Había llegado el momento. No pasó más de una semana desde que empezó la prueba de la Calle Victoria que Ryku escuchó su nombre por la megafonía del edificio, especificando que debía presentarse en los próximos diez minutos o sería inmediatamente descalificado y se pasaría al siguiente aspirante.

Era una buena hora del día. Ni muy temprano ni muy tarde. Había tenido suerte, pues algunos de los participantes no tuvieron más remedio que hacer la prueba sin desayunar o comer.

Ryku ya se había preparado desde el principio, quedándose solo con lo esencial para pasar los días. Se aseguró de que no se dejaba nada en la habitación y se dirigió a la sala principal.

Ryku vio a Dylan cerca de la pequeña zona restringida a participantes y trabajadores de la Liga Pokémon. Estaba observando a los empleados preparándolo todo para el siguiente aspirante. No se dio cuenta de su presencia hasta que se puso a su lado.

—Cada vez que veo abrirse y cerrarse esas puertas me entra un escalofrío —dijo Dylan señalando la puerta decorada. Se dio la vuelta—. No debería mirarlas para estar más relajado. —Se quedó callado un instante—. Pero qué digo, estoy que no paro de temblar de los nervios.

—¿Ese no debería ser yo? —dijo Ryku entre risas—. Tú no eres quien va a hacer la prueba ahora.

—Pero tú te librarás en las próximas horas —replicó Dylan—. Yo voy a estar así hasta mi turno de aquí a saber cuánto tiempo más. ¿Por qué me tuvo que tocar un número tan alto?

—Lo haremos bien —lo animó Ryku. Extraño que tuviera que ser él que alentara a su amigo, pensaba que sería al revés.

—Eso espero. —Suspiró—. En fin, más vale que entres si no quieres que te descalifiquen. Buena suerte. Nos veremos cuando hayamos pasado la prueba.

Un empleado de la Liga Pokémon se acercó a los chicos preguntando sin uno de ellos era el participante llamado Ryku. Dylan se marchó tras despedirse de su amigo mientras él entregaba al empleado la tarjeta plastificada que lo identificaba. El empleado la examinó y, con un movimiento de cabeza, le permitió pasar a la zona restringida.

—Acompáñame.

Ryku siguió al empleado hasta una mesa donde otras dos personas disponían en pequeños paquetes reiniciadores y repelentes.

—Aquí tenéis al siguiente participante —dijo el empleado a sus compañeros.

—Bien, ya nos encargamos nosotros a partir de aquí.

El empleado se fue a ayudar a otros que parecían necesitar una mano adicional.

—Bien, esto… Ryku, ¿no? Vayamos al grano —dijo el trabajador—. Dispondrás de un único paquete de cada consumible para usarlos a lo largo del desafío. Contarás con reiniciadores suficientes para enfrentarte a cada uno de los rivales del interior y diversos repelentes para ahuyentar a los Pokémon en caso de que no puedas escapar o no quieras luchar contra ellos. Pero hay pocos y no puedes usar repelentes que ya tengas. Eso implica que tendremos que requisar tu mochila hasta que hayas terminado la prueba.

Ryku asintió y dejó la mochila sobre la mesa. El empleado la cogió y la guardó en una caja que otro se llevó. Luego cogió una mochila más pequeña donde introdujo los paquetes y se la entregó.

—Podrás quedártela cuando pases la prueba como recuerdo, al igual que los consumibles que te hayan sobrado. Ahora ve con Mark a que te dé el brazalete correspondiente.

Ryku se tiró la mochila a la espalda y se dirigió a la mensa del técnico Mark. Este no se percató de su presencia ni cuando se plantó al otro lado de la mesa. Estaba absorto examinando a fondo un brazalete Enlace de color blanco.

—Está en perfectas condiciones —dijo sin levantar la vista del brazalete—. Pero todavía estamos al principio de la prueba. A ver cómo se comporta después de un uso considerable de los reiniciadores.

—Perdone…

Mark levantó la cabeza y apartó el brazalete sin mirarlo. Casi derriba otro que estaba al borde de la mesa. Metió la mano en una pequeña caja y sacó otro brazalete Enlace más que dejó sobre la mesa.

—Perdona, me había distraído. Este es el brazalete que tendrás que usar durante la prueba. Tiene todo lo que necesitas para la Calle Victoria, salvo tu Enlace, obviamente. Es como en los Gimnasios, ya sabes qué hacer.

Ryku colocó la base de su brazalete sobre la pantalla del otro hasta que este soltó el pitido que completaba la transferencia. Luego se puso el blanco en lugar del suyo.

—Deja tu brazalete aquí. Nos encargaremos de devolvértelo al final del día o antes junto a tus otras pertenencias. Buena suerte, aspirante.

Con todo listo, Ryku se dirigió a la puerta decorada donde un par de trabajadores le dieron un aviso antes de iniciar la prueba: esta no empezaría hasta que cruzara cierto punto de la Calle Victoria o, en su defecto, sonara una alarma después de un tiempo. Aquello daría a Ryku un último instante para mentalizarse y relajarse, si es que conseguía lo segundo. Ryku asintió y los trabajadores le abrieron la puerta. Cuando entró, los trabajadores cerraron la puerta tras de sí.

Ryku avanzó hasta quedarse a escasos palmos de una línea blanca. Al otro lado se imponía la Calle Victoria, la cueva más espectacular que había visto jamás. Había que alzar la cabeza del todo para ver el techo y, aun así, seguía habiendo una red de amplios caminos al aire libre como un laberinto de piedra. Toda la cueva estaba iluminada, por lo que no sería difícil detectar a los Pokémon salvajes que la habitaban. Incluso creyó escuchar el tosco serpenteo de un Onix.

Pero eso también significaba que sería complicado esconderse de ellos.

Ryku se fijó especialmente en los elementos tecnológicos que destacaban entre las rocas y paredes de piedra. Reconoció unos postes metálicos que se usaban en los campos de batalla. Campos de fuerza. Generalmente, para evitar que los movimientos Pokémon provocaran destrozos innecesarios. Tenía sentido, pero ¿por qué tenía que haber campos de fuerza que delimitaban la altura de la cueva? No iba a poder aprovechar las alas de Charizard para sobrevolar el terreno. También había cámaras dispuestas estratégicamente. Desde luego la Liga Pokémon limitaba el uso del Enlace fuera de los combates.

Una alarma sonó.

Ryku se puso en marcha. El límite de tres horas había comenzado.

No transcurrieron ni cinco minutos para que Ryku se topara con los primeros Pokémon salvajes de la zona. Dos Graveler se estaban peleando por algún motivo desconocido. Ryku se movió entre las rocas sin que notaran su presencia. En un punto, sacó de la mochila un repelente por si lo descubrían, pero pronto los Graveler siguieron su disputa en otra parte. Ryku suspiró aliviado, pero aquello no había hecho más que empezar.

Avanzando un poco más, Ryku descubrió que los Pokémon voladores de la cueva, mayormente Zubat y Golbat, podían atravesar los campos de fuerza a voluntad como si no existieran. Esperaba que, si alguno de ellos lo atacaba, no pudiese protegerse al otro lado del campo cuando se defendiera. Sería muy injusto.

Ryku salió de entre las rocas a un espacio amplio, perfecto para realizar un combate sin preocupaciones. Hasta el campo de fuerza del techo estaba más alto que antes. Salió de dudas cuando vio al otro extremo del campo a una entrenadora de cabellos lilas que vestía ropa naranja. Cuando ella también lo vio, alzó su brazo. Ryku le devolvió el gesto a modo de saludo y se percató que la entrenadora no estaba siendo cortés, sino que lo estaba avisando que iba a activar su Enlace. Ambos se llevaron las manos a sus respectivas pantallas del brazalete y empezaron su transformación en Pokémon.

Ryku extendió las alas cuando su cambio se completó, listo para reaccionar por si la entrenadora no se esperaba el momento de la pelea mientras adquiría su forma. La entrenadora dejó de brillar y demostró el aspecto de un gato grande de pelaje claro y un característico rubí clavado en su frente. Un Persian.

Ambos Enlaces eran veloces (el Persian más que el Charizard), pero Ryku contaba con una enorme ventaja aérea si su rival no disponía de movimientos a distancia. No iba a confiarse; era una entrenadora seleccionada por el mismo Alto Mando para poner a prueba a los aspirantes. No iba a contenerse.

No hubo señal de comienzo de combate cuando el Persian se abalanzó sobre Ryku, el cual esquivó por los pelos. «Menos pensar en estrategias estando quieto y más en movimiento», pensó. El Persian reaccionó instantáneamente, giró sobre sí mismo y mordió el ala del Charizard. Este contuvo un grito y se deshizo de su rival sacudiendo el ala de manera que el cuerpo del gato se puso frente a él, momento que aprovechó para cargar de energía sus zarpas y devolverle el ataque con un Megapuño. El Persian no soportó el impacto y salió volando varios metros.

El dolor del mordisco era intenso. Ryku se examinó rápidamente y vio las marcas de los dientes del Persian en su ala. Por suerte el golpe no había sido crítico. Sacudió ligeramente el ala y comprobó que no se lo había inutilizado. El Persian pretendió mantener a su rival en su terreno, mermar su maniobrabilidad. Y había fallado.

Ryku se dispuso a alzar el vuelo ahora que su enemigo se estaba recuperando del puñetazo, pero no logró levantarse más que un par de metros cuando detectó un brillo viniendo de la gema del Persian. Como acto reflejo, Ryku se cubrió tras las alas con la esperanza de esquivar el golpe echándose hacia atrás, sin éxito. No obstante, el impacto que sintió fue más como si le hubieran tirado algo pequeño y duro. Cuando abrió las alas, vio un puñado de monedas de oro esparcidas por el campo.

«Pero ¿qué…?»

El Persian acortó distancia con el Charizard y cargó sus garras de energía. Alcanzó al dragón con suma facilidad ante su momentánea distracción y asestó un impacto directo de una cuchillada. Ryku se desequilibró y cayó, aunque se reincorporó rápidamente.

Como tenía al gato cerca, Ryku eligió devolver el golpe con su cuchillada, pero el Persian ya había pasado a la defensiva en cuanto vio que se posicionaba para atacarlo y dio un salto hacia atrás. Justo lo que Ryku buscaba. El joven no pretendía golpear, sino quemar. Imbuir de energía sus garras sirvió para engañar al Persian y obligarlo a tomar una decisión que no pudiese corregir. Mientras estaba en aire intentando alejarse de él, Ryku llenó su boca de llamas y soltó un potente lanzallamas que el Persian no pudo esquivar de ninguna manera, cubriéndolo por completo en el torrente de fuego.

El último movimiento permitió tener unos instantes de descanso para entender la situación actual. El Persian se lamentaba por las quemaduras, aunque no sufría el efecto como tal y trataba recuperarse cuanto antes como si una ola de llamas no se lo hubiera tragado. Por su parte, Ryku se forzó a acostumbrarse al dolor del pecho donde había recibido la cuchillada, bastante más fuerte que el mordisco en su ala. Se concentró en su Enlace y sintió que su resistencia se había reducido a la mitad, algo sorprendente teniendo en cuenta que había recibido tres impactos seguidos. Uno de los movimientos debió ser débil.

Ryku volvió a alzar el vuelo antes de que el Persian se repusiera por completo y logró adquirir una altura considerable para que no le resultara tan fácil al gato volver a alcanzarlo con alguno de sus movimientos. Ahora el único que podría acertarle era el de las extrañas monedas de oro. Y él podía encontrar el momento apropiado para atacar desde el aire.

Ryku quiso aprovechar que el Persian todavía parecía recobrarse a pesar de haberse levantado para sentenciar el combate. Un lanzallamas más sería suficiente. Se acercó desde el aire con tal de no fallar y cargó el hocico de fuego. Pero en cuanto estuvo lo bastante cerca, el Charizard no vio lo que estaba haciendo realmente el Persian. No se estaba reponiendo, estaba preparando un ataque. Cuando Ryku se percató del movimiento que era, le fue imposible evitarlo.

Una descarga eléctrica recorrió todo su cuerpo y lo echó hacia atrás, tirándolo al suelo una vez más. Su cuerpo liberaba chispas, inmovilizándolo e incapacitándolo. ¿Cómo había sido posible? El Persian conocía un movimiento eléctrico, y Rayo nada menos. Eso no lo aprendían de manera natural. Al menos no se había paralizado, pero aquel impacto lo había dejado en las últimas. La Prioridad Humana estaba al borde de activarse.

El Persian corrió hacia el Charizard para asestar el golpe definitivo. Ryku no podía mover las patas correctamente y no sería capaz de esquivarla. ¿Iba a perder? No, se negó a que sucediera y obligó a su cuerpo a reaccionar. Cuando el Persian se abalanzó con las garras llenas de energía, Ryku se levantó, dio un paso adelante y con sus garras agarró las patas delanteras del gato, dejándolas extendidas con tal de que no consiguiera golpearle indirectamente. También procuró tener la mayor parte de su cuerpo alejado de su cabeza por si cambiaba su ataque a un mordisco o a las monedas de oro.

Era su oportunidad de expulsar el lanzallamas que deseaba, pero todavía sentía calambres por culpa del Rayo y le impedía acumular el calor necesario para invocar el fuego. Así que tuvo que improvisar con un movimiento que pudiera realizar sin que tuviera que liberar al Persian, lo cual significaba que se rendía y perdía. No obstante, conocía el movimiento ideal para esta situación.

Ryku batió sus alas y se alejó del suelo mientras agarraba al Persian que forcejeaba con más intensidad cada vez que se elevaban más y más. Alcanzó la altura máxima permitida por el campo de fuerza y dio media vuelta, acelerando el regreso al suelo a cada segundo. Cuando apenas quedaron unos metros, Ryku lanzó al Persian contra el suelo con suficiente fuerza para romper la piedra y dañar a su rival. El Persian no tuvo ninguna oportunidad de caer de pie y se estampó de espaldas, levantando polvo y dejando una marca en el suelo. Con ese golpe, el gato no se levantó y su cuerpo empezó a brillar.

La Prioridad Humana tomó efecto no solo en el Persian, sino en el Charizard también. Ryku no se esperó ese resultado y perdió sus alas a cerca de un metro sobre el suelo. Se desequilibró y cayó de espaldas. Con ambos Enlaces desactivados el combate había finalizado.

Ryku sintió alivio por su victoria. Se levantó y se quitó el polvo de la ropa.

La entrenadora salió del agujero y levantó el pulgar a Ryku. Luego señaló con el dedo el camino que debía continuar. El joven no se había dado cuenta de que la salida estaba bloqueada por el campo de fuerza hasta ahora. Después la entrenadora se retiró a descansar hasta su próximo combate.

Ryku continuó avanzando por la Calle Victoria. Por el camino pensó en el resultado del primer combate de la prueba. En parte había tenido suerte de ganarlo, sobre todo cuando se la jugó con su última táctica. De no haber conseguido bloquear las garras del Persian, ahora tendría una derrota en el marcador. Pero tampoco podía alegrarse de la victoria: le quedaban nueve combates más. Y si eran tan intensos como el primero, las posibilidades de no superar la prueba aumentaban.

Ryku se quitó esos pensamientos de la cabeza. No había necesidad alguna de caer en el pesimismo. Su objetivo era ganar la Liga Pokémon, cumplir la promesa que le hizo a su Pokémon. ¿Qué clase de Charizard era si no veía los combates como un reto a superar y hacerse más fuerte? Estaría deshonrando el Enlace que le dio Antorcha. Pensar en su Pokémon le devolvió las ganas de acudir a la siguiente pelea.

Al menos, una oficial. Los Pokémon salvajes de la Calle Victoria estaban al tanto de la presencia de humanos y algunos se atrevían a buscarlos. Eso obligaba a Ryku a esconderse tras las rocas. Usar los repelentes sería un abuena idea, pero había tan pocos que utilizarlos tan pronto en la prueba no sería beneficioso. Menos mal que su hostilidad le servía de igual manera, pues ellos mismos se distraían y se ponían a combatir entre sí, permitiendo a Ryku pasar sin ser visto y sin que le diera colateralmente alguno de sus movimientos.

Llegó a otro campo abierto con un entrenador al otro extremo de este. Iba vestido igual que un karateca como Kendo, por lo que se podía intuir el tipo de Enlace que poseía. Le alzó el brazo, indicando que estaba preparado para iniciar el combate.

Ryku le devolvió el gesto e inmediatamente ambos se transformaron en Pokémon.

Como era de esperar, el karateca adquirió la forma de un Pokémon de tipo lucha, un Machoke concretamente. Ryku sintió una oleada de alivio; era un Pokémon al que ya se había enfrentado y conocía mejor sus puntos débiles y fuertes. Aun así, debía ir con cuidado: no era Kendo quien se ocultaba bajo ese cuerpo musculoso del Pokémon bípedo.

El Machoke realizó un saludo rápido de respeto tras su transformación y esperó a que Ryku hiciera lo mismo. Tras ello, empezó el combate.

Ryku se levantó varios metros del suelo lo más rápido posible para que el Machoke no se lo impidiera como hizo el Persian. Para su sorpresa, el Machoke apenas se movió del sitio. Sabía que no contaba con la ventaja en este combate y actuaba con suma precaución. Esos eran los combates más peligrosos. Daba igual que tuvieras ventaja de tipo, si tu rival estaba en alerta constante, poco a poco podía ganar. Pero si nadie atacaba realmente, el combate no llegaría a ninguna parte. Así que tanteó el terreno usando su lanzallamas contra el Machoke.

El fuego abarcó un amplio ángulo a medida que se dirigía al Pokémon de tipo lucha. Este no tenía muchas posibilidades de salir airoso del ataque ante la expansión de las llamas, pero era lo que esperaba. Con una fuerza abrumadora, dio un pisotón y con la misma pierna levantó un pedazo de roca más grande que su cuerpo y lo utilizó de escudo contras las llamas que se dispersaron al chocar con la roca. Ryku mantuvo el torrente, pero el Machoke optó por sentenciar el ataque volviendo a levantar la roca unos centímetros del suelo y de empujarla con fuerza hacia Ryku. El inesperado contraataque hizo que el joven cortara de inmediato su ataque y se centrara en esquivar la mole que se le venía encima. Por suerte, la roca perdió fuerza al desplazarse y no tuvo dificultades para evitar el impacto, pero no atravesó el campo de fuerza y se hizo pedazos. El Machoke aprovechó el momento de protección de su rival para acercarse, colocarse detrás de él y asestar un golpe kárate de lleno en el cuello del Charizard. El dragón perdió su defensa y chocó con el suelo en consecuencia.

El Machoke no terminó ahí su ofensiva. Mientras el Charizard trataba de recobrar el sentido, lo agarró, saltó dando una vuelta en el aire y lanzó con fuerza al dragón que se arrastró por el suelo hasta detenerse cerca del agujero que se creó al arrancar el pedazo de roca.

Ryku seguía aturdido. En un instante había recibido una paliza con solo dos movimientos. Su cuerpo lo había resistido de forma natural, aunque no descartaba que hubiera perdido bastante vida. Las rocas que lo golpearon mientras se protegía y las técnicas del Machoke le habrían quitado casi la mitad.

Esto no debía seguir así, de lo contrario estaría a merced del rival para que lo golpeara hasta derrotarlo mientras lo único que hacía él era protegerse y aguantar para no sufrir conmociones. Todavía veía algo borroso por el golpe en el cuello, pero advirtió de que el Machoke ya preparaba su siguiente ataque con un puño cargado de energía. Un Megapuño. Se puso a correr para dar con la mayor fuerza posible.

«De eso nada». Ryku se esforzó en fijar al Machoke en el centro de su visión y cargó de energía su puño con tal de contrarrestar el Megapuño del Machoke. Interpuso el ala como si lo único que pudiera hacer era defenderse y, cuando el Machoke ya estaba estirando el brazo, Ryku levantó el ala, desvió ligeramente su Megapuño y le dio en el estómago con el suyo. El Machoke se mostró dolorido y perdió la energía de su puño. Ryku creyó haber contrarrestado el ataque, pero la energía del movimiento del Machoke no se había desvanecido, sino transferido a su pierna izquierda, la cual alzó y golpeó a Ryku en el estómago, haciendo que ambos Pokémon se apartaran entre sí doloridos por un golpe en la barriga.

Ryku se lamentaba más de su impacto. Aquella patada debió ser más potente que el Megapuño. Seguramente se trató de una Megapatada, más potente que el Megapuño, pero igual de efectivo. Debía ir con cuidado de no recibir otro igual.

El Machoke se recuperó antes que el Charizard, pero no tuvo tiempo suficiente para un ataque rápido y retrocedió. Tenía en mente el movimiento que podría sentenciar el combate Pokémon y se posicionó donde lo pudiera efectuar con mayor precisión y hacer el mayor daño posible. Una vez colocado, dio un pisotón con los brazos apuntando al suelo. Las rocas a su alrededor se elevaron mientras adquirían un curioso brillo azulado. Parecía que el Machoke tuviera poderes psíquicos.

Ryku vio lo que estaba haciendo su rival y lo invadió el pánico por un instante. Avalancha. Uno de los movimientos más letales para su Enlace. ¿Es que todos sus rivales de la Calle Vitoria iban a tener algún movimiento muy efectivo? Si era así, sabría a qué atenerse en los próximos duelos. Por ahora, Ryku eliminó por completo el miedo y se dispuso a contrarrestar el movimiento del rival. Y conocía uno que lo podría salvar.

El Machoke esperó unos instantes para marcar su objetivo. Luego, hizo un movimiento con el cuerpo y las rocas viajaron como proyectiles hacia el Charizard. Y justo después vio que había marcado a su rival incorrectamente. Había apuntado a un dragón naranja, claro, pero ahora había muchos iguales que se dirigieron a las rocas como si las pudieran esquivar en movimiento. El Machoke no entendió la acción de su rival. ¿Usar Doble Equipo para mandar a las copias a la muerte? No tenía sentido. Las copias no tardaron en empezar a desaparecer, atravesadas por las rocas. Pero seguía habiendo muchas y al Machoke le costaba identificar al auténtico. Algunas copias lograron atravesar la lluvia de rocas y el Machoke se preparó para contratacar. Una se le acercó con intención de acuchillarlo con las garras y el Pokémon de tipo lucha desvió el ataque creyendo que era el auténtico, pero la desviación cayó en la nada y el movimiento lo desplazó más de lo que quería. Cuando quiso reposicionarse, tenía otras tres copias a punto de golpearlo. Se la jugó asestando un puñetazo a una e interponiéndose a la otra para empujarla. Ambas eran copias y se expuso a la tercera, la cual no cargó con las garras por delante, sino que pasó a su lado y lo golpeó con el ala cubierta de energía.

Ryku deshizo el resto de las copias después de mandar al Machoke contras las rocas de un lado del campo abierto. Había tenido suerte de que el Doble Equipo lo distrajera lo suficiente para permitirle acercarse, mucho más cuando solo había dado una orden a las copias mientras se centraba en evitar que le dieran las rocas. Gracias a su agilidad (y a un poco de suerte), había atravesado la avalancha sin percances.

Se abalanzó sobre el Machoke y le soltó un torrente de fuego antes de que tuviera la oportunidad de reaccionar después del gran golpe que le había dado.

Aquello bastó para activar la Prioridad Humana del Machoke y obligar al Charizard a retroceder por el intenso destello. Unos segundos después Ryku regresó a su forma humana.

El campo de fuerza de las salidas del campo de batalla desapareció. Ryku podía continuar su camino, pero antes de eso ayudó al karateca a ponerse en pie. Se le veía desanimado por la derrota. Cuando este le dijo que no se preocupara por él, Ryku reanudó la marcha.

En el siguiente tramo, Ryku pensó en sus siguientes rivales y, especialmente, en sus sets de movimientos. Por ahora dos de los diez entrenadores poseían un movimiento muy efectivo contra su Enlace. ¿Había detectado un patrón o solo se trataba de una casualidad? Esperaba que solo fuera algo eventual, sino tendría que ir con extrema precaución en los próximos combates.

Por primera vez en el recorrido, Ryku tuvo que emplear su Enlace cuando un Arbok lo descubrió y lo persiguió sin descanso. Incluso lo atacó lanzándole rocas. No obstante, aquello no era lo que más preocupaba a Ryku, sino el tipo veneno al que pertenecía la serpiente. Por encima de todo, no quería pasar el resto del camino envenenado y delirando. Podría acabar descalificado por superar las tres horas. Por suerte, el lanzallamas fue suficiente para alejarlo y que se perdiera entre las rocas, la punta de la cola ardiendo como la llama de un Charizard. Había tenido suerte que fuera un Pokémon que huía al recibir el primer ataque.

El resto del camino hacia el siguiente campo de batalla ocurrió sin mayores percances. Probablemente los lamentos de la serpiente (se seguían escuchando incluso después de alejarse más de cien metros) fue el aliciente perfecto para que no se le acercaran.

Un nuevo campo, un nuevo combate. Ryku alcanzó el siguiente terreno donde disputaría su tercer combate de la prueba. El entrenador del otro lado era alguien que vestía una capa y pantalones violetas, una cinta roja para la cabeza, un chaleco negro y una camisa blanca. Ryku creyó que iba de forma extravagante con esas pintas (sobre todo la capa) y que por culpa de eso no intuía el Enlace que emplearía.

Ambos entrenadores alzaron sus brazos en señal de estar preparados para el combate y se transformaron.

Esta vez, Ryku se enfrentaba a un Hypno, un Pokémon de tipo psíquico. Solo había combatido contra otro del mismo tipo (el Alakazam de Sabrina) y confiaba en que no fuera tan peligroso como ese Pokémon.

El combate comenzó, pero, como el anterior, ninguna de las dos partes realizó el primer movimiento. Si algo había aprendido Ryku de los combates contra Pokémon psíquicos, era que cualquier movimiento del Hypno le acertaría tanto si volaba como si se mantenía en tierra. Lo mejor era acercarse y atacar cuerpo a cuerpo. Tal vez si repetía la estrategia que tomó contra Sabrina…

No le dio tiempo a expulsar su lanzallamas cuando todo su cuerpo se rodeó por el aura violeta del poder psíquico del Hypno. Ryku miró a su rival y tanto su moneda como sus ojos brillaban con el mismo color del aura. Incapaz de moverse, Ryku cayó a merced de su rival, el cual lo elevó en el aire y lo estampó con violencia contra el suelo. Fue un golpe doloroso, pero Ryku se recuperaba mejor de aquellos movimientos que ya le hubieran golpeado en el pasado. Alguna ventaja tenía que sacar de ello.

Ryku no permitió que el Hypno siguiera con su ofensiva y vomitó un torrente de llamas. Curiosamente, el Hypno no tuvo poder psíquico suficiente para canalizar el fuego y evitar que lo quemara. Parecía querer recibir el golpe voluntariamente y amortiguar el máximo daño posible. Aprovechó la distracción y el humo consecuente de las llamas para acercarse sin que lo detectara. Trató de no hacer ningún ruido volando bajo, pero contra un Pokémon psíquico era tarea complicada. Por suerte, logró colocarse a escasos metros del Hypno listo para golpearle de nuevo.

Pero el Hypno ya lo esperaba.

Ryku se mareó. ¿Cómo era posible? Volar no le producía náuseas y menos a tan baja altura. El mareo creció y el Charizard empezó a verlo todo distorsionado. El suelo, las rocas, incluso el propio aire se curvaba ante él. Luego el propio entorno se puso rojo y violeta. Violeta… El Hypno estaba atacándolo con otro movimiento psíquico, uno que desconocía. El mareo se intensificó otra vez y Ryku apenas soportó el dolor de cabeza que padecía. Se sentía casi como los delirios cuando se envenenaba, solo que mucho peores. Al final no aguantó más y todo se volvió blanco por un instante y al siguiente, una especie de onda invisible lo alejó del Hypno.

Se levantó de nuevo. Para su sorpresa, aquel dolor de cabeza y mareo habían desaparecido tan rápido como habían llegado. Solo notaba una ligera jaqueca que provenía de los cuernos. Seguramente estos al caer habían sido lo primero que impactó contra el suelo. Al menos hicieron su función de protegerle la cabeza contra impactos con el suelo. Sin embargo, aunque se sentía bien, aún experimentaba un poco de desorientación y veía algo borroso. Recuperó la visibilidad cuando recibió un impacto en el estómago.

Resultaba sorprendente que el Hypno hubiera puesto sus poderes psíquicos a un lado y atacara cuerpo a cuerpo al Charizard. No era común (por no decir improbable) que un Pokémon psíquico recurriera a la ofensiva cercana. Tal vez el entrenador seguía una estrategia especial, una que sus rivales no esperaban.

Daba igual. Ryku se recuperó del golpe y le propinó un aletazo cargado de energía que mandó a su rival por los aires. Intentó conectar el contraataque con un lanzallamas; con un objetivo en el aire, era imposible fallar. Sin embargo, Ryku fracasó en su concatenación de ataques cuando las llamas se apagaron en el interior de su boca, como si de repente algo le cerrara la garganta. ¿Otro truco psíquico? Por supuesto. El Hypno había usado sus poderes mientras volaba y se levantó mientras Ryku entendía (o intentaba) lo que había sucedido.

«He perdido mis llamas», concluyó. Las seguía sintiendo dentro, bullendo con ganas de salir, pero fuera lo que fuera lo que había hecho el Hypno, era incapaz de expulsar un torrente de llamas. Ryku se llevó una zarpa a la boca y fingió toser el humo resultante del bloqueo. ¿Realmente había cortado sus llamas? Simuló otro ataque de fuego sin ejecutarlo del todo y tanto las ascuas como la llamarada no estaban atascadas; solo su lanzallamas lo estaba. Habría perdido su movimiento por excelencia, pero todavía le quedaba fuego que expulsar.

A pesar de no tener el lanzallamas disponible, Ryku no varió su estrategia; seguía teniendo que acercarse al Hypno si quería dañarlo. No tenía movimientos que le ayudaran a distraerlo (el Doble Equipo no servía cuando había tantos ataques en área en contra), de modo que ganó altura a medida que reducía la distancia con su rival. Cuando estuvo casi encima, descendió calculando los movimientos de su rival y contraatacar nada más empleara sus ataques psíquicos contra él. Y no tardó en cumplirse.

El Hypno hizo girar su moneda atada a una cuerda y de ella emergió un aura azulada que cubrió todo el cuerpo del Pokémon. Por acto reflejo, el Charizard redujo velocidad en el aire por si el movimiento implicaba una nueva inmovilización, pero a medida que continuaba descendiendo más lentamente, se dio cuenta de que no era esa su intención. El Hypno hizo caso omiso de su rival y concentró más energía a su alrededor. Y justo cuando el Charizard optó por darle un coletazo con la llama del final, liberó toda la energía en un poderoso rayo multicolor translúcido que distorsionó las cercanías como ondas en un estanque. El Charizard se cubrió con las alas, pero el ataque ignoró toda defensa y le dio. El lamento que escuchó después seguramente significaba que había efectuado la psicoonda más potente que podía crear. Si era así, el poder del impacto bastaría para sentenciar el combate.

Pero nada más bajar un poco las defensas, el Hypno se topó de cara con el hocico naranja del Charizard todavía en pie. No lo había derrotado. El Pokémon de fuego no tuvo consideración alguna y acuchilló en cruz a su rival, saltó hacia atrás y escupió una bola de fuego que se convirtió en una estrella de llamas que impactó de lleno en su cuerpo. Ese fuego no se lo esperaba. Ese fuego fue el que debió anular, pero se lo había guardado hasta ahora. Las llamas lo consumieron y activaron la Prioridad Humana para extinguirlas.

Ryku regresó a su forma humana al obtener su tercera victoria.

Por una vez, el joven no se molestó en ver el estado del hombre de la capa; él mismo se había levantado y echado a un lado a la vez que el campo de fuerza de la salida desaparecía. No parecía querer darle un gesto de enhorabuena y él tenía que continuar.

Una vez más, Ryku se adentró en el laberinto de rocas de la Calle Victoria y se puso a jugar al escondite con los Pokémon salvajes de la zona. Pudo avanzar bastante hasta que un par de Pokémon de tipo roca pusieron a prueba sus habilidades de sigilo. O era muy bueno, o ellos ni se enteraban de que existía.

El siguiente campo de batalla lo halló más pronto de lo que imaginaba. Curioso. Quizá había encontrad atajos cuando se movía en silencio por el laberinto.

La situación se repetía: campo abierto rocoso y la salida cerrada al otro extremo con un entrenador delante. Iba vestido completamente de gris y sujetaba un látigo en una mano y una especie de piruleta que se movía en el otro. ¿Un molinillo? Lo levantó para indicar que estaba preparado.

Ryku vio el inminente combate difícil de ganar. La forma Pokémon que había tomado su rival era la de un Golduck, un pato bípedo de piel azul con una gema roja en la frente. Era de tipo agua, el segundo tipo más complicado de vencer con su Enlace después del tipo roca. Iba a tener que dar más de lo que era capaz si pretendía ganar.

El Golduck inició su ofensiva y no tardó en recurrir a sus ataques de agua. Si tenías la ventaja, no ocultabas la sorpresa. Abrió el pico y expulsó un montón de burbujas cargadas de energía hacia el Charizard. Este no se atrevió a bloquear el movimiento y se puso a esquivar como podía el rayo de burbujas. El Golduck tenía que respirar entre ataques, pero no paraba de emitir burbujas constantemente. Tarde o temprano el Charizard se cansaría y, entonces, sus burbujas le harían un gran daño.

Ryku estaba poniendo a prueba su velocidad y por ahora le iba bastante bien. Esquivar el rayo burbuja del Golduck no era tan complicado; solo tenía que adivinar cuándo y dónde disparaba y girar en el aire para no interponerse entre el rayo y el campo de fuerza que impedía que alcanzara el techo de la Calle Victoria. Cuando su rival tenía que recuperar el aliento entre rayos, Ryku aprovechaba el descanso para acercarse poco a poco al Golduck sin que se diera cuenta. Sus ataques cuerpo a cuerpo eran su mejor baza, igual que un combate contra un Pokémon psíquico, con la diferencia que un simple error suponía casi una derrota inmediata. Atacar a distancia seguía siendo una opción, aunque solo crearía nubes de vapor de agua cada vez que sus llamas salieran de su boca. Al final, después de varios rayos burbuja, Ryku estuvo lo bastante cerca para que una de sus alas pudiera golpear a su rival.

El Golduck reaccionó ante la cercanía del dragón naranja con tal capacidad, que su rival no se percató de que lo había golpeado al menos una vez. El ataque dio en el ala que pretendía pegarle y bastó para rechazarlo. Fue un ataque muy rápido, pero a la vez muy débil; solo habría arañado el cuerpo de su rival. Así que repitió el ataque varias veces sin que el Charizard pudiera reaccionar a tiempo. Por desgracia el dragón contraatacó nada más terminó de encadenar sus ataques. No fue con su ala, sino una cuchillada que logró repetir una segunda vez, provocando que se retrocediera.

Ambos rivales seguían cerca el uno del otro, de modo que Ryku actuó reanudando su ataque original (la cuchillada solo había sido por devolver los zarpazos) con el ala cargado de energía. Estuvo a punto de golpear cuando su cuerpo se inmovilizó. «Oh, no. ¿Él también?». El Charizard se había envuelto en un aura violeta y los ojos del Golduck brillaban con el mismo color. «Empiezo a odiar estos ataques psíquicos, casi tanto como temo los venenosos». Incapaz de hacer nada, el Golduck lo levantó, lo apartó de sí y lo estampó contra el suelo con fuerza. Al menos fue un alivio que el ataque psíquico no fuera tan potente en un Pokémon de tipo agua, aunque su enemigo trató de compensar la neutralidad arrastrándolo por el suelo unos metros.

Ryku notó el cuerpo débil. El impacto contra el suelo lo había resistido más o menos bien, pero no restregarse por el suelo rocoso. Le dolían el hocico y los brazos más que nada. Se esforzó por ponerse en pie, pero incluso las rodillas apenas conseguían equilibrarlo y sus brazos no ayudaron. Aun así, se incorporó. Aunque con inseguridad porque sus piernas aún podían fallarle inesperadamente. Necesitaba unos instantes para superar el dolor.

El Golduck no le dio esos segundos. Tenía ante él el momento perfecto para sacar la artillería pesada. Normalmente solo la empleaba con Pokémon no muy rápidos, pero el Charizard estaba aturdido, el cuerpo flojo. Debía sacarle provecho antes de que se recuperara. Saltó hacia adelante, se mantuvo a cierta distancia del dragón, cargó su boca de agua y expulsó un inmenso torrente de agua de un intenso azul con aros de espuma.

Ryku vio lo que se le venía encima. Aquello no era el movimiento pistola agua habitual, ni siquiera el típico cañón de agua a presión que vería en el Blastoise de Dylan. No, aquello era más peligroso. Mucho más. Sabía lo que ocurría si ese ataque lo alcanzaba. Forzó su cuerpo a responder correctamente y, nada más creyó que podía actuar, quiso hacerse a un lado. Pero tuvo la mala suerte de estar apoyado sobre una piedra que no estaba sujeta a nada y que se deslizó ante su movimiento. Ryku batió las alas para compensar el desequilibrio y salir volando, pero el torrente de agua se había agrandado y no tenía el impulso necesario para elevarse rápidamente.

Inevitablemente, el torrente de agua impactó en el Charizard con la misma violencia de una explosión.

La Prioridad Humana de Ryku se activó y dispersó toda el agua a su alrededor. El joven se levantó y se quedó mirando los charcos de agua mientras su rival regresaba a su forma humana.

Sin mediar palabras, el hombre usó su látigo como si aquello rompiera el campo de fuerza de la salida y se retiró a descansar. Ryku se dio la vuelta y continuó el camino hacia su siguiente combate.

Era curioso que su primera derrota en la Calle Victoria no la viera tan mala. No se podía saber quién había aplicado una mejor estrategia; tal vez los dos estaban a la misma altura. Lo que había inclinado la balanza era la diferencia de tipos. Ryku pensó que el terreno rocoso le daría alguna ventaja, pero el poder del agua fue superior. Jugó con desventaja desde el principio y la probabilidad de vencer era mucho menor que la de perder; obtener el otro resultado era más un milagro que otra cosa. Al menos impidió que su rival lo derrotara sin darle una oportunidad de golpearlo. Se sentía orgulloso de la cuchillada que le soltó.

Una derrota aceptable, pero eso significaba que podía encadenar varias seguidas si no iba con cuidado. Debía mantenerse firme y evitar que estas no lo afectaran, aunque apostaba más a perder por el cansancio que por la pérdida de moral.

Ryku solo había tenido un percance en el camino hacia el próximo campo de batalla. Un Sandslash se había puesto a excavar por todas partes y a punto estuvo de caer en uno de los agujeros que había creado. No se encontró con el Pokémon cara a cara, lo que fue bastante extraño que hiciera esos hoyos y desapareciera al terminarlos. ¿Había habido algún combate salvaje? Tampoco había marcas de otros ataques. Resultaba intrigante el comportamiento de los Pokémon salvajes de la cueva.

Ryku se deprimió cuando llegó al siguiente campo de batalla y vio al entrenador que esperaba iniciar el duelo. Vestía igual que el hombre del Enlace del Hypno, lo que significaba que el suyo también sería de tipo psíquico a menos que la ropa fuera una distracción.

Dudaba seriamente que aquello fuera verdad.

Ryku alzó el brazo casi mostrando pocas ganas de pelear. El otro entrenador le devolvió el gesto, pero no detectó la expresión del joven y creyó que estaba muy dispuesto a luchar. Momentos después, ambas personas procedieron a iniciar su transformación.

Pero Ryku olvidó que había perdido el último combate y el brazalete emitió un pitido a modo de aviso. El otro entrenador esperó a que el joven sacara uno de los reiniciadores y lo insertara en el módulo correspondiente. Unas cuantas chispas y se escuchó otro pitido. El módulo expulsó la carcasa negra del reiniciador completamente vacía. Ahora sí estaba listo para el combate y ambos pasaron a sus formas Pokémon.

Ahí estaba. Ryku observó la forma Pokémon que había adaptado su rival. El aspecto del Pokémon podía confundirse con la de un humano de baja estatura que se calzaba como un payaso o un bufón de los circos. Un Mr. Mime. Siempre alegre y siempre moviendo las manos como si tuviera una pared invisible delante. Ryku solo había visto esa especie de Pokémon en su Pokédex. «Por lo menos la lucha será contra un Pokémon poco común. Pero sigue siendo de tipo psíquico».

El enfrentamiento empezó de la manera más extraña posible. El Mr. Mime se puso a bailar mientras avanzaba hacia Ryku. A veces actuaba como si se chocara con la pared invisible que siempre parecía tener delante de sí y otras veces se escondía cómicamente detrás de alguna roca que no le cubría ni la mitad de las rodillas. Pero siempre avanzaba hacia su rival.

Ryku no entendía lo que hacía. Los Mr. Mime eran tan poco convencionales verlos en combates que cualquier cosa que hicieran era una sorpresa. ¿Estaba distrayéndolo? Qué importaba. Ryku preparó las alas para despegar (si no lo tiraban al suelo antes) o complementar su movilidad. Tampoco iba a permitir que su rival se acercara más y escupió un torrente de llamas (la anulación solo duró el combate contra el Hypno) como advertencia. Ya sabía que el Mr. Mime recurriría a sus poderes psíquicos para desviar las llamas o bloquearlas; solo quería mantenerlo ocupado unos momentos para cambiar de posición.

Oyó algo romperse; el característico sonido de un cristal al hacerse añicos. Pero eso era imposible: no había ningún cristal entre el Mr. Mime y el Charizard, ni nada que estuviera compuesto de ese material. Entonces, ¿qué se había roto? ¿Acaso las piedras no eran naturales? Qué tontería había pensado. Pues claro que lo eran. Dejó de centrarse en ello y volvió al combate.

Había perdido de vista al Mr. Mime. ¿Tan rápido se había deshecho de las llamas? Ryku buscó cualquier atisbo ilusorio que hubiera empelado el Pokémon psíquico, pero la única distorsión del aire que detectaba venía de los campos de fuerza. Ryku se sobresaltó cuando alguien lo tocó por la espalda como una llamada de atención y se giró de golpe para toparse con la cara del Mr. Mime y su amplia sonrisa. Y antes de que pudiera reaccionar, el Pokémon psíquico le propinó una bofetada. Y luego otra. Y otra. Así hasta diez veces. Ryku retrocedió con la cara enrojecida levemente oculta por su piel de escamas naranjas.

Ryku se sintió más humillado que dolorido. Aquel movimiento era más una burla que un intento de activar la Prioridad Humana de su Enlace. ¿A qué estaba jugando su rival? Esto era un combate importante, no un simple duelo entre desconocidos. Entonces Ryku cayó en la cuenta. ¿Y si lo estaba provocando para que tomara malas decisiones y fallara más fácilmente sus movimientos? Si ese era el caso, debía mantener la calma y no caer en la trampa.

Se centró en el combate y solo en el combate. Nada de distracciones. Cualquier movimiento del Mr. Mime que no fuera un ataque, ignorado. Que se divirtiera él con sus extrañas acciones.

Ryku batió las alas y se impulsó a gran velocidad hacia el Mr. Mime. Confiaba en que, si se movía muy rápido, tal vez podría efectuar un golpe antes de que el enemigo contraatacara. Añadió un lanzallamas a la fórmula para darle más dificultad a su rival.

Qué poco importaba.

El Mr. Mime demostró tener mucho poder psíquico. Con una mano extendida creó una especie de espejo que reflejaba un gradiente de colores desde el azul hasta el violeta el cual desvió todas las llamas en otra dirección. Justo después ese espejo se rompió. «Conque de ahí venía el sonido del cristal destrozado». Un momento de tranquilidad hasta que emitió un brillo de color ya familiar saliendo de cada una de las yemas de los dedos de su mano y lo detuvo en seco. Tenía las garras imbuidas de energía, listas para acuchillar a su rival, pero ya no podía terminar su ataque; estaba clavado en el suelo cual estatua.

«Cómo no. Él también conoce el movimiento». Había recibido tantas veces seguidas el mismo ataque psíquico que Ryku ya lo adivinaba antes de que se le pasara por la cabeza a su rival. De hecho, tal había sido su preparación, que su ataque con las garras incluía un método de defensa en el caso de que lo paralizara. Eso sí, iba a tener que aguantar el dolor en las alas.

El Mr. Mime lo despegó del suelo y lo llevó alegremente al centro del campo de batalla. Luego se echó hacia atrás y se puso a comprobar cuál era el mejor momento de estamparlo contra el suelo. Incluso se comportó como una persona que busca el mejor lugar donde una escultura enseñaba su esplendor al máximo en su hogar. No encontró la forma perfecta y terminó por acabar el movimiento desechando la «estatua» lanzándola contra el campo de fuerza con la suficiente fuerza para notar que el campo se había estresado y recuperado en segundos. Era la primera vez que no lo estampaban contra el suelo, pero una pared de energía tampoco era mucho mejor.

Ryku se hartó y se enfadó tanto que ignoró el dolor en la parte del cuerpo que impactó contra el campo de fuerza. Primero le había usado el ataque psíquico (que ya esperaba), y encima el Mr. Mime se burlaba de él con aquellos bailecitos y movimientos extraños. ¿Por qué el Alto Mando lo había elegido para la Calle Victoria? ¿Tan poderoso era que no necesitaba tomarse en serio el combate? No debía serlo tanto si el Alto Mando le dio una paliza.

Ryku apenas controló su ira y se abalanzó hacia el Mr. Mime. Volvió a actuar con el mismo impulso de las alas salvo que, esta vez, usó el campo de fuerza y no el suelo, lo cual le sirvió para un empujó más potente. Le salía humo del hocico, incluso alguna que otra llama pequeña, pero no iba a usar el lanzallamas. No, quería que sitiera de verdad los golpes físicos que iba a asestarle.

El Mr. Mime bostezó como si la ofensiva del dragón no fuera nada del otro mundo. Desgraciadamente para él, no calculó bien la velocidad a la que iba el Charizard y se puso muy cerca de él en cuestión de segundos. Reaccionó a tiempo creando una barrera entre ambos con la que sabía que podría contratacar en cuanto la rompiera pues lo debilitaría. Sin embargo, no salió como esperaba. La barrera se hizo pedazos y el Charizard mantuvo el rumbo de su puño cargado de energía. El Mr. Mime no esperó ese resultado y acabó recibiendo un puñetazo directo en la cara. A pesar del intenso dolor, puso otra barrera por miedo a que lo golpeara de nuevo. Hizo bien, aunque el Charizard volvió a golpear con el puño, rompió la barrera y, esta vez, no apuntó bien y el impacto se lo llevó en el pecho, entrecortando la respiración del Mr. Mime.

Ryku todavía necesitaba descargar la ira acumulada y agarró al Mr. Mime por el brazo sin que este pudiera siquiera recobrar el aliento, dio varias vueltas sobre sí mismo y lanzó al Pokémon contra el campo de fuerza como había hecho con él. La colisión contra este hizo que su cuerpo empezara a brillar y, cuando tocó el suelo, surgió la explosión de la Prioridad Humana.

El hombre se levantó con cara de sorpresa.

—Caray, chico. ¿Estás llevando una mala racha? En el final del combate parecías realmente enfadado.

—Lamento haberme desahogado contigo —se disculpó Ryku. «Aunque te lo mereces por haber luchado como si no fuera un combate importante»—. Es que en casi todos los duelos que llevo me han hecho el mismo movimiento de inmovilizarme y lanzarme contra algo y ya estaba harto.

—Entiendo. Bueno, sigue avanzando; ya has llegado a la mitad de la prueba. Un poco más y habrás terminado. Buena suerte.

El entrenador señaló la salida y el campo de fuerza se desvaneció. Ryku se despidió con todo el buen humor que pudo acumular, aunque fuera poco, y volvió al camino.

Había que decir que aquella victoria le había sabido a poco. Sí, había ganado y eso era muy bueno después de perder el anterior combate. Pero le hubiera encantado que su rival aguantara algunos golpes más; se los hubiera dado con ganas para terminar de descargar la ira que había despertado en él.

Algo estaba descubriendo en esta prueba. Estaba pasando de tener miedo de los Pokémon de tipo psíquico a casi aborrecerlos. O tal vez lo que detestaba fuera el movimiento que lo paralizaba. Venía a ser lo mismo: si tenían el movimiento en su set y lo utilizaban en combate, se ganaban el odio por su parte. «Seguro que no soy el único que lo hace. Alguno odiará mi lanzallamas tanto como yo el psíquico».

Mientras pensaba en aquellas cosas, Ryku no se percató de que el camino estaba siendo más insólito. Las grandes rocas estaban disminuyendo su tamaño, y no de manera natural. Los Pokémon salvajes tampoco se mostraban en la cercanía; como mucho escuchaba a algún Zubat y Golbat más allá del campo de fuerza. Eso empezaba a pasar de la rareza al temor. ¿Por qué no había Pokémon salvajes en aquella zona?

Luego de avanzar un poco más, Ryku divisó un socavón en el camino. Uno de casi cuatro metros de profundidad y distancia. No era un problema para su Enlace, pero al otro lado había un buen puñado de rocas que levantaban una montaña que casi alcanzaba el límite de su vuelo. No valía la pena ir a otro lado si no se podía continuar. El único camino era seguir la línea que creaba el socavón.

Ryku observó el hoyo mientras lo rodeaba. Parecía ser reciente; debía de haberse creado apenas unos días, quizá una o dos semanas. No había dudas de que el causante había sido un Pokémon (los humanos ya tenían bastante con los campos de fuerza como obstáculo), quizá varios. Ryku miraba tras de sí de vez en cuando no fuera que los Pokémon de la cueva atacaran por sorpresa.

Casi había llegado una de las paredes naturales de la cueva. Podía ver a lo lejos un agujero en esta enorme, de más de ocho metros de diámetro. El camino hacia adelante seguía bloqueado por las rocas. ¿Debía atravesar el túnel? No estaba seguro de que ese fuera el caso.

—¡Eh, aspirante! ¡Aquí!

Ryku miró a su alrededor hasta encontrar cerca del agujero a una persona llamando su atención. Agitaba los brazos para que fuera más fácil detectarla. Se acercó a la persona y se quedó frente a esta al otro lado del socavón. Entonces pudo fijarse más en la persona. Era una mujer de piel oscura, cabello corto y castaño oscuro y brillantes ojos color miel. Vestía con el uniforme de los empleados de la Liga Pokémon, aunque no llevaba la gorra.

—Has tomado un mal camino —dijo—. El bueno era ir por la derecha. El socavón hubiera desaparecido y hubieras podido continuar sin problemas.

—Entonces, ¿el agujero no es parte de la prueba? —preguntó Ryku.

—A menos que te interese desafiar a un Onix de la Calle Victoria, no. Y ese Pokémon no es como los que te toparías fuera de este monte. Aquí son gigantescos y miden entre trece y quince metros. ¿Este socavón y ese túnel que ves? Cosa suya.

Ryku tragó saliva. El Onix de Brock no debía medir eso; como mucho alcanzaba los nueve metros. Desde luego que no quería enfrentarse a uno que casi era dos veces más grande.

—¿Y qué hago ahora? ¿Doy marcha atrás y tomo el camino que me has indicado?

—Sería lo más adecuado, sí. Pero también perderías bastante tiempo y eso sería malo para superar la prueba, ¿no crees? —La mujer le guiñó un ojo—. Yo estoy aquí para avisar a los que se toman el camino erróneo y ayudarlos a ir por el correcto. Me he encargado de abrir uno entre tantas piedras (ya me lo agradecerás si nos volvemos a ver) que te llevará directo al siguiente campo de batalla. Eso sí, no te he librado de toparte con otros Pokémon de la cueva, así que ve con cuidado. Solo tienes que venir a este lado del socavón. Deja que te ayude.

—No hace falta.

Ryku activó su Enlace y solo tuvo que batir sus alas una vez para saltar y aterrizar al otro lado del socavón.

—Bonito Enlace de Charizard tienes ahí —dijo la mujer mientras Ryku volvía su forma humana—. Debió costarte lo suyo conseguir que el Pokémon te permitiera crearlo.

—No tanto como imaginas, pero sí. Tuve que demostrar que era digno antes de que me lo diera.

—Sí, conozco esa sensación muy bien —dijo la mujer entre risas. Acompañó a Ryku hasta el primer giro del camino—. Te sorprendería la cantidad de Pokémon de tipo fuego que son reticentes a que exista un humano con su Enlace.

—¿Eres entrenadora de Enlace? —preguntó Ryku.

—Ya me gustaría. Pero ya tengo suficiente con este trabajo. En fin, se acabó socializar. Tienes una prueba que superar y ganar. Buena suerte, aspirante.

Ryku se despidió de la mujer y ella regresó al borde del socavón. Era una persona carismática, aunque tal vez estar encerrada en la Calle Victoria esperando a algún aspirante que se eligiera el camino incorrecto y guiarlo por el adecuado hasta el final de la sesión del día era lo que causaba que hablara como si llevara semanas sin ver a una persona. No había visto nada que la mantuviera entretenida en las largas esperas, pero tampoco parecía importarle. La saludaría de nuevo si la encontraba fuera de la Calle Victoria.

Tal y como la mujer había anunciado, llegar al siguiente campo de batalla fue un paseo más que moverse entre rocas laberínticas. Estaba bien tener una parte más tranquila sabiendo que aún quedaba camino por recorrer.

La primera impresión que le dio a Ryku al ver al entrenador al que se iba a enfrentar era que no le había esperado y ya tenía en Enlace activo. O eso daba a entender el disfraz que vestía. ¿Era un Charizard? El color naranja decía que sí, pero en realidad se asemejaba solo en eso. Tal vez la distancia que los separaba hacía que no lo viera bien.

De todas formas, aquello no era lo importante. Ryku alzó el brazo para darle la señal al entrenador. Él le devolvió el gesto y ambos procedieron a adquirir su forma Pokémon. Después, se estudiaron mutuamente antes de iniciar la pelea.

«Otro Pokémon poco común». Ryku observó al Pokémon rival, especialmente la larguísima lengua que salía de su boca sin ningún pudor. Era pequeño en comparación a su forma de Charizard (que no se podía decir que fuera alto) y toda su piel era rosada salvo la zona de la barriga donde había unas rayas color crema y dos círculos en las rodillas. Sus brazos y piernas eran bastante rechonchas igual que la cola que salía por detrás y tenía lo que debían ser unas garras (o pezuñas) redondeadas.

Un Lickitung. Una especie Pokémon que no vivía en Kanto, pero que formaba parte de la Pokédex de la región. Todo cuanto sabía de ese Pokémon era que su lengua era su punto fuerte, capaz de manejarla mejor que su propio cuerpo.

El combate empezó con Ryku buscando la ventaja aérea. El Lickitung era lento (eso decía la Pokédex), por lo que la distancia que los separaba era suficiente y no podría evitarlo. Se alegró de que por fin pudiera recurrir a una de sus mejores ventajas sin que lo derribaran a los pocos segundos. Ahora solo debía mantener la ventaja.

El Lickitung no se movió del sitio y apenas alzó la cabeza mientras el Charizard se alejaba de él por el aire. Costaba adivinar qué estaba pensando realmente cuando sus ojos eran dos simples puntos negros hasta que se movió hacia una roca cercana. La agarró con una sola extremidad, se la pasó a la lengua y se acercó corriendo a su rival. El Charizard no se preocupaba por la velocidad a la que fuera, sino por lo que haría con la roca que escondía en la lengua. Se movía de un lado a otro preparando un esquive.

El Pokémon de piel rosada dio un salto pequeño y lanzó la roca hacia el Charizard. Como era de esperar, el dragón evitó que la roca impactara y se apartó de la trayectoria de caída. Había tardado mucho en realizar el ataque, por lo que resultó muy fácil organizar la forma de evitar el impacto. Incluso cabía la posibilidad de romper la roca con un Megapuño. Pero Ryku no se fiaba de la lentitud del Lickitung. No cuando el Alto Mando lo veía como un buen rival de la Calle Victoria. ¿Qué ocultaba ese Pokémon?

Ryku se dispuso a escupir un torrente de llamas desde arriba y, cuando miró abajo, el Lickitung no estaba en el suelo, sino subiendo como si tuviera alas. La sorpresa hizo que Ryku se atragantara con sus llamas y retrocediera. Entonces el Lickitung actuó y lamió con su larga lengua todo el cuerpo del Charizard como si fuera una señal de afecto. Ryku sintió náuseas y casi estuvo a punto de vomitar, pero las ganas desaparecieron cuando unos picores brotaron donde el Lickitung le había lamido, como si fuera alérgico a su saliva. ¿Acaso era posible? Los picores fueron a más y forzó a Ryku a descender. Todavía mantenía el vuelo, aunque con dificultades.

El Lickitung sacó ventaja de la corta distracción de su rival y le liberó de los picores con un impacto con todo su cuerpo sobre el Charizard. Se impulsó como una bola de cañón usando su lengua, pero su bajo peso apenas hizo que su rival retrocediera un par de metros y aterrizara del todo.

Los picores pasaron a un segundo plano a cambio de un débil dolor en la barriga. Ryku lo había resistido bastante bien (había recibido peores impactos) y consiguió centrarse mejor en el combate.

No tardó el reiniciar el anterior ataque y proyectar un lanzallamas hacia el Lickitung. Este trató de esquivarlo empujándose con la lengua, pero las llamas fueron más rápidas y abarcaron mucho más terreno del que pudo moverse. Fue bastante efectivo, pues el rival se lamentaba de las quemaduras.

Era el momento adecuado para encadenar otro ataque y Ryku no se lo pensó dos veces. Redujo la distancia con el Lickitung en un instante y le asestó un gancho con el movimiento Megapuño. Su enemigo en el aire estaba en total desventaja y en una posición perfecta para volverlo a quemar con las llamas.

Sin embargo, Ryku se quedó en la última posición de su ataque. Su cuerpo no le respondía. ¿Es que ahora todos los Pokémon conocían el ataque psíquico? Pero ese no fue el culpable; Ryku recuperó la movilidad apenas unos segundos después. Lo que significaba que estaba sufriendo parálisis. ¿Cuándo había ocurrido? ¿Los picores del lengüetazo del Lickitung causaban este efecto? Quizá había perdido su ventaja de velocidad por ese estado. Ryku pensaba que la parálisis surgía principalmente de Pokémon eléctricos con sus ataques, pero el Lickitung le había demostrado lo contrario.

De hecho, el Pokémon rosado se recuperó en el aire y expulsó de su cuerpo una auténtica descarga eléctrica. Ryku no se esperaba aquello y la parálisis anterior no le permitió esquivarlo. Recibió un impacto directo de un rayo acompañado de una explosión.

El humo trajo consigo una corta pausa que tanto Ryku como su rival tomaron para descansar. Ryku intentó que los calambres no lo afectaran demasiado mientras evitaba que se atragantara por el humo. El Lickitung amortiguó la caída al suelo con su lengua y se lamió la zona donde había recibido el puñetazo.

El rayo del Lickitung había sido menos doloroso de lo que esperaba. El Persian había demostrado tener más dominio y poder de ese movimiento. Aun así, su debilidad seguía permitiendo que hasta un Pokémon que no era eléctrico naturalmente le hiciera bastante daño. Ryku ya sentía que apenas soportaría varios movimientos más. Esperaba que su rival estuviera en la misma situación.

El humo se disipó y el combate se reanudó al instante. El Lickitung ya había preparado su siguiente movimiento y estaba envuelto en un aura blanco y brillante. Se agachó apuntando con la cabeza y se propulsó con su cola hacia el Charizard. Entonces, la energía que lo envolvía cobró una mayor intensidad y lo convirtió en un proyectil de luz. Ryku no reconoció el movimiento, así que fue a lo seguro y se dispuso a esquivar el ataque. «No te paralices, no te paralices», pensó. El Lickitung aumentó su velocidad y ya estaba a punto de golpear al Charizard cuando este, aliviado de su éxito personal, se hizo a un lado y se cubrió con las alas al ver que el Lickitung había chocado con el suelo y había liberado la energía de su movimiento en una onda de choque.

Ryku retrocedió unos metros y se reincorporó al momento para contratacar. Su rival se había quedado algo aturdido tras la última embestida y se movía mareado. Ryku voló hacia él y le asestó un ataque ala como si fuera una bofetada. El Lickitung dio una vuelta sobre sí mismo y se liberó del atontamiento. Pero antes de que tuviera una oportunidad de reaccionar, Ryku le soltó un torrente de fuego a escasos metros que no pudo evitar. El daño fue directo y lo bastante intenso para que surgiera una luz que cegó al Charizard y lo lanzó por los aires.

Ryku aterrizó sin problemas. Aquel empuje solo sirvió para alejarlo, no para dañarlo. Segundos después, su Enlace se desactivó automáticamente al haber accionado la Prioridad Humana del Enlace de su rival. Había conseguido una nueva victoria.

—Espera —dijo el hombre disfrazado. Ahora que Ryku lo veía más de cerca, sí que se parecía al de un Charizard. Pero de uno mal hecho—. En algún momento del combate has sufrido de parálisis, ¿no?

—Sí, ¿por qué te interesa saberlo?

—Porque seguro que nadie preguntó si los estados que sufres en un combate se mantienen en el siguiente.

Era verdad. Nadie había formulado esa pregunta en la ronda de dudas previa al inicio de la prueba.

—Solo quiero que sepas que los brazaletes de la competición curan los estados al cabo de unos minutos —dijo el hombre disfrazado—. Tendrás que ir con cuidado de camino al siguiente campo de batalla, pero antes de que llegues allí, lucharás con el Enlace restaurado.

—Bueno saberlo. Gracias.

El hombre disfrazado asintió, señaló la salida y el campo de fuerza desaparecido. Ryku se despidió de su rival y se adentró una vez más en el camino laberíntico.

Siguió el consejo del hombre disfrazado y tomó especial precaución para no encontrarse con ningún Pokémon salvaje mientras su Enlace no estuviera en plenas condiciones. Tal vez debería usar un repelente y jugar a lo seguro. Entonces Ryku se percató de que el paquete no contenía más que tres repelentes. Había tomado una buena decisión mantenerlos hasta este punto de la prueba. Era una buena forma de hacerla más difícil.

Como si los combates contra los entrenadores no lo fueran ya. Los dos últimos combates los había ganado por la ira propia y la lentitud del rival. Jamás se había enfrentado a un Mr. Mime ni a un Lickitung y ambos habían sido una caja de sorpresas (el Lickitung más que el Pokémon psíquico). Si algo estaba aprendiendo en esta prueba, era que cada Pokémon tenía a su alcance movimientos que de manera natural no podría aprender. Hasta ahora no sabía las posibilidades que las Máquinas Técnicas podían ofrecer. Una pena que la Pokédex no tuviera esos datos.

Ryku pasó desapercibido entre un Ryhorn enfadado porque un Marowak estaba provocándole con el hueso. ¿O lo estaba domando? El Marowak no atacaba al Ryhorn, sino que lo castigaba con un par de golpes y lo obligaba a retroceder. Y este cargaba a la mínima que viera al Pokémon distraerse. Ryku se dio cuenta que había un Cubone no muy lejos, aprendiendo de las acciones del Pokémon de su línea evolutiva. ¿Sería su madre? ¿O quizá algún familiar? Ryku pensó en el Cubone de Pueblo Lavanda. Esperaba que le fueran bien todo.

Tras ascender por unas escaleras grabadas en la roca, Ryku alcanzó el siguiente campo de batalla con una peculiaridad en su terreno: las rocas tenían vegetación. Hongos, musgo, helechos… nada destacable, en realidad. Pero se agradecía ver algo verde entre tanta roca. Tanto que no se molestó en ver al entrenador vestido de naranja al otro extremo.

—¿Quieres perder el tiempo admirando la flora local o prefieres superar la prueba? —le recriminó.

Ryku le dedicó una mirada furiosa por mucha razón que tuviera. No lo había dicho cordialmente, precisamente. Hizo la señal de estar preparado y no esperó a que su rival activara su Enlace a la vez que él. Si tanta prisa tenía él también por terminar el combate, que lo demostrara.

Hojas largas y verdes, sin brazos, tres cabezas y un cuerpo marrón. Un Exeggutor. Esas caras atolondradas hacían que Ryku pensara cuál era la que empleaba el entrenador para ver y comunicarse. ¿O usaba las tres a la vez? Resultaba intrigante lo que sentía un entrenador cuando su Enlace era de un Pokémon des tres cabezas, pero eso no importaba. Que fuera del tipo planta, sí. También era psíquico, lo que le daba cierto desánimo. Ya contaba con aquella inmovilización con el aura violeta en algún momento del combate.

Y las facultades psíquicas del Pokémon planta no tardaron en aparecer cuando Ryku inició el combate usando su movimiento lanzallamas y este lo bloqueó y desvió colocando un cristal redondo que emitía una enorme variedad de colores frente a él. Ryku repitió el movimiento y el resultado no varió. No obstante, el Exeggutor empezaba a mostrar indicios de no poder mantener ese cristal mucho tiempo cada vez que lo creaba. Insistiendo más, saborearía el calor de las llamas.

Ryku se dispuso a lanzar por tercera vez el lanzallamas, pero el Exeggutor lo paralizó con los seis ojos brillando de color violeta. Ahí estaba. El movimiento por excelencia de cualquier Pokémon psíquico. Ryku sufrió un daño muy fuerte en el cuello cuando cayó y chocó del revés con el suelo. Fue como si le hubieran estampado tres veces seguidas. Por suerte, con tantas veces que lo había recibido, se reincorporó en un instante y lanzó el tercer lanzallamas que le había impedido efectuar.

El Exeggutor no esperó una recuperación tan inmediata y el cristal de colores se desestabilizó por el abuso del movimiento y por no haberse concentrado lo suficiente. Las llamas consumieron su cuerpo a una velocidad anormalmente rápida. Ahí estaba la debilidad de los Pokémon de tipo planta. Unas llamas así le habrían arrebatado una cantidad elevada de vitalidad.

Ryku sonrió. Sabía que contra un tipo planta, a menos que tuviera un tipo secundario que lo resistiera, su fuego era fatal. Y como el psíquico no mostraba ni resistencias ni debilidades, el Exeggutor padeció todo el peso del calor sofocante del fogonazo. Si recibía otro impacto así, lo más seguro es que el combate finalizara. Solo debía acertar una vez más.

Una extraña nube verde empezó a invadir el campo como polen expulsado de las hojas del Exeggutor. Por un momento, Ryku no sabía qué movimiento estaba realizando el Pokémon planta hasta que su mente le soltó la voz de alarma. «No respires ni te muevas». Lo escuchó como el aviso que le dio Cetile en la ruta 14. Aquellos polvos verdes eran somníferos. Desde luego era una mala idea dormirse en pleno combate.

Ryku aguantó la respiración cuando la nube de polvo verde lo rodeó. Desgraciadamente, el joven no era capaz de contener el aire por mucho tiempo. Si la nube no se disipaba antes, caería víctima del sueño. Tenía que salir de ahí, pero no debía moverse. ¿O aquello solo fue para que no se metiera en los polvos que soltó Cetile? Los pulmones de Ryku pronto demandaron oxígeno. Apenas toleraría más tiempo sin él. Tuvo que arriesgarse y alzó el vuelo.

Ryku pudo volver a respirar. La nube de somnífero era densa, lo que significaba que cubría más terreno horizontal que verticalmente. Menos mal, de lo contrario habría tenido que dejarse afectar por el sueño. Pero ahora el terreno estaba cubierto por la nube de polvos verdes y el Exeggutor no aparentaba disminuir su producción. ¿Dónde estaba, por cierto? No se le veía con tanta nube de polvo. Ryku dio una vuelta por el aire a ver si daba con su rival, pero no hubo forma. La nube ya se volvió un incordio más que un peligro. Ryku tuvo una idea para dispersarla y descendió hasta el límite de contacto con la nube. Entonces se puso a batir las alas con fuerza, levantando oleadas de viento que empujó el polvo verde lejos de sí. No tenía tanta fuerza para producir un fuerte viento, pero bastó para que la nube se dispersara y desapareciera atravesando los campos de fuerza.

Entonces lo localizó. El Exeggutor se había trasladado al otro extremo del campo de batalla. Probablemente intentó atacarlo mientras Ryku evitaba caer dormido. ¿Es que no había visto que su Enlace tenía alas? Seis ojos, y ninguna de las cabezas lo había pensado siquiera.

Ryku aterrizó y se preparó para un nuevo ataque. Pero segundos después de tocar tierra, empezó a sentirse cansado como si hubiera estado corriendo durante horas sin parar. ¿Tanto lo había agotado batir las alas con tal de dispersar la nube verde? No, no tenía tan baja resistencia empleando las alas. Debía ser otra cosa. Entonces Ryku lo entendió. El aviso de Cetile era literal. «No respires y no te muevas». No sabía por qué exactamente, pero la nube lo había afectado débilmente e hizo efecto poco después de salir de esta.

Al Exeggutor le gustó que Ryku no se pudiera mover con facilidad. Eso lo mantendría sin escupir las llamas por un tiempo. Corto, pero suficiente para darle un golpe gratuitamente. Uno que no podría evitar incluso después de que volviera a la acción. El Exeggutor sonrió (aunque las tres cabezas siempre estaban alegres) y escupió una andanada de semillas hacia el Charizard. Algunas de ellas ni siquiera alcanzaron su objetivo y se quedaron a mitad de camino, pero con que solo una tocara el cuerpo del Charizard bastó. Aquella semilla germinó y una enredadera brotó y creció por todo el cuerpo del dragón naranja. Ryku se libró de algunos tallos que querían sellarle la boca, la única parte del cuerpo que se libró.

A pesar de estar cubierto de plantas, Ryku solo estaba centrado en recuperar la energía que el somnífero le había arrebatado. Solo era un efecto temporal como casi cualquier efecto en pleno combate. Necesitaba despertar su cuerpo como fuera. Entonces, las plantas se pusieron a brillar con un aura verde y lo cubrieron con un aura roja. Acto seguido, Ryku gritó. Aquella planta se había pegado a su piel y le estaba succionando la energía. Solo duró unos segundos, pero el dolor que sintió no. Por suerte, aquello fue suficiente para que su cuerpo volviera a la normalidad.

Lo primero que hizo Ryku fue probar de deshacerse de la planta que rodeaba su cuerpo. Rechazó la idea tras comprobar que estaba tan pegada a él que podría arrancarse pedazos de sí mismo con la planta si se excedía. Era mejor dejarlo como estaba y concentrarse en el Exeggutor. Este disfrutaba absorbiendo una bola de luz verdosa sobre él. «Esta planta le está dando vida. Mi vida. Debo terminar con el combate antes de que me la drene toda».

Ryku se dispuso a lanzar otro lanzallamas, pero el Exeggutor reaccionó antes y lo inmovilizó con su poder psíquico. Lo elevó en el aire y Ryku esperó un nuevo impacto contra el suelo. De todos los Pokémon que habían usado el movimiento contra él, el Exeggutor había sido el único que lo había usado dos veces. Rezó para que el choque no desactivara su Enlace. Pero el Exeggutor se abstuvo de terminar el movimiento y lo mantuvo en el aire, esperando. Ryku se sintió molesto. ¿Otro que actuaba como el Mr. Mime? Pero el Pokémon planta no lo admiraba, sino que aguardaba a que la planta de su cuerpo volviera a drenarle energía, cosa que hizo a los pocos segundos. Era una táctica rastrera; el Exeggutor estaba atacándolo solo con la planta, curándose y pudiendo sentenciar el combate con el ataque psíquico. Cómo detestaba esa clase de estrategias y los entrenadores que la empleaba.

La planta absorbió la energía de Ryku hasta tres veces antes de que el Exeggutor cometiera un error que debió haber previsto. No pudo mantener la inmovilización más tiempo y Ryku cayó suavemente. Su Enlace todavía aguantaba por poco. El Pokémon planta estaba distraído absorbiendo la energía de la última bola de luz verdosa, casi regocijándose. Ryku aprovechó su despiste para acercarse un poco y escupirle un torrente de llamas directo a las tres cabezas con forma de coco.

Al final dio igual cuanto se curase el Exeggutor; ningún Pokémon de tipo planta sobrevivía a un buen fogonazo.

La Prioridad Humana del Enlace del Exeggutor se activó y Ryku retrocedió para no cegarse con la luz. Poco después, su Enlace se desactivó con normalidad.

—Sí, sí. Has ganado. Enhorabuena y todo eso. Sigue adelante y no pierdas el tiempo —dijo el entrenador. Apagó el campo de fuerza de la salida y se marchó a descansar sin siquiera despedirse. Ryku hizo lo mismo.

«Eso le pasa por ir a la defensiva», pensó Ryku. «El ataque psíquico era el único movimiento ofensivo. El resto solo le valían para sobrevivir». En cierta medida, no se hubiera molestado por aquella planta que le drenaba la vida cada cierto tiempo si en el combate no hubiera dependido casi completamente de ella. Tal vez creyó que aguantaría otro ataque de fuego, pero él, como supuesto buen entrenador de Enlace de tipo planta, debía saber que no tendría todas las garantías. Debió haber sentenciado el combate con el ataque psíquico después de dos drenajes de la planta. Entonces le habría ganado. Le pudo el instinto de supervivencia.

«Debió haber sido más ofensivo, más táctico». Es algo que le enseñó de Antorcha. Estaba bien defenderse, aunque solo cuando sabías que no podías esquivar ni contraatacar. Siempre que existía la posibilidad había que golpear, hiciera poco o mucho daño, y ser constante en el ataque. Detenerse en mitad del combate significaba perderlo. Debía demostrar en todo momento que las peleas contra un Charizard eran un gran reto que superar. Siempre fuerte, nunca débil.

Salvo cuando luchabas en una muy clara desventaja, como en el camino entre campos de batalla. Había varios Pokémon salvajes y estos no entendían de turnos con los que atacar. Un paso en falso, y en cuestión de segundos podías tener a cuatro, incluso seis, Pokémon deseando darle una paliza. No tenía tan arraigado el espíritu competitivo de un Charizard como para enfrentarse a tantos Pokémon a la vez.

Al llegar al siguiente terreno de combate, la entrenadora que iba a ser su rival estaba distraída mirando una roca. No fue hasta que Ryku hizo notar su presencia que la mujer se levantó de sopetón y se recolocó el pelo terminado en una cola de caballo. Se disculpó con una inclinación de cabeza y levantó el brazo en señal de estar dispuesta para el combate. Ryku hizo lo mismo y ambos procedieron con sus respectivas transformaciones.

El combate no comenzó nada más adquirir sus formas Pokémon, sino que los dos entrenadores se dedicaron unos segundos a estudiarse. Lo primero que se preguntó Ryku al ver a su rival fue si el terreno rocoso no le resultaba un inconveniente. No daba la sensación, pero ver a un Dewgong con su piel blanca, el cuerno en la cabeza y una alegre cara fuera del agua era lo mismo que ver a un Diglett volando. Aun así, el Pokémon era de tipo agua y, aunque también fuera de tipo hielo, cualquier Pokémon que conociera movimientos que eran muy dañinos contra su Enlace impulsaban a ir con cuidado contra ellos.

Terminado el análisis, Ryku inició su ofensiva con un tanteo de las capacidades de su rival. Cargó su boca de fuego y soltó un lanzallamas. El Dewgong se defendió contratacando con un rayo de burbujas que estallaron al contacto con el fuego. Definitivamente el Pokémon blanco tenía habilidades efectivas contra su Enlace. Lanzó otro torrente de llamas para comprobar su aguante al abusar de un mismo movimiento y el Dewgong demostró no tener esa debilidad como el Exeggutor.

El segundo contacto directo de los ataques creó una enorme cantidad de vapor de agua que acabó convirtiéndose en una niebla que disminuyó la visibilidad en el campo de batalla. Ryku se dispuso a disipar el vapor con sus alas o alejarse por si el Dewgong daba una sorpresa con otro ataque a distancia. Cualquiera de las dos opciones valía.

Pero ninguna sucedió.

Cuando Ryku extendió las alas para salir volando, el Dewgong cargó con todo su cuerpo y lo golpeó. Ryku retrocedió, algo aturdido por el súbito ataque de su rival. El Dewgong también se hizo daño pues sufrió el mismo estado que el Charizard. Aquello no había sido un mero placaje; no se habría hecho daño con su propio ataque.

Ambos Pokémon se recuperaron a la vez del impacto, pero el Charizard actuó más rápido, envolvió una de sus alas de energía y barrió al Dewgong con esta. Lo mandó volando por los aires a la vez que disipaba el vapor de agua que todavía seguía en forma de niebla. Ryku quiso encadenar el movimiento con un lanzallamas cuando sintió que de repente la temperatura del ambiente descendió drásticamente.

La niebla se solidificó y se convirtió en cencellada al entrar en contacto con el suelo.

Ryku se acostumbró rápido al frío gracias a su cuerpo caliente. Miró hacia donde había mandado volando al Dewgong y lo vio expulsando un viento helado de su boca. A ese viento lo acompañaban copos de nieve que parecían pequeñas cuchillas al contacto con su piel. No había forma de escapar de aquel movimiento pues el Dewgong lo estaba cubriendo todo de nieve y viento frío. Y para su sorpresa, el Pokémon blanco terminó por atacarlo con el movimiento. Ryku trató de esquivar, pero la nieve se había convertido en hielo y resbaló, quedando a merced de la ventisca del Dewgong.

El Pokémon blanco detuvo su ataque al padecer la falta de aire que producían los movimientos que salían de la boca. Pero ya había herido a su rival y no había necesidad de continuar.

Ryku derritió la montaña de nieve que lo había cubierto casi por completo (solo la llama de su cola lo impedía) y se secó el cuerpo con una sacudida. Si no se resfriaba era gracias a su Enlace de fuego. Se calentó el cuerpo dejando que unas llamas brotaran de su boca y volvió al combate.

El terreno ahora era una pista de patinaje, llena de hielo y nieve. El Dewgong se había encargado de convertir el terreno a su favor. Con un cuerpo como el suyo, deslizarse por el hielo sería como patinar mientras que a Ryku lo desequilibraría constantemente. Ahora tenía mucha más movilidad. Suerte que el Charizard podía sobrevolarlo sin problemas.

El Dewgong usó sus aletas y su cola para desplazarse por el campo de batalla. Controló el estado del hielo y de cuánto tiempo pasaría antes de que se derritiera bien de manera natural, bien por las llamas de su rival. Sus deslizamientos ponían en alerta al Charizard, el cual mantenía las distancias en todo momento, vigilando. No iba a ser capaz de desaparecer de su vista con facilidad, así que dejó de ir de aquí para allá y atacar.

Se impulsó con las aletas hacia una zona donde las rocas congeladas habían adoptado una forma como la de un tobogán. Se deslizó y salió volando hasta la misma altura que el Charizard y cargó una bola de luz azulada en su boca que proyectó varios rayos azules hacia el dragón naranja. Este no tuvo muchas dificultades de esquivar el movimiento, pero no contó con que podía redirigir el rayo sin tener que lanzarlo de nuevo y lo tuvo dando vueltas hasta que tuvo que amortiguar la caída. El rayo no consiguió acertarle.

Ryku devolvió el ataque con su lanzallamas, pero el Dewgong se había vuelto lo suficientemente rápido y las llamas apenas se acercaban a la punta de sus las aletas traseras. Solo consiguió desarrollar más vapor de agua al derretir el hielo del campo y, por tanto, más ventaja a su rival.

«No está bien. Tengo que sacrificar mi fuego para ver el terreno», pensó Ryku. «Estoy quedándome a su merced en todo momento». El Dewgong seguía moviéndose con gracilidad por el campo helado. No jugaba en desventaja después de todo. Ryku no tenía más opción que limitar el uso de su fuego y pasar al cuerpo a cuerpo.

El Dewgong cargó contra Ryku con el cuerno que le sobresalía de la cabeza por delante y envolviéndose en un aura de energía blanquecina que le recordó al ataque del Lickitung. A pesar de la niebla que había resurgido, la energía que desprendía el movimiento fue como la luz de un faro en un día oscuro y permitió a Ryku hacerse a un lado con desenvoltura. Pero a diferencia del Pokémon rosa, el Dewgong solo había usado el movimiento como distracción, ocultando la bola de luz azulada en el aura de energía blanca. El Charizard no se lo esperó y recibió el impacto directo de los rayos azules.

Ryku patinó por el suelo helado sintiendo un frío que llegaba hasta los huesos. Su calor interior y el de la llama de su cola lo ayudaron a elevar de nuevo la temperatura corporal, aunque a un ritmo más lento por culpa de los rayos los cuales habían sido precisos en su golpe. Su Enlace estaba perdiendo la fuerza para proteger su verdadero cuerpo y pronto se desactivaría.

No tenía más remedio. O atacaba con todo ahora, o perdía el combate. El lanzallamas lo repondría más rápido, recuperaría la velocidad que había perdido con el ataque de hielo y alcanzaría al Dewgong. Crear niebla, golpear de cerca. Su rival se encargaría de ser la luz que indicara su posición. Era lo mejor que se le ocurría.

Se preparó para propulsarse de un movimiento de patas y un batir de las alas. Pero el impulso no lo llevó a ninguna parte más que a darse de bruces contra el suelo. Ryku se lamentó y miró a sus patas. Una de ellas estaba congelada, encerrada en hielo que no se rompió a la fuerza. Los rayos de hielo no solo lo habían herido, sino que también lo habían inmovilizado.

Y no pudo deshacerse del bloque de hielo antes de que el Dewgong se deslizara y lo derribara con un impacto con el cuerpo. Aquel placaje fue lo que el Enlace de Ryku necesitó para activar la Prioridad Humana y descongelarlo todo con su luz.

—¿Estás bien? —preguntó la entrenadora. Estaba tumbada al lado de Ryku, que se había quedado mirando al techo de la cueva.

—Sí. Aunque no estaría de más tener un entorno más caluroso —respondió.

—Lo normal al acabar mis combates, entonces —sonrió ella.

Ryku y la entrenadora se levantaron, se dieron la mano y se despidieron. Mientras se dirigía a la salida, Ryku usó otro reiniciador y se guardó la carcasa vacía en la mochila una vez terminada su función. Antes de abandonar el campo de batalla, se resbaló con un pedazo de hielo que no se había derretido todavía, pero recuperó el equilibrio y miró tras de sí algo avergonzado. La entrenadora ni lo había notado.

De nuevo en el camino laberíntico, Ryku analizó mentalmente su nueva derrota. Siendo objetivos, la entrenadora había sido mejor que él. Mucho mejor. Se había valido solo de sus movimientos de hielo y normal para vencerlo y únicamente había usado uno de sus ataques de agua. Ryku apenas había cambiado su táctica de fuego creyendo que la neutralidad de tipos le otorgaría más poder en sus principales ataques. Pero se equivocó. ¿Qué esperaba? Nunca se había enfrentado a un Pokémon de tipo hielo y solo había ideado estrategias contra el Enlace de un Lapras. El Dewgong no era un Lapras. Aun así, aquella derrota había sido un muy buen primer contacto con el tipo hielo. Ya no lucharía a ciegas.

Pero sí anduvo a ciegas. Ryku estuvo tan centrado analizando el combate que se había olvidado de mantenerse escondido entre las rocas hubiera o no Pokémon salvajes y se topó con un Ryhorn que estaba rascando su cuerno en una roca. Con tan solo dar un paso más, el Pokémon lo descubrió y rebufó. Ryku lo fue rodeando poco a poco y alejándose de él, siempre quedándose a la vista del Pokémon (no había razón para buscar un escondite) y que este lo vigilara. No había iniciado ninguna ofensiva, por lo que quizá solo quería que lo dejaran en paz. Ryku no ignoró la exigencia y logró escaparse sin que lo persiguiera. De hecho, volvió a escuchar al Pokémon rascar la roca con su cuerno.

Había sido el único encuentro donde el Pokémon no se mostraba tan hostil como todos los demás que había en la cueva. Era, por mucho, lo que menos esperaba ver en la Calle Victoria.

Ryku alcanzó un nuevo campo de batalla con otro entrenador esperándole. Este tenía las manos metidas en los bolsillos de su traje deportivo naranja. Curiosamente, vestía igual que el entrenador del Enlace del Exeggutor. Confiaba en que no fuera tampoco tan fardón.

Y empezó mal al no molestarse siquiera en realizar la señal de disposición y llevarse la mano directamente a su brazalete. Al menos respetó que Ryku hiciera lo mismo antes de activar su Enlace.

Tras la transformación. Ryku perdió de vista a su rival. Su Enlace era de un Pokémon pequeño que no llegaba ni al metro y medio de altura. Fue el chasquido de unas pinzas lo que le ayudó a centrar la vista en el Pokémon que se había transformado. Lo más llamativo era la pinza izquierda, mucho más grande que la derecha y quizá, que su cuerpo entero. Este tenía una especie de corona de espinas en la parte superior de la cabeza y su mandíbula inferior llena de algo similar a colmillos. Se sostenía sobre cuatro delgadas patas que resultaba impresionante que fueran capaces de soportar el peso de la gran pinza. Solo el naranja y el blanco cubrían la dureza del cuerpo.

A Ryku siempre le había parecido graciosa la gran pinza del Kingler, demasiado grande para un cuerpo tan pequeño. Pero las risas terminaban ahí. Sabía que un Kingler bien entrenado podía llegar a ser un enemigo formidable. Y volvía a luchar en desventaja por tipo elemental. Había que prepararse para cualquier cosa.

El Kingler empezó abriendo su gran pinza y expulsando un torrente de burbujas que brillaban en un elegante tono azul. Ryku esquivó el movimiento con facilidad y lo hizo otra vez cuando el cangrejo volvió a disparar el mismo rayo de burbujas. Como no salía de su boca, el Kingler no se cansaba de lanzar el mismo ataque una y otra vez obligando al Charizard a centrarse en esquivar y no en contraatacar.

De tanto evitar que el ataque de agua lo alcanzara, Ryku no se dio cuenta de que el Kingler estaba lentamente comiéndole terreno, acercándose a él. No fue hasta que vio mucho más grande la gran pinza que cambió la táctica y escupió un lanzallamas más por nervios que por obligarlo a alejarse. Obviamente, aunque el ataque de fuego fue un golpe directo por la cercanía, el Kingler ni se inmutó y su gran pinza pareció cortar las llamas en dos con el cuerpo del Charizard como objetivo. Por suerte, Ryku había usado también su ataque de fuego para salir volando y ganar la ventaja de la altura.

La calma no le duró mucho. El Kingler retomó su ofensiva de los rayos de burbujas, insistiendo más y más en pretender darle con aquel movimiento. Lo único que había cambiado del combate era que ahora Ryku esquivaba los movimientos en el aire.

Pero el Kingler lo entendió. El Charizard era más rápido que él y era capaz de prever las trayectorias de sus ataques. No importaba la posición del campo de batalla que tomara, él tenía un campo de visión superior y estaría listo para evitar sus ataques.

Su solución fue volverse omnipresente.

El Kingler se puso a brillar por completo como si estuviera evolucionando y empezó a dividirse en otros Kingler. Ryku maldijo lo que estaba viendo. Doble Equipo. En cuestión de segundos, había más de una docena de Kingler repartidos por todo el campo de batalla. Y, por si fuera poco, todas las copias se cruzaron y mezclaron, dificultando todavía más localizar al verdadero Pokémon.

¿Cómo iba a descubrir el punto débil de la técnica? Si bajaba, todos los Kingler lo atacarían con sus grandes pinzas, algo que prefería que no sucediera. Y por culpa del tamaño, no sería tan sencillo ver aquello que revelara al legítimo Pokémon. ¿Ganaría algo si él también usaba sus copias? Podría servir. Si el Kingler quería esconderse a plena vista, él también lo haría.

Las copias de Ryku murieron apenas emergieron. Los Kingler se habían puesto a disparar su rayo de burbujas a todo Charizard que aparecía, incluso al auténtico. No valía la pena malgastar su energía y finalizó su Doble Equipo. Había empleado la suficiente para mermar ligeramente su capacidad de reacción. Los Kingler lo vieron y centraron los rayos de burbujas hacia él. Fue cuestión de tiempo de que una de ella le diera por fin. Los ataques de las copias no hacían prácticamente nada de daño; un pellizco dolía mucho más. Pero la constancia y la imposibilidad de escapar del múltiple ataque por mucho que lo intentara provocó que Ryku descendiera.

Las copias del cangrejo no habían parado de lanzar su rayo de burbujas para mantenerlo ocupado después de tocar suelo. Ryku intentaba localizar al Kingler auténtico, pero los rayos de burbujas emborronaban su visión cuando le daban en la cabeza igual que sumergirse en una piscina. Aun así, había algo extraño en todo esto. Todos los rayos de burbujas eran delicados, ninguno hacía el potente daño típico de un ataque de agua sobre un Pokémon de tipo fuego. Esto no le gustaba. ¿Dónde estaba el verdadero Kingler?

Entonces, Ryku sintió como algo lo agarraba con fuerza. No cabía duda de que era la gran pinza de uno de los Kingler. Forcejeó por liberarse, pero el Kingler (copia o auténtico) lo tenía bien atrapado. Era imposible zafarse por muchas veces que lo intentara. De hecho, cada vez que se movía, la pinza lo restringía más y más hasta el punto de que notó que casi le faltaba el aire y la parte atrapada del cuerpo le dolía mucho. Ryku gritó, incapaz de soportar el agarre. En un último intento de soltarse, Ryku miró a la cabeza del Kingler y le soltó un torrente de llamas. Desgraciadamente, el cangrejo lo atenazó más y cortó casi de inmediato las llamas. No había duda: era el Kingler auténtico. De lo contrario hubiera desaparecido como cualquier copia.

El Kingler alzó al Charizard y, con una mirada aviesa, lo estampó contra el suelo. Y como el dragón estaba dolorido por el agarre, tuvo la oportunidad ideal de cargar su gran pinza con una energía blanca azulada del cual emergían burbujas y atizar con este sobre el cuerpo del Charizard como un martillo golpea un clavo. El impacto fue tan brutal, que el Enlace de Ryku se desactivó y la Prioridad Humana mantuvo a salvo al joven.

Ryku salió del pequeño agujero que había formado el cuerpo del Charizard y se sacudió la ropa. No sabía exactamente qué había pasado, solo que había perdido en un tiempo récord.

El Kingler regresó a su forma humana y sacó una mano con tal de abrir la salida del campo de batalla. Se despidió de Ryku con un gesto chulesco y se retiró a descansar.

Ryku todavía le daba vueltas al combate mientras caminaba hacia el siguiente campo de batalla. ¿Qué había pasado exactamente? En tan solo tres golpes había perdido el combate, pero no había reconocido ningún movimiento de tipo agua que causara mucho daño. Un agarre, un impacto con fuerza contra el suelo y un golpe con la gran pinza. El rayo de burbujas no le dio en ningún momento (los de las copias ni siquiera se contaban como movimientos) y un agarre y un choque contra el suelo no eran tan potentes para desactivar su Enlace. Dolió, sí, pero no era suficiente. Debió ser ese ataque con la gran pinza. Era el único que no reconocía. ¿Cuánto poder tenía para finalizar el combate de un solo uso? La única explicación que encontraba era que se tratara de un movimiento de tipo agua y la ventaja sobre su tipo elemental lo hiciera más letal.

Ya se encargaría en otro momento de estudiar los movimientos Pokémon. Ahora había que terminar la prueba. Solo le quedaba un combate por delante y no estaba dispuesto a encadenar una nueva derrota. Dos seguidas se aceptaban, tres no.

Ryku empezó a notar que el camino laberíntico se iba desvaneciendo. También notó que el techo empezaba a descender, a contactar con el campo de fuerza de arriba. Un último esfuerzo que suavizaría con los repelentes que le quedaban. Una cantidad adecuada para no volver a toparse con Pokémon salvajes en lo que quedaba de prueba.

Ahí estaba. El último campo de batalla. En este combate marcaría definitivamente sus victorias y derrotas en la Calle Victoria. Ryku estaba decidido a ganar (como cualquiera), pero lo hacía también por no acumular más derrotas. Estaba más centrado que nunca.

Por su parte, la entrenadora al otro extremo se divertía haciendo sonar al aire el látigo que portaba. Vestía como el domador con que se había encontrado con anterioridad, pero en vez de llevar ropa gris, era de un fucsia tan intenso que se la podría ver a decenas de metros de distancia. Tenía el pelo atado con una coleta y una flor en la otra mano.

Enredó el látigo y lo lanzó fuera del terreno de combate. La flor se la guardó en el bolsillo del chaleco donde se pudieran admirar sus pétalos (algo inútil pues el Enlace lo ocultaría bajo la forma Pokémon que adquiriera) y alzó el brazo.

Ryku levantó el brazo y ambos entrenadores brillaron mientras obtenían sus formas Pokémon. Ryku dio un bote para precalentar las alas ya que iba a darles más uso en este combate, fuera cual fuera el Enlace de su rival. Esperó que la entrenadora dejara de brillar y entonces contempló su forma Pokémon.

Un Victreebel. Una planta tan grande como un Charizard que destacaba principalmente por el capullo en forma de jarra coronado por una tapa que no era más que una hoja verde con un pecíolo marrón que caía hasta la base del cuerpo del Pokémon planta. Tenía dos grandes hojas por brazos y unos ojos bajo el agujero donde sobresalían dos colmillos.

Ryku ocultó una sonrisa. Un Pokémon de tipo planta le daba de nuevo una gran ventaja. Y no poseía habilidades psíquicas, algo que agradecía, pero tampoco podía alegrarse. El Victreebel era de tipo veneno. Y si lograba envenenarlo, no se garantizaba la victoria. Rezó por que el Pokémon no conociera movimientos de tipo veneno.

Era de esperar que un Pokémon que no tenía piernas se moviera con dificultad por un terreno no apto al suyo. Y no podía congelarlo para adaptarse mejor. El Victreebel se movió a base de saltos aquí y allá y sacó de detrás de sus hojas brazos dos látigos que movía con suma destreza. Ryku reconocía un látigo cepa cuando lo veía y, aunque era un movimiento que casi no le hacía daño, el Victreebel podía concatenarlo varias veces igual que sus cuchilladas. El Pokémon planta dio un salto más fuerte y desde el aire lanzó uno de sus látigos. El Charizard lo esquivó con suma facilidad tanto este como el siguiente. El Victreebel realizó unos cuantos golpes más hasta que el Charizard, en un intento de demostrar que no le hacía nada, desvió un látigo con la garra y logró enroscarlo en su brazo. El dragón trató de arrancárselo con la zarpa libre, pero el otro látigo se enredó en esta y extendió los brazos.

El Victreebel no tenía idea de lo que estaba haciendo. Ryku se había dejado atrapar para, a su vez, controlar el movimiento del Pokémon planta. Pero este volvió a botar y escupió por su boca un extraño líquido morado que se esparció en el aire y dio en Ryku. El Charizard temió lo peor. Aquel ataque parecía venenoso y no quería caer en la locura. No obstante, aparte de oler fatal, el fluido era más corrosivo que venenoso. Sintió como todas las partes donde había un poco quemaban, escocían. Luego la sustancia desaparecía convertida en vapor. Notó su cuerpo más débil, más incapaz de aguantar el daño de ataques físicos. Y un picor casi inaguantable. Pero nada venenoso. Suspiró aliviado.

Entonces retomó su estrategia. El Victreebel creyó que, como ya había terminado su ataque, era el momento de retirarse y cambiar de táctica. Pero el Charizard no se lo permitió. Agarró con sus garras los látigos antes de que el Pokémon planta los retrajera y tiró de ellos. El Victreebel voló incontrolablemente hacia él y Ryku cargó de energía una de sus alas y le asestó un ataque ala directamente lo más cercano a los ojos de su rival. Dirigió el movimiento para que el Pokémon planta se estampara contra el suelo.

Ryku no se contuvo ni un instante y disparó a quemarropa un enorme torrente de llamas que carbonizó al Victreebel hasta tal punto que el humo que surgió olía a un bosque ardiendo. Los dos golpes fueron tan intensos que bastaron para desactivar el Enlace del Victreebel y su Prioridad Humana alejó al Charizard de la zona a la vez que desactivaba su Enlace.

—Fuerza bruta. Mi mayor debilidad. La estrategia que siempre acaba conmigo —dijo la entrenadora mirando al techo—. Y encima mi rival resistía mi Enlace como un Pokémon volador ignora los ataques de uno de tierra. Cómo odio que eso suceda.

«Así me siento yo con los Pokémon rocosos», pensó Ryku. Quiso decirlo, pero la entrenadora no estaba iniciando un diálogo. Así que esperó a que se levantara y le quitara el bloqueo de la salida del campo de fuerza.

—Ya te he hecho perder un tiempo valioso —dijo la entrenadora—. No desaproveches ni un segundo más hasta que hayas cruzado la línea. Estás a nada de alcanzar el final de la Calle Victoria.

Ryku no necesitó que se lo repitieran y siguió su consejo. Se despidió deprisa y abandonó el campo de batalla.

Lo que quedaba de trayecto era el más simple. Las paredes laberínticas se habían encogido, quedando meros muros que eran muy fáciles de saltar si tenías la habilidad. Ryku no desaprovechó todas las oportunidades, salvo en el último encuentro con un Pokémon salvaje al cual tuvo que esperar a que huyera por el efecto del último repelente y una ocasión que no calculó bien el salto y le hizo ir cojeando unos metros.

El cansancio empezó a afectar su ritmo, aunque no importaba. Ya se veía el final desde donde estaba: un agujero con unas puertas cerradas al fondo. Ryku realizó un último esfuerzo, saltó la última barrera y cruzó el umbral del agujero.

Una alarma sonó.

Ya no hacía falta correr más. Ryku había terminado la prueba de la Calle Victoria.