Continuó observándolo confusa. ¿Había estado escondiéndole otra vez esos temas para poder darle una sorpresa? No recordaba que le hubiera hablado de nada de todo aquello y, sin duda, sería algo de lo que se acordaría. Pudo ver cómo se volvía a reír de ella.
- Yo creo que esa cara debió de ser la misma que le puse yo hace nada a Hideki cuando me lo dijo – empezó a explicar por fin-. Se retrasó porque le convocaron para una reunión estos días.
- ¿Sabías algo?
- No, nada. Ni yo ni nadie. Creo que él tampoco – se encogió de hombros, decidiendo acercarse a Aiko para poder cogerla mientras que hablaba-. Apareció a media tarde y cuando terminó de darse cabezazos porque hacía mucho tiempo que no tenía a todo el equipo junto vino conmigo. Primero para preguntarme qué tal estabas ya y luego me lo soltó.
Se agachó, cogiendo al bebé, la cual había levantado los brazos hacia él para eso mismo, entreteniéndose así unos segundos en saludarla, dedicándole todas sus atenciones. Sora sonrió, con algo más de fluidez mental, aprovechando ese momento para recoger lo que había tirado con el susto que le había dado al llegar, agradecida porque le hubiera preguntado por ella tan rápidamente.
- No sé si te acordarás, pero alguna vez te tengo comentado que realmente son 4 viajes los que se suelen hacer. Viajes serios quiero decir, no como el de entrenamiento que tienen los nuevos… Cuatro es el máximo.
- ¿Tú no llevas ya más de cuatro?
- En realidad, con el primero a Marte ya me podría haber retirado voluntariamente por lo que pasó – aunque los motivos hubieran sido muy diferentes-. No, no llevo más de cuatro. Todo lo demás no cuenta… Este sería el cuarto. Y ya está. No es bueno para nadie exponerse tanto a esas condiciones. Nos retiran a los cuatro.
- ¿Cuatro?
- Mai, Katsu, Takao y yo. Ella se va a quedar ya fija como instructora de vuelo y ellos dos van a pasar a formar parte del programa de ingeniería, que se supone que es su campo. Y yo… Pues parece ser que Hideki tenía que buscarse a alguien que lo cubriera. A él lo mueven a… no sé si quiero saberlo, algo aburrido con mucha burocracia.
- ¿Te vas a quedar con su puesto?
- Eso parece – levantó la vista de la niña hacia ella-. Me ha dejado el honor de hacerles de niñero a los nuevos desde Tierra. La siguiente vez que viajen será con otro comandante y otro piloto.
Así había pasado con él. Había estado estudiando y preparándose y había hecho una primera toma de contacto bastante rutinaria. No había sido hasta unas semanas antes del primer viaje largo que le habían asignado cuando había aparecido Hideki y se le había asignado a Mai la responsabilidad de pilotar. Pensándolo fríamente, otra vez era algo más que evidente. Al igual que el viaje. Simplemente no se había dado cuenta de cómo iba pasando el tiempo y de que aquello era algo que no dependía de él, sino de unas fechas muy concretas y unos protocolos que, sin duda, escapaban a su control.
- ¿Qué te parece Aiko? Vas a tener que aguantarme por casa de seguido ahora… No sabes la que te ha caído encima – entretenido, la colocó frente a él, pudiendo así ver como se reía de las caras que le estaba poniendo.
- No le digas esas cosas, que luego se me echa a llorar…
Estaba todavía demasiado sorprendida por la noticia. Y no sería ella si, a pesar de la sorpresa inicial, no hubiera sido capaz de ver el otro lado de todo aquello. Observó a Yamato con la pequeña, dejándole su espacio con ella, sin decir nada más. No al menos hasta que volvió a dejarla sobre el sofá, caminando nuevamente hasta colocarse delante suyo.
- Te has quedado demasiado callada…
- Es que… No me lo esperaba – respondió, vigilando entonces que los digimon se hubieran quedado cerca del bebé.
Alargó la mano para coger la de él, arrastrándolo así con ella a la parte de fuera de la casa, buscando tener algo más de tranquilidad e intimidad para poder hablar.
- ¿Pasa algo? – confuso, dejándose guiar, no pudo más que mirarla.
- Claro que no. Solo me apetecía estar a solas contigo y no tener a nadie vigilando… - sonrió-. Quiero que me digas una cosa, y a ser posible que me seas sincero – girándose, se quedó apoyada en la barandilla, ladeando ligeramente la cabeza-. ¿Qué te parece a ti la noticia?
- ¿A mí?
- Sí, a ti – mantuvo sus ojos canela en él, observando como iba caminando, terminando por ponerse frente a ella, teniendo así que levantar la vista para mantenerle la mirada.
- ¿Que haya venido corriendo a casa para contártelo no cuenta?
- No, no cuenta – sonrió para no asustarlo, aprovechando para poder observar más de cerca ese color azul que tanto le gustaba-. Quiero que me digas lo que piensas tú como tú.
Se detuvo a escasa distancia de su esposa. Sin duda no debería de sorprenderle aquello y que en vez de quedarse con lo que a ella le interesaba lo primero que hiciera fuera querer saber lo que realmente opinaba de todo aquello. Sonrió, divertido por la primera contestación que se le vino a la cabeza.
- Yo como yo… Hace bastante que eso no existe. Y si quedaba algo dentro de unas semanas hará un año que desapareció por completo… - a sabiendas de que no era eso lo que ella quería escuchar se encogió de hombros-. No estaría en este trabajo, no habría renunciado a todo lo que renuncié, ni me hubiera sacrificado tantos años para estar donde estoy si no fuera lo que realmente me apasiona. Si te dijera que no lo voy a echar de menos te estaría diciendo una de las mentiras más gordas de mi vida. Pero… no es decisión mía. No importa lo que yo piense al respecto. Son órdenes de esferas mucho más superiores de lo que yo voy a ver alguna vez en esta vida. Lo único que puedo hacer es aceptar, resignarme y quedarme con lo que ya he podido vivir. He hecho cosas que jamás pensé que podría hacer y que sin duda nunca voy a olvidar, pero también sabía que esto era una carrera a corto plazo.
Era evidente que la vida de un astronauta era mejor en los primeros años. Aunque la experiencia fuera algo que llegaba con el tiempo la condición física era muy importante y sabía que no iba a mandarle postales a sus nietos desde el espacio. Lo tenía asumido. Había hecho cosas que nadie más había hecho antes, no tenía tan siquiera derecho a pensar en quejarse.
- Una cosa era retirarme yo por miedo o incluso porque tú me lo hubieras pedido – habló de nuevo, posando sus dedos en su barbilla, acariciándola suavemente mientras que decía aquello- y otra que me lleguen órdenes. De lo primero podría haberme llegado a arrepentir… de lo segundo nunca y contra lo tercero no hay nada más que hacer. Así que, ¿por qué no centrarme en lo bueno que tiene?
- Aiko va a estar muy contenta porque no te tengas que ir más. No se va a acordar de los días que no estés cuando crezca…
- Sora, sabes que quiero a esa niña con locura, pero por delante de eso pasa el no volver a verte de los nervios por miedo a que me pueda a pasar algo – cortó sus palabras-. ¿Queda claro?
En otras condiciones, seguramente hubiera acabado bufando al ver cómo ella misma reaccionaba a lo que acababa de escuchar y al cosquilleo que notaba allá por dónde la tenía sujeta. Estaba más que dada por perdida la batalla de intentar hacerse algo la dura, pero en aquellos momentos prefirió simplemente rodearlo con sus brazos.
- Como el agua – sonrió cuando notó como sus cuerpos quedaban pegados.
- Muy bien, así me gusta. Entonces vamos a volver a la fase de alegrarnos solo porque me han dado un puesto mejor.
Sonrió a medio camino de morderse el labio, asintiéndole justo antes de dar un ligero salto y poder quedarse abrazada así a su marido. Agradecía la sinceridad de él pero sin duda era una de las mejores noticias que le habían dado en mucho tiempo. Escuchó como se reía antes de afianzar mejor sus brazos en torno a ella para no perder el equilibrio ninguno de los dos.
- Que sepas que se me pasó por al cabeza guardarme la información para el aniversario, pero no creo yo que esta vez no fueras a adivinar que me pasaba algo desde la esquina de la calle… - pudo escuchar la ligera risa de ella, disfrutando de ese sonido.
- Amor, la otra vez era más que evidente que te pasaba algo y muy gordo… Otra cosa es que te diera por… empotrarme contra la primera puerta que encontraste y anularme la capacidad de pensamiento…
Arqueando una ceja por lo que acababa de escuchar, no pudo más que echarse a reír de primera mano, apretándola algo más contra él, tomándose unos segundos antes de alzar su cabeza para poder observarla.
- Eso suena muy bien – comentó, dibujando una sonrisa ladeada en el rostro.
- Quién sabe, igual te hubiera funcionado otra vez… - se dedicó a observarlo unos segundos, atenta a cuando la distancia entre ambos pareció disminuir.
Se inclinó del todo, acercándose así hacia los labios de ella, estando a punto de darle un beso, frenando en el último momento.
- Podemos ponerlo en práctica luego – susurró sin alzar el tono, rozando sus labios con los suyos finalmente, tan solo unos segundos, volviendo a reclamar su atención al separarse de nuevo-. Pero lo decía por cómo me has llamado… Amor- no dio tiempo a que le contestara, simplemente volviendo a recortar la distancia al mínimo, solo deteniéndose para murmurar aquella última palabra.
Gabumon se había quedado sentado, observando como Aiko gateaba empezando a subirse a él seguramente buscando usarlo de cojín mientras que lo tuviera a mano.
- ¿Es en serio lo que ha dicho antes Yamato? – preguntó Biyomon, atenta a que el bebé no se hiciera daño.
- Supongo yo no estaba con él, pero ha vuelto muy contento a casa.
- Pues espero que sea verdad, porque Sora lo pasa muy muy muy mal por su culpa cuando se tiene que ir – acabó posándose en el suelo cuando vio que la niña alcanzaba su destino por fin.
El digimon se quedó observando a Aiko, atento simplemente a sus gestos. Si Yamato no tenía que volver a viajar, eso quería decir que él tampoco. Y entonces podría dedicarse a cuidarla tal y como había prometido que iba a hacer. No tenía pensado separarse de esa niña en mucho tiempo. No lo había hecho de su padre con todos los méritos que había hecho, de manera que jamás lo haría de ella.
- Tengo hambre – parloteó Biyomon-. ¡Voy a ir a buscarlos!
Alzó el vuelo, yendo directa hacia una de las ventanas que quedaban abiertas para salir por ella y poder ir a hacer lo que había dicho. Justo antes de salir se giró, manteniéndose en el aire, observando desde allí a Aiko con Gabumon.
- Oye – reclamó así la atención del otro digimon-. Yo también me alegro de que os vayáis a quedar ya los dos siempre por casa.
Sin esperar por respuesta alguna, volvió a salir volando hacia donde estaban los dos adultos en la terraza. Volvió a bajar la vista hacia la niña al sentir sus manos cerca de su hocico, dándose cuenta de que intentaba trepar por él. Sonrió decidiendo esperar a que se pusiera en pie antes de rodearla con las patas para dejarla abrazada contra él, sin soltarla incluso cuando vio la puerta abrirse de nuevo, escuchando a Sora reírse al entrar, pasando por su lado.
- ¿Tienes hambre tú también? – le dijo-. Ya verás lo que tenemos hoy para cenar…
Yamato entró tras ella, quedándose apoyo en la pared siguiéndola con la mirada y luego centrándose en su compañero y en Aiko, sonriendo así abiertamente.
- Yo creo que sí que tiene hambre, sí…
Natesgo: ¿verdad? Jajajajaja un día se va a quedar viudo y se lo va a tener merecido. Que hay que tener un poquito más de mano. Que una cosa es ir directo con las cosas y otra que a la pobre mujer casi le da un infarto de forma totalmente gratuita y sin verlo venir tan siquiera. Que la noticia será muy buena, pero también es muy gorda y se le ha debido de quedar el cerebro intentando arrancar de nuevo.
Y, tampoco sería ella si no hubiera sido capaz de ver directamente el lado "malo" de la noticia. Aunque, contando que fue ella una de las que lo animó a reincorporarse tras el susto de años atrás, tampoco debe de extrañarle precisamente de que se ella la primera en pensarlo y decirlo de forma más directa. Es lo que le pega en esa cabecita. Y Aiko, si fuera algo más consciente de lo que pasa a su alrededor, seguro que fangilearía como ella sola... Pero bueno, mejor que esa nena se quede con su padre rondando por casa todos los días, que al rubio no le va a venir mal jajaja
¡Un beso!
Guest Vecina: que no... Que es que me atraganté bebiendo, sí, sí jajajajaja A ver, no me voy a molestar en negar la evidencia... Pero bueno, también te digo que puede que no sea lo único que haya aprendido a decir Aiko esta temporada... Solo digo eso cofcofcof
Ya, a mí también me pareció muy "cutre". Resulta que el record mundial de viajes al espacio es 5 así que... Luego lo pensé de forma más fría y realmente tiene sentido. Las condiciones en el espacio, despegues, aterrizajes y todos esos temas seguro que no deben de ser las cosas más sanas/seguras del mundo para el ser humano. Y lo otro que también me quedé pensando fue que quizás le ha llegado demasiado joven, pero bueno, tanto no me metí a investigar. Sobre lo que habrá estudiado no tengo ni la mas remota idea - posiblemente él tampoco jajajajaja - pero eh, con una carrera como la mía y con experiencia en la enseñanza - normal, sin duda son mucho más peligrosos los mocosos del mal - te dejan pedir plaza en la NASA jajajaja Verás tú jajajaja Voy a mandarle una cara al Dorito ver si deja entrar en el país y ya tengo nuevo trabajo. Fíjate que cosas acabo descubriendo jajajaja
Sí, a Hideki probablemente le apetezca tirarles algo a la cabeza cuando se ponen especialitos, pero evidentemente sabe que ese equipo es bueno y le gusta tenerlos cerca. Lo de los ingenieros... Pues no lo sé. Si te digo la verdad no tengo ni la más remota idea de lo que podrían hacer esos dos, así que igual van y vienen y así tengo excusa para ponerlos en Tokio estresando a Yamato.
Y... te voy a decir que ayer escribí una cosa que te va a hacer fangirlear un par de semanas. Ahí te lo dejo jajajaa
Ains, un bico grandote vecina... Voy a ver si vagueo un rato.
