Hubo algo que puso a la Liga Pokémon en segundo plano. Por un tiempo, al menos. Los líderes de Gimnasio empezaron a llegar a la Meseta Añil y cada uno tenía su propio séquito de fans. Además de su trabajo principal en los Gimnasios, se dedicaban a otros menesteres que demostraban en la ciudad para dar un espectáculo (algunos literalmente). Brock era un chef extraordinario e hizo un banquete en una de las plazas de la ciudad; Misty y sus hermanas usaron el lago donde entretuvieron a la gente con sus bailes acuáticos; Surge, Erika y Koga tenían seminarios donde enseñaban a la gente (especialmente a los niños) técnicas relacionadas con sus especialidades (Surge en combates Pokémon, Erika en botánica y Koga en ninjutsu); Sabrina y sus aprendices asombraban al público con sus poderes psíquicos; y Blaine los confundía con sus pruebas de acertijos.
Giovanni aprovechó para revelarse como el octavo líder de Gimnasio, elegido por el Alto Mando. El revuelo que se creó por la presencia del presidente del Equipo Rocket fue impresionante. No todo el mundo admiraba a Giovanni; muchos no le dieron tanta importancia. Aunque sí les picaba la curiosidad de cómo un hombre de negocios como él fuera líder de Gimnasio. Los hobbies de los demás líderes eran simples en comparación. La prensa tardó menos que un Snorlax zampándose su comida en hacer preguntas al respecto. Si había abandonado la empresa, si su hijo era ahora el nuevo presidente, por qué había decidido convertirse en líder de Gimnasio… Giovanni tuvo que dar una rueda de prensa para esclarecer toda duda posible porque «quería disfrutar de la Liga Pokémon como cualquier otro», dijo textualmente.
La exhibición de Giovanni hizo que el propio evento de la Liga Pokémon se retrasara un par de días mientras los medios de comunicación se preparaban (otra vez) para retransmitir por sus respectivos canales de televisión.
Después de eso, todo volvió a la normalidad (dentro de lo que se podía considerar en época de la Liga Pokémon). Ryku sabía lo que eso significaba: en cualquier momento lo llamarían junto a los otros elegidos a acudir al estadio donde se efectuarían los combates Pokémon. Por un lado, deseaba que llegara el día, de aplicar las estrategias que había desarrollado contra los entrenadores más fuertes de la región y de demostrar su poder. Pero una parte de él le recordaba que perder los combates seguía siendo una posibilidad bastante alta. El Alto Mando dejaba muy claro que no todo el mundo se convertía en Campeón. Y eso conseguía ponerlo nervioso por mucho que supiera las fortalezas y debilidades de cada uno de los miembros del Alto Mando, especialmente teniendo en cuenta que perder un solo combate valía para fallar el desafío del Alto Mando y tener que intentarlo otro año.
«Deja de preocuparte. Ya sabías los riesgos que traía incluso antes de obtener tu primera medalla. No has llegado tan lejos para echarte atrás ahora. Has demostrado que mereces estar donde estás y vas a probar que también eres digno del título de Campeón». Era una voz que sonó varias veces en la mente de Ryku. Una forma de mantener el ritmo desde que empezó su viaje recolectando medallas y superando las pruebas de la Liga Pokémon. En una ocasión, esa voz cobró la imagen de Antorcha. Pensar en su Pokémon valió para asegurarse de que lo daría todo, ganara o no.
La llamada a los elegidos consistió en un trabajador de la Liga Pokémon (que iba vestido como un transeúnte normal) picando en persona en las habitaciones del hotel de cada uno de los entrenadores. Algo inesperado cuando ya se estaba anunciando por los altavoces de la ciudad la hora de inicio del desafío del Alto Mando. Era una sutileza innecesaria.
Como cabía esperar, la discreción duró hasta que entraron en los alrededores del estadio, donde mucha gente los encontró y estallaron ánimos y desafíos para todos los entrenadores. «¡Vosotros podéis!», «¡Buena suerte!» o «¡No os contengáis nada!» eran las frases que más se escuchaban, aparte de algún ánimo concreto referente al Alto Mando como «Caldead el ambiente de la Reina del Hielo» o «Asustad a la vieja fantasma». También había risas entre la gente típica que solo iba a ver los combates para ver como el Alto Mando destrozaba a sus rivales. Había fans para todo.
—Eh, Ryku, ¿esos no son tus padres?
Dylan señaló una parte de la cola y Ryku dirigió la vista en aquella dirección. Necesitó unos instantes para confirmar que eran ellos; fue la Eevee, con su característico lazo rosa la que lo ayudó a localizarlos. Sus padres iban vestidos con colores cálidos y llamativos, las camisetas incluían el dibujo de la silueta de un Charizard. Nunca había visto a sus padres vestir así y apartó la vista, ligeramente avergonzado. Aquello no hizo que aumentar su vergüenza cuando, detrás de sus padres, reconoció a más habitantes de Pueblo Paleta.
—No solo ellos, es todo el pueblo —dijo Ryku—. La verdad es que me lo esperaba; casi todos en Pueblo Paleta me animaron cuando inicié mi viaje. Pero ver que lo están repitiendo para la Liga Pokémon me parece demasiado.
—Yo lo veo normal —dijo Dylan. Ryku giró la cabeza y le dedicó una cara de incredulidad—. ¿Qué? Eres un chico de Pueblo Paleta. Allí te conoce todo el mundo. ¿Por qué no irían a animarte si lo han hecho desde el principio?
Eso era verdad. Aun así, estaba mejor sin pensar en tantos conocidos sentados en alguna parte de las gradas viéndole luchar contra el Alto Mando. Ryku se sacudió la cabeza, tratando de no recordar que había visto a sus padres.
Dylan se tomó unos segundos para buscar a su familia. Si estaba la de Ryku, la suya también. Buscó de la misma manera que había encontrado la de su amigo y fue cuestión de tiempo de ver algún dibujo de un Blastoise por ahí y después a sus padres.
—Y te avergüenza que tus padres vayan con camisetas de Charizard —dijo—. Acabo de ver a mi padre portando la bandera de un Blastoise. Propongo una nueva competición: qué familia destaca más.
—Te declaro vencedor —sentenció Ryku inmediatamente. Acababa de localizar a los padres de Dylan—. Esa bandera supera a cualquier camiseta llamativa.
Ambos rieron. Una buena dosis de diversión antes de concentrarse por completo en los combates siempre venía bien.
El trabajador de incógnito llevó a los elegidos por el interior del estadio. Los había conducido hacia dentro, hacia el propio campo de batalla y, de repente, cambió de dirección y empezaron a bajar. Uno, dos, tres. Tres pisos bajo tierra. Apenas había ruido de más arriba, de la gente sentándose en las gradas, comprando comidas y bebidas para el espectáculo y algún que otro suvenir como recuerdo. Era lo típico que se hacía antes de los combates, Ryku lo sabía bien. Finalmente, el trabajador se detuvo frente a una puerta y la abrió con una tarjeta electrónica. Dejó que los entrenadores entraran primero.
La sala era espaciosa y estaba dividida en diversas estancias. Estaba la zona de juegos, con un par de televisores a la que estaban conectadas diversas consolas de videojuegos, una mesa de ping-pong y un pinball; otra zona de música con auriculares; otra con estanterías llenas de libros; otra de descanso, con un par de sofás y varios sillones; una barra de servicio sin un barman. A un lado había otra puerta con un cartel de «lavabo». Los entrenadores se quedaron anonadados. Parecía el típico salón recreativo que una persona adinerada tendría en su sótano.
—¿Para qué es todo esto? —preguntó uno de los elegidos.
El trabajador de la Liga Pokémon cerró la puerta y se colocó detrás de la barra.
—Esta es la zona de espera para los que harán el desafío —explicó—. Durante las próximas horas, ninguno de vosotros puede abandonar esta habitación hasta que haya finalizado el evento o sea su turno de luchar contra el Alto Mando. Como normalmente suelen durar bastante las peleas, incluyendo los descansos entre cada una, esta sala está pensada para que os divirtáis mientras esperáis.
—¿No podemos estar entre el público y ver los combates de los demás? ¿Por qué?
—Sí que podéis. Con los dos televisores del fondo. Normalmente esta sala es un área de descanso para los trabajadores de la maquinaria del estadio, pero este año se ha decidido que sea aquí en vez de arriba, como suele ser. Y no me preguntéis porque yo tampoco lo sé —se adelantó a la joven que estaba a punto de preguntar—. Mi único deber es ayudaros en caso de que lo necesitéis, serviros alguna bebida e informar a quien le toque hacer el desafío.
—¿Y a quién le toca? Hemos bajado los seis elegidos.
—Deberíamos ser siete, ¿no? —dijo Dylan—. Ya sabéis, el ganador del torneo de los que no fueron elegidos del año pasado.
—Es verdad. ¿Dónde está?
—Preparándose arriba, por supuesto —dijo el trabajador—. El ganador de ese torneo siempre es el primero en inaugurar el desafío del Alto Mando. Todavía queda un tiempo antes de que empiece, pero yo os recomendaría que, si queréis ver los combates, encendáis la televisión ya.
Los entrenadores apararon los sillones que había frente a los televisores y los cambiaron por uno de los sofás. Ninguno tenía intención de perderse el comienzo de la Liga Pokémon.
Todavía no había empezado, pero Hiroyuki no paraba de aumentar más y más la emoción del evento con sus palabras. Lo acompañaban otros personajes que Ryku no reconoció y hablaban del Alto Mando y de las posibles sorpresas que podían dar. Todos estaban de acuerdo que sus Enlaces no iban a cambiar como bien hacían los líderes de Gimnasio como Blaine y Koga, pero no auguraban que Bruno fuera a sorprender de nuevo a los espectadores con su espectacular Enlace del gigantesco Onix. Y como habían mencionado a los líderes de Gimnasio, era de esperar que Giovanni se convirtiera en el centro de atención de los comentaristas y soltaban abiertamente sus opiniones respecto a tener al presidente de una gran compañía aeroespacial como líder de Gimnasio. No le daban relevancia alguna sabiendo qué lideres tenía Kanto. Luego Hiroyuki cambió el tema y retomó el interés del público recordando los entrenadores que participarían en el desafío del Alto Mando, momento en el que se revelaron los Enlaces de cada uno de los elegidos: un Nidoking del entrenador de Ciudad Fucsia, un Arcanine del otro habitante de Ciudad Azafrán, un Slowbro de la entrenadora de Pueblo Lavanda y un Gyarados de la entrenadora del Ciudad Carmín. También se ponían vídeos destacados de los combates de la Calle Victoria de cada uno a medida que se mencionaban.
—Pues nada. Adiós al factor sorpresa —dijo uno de los elegidos—. Ahora cada uno sabrá cómo enfrentarse a los demás en caso de que surja la posibilidad.
—Lo hubiéramos descubierto tarde o temprano —replicó otro—. No hubiera cambiado nada que lo supiéramos ahora o dentro de algunas horas.
—Lo que me sorprende a mí es que nos grabaran en la Calle Victoria —dijo una de las entrenadoras—. ¿Alguien vio cámaras mientras se movía por la cueva?
Todos negaron con la cabeza.
—Se usaron cámaras ocultas para que estuvierais concentrados en completar la prueba y no en qué pensaría la gente con cada derrota que pudierais sufrir. —explicó el trabajador desde el fondo—. Y como supondréis, se retransmitió por todo Kanto. Creo que es la primera vez que se hacía. Los organizadores optaron por emitir los diez combates de la Calle Victoria de los más de cien aspirantes porque también esta Liga Pokémon iba a ser de las más largas. Normalmente en un par de semanas termina, pero llevamos un mes y todavía quedan vuestros combates y las rondas del torneo que hay después.
—Entonces, había gente que lo supo antes que nosotros —supuso la entrenadora de Ciudad Carmín.
—Se podía intuir, pero no enseñamos la tabla más que a vosotros. Como mucho veían con claridad quienes no tenían ni una sola opción de pasar a la siguiente fase; hubo muchos resultados que tuvieron que decidirse por el tiempo.
Hiroyuki informó a sus compañeros comentaristas que el tiempo de espera había finalizado. Por uno de los accesos al campo de batalla aparecieron los cuatro miembros de la élite de Kanto: Lorelei, Bruno, Agatha y Lance. Todos mostrando una cara seria (salvo Agatha, que mostraba una sonrisa un tanto siniestra), ya preparados para los próximos combates. Lance, como su líder, dedicó unas palabras al público en el que garantizaba un espectáculo digno de recordar para todo el mundo. Era su manera de inaugurar la Liga Pokémon a la vez que desafiaba a los elegidos. «Llegad hasta mí si podéis», implicaban sus palabras.
Hiroyuki hizo un rápido recordatorio de las normas que tenía la Liga Pokémon: cuatro combates con un descanso de quince minutos entre ellos. Para alcanzar el título de Campeón, los elegidos debían ganar a los cuatro miembros. Si perdían uno de los combates, se acabó. Ya no podían optar por el título hasta el próximo año.
El comentarista presentó entonces al primero de los aspirantes a Campeón, el que ganó el torneo de la anterior edición y podía desafiarlos. Se llamaba Kairi y venía de Ciudad Celeste. El Alto Mando le dedicó una mirada retadora y la saludaron respetuosamente antes de marcharse por donde habían entrado. Solo Lorelei permaneció en el campo de batalla en uno de los extremos. Kairi se fue al otro, conociendo lo que venía a continuación. Entonces, Hiroyuki procedió a que apareciera el terreno de combate.
El suelo tembló. Al principio con fuerza y disminuyó con el paso del tiempo. Los elegidos se aferraron al sofá, asustados por las repentinas sacudidas. Tardaron unos instantes en entender que, aunque con unos segundos de retraso, los temblores se sincronizaban con el surgimiento del campo de batalla en el televisor.
—Os tendréis que acostumbrar a ellos —los avisó el trabajador—. Estamos cerca de la maquinaria que levanta los distintos escenarios de cada uno de los miembros del Alto Mando.
—Me recuerda a los campos de batalla de reserva del S. S. Anne —dijo Ryku. Dylan le dedicó una mirada seria que entendía: no le apetecía rememorar el día en el que casi los aplastó el estadio del barco de lujo.
—Ah, exacto. En comparación, la maquinaria construida aquí abajo es muchísimo más grande y compleja que la del barco de lujo, la cual es algo más simple y apta para un vehículo móvil y marítimo.
Los temblores cedieron y los elegidos volvieron a prestar atención a la pantalla. El campo de batalla era una zona con agua y hielo, casi como una piscina si no hubiera también pequeñas islas de rocas. Un lugar ideal para un Pokémon de tipo agua o hielo. Uno perfecto para el Enlace de Lapras de Lorelei.
Hiroyuki preguntó tanto a Kairi como a Lorelei si estaban preparadas para iniciar el combate a lo que ambas afirmaron con un movimiento de cabeza. El comentarista pidió entonces que ambas activaran sus respectivos Enlaces. Lorelei dio un pequeño espectáculo al encender su Enlace a la vez que saltaba al agua helada de la piscina para luego emerger transformada en un elegante Lapras con una explosión de agua como un géiser. Su rival, por otro lado, no se movió del sitio a la vez que se transformaba y su cuerpo cambió al de un Sandslash. Luego saltó al campo de batalla y aterrizó en una de las pequeñas islas.
Ryku se imaginó los posibles resultados. Aunque diera la sensación de haber un claro vencedor, no había que apostar todo a una. Lapras tenía una doble ventaja de tipo y un terreno que le favorecía. Pero si Kairi era veloz con su Sandslash, solo tendría que mantener a raya sus ataques de agua y hielo. El combate estaba bastante igualado.
Una gigantesca pantalla por encima de las gradas del estadio cargó las barras de vida de las entrenadoras. Luego se activaron los campos de fuerza para proteger al público de un más que probable ataque desviado. Hiroyuki también dispuso de su propio cubículo de protección y, tras una tensa cuenta atrás, gritó el inicio del primer combate de la Liga Pokémon.
Kairi escaló el montículo de su isla y fijó la mirada en su rival. Lorelei, sin embargo, solo miraba altiva a su rival, moviendo sus aletas de vez en cuando para apartar algún bloque de hielo que se le acercaba demasiado. Al igual que Lance, era una provocación, un reto. O tal vez solo quería dar ventaja a Kairi con un primer movimiento sin consecuencias, cosa que la Sandslash aceptó.
Kairi bajó del montículo a la vez que cargaba sus garras de energía azulada. Cuando llegó a la base, los entrecruzó como si se los estuviera afilando y el roce invocó una serie de espadas que la rodeó en un círculo y danzaban dando vueltas sobre sí misma. Unos instantes después las espadas se desvanecieron y se introdujeron en el cuerpo de Kairi, iluminándolo con un aura naranja. Al terminar, Kairi se sentía mucho más segura de sí misma.
«Danza espada», pensó Ryku. Ese movimiento aumentaba mucho el ataque del Enlace. Si cabía una posibilidad de que los ataques neutros de la Sandslash fueran flojos en general, esto compensaba bastante esa debilidad. Y si lograba repetirlo dos veces más, un solo golpe podía sentenciar el combate.
Pero aquello no amedrentó a Lorelei, más bien la hizo sonreír. Gesticuló algunas palabras, pero entre los ánimos del público y el simple hecho de que nadie las podía entender a menos que tuvieran Enlaces activos fue imposible saber qué dijo. Aun así, se pudo intuir, pues Kairi pareció enfadarse con sus palabras.
Clavó las garras en el montículo y lo hizo pedazos. Acto seguido, las rocas resultantes acabaron envueltas en una fina aura que las levantó como si de un movimiento psíquico se tratara. Todo el mundo supo lo que venía a continuación: Kairi dio un salto en el aire y descargó una lluvia de rocas, una avalancha, sobre Lorelei.
La Lapras no se preocupó ni por un instante de que estuviera a punto de golpearla un movimiento muy efectivo contra ella al que además había que contar que estaba potenciado por una danza espada. Aquello podría arrebatarle más de la mitad de la vida en un momento, pero no a ella. La Lapras abrió la boca y creó frente al hocico una bola de luz celeste que se convirtió en una serie de rayos del mismo color. Usó el rayo de hielo a modo defensivo y lo enfocó en el agua delante de ella, el cual congeló y manipuló para crear ante ella un muro de hielo que se alzó varios metros. Las rocas de la avalancha impactaron contra su superficie y la agrietaron, algunas inclusos rompieron algunas partes, pero no acertaron su objetivo. Cuando acabó el ataque, Lorelei dejó a la deriva la nueva escultura helada que había creado y disipó el humo que se había creado con los golpes de un rugido.
Kairi se lamentó de que Lorelei hubiera bloqueado su ataque por completo. Ni siquiera había recibido algún tipo de daño secundario, algo que hubiera descendido su barra de vida, aunque fuera un poco. Avalancha era su ataque más efectivo contra Lorelei, pero no era su única estrategia.
Kairi pasó a un movimiento del despiste y saltó entre las islillas a la vez que iba dejando en estas una copia de sí misma. La acción tuvo un buen efecto, pues ni el público, ni los comentaristas ni los elegidos adivinaron en qué isla se había quedado.
Y repitiéndolo otra vez, la Lapras ni se mostró incómoda al perder de vista a su rival. Se movió un poco, eso sí, para mantener una distancia de seguridad con cualquiera de las copias de la Sandslash. No perdía de vista a las más cercanas y apenas se molestó en vigilar a las más alejadas. Sonrió y mostró una sonrisa de aceptación para seguidamente disparar un rayo de burbujas contra las ilusiones.
Todas las copias simularon esquivar las burbujas sin mucho éxito. Lorelei tenía una precisión asombrosa y lo demostraba cada vez que escupía su rayo de burbujas. Rara vez una de las copias lograba escapar a salvo y fingir que se ocultaba tras algún montículo de las islas. A esos la Lapras los forzaba a salir de su escondite disparando sus burbujas en la base, desestabilizando la isla y levantándola por completo de un solo aletazo. Lorelei no solo era fuerte en ataques a distancia; de cerca también era un peligro.
Pero aquella demostración de fuerza sirvió a Kairi para que una de sus copias (o ella misma) se acercara por detrás a Lorelei y le golpeara en el cuello con sus dos largas garras. El daño causado reveló que, en efecto se trataba de la Kairi original, pues la barra de vida de la Lapras descendió mucho más que si una copia hubiera realizado el golpe.
El público estalló en vítores por el éxito del ataque. Lorelei acababa de perder casi un treinta por ciento de su barra de vida gracias a una cuchillada potenciada por una danza espada. Debían pensar que Kairi tenía altas posibilidades de ganar el combate.
Lorelei se sacudió un poco la cabeza y se dio la vuelta por si Kairi seguía ahí, pero ya había desaparecido y escondido entre las copias, lista para encontrar una nueva oportunidad de atacar.
Un tanto enfadada, la Lapras inhaló profundamente y luego expulsó por la boca una densa niebla que empezó a cubrir todo el campo de batalla. Solo Hiroyuki pareció ver lo que estaba ocurriendo a continuación (o lo disimulaba muy bien). El resto solo podía imaginar lo que los comentaristas decían.
Ahora Kairi estaba casi en la misma situación que Lorelei. Casi. Un Lapras era un Pokémon pesado, de más de doscientos kilos, que se movía principalmente por el agua. El sonido del chapoteo la delataría con suma facilidad. Sin embargo, en los siguientes minutos, se hizo un silencio sepulcral. Absolutamente nadie se atrevió a decir nada por si distraían a las entrenadoras o se perdían el más mínimo atisbo de movimiento entre la neblina. Kairi afinó el oído para detectar el movimiento por el agua de su rival. Extrañamente, no escuchó nada. ¿De verdad ambas se habían quedado quietas y esperaban a que la otra se delatara?
No tenía sentido. La Sandslash optó por tomar la iniciativa y moverse sigilosamente entre sus copias hacia el último lugar donde había estado Lorelei y, como no tenía una buena visibilidad, se acercó tanto como casi estar en el mismo sitio donde había atacado a Lorelei. Pero no estaba ahí. ¿Cómo se había movido sin que el agua la delatara? Aunque una parte de ella deseaba no haberla encontrado (no fuera que la hubiera atraído adrede para atacarla de cerca), la otra seguía nerviosa por no dar con ella. Era un Pokémon el doble de grande y diez veces más pesado que ella. ¿Qué estaba haciendo para actuar tan discretamente?
Nerviosa, Kairi reanudó la emoción del combate con un terremoto combinado con sus copias que hasta el público notó los temblores. No era le mejor movimiento para usar en una zona donde predominaba el agua, pero era el mejor ataque que tenía que abarcaba una gran área. Estuviera donde estuviera la Lapras, el terremoto le daría al menos indirectamente. Además, el terremoto disipó la niebla hasta que solo quedaron unas finas líneas blancas.
El público se alegró de que pudieran volver a ver el combate. Felicitaron a Kairi y, a su vez, celebraron que, efectivamente, su terremoto había terminado por golpear indirectamente a la Lapras; su barra de vida había descendido muy poco en comparación al inmenso daño que causaba el movimiento de tierra, pero era mejor que nada. Desgraciadamente, también había arrasado con prácticamente todas las islas y sus copias. Kairi estaba vulnerable.
La Sandslash se dispuso a crear de nuevo una serie de copias de sí misma cuando el agua volvió a agitarse como si el terremoto no hubiera acabado. Kairi se desequilibró y usó una de sus garras para estabilizarse en la única isla intacta del campo de batalla (en la que estaba al lanzar el terremoto). Al levantar la cabeza, se percató de que el agua estaba a un nivel más bajo en el extremo de terreno; se podía ver parte del armazón de metal. El miedo se apoderó de ella e instintivamente se dio la vuelta para toparse con su peor pesadilla.
Una ola había aparecido en el otro extremo del campo de batalla cuyo tamaño era enorme; de ancho era todo el campo de batalla y tenía al menos quince metros de alto. Kairi sabía que esa ola iba a darle de lleno, imposible de esquivar. Pero se quedó a esperar a que la aplastaran litros de agua y se esforzó en saltar con todas sus fuerzas. Un Sandslash saltaba muy alto si se lo proponía. Pero la ola la cazó en pleno vuelo.
El golpe fue brutal. Primero Kairi desapareció cuando la ola se la tragó, luego esta se rompió y chocó con todo lo que hubo a su paso y los bloques de hielo y las islas salieron volando del campo de batalla al igual que este perdía agua por todos lados. Poco después Kairi reapareció en una de las pocas islas que, a pesar de todo, había logrado permanecer dentro del recinto de agua.
Estaba destrozada. Un ataque de tipo agua de tal potencia bien podía haberla derrotado de un solo golpe, pero sobrevivió. A duras penas. En un vistazo rápido a su barra de vida, se podía apreciar el color rojo al borde de volverse totalmente negro. Kairi luchó por recomponerse cuanto antes y tosía agua cada vez que movía una parte de su cuerpo a la vez que le costaba recuperar el aliento. Y cuando consiguió por lo menos mantener el equilibrio, terminó el combate.
Lorelei cayó sobre Kairi con todo el peso de su cuerpo. Un golpe inesperado y directo que provocó que el Enlace de la Sandslash estallará en una bomba de luz provocada por la Prioridad Humana que alejó a la Lapras de encima de Kairi. Esta cayó al agua y rápidamente buscó un lugar fuera del agua antes de que su Enlace se desactivara por el fin del combate.
El público se alternó entre felicitaciones a Lorelei por su victoria y gritos de ánimos y lamentos hacia Kairi. Hiroyuki confirmó el fin del combate alzando el brazo en beneficio de la miembro del Alto Mando y la pantalla declaró a Lorelei como ganadora.
Los seis elegidos se quedaron serios mirando la pantalla del televisor. Acababan de ver la dificultad que suponía la Liga Pokémon, incluso sentido algunos de los movimientos que se había efectuado. Todos ellos se inquietaron un poco al pensar en que sus estrategias contra Lorelei terminaran siendo un fracaso. Especialmente aquellos que contaban con un tipo elemental débil como el entrenador del Enlace de Nidoking o el Arcanine. Ryku mantuvo la compostura; su Enlace era a la vez débil y fuerte contra ella (curioso que no lo viera también el del Enlace del Arcanine). Y sus planes servirían, seguro.
Pero debían mirar más allá. Los seis elegidos se habían centrado en la demostración de poder de Lorelei, uno de los cuatro mejores entrenadores de todo Kanto, sin pensar en que solo era la punta del iceberg. Si ella había exhibido tal poder con su Enlace, los otros tres serían iguales o mucho más fuertes.
Este era el nivel del Alto Mando.
