Sora tomó asiento en las escaleras de entrada de la casa, entretenida en observar desde allí como Gabumon caminaba con paso lento, siendo seguido por Aiko, quien estaba gateando tras él intentando alcanzarlo.
- Con lo lento que es seguro que lo coge – dijo Biyomon la cual se había quedado a su lado.
- No empieces tú como Yamato también… - se giró hacia ella, estirando así los brazos para poder cogerla y dejarla sentada encima de sus rodillas-. Oye, estaba pensando… ¿quieres ir por la tarde a alguna playa más apartada e irte a volar un buen rato?
La digimon giró la cabeza hacia su compañera, observándola con los ojos abiertos de par en par. Ese gesto consiguió que la pelirroja sonriera y que, a la vez, sintiera una punzada de pena por ella. Era consciente de lo mucho que podía echar de menos alzar el vuelo por culpa de su vida en Tokio y por la promesa que le había hecho después de lo que le había pasado a Taichi.
- Cuando consigan mantener abierta una puerta segura al mundo digital te prometo que podrás ir a volar tranquilamente todas las veces que quieras… - murmuró, dejando la vista en ella.
- No te preocupes, Sora. Yo estoy bien cuidándoos a Aiko y a ti… E incluso a Yamato que a veces se le da muy bien hacer el inútil – aquellas últimas palabras provocaron que la pelirroja se echase a reír-. No tienes que estar triste porque yo no pueda irme cuando quiera.
- No me pongo triste – le dijo, acariciando sus alas-. Pero me sabe mal que tengas que estar así. Aprovecha este tiempo que estemos aquí y vuela todo lo que quieras, ¿vale? Te va a venir bien estirar las alas. Ya verás cuando te vea Aiko volando más alto cómo quiere intentar irse contigo.
- ¿Cuando sea más grande podré llevarla conmigo?
- Claro que sí – sonrió-. Ya verás como le gusta un montón salir a volar contigo.
- Como a ti… Tú hace mucho que no vienes conmigo…
- Porque yo peso demasiado para ti – entretenida, volvió a reírse, continuando acariciando sus plumas-. Que yo ya he crecido bastante y nos vamos las dos de narices al suelo.
- Pero puedo hacerme más grande…
Sonrió sin poder evitarlo notando automáticamente la punzada de nostalgia creciendo en ella ante las palabras de la digimon. Sin duda sí que hacía muchísimos años desde la última vez que ellas dos habían salido a volar juntas y acababa de recordar aquella sensación y lo mucho que siempre le había gustado.
- Eso llamaría demasiado la atención me parece… Pero cuando esté abierta la puerta, si tú quieres, puedo ir contigo.
- ¿De verdad?
- ¿Te lo tengo que prometer?
Gabumon había detenido sus pasos, dejando que el bebé lo alcanzase y se agarrase a él para que pudiera intentar ponerse en pie de forma tambaleante. Alargó las patas para tenerlas puestas a ambos lados de ella para evitar que pudiera caer.
- Ten cuidado que te vas a caer – le dijo a la niña, reclamando así la atención de las otras dos.
- Eres un paranoico – contestó Biyomon alzando el vuelo para ir con ellos-. No se va a hacer daño si se cae.
Sora se empezó a reír, negando con la cabeza antes de ponerse en pie y poder entrar en la casa para asomarse a la cocina donde Yamato estaba haciendo la comida.
- ¿Necesitas que te ayude? – le preguntó.
- No, no… Ya lo tengo todo, más o menos. ¿Qué hacéis?
- Aiko de pie le llega con el lacito que le he puesto hoy para quitarle el flequillo de la cara a media barriga…
- ¿Solo con el lacito?
- Solo con él – contestó, girando la cabeza para vigilar que todo siguiera bien en el jardín-. ¿Qué estás haciendo para comer?
- Ya lo verás… A Aiko el estoy haciendo el puré que le dimos el otro día que tanto le gustó.
- Yamato… Le gustan todos – divertida, no pudo más que echarse a reír-. Come mejor que yo…
Teniendo que darle la razón, acabó por acercarse a ella para observarla más de cerca, decidiendo que llevar una mano a su barbilla y atraerla así para darle un beso, prolongándolo algo más. Sonrió sin poder evitarlo cuando al separarse, observó a la pelirroja, todavía con los ojos cerrados, disfrutando de la expresión de ella. Se inclinó, dándole otro algo más rápido.
- Venga, que te aviso cuando esté la comida, vete fuera… - soltándola, se volvió hacia la encimera para seguir con lo que estaba haciendo.
Sora lo siguió con la mirada, acabando por volver hacia la entrada para vigilar que todo estuviera bien, dándose cuenta a mitad de camino de que se le había erizado la piel sin que hubiera podido hacer nada por evitarlo.
- Maldito Yamato… - murmuró por lo bajo, intentando disimular la sonrisa en su cara al haberse dado cuenta de ello.
La risa de Biyomon llegó desde el jardín, provocada porque el propio Gabumon se hubiera caído al suelo por ir mirando hacia Aiko y haber tropezado con una de las macetas del jardín. La niña se había echado a reír también y, a continuación, se había acercado hasta él para empezar a subir por él y quedarse sentada encima de su barriga.
- Me parece a mí que esa costumbre no se le va a quitar en una buena temporada – caminó hasta ellos, sentándose ella también en la hierba al lado de ellos-. ¿Qué haces Aiko? Mira lo que tengo, ya verás – alargó la mano para coger una de las flores del suelo, acercándosela para que la cogiera.
Se quedó pendiente de lo que hacía con ella, por si acaso intentaba comérsela, arqueando una ceja curiosa al ver que lo que hacía era intentar dársela al digimon sobre el cual se había quedado sentada.
- Eso es para que no le duela el haberse caído, ¿a que sí cielo? – le dijo a la niña, entretenida al ver su gesto.
Yamato salió al cabo de un rato, quedándose apoyado en la columna de la entrada, entretenido al verlos a los cuatro todavía en el suelo, enredando.
- Vaya bien que os lo pasáis sin mí… - reclamó así su atención-. Sora… ¿dentro o fuera?
Giró la cabeza hacia él, observándolo unos segundos y luego quedándose pensativa, mirando hacia el día que parecía estarse quedado.
- Podemos comer dentro y así no tenemos que sacarlo todo fuera, ¿qué te parece?
- Como tú veas – asintió, volviendo a quedarse mirando hacia ellos-. Venid cuando queráis, yo voy poniendo la mesa en el salón…
Sora se puso en pie automáticamente para poder ir a ayudarlo, cogiendo a la pequeña de encima de Gabumon para llevarla al interior de la casa y poder lavarle las manos después de haber estado gateando por el suelo.
- Venga Aiko, que es la hora de comer y tenemos que ver qué nos ha hecho papi… ¿Estará rico?
- Algo tiene que hacer bien Yamato desde siempre – dijo Gabumon mientras que se ponía en pie tras ellas.
Cuando las adelantó, Sora pudo ver que en una de sus manos llevaba la flor que le había dado la pequeña. Curiosa ante aquello, lo siguió con la mirada hasta que desapareció por el pasillo llevándosela con él. Percatándose de ello, el rubio se quedó mirando hacia ella también.
- Se dedica a guardar las cosas a las que le tiene aprecio. Lo ha hecho desde siempre porque me vio a mí hacerlo… - explicó, dejando los platos encima en la mesa antes de ir a por los vasos-. Debe de tener una buena colección… Creo que tiene hasta algo de los calcetines de cuando ella era más pequeña y ya no le valen.
Sorprendida ante la confesión no pudo más que sonreír. Era consciente de lo que mucho que quería aquel digimon a su pequeña, desde el momento en el que se había enterado de su existencia no se había despegado de ella. Incluso era capaz de sacarle una sonrisa al recordar aquella vez en la que se había despertado en el hospital y se lo había encontrado hablándole a su barriga para decirle a la niña que se tenía que poner bien cuando les había dado el susto horroroso un año atrás.
- Entre vosotros dos vais a acabar conmigo, que lo sepáis – le dijo a Yamato antes de echar a andar con el bebé en brazos-. Vamos cariño, vamos a lavarte las manitas para que puedas comer.
Saliendo con la pequeña, fue directa al baño con ella. Mientras tanto, el rubio aprovechó para terminar de dejar todo preparado, acercándose a la cocina de nuevo para echar el platito de Aiko su comida, dejándola cerca de a ventana para que se enfriarse más rápido mientras que echaba también lo de ellos.
Avanzó hacia el salón soplando la comida del bebé, revolviéndola con la cuchara, esperando que Sora volviera.
- ¿Se lo doy yo y así tú vas comiendo tranquilamente? – le dijo nada más verla.
- ¿Seguro?
- Claro que sí, venga, dámela – posó el plato en la mesa para poder ir a coger a Aiko, buscando también una silla en la que tomar asiento él-. ¿Tienes hambre?
- ¿Seguro que no quieres que te ayude?
- Come, venga… que se te va a enfriar sino.
- ¿Y a ti no?
- Sora, ponte a comer, no me hagas tener que dártelo a ti también. Venga, poneros a comer vosotros que yo termino en nada…
Negando con la cabeza, optó por hacerle caso, mirando hacia los digimon para comprobar que ellos hubieran empezado a comer tranquilamente, ajenos a la conversación que tenían entre ellos.
- Espera que te paso su babero para que se lo pongas – dijo la pelirroja alargando la mano hacia él.
- Que te pongas a comer de una vez. Aiko, dile a tu madre que es una pesada y que se le va a enfriar la comida.
Entretenido, él mismo acabó por coger el babero para ponérselo y así poder empezar a darle de comer al bebé, comprobando primero que estuviera a la temperatura apropiada. Solía llegar tarde a casa muchos días y ya solía haber cenado. Por suerte, con la nueva casa tan cerca de su trabajo, eso iba a empezar a cambiar. Iba a llegar primero e iba a poder estar con ellas o pasarse directamente a buscarlas al trabajo de Sora si estuviera con ella. Agradecía mucho el sacrificio que le suponía a ella, ya que se había alejado mucho de su trabajo por él, para que pudiera pasar más tiempo con la niña.
Observándolos unos segundos, la pelirroja terminó por hacer caso de las palabras de su marido, empezando a comer también ella, soplando ligeramente la comida para que no quemase, llevándosela a la boca.
- Oye, ¿Hideki cuando llegaba?
- Pues… No sé si ya estará aquí. ¿Por qué?
- Porque tengo que tener unas palabras muy serias con él… Me tienes demasiado bien acostumbrada con la comida…
Mirándola de reojo, volvió a reírse por lo bajo, continuando con la comida de la pequeña, quien empezaba a reclamar con ruiditos que volviera a acercarle la cuchara, abriendo los ojos mucho cuando por fin conseguía dar otro bocado, moviendo las piernas contenta porque le gustaba lo que comía.
- Tal para cual, sí señor… - murmuró, volviendo a coger más comida y soplándola.
- Oye, le he dicho antes a Biyomon que podemos ir por la tarde a una playa apartada para que pueda volar un rato, ¿qué te parece?
- Pues… Hay una a la que podemos ir dando un paseo desde aquí. Es un rato caminando, pero es todo por la costa… Creo que no te llevé cuando estuvimos la otra vez. A ella sí – giró la cabeza hacia el ave-. ¿Te acuerdas? Estuvimos allí antes de que nos viniera el huracán.
Viendo como la digimon asentía sin hacerle demasiado caso más ocupada en la comida que en la conversación que tenían entre los dos humanos, volvió a centrarse en seguir dándole la suya a Aiko.
- Como apenas voy a estar un par de meses así había pensado que podíamos alquilar un coche, ¿qué te parece? Así tendremos más libertad para ir y venir o cuando tengamos que hacer al compra o ir a los sitios...
- Me parece bien - asintió a sus palabras ella-. Pero creo que por ahí prefieren que te centres primero en lo que te tienes que centrar y que me cuentes lo que quieras más tarde...
Bajando la lista hacia la niña, se fijó en que ya había tragado lo que le había dado esperando con la boca abierta a que volviera a darle más. Sonrió automáticamente.
- Voy... Ahora mismo voy.
AnnaBolena04: pues mira, abrí aquí mientras que se calentaba la comida y luego mi cerebro se desconectó y no ha vuelto a dar señales hasta ahora mismo. Yo creo que me me mataron hoy a la pobre neurona que me quedaba operativa con las estupideces académicas que tengo que aguantar. Hoy ha sido el típico día en el que he tenido que repetir como tres o cuanto veces que de verdad que yo ya tengo mi carrera y mi trabajo, que no tengo que aprobar yo por ellos ninguna asignatura. Si es que si no fuera más que darles con el libro en el hocico a ver si espabilan...
AINS.
Eso jajajajaja que parece que los Ishida ya están en casa. Han conseguido sobrevivir a la montaña de polvo acumulado durante todo ese tiempo y ahora ya pueden hacer vida normal ahí. Es decir, que ya pueden babarse encima todo lo que quieran ya sea por una cosa o por otra. Que parece que tienen montada una conspiración entre ellos a ver quién deja más tonto al otro. Lleva la ventaja Aiko con eso de que solo le llega con el lacito a la barriga a Gabumon, pero seguiremos llevando el recuento.
¡Besitos de tortuguita!
Guest Vecina: madre mía, vecina, llevo una hora para contestaros las review jajaja A ese nivel... Y una hora en hacer la de Anna, tú espera que terminaré sobre las 5 al ritmo que llevo jajajaja. Se nota que hoy están bien las neuronas, ¿no? Horriblemente mal están. Y no me había ni fijado en lo de Mei/Mai jajajaja Qué asco de personaje... como todas las Mary Sue que únicamente existen para llorar y ser salvadas ya que su solución para todo es... Ah, sí, llorar. Me tengo que contener en ocasiones para no sacar el tema en algún FB e irme contra ella jajajaja Mejor hacer como si no existiera.
Es que ya querría yo que vinieran los Ishida a dejarme a Aiko en clase, así te lo digo. A ser posible el padre, ya que estamos, pero venga, me quedo con que me venga un amor de nena como ese y no un ser del mal jajajaja Así que normal que Mai esté más feliz que nadie de niñera. Y evidentemente que Yamato es feliz cuidando a su nena, si es que está claro que ha heredado el carácter tranquilo de la madre.
Bueno, aunque lo tengas aparcado como solo es mirarte la defensa lo puedes llevar más relajada. Yo me acuerdo que me emparanoie sobre qué preguntas me podrían hacer, así que fui a llorarle a un amor de profesor - especie en extinción en mi antro del mal - a ver si él tenía ideas felices sobre ideas y me ayudaba a prepararlas. Al menos te queda poquito ya y te lo quitas de encima, que es lo que importa.
En fin vecina, que de verdad que sí que llevo media vida aquí intentando contestaros jajaja Me parece a mí que hoy precisamente no voy a intentar escribir nada, al menos ahora jajaja Un bico enorme.
