Lorelei era como un muro cuasi imposible de atravesar. Después de Kairi, el entrenador del Nidoking tampoco logró la victoria (aunque estuvo mucho más cerca de ganar que la entrenadora del Enlace de Sandslash). Por un momento la gente creyó que iba a ganar al envenenarla, pero ella acabó el combate antes de que el veneno consumiera su vida. Había sido un combate tenso por el cronómetro que tenía Lorelei debido a los efectos nocivos y, a su vez, bastante aburrido: el Nidoking se pasó gran parte del combate esquivando y huyendo de los ataques de Lorelei. Cuando lo cazó, fue su perdición. Luego fue el turno del entrenador del Arcanine y entonces sí hubo emoción. Un combate equilibrado por ambas partes que terminó con la derrota de Lorelei. Pero perdió contra Bruno y su fuerza bruta. Y finalmente, la entrenadora del Slowbro, que hizo gala de sus poderes psíquicos y acuáticos los cuales le permitieron superar a Lorelei y Bruno hasta que llegó Agatha donde hubo el combate más corto de la Liga Pokémon hasta ahora: solo duró cinco minutos. Con tres elegidos eliminados, le tocaba al cuarto de la lista: Ahora le tocaba al siguiente elegido: Ryku.

Entre esperas y combates, había transcurrido alrededor de tres horas (preparar los campos de batalla era una ardua tarea, especialmente el de Lorelei) hasta que llegó el turno del joven. Hiroyuki recomendó al público que tomara el aire y descansara un poco mientras lo disponían todo para la próxima serie de combates. Ryku aprovechó el tiempo en repasar otra vez las posibles estrategias que había diseñado para el Alto Mando. El trabajador se encargaría de decirle cuándo había llegado el momento.

«Esta espera es insoportable», pensó. Cada minuto que pasaba solo hacía aumentar más sus dudas y que estas fluyeran libremente por su mente. Por ahora las tenía bajo control, aunque no siempre el resultado era ese.

—¿Listo para darle una paliza a Lorelei? —preguntó Dylan. Se sentó al lado de Ryku frente a la barra de bar.

—Eso creo —apartó la mirada de la libreta—. Conozco el Enlace de Lorelei, me he memorizado todas las tácticas que han aparecido en las anteriores ediciones y tengo varias formas de explotar sus posibles puntos débiles. —Hizo una pausa—. Sería perfecto si no tuviera la sensación constante de que incluso así ella puede dar alguna sorpresa imprevisible.

—¿Cómo que no puedas resistir uno de sus ataques de agua?

—Eso lo tengo claro: no aguantaría más de dos golpes. Me refiero a algún movimiento que no haya utilizado nunca a pesar de conocerlo naturalmente. —Ryku se llevó una mano a la cabeza, desesperado—. Ay, no. No he mirado las MT extrañas que puede aprender un Lapras. Esto puede ser un problema.

—Yo no me preocuparía tanto. Has visto cómo actúa Lorelei, ¿no? Soberbia incluso en la derrota. Aunque conozca algún ataque que realmente impresione que tenga un Lapras, no lo usará; no tendría el mismo poder que con sus ataques de tipo hielo y agua.

Ryku se tranquilizó. La deducción de su amigo tenía sentido. Lorelei solo había usado el movimiento golpe cuerpo hasta ahora que fuera de un tipo ajeno al hielo o al agua. Aquello lo ayudó a deshacerse de las dudas y a centrarse mejor.

—Tienes razón. ¿Cómo no lo había visto? Gracias, Dylan.

—Mejor agradecémelo ganando el combate. A ver si consigues que Lorelei baje esos humos de orgullo, de paso.

El trabajador, que estaba limpiando un vaso y revisando la nevera no contuvo la risa.

—Buena suerte con eso. Esa mujer es el orgullo encarnado. Tal vez, si la superan todos los elegidos que faltan, se agriete su hielo. —Pasó la vista por todos los entrenadores—. A ver si sois capaces de conseguir al menos eso.

Los elegidos intercambiaron una mirada y se pusieron de acuerdo como un objetivo a cumplir si no ganaban la Liga Pokémon.

Alguien llamó a la puerta y la abrió sin que nadie le diera permiso. Era el trabajador uniformado de verde que venía a por el siguiente elegido. En esta ocasión preguntó por Ryku y el joven se despidió de su amigo Dylan.

—Te estaré animando desde aquí —le dijo él.

El trabajador condujo a Ryku hacia la superficie del estadio y lo dejó en un vestuario cerca del campo de batalla. Ese sería el lugar donde descansaría entre combates. Se fue un momento y regresó con un brazalete blanco como el de la prueba de la Calle Victoria. Se lo dio sin necesidad de explicarle lo que tenía que hacer con él y le dijo que podía dejar sus pertenencias en esta sala; nadie entraría y él estaría vigilando desde fuera. Abandonó la sala añadiendo antes que volvería en un momento para acompañarlo hasta el campo de batalla.

Ryku se desabrochó el brazalete y se puso a copiar su Enlace en el brazalete blanco. Mientras se realizaba el duplicado, se podía escuchar al público ya de nuevo en las gradas y gritando como si ya se estuvieran celebrando la próxima serie de combates. El brazalete blanco soltó un pitido y Ryku se lo puso. Dejó su brazalete y su libreta a un lado.

El trabajador abrió la puerta al cabo de unos minutos y con un gesto pidió a Ryku que lo siguiera. Lo llevó por el pasillo y se detuvieron a escasos metros del acceso al interior del estadio. Desde ahí se podía ver al público. Ryku se puso un poco nervioso.

—En cuanto Hiroyuki diga tu nombre, sales al estadio y te diriges al centro. Y cuando mencione una zona segura, vas allí —informó el trabajador—. No te preocupes por nada; todo lo que tienes que hacer está marcado por franjas de colores. Solo síguelas, ¿de acuerdo?

Ryku asintió.

—Bien. Buena suerte, chico.

Hiroyuki realizó una previa como ya había hecho con los dos últimos elegidos. Una manera de recuperar la emoción perdida durante el descanso. Cuando terminó, anunció que el siguiente elegido ya estaba listo y dijo su nombre.

Ryku entró en el área de combate y la sensación que recibió fue abrumadora. El público metió más volumen a sus voces y aquello despertó el viejo recuerdo del joven donde se hallaba entre esa gente años atrás para ver a alguien combatir contra el Alto Mando; hoy era el él quien hacía esa acción. Saludó al público mientras se acercaba al centro del estadio en las gradas. Desgraciadamente, aunque iban vestidos con colores llamativos, las gradas eran tan grandes que solo se podía ver nítidamente los gestos de las primeras filas.

Lorelei lo esperaba con los brazos cruzados y una mirada fría. Tenía el pelo rojo recogido en una coleta con una cinta con forma de esquirla de hielo y unas gafas que se recolocaba en alguna que otra ocasión. Vestía una camisa y falda negras, medias marrones y unos zapatos de tacón negros. Para ser orgullosa, también parecía fardar de cuerpo con unos ropajes provocadores.

—¿Has terminado de interactuar con el público? —le preguntó con desdén.

—Hace rato.

Lorelei volvió a recolocarse las gafas. Sonrió.

—Se te ve muy confiado, jovencito, más que los que anteriores. Aun así, acabarás igual que ellos. No tendré problemas en dejarte helado.

—No podrás congelar mis llamas.

Lorelei arqueó una ceja.

—¿Oh? Así que tengo delante otro Enlace de tipo fuego. Ese Arcanine pensaría lo mismo y ya sabemos cómo acabó. Tus llamas no sobrevivirán a mis gélidas temperaturas. Estarás a mi merced cuando tiembles de frío.

—Eso ya lo veremos.

Los dos se dieron la vuelta y se dirigieron a la zona segura. Entonces el suelo tembló y el campo de combate de la Reina del Hielo ascendió. Cuando la plataforma se clavó en la superficie, Hiroyuki gritó que los contrincantes activaran sus respectivos Enlaces.

Lorelei, como había hecho hasta ahora, activó su Enlace a la vez que se lanzaba a la piscina. Brotó del agua con una explosión de luz que finalizó con un Lapras nadando en el campo de batalla. Ryku podría haber hecho lo mismo, pero él era más de cambiar sin moverse. Activó su Enlace y adquirió la forma Pokémon de un Charizard. Cuando dejó de brillar, voló hasta la isla más cercana y se quedó allí.

La pantalla gigante cargó los Enlaces de los entrenadores y mostró sus respectivas barras de vida. A continuación, Hiroyuki contó hasta tres y, con un sonoro grito a través de su micrófono, inició el combate.

En un instante Ryku visualizó todos los puntos débiles del Enlace de Lorelei. Atacar desde el aire era uno, lógicamente. Cualquier Pokémon que pudiese volar ya tenía una buena ventaja sobre cualquier otro incluso cuando jugaba en desventaja. No podían dañar lo que no podían alcanzar. Sin embargo, debía evitar que Lorelei hallase la forma de contrarrestar esa ventaja. Otro de los puntos débiles era que un Lapras tenía dificultades para darse la vuelta, lo cual seguramente ella trataría de mantenerlo siempre delante.

Lorelei hizo el primer ataque inspirando hondo y expulsando la neblina que ya había usado antes. Aquello pillo por sorpresa a Ryku, que no se esperaba que la Lapras usara un movimiento de distracción como primera acción. En cuestión de segundos todo el campo de batalla se cubrió de niebla. Se oyó el lamento del público por perder tan pronto la vista del combate.

Ryku también actuó en defensa propia copiando la estrategia de la joven Sandslash y usó el movimiento doble equipo. Colocó sus copias estratégicamente. Y como eran puras ilusiones, no interactuaban con la niebla. Así ambos no sabrían en ningún momento donde se encontraba el otro. Quizá sería un buen momento para intentar buscar la retaguardia de la Lapras y asestar un daño decente.

Peligro.

No sabía cómo explicarlo, pero Ryku notó que algo iba terriblemente mal. No fue hasta que en su hombro se formó algo de hielo que entendió lo que estaba pasando e instintivamente abandonó la niebla alzando el vuelo. Nada más salir, la niebla estalló.

Cientos de esquirlas de hielo afiladas volaron en todas direcciones. La mayoría se dirigió a las gradas, desapareciendo al contacto con los campos de fuerza que protegían al público; otras volaron hacia el cielo donde se encontraba Ryku, que no tuvo dificultades en esquivarlos o derretirlos con un poco de fuego. Terminado el peligro, el Charizard miró hacia el campo de batalla.

¿Qué había pasado? Lorelei jamás había utilizado esa técnica. No aparecía en ninguna de las grabaciones de anteriores ediciones de la Liga Pokémon y tampoco la había empleado en los recientes combates contra los otros elegidos. Bien podría haberlo usado en el combate contra la Sandslash y no fue así. ¿Se había tomado la molestia de guardárselo para él como una demostración de poder? Tal vez estuviera pagando su osadía con las provocaciones de antes del combate a modo de lección. De todas formas, no importaba. Solo debía preocuparse de no permanecer mucho tiempo en otra niebla por si la Lapras repetía el movimiento.

Lorelei intentó obligar que Ryku tomara tierra disparando un preciso rayo hielo. El Charizard ya estaba bajando, pero cuando vio la amenaza de los rayos celestes dirigiéndose a él contraatacó con su lanzallamas. El contacto de ambos movimientos causó una explosión y vapor de agua. Aunque fuera en el aire, Ryku vio riesgo en esa formación y batió sus alas con fuerza para disipar aquella niebla por si Lorelei la volvía a usar como una bomba de hielo o lo sorprendía con otra técnica.

Ryku tanteó a Lorelei. Disimuló un descenso como si la Lapras le hubiera dado indirectamente en su anterior ataque, aunque en realidad buscaba mantener la potencia de sus llamas. Un disparo preciso haría más daño que uno extenso. Además, ahora que debía ir con cuidado con las nieblas que aparecieran, lo más adecuado era que todo el fuego diera en la Lapras y no en el agua de la piscina, no fuera que Lorelei sacara ventaja de ello. También calculó la distancia que necesitaba para asestarle un golpe por la espalda; había que procurar que no se diera cuenta.

Como si eso fuera a pasar. Lorelei había librado una infinidad de combates más que él. De igual manera, Lorelei tendría una estrategia a seguir contra Pokémon que volaran. Continuaba siendo su mejor opción, pero no debía creer que alcanzaría sus puntos débiles por un simple despiste.

Lorelei agitó el agua creando pequeñas olas. ¿Un aviso de que iba a lanzar la ola gigante del movimiento surf? No, una distracción. Al igual que Ryku era rápido surcando el cielo, ella lo era disparando. Un torrente de burbujas cargadas de energía azulada se dirigió a la cabeza del Charizard. Este se inclinó, esquivando el ataque, y se dio cuenta del error que había cometido. Se acercó lo máximo posible a una de las islas y se cubrió con el ala justo cuando el rayo de burbujas lo cruzó en diagonal.

Un impacto amortiguado. Ryku se escondió detrás del montículo de roca de la isla y lo usó de escudo hasta que Lorelei necesitó recuperar el aliento. Pasaron unos segundos de aparente silencio (el público no había parado de gritar) y calma sin que nada sucediera. Solo era cuestión de tiempo de que Lorelei usara otro movimiento y forzarlo a abandonar el escondite. Ryku maldijo para sus adentros. Esto no estaba yendo como en una de sus estrategias; en ninguna, en realidad. Lorelei estaba controlando el terreno mucho mejor de lo que esperaba y había logrado arrinconarlo. ¿Qué podía hacer? Saliera o no, la Lapras usaría alguno de sus rayos de burbujas o de hielo y recibiría otro impacto. El amortiguado no le habría quitado mucho, aunque no podía ver su vida en el panel. Cada segundo contaba.

Escuchó movimiento en el agua. Lorelei debía estar reposicionándose, buscando un lugar mejor para disparar. Ryku debía actuar cuanto antes, pero no se le ocurría nada en ese momento. Estaba bloqueado. Cualquier idea que se le venía a la cabeza terminaba con una alta probabilidad de recibir un impacto. Hasta que dio con una que quizá lo salvaría y heriría a su rival. Estaba tan obcecado en seguir una única estrategia que se había olvidado de que en un combate había que adaptarse constantemente, cambiar de perspectiva.

No golpear por detrás.

Decidido, Ryku usó su doble equipo y mandó una copia en una dirección aleatoria. Lorelei cayó en el engaño y disparó su rayo de burbujas. La copia se deshizo tal y como había previsto, igual que así había adivinado la posición de su rival. Se despegó del montículo, lo encaró y le asestó un Megapuño que lo hizo pedazos. La fuerza del impacto mandó las rocas hacia Lorelei como un lanzarrocas improvisado. La Lapras reaccionó como cabría esperar: empezó a disparar rayos de burbujas para eliminarlas. Fue rápida, pero Ryku había lanzado las suficientes para volar detrás de ellas, cargar su puño de energía y aprovechar el momento en el que su rival disparaba hacia un lado para golpear sin peligro. Dio de lleno en el mentón de la Lapras y la sacó del agua unos segundos antes de volver como un pedazo de roca más.

Tenía una segunda oportunidad con su inesperada acción. Lorelei había caído casi del revés en el agua y tuvo que dedicar un valioso tiempo a colocarse correctamente. Cuando las cuatro aletas tocaron el agua, Ryku agarró su cuerpo y con una fuerza sobrehumana levantó los más de doscientos kilos de peso de la Lapras y ascendió varias decenas metros sobre el agua. Luego contrajo las alas, empezó a caer en picado dando tirabuzones y, cuando apenas estaba a diez metros de distancia del agua, detuvo su vuelo y dejó que el Pokémon marino terminara el trayecto con un impulso adicional. El impacto fue tal que parecía el resultado de una explosión bajo el agua. Incluso llegó a salpicar al Charizard, que permanecía a una distancia prudencial de la piscina.

El estadio entero vitoreó las acciones del Charizard. Les estaba dando un buen espectáculo, al parecer. Ryku consiguió echar una ojeada a la pantalla de las barras de vida para comprobar el estado del combate. Incluso con dos ataques seguidos y directos, la barra de vida de Lorelei seguía en verde, pero había perdido la mitad. Por otro lado, el impacto amortiguado había sido más efectivo de lo esperado con al menos un veinte por ciento de su barra perdida. Si no hubiera conseguido bloquearlo, quizá estaría igual que Lorelei o incluso peor.

Lorelei brotó del agua y miró a su alrededor a la vez que curiosamente las salpicaduras se congelaban al acercarse a ella. Estaba enfadada, muy enfadada. Tanto que actuó de forma igual de imprevisible. Su rival se mantuvo escondido en el aire por unos segundos hasta que el Pokémon marino hizo contacto visual con él. En ese preciso instante, sus ojos brillaron con una energía azulada y el cuerpo del Charizard se rodeó por un aura del mismo color. El dragón naranja se vio confuso un instante, aunque le duró poco al creer el movimiento que estaba efectuando. Lorelei se dio la vuelta, seleccionó una de las islas sin montículo y mandó al Charizard allí con el menor respeto posible. El dragón naranja se estampó de lado con la isla, que aguantó el impacto y no se rompió. Aun así, levantó polvo donde había caído.

Hiroyuki no se lo creía. Ni el público. Lorelei había empleado un movimiento para nada propio de lo que ella representaba. La Reina del Hielo acaba de utilizar un ataque psíquico con su rival. Algo aparentemente imposible de realizar por la Reina del Hielo. Ni siquiera sus fans más acérrimos supieron cómo reaccionar. Fue tal la sorpresa que se hizo el silencio por unos segundos antes de que una parte del público reanudara los ánimos a Ryku.

Ryku veía borroso. Le dolía el costado. Psíquico. Lorelei conocía psíquico. Su título de Reina del Hielo no significaba tanto para ella. «Pues a veces sí sabe dejar la soberbia de lado», pensó. ¿Por qué tuvo que mencionar el asunto de las MT antes del combate? Era como llamar al mal tiempo. Ignoró esos pensamientos y se centró en el combate. Lorelei se acercaba lentamente. Parecía decir algo, pero no la oyó. Y ante el inminente peligro, Ryku reaccionó casi por instinto y escupió un torrente de llamas hacia la Lapras. Obviamente el Pokémon marino no tuvo dificultad en convertir el fuego en vapor de agua con un rayo de burbujas. Se detuvo donde estaba y se puso a cantar.

Inmediatamente Ryku se recuperó y se levantó buscando el cielo. Nada más batir las alas, una de ellas lo obligó a permanecer en el suelo. El golpe había sido muy doloroso y no iba a poder volar en un tiempo. Buscó una isla con cobertura, pero las que seguían en pie se habían movido detrás de Lorelei. Estaba en una posición vulnerable.

La Lapras terminó su canción con una nota alta. Alzó la cabeza y bajo ella brotó un bloque de hielo. Luego la temperatura empezó a descender, el agua convirtiéndose en hielo y nieve. Y lo que parecía una elegante decoración invernal, se convirtió en un desastre natural. El viento sopló con intensidad, moviéndose a la voluntad de la Lapras, arrastrando la nieve y el hielo. En un momento se había formado una ventisca que recorría en círculos el campo de batalla, encerrando al Charizard y la Lapras en su interior.

Ryku se protegió como pudo. Empleó el ala como escudo contra el viento helado que lo empujaba y se cubrió todo lo que pudo con este. Luego se aferró con las garras de las piernas sobre la isla para evitar ser arrastrado por el viento. Por suerte el pedazo de roca que era la isla no se movía por la ventisca, solo por los impactos de las olas semi congeladas contra los bordes. Cuando estuvo seguro, Ryku buscó a Lorelei. A pesar de que la nieve era bastante densa, todavía se podía ver el exterior del campo de batalla y distinguir el gris del caparazón del Pokémon acuático. Era el centro de la ventisca.

La nieve se acumuló en el ala y Ryku empezó a notar las consecuencias del movimiento. Como no se trataba de un ataque directo, su barra de vida no descendía de golpe, sino lentamente. Una ventaja y un inconveniente a la vez. Si pudiera moverse, podría contrarrestar la fuerza del viento y abandonar la ventisca, pero Lorelei se había asegurado de que no lo hiciera. La miembro del Alto Mando lo había calculado bien y tenía la ventaja. Era cuestión de tiempo que el daño eliminara toda la vida de su barra y perdiera el combate.

Se sentía impotente. Después de todo, una inmovilización iba echar a perder todo. Un ala dolorida, nada menos. Un problema que siempre había logrado sobrepasar en los combates Se inclinó un poco para visualizar la pantalla a través de la ventisca. Su barra ya había pasado a naranja y poco a poco se aproximaba al cambio de color, al peligroso rojo. Tenía que hacer algo, no podía quedarse como una estatua esperando a que la ventisca drenara todo el poder de su Enlace.

Entonces lo notó. Fue débil, apenas duró un segundo, pero la ventisca redujo su fuerza por un instante antes de recuperarla. Ryku centró su atención el Lorelei; la ventisca estaba como conectada a ella, actuando según sus acciones. Si algo le pasaba al movimiento, debía sucederle algo a quien lo lanzaba. Quizá fue el frío, o la imperiosa necesidad por sobrevivir a la tormenta de nieve, pero no se dio cuenta de que Lorelei no era el centro del movimiento, sino su canto. Desde que la ventisca estaba activa, Lorelei no había parado de emitir un tono alto, casi un grito intimidante. En algún momento tuvo que detenerse a recobrar el aliento y eso disminuyó la potencia de la ventisca hasta que volvió a cantar. El ruido del viento había evitado que se percatara de la pausa hasta que fue demasiado tarde.

Ryku ya no se vio amenazado. Había encontrado un nuevo punto débil en la estrategia de la Lapras. Explotarlo iba a ser muy sencillo. Solo debía esperar un poco a que la ventisca amainara mientras acumulaba el fuego que iba a necesitar para su plan. Lo segundo no fue complicado. A pesar del frío, Ryku solo tuvo que recordar que habían usado otra vez el ataque psíquico contra él para tener llamas suficientes listas para arrasar con todo.

El momento llegó y Ryku miró al centro de la ventisca. Luego levantó la cabeza y disparó hacia el exterior. No un torrente de llamas, sino una bola de fuego. El proyectil no se extinguió por el contacto con el agua y siguió su trayectoria hasta alcanzar su destino. Cuando estuvo a punto de abandonar la ventisca, estalló en cinco látigos de fuego, cinco puntas de estrella, que recorrieron la cúpula que formaba la ventisca y se expandieron, cubriendo la burbuja con otra. El fuego de la llamarada fue tan intenso que Lorelei no pudo mantener la ventisca y esta se convirtió instantáneamente en agua y vapor de agua, que cayó en el campo de batalla como un aguacero inesperado. El peso del agua obligó a Lorelei a detener definitivamente su ataque mientras soportaba la inesperada caída de litros de agua que, como estaba gritando hace unos instantes, le había entrado por la boca. Ryku saltó hacia atrás en cuanto la ventisca se convirtió en agua y evitó que su propio ataque lo afectara. Vio a la Lapras tosiendo, casi ahogándose, distraída por intentar expulsar el líquido que había tomado la dirección incorrecta en su cuerpo. El vapor de agua descendió como un telón sobre el campo de batalla.

Ryku comprobó rápidamente el estado de su ala. Seguía doliéndole. Volar no era una opción todavía. Pero podía impulsarse, cosa que hizo antes de perder a la Lapras en la niebla. Por el camino agarró un bloque de hielo y lo lanzó cerca de Lorelei. La salpicadura hizo que la Lapras volviera al combate, pero le fue imposible responder a su ataque por culpa del agua que se había tragado y le seguía molestando; no podía lanzar ninguno de sus ataques. No iba a resolver su problema con un puñetazo y soltó un lanzallamas directamente en la cabeza de la Lapras. Cualquiera hubiera gritado ante el repentino calor circulando por la cara, pero Lorelei solo soltó un gruñido, controlando el dolor que estaba sufriendo.

Cuando el Charizard cerró el hocico, la Lapras se arriesgó a devolver el ataque con un rayo de burbujas. El ataque ayudó a expulsar el agua que se había tragado y le permitió volver a respirar a la vez que golpeaba a su rival. Estando tan cerca, era imposible fallar.

Pero falló.

El rayo de burbujas dio en el bloque de hielo y lo destruyó. La Lapras se quedó pasmada ante la súbita desaparición de su rival. Tenía un ala rota; no podía escapar volando. Miró arriba. Nada. El Charizard se había esfumado. Rápidamente entendió lo que había ocurrido y lo quiso contrarrestar con una ventisca, pero fue demasiado tarde.

Ryku lanzó otra bola de fuego que impactó en el caparazón de la Lapras. La bola explotó en una estrella de cinco puntas en la que una pegó de nuevo a la Lapras justo en el cuello. La potencia de las llamas llegó a partir el agua por la mitad a la vez que lo vaporizaba y cubría el espectáculo que se estaba presenciando. No lo consiguió al desvanecerse mientras el cuerpo de Lorelei se puso a brillar y explotó apartando todo lo que estuviera cerca de ella. Ryku estuvo incluido en esa acción de la Prioridad Humana y fue lanzado hacia el extremo del campo de batalla siguiendo la parábola que había realizado con su salto. Poco después, su Enlace también desapareció.

—Y el ganador del combate es… ¡Ryku!

La pantalla eliminó la barra de vida de Lorelei y agrandó el nombre de Ryku, su Enlace y una exagerada palabra de vencedor en un fondo llamativo.

Resultaba imposible escuchar ahora lo que el público estuviera gritando. Felicitaciones, gritos de júbilo al presenciar un buen combate, algún que otro abucheo por parte de fans de Lorelei. Todo no era más que ruido. Ryku se levantó y se sacudió la ropa. Se llevó una mano a la espalda por la sensación del ala herida. Miró al público y buscó a sus padres una vez más. Había demasiada gente; ni siquiera se veían las banderas de ánimo de la familia de Dylan, mucho menos las camisetas llamativas de sus padres.

Lorelei salió del campo de batalla saltando entre los bloques de hielo que todavía no se habían fundido. Se notaba la experiencia de haberlo hecho muchas veces, pues no se mojó en ningún momento. El último salto no lo calculó bien y tropezó, aunque se equilibró casi sin que nadie se diera cuenta. Se recolocó las gafas y se acercó a Ryku.

—Eres mejor de lo que pensaba —dijo—. Pero no te alegres tanto. Todavía te quedan los demás miembros del Alto Mando. Y cada uno te tiene reservado sus propias sorpresas.

—¿Como tú psíquico? Sorprendiste a todos con ese movimiento. Especialmente cuando eres especialista en congelar al adversario.

—Y lo he intentado contigo durante el combate, aunque tu fuego logró superar mis bajas temperaturas.

—¿Por eso usaste el ataque psíquico? ¿Para compensar que no podías congelarme?

—No. Hago honor en todo momento al apodo que me dieron de Reina del Hielo. Pero tengo un buen repertorio de movimientos y, por estadística, en algún momento tenía que utilizar alguno poco convencional.

Ryku hizo una mueca. Vaya suerte tuvo de que le tocara.

Lorelei se dispuso a retirarse, pero se detuvo tras dar unos pasos.

—No hagas que me arrepienta de haber perdido contra otro elegido que no llegará lejos. No permitas que yo sea la cúspide de tus capacidades.

Y sin decir más, abandonó el estadio.