron a los chicos con ojos expectantes, diciendo sin abrir la boca la pregunta que ambos tenían en mente.
Tanto Ryku como Dylan sacaron los estuches de sus bolsillos, los abrieron y dejaron que los adultos vieran en primera persona la respuesta de los chicos. Ese gesto desencadenó un nuevo ambiente en la casa.
Los padres del joven de pelo negro explotaron de alegría y se pasaron más de diez minutos agasajando a su hijo. Dylan se sintió un poco excluido, pero tampoco buscaba la atención en ese momento, solo descanso. Sin embargo, los padres de Ryku también le dieron su dosis de felicitaciones.
Cetile y Aradya, que habían estado en el jardín trasero absortas en su propia diversión, entraron en la casa después de escuchar el alboroto de dentro y se toparon con un ambiente muy diferente al que habían visto al salir. Cetile no tardó mucho en entender la situación y también se alegró por sus amigos, aunque en una notoria menor intensidad que los padres de Ryku. Aradya no tenía idea de lo que estaba pasando, pero le gustaba tanto ver a sus dueños así de contentos que no fue complicado contagiarse de la misma alegría a pesar de no comprenderlo.
La madre de Ryku decidió hacer una cena especial para los chicos para celebrar el fin del viaje por la región. Ryku y Dylan comieron copiosamente todo lo que la mujer ponía en la mesa. En ocasiones hasta parecía que no iban a dejar comer a los demás. Durante la cena, el padre de Ryku trató de sacar algunas dudas sobre el Gimnasio de ciudad Verde, a lo que tanto Ryku como Dylan le respondieron que no podían hablar de ello porque se lo habían prometido al líder del Gimnasio. Aquello extrañó bastante al padre, pero no insistió por si acababa metiendo en problemas a los chicos. Habían terminado de viajar por Kanto, pero todavía tenían que participar en la Liga Pokémon.
Antes de irse a dormir, Ryku y compañía pasaron un rato en el salón con la televisión encendida, sentados y relajados en el sofá. Aradya buscó su hueco en el regazo de Ryku. Vieron el telediario de la noche en las que hablaron del descubrimiento del siglo: una nueva especie de Pokémon. Uno de aspecto gelatinoso capaz de moldear su cuerpo como la plastilina. Los tres jóvenes no se mostraron muy sorprendidos porque la profesora Dalia ya les había hablado de la investigación sobre un nuevo Pokémon hallado recientemente. Sin embargo, Ryku no veía con buenos ojos a esa criatura después de lo que experimentó en isla Canela por su culpa. Después de las noticias se quedaron viendo un programa y, al terminar, incapaces de mantener los ojos abiertos ni tan solo un minuto más, subieron a las habitaciones a dormir.
A la mañana siguiente, la noticia de la adquisición de las ocho medallas de Kanto corrió más rápido que un Rapidash por todo el pueblo. No había ni una sola persona que no se hubiera enterado y tampoco perdieron la oportunidad de felicitar tanto a Ryku como a Dylan. Incluso ya les desearon suerte en alcanzar la victoria en la Liga Pokémon, aunque, como era lógico, apoyaban más a Ryku que a Dylan. Pero eso no significaba que no quisieran ver al chico de pelo azul oscuro conseguir los mismos objetivos que él. Tras dar las gracias a todos, los dos jóvenes se dirigieron al laboratorio de la profesora Dalia.
Los científicos y ayudantes de la profesora se contentaron con felicitar también a los chicos en cuanto entraron en el edificio. No obstante, ellos estaban muy ocupados con las investigaciones y su enfoque hacia Ryku y Dylan no duró más que unos segundos. Mary fue la única que se quedó con ellos porque sabía que no habían venido solo por enseñar a la gente la colección de medallas. Les comunicó que Dalia estaba con Cetile en el conjunto de hábitats en la parte trasera del laboratorio y les dijo el lugar más aproximado donde las podrían encontrar. Ryku y Dylan agradecieron la información y se dirigieron a la zona de los Pokémon.
Conociendo a Cetile, seguramente Dalia y ella estarían en un sitio rodeadas de Pokémon de tipo planta para que su amiga los estudiara e inmortalizara lo que hacían con su cámara. No fue muy complicado dar con ellas ya que no había muchos lugares donde los Pokémon de tipo planta les gustase vivir. Solían ser lugares bastante amplios como campos o arboledas. Solo tuvieron que ir donde más Pokémon de ese tipo había en un solo punto.
Los Pokémon se percataron de la presencia de los chicos mucho antes de que Cetile y Dalia lo hicieran. Curiosamente, ninguno de ellos huyó molesto por la llegada de más humanos, aunque sí mantuvieron apartados de ellos un poco. Dalia dejó a Cetile un momento acariciando las hojas de unos Oddish y se reunió con los chicos. Su primera frase fue más que previsible.
—Al fin los coleccionistas de medallas de Gimnasio aparecen por aquí. Mis felicitaciones para ambos, chicos.
—Gracias, Dalia. Supuse que debíamos ser nosotros quienes viniéramos a ti para recibir tu enhorabuena —dijo Ryku con una sonrisa en la cara.
—Sí, pido disculpas por eso. Pronto voy a estar muy liada investigando a esa nueva especie de Pokémon que os mencioné y que seguramente ya hayáis visto por televisión. Mis compañeros y yo debemos estar preparados para cualquier imprevisto que salga con ese Pokémon.
—Entiendo… Eso significa que vas a estar bastante ausente hasta que creas haber recopilado suficiente información sobre el nuevo Pokémon —dedujo Ryku. Aunque, en realidad, todo el mundo sabía que la profesora Dalia se comportaba con un nuevo Pokémon igual que un niño a quien le han regalado un montón de golosinas.
—Eso me temo. Y ahora que lo has dicho, esto es algo que afecta a Cetile, ya que no podré estar enseñándole mientras la investigación esté activa. —Dalia se giró y llamó a la chica para que se uniera a la conversación—. Cetile, ¿qué harás cuando ocurra?
La joven se lo pensó unos segundos.
—Bueno, estaba pensando en regresar a mi casa en ciudad Azulona. Lo único que me mantiene en el pueblo es lo mucho que estoy aprendiendo contigo. Me hubiera gustado mucho visitar el resto de las ciudades que me quedan por ver como ciudad Plateada o ciudad Celeste, pero supongo que Ryku y Dylan no me llevarán a esos lugares.
—Tienes razón —corroboró Dylan—. Ahora que Ryku y yo tenemos las ocho medallas, nuestro principal objetivo es estar listos para darlo todo en la Liga Pokémon, y no queda mucho. De hecho, yo también pienso en volver a casa. Mis padres también tienen el derecho a felicitarme por conseguir las ocho medallas. —añadió—. Y también entrenaré allí.
—¿Y te vas a ir pronto? —preguntó Ryku.
—Cuando haya descansado un poco más, lo que viene a ser para mí una semana más como mucho. Pero hay que acompañar a Cetile a su casa para que sus padres vean que no la hemos dejado desprotegida en ningún momento.
—Por eso no te preocupes —le quitó importancia Cetile—. Mis padres ya están al tanto de mi situación y les he dicho que seguramente vuelva sola a casa. Solo necesito que alguien me lleve al STA de ciudad Verde y ellos me recogerán en el de ciudad Azulona.
—Eso lo pueden hacer mis padres o incluso yo —mencionó Ryku.
—Entonces todo en orden, salvo una pequeña cosa…
—Tampoco te preocupes por eso, Dylan —respondió Dalia sabiendo de antemano que lo siguiente que dijera el joven iba a dirigirse a ella—. No me hace falta pedirte que me enseñes las medallas para el trato que hicimos porque, simplemente, no estarías aquí ahora mismo si no hubieras conseguido la que te faltaba. —Dylan detuvo su acción de sacar el estuche del bolsillo—. Ya llamé a los de Silph y reservé un módulo Pokédex para ti. Eso sí, tendrás que esperar a que esté listo y me lo manden. Te avisaré cuando ocurra.
Una gran sonrisa se dibujó en la cara de Dylan.
—Muchas gracias, Dalia.
—Era nuestro trato, ¿no? —dijo ella sonriente.
Como Ryku y Dylan estaban en días de descanso y no tenían nada que hacer por aquel día, decidieron quedarse con Dalia y Cetile hasta que tuvieran que volver a casa. Aprendieron un poco sobre los Pokémon de tipo planta y se relajaron en el campo procurando no acercarse a las manadas de Tauros y Rhyhorn que paseaban por la zona. Luego se quedaron a comer con Dalia y no regresaron a casa hasta bien entrada la tarde. Hicieron tiempo hasta la cena jugando y sacando a pasear a la enérgica Aradya por el pueblo. Concluyeron el día repitiendo la misma acción que el día anterior: ver los programas de la tele hasta que sus ojos no se aguantaran abiertos.
Los siguientes días continuaron siendo iguales. Al tratarse de días de descanso, no ocurrió nada de especial interés más allá de unos pequeños estudios de Ryku a lo que había conseguido en todo su viaje. Su monedero virtual estaba a rebosar de Monedas de Combate, muchas más de la que imaginaba. Había pasado de tener dinero suficiente para una noche en un albergue a poseer un número de hasta seis cifras. Sin duda los líderes de Gimnasio recompensaban bien a los que les vencían. También hizo una revisión de todos los movimientos que había memorizados en su Enlace y comprobó si podía crear nuevas estrategias en el futuro. Aparte de eso, la mayor parte del día estaba o bien reforzando la amistad con Aradya (que no era muy difícil) o bien paseando por el pueblo pensando en los lugares donde realizaría su entrenamiento para la Liga Pokémon.
Dylan cumplió su intención de volver a casa cuando hubiera descansado lo necesario y fue un poco antes de lo que había supuesto. Ryku y sus padres lo acompañaron al STA de ciudad Verde y se despidieron de él allí. Dylan y Ryku compartieron unas últimas palabras en las que acordaron un lugar donde reunirse de nuevo y entrar juntos en la Liga Pokémon.
Cetile se marchó pocos días después de Dylan. Dalia ya había recibido al misterioso Pokémon de aspecto gelatinoso y estaba junto a su equipo estudiándolo día y noche. Se fue de la misma forma que Dylan y, entonces, Ryku se quedó solo con sus padres y Aradya.
Apenas un tiempo más tarde, Ryku decidió dar por finalizado el descanso y empezó a prepararse para el reto final. Se repartió el día equitativamente con tal de fortalecerse a la vez que planificaba contramedidas a los Enlaces del Alto Mando. Por las mañanas se dedicaba a entrenar hasta la hora de comer y por las tardes se encerraba en su habitación y se ponía a ver vídeos de las anteriores ediciones de la Liga Pokémon.
En los entrenamientos, Ryku intentaba optimizar el tiempo de acción y reacción cada vez que efectuaba un movimiento Pokémon. Sobre todo, se centraba en los movimientos que requerían acercarse para hacer daño como Megapuño o Ataque ala. También se ponía objetos que destruir con su lanzallamas buscando la precisión a largas distancias y la carga del fuego en la boca en muy pocos segundos. Finalmente, Ryku experimentó con el movimiento Llamarada y comprobó cómo podía aprovecharse de las desventajas que producía el ataque de fuego más potente que tenía en su repertorio. Descubrió que podía contener la bola de fuego en la boca lo suficiente como para poder disparar directamente la estrella sin que esta necesitara recorrer distancias antes de abrirse, que la bola también podía sostenerla entre las garras del Charizard sin problemas hasta que inevitablemente esta se convertía en estrella y se envolvía a sí mismo en las ardientes llamas, y cuál era la distancia máxima que necesitaba la estrella con tal de alcanzar su mayor tamaño. Le gustó saber que, si la estrella no tocaba nada en varias decenas de metros, no estallaba y se extinguía a los pocos segundos de ser lo más grande posible. Todos eso lo ayudaba enormemente a incluir mucho mejor el movimiento en sus estrategias y combinarlos con el resto de manera más eficiente.
Las tardes, justo después de comer, Ryku pedía a sus padres que no lo molestasen hasta la hora de cenar y cerraba la puerta de forma que ni Aradya pudiera entrar por casualidad, aunque en ocasiones el Pokémon se anticipaba al joven y se volvía imposible sacarla de allí. Por suerte, Aradya no incordiaba a Ryku y lo dejaba con sus cosas. Ryku buscó en lo más profundo de su armario una caja con algunos discos de vídeo donde grabó algunas ediciones de la Liga Pokémon y los ponía en el reproductor. Al principio le fue un poco complicado concentrarse, ya que ver aquellos vídeos le traían recuerdos de Antorcha y él admirando el espectáculo que daban los miembros del Alto Mando y sus contrincantes en frenéticos combates Pokémon. Apartó durante un tiempo la nostalgia que sentía y se centró en lo que realmente importaba: las estrategias del Alto Mando.
Lorelei era el primer miembro que debía ser derrotado. Esa mujer era conocida popularmente como la «Reina del Hielo», haciendo referencia a su insuperable maestría con los Pokémon de ese tipo. Poseía el Enlace de un Lapras, el Pokémon de tipo hielo más equilibrado de los pocos que habitaban Kanto. Con ese Enlace, Ryku y ella mostraban tanto debilidades como fortalezas entre sus tipos, siendo el hielo débil al fuego, pero a su vez fuerte contra su parte voladora. Sin embargo, todos sus ataques eran de daño normal mientras que ella tenía la ventaja de poder emplear movimientos de agua contra él. Y por las estrategias que utilizaba, era calculadora; siempre adelantándose a los movimientos de su rival. Debía ir con mucho cuidado con ella.
El segundo miembro a vencer después de Lorelei era Bruno, experto en Pokémon de tipo lucha. Aunque Ryku tenía ventaja sobre él gracias al tipo volador, Bruno había demostrado en más de una ocasión que era capaz de vencer hasta al Pidgeot más rápido con el Enlace de un Machamp. Y, por si fuera poco, el hombre alternaba su Enlace entre el Machamp y un gigantesco Onix que era, literalmente, el doble de grande que el que poseía Brock. Por suerte, ese Enlace no lo utilizaba mucho y era muy especial verlo combatir con el Onix durante la Liga Pokémon. Ryku confiaba en que en su duelo no optase por escoger ese Enlace, sino lo tendría muy difícil para ganar.
Después entraba en escena Agatha, la más anciana de los cuatro y maestra de los Pokémon de tipo fantasma y veneno. Por eso, al igual que Bruno, empleaba varios Enlaces hasta que decidió quedarse exclusivamente con el Enlace de un Gengar, el cual poseía ambos tipos que ella dominaba. Ryku no se había enfrentado nunca contra un Pokémon de tipo fantasma, por lo que debía estudiar y descubrir los puntos fuertes y débiles de un Gengar si quería tener alguna posibilidad de ganar en un combate cuyo rival era capaz de desvanecerse constantemente.
Y para acabar, estaba Lance, el líder de los cuatro miembros del Alto Mando. Una de las pocas personas capaces de controlar el inmenso poder de los auténticos dragones que poseían el tipo con el mismo nombre. Los combates Pokémon contra su Enlace de un Dragonite eran espectáculos dignos de ser recordados durante mucho tiempo, sobre todo porque resultaba muy difícil llegar a tener un duelo contra él ya que muy pocos consiguieron atravesar las barreras de Lorelei, Bruno y Agatha. Aquello era un problema bastante severo, pues al no disponer de tantos combates con los que estudiar las estrategias que empleaba Lance, Ryku iría sin saber si su plan de combate sería efectivo contra él. Sin duda, Lance era alguien daba un significado completo al título de Campeón.
Ryku organizó las sesiones sobre qué miembro del Alto Mando iba a observar en los videos. Hacerlo con los cuatro a la vez terminaba por ser tan inútil como no hacer nada. Lo había intentado antes de darse cuenta del error.
Un día, Ryku llamó a su amigo Eric para pedirle ayuda. Como él trabajaba en el centro comercial de ciudad Azulona, seguramente conocía qué Máquinas Técnicas podían aprender los Pokémon y cuáles no. Solicitó que le mandara por correo electrónico una lista de todos aquellos que un Charizard era capaz de utilizar. Eric tardó un par de horas en devolver la llamada a la vez que Ryku recibía el correo en la bandeja de entrada del ordenador de su padre. Imprimió la lista y volvió a encerrarse en la habitación.
Con esa nueva información, Ryku miró y descartó aquellos movimientos que ya había aprendido, como Megapuño o Llamarada, y aquellos otros que no encajaban en sus estrategias o con su forma de combatir. Con ese filtro, solo cinco de las veinticinco Máquinas Técnicas disponibles tenían un pase para formar parte de su set de movimientos. Estos movimientos eran Megapatada, Golpe Cuerpo, Movimiento Sísmico, Mimético y Doble Equipo. Todos con una función específica contra cada miembro del Alto Mando. Una vez convencido de que necesitaba esas Máquinas Técnicas, Ryku volvió a llamar a Eric y le preguntó sobre si el centro comercial realizaba envíos a domicilio, a lo que nada más recibir una respuesta positiva, Ryku se puso a hacer las compras pertinentes.
El paquete con las Máquinas Técnicas tardó varios días en llegar y Ryku, inmediatamente, instaló los movimientos en su módulo Enlace y efectuó sesiones extras de entrenamiento en el campo para dominarlos lo más pronto posible. Casi había pasado un mes desde que Dylan y Cetile regresaron a sus casas y en las noticias ya se hablaba de la celebración anual de la Liga Pokémon. No quedaba mucho más tiempo para prepararse.
Masterizar los recientes movimientos Pokémon no eran muy complicado dada la simplicidad de sus efectos. Megapatada formó parte de su conjunto de ataques cuerpo a cuerpo. Su único problema con ese ataque en un Charizard era que requería mucha proximidad con el objetivo porque el Pokémon de tipo fuego no poseía patas precisamente largas. Movimiento Sísmico no tenía ningún misterio; Ryku practicaba levantando rocas pesadas y lanzándolas al suelo desde distintas alturas. Con Golpe Cuerpo hacía lo mismo, salvo que no lo utilizaba mucho por culpa de que, a la larga, su propio cuerpo acababa en el mismo estado que las rocas en las que impactaba. Doble Equipo y Mimético, al no ser movimientos de daño, Ryku solo necesitaba acostumbrarse a su función, sobre todo con el primero, ya que Mimético solo copiaba el último movimiento usado por el rival y era como el último recurso en todas sus estrategias. Una manera de tener al menos un movimiento de daño neutro teniendo en cuenta solo los Enlaces del Alto Mando.
Las últimas semanas de entrenamiento sirvieron para poner en práctica todo lo aprendido y perfeccionado anteriormente. Ryku volaba hasta la playa, donde últimamente habían aparecido Tentacruel con pocas ganas de socializar con otros Pokémon. Ese Pokémon era perfecto para probar sus nuevas estrategias a la vez que intentaba controlar la locura inducida por los ataques de tipo veneno que pudiera conocer. Los resultados fueron más que satisfactorios: Ryku había aumentado su velocidad de reacción al ser capaz de esquivar y predecir los golpes que vinieran de los tentáculos del enemigo y mejorado ligeramente su potencia de fuego y ataques físicos. Y ya que estaba, experimentó con el uso de Mimético, el cual le sorprendía poder lanzar movimientos que un Charizard era imposible que lo hiciera de manera natural. Ryku ganó el combate con heridas menores gracias a que el Tentacruel no conocía movimientos muy efectivos de alto poder. Aún debía perfeccionar más sus tácticas.
Al fin, los últimos días antes de la Liga Pokémon llegaron. Los Gimnasios hacía tiempo que habían cerrado y la gente ya estaba reservando sus asientos con tal de ver desde las gradas los combates que se celebrarían. Lógicamente, los padres de Ryku habían comprado sus entradas el primer día en el que se anunció que se podían adquirir. Y seguramente gran parte del pueblo también se había hecho con la suya. Por desgracia, Dalia no fue capaz de conseguir una. No porque no quisiera, sino porque la investigación de la nueva especie a la que pertenecía el Pokémon gelatina no había finalizado y seguía muy ocupada. Aun así, los padres de Ryku le compraron una entrada para que, al menos, se hiciera un hueco para ver uno de los combates de Alto Mando. Entonces Dalia prometió que aparecería por allí a la mínima oportunidad que tuviera libre la agenda. Ryku se conformó con ello. Sabía que Dalia era de aquellas personas que cumplían sus promesas costase lo que costase.
Ryku no dio por finalizado el entrenamiento hasta que no le quedara más tiempo para practicar o ver los vídeos del Alto Mando. No obstante, el día anterior al inicio de la temporada de la Liga Pokémon el joven solamente se dedicó a repasar todo lo que había aprendido hasta ahora como las distintas estrategias que había diseñado para cada uno de los miembros del Alto Mando, las diversas funciones que creó con sus movimientos ya fueran nuevos o antiguos y las tácticas de los cuatro miembros de la élite. Una vez se sintió seguro de poder afrontar el desafío de la Liga Pokémon, se quedó mirando la fotografía de Antorcha.
—Pronto, amigo. Queda poco para que te demuestre lo fuerte que me he vuelto. No te pienso defraudar —dijo como si tuviera delante a su Charizard.
Minutos más tarde, Ryku se cambió de ropa, abrió la puerta de la habitación para que Aradya se acurrucara en su cómoda cama y él la acompañó en la búsqueda del sueño. Los próximos días iban a ser los más importantes de su vida y debía estar listo para afrontarlos y darlo todo sin contención. Mañana empezaba el inicio de la recta final.
