- No sé si dejártela o llevármela conmigo y ponerla en lugar seguro – dijo Yamato mientras que caminaba por el pasillo.
- Eres un petardo, ¿con quién ibas a dejarla mejor que conmigo? – Mai puso los ojos en blanco-. Además, así juega con Nyoko y no tiene que verte la cara tanto tiempo seguido que seguro que ya la tienes aburrida.
-Creo que Hideki llegaba un día de estos…
- Deja a Hideki en paz. ¿Vais a ir a limpiar directamente?
- Sí, ahora me iré a buscar a Sora y vamos a ver si arreglaos la desgracia un poco. No te importa quedarte tambien con los digimon, ¿no?
- Claro que no, no seas pesado. Venga, fuera… Y tardad lo que necesitéis, nosotros dos no tenemos planes para hoy más allá de hacer el vago.
- Muchas gracias otra vez, Mai – dijo llegando por fin a la salida.
- Que te quites de mi vista… - negó con la cabeza, sujetando así la puerta, esperando para dejarlo marchar-. Llámame cuando vayas a venir por si acaso, ¿vale?
Asintiendo a lo que ella le decía, acabó por avanzar hacia la calle, bajando las escaleras y tomando la dirección haca su casa. Por suerte, o por desgracia según como tuviera el día de humor él, quedaba bastante cerca de la suya y no demasiado lejos del hotel.
Sora se apoyó en la barandilla, observando desde allí el panorama. Le había dicho a Yamato que ella lo esperaría allí, entretenida con el paisaje. Sin duda aquel lugar le traía demasiados buenos recueros. Aquel lugar marcaba exactamente el punto de inflexión de una vida y de otra. Desde que se hacía atrevido a ir a buscarlo, todo había empezado a ir bien. Aquellos meses de convivencia habían servido para que olvidase por completo todos los horrores de los días anteriores. Y de ahí hasta el momento en el que estaba, esperando porque él volviera de dejar a su bebé con quien pudiera cuidarla.
Sonrió ante esa idea, dejando su cabeza apoyada en una de las columnas de la entrada.
- ¿Tan bien te lo pasas sin mí como para estar con es cara?
La voz de Yamato la sacó de sus pensamientos, sin que ella hubiera podido darse cuenta de que había llegado por fin pillándola completamente desprevenida. Giró poco a poco la cabeza hacia él, dejando que viera del todo su expresión.
- No sabes lo que me alegro de no haberte dejado vender esto para poder subir de precio la búsqueda de casa en Tokio…
- ¿Y eso? – confuso, avanzó unos pasos más hacia ella.
- Tengo demasiados buenos recuerdos de este sitio. Y tiene pinta de que gracias a Aiko ahora voy a tener muchos más – posó su mano en su costado, estableciendo así contacto con él.
- Si nos vamos a poner así te secuestro en esta isla todo el verano y que monten todo el drama que quieran los pesados de la capital.
- No me des ideas – despegándose por fin de la columna, se acercó algo más a él para darle un beso-. Anda, vamos a ponernos a limpiar porque no creo yo que seamos capaces de terminar hoy…
Asintiendo, no la retuvo más de la cuenta, yendo con ella hasta la entrada, sacando las llaves del bolsillo y abriendo, dándose cuenta entonces de que tenía él la copia que le había dado meses atrás.
- Recuérdame que te vuelva a dar la copia… - le dijo mientras que abría-. Alúmbrame con el teléfono, por favor, que le doy a dar los automáticos.
Hizo lo que le pedía, dándole tiempo para que terminase y así poder encender la luz en casa hasta que pudiera abrir todas las ventanas para que entrase el aire. Fue tras él, dándose cuenta de que tal y como él había dicho, todo estaba cubierto y apenas quedaba nada en las estanterías.
- ¿Empezamos por habitación de Aiko? – preguntó él.
- Sí, pero primero vamos a ir abriendo todo, ¿no? Luego ya empezamos a recoger y todo eso… - se adelantó, caminando por el salón.
- Nuestra habitación es la del…
- La del fondo – se giró hacia él, sonriendo -. De ahí sí que tengo buenos recuerdos suficientes como para que no se me olvide dónde está…
Se quedó quieto, estudiando así la expresión de ella y las palabras que le había dicho, no pudiendo más que sonreír, antes de seguir sus pasos tras ella para ayudarla. Sin duda aquella habitación necesitaba un buen repaso, pero la simple presencia de su esposa en ella le daba un aire totalmente diferente al que siempre había tenido. Se entretuvo estudiando sus movimientos, viendo como se estiraba y se ponía de puntillas para poder alcanzar bien a colocar las cortinas para que no molestasen.
- ¿Qué? – preguntó cuando se giró hacia él, sacudiéndose las manos.
- Nada… Pensaba en lo mucho que me gusta que estés aquí conmigo – confesó encogiéndose de hombros.
Arqueando una ceja ante sus palabras, acabó por terminar de quitarse el polvo de las manos, echando a andar hasta él, quedando delate suyo. Ella estaba pensando exactamente en lo mismo.
- ¿Ya se te ha quitado la idea de la cabeza de que debería de haberme quedado en Tokio?
- No sabes hasta qué punto – fue a alargar la manos para posarlas en su cintura, sin conseguirlo, al ver como ella avanzaba un par de pasos más hacia él, haciendo que retrocediera sin poder evitarlo.
- Bien, porque no tenía gana de seguir discutiendo sobre el tema – le dijo, avanzando algo más hasta que vio como el tropezaba con la puerta, cerrándola sin querer.
- ¿Qué te pasa? – preguntó, siguiendo sus movimientos.
No le contestó. Nada más girarse hacia él se había acordado de la ocasión en la que él le había hecho aquello mismo. Arrinconarla contra la puerta sin explicación alguna cuando le habían dado la noticia del traslado. Se mordió el labio de forma inconsciente, delatando quizás así sus intenciones, acercándose algo más a él.
- ¿No me vas a decir qué te pasa?
Negó, llegando a posar sus manos en sus hombros, usándolo como punto de apoyo para ponerse de puntillas y poder encararlo lo más que pudo, teniendo que adaptarse a la diferencia de altura entre ambos.
- Lamento informarte – le dijo, posando las manos en su cadera cuando la tuvo cerca – que esta treta es mía y no es bueno usarla en mi contra, señora Ishida.
Movió las manos hacia atrás, afianzándolas bien, pegándosela a pesar de haber dejado que lo arrinconase contra la puerta.
- ¿Dónde ha quedado eso de que todo lo tuyo es mío? – le sonrió posando las manos en su pecho, subiéndolas lentamente hasta dejarlas apoyadas en sus hombros.
- ¡Eh! – fingió protestar-. Eres tú la que está empeñada en hacer como que eso nunca ha pasado… - bajó la cabeza, observándola-. ¿Es así como pretendes ponerte a limpiar?
- Tenemos tiempo más que de sobra – sonrió, mordiéndose ligeramente el labio a su vez-. Entre que te da la paranoia de que me puedo poner mal y todo lo que hemos tenido que hacer estos últimos días, se me ocurren cosas mucho mejores que hacer que coger un trapo y ponerme a limpiar.
Notando como cerraba mejor sus manos sobre ella, tirando algo más de ella hacia arriba, no colaboró en que la levantase, como podía adivinar en sus intenciones, únicamente se estiró para poder llegar a sus labios, dedicándole un beso que, sin duda, no podría ser calificado de suave e inocente.
Se apartó sin dejarlo poder volver a intentar cogerla, no dándole tiempo a reaccionar y llevando sus besos hacia su cuello, dejando una de sus manos en su nuca pudiendo así jugar con sus dedos mientras tanto. Sonrió al notar cómo echaba la cabeza hacia atrás, dejándola hacer habiendo entendido que le tocaba quedarse quieto, entreteniéndose únicamente en facilitarle las cosas.
Volvió a subir cuando llegó hasta el límite de la camiseta, acabando por mirarlo lo más de frente que pudo, no dejándolo devolver el beso de antes, poniendo la mano que le quedaba libre entre medias, posándola sobre sus labios.
- Quieto – susurró, retirando su mano dibujando el contorno de su boca con sus dedos.
Obedeció, no pudiendo más que sonreír, siguiendo sus movimientos con la mirada. Entrecerró los ojos al volver a notar los besos que dejaba en su cuello, cambiando hacia el otro lado antes de bajar las manos por sus costados, llevándolas hasta la parte baja de la camiseta para colarlas por dentro, apartándose algo de él lo justo para poder moverlas por su torso sin impedimentos textiles.
Levantó la vista hacia él, dedicándole así una sonrisa significativa antes de cambiar la dirección de sus manos, bajando ahora hacia el pantalón, dándose cuenta entonces de que no era lo que ella esperaba.
- ¿Es el bañador de ayer?
- Veníamos a limpiar… - conectando con la realidad, no pudo evitar reírse.
Negando con la cabeza, prefirió ignorar aquel dato, decidiendo que iba a facilitarle las cosas aquello, volviendo a centrarse en lo que tocaba, no teniendo que pelearse así con botones ni cremalleras consiguiendo bajarlo lo mejor que pudo. Cruzó una mirada con él, solo unos segundos, antes de empezar a agacharse lentamente.
Él siguió cada uno de sus movimientos. No se le había pasado por la cabeza acabar así cuando habían hablado de ir a limpiar la casa, seguramente ella tampoco, pero no se iba a quejar tampoco ni mucho menos. Pudo notar como su propia respiración se le cortaba cuando una vez se hubo quedado de rodillas y se acercaba a él para poder retirar el resto de la ropa que le molestaba.
Levantó la vista hacia su marido, sonriéndole una última vez antes de inclinase ligeramente, centrando su atención en él, valiéndose primero de sus manos inicialmente, acariciándolo con suavidad, tomándose su tiempo en cada movimiento. Le gustaba que por mucho que él soliera llevar el control en esas situaciones, cuando ella tomaba la iniciativa en esos aspectos, apenas se movía. Sabía que la estaba observando fijamente, atento a cada movimiento, a cada gesto suyo, esperando a que no le quedara más remedio que cerrar los ojos.
No tardó en hacerlo, dejando la cabeza apoyada en la puerta, en el momento en el sintió los labios de ella empezar a recorrerlo. Aquello había ocurrido en más ocasiones, pero no podía reaccionar siempre igual que la primera vez, teniendo que decirse a sí mismo que hiciera el favor de tranquilizarse. Llevó sus manos al cabello de ella, retirándoselo con suavidad hacia atrás, jugando con él. Pudo ver una mirada que ella le lanzó, disfrutándola casi como la sensación que le provocaba con sus labios, leyendo el deseo y, a su vez, la satisfacción en ella al ver su reacción.
Se dejó caer algo más hacia atrás, teniendo que usar la puerta totalmente como apoyo, incluida para su cabeza, dejándola echada hacia atrás, entreabriendo los labios dejando escapar jadeos. Retiró las manos del pelo de su esposa, teniendo miedo de darle algún tirón a pesar de todo dada la situación.
- Sora – reclamó su atencion con voz ronca.
Ya lo conocía lo suficiente para saber lo que le pasaba, teniendo que pensarse si continuaba con lo que estaba haciendo o dejaba que pudieran seguir las cosas de otra forma. Finalmente, se apartó con sumo cuidado, sin querer hacer movimientos bruscos, incorporándose de nuevo para encararlo.
- Me llamo… - susurró volviendo a posar las manos en su pecho.
Llevó la mano automáticamente a la nuca de la pelirroja, tirando así de ella contra él para dedicarle un beso en el que buscaba desahogarse, agarrándola con la mano que le quedaba libre con firmeza por la cintura. Sin dejarla reaccionar, cuando se apartó para dejarla respirar, consiguió que girase entre sus manos, quedando de tal forma que le diera la espalda a él.
Aprovechó esa posición para correr cada una de las curvas del cuerpo de ella por encima de la ropa, centrándose en su pecho, notando como su cuerpo reaccionaba a él a través de la tela, no tardando demasiado en dar un tirón de la camiseta y poder sacársela por la cabeza, bajando con sus labios por su cuello, acercándose a los tirantes del sujetador para dejarlos caer antes de mandarlo también al suelo junto con el resto de prendas de ambos. Volvió a llevar las manos a sus senos, jugando con la presión que ejercía con ellas y con la intensidad de sus acciones. Sonrió al ver como se revolvía, dejando escapar un jadeo, ante un ligero pellizco.
Devolviéndole la jugada de no permitirla moverse, cerró un brazo en torno a su cintura, llevando la otra a los pantalones cortos que llevaba puestos, bajándoselos a la vez que la ropa interior,
- Dame un momento – susurró en su oído mientras que acariciaba con sus manos desde su cadera hacia sus muslos.
Soltándola y alejándose por fin, caminó con paso rápido hacia donde estaba la cama, cubierta por el plástico que él mismo le había puesto tanto tiempo atrás para que no se estropease, retirándolo para que, aunque solo fuera el colchón lo que quedaba, no estuviera lleno de polvo.
Adivinando sus intenciones, sonrió, decidiendo agacharse para coger del bañador de él su cartera, a sabiendas de que siempre la llevaba encima aunque hubieran traído una mochila, abriéndola para sacar de ella un preservativo, recordando la conversación que habían tenido semanas atrás por el bien de la tranquilidad de él. Cerrando la mano para que no la viera con él, se le acercó, abrazándolo desde la espalda.
- Quítatela… - hizo referencia a la camiseta.
Vio como asentía, haciendo caso de sus palabras, despistándose y no viendo venir el empujón que ella le dio para que cayera encima del colchón. Giró para poder observarla, quedándose apoyado sobre sus codos, viendo como se reía abiertamente antes de sentarse sobre él, haciendo que tuviera que volver a echarse. Cuando su cabeza tocó la superficie horizontal de nuevo, ella se inclinó sobre él, empezando a dejar besos por su cuerpo, descendiendo por él hasta volver a llegar a la altura de su cadera.
- Un trato es un trato – le dijo, dejando que viera lo que había estado escondiendo.
Sin entender cómo había pasado aquello, sonrió, dejándola hacer, adivinando sus intenciones y dejándose hacer, atento a cada uno de sus movimientos, esperando a que hubiera terminado de ponérselo para poder sujetarla por los brazos y girarla, cambiando así las tornas.
Sujetando sus manos con las de él, intentó no dejar su peso del todo encima, encantando de sentir como rodeaba su cadera con sus piernas, facilitándole las cosas. La observó, atento a su expresión, acabando por inclinarse algo más para poder dejar un beso en la punta de su nariz, sacándole así una suave risa.
No esperó más, haciendo presión con su cadera, viendo como echaba la cabeza hacia atrás y cerraba los ojos. Aprovechando que inicialmente sus movimientos eran más lentos, se valió de ese gesto para retirar una de sus manos de encima de las de ella, pudiendo recorrer su cuerpo, acariciándola. Terminó por cambiar sus caricias por sus labios, centrándose poco a poco cada vez más en moverse, acabando por coger postura correctamente antes de buscar establecer un ritmo más intenso, queriendo ser él quien pudiera tener por fin algo de control en aquella situación, lo cual, hasta entonces, no había podido conseguir.
Natesgo: pues contando que he escrito cientos de veces que Sora vive en el centro y que trabaja en Ginza, precisamente estamos en uno de los puntos más agobiantes jajaja Si por algo esos dos buscaban una zona más alejada del centro. Y además, venga, confieso. A mí los coche nos me molestan, lo que me molestan son los imbéciles que no saben caminar por la calle y esos los hay hasta en las callejuelas del pueblito más chiquitín de España... Estas Navidades volví a casa casi con un ataque de nervios por culpa de la gente, no es una exageración... De verdad que me ponen fatal. Estoy yo guapa queriendo irme de viaje a NY jajajaja
Traquila, llegaremos al punto en el que haya una nena rebozaba por arriba y por abajo de helado, solo que ahora es demasiado pequeña jajaja Si seguro que lo que les da miedo es que se lo meta entero de golpe en la boca y le duela la cabeza y les monte el drama del siglo jaajajaja que la ven más que capaz.
Claro, Pilar y yo somos bff jajajaja Además es que tengo una en la plaza bastante turbia, pero mira, con esa no tengo problemas, los tengo con la que menos me estorba de todas, que ahí me voy de frente y con decisión. Pero bueno, poco a poco... Voy a ver si hago un poquito el seta que he salido de casa a las 10 de la mañana y estoy entrando ahora... ¡un beso!
Guest Vecina: calla, que cada vez queda menos para volver a trabajar de tardes y me pongo mala. Me sienta MUY MAL pensarlo, sobretodo cuando en septiembre aún hace bueno y calor y estar allí es morir a plazos. Intento convencerme por la mejora económica que supone, pero es que ni así. Ni imaginándome a las fieras con cabezas de billete, te lo juro jajajaja. Los exámenes ahí están, más tranquilos ellos que yo, porque, literalmente, se la suda todo... Yo paso de estresarme ya...
Se supone que ingeniero y los de Toei me han dado la razón. Ahora que han sacado su ficha de la nueva peli, pone que está metido en una ingeniería. Ahora que vaya escogiendo cual, porque ni ellos lo saben jajajaja En realidad se supone que da igual y con que sea de la rama de ciencias puede entrar en la JAXA, he estado investigándolo (mira que les mando aún el currículum yo xDD). Y es más grave el hecho de que los dos que lo ayudasen fueran padres - uno de ellos de dos nenes -. Pero bueno, ya sabemos que son seres especialitos. Si es que Sora no se aburre. Y si se aburre ya busca ella formas de desaburrirse acosando al "inocente" de Yamato que no la ve venir.
Jajajajajaja Aiko le hace competencia desleal a Gabumon en cuanto a la achuchabilidad. Yo me la imagino, sentada, agitando las piernecitas porque quiere helado y tengo para rato. Sobretodo porque gracias a algunos fanart que hay de ella, pues es que me la imagino muy notablemente. Eso y que me ataca en sugerencias una niña de su edad por instagram que es idéntica físicamente a lo que sería su versión "real", así que tengo para rato, como ya he dicho xD
Yo tampoco me sé el nombre del de los helados, tranquila. Y si te digo algo más, hace poco había perdido el nombre de la mujer de Hideki y no era capaz de diferenciar entre Katsu y Takao pero es que la cabecita no da para tanto. Se me satura la neurona y la pobre no sabe si va o viene...
Y hoy hemos tenido un día feo, pero bueno, está más o menos estable la cosa. Dicen que para el final de semana tendremos otra vez días bonitos, pero en el norte ya sabes que eso es mucho decir... ¡Un bico grandote vecina!
PD: ya ha salido Sora de Tokio y se le ha cambiado el modo jajajaja
