Como norma general, los descansos entre combates contra los miembros del Alto Mando duraban unos quince minutos. Había pasado media hora y todavía no habían llamado a Ryku. Había escuchado la maquinaria llevarse el campo de batalla de Lorelei, pero no parecía que volviera a funcionar después. Ryku apostaba más a que el combate contra Lorelei había sido de aquellos que necesitaban algo más que cambiar un campo de batalla.
Ryku abrió la libreta de las estrategias y pasó las hojas hasta detenerse en el siguiente miembro de Alto Mando. Bruno era un líder más sencillo en comparación con los demás miembros. No tenía muchos puntos débiles que pudiera explotar con un maestro de la lucha. Si elegía su Machamp, podía aplicar sus técnicas de combate con un Pokémon musculoso de cuatro brazos. Si elegía su Onix gigante, el combate duraría menos de lo que se tarda en activar el Enlace. Cualquiera de los dos era un peligro, pero si había de ser más concretos, solo el Onix lo era. Contra un Machamp aún tenía una posibilidad. Esperaba que fuera su elección.
El trabajador llamó a la puerta y la abrió.
—Ya está todo listo para siguiente combate.
Ryku dejó la libreta en el banco, inspiró hondo y siguió al trabajador hasta la salida al campo de batalla. Desde ahí se veía que habían limpiado concienzudamente todo rastro de roca y hielo del anterior combate. Parecía que no se había librado ninguno en horas.
—Ya conoces el procedimiento —dijo el trabajador—. Buena suerte.
Ryku asintió y se quedó a solas un momento hasta que Hiroyuki pronunció su nombre y el joven entró en el estadio. Siguió las marcas de colores hasta la zona segura. Miró al público, que había recuperado la emoción casi como el primer combate. Ryku se preguntó si de tanto gritar durante horas alguno ya se había quedado afónico. No parecía el caso.
Hiroyuki hizo un resumen breve del combate contra Lorelei (solo duró treinta segundos), y se preparó para dar la bienvenida al siguiente miembro del Alto Mando. El comentarista vio adecuado presentar a Bruno como un luchador que entraba en un ring. Se abstuvo de revelar el peso del hombre, pero hizo especial hincapié en su pasado como maestro de la lucha y su cuerpo musculoso. El público no le siguió el juego.
Después de irse un poco por las ramas, Bruno cortó al comentarista entrando en el estadio antes de que aburriera más al público. Su mera presencia cambió el ambiente de todo el estadio. La gente se mostraba más respetuosa, estaba más calmada (dentro de lo que se podía). El hombre imponía. Hiroyuki no mentía sobre su cuerpo esculpido: no llevaba ninguna prenda de cintura para arriba para que quedara claro. Tenía el pelo largo y oscuro recogido en una coleta y solo vestía unos pantalones blancos agarrados con un cinturón negro de karate. También portaba un grueso brazalete de hierro con pinchos tanto en manos como en pies salvo el brazo donde estaba el brazalete Enlace.
Bruno se dirigió al centro del campo de batalla y Ryku hizo lo mismo. Cada vez que el joven recortaba distancia con el hombre se notaba más y más intimidado. Una cosa era verlo a través de una pantalla, pero tener de frente aquel rostro serio y desafiante no hacía más que ponerlo nervioso. Se quedaron unos segundos mirándose el uno al otro.
Bruno cruzó los brazos.
—¿Ni una provocación? —preguntó.
Aquello pilló por sorpresa al joven.
—¿Cómo dice?
—Antes del combate contra Lorelei, la provocaste negándole que te congelaría. ¿No vas a decir algo similar conmigo?
—Era un duelo de elementos opuestos, señor. Y ella me había provocado primero.
—Entonces, ¿debo hacerlo primero para que lo hagas?
—¿Por qué este interés? —preguntó Ryku, confuso.
—Para mantener una conversación de algún tipo. No es que sea una persona muy habladora, precisamente; soy más de probar la fuerza de los otros. —Hizo una pausa y fijó la mirada en Ryku—. Has machacado a Lorelei. Eso ya demuestra que tienes algún potencial. Pero yo te machacaré con mi gran fuerza.
—¿Eso ha sido una provocación?
Bruno no contestó. Se quedó expectante a una respuesta del mismo nivel. La conversación se estaba volviendo extraña por momentos.
—No creo que puedas golpear lo que no puedes alcanzar —dijo Ryku—. Pienso ganar a todos los miembros del Alto Mando. No sois mi límite.
Bruno sonrió.
—Eso último lo he escuchado decenas de veces y todos los entrenadores han tenido que retractarse. —Alargó un puño—. Comprobemos si tus palabras son honestas. Tengamos un buen combate. Un combate de honor.
Ryku chocó el puño con otro. ¡Menuda mano tenía! Era como golpear una roca.
Ambos entrenadores se retiraron a la zona segura y el campo de batalla se desplegó sobre el estadio. Era uno más normal, menos ventajoso para el miembro del Alto Mando. Un simple campo de tierra batida.
Una sensación de alivio recorrió el cuerpo de Ryku. Un terreno así significaba que había muchas probabilidades de enfrentarse al Enlace del Machamp y no el de la serpiente rocosa. Normalmente, el del Onix solía ser un campo de rocas similar al que tenía Brock en su Gimnasio. Una zona abierta era más aceptable para un combate justo; ninguna ventaja para nadie más allá de los elementos del Enlace.
Hiroyuki dio la orden de activar los Enlaces y ambos entrenadores procedieron a la acción. Ryku recuperó sus alas, su cola y su fuego y saltó campo de tierra con un batir de las alas que levantó un poco de arena. Al otro extremo, Bruno no se hizo grande al transformarse en Pokémon. Era ligeramente más pequeño que el Charizard de Ryku. Aquello despejó toda duda. Se había convertido en un Machamp: cuatro brazos probablemente más musculosos que los naturales de Bruno, un cuerpo bípedo de piel grisácea bastante humano (salvo que los pies solo tenían dos dedos), el cinturón característico de su forma evolutiva y tres franjas que aparentaban ser su pelo. Cuando terminó de brillar, entró en el campo de batalla y con un solo gesto agrietó la tierra como una demostración de poder.
Esperaron a que la pantalla grabara sus Enlaces y mostrara sus respectivas barras de vida. Luego Hiroyuki inició la cuenta atrás y con un movimiento del brazo, empezó el combate.
No hubo momentos de estudiar al rival. Al menos, así quiso Bruno. Saltó varios metros y cayó sobre la grieta que había creado antes, levantando pedazos de roca que agarró con los cuatro brazos y los lanzó inmediatamente hacia el Charizard. Este ya esperaba que el Machamp usara un movimiento de tipo roca, separó las patas del suelo y maniobró en el aire esquivando con facilidad las rocas. La fuerza de Bruno se concentraba en el cuerpo a cuerpo, de modo que cuando atacaba a distancia, perdía un poco de potencia. Aun así, la avalancha seguía siendo extremadamente peligrosa.
Ryku aterrizó de nuevo cuando a Bruno no le quedaban más rocas que lanzar. Mantenerse en el aire era la mejor ventaja que tenía contra el Machamp, al igual que su resistencia natural a los movimientos de tipo lucha. Pero no debía abusar de ello. Como dijo Lorelei, por estadística Bruno podría darle con una roca en el aire y entonces su combate estaría sentenciado. Había que ser consciente en todo momento de la súper debilidad. Lo único que avanzaría el combate de manera justa era acercándose al rival y darle una oportunidad de usar otro de sus movimientos, uno a los que fuera más resistente o neutral.
Pero Ryku no estaba muy confiado. Se aproximó al Machamp, el cual ya se colocó en una posición defensiva de algún arte marcial. Una ventaja muy grande poder aplicar técnicas humanas con un cuerpo Pokémon. Así que fue a lo seguro y se detuvo a la distancia justa para que un lanzallamas lo quemara y provocara la mayor cantidad de daño. Bruno fue rápido en aplicar contramedidas y saltó hacia adelante, acortó más distancia y golpeó el suelo con los cuatro brazos cargados de energía. Cuando las llamas estuvieron a punto de alcanzarlo, agarró un bloque de piedra que levantó a modo de escudo y las llamas se dispersaron en todas direcciones. Ryku tuvo que detener el ataque cuando la arena que había levantado Bruno casi estuvo a punto de tragárselo.
Bruno usó su fuerza bruta y partió el bloque de piedra. No lo empleó como ataque y se limitó a eliminar una barrera que él mismo había creado. Su salto tenía la finalidad de acercarse a su rival con sutileza. Bien podía haber levantado el escudo de piedra desde la anterior grieta que había originado antes, pero ¿qué gracia tenía mantener las distancias? Bruno quería luchar cuerpo a cuerpo y aquella era su intención.
Por suerte, Ryku ya previó el deseo de Bruno. Tampoco había que ser un gran estratega para descubrir que un maestro de la lucha intentaría golpear de cerca. Y a Bruno le encantaban los combates justos, en igualdad de condiciones. Estaba dispuesto a aceptarlo.
Bruno resultó ser más lento de lo esperado. Aunque se impulsó para reducir cuanto antes la distancia con su rival, Ryku no tuvo ningún problema en seguirle el ritmo. Solo cuando hubo el trecho perfecto para asestar un buen puñetazo, el Machamp explotó en velocidad. El Charizard esquivó por los pelos un golpe en el cuello con el canto de la mano y consiguió concentrar energía en su puño para contrarrestar otro puño cargado del Machamp.
El impacto de ambos Megapuño fue tremendo. La energía liberada por el choque de los movimientos causó una onda expansiva que levantó la arena y la movió en todas direcciones. Hiroyuki incluso comentó haber visto físicamente la onda sin necesidad de la arena.
Ryku y Bruno se habían quedado comparando fuerzas. Los puños con los que habían entrechocado seguían pegados entre ellos como una competición secundaria por ver quién podía romper antes la resistencia del otro. Al final ninguno de los dos tuvo la intención de demostrar su poder.
Bruno tenía en ese momento uno de sus brazos paralizado, pero todavía le quedaban otros tres que estaban libres y listos para golpear. Lo que no se esperó fue que su rival reaccionara de igual manera y bloqueara otro ataque físico con su otro puño. Ahora los dos tenían dos brazos ocupados y cruzados. Bruno seguía disponiendo de dos brazos más y, aun así, no fueron suficientes. El Charizard, aunque solo tuviera dos brazos, tenía cuatro extremidades. Las alas tenían vía libre para golpear con un ataque que le haría mucho daño si lograba asestarlo. Bruno no tuvo más remedio que inmovilizarlas con sus brazos libres, quedando los dos completamente incapacitados a menos que uno cediera.
O eso parecía.
Bruno todavía podía emplear sus piernas, más largas que las del Charizard, para atacar. Sin embargo, el dragón naranja también halló otro método de perjudicar a su rival en su estado actual. Y, a diferencia del Machamp, era un movimiento imposible de esquivar. En un momento el Charizard cargó su boca de fuego y escupió un torrente de llamas muy cerca del Machamp. El golpe ayudó a que los dos Pokémon se liberaran mutuamente y el Machamp retrocediera con la mitad del cuerpo envuelto en llamas.
La escena trajo diversas reacciones. Algunos vitorearon el primer choque físico de fuerzas; otros celebraron cómo había terminado, animando al Charizard y al Machamp de diferentes formas; y otros no pudieron evitar una carcajada ante tal resolución, como si lo hubieran previsto en cuanto los rivales se inmovilizaron. Hiroyuki, por su parte, mantuvo la compostura en todo momento y narró los acontecimientos con la emoción y seriedad digna de un famoso comentarista.
En cualquier caso, Ryku había asestado el primer golpe dañino del combate. Uno del cual el joven estaba bastante satisfecho, pues al haber sido tan directo le había arrebatado bastante vida a su contrincante, poco más de una cuarta parte del total.
A Bruno no pareció importarle mucho el calor y las quemaduras que tenía en el rostro. Con una simple sacudida de la cabeza se deshizo del dolor y volvió al combate. De un impulso ya estaba de nuevo muy cerca del dragón naranja.
Ryku tuvo la desgracia de distraerse mirando la pantalla, lo que apenas le dio tiempo a reaccionar a la contraofensiva de su rival. Bruno no perdonó el descuido y, aunque Ryku consiguió reaccionar a tiempo, su movimiento solo otorgó ventaja a Bruno. Le agarró el ala que había empleado para intentar alejarlo y de repente el entorno se volvió borroso cuando Bruno se puso a dar vueltas sobre vueltas sobre sí mismo a gran velocidad. Buscó una manera de zafarse, pero fue inútil. La velocidad a la que giraba el Machamp mantenía su otra ala descontrolada y sus brazos no superaban la fuerza centrífuga. Al final el Machamp dejó de rotar y lo lanzó hacia un extremo del campo de batalla. El lado en el que cayó fueron los restos de rocas que el Pokémon gris había dejado con su ataque de avalancha. Ryku se lamentaba cada vez que una roca fingía detenerlo en el arrastre. Al final su cuerpo consiguió frenarse al arrastrar consigo la suficiente arena para usarla como un muro.
Ryku abrió los ojos y se movió previendo que iba a despertar un dolor intenso en el lado que más se había rascado con la tierra. Su ala izquierda había sido la parte del cuerpo más arramblada, pero consiguió extenderla y quitarse la arena de una sacudida. Había dolido mucho menos de lo que Ryku imaginó. No costó adivinar por qué: el Machamp había usado uno de los movimientos en los que su Enlace era resistente. Cómo le alegraba tener la ventaja en el combate.
Volvió a enfocarse en Bruno, el cual estaba más cerca de lo esperado y ya preparando una nueva avalancha como un ataque a corta distancia. Ryku consiguió localizar a tiempo el primer brazo que lanzaría la roca y la esquivó con la misma facilidad que el primer ataque. Incluso con una de las alas algo dañada, no tuvo dificultades en alzar el vuelo a la vez que evitaba un impacto de las rocas y controlaba la distancia con su enemigo.
Era curioso como Ryku no había predicho la lentitud del Enlace de Bruno. El Machamp era muy fuerte, pero bastante lento para un Pokémon que estaba muy tonificado. Debió haberlo tenido en cuenta en sus estrategias.
El Machamp no permitió que el Charizard se escapara por el aire. Se acuclilló, imbuyó de energía sus piernas y se impulsó hacia el cielo a una velocidad vertiginosa. Antes de que el dragón naranja tuviera oportunidad de zafarse, el Pokémon de cuatro brazos ya lo había alcanzado y agarrado del cuerpo con dos de ellos. El Charizard iba a escupir un nuevo torrente de fuego para liberarse, pero Bruno usó otro de sus brazos para evitarlo, haciendo que solo salieran pequeñas llamas que se extinguieron al instante. Ni siquiera podía mover las alas como plan alternativo; el Machamp lo tenía bien inmovilizado. Siguieron ascendiendo por el impulso hasta alcanzar casi los veinte metros, momento en el que la gravedad volvió a atraerlos hacia el suelo.
Bruno giró sobre sí mismo y se puso a dar vueltas en el aire como una perforadora. El suelo se acercó más y más deprisa hasta que solo quedaban unos metros para el impacto. Bruno detuvo el giro en ese momento y, antes de que nadie viera sus acciones, puso al dragón naranja de espaldas al campo de batalla y lo empujó de una patada.
La arena del campo de batalla se elevó como si una bomba de energía hubiera estallado donde el Charizard había caído. El público quiso saber si el combate había terminado con ese ataque. La pantalla mostró la barra de vida del Charizard todavía en verde, pero muy cerca de cambiar de color. La gente gritó de todo para que el dragón naranja saliera del polvo de arena.
Ryku emergió de la nube de polvo con un batir de las alas que pareció controlar la arena. Dio un paso adelante, dolorido por el impacto, mientras el polvo regresaba al suelo lentamente. Miró al Machamp y jadeó. Ahora tenía que soportar el dolor en ambas alas.
El Machamp pasó a la defensiva. No se fiaba de lo que pudiera hacer un Charizard golpeado por un movimiento sísmico, como si supiera que aquello desencadenaba un contraataque igual de poderoso o más. La experiencia se lo decía. Pero el dragón naranja no actuó como Bruno quería y se quedó completamente quieto.
Ryku hacía ademanes de moverse para mantener a Bruno en alerta, incapaz de pensar en otra cosa que en un posible contrataque o esquivar algún movimiento. Se benefició de esos momentos para planificar una nueva ofensiva. Su Megapuño y el lanzallamas habían perdido precisión; el Machamp ya adivinaba cuando iba a golpear con esos movimientos. Debía sorprenderlo con una táctica que, aunque esperase, no pudiera contrarrestar fácilmente, aunque lo intuyera.
Había un movimiento que conocía y no había utilizado desde que obtuvo su Enlace. Era uno de esos movimientos que no creía tan efectivo como el lanzallamas. La verdad es que dependía mucho de ese ataque de fuego. Usar uno que nadie le había visto lanzar antes serviría para sorprender a Bruno.
El último ademán que realizó fue la señal de iniciar la ofensiva. Ryku se impulsó con las alas (soportando el dolor que les afectaba). Cargó de energía las garras y giró sobre sí mismo a la vez que intentó que una de las garras acuchillara a Bruno. Este no tuvo problemas en bloquear el ataque y desviarlo con uno de sus brazos. Trató de castigarlo con un golpe de kárate con otro de los brazos, pero Ryku aceleró el giro y lanzó otra cuchillada que lo obligó a bloquear de nuevo. El Machamp estaba decidido a castigarlo y quiso agarrarlo, pero el dragón naranja usó las alas y lo alejó mientras lo amenazaba con golpearlo. Simuló cargarlo de energía, que sirvió para que el Machamp se pusiera en alerta máxima y se protegiera con todos los brazos a la vez que retrocedía.
Era el momento perfecto.
Ryku había estado todo el ataque con las cuchillas cargando su boca con un fuego especial, uno que él llamaba internamente «tornado de fuego». En realidad, era el movimiento que se conocía como giro fuego, pero le gustaba más el suyo. Ryku abrió la boca y las llamas emergieron en forma de tubo, con el interior hueco. Cuando estas hicieron contacto con el cuerpo del Machamp, se expandieron y encerraron al Pokémon de cuatro brazos en una jaula cilíndrica hecha de puro fuego.
Bruno intentó golpear las llamas, abrirlas para escapar de allí, pero era imposible. Las llamas se regeneraban más rápido de lo que él podía golpear y se intensificaba su calor si empleaba todo su cuerpo. Estaba atrapado.
Cuando Ryku cerró el hocico y dejó de alimentar las llamas, estas actuaron al revés de lo que se esperaría. Empezaron a girar como si el viento les diera la energía y adquirieron el aspecto de un cono invertido, un tornado. Ahora ni Bruno ni él podía atacar hasta que el movimiento finalizara o se debilitara lo suficiente para otorgar la posibilidad de golpear.
Ryku permaneció atento a lo que pudiera suceder. Que Bruno no pudiera abandonar el tornado, no significaba que estuviera inmovilizado. El Machamp seguía poseyendo todas tus capacidades; el fuego solo lo dañaba y lo cegaba mientras tanto. Si había que sacar el máximo partido al movimiento, entonces debía aprovechar cada golpe que recibiera su rival.
El tornado de fuego aumentó su brillo, señal que indicaba que el Machamp había sufrido daños. Ryku aprovechó el momento para separarse del suelo. Tenía al menos otra oportunidad de moverse sin que el Machamp supiera la dirección que tomaba. Con un poco de suerte, el giro fuego le dañaría tres veces. Y con mucha más, cinco. Sería agradable herir al Machamp hasta cinco veces, pero no confiaba en ello. El giro fuego duraba cuanto quisiera; no podía controlarlo.
El Machamp buscó al Charizard, el cual perdió de vista después del primer golpe. El tornado de fuego le dificultaba la visibilidad más allá de las llamas. Especialmente cuando su rival podía camuflarse con aquella barrera que hacía que lo viera todo con tonalidades anaranjadas. Pero a eso podían jugar dos. Bruno había recibido ese ataque muchas veces y había conseguido una resistencia al daño. Su Enlace se resentiría, pero su lado humano lo aguantaría sin dificultades. Un nuevo brillo del tornado lo golpeó y lo quemó. Dolía, aunque no tanto como un lanzallamas. Fingió estar muy afectado, pero en el tiempo que duró el golpe, rompió el suelo y se hizo con unos pedazos de rocas, listos para soltar una avalancha cuando el Charizard menos se lo esperara.
Localizó la cola en llamas del dragón naranja y esperó al tercer golpe del tornado de fuego. Normalmente desaparecía después de eso, pero unos segundos de factor sorpresa bastaría para ganar el combate. Cuando llegó, disparó la mitad de las rocas que había lanzado (una seguridad extra por si no se cumplía algo del plan).
Rocas envueltas en llamas volaron hacia Ryku, pero el dragón naranja, incluso con el factor sorpresa en su contra, esquivó la avalancha por los pelos. Ryku se dio prisa y se elevó hasta el límite del tornado de fuego y esperó. Bruno había recibido daño tres veces y el tornado seguía activo; daría un cuarto golpe como máximo. Se adelantó al momento y disparó un lanzallamas al interior del tornado.
Bruno no se esperó eso y tuvo que utilizar el resto de piedras como defensa. La avalancha chocó con el torrente de fuego y lo desvió en cuatro corrientes que abandonaban el tornado sin acercársele. La última roca logró atravesar el lanzallamas, creyendo que acertaría e impresionaría al Charizard mientras el impacto le otorgaba la victoria. Cuando la roca salió despedida hacia el cielo despejado, su rival no estaba. Aquello puso en alerta a Bruno. Acababa de perder a su enemigo otra vez.
El tornado de fuego efectuó su cuarto y último golpe que estremeció a Bruno. Mantuvo la compostura mientras el fuego empezaba a desaparecer y buscaba al Charizard, pero en ese tiempo vio un ala por el rabillo del ojo y, antes de que pudiera reaccionar, recibió un ataque ala justo en la cabeza.
El golpe fue decisivo. El tornado se partió en dos cuando el ala del Charizard cayó desde unos metros por encima del Machamp y la explosión de la Prioridad Humana extinguió todo rastro de llamas en el campo de batalla. La pantalla gigante del estadio bocinó y eliminó la barra de vida del Machamp, declarando a Ryku como el ganador del combate.
Nada más Hiroyuki proclamó a Ryku como vencedor, el público se emocionó y sus gritos solapaban la voz aumentada del comentarista.
Ryku se levantó y sacudió la cabeza. La Prioridad Humana del Enlace de Bruno lo pilló en pleno vuelo, empujándolo varios metros y desactivando su propio Enlace. Lo había conseguido. Había derrotado a dos de los cuatro miembros del Alto Mando.
Bruno se quitó la arena de los pantalones y el torso y fijo la mirada en el joven. Costaba adivinar si estaba enfadado por perder o satisfecho por un buen combate. Aquel rostro serio no daba muchas pistas. Se acercó a Ryku y le extendió la mano.
—Enhorabuena. Ha sido un buen combate.
Ryku le estrechó la mano. Sintió la fuerza con la que Bruno apretaba y no se estaba ni esforzando. ¿Cómo de duros eran sus golpes cuando no era un Pokémon?
—Lamento no haberte proporcionado un combate de honor. Ni siquiera creo que fuera del todo justo.
—No lo fue, pero tampoco podía haberlo sido. Solo considero un combate de honor si un Enlace no tiene una ventaja sobre el otro y si la mayor parte de la pelea es de contacto físico.
Ryku apartó la mirada. En todo el duelo, solo habían tenido un par de contactos físico.
—Hiciste bien en jugar con tus técnicas —continuó Bruno—. No lo hubieras dado todo si solo usabas ataques físicos. Un Charizard sin escupir fuego es igual que un Pokémon psíquico sin usar algún truco mental. —Hizo una pausa como si se hubiera acordado de algo—. Por cierto, ¿por casualidad prácticas algún arte marcial? Me percaté de que eras muy precavido conmigo.
—La verdad es que no. Pero visité el Dojo Kárate en Ciudad Azafrán y aprendí un poco de lo que me enseñó el maestro del dojo.
—Ya veo. Fuera lo que fuera lo que te enseñó el maestro Koichi, te ha sido de utilidad. Admito que no lo esperaba.
—¿Conoces al maestro del Dojo Kárate? —preguntó Ryku, curioso.
—Fui alumno suyo. El mejor, según decía. Pero dejé el dojo cuando él mismo dijo que no tenía nada más que enseñarme.
¿Sería el alumno más fuerte que el maestro? Ryku esperaba que no. No le gustaba pensar que perdió contra Koichi, pero ganó a su mejor alumno.
—Bueno, ahora te tocará luchar contra Agatha. Una advertencia: esa anciana es tan peligrosa como Lorelei y yo juntos. Es la auténtica barrera que se interpone entre tú y Lance. Lorelei y yo solo somos obstáculos muy molestos en comparación —se acercó más a la cara de Ryku—. Y entre tú y yo, por favor, véncela. Bastante tengo que soportar el orgullo de Lorelei para que ahora se apunte Agatha.
Ryku contuvo la risa y asintió. Era algo que pretendía hacer de todas formas.
Bruno hizo una reverencia y se despidió agitando los brazos a medida que se dirigía a la salida del estadio.
