Yamato sonrió cuando fue capaz de recuperar el aliento y levantar la vista hacia su esposa, la cual se había quedado tendida sobre él, todavía en la posición de ventaja que había mantenido los últimos momentos. Movió su mano, la cual había dejado afianzado en su cintura, subiéndola para poder acariciar su espalda con suavidad.
- ¿Estás bien? – le preguntó sin poder evitarlo.
Tardó en obtener respuesta, levantando lentamente la cabeza del pecho de él hasta poder observarlo. Estaba más cansada de lo podria haber estado en otra ocasión, pero le sonrió igualmente antes de asentir y volver a dejar su cabeza apoyada sobre él dejando un beso sobre su torso al haberlo.
- Puedes quedarte aquí tranquilamente mientras que yo empiezo a recoger – le dijo, dándose cuenta a pesar de todo-. Voy quitar los plásticos y sábanas con lo que fui tapando todo mientras, ¿qué te parece?
- Que estoy un poco más cansada de la cuenta, no inútil… - contestó, divertida-. Estoy bien, te lo digo de verdad. Es solo que… poco a poco ¿vale? Ya he recuperado bastante desde cuando me puse mal.
No le dijo nada, dedicándose a observarla en silencio. Sabía lo cabezota que era y también que tenía razón. Se habían asegurado antes de irse a Tanegashima de que todo estuviera en orden y así había sido. Sin embargo, como cada vez que se quedaban completamente solos, quizás se podría decir que se habían dejado llevar más de lo que hubieran hecho en casa, con los digimon y la niña cerca, tomándose su tiempo.
La soltó, dejándola revolverse cuando vio que quería retirarse de encima de él. Rodó hasta quedar bocarriba, aprovechando así el aire fresco que se colaba ligeramente por las ventanas que habían llegado a abrir antes. Se ladeó para poder observarla, quedando apoyado sobre su propio brazo.
- Míralo por el lado bueno – comentó, sonriendo de su forma característica-, no creo que vayamos a tener que perder tiempo en sacudir la basura acumulada de la cama…
Arqueó una ceja, girando la cabeza para observarlo, teniendo que acabar echándose a reír por la tontería que acababa de escuchar, negando con la cabeza.
- Recuérdame otra vez por qué me casé contigo…
- ¿Segura? No te veo yo en condiciones de aguantar otra buena explicación…
Puso los ojos en blanco, teniendo que volverse a reír antes de quedar también echada de lado, para poder estar de frente a él, posando así la mano en su costado, moviéndola con suavidad, arrastrándose algo más hacia él.
- Vamos a tener que vestirnos si tenemos intención de hacer algo productivo hoy, lo sabes, ¿verdad?
- Prefiero ignorarlo – respondió, entrecerrando ligeramente los ojos al sentir sus movimientos-. Pero tendremos que ir a salvar a Aiko de la loca de Mai tarde o temprano…
La pelirroja se rio ligeramente, acabando por asentir con pereza, acercándose a él unos segundos más, buscando un beso, el cual encontró, viéndose empujada con suavidad hacia atrás para que quedase con la espalda apoyada en la cama.
- Yamato – dijo Sora mientras que se estiraba para poder terminar de descolgar las cortinas de la ventana de la que iba a ser la habitación de la pequeña.
- ¿Qué? – preguntó asomándose de la puerta desde el pasillo.
- ¿Tenemos donde echar a lavar esto?
- Pues… Tener tenemos, pero no debe de estar enchufada la lavadora todavía. ¿Quieres que te la deje funcionando y así vamos lavando las cosas poco a poco?
- Sí anda, porque podríamos llevarlo a algún sitio en la ciudad, pero yo creo que va a ser mas cómodo, ¿no te parece?
- Vale, pues ahora vengo. Lo único que tengo que mirar si en el armario queda detergente porque sino vamos a tener que ir a comprar.
Viendo como le asentía, se acercó hacia el cuarto donde tenía la lavadora dejándola de nuevo sola. Sora se acercó al armario de la habitación y a la cómoda, abriendo así todo ello para que pudiera ventilarse. No pudo evitar distraerse nada más acercarse a la ventana, la cual había abierto algo más, viendo así las vistas a la playa cercana a la casa.
- Si no fuera porque Tokio está tan lejos no sé yo si tendrías que ser tú el que me convenciera a mí para volver – dijo cuando lo sintió acercarse a ella.
- ¿Por qué? ¿Te gusta? – divertido, fue hasta ella, quedándose asomado a su lado-. A mí me encanta esto.
- ¿Y querías venderlo para poder mudarnos? – giró la cabeza hacia él.
- Era una idea…
- Tonterías… - negó con la cabeza.
Se encogió de hombros, acercándose algo más, dejando la vista fija en el fondo del paisaje que ella misma había estado observando hasta que había vuelto, cogiéndole de las manos las cortinas antes.
- Cuando me trasladaron a la isla no te creas que me costó mucho adaptarme a ella. Nunca me han gustado las aglomeraciones…
- ¿Si? Jamás me lo habría imaginado – sonrió, quedándose a su lado-. No son las aglomeraciones en Tokio… Este sitio tiene algo. Quizás sea que tengo buenos recuerdos de la temporada que pasamos aquí juntos, pero me encanta esta isla.
- Si lo llego a saber, cuando estuviste mal antes de que naciera Aiko te hubiera dicho que podríamos venir hasta aquí. No en avión, claro, pero… Te hubiera venido bien.
- La verdad es que sí – asintió-. Aunque solo fuera por la comodidad de este lugar, pero, ¿cómo íbamos a hacer con todos los demás?
- Que se aguanten – alargó la mano para pellizcarle suavemente, apenas un roce, la barbilla n un gesto cariñoso-. No creo que haga falta que te cuente mi lista de prioridades y que te tenga que explicar dónde estás exactamente en ella.
- Sin duda en el primer sitio no – se quedó mirándolo.
- Ya, eso mejor no te lo intento ni negar, pero no creo que te lo tomes a malas, ¿no?
- Bueno, ya veremos. Igual te hago que me lo compenses a la hora de la cena.
Arqueó una ceja, entretenido por la contestación que había recibido. Sin duda con la pequeña no tenían tampoco demasiada variedad de planes, no al menos mientras que estuvieran en el hotel, pero quizás pudiera pensar algunos lugares a los que poder llevarla con ellos sin que quedaran demasiado lejos para que no se cansara.
- Voy a echar esto a la lavadora, ¿aprovecho y cojo todas las cortinas y las meto?
- Sí, por favor – asintiendo a sus palabras, se dio cuenta de que se había quedado pensativo. No se lo había dicho en serio, pero por al cara que él el había puesto podía adivinar que quizás se hubiera quedado pensando en dónde poder ir aquella noche.
Lo siguió con la mirada hasta que lo vio desaparecer de nuevo por el pasillo. En aquella habitación era donde lo había pillado durmiendo a Dai cuando tenían un futuro muy incierto todavía. Era dónde le había dicho que quería un futuro con ella y que intentaría poder cumplir su palabra. Y allí estaban, limpiando entre los dos el lugar para que pudiera ser la habitación de la pequeña de ambos. Esa idea hizo que la piel se le erizase, sonriendo al verlo. Después de tanto tiempo, detalles como aquel le hacía gracia. Se frotó los brazos, intentando que se notase menor, centrándose de nuevo en el trabajo que tenía delante.
Yamato volvió al cabo de un rato tras haber dejado todo metido en la lavadora, acercándose para poder ayudar a Sora a limpiar el polvo por fin. Sin duda no les llevaría demasiado tiempo hacerlo todo. Había dejado todo lo suficientemente recogido para cuando aquello pasara no tener que perder demasiado tiempo. Y había hecho aquello pensando en que tendría que volver solo, no en aquellas circunstancias.
- Oye, ¿quieres que le compremos más cosas para la habitación?
- ¿Hm? – giró la cabeza hacia él-. ¿Cómo que más cosas?
- Sí, tenemos la cuna pero todo lo demás son muebles básicos que tenía aquí para arreglarme cuando venía mi padre. Podemos comprarle algo más, como un cambiador para que sea más cómodo para nosotros…
- Oh… - se giró, mirando hacia la habitación en general-. Es temporal, yo creo que con la cama nos arreglamos. Podemos usarla para cambiarla, ¿no te parece?
- ¿Segura?
- Sí… Además, con lo que le gusta a ella echar a gatear mientras tanto, por la cama tiene más espacio. Lo que sí que podemos comprarle con algunas cosas para el baño porque con la ducha no nos vamos a arreglar con ella.
- Lo sé, lo estuve pensando el otro día. Tenemos ducha en los dos baños – arrugó el gesto ligeramente-. Pero yo juraría haber visto en la tienda también pequeñas bañeras para bebés y poder adaptar los baños.
- Pues igual podemos pasarnos mañana y ver si nos lo pueden traer también el martes junto con la cunita, ¿no te parece?
- ¿Vas a querer hacer parada en la heladería a la vuelta? – sonrió, divertido.
- Pues mira, no se me había ocurrido, pero ya que lo dices… - pasó por su lado, entretenida-. Anda, vamos a por nuestra habitación y así podemos dejarlas ventilando.
- ¿No habíamos quedado en que ya habíamos sacudido bien el polvo de ahí?
- ¡Yamato! Venga, quítate de delante… Vamos a la habitación, que esto ya está listo…
Riéndose, salió por el pasillo por delante de ella, dándose cuenta de que lo seguía.
- Si queda todo bien limpio, mañana podemos traer nuestras maletas para poder ir dejando la ropa colgada. La de Aiko mejor que no, porque no sabemos lo que puede necesitar hasta el martes… ¿qué? ¿Por qué te ríes? – preguntó al verla riéndose mientras que caminaba tras él.
- Por nada, por nada…
- Ya, claro – frenó de repente, notando como tropezaba con él al no haberlo esperando, escuchándola seguir riéndose antes de abrazarlo desde la espalda.
- Anda, camina – le dijo, dejando un beso en su espalda-. Me rio porque no puedes estar más pendiente de la pequeña ni queriendo… Y sí, me parece muy bien. Podemos dejar nuestras cosas aquí y dejar en el hotel lo que vamos a ponernos el martes y listo.
Posó sus manos encima de las de ella, arrastrándola tras él por el pasillo mientras que caminaban en dirección hacia la habitación.
- Lo que tenemos son las estanterías demasiado vacías. Vamos a tener que entretenernos en comprar marcos y empezar a poner fotos.
- Pues yo me sé de una con la que podemos estrenarlos, porque la de ayer de la piscina es digna de ello.
Entretenido, no pudo más que darle la razón, caminando por el pasillo entrando por fin y quedándose mirando hacia los lados, soltándola por fin para poder ir hacia el armario y empezar a sacar algunas de las bolsas que tenía en ella.
- Sábanas tenemos aquí.
- Estuviste muy entretenido mientras que estabas solo, ¿no?
- Lo dejé todo listo antes de irme a Marte. Estaba demasiado nervioso y no podía estarme quieto por las noches, así que fui ordenándolo todo y dejándolo listo para cuando pudiera volver a Tokio.
Curiosa, ladeó la cabeza, observándolo. Era la primera vez que decía en voz alta algo como aquello. Lo conocía de sobra para saber que esos días habían sido muy complicados para él y que se había visto solo con la compañía de Gabumon para sobrellevarlos, pero una cosa era eso y otra escucharlo por fin dejarlo.
- Tendrías que haberme dejado venir contigo esa última semana… - le dijo finalmente-. Menos mal que ahora me da igual cómo te pongas y ya me vengo yo quieras o no.
- Lo que no entiendo es cómo me hiciste caso entonces – se encogió de hombros-. Esto es diferente además… Un viaje como este no me preocupa. Lo peligroso de teneros a vosotras conmigo es que el día del despegue cierre la puerta por dentro y no me quiera levantar de la cama.
Sonrió automáticamente ante sus palabras, acercándose por fin a dejar las cosas de limpieza cerca, para poder tenerlas a mano mientras que trabajaban allí.
- Si te diera por hacer eso, yo te prometo que no le diría a nadie dónde estás…
AnnaBolena04: a ti lo que te pasa es que estabas al acecho del tortugueo y cuando ha aparecido la tortuga se te ha alterado y te ha hecho venir a vigilar que todo estuviera en orden jajajaja Parece que la señora Ishida se ha quedado algo más cansadita de lo normal después de tanto movimiento, pero también se ha quedado echada en su lugar favorito del mundo, así que si no fuera porque de verdad necesitan limpiar esa casa e ir a por Aiko, seguramente se habría quedado mucho más tiempo usando a su rubio de almohada.
Vete diciéndole a la tortuga que la nenita en la playa está a nada de llegar. Que por favor se prepare todo el mundo que Aiko está a punto de pisar la playa y hacer que se muera todo el mundo de la adorabilidad. A ver si sobreviven ella y su padre a quemarse, que el rubio nos da algo de penita, pero ella muchísima y no puede volver rojita a casa que tiene la piel muy delicada al ser tan chiquitina aún.
Quién le iba a decir a Yamato que así iba a acabar siendo todo, y más aún en esa casa en el Sur. Ya quedaron muy lejos las telarañas en la nevera para recibirlo cuando volvía de un viaje. Muy, pero que muy lejos... ¡Besitos de tortuguita!
Natesgo: no sé, a mí el tráfico me da exactamente igual. Yo solo pienso en la gente por las calles, realmente lo que hagan los coches me viene dando exactamente igual, quita, quita. Aquí solo estábamos hablando de la gente por la calle, ni para la ficción me interesan los coches, ni siquiera ahora, fíjate xD
Esos dos siempre se tienen ganas y no necesitan demasiada motivación para irse el uno a por el otro. Y ahora que andaba Sora de mejor humor, más recuperada y que ya sabemos todos que alejarse de Tokio no le puede sentar mejor... Pues normal que se le haya ido directa al cuello a su marido. Lo que tiene pecado es que él estuviera confuso inicialmente, vamos a ver, ni que no supiera con quién se ha casado y qué clase de relación tienen jajaajaja Y sí jajajaja lo de ir a limpiar el polvo y al final acabar echándolo también lo pensé yo jajaja Estuve un rato riéndome sola con eso buscándole contexto para meterlo hasta en el capítulo, pero aparte de que no me pegaba que saliera de boca de ninguno pues posiblemente no sea una expresión muy de por allí, nop jajaja
Por el momento parece que al final sí que han conseguido limpiar algo, venga, hay que darles algo de crédito, aunque Sora haya acabado remoloneando más de la cuenta en levantarse, que la menos tiene todavía algo de excusa.
¡Un beso!
