La temporada de la Liga Pokémon era por mucho el evento anual más esperado en todo Kanto, superando por mucho a la llegada del S.S. Anne al puerto de ciudad Carmín. La región no escatimaba en gastos para demostrar a los turistas qué época del año era. Cada una de las ciudades de Kanto se preparaba para celebrar la Liga Pokémon sin necesidad de ir a la Meseta Añil, donde se encontraban sus instalaciones. Ciudades como ciudad Azulona y ciudad Azafrán destacaban especialmente por contar con espacios amplios en las que poder construir pantallas gigantes desde las cuales sentir el fragor de los combates Pokémon como si uno mismo estuviera allí. Se convertían en todo un reclamo para las masas.

Pero a pesar de tratarse de un tiempo de festejos, los eventos ocurridos a lo largo del año como el intento de secuestro del edificio de Silph S.A, el incidente del S.S. Anne, entre otros atentados, la seguridad para garantizar una fiesta como la de cualquier otro año había aumentado drásticamente en la que ninguna ciudad dejaría pasar nada por alto. Por suerte, aquello no impediría a la gente admirar el espectáculo de la Liga Pokémon.

Ryku se levantó temprano con tal de estar listo para dirigirse a ciudad Verde donde, por la salida oeste de la ciudad, se hallaba la Ruta 22, conocida por todos como «el camino de los aspirantes» haciendo referencia a aquellos que iban a participar en la Liga Pokémon. Preparó su brazalete y guardó en su mochila el estuche de las medallas y la libreta con los apuntes escritos en los últimos meses. Añadió un bolígrafo por si en los combates de otros entrenadores contra el Alto Mando descubría algo nuevo. Cuando vio que no se dejaba nada, se despidió de sus padres y Aradya y partió hacia la ciudad.

Ryku había llegado a ciudad Verde bastante antes de lo previsto, de modo que no tuvo más opción que esperar sentado en la salida oeste a que llegara Dylan. En el trayecto de la Ruta 1, Ryku había llamado a su amigo para informarle de su pronta aparición en el punto de encuentro que acordaron en el pasado. Dylan respondió con lo mismo, salvo que él tardaría más en reunirse con él porque el STA de ciudad Azafrán estaba tan abarrotada de gente llegando a la ciudad para ver la Liga Pokémon como saliendo para verla con familiares y amigos en otras ciudades de la región (o incluso viajando a la misma Meseta Añil porque tenían entradas para vivirlo en directo) que hasta los pilotos de Enlace estaban bastante ocupados. Le comunicó que lo volvería a llamar cuando hubiera aterrizado en el STA de ciudad Verde.

Aquella llamada sonó pasada más de una hora de espera en la salida de la ciudad.

Ryku había aprovechado el tiempo recitando las estrategias de la libreta como si de un examen teórico se tratase. Se sabía las tácticas principales que utilizaría tan bien que omitía las páginas y se centraba en repasar las posibles tácticas alternativas. Cuando escuchó a Dylan gritando su nombre, cerró la libreta y la guardó de nuevo en la mochila. Acto seguido se levantó y fue a saludar a su amigo.

—Lamento haber tardado tanto —se disculpó Dylan—. Desde que ciudad Azafrán volvió a abrir sus puertas ha sido como si se hubiera levantado un tapón y toda el agua fluyera con fuerza una vez más. Y con el tema de la Liga Pokémon te puedes hacer una idea de la conglomeración que hay.

—Fue buena idea al final quedar muy pronto —rio Ryku.

—Desde luego. Bueno, ¿continuamos?

Ryku y Dylan abandonaron la ciudad y se metieron en la Ruta 22. El camino de los aspirantes era una ruta como cualquier otra, con la única diferencia de que todos los Pokémon salvajes de la zona huían al menor indicio de ruido, haciendo parecer que no vivía ninguno. Ryku y Dylan no le dieron mucha importancia y siguieron por el camino marcado.

Mientras andaban, Ryku y Dylan compartieron palabras sobre sus experiencias en los últimos meses. Principalmente, trataron sobre sus respectivos entrenamientos a modo de anécdotas. Dylan explicó que desafiaba a todos los entrenadores que pasaban por cualquiera de las cuatro rutas que conectaban con ciudad Azafrán. Al principio no lo podía hacer muy a menudo por las restricciones que había, pero tras abrir definitivamente las puertas, se convirtió en su rutina diaria. Realizó tantos combates que le enseñó a su amigo la cantidad de Monedas de Combate que tenía y Ryku se quedó perplejo ante la alta cifra.

—Eso es casi el doble de lo que yo acumulé en la cacería de medallas —comentó.

—Y eso que no gané todos los combates que efectué —aclaró Dylan—. Los Pokémon de tipo planta y eléctrico me daban palizas bastante instructivas. Creo incluso que algunos de esos entrenadores participarán en la Liga Pokémon.

—¿Y eso fue todo lo que hiciste en los últimos meses? —inquirió Ryku esperando más.

—Para nada. Por las tardes, mi padre y yo nos poníamos a ver vídeos de la Liga Pokémon con la finalidad de detectar patrones que repetían los miembros del Alto Mando y aprender de las estrategias que usaban para contrarrestarlos.

—Ya veo. Se ve que has tenido un entrenamiento de lo más productivo —dijo Ryku.

—Como si tú no lo hubieras tenido también —replicó Dylan fingiendo molestia por ese comentario—. Antes de saludarte vi que estabas leyendo una libreta y se te notaba muy concentrado en su contenido.

Ryku se llevó una mano a la nuca y admitió la falsa queja de su amigo. Sin embargo, insistió en que su entrenamiento fue menos intenso que el de su amigo porque, básicamente, en pueblo Paleta y en la Ruta 1 no había entrenadores con los que disputar combates Pokémon. Explicó que los combates que él hizo fueron contra Pokémon salvajes de la playa cerca del pueblo. Y aun así no había mucha variedad, ya que los Tentacruel eran los únicos Pokémon lo bastante hostiles y poderosos para considerarlos un desafío para él. Luego contó que él también dedicó parte de su entrenamiento a ver los vídeos de anteriores ediciones de la Liga Pokémon con la misma finalidad de intentar prever los movimientos del Alto Mando. Confirmó que en la libreta estaban escritas todas las tácticas que había pensado para los cuatro miembros, poseyendo varias para cada uno de ellos.

—Curioso, nuestros entrenamientos han sido muy similares y a la vez diferentes —comentó Dylan—. Yo he basado más mi entrenamiento en combates Pokémon contra otros entrenadores y tú has memorizado hasta el más leve movimiento de uno del Alto Mando que indique algún ataque en concreto.

Ryku no se había dado cuenta de ello y rio ante el descubrimiento. Parecía que hubieran pactado entre ellos el tipo de entrenamiento que realizarían en vez de hacerlo a su manera.

Durante el resto del camino se mantuvo un silencio capaz de inquietar a cualquiera. Por suerte, los Pokémon pájaro lo rompían con sus cantos a pesar de ser imposibles de ver. A partir de cierto punto de la ruta se empezaron a topar con bifurcaciones e indicaciones. Ryku y Dylan miraron por encima la dirección a seguir por seguridad y continuaron el trayecto.

El primer edificio para los participantes de la liga descansaba casi en lo más alto de la famosa Meseta Añil. El ascenso hasta allí era como la primera prueba, habiendo de subir por la pendiente de más de ochocientos metros de altura de la meseta. Al menos esta no era muy pronunciada y había caminos que habían allanado un poco el trayecto a seguir. Aun así, el ascenso sería complicado. A Ryku le hubiera gustado poder haber subido gracias a las alas del Charizard, incluso haber ayudado a su amigo a ahorrar tiempo llevándolo en su espalda. Por desgracia, cuando llegaron al inicio del ascenso, los jóvenes se encontraron con señales que exigían atención absoluta y no se ignoraran. Aparentemente, a lo largo del camino de subida había puntos de control en los que se debían enseñar las medallas de Gimnasio. Si se quería continuar, habían de enseñar cada una de ellas, de lo contrario se les impediría seguir y serían devueltos al inicio de la ruta. Y si alguien se atrevía a volar hasta el edificio de la Liga Pokémon, directamente tendría prohibido participar el evento. Y en los prósperos según de la gravedad de la acción. Ryku y Dylan intercambiaron una mirada, asintieron a la vez y comenzaron a subir.

El primer punto de control apareció a los casi cien metros de trayecto. Era una simple cabina al lado de una barrera. Dentro del habitáculo había un hombre vestido con un uniforme oficial de la Liga Pokémon y una gorra con la parte superior completamente lisa y un ornamento dorado en medio de la manta de color verde. Ese hombre, en realidad, solo se encargaba de enseñar a los entrenadores cómo conseguir la tarjeta que serviría como billete para el evento de la Liga Pokémon y de registrar las medallas en ella. Ryku y Dylan solo necesitaron dar la información de sus carnets virtuales de entrenador de Enlace para que el guardia rellenara las tarjetas con ella. Acto seguido, el hombre pidió la medalla Roca con la finalidad de registrarla en estas y Ryku y Dylan sacaron de sus estuches dicha medalla. Entonces el guardia metió las tarjetas y las medallas en un aparato y tiró de una pequeña palanca en este que, tras un intrigante sonido, expulsó por una ranura abierta la tarjeta marcada con la silueta de la medalla en una zona específica de esta y la propia medalla que parecía haber recibido una nueva capa de pintura. Cuando el vigilante les devolvió sus pertenencias, abrió la barrera y los jóvenes pudieron continuar.

A partir de ahí, el ascenso por la meseta seguía el mismo patrón: cada cierta distancia había un punto de control que solo se podía cruzar enseñando y registrando la correspondiente medalla de Gimnasio. A Ryku le divirtió que el orden fuera el mismo que el que recorrió para recolectarlas. Así, poco a poco, la tarjeta que les había dado el primer vigilante fue llenándose de marcas con la forma de las medallas. Después de registrar la última de ellas, estaban muy cerca de divisar uno de los edificios de la Liga Pokémon.

Finalmente, después de subir alrededor de ochocientos metros, los jóvenes se pararon un instante a admirar la exuberante entrada de un edificio con el símbolo característico de la Liga. Ryku había visto de antemano los estadios y las edificaciones a su alrededor la vez que vino a ver la Liga Pokémon con sus padres, pero aquel superaba en belleza arquitectónica a todos los demás. La puerta principal estaba cubierta por un pórtico que imitaba el color del oro sujetado por unas columnas detalladamente esculpidas con ornamentación floral. Del techo llano de color verde pálido caían dos enromes estandartes con los dibujos de dos de los Enlaces del Alto Mando: el Gengar de Agatha y el Dragonite de Lance. El color morado de ambos no contrastaba con las paredes rojizas del edificio. Lo más llamativo de aquel edificio, además de su estilo de construcción, era que parte de este estaba introducido en una barrera de rocas que superaba los doscientos metros de altura.

Ryku reconocía esa tan pequeña montaña: la Calle Victoria. Solo la había visto de reojo cuando fue a la Meseta Añil de pequeño y, ahora que la tenía de frente, se sintió un poco intimidado. Según las leyes de la Liga Pokémon, solo aquellos que la atravesaban eran candidatos dignos de desafiar al Alto Mando. Aquello solo suponía que lo que hubiera en su interior debía ser casi tan poderoso como un miembro de los cuatro.

Cuando los chicos terminaron de ensimismarse con el exterior del edificio, pasaron por un pasillo decorado con un par de arcos simples y entraron con decisión.

Lo primero que vieron fue a una mujer vestida con el mismo uniforme que los guardias de los puntos de control detrás de una mesa donde descansaban distintos aparatos y un ordenador. La mujer los recibió con una cálida sonrisa.

—Hola. Sed bienvenidos al Edificio de los Aspirantes a Campeón, también conocido como EAC. ¿Sois entrenadores que quieren participar en la Liga Pokémon?

—Así es —contestó Dylan.

—Muy bien. Para registraros necesitaré la tarjeta que os ha tenido que dar uno de los guardias de la ruta anterior. ¿Las tenéis? —Ryku y Dylan dejaron sus tarjetas sobre la mesa de la mujer—. Estupendo. Un momento, por favor.

La espera que sufrieron los dos jóvenes superaba con creces a la que ambos pensaban que sería. Básicamente, creían que con la tarjeta bastaba para tener acceso al registro, pero la mujer estuvo varios minutos realizando comprobaciones con las tarjetas y toda la información que incluía además de las marcas de las medallas. Parecía estar asegurando que la información era real y no existían ninguna incoherencia en el proceso. Al final, después de unos extensos cinco minutos, la mujer apartó la vista del ordenador y metió en uno de los aparatos otro tipo de tarjeta que empezó a hacer bastante ruido hasta que las expulsó después de imprimir en estas una información básica de registro. Luego la mujer las envolvió en plástico protector, perforó por un lado y lo unió a una cinta roja con enganche.

—Disculpad la espera. Aquí tenéis —dijo la mujer con una sonrisa y acercando las tarjetas plastificadas a los chicos—. Ahora estáis identificados como aspirantes de la Liga Pokémon. No lo perdáis ya que ellos serán los encargados de abriros el camino hasta el Alto Mando a través de las pruebas.

—¿Cuándo comenzarán exactamente esas pruebas que mencionas? —inquirió Dylan.

—En un par de días ya no se podrá registrar nadie más e inmediatamente darán comienzo. Si queréis saber más, podéis esperar a ese día cuando obligatoriamente se os detallarán como superar las pruebas o preguntar a algún aspirante que ya haya participado anteriormente y esté intentándolo una vez más. Estoy convencida de que hay alguien que entra en ese campo.

—Entendido. ¿Hay algo más que debamos saber?

—Solo una —añadió la mujer—. Como ya os he dicho, vais a permanecer aquí un par de días hasta que cerremos los registros y pasemos a la siguiente fase, de modo que lo primero que debéis hacer será ir a las habitaciones y escoger una. Buscad una puerta que tenga una luz encendida y pasad el pase que os acabo de dar para que automáticamente sea vuestra.

—De acuerdo. Gracias.

—Os deseo mucha suerte, aspirantes —se despidió la mujer antes de volver a centrarse en la pantalla del ordenador.

Ryku y Dylan se dirigieron a la puerta que había cerca de la mesa de la mujer, la abrieron y se adentraron en el edificio. Ambos se quedaron paralizados en el sitio en cuanto atravesaron el umbral de la puerta.

La sala principal de edificio era realmente grande. Superaba por bastante la propia anchura de la entrada, pudiendo alcanzar fácilmente los cincuenta metros de distancia entre cada una de las paredes. En cada uno de los extremos había una puerta que indicaba que las dimensiones del edificio no terminaban ahí. Ryku y Dylan se interesaron por la puerta que había en línea recta, justo en el extremo norte de la sala. Esta era bastante alta, de más de tres metros, y estaba decorada con el relieve de diversos Pokémon lanzando algunos de sus ataques más poderosos. En ciertos puntos específicos de la sala unas escaleras llevaban a un balcón desde donde se podía a ver una buena cantidad de puertas que debían ser las de las habitaciones, pues también había pasillos que darían lugar a más de aquellas puertas. Algo sorprendente para los chicos ya que contaban decenas de ellas solo en la parte visible. Finalmente, la sala estaba dividida en distintas secciones: una de entretenimiento donde la gente podía jugar, otra de descanso, una tercera con un pequeño bar que servía todo tipo de refrescos (además de ser probablemente el único sitio con una televisión en el que enterarse de lo que sucedía en el exterior mientras estaban ahí) y una cuarta con una recepcionista que parecía actuar de guía para los nuevos y de algo más relacionado con las instalaciones.

Después de apreciar todo el entorno, Ryku y Dylan repararon en las personas que andaban por la sala que no fueran trabajadores de la Liga Pokémon. Como era lógico, todos eran entrenadores de Enlace y se movían por el lugar como si lo estuvieran explorando. Algunos iban solos mientras que otros se movían en grupos de dos o tres entrenadores. En un primer vistazo, Ryku debió contar cerca de medio centenar de entrenadores excluyendo a su amigo y a él mismo.

—Cualquiera de estos entrenadores podrá ser nuestro rival en algún punto del evento —dijo Dylan emocionado—. ¿No te parece increíble, Ryku?

—Haber llegado has aquí ya me resulta increíble —confesó su amigo—. Espero no dejarme llevar por las emociones.

—Lo mismo digo.

—Nosotros también lo seremos pronto —recordó Ryku.

—Lo sé, pero lo nuestro será una rivalidad amistosa —aclaró Dylan—. Con ellos no tenemos la misma relación.

En eso su amigo tenía razón. Si llegaba el día en el que Dylan y Ryku tuvieran que enfrentarse para alcanzar el tan ansiado título de Campeón de la Liga Pokémon, sería un combate amistoso, aunque en el menor de los sentidos de la palabra. Y, si no terminaban enfrentados en la Liga Pokémon, quizá después de esta sería un buen momento para tener un combate entre ambos.

Ryku y Dylan subieron al piso de las habitaciones y buscaron dos puertas que estuvieran iluminadas con el color verde. A ser posible, querían que las habitaciones no estuvieran alejadas la una de la otra o, por lo menos, no más de varias puertas de distancia. Tuvieron suerte de encontrar dos contiguas entre sí y no tardaron en pasar las tarjetas para que la luz se tornara roja y la cerradura se desbloqueara. Entraron, dejaron sus pertenencias y ambos decidieron explorar un poco el edificio. A fin de cuentas, tenían dos días libres.

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Un estruendoso sonido de alarma sacó del mundo de los sueños a Ryku súbitamente. El sobresalto fue tal que casi se cayó de la cama. No entendía que pasaba, pero al poner un poco más de atención, escuchó que la alarma iba acompañada de un mensaje.

—Atención, aspirantes. La segunda fase del evento de la Liga Pokémon dará comienzo en dos horas. Es obligatorio que todos se reúnan en la sala principal, frente a la gran puerta condecorada, para recibir la información de lo que lo que ocurrirá a continuación. ¡Que nadie se retrase ya que no se repetirá por segunda vez! Hasta luego, entrenadores.

Había llegado el día. Por fin el verdadero reto de la Liga Pokémon estaba a punto de comenzar. Ryku no tardó en despertarse por completo con una ducha y se vistió para la ocasión. Después de atarse el brazalete Enlace en su antebrazo izquierdo, salió de la habitación y llamó a la puerta de Dylan. Su amigo tardó cinco minutos más en ocultar que se acababa de levantar.

En las dos horas de tiempo que quedaban antes de la reunión, el edificio en sí entró en una agitación controlada. En los dos últimos días, el número de entrenadores de Enlace que habían conseguido un puesto como aspirante había aumentado considerablemente, habiendo prácticamente unos cien en la sala. Todos los entrenadores se prepararon a su manera. Algunos iban al comedor, como Ryku y Dylan, a desayunar y acumular la energía necesaria para el reto; otros directamente cogían algo de picar y partían a los campos de entrenamiento de la sala a practicar; y el resto simplemente descansaba a su manera antes de la segunda fase.

Aquellos que llevaban la indumentaria de la Liga Pokémon también aprovecharon las horas para montar un pequeño escenario y un sistema de audio con tal de que fueran escuchados los que les hablaran desde la tarima. A su vez, colocaron en el centro una caja cerrada con un agujero en la tapa desde la cual sacar el contenido. Una vez hechas las comprobaciones, solo quedaba esperar.

Las dos horas transcurrieron más rápidamente de lo que cualquiera pensaba. Los aspirantes ya empezaron a conglomerarse en la sala principal a poco más de quince minutos de pasar el tiempo. Ryku y Dylan habían elegido permanecer cerca del escenario desde el principio. Ninguno de los chicos descartaba de la potencia sonora de aquellos altavoces que habían instalado, pero como tampoco tenían nada que hacer hasta entonces, prefirieron adelantarse. Poco después, en la sala principal comenzó a faltar espacio con la llegada de los cien aspirantes. Las personas uniformadas contaron con estimaciones aproximadas y debatieron si empezar la segunda fase unos minutos antes si ya estaban todos ahí. Cuando fue confirmada la presencia de todos los entrenadores de Enlace que se habían registrado, tres personas se subieron a la tarima y se aseguraron de que los micrófonos que sostenían estaban conectados. Después de dar el visto bueno, uno de ellos bajó y los otros dos se dirigieron al público.

—¡Saludos, aspirantes! —dijo con gran energía uno de ellos. Era un hombre que vestía un traje distinto a la de cualquier otro organizador de la Liga Pokémon, siendo de color negro y asemejándose más a un esmoquin que a un uniforme de trabajo. También llevaba unas gafas de sol, otorgándole un ligero misterio. No obstante, a Ryku le sonaba de algo su cara—. Mi nombre es Hiroyuki. Tal vez ya me conozcáis por ser el comentarista oficial de la Liga Pokémon. —Muchos de los aspirantes asintieron—. Voy a ser quien os informe sobre el funcionamiento de la segunda fase de la Liga Pokémon, la cual ha sufrido cambios en comparación con anteriores ediciones. Pero antes de eso, hay que felicitaros por haber llegado tan lejos con tan solo haber recolectado las ocho medallas de Gimnasio. Es toda una hazaña que, aunque probablemente algunos ya las hubierais reunido desde hace tiempo, veo caras nuevas entre el público. Quizá alguno de ellos haya recolectado las medallas de Gimnasio en un tiempo récord.

Ryku se sintió identificado con las últimas palabras del comentarista. Él había tardado poco menos de un año en recolectar todas las medallas, pero no lo veía como un logro: más entrenadores aparte de él habían logrado tal hazaña. Sin ir más lejos, Dylan era uno de esos entrenadores, solo ralentizado por la indisposición de un Gimnasio.

—Como ya he dicho hace poco, la Liga Pokémon de este año va a ser un poco diferente a otras ediciones que podáis recordar —continuó Hiroyuki—, pero la esencia de la Liga Pokémon seguirá siendo la misma de siempre. Por ejemplo —Hiroyuki se hizo a un lado y con un gesto señaló la impresionante puerta condecorada que tenía detrás de él. Lo acompañaron unas luces que iluminaron la puerta, dando más detalles a los relieves en esta—, la Calle Victoria sigue siendo el único elemento de la segunda fase que habrá que superar para pasar a la siguiente, la cual será el propio Alto Mando.

Los aspirantes la observaron con rostros serios, listos para afrontar lo que hubiera al otro lado.

—Aquellos que ya hayan intentado completar la Calle Victoria saben la gran dificultad que posee. Es considerada una de las zonas más peligrosas de Kanto por los Pokémon salvajes que habitan en ella, los cuales no tienen nada que ver con aquellos que veis cada día en las rutas de la región. Y son muy hostiles, así que vuestra será la decisión de enfrentarlos o huir de ellos. Derrotarlos no otorga ninguna recompensa o beneficio para la fase más allá de que vean y entiendan que no sois entrenadores débiles que puedan ser derrotados fácilmente.

Ryku tragó saliva. Por cómo había descrito Hiroyuki a esos Pokémon, ya tenía claro que no quería enfrentarse a ninguno de ellos. Menos cuando tenía la sensación de que en la Calle Victoria estaban los Pokémon del tipo que más daño causaría a su Enlace.

—Pero el objetivo no es cruzar la Calle Victoria sobreviviendo a los encuentros con esos Pokémon —añadió rápidamente el comentarista al observar algunas caras que lo debían pensar—. El objetivo principal es vencer a entrenadores altamente cualificados y elegidos por los propios miembros del Alto Mando que se ubican a lo largo de la Calle Victoria. Hay diez en total y, para considerar que habéis atravesado la Calle Victoria con éxito, es obligatorio haberos enfrentado a todos ellos sin excepción.

Los entrenadores más jóvenes se pusieron nerviosos. Cada vez que Hiroyuki decía algo sobre la segunda fase, les hacía pensar que los organizadores de la Liga Pokémon no querían que entrenadores novatos se enfrentaran al Alto Mando, mientras que los que ya habían cruzado la Calle Victoria (o intentado, al menos) no encontraban ninguna novedad en las explicaciones del comentarista.

—Los combates contra estos elegidos por el Alto Mando serán únicos. Es decir, solo podréis pelear contra ellos una sola vez, independientemente de si ganáis, perdéis o empatáis. Estos resultados quedarán registrados en una tabla clasificatoria gracias a la cual, cuando todos los entrenadores hayan tenido su oportunidad de recorrer la Calle Victoria, los mejores pasarán a la tercera y última fase: el desafío del Alto Mando. —Hiroyuki observó los rostros de los entrenadores que lo escuchaban y en parte se sintió mal. Los nuevos ya estaban aterrados tras saber dónde se habían metido, una idea que no terminaba de asentarse en su cabeza. Desgraciadamente, aquello no era lo último que tenía que decir—. Lamentablemente, no esperábamos encontrar un sustituto al anterior líder de ciudad Verde tan tarde, y eso ha provocado que la participación en la Liga Pokémon haya aumentado considerablemente en comparación a otras ediciones. Y cómo no podemos alargar el tiempo que dura el evento, hay que adaptarse para que todos tengáis una oportunidad. Y tras deliberar detenidamente, se ha decidido reducir el tiempo que cada entrenador dispone a la hora de realizar la Calle Victoria, siendo un plazo máximo de tres horas el tiempo más óptimo.

En el preciso instante en el que Hiroyuki dijo eso, los aspirantes empezaron a quejarse por las consecuencias que acarreaba disponer de tan poco tiempo para realizar los combates contra los entrenadores y salir de la Calle Victoria sin muchos percances.

—¿En serio? ¿Habéis tenido en cuenta el funcionamiento de los Enlaces? —preguntó un hombre entre los aspirantes—. Si perdemos o empatamos contra esos elegidos del Alto Mando dos o tres veces, se acabó. No podremos hacer nada hasta que se reinicien nuestros módulos al cabo de una hora y eso nos obligaría a ganar sí o sí al menos siete de los diez combates contra esos elegidos.

Muchos aspirantes apoyaron las palabras de su compañero.

—Calma, amigos, no hay nada de lo que debáis preocuparos —trató de tranquilizarlos Hiroyuki—. Por supuesto que sabemos cómo funcionan los Enlaces. Hemos tenido en cuenta su modo reinicio a la hora de decidir el límite de tiempo y creemos que, con lo que hay, es más que suficiente para luchar tanto contra los Pokémon salvajes de la Calle Victoria como contra los entrenadores a los que debéis vencer.

—¿A qué te refieres con eso?

—Después contestaremos a todas las preguntas que tengáis —desvió el tema Hiroyuki—, pero antes dejadme terminar con la explicación.

El comentarista esperó unos segundos con tal de asegurarse de que no le interrumpían y continuó hablando.

—Como iba diciendo, solo podréis luchar contra los entrenadores elegidos por el Alto Mando una única vez. Cuando hayáis peleado con todos y salido de la Calle Victoria, se organizarán los resultados de vuestro rendimiento en esta. En otras palabras, apuntaremos cada victoria, derrota, empate y el tiempo empleado para atravesar la Calle Victoria en una tabla la cual os ordenara según el mejor desempeño. Las victorias son el elemento más valioso; es decir, contra más consigáis, mejor quedareis en la tabla y, por consiguiente, mayores posibilidades tendréis de pasa a la siguiente fase. La manera con la que obtendremos los datos será mediante brazaletes especiales, similares a los dorados que se utilizan en los Gimnasios, los cuales monitorizarán vuestro progreso mientras estéis en la Calle Victoria. — Hiroyuki hizo una pausa y miró a sus compañeros por si alguno tenía que decirle algo más. Viendo que solamente asentían, continuó hablando—. Ahora, antes de proceder al sorteo con el que decidiremos el orden en el que cada aspirante entrará en la Calle Victoria, podéis preguntar cualquier duda que os haya surgido durante la explicación.

Obviamente, una de las preguntas iba dirigida a explicar con más detalles cómo habían visto óptimo limitar el tiempo de la prueba de la Calle Victoria a tan solo tres horas. Sin embargo, Hiroyuki aplazó esa pregunta para el final pues, según aclaró, necesitaba algo con tal de responder correctamente. Además, la compañera de Hiroyuki se retiró a buscar lo que él le había pedido a la vez que preparaba lo necesario para proceder al sorteo.

Mientras se esperaba, Hiroyuki contestó a otras preguntas que fueran más inmediatas. Una de ellas era sobre los elegidos del Alto Mando con la finalidad de descubrir alguna pista que sirviera para cuando los aspirantes realizaran la prueba. Sin embargo, Hiroyuki fue precavido y solo respondió que los elegidos eran entrenadores que habían superado la Calle Victoria con suma facilidad en muchas ocasiones, pero que no habían sido capaces de derrotar a ningún miembro del Alto Mando. Esto significaba que estaban a un nivel similar al de los aspirantes, pero no lo bastante bajo para que la prueba fuera sencilla. También se inquirió sobre lo que sucedería en el caso de que pasaran las tres horas de tiempo máximo que tanto revuelo estaban causando. Aparentemente, algunos entrenadores habían aceptado la norma sabiendo que no iba a ser posible cambiarla. El comentarista pudo contestar sin problemas y explicó que, aunque se permitiría a estos entrenadores completar la Calle Victoria y aparecer en la tabla clasificatoria, serían automáticamente descalificados por no cumplir los requisitos.

Poco después, la compañera que había estado junto a Hiroyuki durante la explicación de la segunda fase volvió al escenario y entregó al comentarista algo antes de colocar una pequeña mesa con una caja agujereada por arriba. Luego cogió un portapapeles y se posicionó a un lado de la mesa.

—Bien, vamos a despejar las dudas y responder a las quejas que inmediatamente surgieron cuando mencioné el tiempo límite para realizar esta prueba. —Hiroyuki buscó al primer entrenador que había dejado claro su disgusto con tal de que no hubiera abandonado. No lo encontró—. Solo me hace falta enseñaros esto para empezar con mi argumento.

Hiroyuki levantó todo lo que pudo un objeto que solo las primeras filas de entrenadores vieron en detalle. No era más que una Máquina Técnica de aspecto distinta a las demás al tener una carcasa negra que protegía un disco dorado muy diferente a los clásicos discos amarillos que indicaban movimientos eléctricos. La gran mayoría de entrenadores no vieron nada especial y no parecía complacerles que ese objeto fuera la excusa de los organizadores. Sin embargo, Ryku y Dylan contemplaron sorprendidos e intercambiaron una mirada para señalar que era lo que ellos creían.

—Esto, aspirantes, es el último gran invento de Silph S.A: un reiniciador. Parece una Máquina Técnica, y funciona exactamente igual que una, pero no contiene ningún movimiento Pokémon garbado en el disco, sino que, como bien indica su nombre, provoca reinicios. Más concretamente, del módulo Enlace. Esto significa que se puede reiniciar el Enlace sin necesidad de esperar a que transcurra la hora del modo reinicio. Básicamente, es como tener un Centro Técnico en la palma de la mano.

Las caras de los aspirantes mostraron por primera vez felicidad y asombro.

—¿Un Centro Técnico portátil? ¡Es increíble! —se escuchó entre los entrenadores.

Por otro lado, Ryku y Dylan estaban más sorprendidos de que Bill hubiera finalizado el desarrollo de los reiniciadores en el tiempo transcurrido entre el secuestro del edificio de Silph y el inicio de la Liga Pokémon, que de conocer su funcionamiento.

—Así es. Utilizareis en primicia la versión comercial de los reiniciadores durante esta fase. Y, poco después de finalizar la Liga Pokémon, se pondrán a la venta en cualquier tienda para entrenadores de Enlace.

—¿Solo necesitamos uno para poder reiniciar siempre que queramos nuestros Enlaces? —inquirió un aspirante.

—No, los reiniciadores solo se pueden usar una vez —respondió Hiroyuki—. Pero no os preocupéis, se os proporcionará una buena cantidad de estos para realizar vuestra prueba sin problemas. Pero, aun así, procurad no perder mucho, ¿de acuerdo?

Ese último mensaje hizo que todos los aspirantes se olvidaran del límite de tres horas y lo aceptaran como algo hasta beneficioso ahora que conocían de la existencia de los reiniciadores. Se podía ver en ellos sus ansias de entrar y salir de la Calle Victoria triunfantes.

—¿Hay alguna duda más que haya que resolver? —preguntó Hiroyuki. Esperó unos instantes y asintió—. Perfecto. Ahora procederemos a pronunciar vuestros nombres. Cuando lo escuchéis, subiréis aquí y sacareis un número de esta caja. Dicho número revelará el turno en el que os tocará a la hora de realizar la prueba de la Calle Victoria. Una vez todos tengáis un número, dará comienzo la segunda fase. Espero que los que saquéis los primeros números estéis ya preparados.

Segundos después, la compañera de Hiroyuki empezó a llamar a los aspirantes uno a uno desde la lista que tenía en el portapapeles. Los nombres se fueron pronunciando alfabéticamente. Esto significaba que el turno de sacar número llegó antes a Dylan que a Ryku, el cual obtuvo el número sesenta y dos, convirtiéndose en uno de los participantes que más tardaría en entrar en la Calle Victoria. Antes de que Ryku tuviera la oportunidad de extraer su número, los primeros ya habían salido de la caja. Aquello alivió al joven de pelo negro. Cuando llegó su momento, Ryku sacó el papel doblado de la caja y, al desplegarlo, vio el número veinticinco en este. Se lo dijo a la mujer que estaba apuntando los números y regresó con su amigo. Su turno iba a llegar bastante antes que el de Dylan.

Finalmente, el último aspirante sacó el número restante y acto seguido se procedió a ordenar los resultados. Entonces se empezó a desmontar es escenario a la vez que se pedía al aspirante que había sacado el número uno que se preparara para entrar en la Calle Victoria. También se avisó a los siguientes números que estuvieran atentos a sus turnos, ya que de lo contrario podrían quedar descalificados si no aparecían en la puerta de la Calle Victoria al cabo de diez minutos después de ser llamados por megafonía. El resto recibió la advertencia de estar despiertos a partir de las ocho de la mañana, pues esa era la hora a la que se continuarían con las pruebas. Dicho esto, Hiroyuki deseó buena suerte a todos y se marchó.

Entonces los aspirantes comenzaron a dispersarse por las instalaciones ya que muchos de ellos no serían llamados hasta al cabo de unos días. Ahora, lo único que podían hacer era esperar a que sus nombres sonaran por los megáfonos del edificio y las puertas decoradas de la Calle Victoria se abrieran para ellos.