Yamato miró hacia los lados en la piscina, viendo que apenas había gente. Sin duda tenían suerte y estaban bastante solos. Probablemente los turistas que estuvieran por allí estarían conociendo la ciudad o las playas, por lo que tenían espacio suficiente. Se había metido hasta las rodillas con la bebé en brazos y estaba comprobando que el agua no estuviera especialmente fría.
Sin duda, el contraste del clima con el norte era marcado y eso se podía notar incluso en la temperatura del agua. En Tokio no se le habría ocurrido hacer aquello y mucho menos con Aiko, pero en aquellas condiciones era totalmente diferentes. Incluso se podría decir que si aquel viaje hubiera sido más hacia los meses del verano, no habría querido que la niña fuera, ya que podría ser demasiado agobiante para ella.
- Está bien el agua, ¿no? – preguntó Sora mientras que se sentaba en el borde de la piscina, dejando ella así las piernas dentro del agua observándolos.
- Yo creo que sí, a ver si no nota demasiado el contraste ella – le dijo, mirando hacia Aiko para ver como estaba entretenida mirando hacia todas partes, curiosa-. La voy a meter poco a poco, a ver si no protesta.
- Sí, mójale sino tú con la mano las piernas o algo…
Sabía que a Aiko le gustaba mucho el agua, era una de sus horas favoritas del día y jugaba mucho en la bañera. Pero aquello eran otras condiciones diferentes y tenía miedo de que fuera a echárseles a llorar porque notara el agua muy fría. Apoyó los brazos tras ella, quedándose así apoyada para ver la escena.
- A ver… - dijo él antes de bajar unos cuantos escalones más hasta llegar a la piscina por fin. Con su altura no tenía problema para poder dejar de estorbar en las escaleras y que el agua no alcanzara a Aiko-. ¿Tú qué opinas? ¿Estará muy fría el agua?
Metió la mano él en el agua, cogiendo un poco para echársela con cuidado en uno de los pies, viendo que no parecía protestar demasiado.
- Si es que yo creo que deben de tener regulada la temperatura del agua – dijo girando de nuevo la cabeza hacia Sora.
- Podría ser… Tendría que haber bajado la cámara de fotos…
- ¿Por qué? ¿Quieres que se nos presenten aquí todos de golpe? Tengo el teléfono ahí, cógelo si quieres.
- Sigo sin saberme tu código…
- Porque no te da la gana… A ver, acércamelo – caminó hacia ella para poder desbloqueárselo con la huella -. ¿Quién le había regalado los manguitos? ¿Tu padre o el mío?
- Pues… No lo sé – se rio, enfocándolos con la cámara, intentando reclamar la atención de la niña para poder sacarles la fotografía-. Muy guapos…
- Con la guerra que se tienen montada entre ellos dos a saber quien habrá sido…
Riéndose, se quedó mirando la imagen unos segundos antes de envidársela a sí misma y luego estirarse para dejar el teléfono lejos del agua para evitar salpicaduras, volviendo a centrarse en ellos.
Yamato cogió a Aiko por debajo de los bazos, posándola con cuidado sobre el agua, esperando ver qué reacción tenía ante la temperatura, viendo cómo únicamente parecía poner cara de susto al notar el frío y movía sus piernas, tranquilizándose poco a poco. Tomando aquello como algo bueno, la bajó algo más, con sumo cuidado a sabiendas de que era más delicada la zona de la barriga, dejándole su tiempo.
- ¿Qué? ¿Te gusta? – escuchando los ruiditos que hacía ella, interpretándolos como algo bueno, la dejó adaptarse algo más al agua antes de volver a cogerla contra él y poder caminar con ella hacia la zona en la que cubría algo más.
- Si es que hasta en esto… Luego tendremos que sacarla de la piscina porque se nos haya arrugado más de la cuenta.
- Eh, hace tiempo que no me pasa eso…
- Porque últimamente no te da la vida para más, Yamato, que nos conocemos…
Riéndose por sus palabras, no pudo más que darle la razón. En la última temporada no había podido tener demasiado tiempo para poder pasa por la piscina tanto como solía gustarle. Siempre había sido una de sus aficiones, pero había tenido que dejarlo para los fines de semana ya que en el trabajo habían tenido que dedicarle más tiempo a los entrenamientos, al igual que todas las veces que se acercaba un viaje, y el tiempo que antes hubiera usado para aquello se había visto consumido por ello.
- Que no te da la vida para más porque sigues teniéndome bajo vigilancia intensiva, claro – aquello lo dijo sonando mucho más cerca de él, haciéndolo dar un respingo al no haberla sentido meterse del todo en el agua también, acercándose a ellos-. Hola cielo – le dijo a la niña-. ¿Te gusta el agua?
Empezando a mover el brazo con el que no estaba agarrada a su padre, dio ligeros golpecitos sobre la superficie, empezando a salpicar y riéndose al hacerlo, alargando su mano intentando cogerlo, abriendo y cerrando la palma.
- Ya verás cuando podamos llevarla a la playa – dijo él atento a lo que hacía-. Yo creo que para cuando vuelva yo ya habrá calentado lo suficiente.
- Podemos llevarla antes aunque no se bañe… ¿No te parece? ¿No me habías dicho que había una con tortugas?
- Sí… - no pudo evitar que se le escapara una sonrisa ladeada-. Si te he llevado, solo que no había ninguna por ahí. Eso o no estábamos mirando precisamente para ellas.
Arqueó una ceja, no tardando en caer a lo que se estaba refiriendo él, riéndose por lo bajo y negando con la cabeza, como si buscara ignorarlo. Se acercó algo más para poder quedar frente a la niña alargado la mano para rozar su mejilla.
- Oye, estás a la misma altura que ella, ¿eh?
- ¿Algún problema?
- ¿Yo? Ninguno… Pero mejor no me meto más allá que luego no nos haces pie…
- Tú juega, que ahora mismo tienes un bebé en brazos que te protege, pero ya la soltarás en algún momento.
Aunque sabía que era una amenaza que difícilmente podría cumplir ya que para poder hundirlo iba a tenerlo complicado, especialmente por la diferencia de las alturas que había entre ellos. Acabó por reírse, aprovechando para mover ella su mano dentro del agua para moverla y llamar la atención de Aiko, salpicándola muy ligeramente, entretenida al ver que le hacía gracia.
- Los otros dos vagos se están perdiendo un buen espectáculo… - dijo el rubio, observándolas-. Aunque me parece que van a presenciar otro bueno más tarde.
- ¿Qué sabor le damos para que pruebe? Yo creo que uno suave, ¿no?
- Claro, comprendo. Con lo que te cuesta a ti decidirte con el tuyo propio como para ahora tener que pensar en dos…
- Pues sí, es importante. Es la primera vez que le vamos a dar uno. Tiene que ser algo que no le sepa demasiado fuerte o que le pueda sentar mal…
Divertido por la preocupación de ella sobre el sabor del helado, metió la mano en el agua él también para salpicar a su esposa, pillándola de pleno y mojándola al estar completamente distraída con Aiko.
- ¡Yamato! – protestó.
- ¿Qué? – imitó su tono, alejándose de ella algunos pasos, aprovechando así para mover algo más a la niña.
- Traidor… Ya te pillaré cuando no te lo esperes, ya… Aiko, riñe a tu padre, que se mete conmigo.
Pasándose la mano por la cara para quitarse el agua, sin preocuparle demasiado que hubiera conseguido mojarle el pelo. No iba a montar el drama por aquello, como mucho podía hacerlo porque le daba pena poder mojar a la niña si le devolvía el ataque a él.
- ¿Dónde quieres a mirarle la cuna? – preguntó él, acercándose hacia la parte que menos cubría de la piscina, dejando a la niña sentada en el agua en la zona infantil, pudiendo así quedarse sentado cerca vigilando sus movimientos.
- ¿Me lo estás preguntando a mí? – arqueó una ceja.
- Sí, ¿por qué?
- ¿Tú crees que en los meses que me secuestraste aquí me dediqué a mirar tiendas de bebés? Mira tú que no era mi afición… Estaba más ocupada con los alrededores que con las tiendas…
Riéndose, le tendió la mano para que se pudiera sentar a su lado, observando así los dos a la pequeña, que había empezado a agitar sus brazos divertida en el agua.
- Hay una tienda más o menos en el centro de la ciudad. Igual hubiera sido más cómodo traernos la que tenemos en casa y luego cuando volviéramos…
- ¿Qué? ¿Dejarte montarla otra vez? ¿Tú estás seguro de eso? Tú mejor dedícate a viajar al espacio y déjale las cunas a los expertos, anda… - sin darle tiempo a reaccionar a sus palabras, se acercó para darle un beso en la mejilla.
Pasando a ignorar al adulto, se acercó hasta donde había quedado la pequeña, aprovechando que no había nadie más en la piscina y adentrándose en ella para poder quedar sentada a su lado.
- ¿Te gusta la piscina? – le dijo, viendo como estaba entretenida gateando por la zona en la que apenas le cubría, viendo como se dirigía hacia ella, llegando hasta donde su madre estaba para intentar ponerse en pie junto a ella, sujetándose a su brazo-. A ver si te vas a caer, ten cuidado…
Colocó la mano tras ella, estando así pendiente de cualquier pérdida de equilibrio de la niña, dejándola usar su brazo como agarre.
- Mira Aiko, a tu padre solo le falta hinchar los mofletes como tú porque me he metido con él – se acercó a ella, fingiendo confidencialidad-. Voy a tener que empezar a pensar desde ya cómo conseguir que me perdone.
- Sí, pídele consejo a la niña, a ver si te da alguna inspiración de las buenas…
- Un día te contaré la que liaron entre él, Takeru y Taichi para montar tu cunita… Menos mal que yo ya puedo hacer cosas y hay más probabilidades de que todo vaya bien… ¡Ay!
Protestó cuando volvió a verse salpicada de nuevo, empezando a escuchar las risas de Aiko al no haber visto el agua salir de ninguna parte y entretenida por la cara que había puesto su madre. Sora se llevó la mano al cabello, echándoselo hacia atrás de la cara, quitándose así el agua.
- ¿Qué dices? ¿Se lo devolvemos? – aprovechando la mano que tenía libre empezó a salpicar ella también en la dirección en la que estaba Yamato.
Sora se había quedado sentada en una de las hamacas, aprovechando los rayos de sol para que dieran en sus piernas. En sus brazos, envuelta en una toalla y completamente dormida estaba Aiko, agotada de haber estado jugando gran parte de la tarde en la piscina tras su primer viaje en avión. Sonrió mientras que la envolvía mejor, levantando la cabeza hacia Yamato cuando sintió que se sentaba a su lado.
- ¿Qué vamos a hacer con ella?
- Yo creo que podemos subirla a la habitación y mientras que nos duchamos que ella duerma tranquilamente, que seguro que tenemos dos niñeros encantados de vigilarla. Podemos bañarla por la noche o mañana por al mañana, no correrá tanta prisa…
Asintiendo, volvió a mirar hacia la niña, que ajena a la conversación que ellos dos tenían, parecía acomodarse mejor encima de ella.
- Ahora sería bueno ser capaz de levantarme yo sin despertarla – murmuró, entretenida, no tardando en ver como él alargaba los brazos para cogerla y quitarla de encima de su madre.
- No creo ni que se dé cuenta de que la llevamos de vuelta a la habitación… Aunque mira, igualita que otra que yo me sé cuando se queda dormida.
- No tengo ni la más remota idea de lo que me estás hablando – comentó sin mirar hacia ellos, asegurándose de que no dejaban nada olvidado.
- Normal, la máxima pregunta que recibo es "¿Cómo he llegado hasta la cama?", así que no me extraña ni un poquito…
- Circula para la habitación, Ishida… Te iba a decir que si te duchabas conmigo para ahorrar tiempo, pero ahora igual me lo pienso por el camino.
Arqueando una ceja con las últimas palabras de ella, se quedó quieto unos segundos antes de decidir que la mejor de las ideas iba a ser seguirla, aprovechándose de ir detrás de ella para asegurarse de si estaba de acuerdo con el bañador que ella llevaba aquel día o no.
