Yamato avanzó con paso dentro hacia donde Sora se había quedado sentada, caminando muy despacio estando atento a todos los pequeños y tambaleantes pasos que iba dando Aiko cogida a sus manos por la arena mojada de la playa.
- Como siga así va a echarnos a correr en cualquier momento ella sola – comentó divertido cuando por fin consiguió colocarse a su lado.
- En algo tiene que parecerse a mí… Si sale corriendo detrás de una pelota aún tengo algo de esperanza de que se acabe pareciendo a mí mínimamente – levantó la vista hacia él.
- No lo sé, conmigo también funcionaba, así que no te hagas muchas ilusiones… ¿Verdad que no? – levantó a la pequeña, pudiendo así dejarla en brazos-. ¿Qué? ¿Vamos hasta la orilla a ver si encontramos alguna tortuguita hoy de esas que tanto te gustan? – miró hacia la pelirroja unos segundos-. ¿Vienes?
Asintiendo a su pregunta se puso en pie, sacudiéndose la arena de los pantalones cortos, echando a andar a la vez que ellos, viendo como la niña parecía haber entendido lo que le había dicho su padre y miraba hacia el agua con los ojos abiertos a más no poder.
- Oye… ¿Y si nos dedicamos a convencer a tu padre para que nos lleve a comer helado? – le dijo acercándose a ella, cogiendo una de sus manitas para hablarle de forma más confidencial. No pudo más que echarse a reír cuando vio la reacción de ella ante la palabra helado.
- Mira cómo sí que sabe lo que eso significa… Igual aún tienes esperanza y la pueden llegar a relacionar contigo…
Le hizo burla al rubio, realizando una pequeña mueca que provocó que Aiko se echase a reír por las caras que estaba poniendo su madre.
- Pero bueno, ¿ya te has puesto tu también de su parte? Vaya desgracia que tenemos en esta casa que ninguna de las Ishida somos capaces de resistirnos a los encantos de tu padre…
Volviendo a agacharse para posar a la niña en la arena y que pudiera intentar caminar, Yamato no pudo más que reírse con las palabras que iba escuchando, manteniéndose inclinado sin contarla, viendo que rápidamente intentaba dirigirse hacia algunas de las algas por si acaso había algo entre ellas.
- ¿Sabes cómo va a acabar esto? – acabó por decir divertido al cabo de un rato.
- Tú llévanos a por helado y luego ya veremos si me pienso o no el darte un masaje para que se te pase el dolor de espalda…
Se giró para mirarla, estando a punto de decirle algo, entretenido porque hubiera adivinado sus intenciones con tanta rapidez, pero no fue capaz a hacerlo, dándole Aiko un tirón para intentar probar suerte en otro de los montones de algas.
- Oye… no me pegues esos tirones que esta semana me han machacado mucho entrenando… - murmuró yendo tras ella-. A ver, vamos a ver si encontramos algo tortuguita.
Casi a punto de empezar a reírse de su marido, se quedó simplemente mirándolo cuando lo escuchó llamar a la niña así. No era la primera vez que lo hacía, parecía que era una manía que había llegado para quedarse, pero el simple hecho de escuchárselo había conseguido que un cosquilleo la recorriera de punta a punta.
- Eh, vosotros dos, esperadme – reclamó su atención antes de salir tras ellos.
Hiroaki se quedó a la espera de que sus maletas salieran por la cinta del aeropuerto, mirando hacia ella con algo de desesperación mientras que resoplaba. A su lado, Natsuko estaba entretenida mirando el teléfono, escribiendo así a su hijo par que supiera que ya habían llegado.
- ¿Qué? – preguntó al guardarlo y encontrarse todavía la cara de él.
- ¿Se han dejado las maletas en Tokio y han ido a por ellas andando?
- Deja de montar el drama… No te las han perdido, tranquilo. No vas a tener que aceptar que siga durmiendo con el peluche que le regaló su otro abuelo porque te hayan dejado sin maleta… - puso los ojos en blanco-. Mira, están ahí – le dijo señalándolas-. Anda venga, vamos…
Resoplando por lo bajo, fue hacia donde ella le indicaba para poder recogerlas y salir finalmente del aeropuerto. Sin duda estaba demasiado acostumbrado a viajar con equipaje de mano y no tener que estar esperando.
- No sé por qué no has dejado a Yamato que viniera a buscarnos… - dijo la mujer.
- Está todavía en el trabajo. Así que entre que nosotros llegamos, dejamos las cosas y vamos hasta allí…
- ¿Y Sora?
- Sora justamente hoy tenía una videoconferencia importante. ¿Qué más da? Se moverme por eta isla, he venido muchas veces a vigilar a Yamato en los últimos años. El que ha salido sin sentido de la orientación es él, yo más o menos creo que sé llegar a nuestro hotel.
Arqueando una ceja se quedó mirando hacia él antes de echar a andar y poder seguirlo intentando recuperar su maleta así. Ella, sin duda, era la primera vez que viajaba hasta allí y no tenía ni idea de por dónde debía ir. Había estado a punto de viajar cuando años atrás no habían tenido noticias de su hijo cuando había vuelto de la primera misión a Marte, pero, por suerte, no lo había llegado a hacer. Ahora que sabía cómo habían sido las cosas, sin duda, prefería no haberlo llegado a hacer.
- Eh – reclamó la atención de él-. ¿Cuánto hace que no te coges vacaciones?
- ¿Voluntarias?
- Las amenazas que te hicimos para que estuvieras de baja laboral después de estar ingresado hasta que agotaste los días no cuentan como vacaciones.
- Una de las últimas veces que se me ocurrió cogerme vacaciones tus hijos me usaron de tapadera para no sé qué líos que se traían con los digimon. Yo, de vacaciones con tres adolescentes y la acosadora que tenía Yamato de aquella…
Por algún extraño motivo era capaz de recordar perfectamente aquellos días, seguramente por lo mucho que se había reído de Yamato a costa de aquella situación. Sin duda al final habían sido unas buenas vacaciones.
Sora giró la cabeza automáticamente hacia la puerta de casa cuando escuchó a Yamato llegar. Le hizo un gesto para que no hiciera ruido, no habiendo sido capaz de terminar todavía la reunión recibiendo un asentimiento como respuesta. Estaba sentada a la mesa, bastante más arreglada de lo que lo había hecho en meses pasados, con gesto seria, atenta a la conversación que estaba teniendo.
La observó unos segundos antes de continuar su camino decidiendo que podía buscar a la pequeña y salir con ella al jardín para no molestarla, dándose cuenta al agacharse a cogerla, de que por muy arreglada que pareciera estar, en la parte de abajo no llevaba más que unos pantalones cortos que usaba para estar haciendo el vago por casa.
Intentó aguantarse la risa, no queriendo llamar la atención de ella para poder salir con Aiko y los digimon para aprovechar las últimas luces del día para que la pequeña pudiera jugar.
- El presupuesto me parece lo suficientemente apropiado para poder aceptar el proyecto – habiéndose dado cuenta perfectamente de los motivos por los que se escapaba el rubio, intentó permanecer seria-. Dentro de un mes más o menos estaré de vuelta en la ciudad y podremos firmar todo lo que sea necesario.
- ¿Y si ocurriera alguna urgencia?
- No pasa nada, estaré pendiente. Sino está mi socia en el estudio y pueden tratar con ella cualquier detalle. Es lo mismo que si hablaran conmigo, pueden dirigirse directamente a ella.
- Perfecto entonces.
No tardó demasiado en poder dar por terminada la conversación, dejando todo apagado y estirándose tras haber llevado más tiempo de lo que le gustaría allí sentada. Ella misma tuvo que reirse al cruzarse con su reflejo y ver la extraña combinación que llevaba puesta, decidiendo que sería buena idea cambiarse de cara a la llegada de sus suegros.
Cuando volvió a salir, lo hizo con uno de sus frescos vestidos que usaría en verano en Tokio y que se había traído con ella a sabiendas del buen clima que tenían allí. Avanzó hacia el resto de su familia, acercándose hacia Yamato sin que él se enterase viendo como estaba hablando entretenido con Aiko.
- ¿Qué? ¿Ya le has dicho quien viene a cenar hoy?
Dio un respingo, no habiéndola sentido acercarse, girándose hacia ella con el bebé en brazos. Entretenido, se dio cuenta de que se había cambiado de ropa no pudiendo más que echarse a reír.
- Me gustaba más la combinación de antes…
- Cállate – divertida, alargó la mano para darle un toquecito en la nariz a Aiko-. ¿Qué tal en el trabajo?
- Bien, como todos los días. Los pobrecitos novatos están de los nervios. Yo estaba que me subía por las paredes cuando estaba en su situación – mentiría si dijera que a aquellas alturas estuviera mucho más tranquilo, pero eso prefería callárselo-. ¿Y tú? ¿Todo bien?
- De maravilla, me he pasado la tarde aburrida. He tenido que revisar algunos presupuestos para algunos proyectos y aunque todo estaba perfectamente… No te creas tú que es la parte que más me gusta. Tendría que haberlos mandando a darle la lata a Haru directamente.
Riéndose, posó a Aiko en el suelo para que pudiera perseguir a los dos digimon gateando tranquilamente mientras que él se acercaba a Sora para poder saludarla de mejor forma. Posó las manos en su cintura, atrayéndola hacia él.
- ¿Sabes una cosa? – intentó hacerse el interesante, despertando así su curiosidad-. Ya he reservado mesa para dónde nos vamos a ir tú y yo el 27…
- ¿Ah si? – intentó disimular la sonrisa que quería aparecerle en la cara como cada vez que mencionaban aquel tema-. Mira a ver si has escogido un buen sitio, ¿eh? Que me he traído los pendientes que me regalaste en Navidad para combinar con algunas cosas que tengo sin estrenar y ya sabes el trato que teníamos…
- Lo sé, lo sé. He estado varios días haciendo un profundo estudio de todos los alrededores. Le hago menos caso a las rutas de los viajes que me pasan para que corrija… A ese nivel de estudio.
- Vale, entonces en ese caso tendré que fiarme de ti. La pena es que ese día te toque trabajar…
- Bueno, no pasa nada. Cuando salga te vengo a buscar y listo. Tengo entrenamiento siempre a última hora así que puedo venir ya sin el uniforme.
- ¿Sin el uniforme? ¿Qué pretendes hacer tú exactamente para llegar ya en esas condiciones a casa?
Sora se echó a reír automáticamente por la cara que se le había quedado a él con sus palabras, aprovechando entonces para ponerse de puntillas y alcanzar a darle un beso. Un ruidito de Aiko reclamó así su atención, haciendo que se separase de él y la mirase a ver qué era lo que lo había provocado.
- Tus padres – susurró por lo bajo antes de dar un paso hacia atrás y conseguir así que la soltara.
Carraspeó, alejándose de ella, dejándola ir mientras que todavía estaba ocupado relajando el rostro y que no se notara el tema de conversación que habían estado teniendo para que su padre no empezara a reírse de él tan rápidamente.
Por suerte, la atención de Hiroaki no estaba puesta sobre él.
Aiko había reconocido a sus abuelos nada más posar la vista en ellos, empezando a hacer ruidos para atraer su atención. Cuando estaba en Tokio pasaba demasiado tiempo con ellos y sin duda, a pesar de lo que pequeña que era, había notado su ausencia.
- ¿Quién está ahí? – le dijo Sora a la bebé.
Quedándose observándola, pudo ver como intentaba ponerse en pie poco a poco, usando a Gabumon como punto de apoyo para ello, agarrándose a él. Solía hacerlo con mucha frecuencia, pero, lo que sorprendió a todos los presentes fue lo que hizo nada más escuchar la voz de su abuelo saludándola.
- Pero mira qué grande estás ya – le dijo estando a punto de irse a por ella para cogerla en brazos.
No llegó a hacerlo, notando el brazo el Natsuko sobre el suyo, frenándolo. Aiko se había soltado de Gabumon y muy lenta y tambaleante, intentaba avanzar ella sola hacia Hiroaki. Dio un par de pasos, quedándose quieta buscando estabilizarse de nuevo, moviendo sus bracitos hacia él, intentándolo de nuevo, consiguiendo dar otro pequeño paso.
La sorpresa en la cara de todos los presentes sirvió para dejar claro que era la primera vez que aquello ocurría. Nunca había sido capaz de hacerlo sin estar agarrada a sus padres o a los digimon y ahora estaba intentando alcanzar a su abuelo. Acabó por perder el equilibrio, cayendo sentada sobre la hierba haciendo así que aquel que intentaba buscar la pequeña reaccionase para ir a por ella. Levantando a la pequeña en brazos no pudo más que abrazarla, especialmente al notar como ella misma escondía su cabecita contra él, agarrándose con sus manos a su chaqueta.
Yamato, todavía perplejo, no pudo más que observar la escena. Posiblemente tendría que pasar mucho tiempo hasta que fuera capaz de olvidar la cara que había puesto su padre por lo que acababa de hacer la pequeña.
