La libreta de estrategias tenía más páginas para Agatha que cualquiera de los otros miembros del Alto Mando. A diferencia de ellos, Agatha casi siempre había combatido con distintos sets de movimientos. De tipo planta, eléctrico, psíquico… incluso normales. Rara vez empleaba movimientos del tipo al que pertenecía su Enlace. La versatilidad del tipo fantasma daba miedo, quizá más en un Enlace que en un Pokémon salvaje.
Ryku se hacía a la idea de algunos movimientos que Agatha no usaría contra él. Los de tipo planta quedaban descartados, y quizá también algunos de tipo lucha que era capaz de aprender. Eso no ayudaba; apenas perdía algo del posible repertorio de movimientos mientras que él desaprovechaba casi todo su set. Las leyes de la tecnología Enlace prohibían las inmunidades naturales, pero las simulaba con una ultra resistencia. Hacías daño, pero tan poco que no compensaba el esfuerzo.
Que Bruno añadiera encima que Agatha superaba en poder a Lorelei y a él juntos solo lo ponía más ansioso.
No, no debía desanimarse. Bruno le había metido el miedo, voluntaria o involuntariamente, pero también quería que Ryku ganara el combate. Sería difícil, no imposible. Hasta ahora sus estrategias se habían inclinado a la improvisación (en ningún momento tenía previsto usar un giro fuego) dentro de lo que sabía de sus rivales. De Agatha se sabía poco (no muchos aspirantes se enfrentaban a ella) y eso sería un problema. ¿Por qué no improvisar con ella también? A lo mejor la impresionaba dentro de sus limitadas habilidades contra su Enlace de tipo fantasma.
El trabajador de la Liga Pokémon llamó a la puerta y avisó de que estaba todo preparado para el próximo combate. Había durado menos que el descanso entre los combates de Lorelei y Bruno. Ryku dejó la libreta y se preparó mentalmente para el combate.
Esta vez, el trabajador no lo acompañó. No necesitaba escuchar las mismas indicaciones ni el mismo procedimiento. Con un par de veces bastaban.
Hiroyuki pronunció el nombre de Ryku, pero no era la llamada que le permitiera entrar en el estadio. Hablaba de él, de como un nuevo elegido se enfrentaba a Agatha. Solo el anterior había llegado a ese duelo y no había salido victorioso. ¿Pasaría lo mismo con Ryku o sorprendería a todos enfrentándose Lance? Lo descubrirían en un momento. El comentarista llamó a Ryku a entrar en el estadio.
El público se emocionó cuando el joven pisó el estadio. Ryku los miró sin realizar ningún gesto e intentó buscar la calma pensando que lo apoyaban y animaban. Su familia y amigos estaban entre aquellas gradas, pero resultaba increíble como un grupo de personas con camisetas llamativas se escondían tan bien entre la multitud. Tres veces los había buscado y ninguna los había visto.
Cuando se detuvo en la zona segura, Hiroyuki se dispuso a convocar a Agatha y el público enmudeció como si el comentarista hubiera invocado algo amenazante y les hubiera poseído un pánico incontrolable.
Agatha entró en el estadio, usando un bastón para apoyarse. Era una anciana menuda, apenas un poco más baja que Ryku. Tenía el cabello rubio apagado y vestía una prenda única de color violeta con el cuello blanco donde descansaba un gran broche ovalado. También llevaba un delantal a juego con el cuello del vestido. Su rostro recordaba a la seriedad y el orgullo de Lorelei, pero intensificado y con una sonrisa pícara, como si supiera lo que iba a acontecer y no le sorprendiera.
Verla a través de un televisor no era lo mismo que en persona, pensó Ryku. Se tensó cuando la anciana lo señaló con el bastón indicando que quería hablar con él antes del combate. No tenía muchas ganas de conversar esta vez, pero por respeto accedió a reunirse con ella.
El campo de batalla se había vuelto más austero todavía. Ahora no había arena, solo un simple escenario compuesto de losas cuadradas y grisáceas de bastante grosor. Cualquiera hubiera esperado un terreno de combate más acorde al Enlace del miembro del Alto Mando, pero Agatha parecía no seguir esa tradición.
Agatha y Ryku intercambiaron una mirada en la que el joven se puso nervioso. No tenía ni la más mínima idea de qué decir. Provocarla como había hecho con Lorelei y Bruno no lo veía correcto a menos que ella quisiera que la trataran aposta con poco respeto.
—Así que tú eres el segundo elegido que llega hasta mí —dijo Agatha con una sonrisa para nada amigable—. Y al igual que la entrenadora del Slowbro, solo ganasteis a Bruno porque contabais con una ventaja elemental. Para ser un maestro de la lucha, no es tan bueno igualando su poder incluso partiendo en desventaja.
Ryku permaneció callado todo el rato. Seguía sin saber qué responder.
—No te quedes callado, jovencito, di algo —ordenó Agatha. Ryku se sintió amedrentado, como si lo hubiera reñido su propia abuela—. ¿Se te ha comido la lengua el Meowth?
—N-No. Es que no tengo idea de qué contestar, sinceramente.
—Pues con Lorelei y Bruno se te veía más locuaz. Provocando a la pelirroja y siguiéndole la corriente al musculitos con esa chorrada del combate de honor. Por no hablar del comentario que asegura que ni Lance ni yo somos tu límite; esas son palabras mayores viniendo de un jovenzuelo como tú.
—Pero por ahora no he fallado con mis palabras. —¿Ahora de repente se había envalentonado? Seguramente Agatha lo había manipulado de algún modo, de lo contrario hubiera seguido callado y evitando el contacto visual. Esto último todavía lo hacía.
Agatha mostro su sonrisa pícara.
—Te doy la razón, por ahora. Pero yo no soy un simple escalón más para alcanzar la meta del Campeón; soy la muralla. ¿Crees que sabes luchar con ese Enlace del dragón impostor? Prepárate para entender cómo lucha un gran entrenador de Enlace.
Ryku dudó en replicar, pero Agatha se adelantó a la respuesta, dio media vuelta y se dirigió al borde del campo de batalla. Si había que entender algo, primero pasaba por aquella conversación. A Ryku le había sido muy extraña.
Cuando Ryku se retiró al extremo del campo de batalla, Hiroyuki soltó un suspiro (había palpado algo de la tensión en el ambiente) y pidió al público que terminara con su silencio sepulcral porque el tercer combate de la Liga Pokémon de Ryku estaba a punto de comenzar. Esperó unos segundos antes de gritar a los entrenadores que activaran sus respectivos Enlaces.
Ryku adoptó su forma Pokémon y de un salto se posicionó en el campo de batalla, listo para el combate.
Agatha se tomó su tiempo para activar su Enlace. Depositó cuidadosamente el bastón en el suelo y un trabajador de la Liga entró en el estadio para llevárselo a una zona segura donde los movimientos Pokémon no lo pudieran romper. Cuando ya estuvo en su propia posición, activó el Enlace. Resultaba imposible que su cuerpo se encogiera más, pero los Gengar tampoco es que fueran muy altos por norma general. Lo que sí ganó fue un cuerpo más redondo y unos brazos más pequeños. En el momento en el que su cuerpo dejó de brillar, Agatha tenía el cuerpo morado, unas orejas, una corta cola puntiagudas y unos ojos rojos. Por si ya resultaba siniestra la sonrisa de la anciana sin ser un Pokémon, el efecto se multiplicaba con una enorme boca que no paraba de sonreír y enseñar los dientes.
La pantalla gigante se iluminó y cargó las barras de vida de los respectivos Enlaces. Al terminar, sonó una cuenta atrás y el pitido más largo indicó el inicio del combate Pokémon.
El Gengar despegó sus cortas patas del suelo y se quedó levitando como una demostración de que el Charizard no tendría su preciada ventaja aérea. No hacía falta que lo enseñara; era lo primero que Ryku tenía en cuenta. Si volaba, lo haría a baja altura.
Agatha se movió en el aire con una agilidad alarmante y en un momento se detuvo y disparó rayos negros de sus ojos. Ryku apenas había logrado seguirle el ritmo y los rayos impactaron en el suelo bajo sus pies, rechazando al dragón naranja un poco y rodeándolo por una nube de polvo de la losa al romperse que el joven despejó con un movimiento de las alas. Solo para toparse al Pokémon fantasma delante de sus ojos.
Ryku actuó por instinto. Alguien que estaba tan cerca normalmente lo empujaba o golpeaba con un Megapuño, lo cual hizo, pero se había olvidado por un instante de los efectos del movimiento en el Pokémon fantasma. Su puño cargado de energía atravesó el cuerpo del Gengar como si de agua se trata. Escuchó una risilla maníaca y el Pokémon se desintegró en polvo morado.
La pantalla no mostró ninguna variación en las barras de vida de los Enlaces. Ni siquiera los rayos negros habían herido al Charizard.
Ryku no se preocupó por el estado de su Enlace y se centró en algo mucho más peligroso. El Gengar que había tenido delante no había sido nada más que una copia del Pokémon original. Ahora, frente a él, se veían al menos una veintena de cuerpos morados con ojos rojos y sonrisas terroríficas. La risa en conjunto de todos los Gengar juntos daba un aire espeluznante y burlesco.
Ante tal amenaza, Ryku optó por combatir el fuego con fuego y creó varias copias de sí mismo con doble equipo. Agatha siguió riendo como si aquello no lo librara del peligro. Y, en parte, tenía razón. Su dominio del movimiento era inferior al de la miembro del Alto Mando al crear tan solo una docena de copias frente a la veintena de Agatha. Ocho de ellos (uno quizá siendo el Gengar original) podrían asestarle un golpe directo.
Debía conformarse con lo que tenía.
Los dragones naranjas volaron y se mantuvieron en el aire a la misma altura que las copias del Gengar. Estos lo interpretaron como un posible ataque e hicieron gala de su rapidez de nuevo, rodeando a las copias del Charizard. Los dragones naranjas hicieron lo mismo y formaron un círculo dentro de otro. Estuvieron así unos segundos hasta que ambas partes atacaron a la vez. Los Gengar expulsaron más rayos negros de sus ojos y los Charizard contraatacaron con sus lanzallamas. Cuando dos de los ataques chocaban, se quedaban un tiempo en un intrigante equilibrio antes de explotar. Era como presenciar la traca final de un espectáculo de fuegos artificiales.
Cuando al fin las copias de ambos Pokémon dejaron de atacar, la sorpresa alcanzó tanto a Hiroyuki como al público. Incluso estando en una clara desventaja numérica, todavía quedaban en pie varias copias del Charizard y las del Gengar se habían reducido a siete. Todo el mundo se preguntaba como Ryku había conseguido salir bastante bien de una situación así.
«Más distancia, menos potencia», respondió mentalmente Ryku ante la duda del comentarista. Ya lo había practicado en otros combates: contra más distancia recorría su lanzallamas, más área de daño abarcaba a costa de ser menos efectivo. Así destruía la mayor cantidad de copias de Gengar con solo uno suyo. Y viendo el resultado, había salido bastante bien. Quizá Agatha estuviera tan impresionada como los demás. Quizá.
El Gengar no se demoró en reanudar el combate con un nuevo ataque. Las copias se rodearon de la conocida aura violeta del movimiento psíquico y atraparon a todos los Charizard. Cada dragón naranja luchaba por escapar de distinta forma, procurando mantener escondido al original. Poco importaba, pues las copias del Gengar lanzaron a todos los Charizard de nuevo al suelo y el impacto los destruyó a todos salvo al original. Ryku se estampó haciendo un agujero en la losa y disparando piedrecitas en todas direcciones.
Ryku se levantó y aguantó el dolor del golpe. A este paso se volvería inmune al ataque psíquico, aunque su Enlace se resintiera; seguramente era el ataque que más había recibido desde que empezaron las pruebas de la Liga Pokémon. Estaba harto.
Alzó la cabeza y vigiló a las copias del Gengar. Ahora estaba expuesto y a Agatha todavía se escondía entre las imitaciones del Pokémon fantasma. Ella lo sabía y, de nuevo, soltó su ya característica risa. Esta vez sonaba provocativa y divertida. ¿Se estaba mofando? No debía caer en las trampas que estuviera empleando Agatha. A diferencia de los demás miembros, ella parecía basar su estrategia en irritar al rival, hacer que cometiera errores. Ya había caído en una ocasión usando un movimiento ineficaz y no le pasaría una segunda vez.
Las copias de Gengar se pusieron en movimiento. Fueron de aquí para allá, obligando al Charizard a perder la concentración en todas ellas. Funcionaba parcialmente, pero había entendido que Agatha estaba intentando debilitarlo con mareos. Entonces pasaron a otro plan: atacar mientras levitaban en todas direcciones. Aquello causó que el dragón naranja se enfocara, aunque solo fuera por un instante, en evitar el ataque de rayos negros del Pokémon fantasma. Cualquiera de ellos podía ser el original y no iba a bajar la guardia al creer que era un ataque débil de una copia.
Cansado de la situación, Ryku decidió pasar a la ofensiva. Disparó un torrente de llamas a la próxima copia que se detuvo a lanzar sus rayos negros. El fuego lo alcanzó rápidamente y la explosión del contacto entre ambos movimientos hizo que la copia se convirtiera en humo morado y desapareciera por completo poco después. Repitió la misma técnica con dos copias más. Solo quedaban cuatro Gengar en el aire, uno de ellos Agatha, que se había salvado hasta ahora de los lanzallamas.
Entonces las copias se volvieron más agresivas, acercándose al dragón naranja y levitando a su alrededor. Ryku no era capaz de conservar la atención en todas si siempre había una que se ocultaba detrás de él. Un lanzallamas en círculo podría solucionar el problema, pero cada vez que amenazaba con la boca llena de fuego, las copias se alejaban y no volvían hasta que no era capaz de mantener el fuego en el hocico. El juego divertía a las copias, que se reían cada vez que Ryku debía apagar su fuego. Aquello lo frustraba, pero no debía caer en la provocación. Sí, tenía unas ganas terribles de quemar el Enlace de la anciana hasta desactivarlo, pero eso era lo que Agatha quería, que cometiera errores.
Sin previo aviso, una de las copias (o el Gengar original) atacó de frente con su corto brazo cargado de energía. Desde lejos costó averiguar que estaba usando el movimiento Megapuño contra él. Cuando estuvo a menos de un metro, el Pokémon fantasma desplazó el brazo lateralmente. Ryku se protegió con los brazos y se echó hacia atrás. No sintió nada, por lo que o bien era una copia la que había atacado o bien había fallado el movimiento.
El Gengar no se había movido del último lugar donde había usado el Megapuño. De hecho, seguía con el puño cargado de energía listo para volverlo a usar. Ryku volvió a usar sus brazos como escudo y entonces escuchó una voz.
Venía por detrás. Fue un sonido tenebroso que despertó un escalofrío en el cuerpo del Charizard. Asustado, Ryku bajó los brazos y se dio la vuelta mientras intentaba alejarse del origen de la voz. Pero fue demasiado tarde.
Aquel Gengar no era una copia, era Agatha, el Pokémon fantasma original. Sus ojos rojos brillaban con una intensidad sobrenatural y, en un instante, emitieron unas ondas rojas que penetraron en la vista del Ryku. Instintivamente el dragón naranja cerró los ojos y se alejó como si lo hubieran cegado.
Ryku oyó otra vez la voz, pero estaba tan centrado en comprender lo que había pasado que no la entendió. Sin duda era Agatha quien hablaba con esa voz espectral. Acompañó sus palabras con una risa diabólica y se quedó esperando al resultado de su ataque.
Había caído en la trampa. Aunque tuviera los ojos cerrados, de poco servía ahora. Aquellas ondas rojas habían entrado por sus pupilas y estaban surtiendo efecto. Poco a poco sus movimientos afectados por el miedo se calmaron, su cuerpo se volvió pesado, cansado. Un movimiento adormecedor. ¿Era hipnosis? Costaba pensar, su cabeza daba vueltas y sabía que, si abría los ojos, vería con dificultad y los párpados caerían cuales pesos muertos. Ryku luchó con todas sus fuerzas contra el sueño, pero fue imposible. Pronto sus pies le fallaron y perdió el equilibrio. Todavía puso toda su fuerza en los brazos. Sus alas fallaron y se desplomaron. No quería dormirse, no debía, no podía. Pero el movimiento lo superó y, en un instante, se derrumbó el en suelo presa del sueño.
No. No. ¡No! No podía acabar así. No podía quedar a merced de Agatha. Dormirse era lo peor que le podía pasar. Descender a la locura del envenenamiento era mejor que yacer dormido en mitad del campo de batalla a merced del enemigo. Al menos de esa manera sabía que, aunque no fuera consciente de sus acciones, habría luchado hasta el final.
¡Despierta! ¡Vamos, despierta de una vez!, gritó Ryku desde lo más profundo de su mente. Todo estaba oscuro, se sentía como si estuviera nadando en el vacío; su cuerpo no tocaba nada sólido. ¿Era un sueño o el efecto de la hipnosis no inducía a ello para que fuera más difícil despertar? Ryku reencauzó sus pensamientos en hallar la forma de desvelarse y volver al combate antes de que fuera demasiado tarde. Pero ¿qué podía hacer? No había nada con lo que ayudarse a despertar, ni siquiera sentía dolor si se pellizcaba la cara. Siguió intentado abrir los ojos por lo que le pareció una eternidad. En alguna ocasión movió los párpados, lo notó, pero fue como si alguien tirara de ellos hacia abajo cada vez que creyó despertar.
Pronto los efectos irreales del cansancio hicieron mella en su mente. Advirtió como se avivaba un deseo de rendición, de dejar que Gengar atacara con todo su poder y desactivara su Enlace. Solo así despertaría por fin para salir de aquella pesadilla… y entrar en otra.
No aceptaba que su camino en la Liga Pokémon terminara. No admitía que así fuera su derrota. Perder sin pelear era lo peor que le podía suceder. Una parte empezó a rendirse, a perder fuerza de voluntad, atrayendo poco a poco el resto que no había cedido.
Ryku estaba agotado; solo que terminara aquella pesadilla cuanto antes. Entonces, vio una luz que hizo que se olvidara por un instante de la situación y se fijara en ella. Se trataba de la llama de una hoguera que flotaba en el aire. ¿Ahora estaba soñando con fuegos fatuos? La llama se movió y aumentó su brillo descubriendo algo más, la razón por la que estaba suspendida en el aire: una línea naranja. Una cola. Entonces la llama terminó de iluminar el cuerpo al que estaba adherida.
Ryku recuperó las fuerzas al ver ante él el cuerpo de un Charizard. Pero no el de uno cualquiera. Era su dragón. Su Charizard. Antorcha. Portaba el pañuelo verde que le regaló atado al cuello para reconocerlo de entre tantos Charizard cuando volvieran a reunirse. Verlo, aunque solo fuera en un sueño, lo reconfortaba. Incluso creyó recibir la calidez que emitía la llama de la cola, ese calor tan familiar.
Se acercó al dragón naranja y lo llamó por su nombre. El Charizard no reaccionó, como si no lo hubiera escuchado. Ryku lo llamó otra vez con más fuerza y consiguió llamar su atención. El Charizard lo miró con una cara tan poco amistosa como si no lo conociera. Eso arrancó la intención de Ryku de abrazar a su Pokémon.
«¿Quién eres?», preguntó el dragón. Ryku parpadeó, perplejo. Aunque estuviera soñando, le impactó que su Pokémon vocalizara palabras humanas. El tono era casi idéntico al que Ryku adquiría cuando tenía el Enlace activo.
Antorcha gruñó impaciente.
«¿Quién eres?», repitió haciendo más énfasis en las palabras.
«Soy… Soy Ryku. ¿No me recuerdas?»
El dragón alzó el hocico con desdén.
«Tú no eres él.»
Esa respuesta quebró algo dentro del joven.
«Soy tu entrenador. Nos conocemos desde hace años», intentó refrescarle la memoria Ryku.
«Finges ser él», replicó Antorcha.
Cada respuesta hundía más a Ryku en la desesperación. Quiso tocarlo como si aquello fuera a servir para que Antorcha lo recordara, pero el dragón lo rechazó con un aspaviento y lo tiró al suelo de un aletazo.
«¡No estoy fingiendo!», gritó Ryku. «Tengo tu Enlace. Somos amigos. ¿Estás jugando conmigo?»
El Charizard se aproximó a Ryku y cada uno de sus pasos hizo que el entorno temblara, aunque no hubiera nada alrededor. Agachó la cabeza, dejando unos escasos centímetros su hocico del rostro del joven. Sus ojos azules lo intimidaron.
«¿Estás seguro? El humano que conozco es digno de tener mi Enlace porque me demostró su fuerza. Pero ¿tú? Eres demasiado débil para merecerlo. No serías capaz de sacar todo su poder si lo poseyeras.»
«Pues tu Enlace lo tengo justo aquí.»
Ryku levantó el brazo izquierdo y en un instante el miedo lo asaltó.
Su brazalete Enlace no estaba.
Antorcha lo miró como si no se esperara nada.
«Además de débil, mentiroso. ¿Por qué te engañas? Acepta que mi Enlace no está a tu alcance, ni siquiera cualquier otro Enlace. Tal vez compartas nombre con mi humano, pero no eres él.»
Ryku apenas escuchó a Antorcha. Se tocó el antebrazo con la otra mano. ¿Dónde estaba su brazalete? No lo había perdido, estaba seguro de ello. Antorcha alejó ligeramente la cabeza, pero no perdió el interés por el joven aterrado por perder lo que creía que había tenido.
«No hace falta que busques lo que nunca has tenido. Contra antes lo asumas, menos te dolerá.»
Ryku estuvo a punto de ponerse a llorar. Antorcha estaba diciendo la verdad. ¿Por qué iba a tener su Enlace? No había podido evitar que acabara donde estaba ni había podido cumplir la promesa que le hizo (aunque el Pokémon no lo evocara); no era merecedor de usarlo, ni siquiera de poseer un brazalete Enlace. Tal vez elegir el camino del entrenador de Enlace fue una mala decisión.
El Charizard esperó hasta que comprobó que Ryku había comprendido sus palabras y le dio la espalda. Empezó a alejarse del joven hacia la oscuridad del lugar.
Ryku permaneció en el suelo con nulas fuerzas por levantarse. La situación lo había superado y solo quería encerrarse más aún en sí mismo, donde realmente nadie pudiera herirle. Sin embargo, el rechazo de Antorcha seguía ahí como un fuego que se negaba a extinguirse, repitiendo sus palabras sin cesar y hundiéndolo más y más en las profundidades de su mente.
Y entre tantas reiteraciones, algo hizo clic en su mente. Ese hallazgo atrajo un calor que lo envolvió como alguien que quería ayudarlo, fortalecerlo. Rápidamente sus pensamientos se esclarecieron y abandonó los pensamientos negativos. Solo necesitaba observar desde otro punto de vista.
«Te equivocas», dijo. El Charizard se detuvo y giró la cabeza, clavando sus ojos con seriedad sobre él. «Yo no soy débil y mentiroso. Sí soy digno de un Enlace. De un Charizard, ni más ni menos.»
Aquello enfadó a Antorcha y redujo la distancia con Ryku. El joven se estaba levantando mientras se deleitaba en la ira del Pokémon.
«Es cierto que no tengo tu Enlace, y eso significa una cosa: tú no eres Antorcha. No eres el Charizard al que le pedí el Enlace. Solo eres aquello por lo que la gente llama a los Charizard: un dragón impostor.
Antorcha rugió.
«¡Yo me llamo Antorcha!»
«Róbale el nombre si te apetece, pero no eres mi Pokémon. No eres mi Antorcha.» Hizo una pausa para examinar con más detalle al dragón impostor. «Ni siquiera perteneces a la especie de los Charizard. Eres una mentira andante.»
«¿Cómo te atreves?»
Antorcha saltó hacia atrás y escupió un torrente de fuego. Ryku ni se molestó en esquivar y dejó que las llamas lo envolvieran. Resultaba agradable y todo. El calor que sintió antes se intensificó y lo protegió, anulando toda temperatura externa. Ryku extendió el brazo y el calor se transfirió a sus dedos. Un instante después, toda su mano brilló con una luz blanca que continuó su viaje por todo el brazo e invadió todo el cuerpo. Entonces la luz lo transformó y la energía liberada forzó al Antorcha falso a terminar su lanzallamas.
El Charizard falso miró iracundo al joven. Se había convertido en un Charizard; el del auténtico Antorcha.
Antes de que el Antorcha falso atacara de nuevo, Ryku se abalanzó sobre él y le agarró el pañuelo verde. Por alguna razón, eso hizo que el Antorcha falso se detuviera en seco y mirara a Ryku con miedo.
«Esto no te pertenece», dijo Ryku con un renovado poder. Sus alas se cubrieron de energía, listas para asestar un movimiento Pokémon. «¡Esto es por engañarme con Antorcha, Agatha!»
Y con un desplazamiento lateral, asestó con una de sus alas cargadas un golpe tan fuerte que lanzó por los aires al Charizard falso y le arrancó el pañuelo en consecuencia. Ryku lo notó como si fuera real.
Entonces Agatha, el falso Antorcha, estalló como una bomba de luz.
El júbilo del público fue ensordecedor. Ryku despertó bruscamente ante el repentino ruido y se tambaleó aturdido. Retrocedió y volvió en sí en cuestión de segundos.
Lo primero que hizo nada más abrir los ojos fue mirar lo que había pasado mientras estuvo adormilado. Miró la pantalla gigante y observó el estado del combate. Su barra de vida era amarilla, lo que significaba que el Gengar lo había atacado mientras dormía tal y como imaginaba, pero fue una agradable sorpresa que no hubiera descendido mucho más de la mitad. Y se le ensanchó la sonrisa al ver que también Agatha había perdido vida. No sabía cómo ni cuándo había sucedido, el caso era que ahora su barra había perdido un buen pedazo de color verde. Todavía le quedaba mucha, pero era mejor que nada.
Hiroyuki narró el combate como si ayudara a Ryku a entender lo que había ocurrido en el tiempo que había permanecido presa de la hipnosis. Agatha se cubrió de un aura roja y emitió un rayo rojo que envolvió al Charizard dormido y absorbió su energía. Al movimiento lo llamó come sueños. Lo que pasó durante ese ataque fue que Ryku actuó como un sonámbulo, agitándose de dolor al principio, pero levantándose y dañando al Gengar con un aletazo cargado de energía. Al final resultó que sí fue real el golpe que le dio al falso Antorcha antes de despertar.
El combate tardó un breve lapso en volver a la normalidad. Tanto Agatha como Ryku se estaba recuperando por sus respectivos dolores y solo prepararon nuevas ofensivas cuando estuvieran en plena forma de nuevo.
Ryku fue más rápido que Agatha. Su dolor había sido menor y una furia interna lo había puesto a un lado. Ahora era el momento de contraatacar. Usar a su mejor amigo Pokémon en sus sueños para destrozarlo mentalmente había sido un golpe bajo y rastrero. Y, por si fuera poco, había recibido otro ataque psíquico durante el combate. Iba a pasar una temporada antes de consolidar el odio por ese movimiento.
Ryku quería descargar esa ira en un golpe físico, uno que pudiera sentir el Gengar. Su ataque ala era el único movimiento que le servía, pero no le daría la satisfacción que buscaba. Necesitaba algo más potente, y no tardó en rememorar algo que descubrió antes de la Liga Pokémon. Sí, eso sería perfecto.
Ryku ejecutó su ofensiva y cargó su boca de fuego que descargó sobre su propia mano. El público gritó desconcertado, pero ellos no veían todo el plan que tenía en mente. Con un puño ardiendo, se impulsó hacia el Gengar con un improvisado puño de fuego. El Gengar lo vio venir y también se le vio desconcertado ante el extraño ataque. Dejó que lo alcanzara, sabiendo que los ataques normales le hacían una ínfima parte del daño. Y así sucedió. Cuando el puño en llamas del Charizard tocó el cuerpo morado del Pokémon fantasma, lo atravesó como una nube de humo. No obstante, Ryku mantuvo el puño dentro del cuerpo del Gengar.
—¿Has olvidado que soy prácticamente inmune a los ataques físicos? —preguntó Agatha con aquella voz espectral—. Tienes una manera irrisoria de pelear, jovencito.
Ryku adquirió un rostro siniestro, imitando (sin el mismo resultado) la sonrisa del Gengar. Pero Agatha no se rio de ello.
—¿Quién ha dicho que esté atacando con movimientos físicos?
Ryku apretó con más fuerza el puño en llamas y reventó la bola de fuego que había escondido en su interior. Inmediatamente la llamarada surgió y desplegó las cinco puntas de la estrella de fuego que, como no tenían sitio por donde salir al haber aparecido en el interior del cuerpo de un Pokémon fantasma, lo crearon a la fuerza. El Gengar estiró los brazos y las piernas como si lo hubieran empalado y las llamas del movimiento de fuego desintegraron las manos y los pies mientras abandonaban su cuerpo. Una de las lenguas de fuego no tenía extremidad por la que escapar, así que se limitó a abandonar el cuerpo por la amplia frente del Gengar hacia el cielo. El Gengar gritó de dolor y en cuestión de segundos su cuerpo empezó a brillar hasta explotar como una granada cegadora.
Ryku cedió ante la fuerza de la explosión y voló hasta una zona segura para observar el espectáculo que había creado. Cuando terminó, su Enlace se desactivó automáticamente.
La pantalla gigante emitió su característico pitido del fin del combate y declarando primero a Ryku como vencedor. Hiroyuki fue el segundo en nombrar al joven oficialmente como ganador y con él, aumentó el entusiasmo del público.
Ryku había llegado más lejos que cualquier elegido de la Liga Pokémon hasta ahora. La hazaña provocó que gran parte del público empezara a clamar su nombre. Ryku debería sentirse abrumado, pero le dio igual; todavía tenía los recuerdos en mente y mantenía la mirada clavada en la vieja Agatha con cara de pocos amigos. Aun así, no era un monstruo y fue a ayudar a la miembro del Alto Mando que parecía tener problemas por levantarse. Parecía, porque lo que la molestaba era la prenda única que vestía. Cuando se colocó bien la falda, se alisó las arrugas y se irguió casi con normalidad (tenía una postura algo encorvada). Cualquiera diría que usaba el bastón como un complemento de ropa más que como ayuda para caminar.
Antes de que Ryku le preguntara algo, la anciana levantó la mano y lo calló de inmediato.
—Sí. He de reconocerlo: sabes luchar bien como entrenador de Enlace. Ya tengo un castigo propio cuando me lo esté recordando musculitos. Hizo una pausa—. Pero que no se te suba esta victoria a la cabeza; todavía te queda mucho por aprender.
—En realidad, iba a preguntar cómo se encontraba. Una llamarada estallando desde el interior de su cuerpo debe dejar una mala sensación incluso con la Prioridad Humana.
—He recibido impactos similares a lo largo de mi vida como entrenadora de Enlace, no es para tanto. Aunque supongo que un descanso no me vendrá mal. —Agatha miró al Ryku con la cara de alguien que había recibido de su propia medicina—. Bien hecho, joven —lo felicitó—, me has engañado completamente con esa llamarada oculta en un falso puño de fuego. Una estrategia que no había visto nunca, la verdad.
—Gracias. Pero sus engaños fueron mejores que el mío.
—No te engañé ni una sola vez —repuso Agatha—. Todo cuanto hice fue provocarte para que actuaras erróneamente. Ni siquiera cuando creé mis copias me oculté. Otra cosa es que no te dieras cuenta.
—Entonces, ¿qué fue esa pesadilla que tuve cuando me durmió? Me engañó para que me quedara dormido el máximo tiempo posible.
Era la primera vez que Ryku veía a Agatha desconcertada.
—Es curioso, el movimiento come sueños priva a la víctima de tener cualquier clase de sueño, tal y como indica su nombre. Lo que dices es completamente imposible que sucediera.
—Pues sucedió —dijo Ryku con cierto disgusto—. No lo puedo corroborar, pero no me he olvidado de la horrenda pesadilla que padecí.
Agatha soltó un murmullo suave.
—No he estudiado los efectos del movimiento, así que tal vez sí pueda pasar lo que afirmas o tal vez come sueños no sea lo que te causó la pesadilla. La hipnosis también sería sospechosa.
Ryku no estaba para centrase en una anécdota del combate. El combate contra Lance era la prioridad número uno.
—Fuera lo que fuera, fue lo que más me dolió del combate.
—¿Y dirías que también lo ha sido hasta ahora de los combates contra el Alto Mando? —preguntó Agatha.
Ryku dudó un momento antes de asentir.
—Supongo.
Agatha sonrió.
—Yo solo he jugado contigo, jovencito. Ahora llega el mayor desafío del Alto Mando. Lance es lo que te separa de la gloria de los Campeones de Liga. Con este combate puedo ver que estás a la altura, pero sigues estando muy verde. La balanza está equilibrada. Estaré encantada de ver hacia qué lado se decanta.
Agatha rio de una manera que incomodó a Ryku. La risa cuando era un Pokémon solo era una versión potenciada. Terrorífica lo era de serie.
No fue hasta que el trabajador que se había llevado antes el bastón apareció que la anciana se despidió con un último mensaje de buena suerte para Ryku. Según ella, lo iba a necesitar más que nunca.
