—Ryku… Ryku… Ah, aquí —dijo uno de los trabajadores de la Liga Pokémon. Abrió la caja y sacó las pertenencias del joven—. El brazalete Enlace y la mochila.

Ryku se alegró de que por fin que sus posesiones aparecieran. Desde que había salido de la Calle Victoria, se había pasado sentado más de una hora a que alguien le dijera que sus cosas habían llegado. Había sido un tiempo de lo más aburrido donde lo único que había hecho fue comer algo y beber. Ya pensaba que se encontraría con el siguiente aspirante que terminara la prueba.

—¿Puedes darme la tarjeta de aspirante, por favor?

Ryku arqueó una ceja. ¿Por qué se la pedían si ya sabían quién era? La sacó de la mochila y se la dio. La mujer se dirigió a un ordenador cercano y se puso a introducir sus datos. Luego de un rato, regresó con otra tarjeta. Tenía un plastificado diferente, más brillante, con una pegatina en la parte inferior derecha.

—Como la prueba durará bastante tiempo, todos los aspirantes que la hayan superado pueden alojarse en el hotel Trileme mientras esperan a que termine. Una habitación individual con desayuno, comida y cena incluido.

Ryku cogió la tarjeta, muy sorprendido. ¡Menudo lujo! Creía que tendría que pasar los días en algún albergue diseñado para los aspirantes o que habría un edificio con habitaciones como el del otro extremo de la Calle Victoria. Un hotel con todos los gastos pagados era como una exageración, pero si los que organizaban la Liga Pokémon se lo podían permitir, ¿quién era él para decirles nada?

—¿Cómo encuentro ese hotel? —preguntó.

—Busca los símbolos del agua, el fuego y la planta. Es el único edificio que los tiene.

Ryku se retiró a ponerse de nuevo su brazalete Enlace y luego abandonó el edificio.

La Meseta Añil no había cambiado en absoluto desde la vez que la visitó hace años. Era como una especie de urbe pequeña donde en el centro de todo estaba el inmenso e imponente estadio de la Liga Pokémon. Se notaba mucho la clase de combates Pokémon que se celebraban en su interior. El Alto Mando daba siempre un espectáculo año tras año. Y también se notaba que la ciudad se nutría de este. Si Isla Canela resultaba incómodo por lo turística que era, esta lo superaba con creces. No había empezado realmente el evento público de la Liga Pokémon y ya se veían adornos y tiendas de comida por cualquiera de sus calles como si ya celebraran el nacimiento de un Campeón. Desde luego sus habitantes (la Meseta Añil era como cualquier otra ciudad, aunque nunca daba la sensación) debían tener mucha actividad el mes de la Liga Pokémon.

Ryku llegó al hotel Trileme siguiendo las indicaciones de la mujer. No fue difícil encontrar los símbolos elementales pues se veían desde casi el otro lado de la calle. Cuando entró en la recepción, la primera impresión fue de suntuosidad, como si fuera un hotel de gran prestigio. Unas escaleras que se partían en dos para hacer hueco a una estatua que representaba los tres elementos, un pasillo de columnas de mármol, muebles de alta calidad… ¿Tendría cinco estrellas? No, no era esperable que los organizadores de la Liga Pokémon se tomaran la molestia de tratar tan bien a los aspirantes. ¿Verdad? A medida que avanzaba hacia la recepción, no podía negar lo obvio.

—Bienvenido al hotel Trileme. ¿En qué puedo ayudarle? —lo recibió un hombre vestido de azul. Casi parecía un marinero si no fuera por el color.

—Soy aspirante de la Liga Pokémon. Me dijeron que podía alojarme aquí durante el evento.

—¿Tiene la tarjeta de identificación?

Ryku le dio la tarjeta y el hombre la examinó en detalle. Después de verificar que no era falsa, le pasó un escáner y comprobó los datos en la pantalla de su ordenador.

—Todo está en orden. Un momento, por favor.

Ryku esperó a que el recepcionista terminara con el ordenador e hizo unas comprobaciones adicionales antes de dejar sobre la mesa una tarjeta roja.

—Su habitación es la 456. Puede llegar allí usando el ascensor a su izquierda. El restaurante está abierto de siete a nueve de la mañana para el desayuno, de una a tres de la tarde para la comida y de ocho a diez de la noche para la cena. Que pase una agradable estancia.

Ryku cogió la tarjeta y llamó al ascensor. Un panel encima de los botones de cabina le indicó que su habitación estaba en la planta cuatro. Cuando salió, solo tuvo que dejarse llevar por los paneles numerados para dirigirse a la puerta con el número correcto.

La habitación era pequeña, pero para nada austera. Había una lámpara en el techo que se activaba con un panel táctil, una mesa donde dejar sus cosas con unas lámparas redondas pegadas a la pared, una televisión encima que apuntaba a la cama individual acompañada por dos mesitas de noche, una de ellas con una lámpara que daba miedo tocarla por si se rompía y la otra con un teléfono. A través de otra puerta se encontraba el lavabo con lo básico para asearse, pero con más lujo del que realmente debería tener. Y al otro extremo había una puerta corredera de cristal que daba a un balcón.

Ryku dejó la mochila sobre la mesa y se lanzó sobre la cama, todavía cansado de la Calle Victoria. Era increíblemente cómoda, quizá mejor que estar sobre una nube o algún Pokémon de pelaje muy suave. Casi estuvo a punto de dormirse si su cuerpo no le recordara que no era el momento adecuado. Pero es que se estaba tan bien…

No había dormido nada, pero sí se había quedado contemplando el techo blanco cual Slowpoke mirando la nada. Un quejido de su estómago hizo que mirara el reloj del brazalete por primera vez desde antes de iniciar la prueba. ¿Por qué no lo había hecho antes? Seguramente tenía otras cosas en las que pensar. Ahora, sin ir más lejos, tenía hambre. Y el restaurante estaba abierto viendo la hora que era.

Ryku se hartó de comida. Sí que había consumido energía entre viajar por la Calle Victoria y pelear diez veces seguidas en menos de tres horas. ¿Habían sido menos de tres horas? Esperaba que sí, aunque llenarse el estómago era más importante ahora que preocuparse de si había superado la segunda fase.

Quedaba bastantes horas de sol, así que Ryku decidió dar un paseo por la ciudad. Solo había estado una vez hace muchos años y solo recordaba los increíbles combates contra el Alto Mando en el estadio. Todo lo demás de su estancia en la Meseta Añil era borroso. Tal vez recordara algo moviéndose por sus calles. Y, sobre todo, encontrara algo con lo que entretenerse en los próximos días.


Aburrimiento. La ciudad seguía preparándose para el gran evento, pero apenas había locales abiertos. Las noches no se iluminaban con todos los adornos (salvo aquellos días en las que se probaron) y la gente hacía vida normal como si no se acercara el mayor acontecimiento de la región. Lo único que le daba algo de vitalidad eran los aspirantes que habían superado la prueba, cada día llegaban tres o cuatro a registrarse al hotel y a hacer un poco de turismo por la ciudad.

Ryku conoció a algunos de ellos. Habían hecho un grupo para pasar el tiempo hasta que los llamaran y volvieran a ser rivales durante lo que quedara de la Liga Pokémon. De lo que más se hablaba era de los combates contra los líderes de Gimnasio y todos eran reticentes a hablar de la Calle Victoria; se buscaba mantener la sorpresa de quienes la habían superado, aunque ninguno lo supiera.

Y antes de que lo hubiera esperado, la ciudad se activó. Cientos de personas llegaron por el STA de la Meseta Añil en las afueras y la urbe los recibía con los brazos abiertos. Las calles olían a comida a todas horas, al igual que había algún que otro espectáculo al aire libre, especialmente en el lago, al oeste. El estadio era lo único que no se había encendido todavía.

Uno de esos días, Ryku estaba picoteando algo de una tienda cuando escuchó su nombre entre tanto griterío. No le dio importancia hasta que lo escuchó más veces y entonces se puso a buscar a quien lo llamaba. Fue bastante fácil; esa diadema verde era inconfundible.

—Hola, Cetile. —Ryku no se había percatado de que la acompañaba otra persona, una mujer más alta, con kimono y una diadema para el pelo rosa con una flor—. Oh, y hola, Erika.

La líder de Gimnasio sonrió e inclinó la cabeza a modo de saludo.

—¿Qué os trae a la Meseta Añil? —preguntó.

—Pues lo mismo que a ti, solo que desde otro punto de vista —dijo Cetile.

—Ah, claro.

—Cada año los líderes de Gimnasio vienen a ver a los aspirantes combatir contra el Alto Mando. Es ya una tradición —dijo Erika—. Espero verte a ti en esos duelos, Ryku.

—Todo depende de lo bien que me vaya en las pruebas para luchar contra el Alto Mando.

—¿Dónde está Dylan? —preguntó Cetile.

—Seguirá esperando su turno para iniciar la prueba de la Calle Victoria. Le tocó un número bastante alto, por lo que tardará en dejarse ver por la ciudad. —Ryku se quedó pensativo—. Si el número de aspirantes que la superan al día no varía, puede que sea esta semana.

—Vaya, yo pensaba que ya habíais terminado con todo eso de las pruebas a estas alturas.

—Apenas la pasan tres o cuatro personas al día. No es nada sencillo, créeme.

—Te lo dije, Cetile—dijo Erika—. Podríamos haber esperado una semana más y entonces podrías haberte reunido con tus dos amigos.

—Sí, supongo que me precipité. Lo siento. Pero no vamos a volver a casa, ¿verdad? Ya que hemos venido, podríamos conocer la ciudad.

—Si es lo que quieres, lo haremos.

A Cetile se le dibujó una enorme sonrisa en la cara y de la nada sacó su cámara de fotos.

—Llámanos cuando Dylan haya terminado la prueba, ¿vale, Ryku?

—Claro.

Cetile se alejó y se puso a curiosear por la calle, haciendo fotos a todo lo que le llamaba la atención.

—Y yo que creía que solo fotografiaba la fauna y flora lejos de las ciudades —dijo Ryku un tanto sorprendido.

—Es una señal de que está muy emocionada —explicó Erika. No le quitaba el ojo de encima a su prima—. ¿Sabes?, Cetile nunca se ha interesado por la Liga Pokémon. Ni una sola vez. Ni siquiera cuando la ayudé a conseguir su Enlace de Venusaur. Y desde que volvió a Ciudad Azulona, ha estado entrenando como si fuera a realizar el reto de los Gimnasios o la mismísima Liga Pokémon.

Ryku miró a Erika con los ojos abiertos.

—Creía que solo tenía el Enlace para defenderse, no para realizar combates.

—Yo también lo creía, pero insistió bastante. Es posible que tenga estrategias para conseguir mi medalla si se lo propone. —Erika le dedicó una sonrisa—. La ha debido influenciar tu viaje por la región recolectando medallas, al igual que Dylan.

Eso sí era una sorpresa. Cetile siempre dejó claro que no tenía un Enlace para combates Pokémon, sino para defensa personal mientras fotografiaba la flora y los Pokémon de tipo planta de una zona. Qué singular era pensar que ahora la podría ver tanto estudiando como combatiendo.

—Sería divertido tener un combate contra ella. O verla combatir.

—Lo segundo es más seguro que lo primero —aseveró Erika—. Dylan y tú sois muy fuertes para su actual experiencia. Algo me dice que se negaría si se lo propusieras.

Ryku contuvo una carcajada al imaginarse la escena.

Cetile empezó a alejarse más y más y obligó a Erika a seguirla. Antes de despedirse de Ryku, le entregó su número de holomisor por si acaso su amiga no respondía por lo distraída que estuviera en ese momento. Acto seguido, desapareció entre la multitud.

Ryku recibió una llamada de Dylan días más tarde. Al fin había terminado su prueba y se dirigía al hotel donde se alojaban todos los aspirantes. Ryku lo esperó en la puerta principal.

Cuando lo vio, el joven de pelo azul oscuro se veía exhausto. O no hacía ni una hora que había superado la prueba de la Calle Victoria o le sobraba energía para recorrer el camino que separaba el edificio de la ciudad.

—Deberías descansar, ¿no crees? —le preguntó Ryku.

—No hace falta que me lo repitan dos veces; estoy molido. ¿Qué hora es? —Dylan miró el reloj del brazalete—. ¿A qué hora se come en este hotel?

—De una a tres de la tarde.

—Quedan unas dos o tres horas. Voy a descansar hasta entonces. Luego hablamos.

—De acuerdo. Le diré a Cetile que ya estás en la ciudad. Se alegrará de verte.

Dylan miró a su amigo y preguntó:

—¿Ha venido con sus padres?

—Con Erika. Sus padres son más de ver la Liga Pokémon en la pantalla gigante de la plaza central de Ciudad Azulona a la vez que disfrutan de la fiesta con sus amigos. O eso dice.

—Ya veo. —Dylan bostezó—. Me encantaría volver a ver a nuestra amiga, pero mi cuerpo me dice lo contrario. Y prefiero derrumbarme en una cama que en este suelo.

Dylan entró en el hotel y Ryku miró la hora que era. Había quedado con Cetile y Erika en la orilla del lago para ver otras competiciones que se celebraban en la ciudad. Unos buenos pasatiempos antes del plato principal que era la Liga Pokémon. Y una buena forma de divertir a la gente que llegaba a la ciudad. Cada día que pasaba, las calles estaban más y más llenas de personas. Habían montado hasta una pantalla en una de las plazas para el público que no pudiera ver en directo los combates de la Liga Pokémon.

Las carreras acuáticas resultaron ser más emocionantes de lo que Ryku pensaba. Se imaginaba que hubiera algún que otro combate como prueba dentro del circuito, pero solo había obstáculos que hacían que el primer puesto no estuviera claro hasta el mismísimo final.

Ryku regresó al hotel a la hora de comer. Dylan no estaba en el restaurante, así que le dio un toque de advertencia por si se le pasaba la hora. Tardó media hora en responder y menos de cinco en bajar.

—Me he quedado dormido. Esa cama es increíblemente cómoda —dijo Dylan como excusa (aunque tenía razón en lo de la cama)—. Es increíble que nos alojen en este hotel; es de los más caros de la ciudad.

—A mí también me lo parece —dijo Ryku. Cogió un plato de carne con verduras y lo dejó en la bandeja—. ¿Será algún tipo de compensación por el retraso que hubo con el líder de Ciudad Verde?

—O tal vez siempre ha sido así y no lo sabíamos.

Ryku se encogió de hombros. Tampoco es que le interesara el tema. Cogió un refresco y un vaso y se fue a una mesa libre. Dylan lo siguió después de elegir el plato que se llevaba.

—¿Y qué tal te fue la Calle Victoria? —preguntó Ryku—. Agotadora por lo pronto, eso está claro.

—Cómo a todos. Que si evitas que los Pokémon salvajes te ataquen, que si haces varios combates seguidos, que si el camino laberíntico es un incordio...

—Pero tú lo tenías fácil —replicó Ryku—. Tienes un Enlace de tipo agua y la mayoría de Pokémon de la Calle victoria eran de tipo roca, tipo tierra o ambos.

—Díselo al maldito Arbok que me estuvo mordiendo el caparazón y no me envenenó de milagro. —Dylan dio un bocado de ira a su comida—. Y mira que recurría al sigilo en todo momento, pero o era porque habían pasado muchos aspirantes antes que yo que habían luchado contra los Pokémon salvajes o el terreno se derrumbaba muy fácilmente.

—Tal vez tuve ventaja, entonces. Aunque sí me resbalaba alguna que otra vez porque había una roca mal colocada. —Ryku bebió un poco del refresco—. ¿Cómo te fueron los combates contra esos entrenadores?

—Seis victorias, dos empates, dos derrotas —respondió Dylan—. Estos combates han aumentado mi odio a los Pokémon de tipo planta, en serio. No se lo digas a Cetile.

Ryku se rio.

—Lo mismo puedo decir yo a los del tipo psíquico por culpa de su movimiento por excelencia. He pasado de temerlos a aborrecerlos.

—Veo que tú también has detestado el combate contra ese Enlace de Mr. Mime, ¿eh?

—¿Tanto se nota?

Los dos se rieron.

—¿Cómo lograste dos empates contra dos de los entrenadores? —preguntó Ryku, intrigado—. Yo no conseguí ninguno por mucho que quisiera.

—Cada combate tenía un tiempo límite. Cuando se superaba, todo Enlace activo se neutralizaba y el entrenador rival lo daba por finalizado. Era fácil obtener el empate si teníamos el mismo tipo elemental.

—Entiendo. Todos mis combates fueron o bien neutros o una de las dos partes era débil al otro. La verdad es que hubiera dado lo que fuera por tener un combate contra otro tipo fuego. Hubiera tenido mayores posibilidades de conseguir más victorias o, como mínimo, un empate.

—No te lo recomiendo —dijo Dylan seriamente—. Un combate que dura tanto puede llegar a ser aburrido. Y en el caso de la Calle Victoria, el tiempo era muy importante.

—Ojalá me hubiera apuntado la hora que era cuando empecé la prueba —se lamentó Ryku—. Desconozco cuánto tardé y espero que no haya excedido las tres horas.

—Ya somos dos. No nos queda otra que esperar.


Un mensaje sonó por los altavoces de toda la ciudad y se oyó hasta en las afueras que avisaba del fin de la prueba de la Calle Victoria. Había llegado el momento de revelar los resultados a los aspirantes. El mensaje indicó un lugar en los alrededores del estadio donde debían ir todos en la próxima hora.

Fue fácil para Ryku y Dylan localizar dicho edificio, solo había que seguir a los demás entrenadores y ver donde se congregaban. Lo hacían frente a una carpa gigante de tela blanca. La entrada estaba actualmente cerrada (habían llegado con antelación), pero ya había un par de trabajadores con sus trajes verdes pidiendo las tarjetas de identificación y confirmando la asistencia de los aspirantes. Optaron por abrir la carpa cuando ya habían llegado todos.

Lo único que había dentro de la tienda era un escenario con una pantalla grande y algunos focos para iluminar el recinto. Los aspirantes debían quedarse de pie mientras miraban a los trabajadores ir y venir por el escenario. Los focos se encendieron y dieron paso al pequeño espectáculo que se estaba formando.

Hiroyuki apareció en el escenario con su característico traje negro y sus gafas de sol. ¿Veía algo con la luz a media intensidad de los focos? Dio unos golpes al micrófono que sujetaba y el sonido amplificado estremeció a las filas más cercanas al escenario. Se disculpó por ello.

—¡Hola, aspirantes! Antes de nada, enhorabuena por superar la segunda fase de la Liga Pokémon con éxito. Me imagino que no ha sido un camino para nada sencillo (sobre todo porque a algunos Pokémon de la Calle Victoria decidieron hacer reformas en la cueva). Pero aquí estáis, demostrando que ni siquiera eso os detiene. Es digno de admirar.

Muchos de los entrenadores se sintieron halagados, incluso se oyó un «y no has visto lo mejor» por algún lado de la carpa que desató algunas risas entre los aspirantes.

—Cierto, cierto. No he visto nada. De hecho, no veo nada ahora mismo. Un momento. —Hiroyuki se quitó las gafas de sol y las dejó colgando del bolsillo de la chaqueta—. Mucho mejor. Ahora puedo contemplar bien a los posibles nuevos Campeones de la región. Vamos a hablar de la tercera fase de la Liga Pokémon.

La pantalla se encendió, pero no había imagen.

—Supongo que no tengo que explicar en qué consiste dicha fase, ¿verdad? —continuó Hiroyuki. No había ni una cara que se lo cuestionara—. La parte más emocionante de la Liga Pokémon: el desafío del Alto Mando. Cuatro combates contra los cuatro mejores entrenadores de Kanto y el último obstáculo a batir y conseguir el ansiado título de Campeón que nadie ha logrado en bastante tiempo. —Dejó que la gente pensara en lo que pasaría si lo lograban, aunque las caras que reconoció al inicio de la segunda fase sabían lo que venía a continuación—. Pero solo unos pocos podrán hacerlo. El Alto Mando es muy exigente con sus rivales y solo quieren entrenadores que suponen un reto para ellos. De ahí que exista la prueba de la Calle Victoria. —Un gesto llamó su atención y vio un pulgar arriba. Ya estaba todo listo—. Solo seis de vosotros y un entrenador de la anterior edición tendrán la posibilidad de luchar por el título de Campeón. Y esos seis entrenadores ya han sido elegidos según los resultados que realizaron en la Calle Victoria.

»Recordad que insistí en que lo hicierais dándolo todo. Pues bien, estos son los nombres de los entrenadores que desafiarán al Alto Mando.

El primer nombre apareció en el recuadro de más a la izquierda de los seis que aparecieron la pantalla. El afortunado fue un entrenador de Ciudad Fucsia que saltó de alegría cuando se enteró. Luego apareció el segundo, una entrenadora de Ciudad Azafrán. Dylan tuvo un brote de felicidad al ver el nombre de su ciudad, pero desapareció al fijarse en el resto de la información. El tercero era alguien de Pueblo Lavanda, algo que sorprendió a muchos pues la gente de allí no solía participar en estos eventos. Solo quedaban tres recuadros. Y estando en el ecuador, a los trabajadores o a Hiroyuki les había parecido divertido mantener la tensión entre los aspirantes por ver su nombre en uno de esos recuadros. Finalmente, el comentarista hizo una señal a sus compañeros y apareció el nombre del cuarto afortunado.

Ryku, de Pueblo Paleta.

El joven no pudo contener un gesto de victoria que casi golpeó al entrenador que tenía delante. Lo había conseguido. Había superado la segunda fase de la Liga Pokémon y estaba a solo cuatro combates de demostrar su poder y honrar el Enlace que recibió de Antorcha. Dylan le dio la enhorabuena.

El quinto nombre apareció y la felicidad cayó a una joven de Ciudad Carmín. Solo quedaba uno, el sexto. Ya se veían caras de entrenadores que habían entendido que su posibilidad no había llegado y que les daba igual el nombre que apareciera en la pantalla. Otros estaban muy expectantes por quien sería el último contendiente del Alto Mando; dedos cruzados, ojos cerrados y algún rezo sutil. La espera parecía eterna a pesar de no haber pasado ni quince segundos. Hiroyuki levantó el brazo para dar más emoción al momento y con un chasquido de los dedos, surgió el nombre del último ganador.

Hubo tantas lamentaciones entre los entrenadores que eclipsaron al que lo había conseguido: Dylan, de Ciudad Azafrán. Solo Ryku, de entre los más cercanos a él, se alegró de que también lo hubiera logrado.

—Ya pensaba que no iba a aparecer mi nombre —dijo Dylan—. Ha sido una grata sorpresa. Ya verás cuando lo sepan mis padres.

—Pues anda que los míos —sonrió Ryku.

—Atención, por favor. Prestad atención de nuevo —llamó Hiroyuki—. Que nadie abandone la carpa, que esto no ha acabado todavía.

Los entrenadores que ya tenían un paso fuera de la carpa se volvieron y se quedaron dentro.

—Primero, muchas felicidades a los seis entrenadores elegidos. Habéis demostrado estar a la altura de las exigencias del Alto Mando. Os lo merecéis —continuó Hiroyuki—. Pero eso no significa que el resto no se merezcan algo también, ¿verdad? Como ya mencioné previamente, alguien de la edición anterior va a desafiar al Alto Mando junto a los seis elegidos. Este entrenador pasó el año pasado la Calle Victoria como todos vosotros y ganó un torneo cuyo premio fue ese. El torneo no tiene nada de especial: superar rondas y vencer en la final. Lo estándar. Y ahora le toca a uno de vosotros tener ese beneficio.

Los entrenadores se animaron. Tenían una segunda oportunidad de retar a la élite de la región si ganaban un torneo y no iban a desaprovecharla.

—Aunque esto sigue siendo una competición —recordó Hiroyuki—. Así que los únicos que podrán participar en dicho torneo son los sesenta y cuatro entrenadores que tengan por lo menos un tiempo inferior a las tres horas de descalificación. El resto me temo que deberán intentarlo el año que viene. Pero que no abandone la meseta ya que tienen un premio de consolación de permanencia en el hotel Trileme hasta el final del evento. Un poco de alegría para todos.

La pantalla mostró una tabla con los resultados de la Calle Victoria. Las seis primeras líneas estaban marcadas en amarillo y tenían un símbolo especial que los separaba del resto. Después de ellos y en otro color se leían los nombres de los entrenadores que lucharían en el torneo. Los nombres que no tenían color en sus celdas eran los que no habían pasado la segunda fase y tendrían que intentarlo de nuevo en otra ocasión.

Hiroyuki fue indicando a los entrenadores que se movieran hacia la parte trasera del escenario donde un grupo de trabajadores se encargarían de actualizar sus tarjetas según los resultados de la segunda fase. Las de Ryku y Dylan obtuvieron un plastificado dorado.

Los dos jóvenes no tardaron en esparcir la noticia a sus allegados. Cetile fue la primera en enterarse. Erika, que también estaba, solo les dedicó una sonrisa. «Quizá ya se lo había dicho alguien que trabajaba en la Liga Pokémon», pensó Ryku. Tampoco es que fuera importante. Luego Ryku y Dylan se separaron un momento y llamaron a sus familias. Ambos recibieron la misma respuesta: estarían en la Meseta en el gran día. Los dos jóvenes estuvieron celebrando el pase a la fase final de la Liga Pokémon como si ya fueran Campeones. Un pequeño disfrute para lo que estaba por llegar.