Había pasado gran parte de la tarde terminando de dejar listo el regalo de Yamato. Iba a hacerle caso a Shiori y así poder darle una sorpresa cuando le fuera a venir mejor a él. Sin duda, de los dos, iba a ser él quien peor iba a llevar estar fuera de casa. Esperaba que así se le hiciera un poco menos pesado.

Al sentir unas manitas sobre su pierna, sonrió, girándose al ver a Aiko gateando hacia ella para poder sentarse encima de su madre. Apartó todo lo que tenía encima para dejarlo en la mesa y así poder alagar las manos hacia la pequeña.

- Oye, ¿sabes que hoy te vas a ir a dormir con los abuelos? Yo apuesto a que vas a volver con algún juguete nuevo… - divertida, pudo ver como el bebé empezaba a agitar sus bracitos en el aire, riéndose de las caras que le estaba poniendo su madre-. ¿Vas a ayudarme a elegir qué ponerme hoy?

Se levantó por fin, llevándose a la bebé con ella en brazos, avanzando hacia la habitación para poder empezar a prepararse. Se había duchado mientras que Aiko dormía la siesta no queriendo dejarlo para última hora todo y que para encima se quedara sin más vigilancia que la de los digimon.

- ¿Venís vosotros dos también? – preguntó al ver cómo la seguían, acercándose a la cama para poder dejar a Aiko echada sobre ella.

Miró hacia Gabumon de reojo, no queriendo decir nada en voz alta, pero sabiendo a ciencia cierta que en cuanto se diera cuenta de que se iba a cambiar de ropa en algún momento iba a salir corriendo con la peor de las excusas. Daba igual el tiempo que pasara, seguía siendo igual de tímido o de vergonzoso. Iría a cambiarse al baño para que no saliera corriendo muerto de la vergüenza.

- ¿Ya sabes qué te vas a poner? – Biyomon alzo el vuelo, quedándose así al lado de la niña.

- Pues… Más o menos…

Se acercó hacia el armario, empezando a revolver entre las cosas que tenía colgadas en su parte. Pudo ver por el rabillo del ojo como el otro digimon se subía también a la cama y se arrastraba hasta quedar apoyado contra el reposacabezas. En ese momento, los ojos de Aiko se centraron en él, empezando así a gatear hasta intentar subirse encima de él como siempre solía hacer. Sonrió automáticamente antes de centrarse en lo que se tenía que centrar.

- A ver, tengo dos ideas, pero no sé cuál me gusta más – dijo volviendo con un par de perchas en las manos, girándose hacia su compañera-. ¿Tú cuál crees?

- ¿Dónde vais?

- No lo sé… No me lo ha querido decir. Pero bueno, esto no es Tokio, así que tampoco creo que tenga que preocuparme tanto por si es apropiado o no… - bajó la vista hacia los dos vestidos que tenía, separando así bien sus brazos para que la digimon pudiera ver ambos.

- Esos son nuevos – dijo Biyomon automáticamente-. ¿Te los has hecho tú?

- Son… un adelanto de una colección que todavía no va a ver la luz hasta dentro de una temporada… - sonrió sin poder evitarlo-. A ver, venga, ayudadme.


Yamato hacía rato que había terminado su entrenamiento y se había dirigido hacia el vestuario para poder darse una ducha tranquilamente. Había echado más tiempo de la cuenta bajo el agua, disfrutando de la sensación relajante después de todo el día. Salió finalmente, con paso lento, envolviéndose en la toalla y caminando hacia el banco en el que lo había dejado todo.

- ¿Ya has terminado? – preguntó Takao al verlo nada más entrar.

- Sí, ¿por qué? ¿Necesitáis algo?

- No, no, es solo que me pareció raro no verte fuera. Voy a ducharme… - comentó antes de acercarse a su taquilla para sacar sus pertenencias.

Dejándolo a su aire, empezó a sacar su ropa, la cual había guardado con más cuidado que otros días en la bolsa. Aquella vez no era el uniforme lo que había tirado al fondo de la bolsa, sino que tal y como le había dicho a Sora, traía la ropa para ir a cenar más tarde sin tener que perder tiempo. Sacó la camisa, dejándola golpada de uno de los ganchos, revolviendo en busca de todo lo demás.

Cuando Takao volvió, el rubio ya se había cambiado de ropa, encontrándoselo terminando de remangarse las mangas de la camisa hasta la parte final de los antebrazos.

- ¿Dónde se supone que vas tú hoy? – preguntó dándose cuenta de que lo normal era que ni siquiera se molestara en cambiarse y que se fuera directo a casa.

- ¿Por qué? ¿Quieres venir conmigo? – riéndose se encogió de hombros-. Hoy es nuestro segundo aniversario… Así que voy a ir a buscar a Sora ahora.

- ¿Ya? – llevándose la toalla a la cabeza, se secó ligeramente el cabello-. ¿Dónde vais?

Distraído con la conversación, Yamato se acercó hasta uno de los espejos, empezando a pelearse con su pelo, intentando dejarlo en su sitio sin querer perder demasiado tiempo tampoco con ello. Dándose por vencido y, a sabiendas de que precisamente no iba a tener quejas de Sora por ello, sino más bien lo contrario, decidió dejarlo tal cual estaba.

- A las afueras de la ciudad, conozco un sitio tranquilo al que poder ir.

- ¿Vas a llevarte a una diseñadora famosa a las afueras de una miniciudad como la nuestra?

Riéndose por lo bajo, terminó de colorarse bien la ropa, dejando la camisa metida por dentro de los pantalones vaqueros oscuros, casi negros, que había escogido aquel día, dando por finalizado su trabajo. Giró, volviendo hasta sus cosas para poder coger su cazadora, empezando a recogerlo todo.

- Fíjate tú que no creo que yo vaya a ser mucho problema con ella. Está más contenta aquí lejos de todo que en la ciudad. Así que creo que sabré manejarlo bien…

- Vaya suerte que has tenido – negó con la cabeza-. Venga, fuera, lárgate. No creo que tengas gana de estar aguantándome a mí precisamente hoy.

Riéndose, dejó todas las cosas en su taquilla, cerrándola antes de asegurarse de que tenía todo lo que pudiera necesitar guardado en los bolsillos. No tardó demasiado en despedirse de su compañero saliendo así del vestuario.


Sora volvió a salir del baño ya vestida, quedándose delante del espejo de la puerta corredera del armario arrugando ligeramente la nariz, pensativa. Le hacía gracia lo mucho que era capaz de dudar con lo que se ponía o no en situaciones como aquella. No era algo que estuviera especialmente pendiente de esos detalles y sin duda, no necesitaba preocuparse de lo que Yamato pensara o dejase de pensar. La veía todos los días recién levantada y aún no había salido corriendo… Pero le hacía especial ilusión salir aquel día. Le hacía especial ilusión decidir qué ponerse.

- ¿Este entonces? – se giró hacia su compañera-. ¿Te gusta?

- ¡Es muy bonito! Y te puedes poner los pendientes que él regaló en Navidad.

Sonriendo, asintió a lo que le decía, comprobando que Aiko estuviera todavía encima de Gabumon, se acercó hacia la cómoda encima de la que tenía todo lo demás. El vestido era corto y apropiado para aquel lugar, sin ser tampoco demasiado ajustado. A pesar de ser de color negro, contrastaban en él los dibujos de flores y sus hojas dándole un aspecto dulce a la pelirroja.

- ¿Y a ti qué te parece chiquitina? – siendo completamente ignorada por Aiko, la cual estaba ocupada intentando agarrar las orejas de Gabumon-. Si llegan a por ella Hiroaki y Natsuko abridles, por favor…

Riéndose por la escena, volvió a desaparecer hacia el baño, esperando así poder terminar de arreglarse y no tener que andar a las carreras en el último momento.


- Hola papá… - la voz de Yamato hizo que Hiroaki girase rápidamente la cabeza hacia él.

- ¿Tú de dónde sales?

- ¿Dónde has dejado a Natsuko?

- Está esperando en el hotel… ¿Acabas de llegar del trabajo?

- Exactamente. Así que yo vengo a por una y tú te llevas a la otra señorita – divertido, le hizo un gesto para que lo siguiera-. Lo que no sé es por qué no os quedáis con ella aquí. Estaréis mucho más cómodos…

- ¿De verdad quieres que me quede en tu casa en una noche como esta? No gracias… Mira, ni creo que tú tengas gana de tener que despedirte de mí cuando llegues, ni de vigilar lo que hacen los digimon ni la niña…. Y yo no es que me vaya a escandalizar, pero como te dé por llegar con prisas no sé yo si mi pobre nuera se atreverá a saludarnos en una semana o dos…

No dijo nada, entretenido, no queriendo entrar en más detalles y no llamar la atención de Sora para que no supieran de lo que estaban hablando. Abrió la puerta, sin molestarse en dejar el calzado en la entrada, ya que pensaba volver a salir en poco tiempo.

- ¿Qué le vas a regalar? ¿Eh?

- A ti no te importa… - negó con la cabeza. No queriendo asustar a la pelirroja, decidió llama su atención-. Ya estamos en casa, ha venido mi padre conmigo – alzó el tono para que pudiera escucharlo estuviera donde estuviera.

No tardaron en escuchar la voz de ella desde la habitación, haciéndole entonces un gesto Yamato con la cabeza a su padre para que esperara, acercándose a la puerta y llamando con los dedos en ésta.

- ¿Puedo pasar? – preguntó cuando vio asomarse a Biyomon.

- Está terminando de arreglarse en el baño – revoloteó, dejándolo pasar-. Estamos cuidando a Aiko.

- Vengo ahora papá, voy a traerte a la niña.

Entrando tras la digimon y a no encontrar ni rastro de Sora por allí aun, se acercó hacia donde la pequeña ya se había girado hacia él, esperando que su padre fuera a saludarla, cogiéndola en brazos rápidamente.

- ¿Qué? ¿Me has echado de menos hoy? – preguntó antes de levantarla por encima de su cabeza, observándola así-. ¿Vas a darme un beso de bienvenida o cómo va la cosa?

Acercándola, aprovechó para ser él quien le diera el beso a la niña, viendo como se reía y se quedaba mirando hacia él antes de girarse y poder ver la puerta del baño abriéndose y a Sora saliendo de él distraída.

- Has tardado menos de lo que pensaba – le dijo.

- No sé, será que hoy tenía algo más de prisa para llegar por casa…

No pudo evitar quedarse mirando hacia ella y el aspecto que tenía, sonriendo bastante embobado sin poder hacer nada por evitarlo. Sin duda, era capaz de reconocer que la ropa era nueva, pero, al igual que le había pasado el anterior año, había algo en ella diferente ese día. Y sabía lo que era. Podía leer en sus rasgos que estaba ilusionada y eso se reflejaba en su sonrisa y en la forma en la que lo estaba mirando.

- ¿Qué? – le dijo llegando a su lado, alargando su mano para coger la de Aiko.

- Voy a ser la envidia de toda la isla – le dijo por lo bajo, inclinándose para poder dejar un beso en sus labios-. ¿Has terminado ya? – esperó a verla asentir-. Vale, pues voy a dejarle la niña a mi padre y nosotros podremos irnos, ¿de acuerdo?

Volvió a salir al cabo de unos minutos con el bebé en sus brazos, cerrando la puerta, dejando que Sora terminase de coger sus cosas.

- Mira con quién vas a pasar la noche, señorita – acercándose a su padre, acabó por tenderle al bebé-. Voy a ir a por sus cosas… Si te llevas la silla grande contigo puede dormir ahí cómodamente hoy, no le va a pasar nada. ¿Te la traigo?

Viendo como asentía, más pendiente de Aiko que de él, salió en dirección de buscar aquello que le había dicho. Pudo ver que Sora había dejado todas las cosas preparadas ya, únicamente teniendo que colocarlas bien en la silla y volver hacia el salón.

- A ver papá, que te dejo que te vayas ya con Aiko, que además vais a tener que darle la cena – dijo al ver que tenía también la bolsa con la comida preparada-. E intenta que no se ponga hasta arriba, otra vez, de helado, que luego me acaban riñendo a mí siempre no me preguntes cómo o por qué…


AnnaBolena04: es bastante probable que le pongan las dos la misma cara y que se ponga a fangirlear mucho a pesar de todo jajajaja Es que solo a él se le ocurre hacer semejante amenaza, es digna de que lo dejen durmiendo en el sofá una semana por simpático y que cuando vuelva de flotar por el espacio le pongan un plato delante jajaajaja Y que conste en acta que a mí me encantan, pero bueno, ya sabes que yo soy un poquito especialita.

Hiroaki ya vuelve corriendo a apoderarse de su nieta. Que nadie se preocupe, que si necesitan un niñero ya aparece él. Como mucho se puede preocupar el otro abuelo, pero ese está en Tokio y por el momento ni está ni se le espera al pobre, así que puede aprovechar a monopolizarla todo lo que quiera y ganarse orgulloso un buen dolor de espalda. Que dicen que las sarna con gusto no pica...

Y ya tenemos oficialmente a los Ishida en su segundo aniversario. A ver qué tal se portan, que tiene pinta de que una fecha tan importante, en un lugar que tanto les gusta a ambos... Va a ser para dejarlo bien marcado en el calendario. Por el momento parece que no pueden estar de mejor humor ninguno de los dos...

¡Besitos de tortuguita!