Lance, líder y el mejor entrenador de Enlace de los cuatro miembros del Alto Mando. La poca información que Ryku había recolectado sobre él era señal de que había que ir con sumo cuidado con sus capacidades. Tan poca gente había llegado a entablar un combate con él que la mayoría de grabaciones que Ryku usó para crear estrategias databan de muchos años atrás, de una versión de Lance mucho más joven que ahora y, por lógica, mucho menos poderosa que su yo actual.
Su Enlace de tipo dragón era lo que tenía más claro. Un auténtico Pokémon de tipo dragón. Había gente que los consideraba Pokémon casi invencibles, pero nada más lejos de la realidad. Si fuera invulnerable, no tendría debilidades como cualquier otro Pokémon existente. La mala noticia era que Ryku no contaba con ningún movimiento de esos tipos elementales efectivos contra el dragón y sus ataques de tipo fuego los resistía como si de un Pokémon de tipo agua o tipo roca se tratara. Al menos estaba la buena noticia en la que él no lo tenía tan fácil para aprender movimientos efectivos contra él. Atacar con movimientos neutrales podrían darle la victoria, pero debía ser precavido al acercarse a él.
Tal vez si empleara otro set de movimientos que no hubiera usado hasta ahora serviría para dañar al dragón antes de que aprendiera a defenderse.
En cualquier caso, este combate iba a ser duro, ya fuera por los Enlaces que se usarían como lo que significaba para todo el mundo. Ryku eliminó tensiones preguntándose quién estaría más nervioso en estos momentos, si sus padres y todo Pueblo Paleta o él; le tranquilizaba pensar que fueran sus padres, incluso Aradya, su Pokémon mascota.
Había llegado el momento. Ryku cerró la libreta cuando el trabajador vino a buscarlo. La dejó delicadamente sobre el banquillo, pero el trabajado abrió la puerta y lo vio.
—Vas a tener que darme esa libreta ahora —dijo—. Este es tu último combate; ganes o pierdas no vas a volver al vestuario. Nos encargaremos de devolvértelo cuando se sepa el resultado.
Ryku asintió y le entregó la libreta. El trabajador se la metió en un bolsillo escondido dentro del traje e indicó el camino hacia la entrada al interior del estadio. Para sorpresa de Ryku, lo acompañó todo el recorrido como la primera vez. Incluso esperó a su lado. Por alguna razón se lo veía igual de nervioso que él.
—Uf, no debería estar así de inquieto; no soy yo quien combatirá contra el líder del Alto Mando —dijo al darse cuenta de que Ryku lo estaba observando—. Y no soy el único.
—Lo mío es lógico.
—No me refería a ti, sino a todo el mundo que está sentado en esas gradas y a todos los que trabajamos en el estadio. Y estoy completamente seguro de que todo Kanto también lo está. Un duelo contra Lance no se ve todos los días. Y aunque cada año los elegidos llegaran a enfrentarse a él, todos esos combates son inolvidables. —Giró ligeramente la cabeza—. Y el tuyo no va a ser menos.
Ryku esbozó media sonrisa. Los ánimos (si es que lo eran) del trabajador fueron agradables y lo ayudaron a centrarse más en el combate. Sí, una parte decía que Lance era un rival temible, pero otra decía que estaba a la altura. Incluso quizá tuviera más probabilidades de ganar de las que realmente imaginaba.
Hiroyuki no era menos que nadie en estar intranquilo por lo que estaba a punto de acontecer, aunque lograba mantener un tono de voz relajado como buen profesional que era. Sin hacer esperar más al público, gritó con mucha energía el nombre de Ryku.
—Mucha suerte, chico. Demuestra de qué está hecho un Enlace como el tuyo —dijo el trabajador.
Ryku agradeció las palabras y entró en el campo de batalla. Nada más volver a aparecer en el interior del estadio, el público estaba incontrolable, pero alcanzó a escuchar a algunos grupos vitorear su nombre y animarlos. Cómo había cambiado desde que empezó el desafío del Alto Mando hace más de… ¿una hora? Antes había mucha gente que animaba más a los miembros del Alto Mando que a Ryku y ahora quizá no había nadie que no lo animara. Quizá quedaba el grupo de fans incondicional de Lance, pero el resto los eclipsaba. Todos lo apoyaban.
Ryku subió al campo de batalla el cual, curiosamente, era exactamente el mismo terreno de losas de piedra gris en el que se había enfrentado a Agatha, solo que se trataba de uno nuevo al no tener ningún rastro del anterior combate. Se detuvo en el medio del campo de batalla y esperó a reunirse con su rival.
Hiroyuki no se complicó demasiado al hablar de Lance; se daba por entendido que no existía humano en la tierra que no lo conociera. No era el líder del Alto Mando por nada, así que, sin más rodeos, pronunció su nombre y unos focos apuntaron hacia el otro acceso al interior del estadio.
Lance salió de él con una regia postura. Caminó hacia el centro del campo de batalla con un paso lento, pero constante. Si el comentarista no pretendía irse por las ramas, el líder del Alto Mando se ocupó de alargar la espera un poco más.
Cuando estuvo más cerca, Ryku pudo contemplar con mayor detalle a Lance. Vestía un traje morado con un bordado naranja y las puntas de las mangas negras. Las botas negras iban a juego con el resto del traje, al igual que el cinturón sin hebilla. Sería un traje discreto si no fuera por la larga capa de cuello alto que le caía de los hombros y se mantenía unida por dos cordeles plateados. Era negra por fuera, pero de un elegante carmesí por dentro, casi hacía juego con su pelo puntiagudo y rojizo. Tenía ojos marrones y una vista propia de un entrenador curtido en cientos o miles de batallas.
Lance se recolocó la capa y miró fijamente a Ryku. Parecía querer intimidarlo con su presencia, pero a la vez solo buscaba ser serio.
—Antes de nada, quisiera darte la enhorabuena —dijo. Su voz sonaba poderosa, acorde a las facciones de su cara—. Sé que no has ganado todavía este combate, pero el simple hecho de haber conseguido que me prepare para luchar es merecedor de tal felicitación.
—Gracias, supongo —dijo Ryku intentando no mostrar su nerviosismo—. Estoy contento por haber llegado hasta aquí. Me ha costado derrotar a los demás miembros del Alto Mando.
Lance no respondió al momento y fijó su mirada en el joven como si hubiera detectado una gran mentira en sus palabras.
—Eso no es lo que he visto en esos combates. Puede que Lorelei fuera la más complicada para tu Enlace, pero las victorias sobre Bruno y Agatha no te supusieron un gran desafío.
—¿Eso crees? —preguntó Ryku. Se le hacía raro que su rival lo animara antes de iniciar el combate. Los demás solo buscaban que los provocara para desalentarlo o forzarlo a cometer errores.
Un momento, Lance también lo había hecho al inaugurar los combates oficiales contra el Alto Mando; no era tan diferente de sus compañeros. Al menos su hostigamiento, aunque no lo dijera implícitamente, solo servía para que cualquiera de los elegidos diera lo máximo de sí mismos y tuvieran su oportunidad de enfrentarse a él.
—Los resultados hablan por sí mismos. Me has hecho tambalear un poco, he de admitirlo. Voy a procurar que no me sorprendan tus estrategias.
«Espero que los movimientos que no haya visto todavía me sirvan», pensó Ryku.
—Y yo procuraré que lo sigan siendo —dijo Ryku.
Lance esbozó media sonrisa. Aunque hubiera sonado a desafío, el líder del Alto Mando ni se lo tomó como tal. Más bien parecía agradecer el gesto.
—No rindas menos de lo que lo haría un Charizard. Considéralo una petición.
Ryku asintió con firmeza. Estrechó la mano de Lance cuando este se la tendió y cada uno regresó a la zona segura. Aquella conversación había tranquilizado a Ryku más de lo que esperaba; Lance no sonaba tan imponente como vestía o gesticulaba. También podía ser una forma de que se confiara más de la cuenta y aprovechara la ocasión para golpear con fuerza. No debía perder el foco del combate.
Pero no le impediría disfrutar de un duelo contra el mejor entrenador de Enlace de Kanto.
Cuando ambos entrenadores volvieron a poner sus ojos sobre el campo de batalla, Hiroyuki soltó unos comentarios adicionales dirigidos al público, recordándoles lo que se jugaba Ryku en este combate. Y sin más pausas, ordenó que los entrenadores activaran sus respectivos Enlaces y saltaran al terreno de lucha.
Ryku activó su Enlace y adquirió una vez más su forma Pokémon. Inspiró hondo antes de batir las alas y aterrizar en el suelo de losas de piedra, listo para pelear.
Lance hizo lo propio con su Enlace. Su cuerpo brilló y creció en todas direcciones. Más alto y ancho que su propio cuerpo humano. De su espalda brotaron alas y una cola y su cabeza se contorsionó para dar lugar a un hocico, un cuerno en la parte más alta de la cabeza y dos protuberancias flexibles como antenas de insecto. Cuando la transformación finalizó, todo el mundo pudo admirar el aspecto del Pokémon que había adoptado Lance: un Dragonite. Un Pokémon de más de dos metros, piel escamosa de un naranja claro y un robusto estómago amarillo crema cuyo color recorría hasta la parte inferior de la larga cola. Brazos cortos y rechonchos donde no se sabía dónde empezaba la mano, solo las tres garras que salían del muñón y unas piernas musculosas con otras tres garras cada una. Las alas y la cabeza desentonaban del resto del cuerpo, siendo las extremidades de la espalda increíblemente pequeñas para dar la capacidad de vuelo y una cara redonda y dulce que ocultaba la máquina de matar que era el Pokémon dragón.
El líder del Alto Mando permitió unos segundos para que el público admirara el Enlace del Dragonite y acto seguido saltó al campo de batalla. Ryku pudo sentir un muy sutil temblor. Eso significaba que el Dragonite también era pesado.
Las barras de vida de ambos Enlaces aparecieron en la pantalla y se superpuso una cuenta regresiva desde cinco para iniciar el combate. El público cantó los números a medida que iban apareciendo y acompañaron el pitido de inicio de combate con sus gritos.
Atacar de buenas a primeras no sonaba como la mejor de las ideas. Ryku había recolectado la información justa del Enlace de un Dragonite y el módulo Pokédex solo fue de utilidad para descubrir sus debilidades y que era un Pokémon con un poder abrumador, superior incluso a la fuerza bruta de un Machamp. Ryku debía poner a prueba a Lance y comprobar si alguna de sus ideas continuaba siendo viable.
Había que golpear con fuerza, obligar a Lance a contraatacar con la misma potencia si disponía de ella. Si no era sí (cosa que dudaba), entonces venía bien hacer un poco de daño.
Ryku llenó el hocico de llamas que escapaban ligeramente por los huecos de sus colmillos. Su primer movimiento sería una llamarada, su mejor ataque de tipo fuego y a distancia que disponía. Una vez listo, disparó la bola de fuego hacia el Dragonite.
El Pokémon dragón vio como la bola se ensanchaba a cada metro que recorría y preparó su contrataque. Inspiró hondo, como si cargara su cuerpo de energía, y de su boca emergieron otras llamas. En un instante el Dragonite había lanzado otra llamarada para bloquear la que se aproximaba peligrosamente a él.
Ambas llamaradas chocaron a mitad de camino de ambos entrenadores. Sus lenguas de fuego aparecieron y disputaron un duelo por absorber y consumir las llamas del otro. Como no había un vencedor claro, las lenguas de fuego se entrelazaron y comprimieron formando una nueva esfera de fuego que estalló en una inmensa ola de calor y humo en todas direcciones. Fue la primera vez que los campos de fuerza del estadio tuvieron que proteger al público y al comentarista de un movimiento que podría haber generado quemaduras serias en el cuerpo humano.
El humo era denso y no desapareció al poco tiempo. Ryku se agazapó un poco y clavó las garras de los pies en el suelo. Ahora sabía que Lance también utilizaba movimientos de fuego de gran potencia, lo que le hacía sospechar que no iba a ser el único que tuviera en su repertorio. Se quedó esperando a cualquier movimiento extraño. Técnicamente, era el turno del Dragonite de lucirse.
Y lo hizo.
Algo atravesó la nube de humo a gran velocidad. Así que los Dragonite eran veloces… No, un momento, aquello no era el Dragonite; era otro movimiento, uno que Ryku no había visto jamás. Era una bola de energía amarilla que emitía chispas y auras de fuego y alternaba sus colores entre el amarillo, el rojo y el azul. Ryku no se arriesgó a tratar de bloquearlo (podría recibir daño indirecto), así que lo esquivó como ya estaba preparado.
La bola de energía amarilla pasó de largo, pero no sin antes asustar al Charizard al seguir la dirección que el dragón naranja había tomado para evitarla. Ryku notó unos calambres y la esfera no se desvió más y chocó contra la barrera protectora, convirtiéndose en cuatro pesadas bolas de fuego que cayeron al suelo como rocas y desaparecieron a los pocos segundos.
Ryku estaba asustado. ¿Qué movimiento había sido ese? A simple vista no parecía nada realmente peligroso, pero el hecho de que lo había fijado ligeramente… Si no hubiera sido tan rápido, le hubiera dado. Lance había enseñado una de sus cartas: tenía ataques que no muchos habían visto. O tal vez sí, pero como no había tantas grabaciones de él luchando o estos duraban poco, no había tenido la oportunidad de usarlo con nadie más.
Ryku se frustró. Ya no poseía la ventaja, por pequeña que fuera, de conocer bien a su rival.
El humo de las llamaradas por fin desapareció en dirección al cielo.
Ryku había perdido el enfoque por culpa de aquella bola de energía tricolor y vio tarde lo que Lance estaba preparando tras la cortina de humo. Sus alas brillaban con una energía que se estiraba como volutas de humo blanco brillante. El rostro del Dragonite estaba serio, fijándolo en todo momento. Al final, batió las alas hacia adelante, canalizando toda la energía que había acumulado y expulsó dos corrientes de aires de gran velocidad por la que viajaban pequeñas hojas en forma de media luna. Ambas corrientes se dirigieron al dragón naranja, que tuvo tiempo suficiente para apartarse, pero solo uno de ellos. El otro le dio directamente en un costado que Ryku protegió con una de sus alas y redujo el daño a cambio de dar varias vueltas sobre sí mismo y arrastrarse por el suelo hasta detenerse.
El dragón naranja se sintió más mareado que dolorido. Aunque el impacto hubiera sido bastante fuerte, la resistencia de su Enlace (según indicaba la barra de vida de la pantalla gigante) lo había soportado con bastante eficacia. A simple vista solo había perdido alrededor de un veinte por ciento de su vida.
El Dragonite dio un paso al frente como si tratara de lanzarse con un nuevo ataque, pero en realidad significaba que había quedado exhausto, incapaz de siquiera prestar atención al rival.
Ryku entró en duda. ¿Por qué Lance había usado un movimiento que apenas le quitaba vida y lo dejaba en un estado similar a quien expulsaba un hiperrayo? No es que un Dragonite no pudiera aprenderlo, ya fuera natural o por MT. Sacudió la cabeza; no era el momento de pensar en eso, tenía una oportunidad de atacar sin restricciones.
EL Charizard voló rápidamente hacia el Dragonite, que seguía recobrando la energía perdida con el anterior movimiento. Debía efectuar el mayor daño posible antes de volver a alejarse. Sus ataques de fuego quedaban descartados, así que eligió cargar y alargar sus garras y soltar dos cuchilladas en la cabeza y el cuerpo del Dragonite. Este reaccionó a los impactos con fuertes gruñidos, más como si le hubieran dado dos bofetadas en vez de cortarlo con tres garras y retrocedió mientras se recuperaba del todo.
El simple hecho de hacer contacto visual de nuevo causó que Ryku se alejara más rápido de lo que tenía previsto. Tropezó con su propia pata cuando aterrizó.
Lance se veía enfadado. O serio. O molesto. Poco importaba pues lo que destacaba eran sus antenas, las cuales se habían puesto más tensas, aunque conservando las curvas. Unos rayos amarillos emergían desde la base y ascendían hasta romperse por un lado de las antenas. Pronto esos rayos empezaron a recorrer otras partes del cuerpo naranja claro del Pokémon dragón. Extendió un brazo y la electricidad se acumuló en la palma formando una esfera de energía. Contra más grande se hacía la bola, más electricidad generaba el cuerpo del Dragonite. Al cabo de unos segundos, ya tenía una esfera de la mitad de su altura en diámetro. Amenazó al Charizard con lanzársela y el dragón naranja hizo lo que él quería: separarse del suelo. Bastaría con eso.
El Dragonite arrojó la esfera eléctrica al cielo.
Todo el mundo se quedó perplejo. Lance ni siquiera había apuntado a su rival. Entonces, ¿por qué se había tomado su tiempo a crearla? Los sonidos de confusión sonaron por todo el estadio hasta que escucharon un rayo muy cerca de donde estaban. Una nube negra de tormenta empezó a formarse alrededor del estadio, cubriendo como mínimo todo el campo de batalla y desintegrándose al contacto con los campos de fuerza. El sonido de los rayos se intensificó y entre los huecos de la nube se podían ver los destellos de los mismos. Tanto el público como el comentarista se quedaron como hipnotizados mirando el espectacular movimiento que había invocado Lance. Sin embargo, Ryku no se dejó llevar por lo emocionante de la escena y fijó la mirada en el Dragonite, el cual no había bajado el brazo desde que había lanzado la esfera de energía al cielo.
Ambos rivales intercambiaron una mirada desafiante. Hora de aguantar.
Lance bajó el brazo y los rayos que se habían acumulado en la nube se transformaron en truenos y empezaron a caer sobre el campo de batalla. Cada impacto era como escuchar la explosión de una gran bomba.
Ryku actuó con rapidez. En el aire era un blanco fácil: contra más cerca estuviera de la nube, más fácil atraería los truenos; un ataque directo de un movimiento eléctrico de ese poder podría sentenciar el combate. Descendió y tocó el suelo, reduciendo las probabilidades de impacto. Pero eso no le dio ni una seguridad mínima mientras la tormenta siguiera disparando truenos por todo el campo de batalla, así que usó su doble equipo y creó el máximo número de copias de sí mismo que pudiera soportar a la vez y los distribuyó por todo el terreno. Lance lo tendría complicado si quería golpear mientras el ataque eléctrico seguía activo.
La caída de los truenos era completamente aleatoria y eso proporcionaba algo de ayuda al observar a algunos de desviarse y verse atraídos hacia los campos de fuerza los cuales no tenían ninguna dificultad en absorber la energía y usarlas en su propio beneficio como si fueran pararrayos. No obstante, la tormenta expulsaba tantos truenos que perder alguno que otro por el camino no significaba nada más que seguir siendo un peligro extremo para el enemigo del Dragonite.
Era cuestión de tiempo que algún trueno se descargara sobre un Charizard; ya habían aguantado suficiente sin recibir ninguno moviéndose por todas partes como un enjambre de Beedrill. Por suerte, aquellos truenos que lograban dar a un dragón naranja solo destruían una copia del mismo. Aun así, el público permanecía atento por si la suerte del Charizard original se terminaba y uno de los truenos acertaba por fin al objetivo real. La tensión no se había perdido en ningún momento.
Finalmente, después de un breve periodo, la tormenta eléctrica comenzó a remitir. Ya caían muchos menos truenos que antes y entre los huecos de la nube negra se colaban los rayos del sol. Había sido un buen espectáculo, pero nada más allá de eso. La pantalla gigante seguía mostrando las barras de vida de ambos Enlaces, invariables después de todo. Lo único que sí había sufrido bastante fue el campo de batalla; había baches, pedazos de rocas dispersas por todas partes y acumulaciones de polvo.
Entonces el Charizard realizó un último movimiento y todas las copias se detuvieron en seco en una posición concreta del terreno. Justo después, la tormenta eléctrica descargó varios truenos a la vez con un estruendo que obligo a muchos a taparse los oídos y casi todos dieron de lleno en una de las copias. Acto seguido, la nube negra se disipó por completo y dejó paso una vez más a la luz del sol.
Ryku jadeó. Había sobrevivido por los pelos a la tormenta eléctrica. Desde fuera quizá la gente no lo vio bien, pero en más de una ocasión había estado a punto de ser una de las copias que habían sido destruidas (debía imitar las copias con tal de que Lance no lo descubriera y efectuara un segundo ataque). Las pocas imitaciones de sí mismo desaparecieron sin dejar rastro: ya no hacía falta mantenerlas y necesitaba recuperar fuerzas para lo que estuviera por venir.
Lance era un entrenador fulminante. Sus movimientos eran de los más poderosos de algún tipo elemental (a excepción del viento cortante). Quizá esa era la razón por la que los pocos combates que se grabaron de él duraban tan poco. Un Dragonite era lo más parecido a un maestro de los elementos con forma de Pokémon.
¿Qué podía hacer? Acercarse era extremadamente peligroso por los potentes movimientos; la ventaja aérea no servía de nada porque el Dragonite también sabía volar; los ataques a distancia harían que el combate fuera eterno y alargarlo lo cansaría y le daría vía libre a asestarle un golpe casi fulminante. Ryku no tenía muchas opciones de atacar sin recibir daño, lo que significaba que perdería el combate antes que ganarlo.
Defensa, decidió. No le quedaba otra cosa que autoprotegerse, esquivar esos ataques poderosos y confiar en que lo agotaran para dar él su ataque. Cuchilladas, ataques ala, megapuños, megapatadas. Y vuelta a empezar hasta lograr la victoria. Sonaba aburrido, pero se jugaba mucho en este combate y no iba a arriesgarse más de lo necesario.
Ryku cargó el morro de llamas y Hiroyuki previó una nueva llamarada, solo para dejarlo con la boca abierta cuando el Charizard escupió el torrente de llamas girando sobre sí mismo y creó un aro de fuego a su alrededor. Nadie entendió qué hacía, ni siquiera cuando el aro se puso a girar a tal velocidad que se expandió verticalmente y mutó en un tornado de fuego que engulló por completo al dragón naranja.
Giro fuego no era muy bueno como movimiento ofensivo, pero sí como movimiento defensivo. El tornado de fuego seguía el movimiento del usuario que hubiera engullido y era capaz de reducir mucho el daño de un ataque exterior, incluso de bloquearlo por completo si había suerte. Y estaría activo el mismo tiempo que si fuera ofensivo: mínimo tres, máximo cinco impactos. Ryku era más amigo de esquivar que de protegerse, de ahí que no lo empleara casi nunca.
El público se quedó expectante ante la contramedida de Lance. El Dragonite voló hacia el tornado como si fuera a romperlo de un golpe, pero permaneció cerca cuando el Pokémon dragón notó que cualquier ataque físico terminaría reflejado. No solo eso, si tocaba el tornado, este lo engulliría y le haría el daño pertinente. Ya hizo el ademán de atraparlo cuando fingió un zarpazo y el tornado intensificó su poder. Tal vez el Charizard no sabía que el giro fuego hacía eso, lo cual significaba que tampoco estaba familiarizado con el movimiento. Lance ya tenía algunos métodos de sorprenderlo y golpearlo y no hizo nada hasta sopesar las opciones. Después de unas rápidas valoraciones, tomó una decisión.
Retrocedió varios metros, manteniendo una distancia prudencial por si el Charizard estaba fingiendo estar a la defensiva. Poco probable, pues el dragón naranja reaccionó con autoprotegerse con su ademán de golpearlo. Luego esperó a que el tornado se intensificará como si bloqueara un ataque invisible (desaparecía igualmente si nadie arremetía al usuario durante sus turnos) y preparó su movimiento. Nunca se había acostumbrado del todo a la súbita aparición del poder acumulándose en su redondo hocico, pero había aprendido a lidiar con ello de todos modos. Cuando estuvo listo, abrió la boca y adoptó una postura de agarre cuando un viento gélido salió con mucha potencia.
La ventisca disminuyó drásticamente la temperatura del campo de batalla, a pesar de estar canalizada como un rayo láser, y llenó de hielo y nieve la parte del suelo más cercano a esta. Ryku no notó el cambio de temperatura (el tornado de fuego lo mantenía caliente) y no fue hasta que la ventisca chocó con el tornado que causó un caos inesperado que no pudo evitar de ninguna manera. El choque de elementos opuestos generó una densa nube de vapor de agua que consumió el tornado de fuego por todas partes. Las zonas que resistieron reaccionaron de una forma imposible: el hielo adoptó la forma del fuego, enfriándolo y dejando en su lugar unas láminas de hielo con la última dirección de giro del tornado de fuego. El resto sucumbió a la ventisca, atravesando el tornado como un taladro una pared y dando de lleno al Charizard, que lo arrastró junto con los vestigios del tornado del fuego. Las láminas de hielo cayeron al suelo y se hicieron añicos, algún pedazo dañando indirectamente al dragón naranja.
El vapor de agua cubrió el terreno de combate sin posibilidad de ver a través de este. Aun así, tanto Hiroyuki como el público adivinaron que el ataque había surtido un efecto importante y la barra de vida del Charizard había pasado por bastante el umbral del color amarillo. Estaba cerca de perder el combate.
¿Cómo no lo había visto venir? No había sido culpa del giro fuego por bloquearle la visión, había sido suya por no entender que Lance estaba usando movimientos de gran poder. Llamarada, trueno, ventisca. Era demasiado fácil averiguarlo y, aun así, no lo había previsto. Había elegido mal el momento de defenderse y había pagado el precio.
Ryku trató de superar el frío que se había calado en su cuerpo. La llama de su cola brillaba a media intensidad, simulando un efecto peligroso en los Charizard. De entre lo malo, el vapor de agua se convirtió en niebla y resultó una buena protección mientras recuperaba el calor del cuerpo. Pero ¿de qué le servía? Esa ventisca había sido mucho más dañina de lo que realmente debió ser. Lo notaba en su Enlace: un golpe fuerte más del Dragonite y se acabó. Una parte de él estaba al borde de aceptar que no podía contra Lance. Un Enlace poderoso y movimientos ideales para demostrarlo. El solo hecho de pensarlo… avivó la sed de lucha de Ryku. Aquella parte que quería rendirse desapareció. Este combate no terminaba hasta que su Enlace se hubiera desactivado.
Pero ¿cuál era el plan? Lance estaba a un golpe de la victoria, dos siendo generosos. Si quería igualar el combate o darle la vuelta, necesitaba fuerza bruta. Y ninguno de sus movimientos era lo bastante potente para superar las defensas del Dragonite.
Un momento, ¡sí lo había! Era uno de los movimientos que había decidido aprender por momentos como este: mimético. Un ataque que copiaba el último movimiento lanzado por el rival. Y daba la casualidad que el último movimiento, la ventisca, causaba un daño tremendo en los Pokémon de tipo dragón, especialmente en Dragonite, que tenía una súper debilidad a los ataques de tipo hielo. Todavía tenía una posibilidad de pillar por sorpresa al Pokémon dragón. Una que sentenciaría el combate. La niebla fue el momento perfecto para usar el movimiento sin que lance se diera cuenta (con suerte). Los ojos de Ryku brillaron con una luz amarilla e inmediatamente sintió como en su boca se acumulaba la energía que se convertía en nieve y hielo. Acababa de copiar la ventisca del Dragonite.
Lance acababa de otorgarle la llave de la victoria. Solo quedaba no desperdiciar la gran oportunidad que le había dado el líder del Alto Mando.
La niebla empezó a desvanecerse y tanto el Charizard como el Dragonite volvieron a hacer contacto visual. El dragón naranja ya estaba recuperado de la ventisca (con algún que otro escalofrío) y lleno de energía por la esperanza de victoria que tenía en su mano y el Dragonite desconocía.
O eso esperaba.
Lance se veía sonriente, feliz. Como si le gustara que el combate no hubiera terminado todavía. Inhaló con fuerza y en un instante escupió otra bola de energía tricolor. Esta vez, aunque Ryku no conociera el movimiento, sabía cómo reaccionar. Saltó, se impulsó con las alas y voló una gran distancia. La bola de energía lo tenía fijado, pero su curva de redirección fue muy escasa, apenas consiguiendo una inclinación de cuarenta y cinco grados en todo su trayecto. Pasó muy por debajo de Ryku y solo alcanzó su altura cuando impactó contra los campos de fuerza. Lance lanzó un par más por si acaso, pero Ryku ya los tenía dominados y ni siquiera se le acercaron.
Entonces Ryku pasó a la ofensiva. Volvió a usar su doble equipo y creó un número concreto de copias que mandó volando en círculos sobre el Dragonite como buitres sobre su presa. Lance ya preparaba una contraofensiva con las antenas de su cuerpo emitiendo chispas y rayos como antes. Ryku se adelantó a tal acción y, junto a sus copias, dieron vueltas sobre sí mismo a la vez que invocaban las ventiscas. En cuestión de segundos, el Dragonite estaba rodeado por una decena de Charizard encerrados en tornados de hielo y nieve como el que producía el giro fuego.
Lance se quedó perplejo. Le costó entender cómo un Charizard conocía un movimiento que claramente era incapaz de aprender bajo ningún concepto. Claramente había usado algún movimiento Pokémon, pero ¿cuándo había copiado la ventisca? Ignoró las preguntas. Estaba en una situación crítica de la que debía escapar cuanto antes si no quería probar de su propia medicina.
Lanzó dos llamaradas hacia el cielo y las detonó a mitad de camino. Las estrellas de fuego aparecieron y cada una de sus puntas apuntaba en una dirección diferente sin solaparse la una con la otra. Había creado una llamarada de diez lenguas de fuego. Eso debería bastar para contrarrestar las ventiscas.
Pero falló.
Ryku calculó la dirección de las lenguas y simplemente siguió con su plan. Las copias se movieron a un lado y las lenguas de fuego pasaron por entre los tornados apenas generando algo de vapor de agua en el proceso. Ryku no detuvo el movimiento y continuó rotando sobre el Dragonite, alimentando poco a poco los tornados de hielo hasta formar un círculo de hielo por donde pasaban. En poco tiempo los tornados se habían vuelto virulentos, girando sobre sí mismos a una velocidad alarmante, ocultando a las copias del Charizard en su interior. Entonces Ryku ordenó a las ventiscas avanzar sin él ni sus copias en una espiral con el Dragonite como epicentro del choque entre los tornados.
Lance se quejó. No podía escapar volando; si de algo flaqueaba su Enlace era en que los Dragonite no eran precisamente veloces, no para casos como aquel. Las ventiscas se cerrarían antes de que lograra escabullirse por el cielo.
No le quedaba otra; tenía que arriesgarse con otra táctica. Cargó su boca de una energía altamente inestable, una que era capaz de arrasar con todo lo que estuviera cerca. Tardó más de lo que le hubiera gustado, pero la situación requería que así lo fuera. Cuando los tornados de hielo estuvieron lo bastante cerca como para sentir el frío congelando su cuerpo, Lance imitó al Charizard y giró sobre si mismo a la vez que creaba una bola de energía frente a su hocico y, con un rugido, un impresionante rayo naranja salió disparado de su boca. El giro del Dragonite otorgó al hiperrayo una curvatura impropia del movimiento que terminó convirtiéndolo en una espiral que tenía como objetivo destruir los tornados.
Entonces lo vio. Su hiperrayo iba a surtir efecto con los tornados, pero no con todos. Uno de ellos tenía mucho más hielo y nieve que los demás, fácilmente confundible entre los otros tornados como uno más. Y en este había una sorpresa, una que antes de que pudiera reaccionar, ya estaba dispuesta a golpear.
Los tornados se juntaron antes de llegar al epicentro y chocaron contra el hiperrayo de Lance. La explosión resultante hizo temblar el estadio entero. Rocas dispersas del campo de batalla colisionaron con los campos de fuerza, los cuales se aplicaron al máximo para no caer ante los efectos del estallido. El temblor duró unos segundos, tiempo suficiente para que todo el mundo pudiera admirar por un instante la figura de hielo que había creado la reacción de energía de ambos movimientos. Un tornado gigante decorando el centro del campo de batalla con una hoja de hielo brotando, por un lado. Como una rosa de hielo sin flor con una niebla dispersándose por la base. Un momento después, la rosa se quebró y cayeron carámbanos que jamás tocaron el suelo, pues la energía de una Prioridad Humana lo consumió todo con su poder protector, haciendo que todo rastro de hielo, nieve y agua desaparecieran como si nunca hubieran existido.
El combate había terminado, pero ¿quién había ganado? La niebla era lo único que no se había ido por la Prioridad Humana y la pantalla gigante solo mostraba la palabra «vencedor» sin especificar nada más.
Hiroyuki era el encargado de declarar al vencedor en el último combate del Alto Mando. El comentarista se había recolocado las gafas y abandonado su zona de protección. Miró ansioso el campo de batalla; al igual que todos, quería saber quien había sido el ganador del combate. Al final la niebla dejó vislumbrar dos figuras. Una humana y otra todavía de un Pokémon. Distinguió un ala naranja con el interior de color azul turquesa. Eso no ayudaba: un Dragonite y un Charizard tenían el mismo color en el interior de sus alas. Esperó un poco más y vio un cuerno, otra cosa nada relevante. Entonces asomó por fin la clave que le servía para proclamar un vencedor.
—El ganador es… ¡Ryku!
La niebla perdió eficacia cuando ya no pudo esconder lo que había en su interior. En el centro del capo de batalla, Lance estaba sentado y apoyado en una roca, la cabeza apuntando al cielo. El Charizard lo miró y súbitamente su Enlace se desactivó.
Ryku miró al público. Era imposible oír nada más allá de un metro. Él no mostraba ninguna emoción. ¿Cómo podía actuar ante una situación como esta? Después de todo, lo había logrado. Había vencido a los cuatro miembros del Alto Mando. Tenía tantas ganas de saltar de alegría y a la vez de mantener la compostura por miedo a humillarse que estaba en una fina línea entre parecer un egocéntrico y narcisista o un payaso que había tenido suerte de ganar. Hizo lo que creía más apropiado: encogerse mientras celebraba por su cuenta la victoria.
Había conseguido el título de Campeón.
Lance se levantó y se sacudió el polvo que se había acumulado. La capa se la jugó y tropezó con esta al moverse por el campo destrozado. Ryku no lo escuchó, pero el hombre soltó un improperio y empujó la capa como si no la quisiera llevar puesta. Luego se acercó a Ryku con una sonrisa. Se le veía satisfecho.
—Hacía tiempo que no tenía un combate de estas dimensiones —dijo. Tuvo que alzar la voz para superar el griterío del público—. Has estado a la altura de lo que haría un Charizard de verdad. Gracias.
—Me alegra saber que he cumplido la petición que me hiciste antes de empezar el combate —dijo Ryku. Todavía estaba tratando de controlar sus emociones—. Pero no he tenido tanta suerte con sorprenderte en todo momento.
—Yo no diría eso; no contaba con que conocieras el movimiento que copia el último lanzado por el rival. Si no me hubiera arriesgado con la ventisca, todavía seguiríamos peleando.
—¿Tú crees? Yo ya casi veía un pie fuera del combate con tantos ataques de gran poder —dijo Ryku y no pudo contener la siguiente pregunta—. ¿Es que un Dragonite no aprende movimientos más normales? No sé, una cuchillada, un Megapuño, un golpe cuerpo… Hubiera estado bien ver algo así, la verdad.
A pesar de mantener un rostro serio y profesional, Lance esbozó una sonrisa y se le escapó una corta carcajada.
—Has liberado tensión, ¿eh? —Ryku ladeó la cabeza, extrañado—. Desde que ha terminado el combate estabas que no sabías cómo reaccionar a la situación. Como si no te gustara estar aquí.
El joven se ruborizó y agachó un poco la cabeza.
—¿Tanto se nota?
—No eres el primero al que le sucede. Aunque tampoco es que se diga que ha pasado más de… —Lance se quedó pensativo un buen rato—. La verdad es que no llevo la cuenta de ello.
—Ajá. Pero en cuanto a mi pregunta anterior…
—Ah, sí, había cambiado de tema. Por supuesto que un Enlace de Dragonite es capaz de aprender muchos más movimientos aparte de la ventisca, la llamarada y el trueno —hizo un gesto con el brazo en dirección a Hiroyuki y este le respondió levantando el pulgar—. Pero no les tengo mucho aprecio, que digamos. Soy más un maestro de los elementos, capaz de darle muchas formas a los ataques poderosos y sorprender al rival. Y he visto que tú también tienes un poco de eso.
—Lo dudo. Intenté copiar la semiesfera de ventisca que usó Lorelei conmigo, pero acabó siendo un tornado.
—No te quites el mérito —dijo Lance con severidad—. Acabas de vencer a todo el Alto Mando, a los mejores entrenadores de Enlace de la región, y ganado la Liga Pokémon. Has demostrado delante de todo Kanto que eres, como mínimo, tan fuerte como yo, y eso —hizo una pausa para dar más énfasis— son palabras mayores.
Hiroyuki intervino en la conversación y le entregó un micrófono a Lance. Tuvieron una corta charla y el comentarista se marchó por donde había venido.
—Aunque todavía puedes mejorar, como todos. Un consejo, cuando puedas, aprende movimientos ajenos a lo que aprendería un Charizard de manera natural, así tus estrategias serán más variadas y tendrás al rival siempre sorprendido.
—Como tú…
—Exacto. Como yo.
Lance dio unos golpes al micrófono que resonaron en todos los altavoces del estadio. Ese sonido bastó para que el público enmudeciera y prestara atención al líder del Alto Mando.
—Confío en que esta Liga Pokémon esté siendo emocionante. —La gente alzó la voz para responder de manera positiva y se volvió a callar—. Bien. Hoy es un gran día para este evento anual pues este joven de aquí no solo dijo estar a la altura del Alto Mando, sino que lo ha demostrado con creces. —Un grupo del público levantó la voz casi conteniendo la euforia. Al fin Ryku había localizado a su familia y a casi todo Pueblo Paleta—. Y me enorgullece nombrar a Ryku, de Pueblo Paleta, Campeón de la Liga Pokémon de Kanto.
Ryku se esperó unos vítores como nunca había escuchado hasta ahora, pero el público no reaccionó y permaneció en silencio. Ryku miró detrás de él, a la pantalla gigante, y vio el rostro de Lance que dejaba claro que no había terminado de hablar.
—Lamentablemente, no puedo consolidar el nombramiento todavía —continuó Lance—. No sería justo para los demás elegidos que todavía tienen que afrontar el desafío del Alto Mando, ¿no creéis? —Se pudo escuchar una negativa en un lado de las gradas—. Ryku ha hecho algo increíble que hacía años que no se celebraba, nadie puede negárselo, pero todavía quedan dos elegidos más y cualquiera de ellos también podría convertirse en Campeón. En caso de que no lo logren, Ryku obtendrá el título, pero si uno lo consigue, tendrá que haber desempate; solo se puede nombrar a una persona como Campeón. Veamos quien ostentará el título cuando termine la Liga Pokémon.
La gente estaba emocionada. Ya habían presenciado un gran momento en la historia de la Liga Pokémon de Kanto y todavía no había terminado. Existía la posibilidad de ser todavía más épico, más inolvidable. Estaban impacientes por conocer el desenlace.
Lance finalizó el comunicado y separó el micrófono de la boca. Se giró hacia Ryku y puso una mano sobre su hombro.
—Lamento decirte que vas a estar tenso durante un rato más.
—No pasa nada. Es lo justo.
Lance asintió. Un buen gesto deportivo.
—Acompáñame. Todavía no eres el Campeón, pero hasta entonces disfrutarás de lo que queda de la Liga Pokémon como uno.
